El Blog de Otramotro

Otro viaje a la semilla (X)

16.10.10 | 14:00. Archivado en Ficciones
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

OTRO VIAJE A LA SEMILLA (X)
 
   Dilecta (nunca dejaste ni dejarás de serlo, a pesar de lo enfadado que estuve, estoy y estaré, seguramente, sí, me temo —y atrevo a decir y escribir y hasta me apuesto doble contra sencillo a que así será; ergo, que no marro—, contigo, por todo el ajenjo o la hiel que ingresaste, a empellones, en mi vida, quiero decir, por todo el erebo que he padecido por tu culpa; abreviando, por faltarme —porque no puedo tenerte, o sea, porque tu ausencia me mata— un día sí y otro también) dama y amada musa, Obamo:
 
   Cierto, certísimo. Parece que también has leído a Juan Ruiz, arcipreste de Hita. De él aprendí que el hombre por dos razones de peso se mueve, por tener ayuntamiento (que no miento) con mujer placentera y por hallar el alimento (a ser posible, compartido con el mentado monumento) que le sirva de sustento.
 
   Coincido, grosso modo, con tu parecer. Estoy convencido de que lo nuestro es estar juntos, de que ese y no otro es nuestro fin común. Confío en que ese día llegará y el deseo se hará realidad. Tengo un montón de ganas de acariciar y aprenderme de memoria, de la roda al codaste, toda tu anatomía, toda.
 
   La cita unamuniana de la que te hice sucinta referencia en mi último SMS pertenece a “San Manuel Bueno, mártir” y dice textualmente de esta guisa: “Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuando les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho”.
 
   ¿Sabes dónde me gustaría estar ahora mismo? Justo, a tu vera; verbigracia, yendo de paseo, cogidos de la mano, por un bulevar; o mirando una puesta de sol desde el espigón, estando ambos de pie, el menda guardándote la espalda, besando tu nuca y rodeando con mis brazos tu cintura.
 
   Sí, porque, si disfruto tanto ahora con la sola y simple ensoñación del hecho, ¡cómo será vivirlo, Dios mío, cómo!
 
   Celebro que hayas solucionado en un santiamén el entuerto. Me han llegado los dos correos. Alguien, echando mano o sirviéndose del eco, parece aconsejarnos, recomendarnos o persuadirnos, desde no sé donde, precisamente, a llevar a cabo eso, a que no perdamos el tiempo y resolvamos lo oportuno o nos decidamos por lo correcto, corrernos: “correos, por favor (y, si os peta, también, por estribor), enamorados, tortolitos”.
 
   Preferiría que fuera antes, pero daría por bueno que la dicha me llegara a los 55 años, siempre que se diera esta conditio sine qua non, que pudiera compartir la cama contigo desde entonces y hasta que uno de los dos faltara.
 
   A mí lo que me consta es que te amo como a nadie amé jamás y que ansío con toda mi alma estar, cuando sea (hoy mejor que mañana, por supuesto), unido para siempre a ti. Y que tú lo tengas tan claro como lo tengo yo.
 
   “Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas...”. Has leído a don Miguel de Unamuno y Jugo, pero,... tras hacer el Amor, podríamos, por ejemplo, ejercitar nuestra memoria y jugar a proferir al alimón varios párrafos de sus obras, los más inmarcesibles e interesantes, hasta que quedaran fijados en nuestra memoria con absoluta y completa fidelidad.
 
   Disfruta del paisaje y del paisanaje. Ya que no puedo estar contigo por aquellas tierras, anhelo que te lo pases lo mejor posible. Que seas feliz y hagas dichosas/os a cuantas/os saludes. No obstante, te prevengo: seguramente, mi espíritu andará gravitando alrededor de tu persona/lidad.
 
   Por cierto, que no me has contado todavía el sueño porno (por no llamarlo de otra manera) que tuviste el otro día. Si yo era quien te procuraba los orgasmos (“sigue así, cariño; continúa ahí, mi vida” me sueles decir cuando imagino que lo hacemos), cuenta, cuenta. Y no te ahorres los detalles más menudos, aunque esos pormenores sean sicalípticos y sólo puedan ser leídos por personas mayores de edad.
 
   Gracias, muchas gracias, por esos besos. Me consta que son meros sucedáneos de los que otrora empezaste a darme con la boca seca. A ver si pronto vuelven a ser tan reales como el Amor que te profeso.
  
   Como no entiendo que dos personas que se aman tanto no estén juntas, a ver si hay por ahí otras parejas en la misma situación que nosotros y, por fin, me quito el sambenito, que acarreo por doquier, de “raro”.
 
   En ese desasosegante caso, sólo le pido a Dios que me conceda, al menos, esta dádiva. Si queda totalmente descartado que pueda llegar a compartir lecho a diario contigo, que no me muera sin haber dormido una noche a tu lado, tras haber hecho el Amor contigo de las maneras que más nos peten a ambos. Y, al despertar, reeditar lo acaecido por la noche, punto por punto, repasándolo a conciencia. Te puedes hacer a la idea. Conozco un montón de mujeres y puedo escoger entre ellas; bueno, pues siempre te elijo a ti para protagonizar el sucedáneo del asunto de marras. ¡Cuántas veces —no te puedes hacer una idea exacta del número cabal de las tales— me he reprochado no haber acariciado, cuando pude, tu pendejo! ¡Cuánto me gustaría volver a besar tu piel canela y a lamer tus pezones y estrenarme haciendo lo propio con tu clítoris y labios mayores y menores!
 
   Te ama (el resto —lo tengo claro— vendrá por añadidura) y manda ósculos y abrazos sin cuento (en el porcentaje acostumbrado: mitad, castos; mitad, salaces)
 
   Blas.
 
   (Continuará.)
 
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
 


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Jueves, 31 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Sindicación