El Blog de Otramotro

Otro viaje a la semilla (XI)

23.10.10 | 14:00. Archivado en Ficciones
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OTRO VIAJE A LA SEMILLA (XI)

Dilecta dama y amada musa, Obamo:

Te hablaré en voz baja y diré al oído lo que, desde que te conozco, tengo por axioma, que eres lo que fuiste y serás, la mujer más atenta, cariñosa y preciosa que me eché a los ojos; a quien amaré mientras viva.

Ese acento o deje andaluz que cuidas como oro en paño y (man)tienes es uno de tus dones más preciados, sin duda.

Me temo que, por muchos que sean los años que viva, no llegaré nunca a acopiar los conocimientos que agavilló don Jesús Aguirre; y, asimismo, que, salvo en lo tocante al dinero, posesiones y títulos nobiliarios, harías mal en compararte con Cayetana (si lo hicieras, saldrías ganando en el resto de los aspectos que fueran objeto de cotejo), porque no sólo eres infinitamente más bella, bondadosa, generosa e inteligente de lo que lo es actualmente ella, sino mucho más de lo que lo fue otrora, en sus mejores tiempos, la duquesa de Alba. La distancia equivaldría a la que hay de aquí a Lima (sumadas la ida y la vuelta).

¿Sabes a quién le atribuyo yo eso? A la mejor mujer. ¿Y quién es la culpable de que yo urda esos párrafos que tanto te gustan? Tú, mi bien. No te puedes hacer una idea (te la puedes hacer, pero, ésta, seguramente, quedará muy alejada de la realidad) de las ganas que tengo de ver tu pendejo (y apartar parte de ese vello bello que oculta tu mandorla, para lamerla).

Si yo fui y soy tu acicate, tu aliciente, tú, asimismo, fuiste, eres y serás el mío.

Esta mañana he visto al mismo palomo (o paloma, o a otro de sus congéneres) volando, en esta ocasión, delante de mí (desde una repisa a un balcón —no obstante marre en mi exégesis, lo he interpretado de esta guisa: estando tú inclinada el doble de lo que está la torre de Pisa, y, teniendo los brazos extendidos y las manos abiertas, a modo de contrafuertes o arbotantes, como sosteniendo la pared, te voy besando paulatinamente el cuello y la espalda hasta llegar a donde ésta gana su escatológico y aun sicalíptico nombre y, en un visto y no visto, accedo a tu volcán—, anagrama fónico del tal).

Cierto. No sólo vamos a intercambiar salivas, jugos y espasmos, sino también criterios. Ojalá pudiera lograr lo imposible, contagiarme también de tu belleza. Para mí, eres modelo de venustidad, la fémina más guapa del orbe.

Te mimaré. Puedes estar segura de ello. Y, así, el día de nuestro primer aniversario de casados podrás comprobar que te habré dedicado 365 décimas (366, si es bisiesto). Antes, la tornaboda, te habría pedido tu opinión a propósito de si deseabas que éstas fueran publicadas a diario o formando, todas juntas, un poemario; para que quien quiera pueda saber (en el supuesto de que lo ignore) quién fue la musa hermosa que en camisa o camisón solía hacer la masa en la mesa de la cocina, o sea, la ora humana, ora diosa (que no odiosa), que me las inspiró; quién me amó y proporcionó los placeres más indelebles.

Ojalá esa golosina de tu anatomía esté convenientemente inervada e irrigada y sea receptiva a mis labios y a mi lengua, porque la voy a besar y a lamer como si se tratara de una chuchería, no obstante también la repute una reliquia vivificante, otro sanctasanctórum.

Pues, en este caso concreto, celebro la ausencia de tu risa y la presencia de tu emoción, acompañada, acompasada o secundada por tus lágrimas.

Por supuesto que tendré a bien ducharme contigo (porque me agrada estar a tu lado a cualesquiera horas del día y donde sea; es una pena que durante el pasado fin de semana no hayamos podido mandarnos un beso por teléfono; pero no estoy enfadado, porque habrá más “findes”; y sé que procurarás que la comunicación ocurra en otros). Me avendré a ello las veces que te peten. Es una intuición, pero, tras salir de la ducha (fantaseo), debes estar para comerte entera, Obamo. A mí siempre me apetecerá hacerlo. Ergo, tendremos que poner unas normas de uso, que podremos saltarnos siempre que la otra o el otro, la media naranja, diga el santo y seña pactado, “Abundo”, verbigracia. Por ejemplo, si nos encontramos en el pasillo, y te propongo que allí mismo acaezca el cambio de babas y demás fluidos y tú me contestas lo entrecomillado, el “eroskiki” se verá coronado por el clásico derramamiento (que no miento) de los susodichos.

Debatiremos y hasta discutiremos, ¡cómo no! Y, dentro de unos años, en las reuniones sociales a las que acudamos, seguro que podemos advertir que defiendes puntos de vista míos (que antaño argumentaba yo) y yo sostengo perspectivas tuyas (que otrora razonabas tú). Seremos dos vasos comunicantes. Y la ósmosis será más que meridiana.

Quise decir que muchos aprovecharon la coyuntura libertaria para subirse al carro antifranquista sin haber hecho nada contra Francisco Franco, sin haber abierto ni siquiera la boca, sin haber meneado un solo dedo a fin de que el dictador no acabara sus días, tranquilamente, en la cama de un hospital. En todo lo demás estoy de acuerdo contigo. No son “discursitos”, cariño. Los leo con admiración y con devoción. A mí me encanta que sepas de lo que trenzas. Te dije que eras más lista que el hambre (eso proclama, al menos, una paremia española). Y estás más buena que el chocolate con churros (siempre que el chocolate sea excelente —porque, en cierta ocasión, don Francisco de Quevedo y Villegas fue invitado por las monjas clarisas a un chocolate aguado, chirle, y el genial poeta del Barroco español repentizó esta redondilla: “Monjas, claras, ¡claro está! / Pero es grande disparate / dar agua por chocolate / y no decir ¡agua va!”— y los churros exquisitos).

Te ama quien te adora (y tiene ganas de venerar tu triángulo de Venus y besar mil veces la reliquia que, en sentido figurado, guarda) y adorará en todos los grados habidos y por haber

Blas.

(Continuará.)

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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