El Blog de Otramotro

Alabanza y defensa de la obra bien hecha

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ALABANZA Y DEFENSA DE LA OBRA BIEN HECHA

A mi dilecto hermano Eusebio, que dedica algunas horas de su tiempo de asueto a arbitrar partidos de fútbol (quien, como responsable padre que es, lleva algunos días preocupado por la intervención quirúrgica a la que, dentro de unas horas, va a someterse su primogénita, mi querida ahijada y sobrina Raquel, pero, asimismo, confiado en que la deja en las competentes manos de expertos cirujanos y todo va a salir a pedir de boca), porque hoy, sábado, seis de noviembre de 2010, cumple años; por consiguiente, con mucho ánimo y supremo cariño, de corazón, acompañadas del texto, en prosa, que sigue, le envío mis ¡muchas felicidades!

“La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”.

Jonas Edward Salk

Quienes creemos estar en posesión y saber disponer adecuada, oportuna y útilmente de más de los dos imprescindibles e inexcusables dedos, dos, de frente (de los que hacemos gala con cierta asiduidad), una de las variopintas (y, acaso, también, vanas) maneras de airear y/o dar a entender que superamos con holgura la media, tendemos a subestimar (por separado, por parejas o en conjunto) las tres potencias del alma, inteligencia, memoria y voluntad, de cuantas/os reputamos, a simple vista, desconociendo básica y prácticamente todo sobre ellas/os, que no llegan a ese, quizá, preciso, pero ayuno de fundamento científico, límite; quiero decir, a pensar que nuestra capacidad de raciocinio y convicción es hasta diez (y, fanfarroneando, aun cien) veces más persuasiva que la de cuantas/os no alcanzan la susodicha media o medida, conformada por el ya proverbial par de dedos.

Mi señera y señora madre, Iluminada (ésa es su verdadera gracia de pila, aunque usted, desocupado/a lector/a, no me crea), dadivosa (amén de solícita y diligente en las diversas faenas domésticas, otra de sus incontrovertibles prendas descollantes), liberal (pero, como siento, a todas luces, que me quedo corto, seré más justo agregando a continuación el adjetivo que le cuadra), magnánima, desconoce tu bajeza (que hayas pagado la entrada no te da derecho a lanzar cuantos denuestos es capaz de elaborar tu caletre y proferir tu mui), sin embargo, en el supuesto de que hubiese sabido de tus injurias y calumnias, arcón de juicios peregrinos, temerarios, hubiera aceptado tus disculpas, aunque no se las hubieras impetrado, porque es consciente (le consta el axioma que sigue, de Pero Grullo) de que, unos más (hoy que mañana), otros menos (hogaño que antaño), todos, absolutamente todos, sin excepción, cometemos fallos. Uno de sus hijos, el menda lerenda, “Otramotro”, verbigracia, solía cometerlos a espuertas, pero, desde que aprendió a ser un defensor a ultranza y acaso, también, un obseso de la obra bien hecha, ha adquirido el hábito estupendo de subsanar en los textos que trenza todos los errores, menos uno (y es que servidor es mantenedor y seguidor de una de las costumbres, más bien prejuicios, de los indios navajos, quienes solían tejer sus alfombras y tapices con alguna imperfección, para que, de esta guisa, sus respectivas almas no quedaran jamás presas en ninguno de los tejidos que confeccionaban), a tiempo, para que el íngrimo borrón no se advierta o note y sean escasos, muy pocos, los que puedan abaldonarlo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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