OTRO VIAJE A LA SEMILLA (XII)
Dilecta dama y amada musa, Obamo:
No; no soy caníbal, pero te prevengo; así que no te extrañes si me da por darte algunos mordisquitos también en las nalgas, mi vida.
Me resulta muy grato leer que me admiras y amas. Cuando compruebo que esto es así, un axioma en toda la regla, una verdad como una seo (que no un aseo), porque me lo demuestras, esa certidumbre me agrada más, por ejemplo, que esta otra, verosímil, tener un millón de euros en el banco. De veras. Yo también te admiro y amo (¿quién te escribió “Mira; que quien mira admira”? Pues quien te adora y venera y desea estar a tu vera a todas las horas del día y de la noche, pero no sólo mental o anímicamente, sino físicamente. Te he dicho hasta la saciedad que una de mis máximas aspiraciones es despertarme por las mañanas y constatar que aún duermes a mi lado, en la misma cama).
Serendipias o serendipidades a gogó, sí. Tiene que haber o debemos tener un canal sutil por el que nos comunicamos sin ser nosotros plenamente conscientes de la existencia ni de la ubicación concreta del tal. Otra razón que viene a apoyar (con y griega, ¡eh!; aunque no me importa si a tu condición sagaz le agregas una faceta o máscara más salaz) la tesis, que compartimos, de que somos almas gemelas, sin controversia posible ni plausible.
Los héroes actuales no son guerreros armados (defensiva y ofensivamente). Hoy las proezas se miden y pesan con distintos aparatos y parámetros. Parafraseando a Gabriel Celaya, cabe argüir que la palabra es un arma cargada de futuro, un instrumento para transformar, primero, nuestro microcosmos y, más tarde, el orbe entero.
Yo sí que tengo ganas de comerte todo (como es obvio, unas partes de tu cuerpo más que otras), quiero decir, toda, completa, cariño. Con solo pensarlo, se me hace la boca agua, mi vida. No creo que haya entrante o entremés (porque nunca lo vi, ni olí, ni caté) de menú que pueda competir con los ingredientes o integrantes, atributos sin parangón, de tu cuerpo. Preferiré siempre la dieta de tus carnes frescas a otras viandas, cocinadas o no. O sea, entiéndeme (mira el sentido lúdico que contiene), las cochinadas a las cocinadas. Hoy, verbigracia, he comido una ensalada de lechuga (cogollos de Tudela, verde), habas con arroz, chuletillas de cordero con ajitos dorados y un plátano. Ergo, dados los antecedentes, espero que me disculpes la boutade.
Creo que fue Arthur Schopenhauer quien dejó escrito en letras de molde que “el silencio es el grito más fuerte”.
Ídem, mi bien. Eres el ser que da sentido a mi existencia, quien la justifica. Recuerda los tres versos inmarcesibles, proverbiales, de Luis Cernuda Bidón.
Esta mañana no me ha dado tiempo de entrar en tu bitácora de fotos y frases (o frases y fotos, si lo prefieres; que aquí tiene razón de ser el vocablo “viceversa”, el muy notorio “tanto monta monta tanto”). Lo he hecho por la tarde. Como tengo tantas ganas de hacer el Amor contigo, he interpretado en la última como si te hubieras desnudado para mí y me hubieras dicho “estoy preparada para recibirte, Blas”; y yo te he contestado que “allá voy, mi vida”, después de advertir en la misma tanto símbolo fálico por doquier.
Celebro sobremanera que te haya gustado. Hoy en día son pocos, muy pocos, los vates que escriben poesía teniendo en cuenta las estrofas clásicas. A mí (los resultados están ahí —para quien entre en el blog de Otramotro, claro—, a la vista) me ha dado por la décima espinela.
Pues, urde, Obamo, trenza. Para escribir... (ya sabes qué adujo Oscar Wilde al respecto). Puedes cortar y recortar y añadir. ¿Por qué no? ¿Quién te lo impide? La inspiración (tú, mi musa, al menos, te comportas así) está en el momento de la creación y en el de la corrección (haces acto de presencia en ambas circunstancias o situaciones).
Me gustaría caminar detrás de ti por la playa, ser tu guardaespaldas.
Creo que fue Marco Tulio Cicerón quien dijo y/o escribió que “vivir sin amigos no es vivir”. A mí (entiendo) no me harían falta los amigos, siempre que te tuviera a ti (que no te tengo), porque en tu persona se juntan o funden (mas no confunden) dos realidades; eres mi mejor amiga y mi auténtico Amor.
Luego te mando los versos que he urdido a propósito de Zeta, cadáver político.
No creo que sea cuestión de equilibrio (que, igual —no me atrevo a negarlo, a rechazarlo de plano—, también), sino más bien, como te decía, de seguridad. Me das aplomo, serenidad. Cada día estoy más convencido de que no hay mayor placer para quien padeció un diuturno déficit de cariño que haber hallado a quien lo ama de veras. Esa es una de las razones por las que te amé, amo y amaré más allá de la muerte (porque mis sentimientos de Amor y gratitud hacia ti no se ajarán nunca; permanecerán lozanos en mis poemas).
Desde que te besé y me aferré a tus nalgas, estoy unido a ti.
Puedes estar segura de que siempre estaré a tu vera (aunque haya muerto, permaneceré a tu lado). En el supuesto de que hayan finado mis días antes que los tuyos, pediré permiso a Dios para servirte de guía en tu desplazamiento o vuelo hasta el Cielo y de cicerone, una vez te hayas instalado allí.
Te ama (de una manera tal, que no hay peso ni medida que pueda registrarlo con total exactitud)
Blas.
(Continuará.)
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín