OTRO VIAJE A LA SEMILLA (IX)
Dilecta dama y amada musa, Obamo:
Te prefiero a todo; que incluye, por supuesto (deseo que esto, al menos, quede meridiano), a todas las personas, ellas y ellos, que conozco (y aún diré —urdiré— más, hasta a mí; y me ratifico).
Cierto. Nuestra obligación humana es dar buenos ejemplos. Siempre y en todo lugar. Es la única manera que hay de influir en la actitud o el comportamiento (que no miento) de los demás. Pero no sólo por Albert Einstein. Que conste. Otras/os muchas/os autoras/es (de menor, igual o mayor prestigio al que gozó quien fue galardonado con el premio Nobel) suscribirían las palabras que preceden a éstas, que vienen a coronar el presente parágrafo.
Pues más te halagaré todavía cuando te vea en cueros, sin sostén ni bragas. Ése (y no otro) es el espectáculo al que deseo asistir todas las noches que me restan por vivir.
Con el adverbio “Allí” (pensé que había quedado claro, cristalino) quise hacer referencia explícita a la habitación que me deparó o trajo que te quedaras sin la mitad de tu ropa, o sea, tu semidesnudez, mi Edén. ¡Cuántas veces me he reprochado (lo reconozco, sin ambages), cuántas, haberme comportado a la sazón contigo como un caballero (sin caballo), o sea, no haber caído en la misma tentación que Acteón y abrir la puerta y haberte pillado desnuda en el baño, mientras evacuabas tu vejiga!
Sé que es complicado, pero no renuncio a que, cuando puedas, me lo hagas saber, y, de esta guisa, el menda pueda disfrutar de otra de tus alhajas, tu voz.
Sé que seré ese ser inteligente cuando consiga el reto que dé sentido a mi vida, cuando logre beberme a diario el néctar de tus labios, vivir a tu vera.
Me gustas tú, Obamo, “y solamente tú” (más, infinitamente más, desnuda), como decía la letra de cierta canción.
Te parecerá mentira, pero, cuantas más objeciones me pones (pongas), más insisto (insistiré) yo en el hecho (hasta quedar satisfecho).
Me conformo con la décima (vocablo tan cercano a uno de mis mejores amigos) parte de dicha centuria. Porque una década a tu lado (intuyo) será la caraba.
Al orgasmo, cariño, me refería al orgasmo, mi vida. Sospecho que tener uno de los tales, estando tú arriba o abajo, tumbados de lado en la cama o en la postura que sea, significará la repanocha.
Julio Cortázar, en “Rayuela”, escribe que “la falta de experiencia es inevitable: Si leo a Joyce, no puedo leer otro libro; y viceversa” (por cierto, que la considero palabra estupenda para usarla con nuestros nombres: Obamo y Blas; o a la inversa, Blas y Obamo).
No he leído “Caín”, no, pero me temo que el título, trasgresor, no es baladí. Lo que cuentas de José Saramago me recuerda y retrotrae a lo que hizo Camilo José Cela en “San Camilo, 1936”, que no puso ningún punto (salvo el final, si no recuerdo mal). Ejercicios de “genio”. Gabriel García Márquez, “Gabo”, otro premio Nobel, era (ignoro si fue una boutade u ocurrencia; y hasta si aún es) partidario de no hacer distingos entre be y uve, ge y jota (como Juan Ramón Jiménez), etc.
Nos parecemos como dos gotas de agua. Pero cabe hallar infinitas diferencias entre ambos. Verbigracia, mientras tú eres esbelta, venusta (en esencia, sustancia y atributos), yo intento urdir textos bellos.
“Allí” (como te decía arriba) me di cuenta de que había hallado a mi media naranja, mi futura compañera, mi propincua esposa (sé que la expresión contiene una evidente idea de propiedad, pero lo cierto es que cambiaría todo lo que poseo por tenerte a ti), la media u otra mitad que me completa y complementa a la perfección.
“Otra(m)otro” es un epígono de Una(m)uno, autor que le encanta. Lo último que he aprendido de memoria de don Miguel me lo ha hecho llegar, precisamente, por el medio acostumbrado, mi amigo del alma, el susodicho (según él, las palabras que siguen las pronunció el hacedor bilbaíno, salmantino de adopción, en el Ateneo de Valencia el 24 de abril de 1902): “La libertad no es un estado, sino un proceso. Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe...; sólo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamientos. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura; sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo, que es en lo que la democracia estriba”.
Yo también te miro y te admiro, Obamo. No puedo dejar de hacerlo. Por un abanico entero de razones. Haré pormenorizado razonamiento (que no miento) del mismo una vez ocurra el glorioso goce que me depararán los rozamientos que tenga (mantenga y sostenga) contigo.
La estampa, preciosa, sí, sin duda; como, asimismo, tu rostro, tus senos y tus glúteos, divinos. Tengo un montón de ganas de volver a acariciarlos. Porque aquí lo importante no es el paisaje, sino el paisanaje, tu bendita y bienhadada compañía.
Te ama con toda su alma quien te manda miles de besos (ya sabes, una mitad, castos y dulces, la otra, salaces y salados)
Blas.
(Continuará.)
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín