DESCUELLAS TÚ Y TU BELLEZA
Te miran mal las mujeres
(Al contrario que los hombres,
A los que es normal que asombres);
De sus ojos alfileres
Parecen salir; las hieres.
Entre gordas, divorciadas
Y un montón de desgraciadas,
Descuellas tú y tu belleza;
Y tu de ánimo entereza
Entre iras de desahuciadas.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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He leído y hasta recitado en voz alta los versos de Quevedo (con los que el gran poeta del Barroco español arranca una de sus décimas) y advierto en ellos la reprensión mancomundada que los nasciturus a los que se les ha impedido, por medios clínicos, progresar y nacer aprovecharán para hacerle a la ¿progresista? ministra Bibiana Aído en la próxima pesadilla que tenga.
Gertrudis, la tía Tula.
Aquí, apenas nos alumbran nuestras madres ya estamos boqueando, expirando, pereciendo. A Quevedo, prodigio de la brevedad, le sobró con una redondilla para dar cuenta de ello, estos cuatro indelebes versos, cuatro: "¿De qué sirve presumir, /rosal, de buen parecer, / si aun no acabas de nacer, / cuando empiezas a morir?".
Leónidas.
Se supone que por ti no sienta nada. Que el pasado no me pesa ya. Se supone que es muy fácil repetir que bien me va. Aunque muy dentro... me esté muriendo.
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín