OTRO VIAJE A LA SEMILLA (VIII)
Dilecta dama y amada musa, Obamo:
Ojalá te deje, si no siempre (algo que, cuando no lo considero una entelequia en toda la regla, reputo una mera ucronía y/o utopía), muchas veces a gusto, en la gloria, con la gratísima sensación de haber quedado relajada, satisfecha, pero en grado elativo, superlativo, tras haber conseguido encadenar, por lo menos, una media decena o docena de orgasmos, mi vida.
Sí; en uno o varios correos anteriores te he hablado al respecto; ergo, bendita y maldita dependencia, sí, sin controversia ni hesitación.
Ciertamente, así nos ha ocurrido. Gozamos el cielo y luego padecemos el infierno, por influjo o no del destino: unas veces, por variar la senda y, otras, por no mudar el camino.
Sé que, estando a tu lado, no habrá desafío literario que se me resista. Por eso entiendo e itero que, a partir de hoy, mi máximo reto será lograr estar a tu vera. Porque, de esta manera, podremos juntar nuestros estros y escribir lo que sea, verbigracia, otra odisea, al alimón.
Pues tendrás que ser tú la que me dé o enseñe algunas claves. En lo tocante a hacer el Amor, tendré en cuenta todo lo que salga por tu boca, mi preferida fautora y profesora.
No pretendo ni quiero que corras peligro alguno. Prefiero tu integridad a mi beneficio, que (confío en que) algún día llegará y se hará una realidad y... lo que será la repanocha, para siempre.
Sostengo el mismo parecer que “Ronzal” en “La Regenta”, de Leopoldo Alas, “Clarín”: “La música es el ruido que menos me incomoda”.
Haz lo que tengas que hacer; que haré lo que deba coronar; y luego que la gente le dé a la mui o sin hueso, si eso es lo que le gusta o llena.
Al principio, te cansaré, porque querré hacer el Amor contigo a todas las horas (sin embargo, teniendo en cuenta al beato Tomás de Kempis —“No hay hombre en el mundo sin tribulación o angustia, aunque sea rey o Papa”—, ¿te imaginas que quiera y no pueda?). Luego (es lógico pensar que así será), superada la pasión, que comparo con un volcán en erupción, llegará el cariño, tan enriquecedor o más que el coito (al menos, eso es lo que espero). Quiero conciliar el sueño todos los días dándote mil besos; en los labios, en la frente, en la cara o en la espalda, cuello y nuca.
Pues claro que la frase es mía; aunque alguien la haya dicho antes y otros la pronuncien después. Me ha extrañado tu pregunta, porque me has escuchado proferir otras veces con iguales o distintas palabras la misma idea: un día, para bien, ingresaste en mi vida; desde entonces, siempre te llevo conmigo. El criterio es el que fue, pero expresado esta vez, quizás, de un modo aún más bello.
Me gustas mucho, muchísimo. Es una verdad que sé que te consta de manera fehaciente.
Explicado, sí; aunque mi deseo es que haya quedado excelente y aun insuperablemente explicitado. Y, asimismo, espero que quede cristalino, diáfano, el siguiente ejemplo: “Ella tuvo paciencia, se contuvo y, a la postre, entretuvo pintando un tubo”.
¿Se puede, de verdad, organizar un turf en tu cocina? “¡Mira que eres exagerada!”, le dice el hiperbólico, quien ama, a la excesiva, su amada dama.
El miércoles vuelo a Madrid. Haré noche en Barajas. Al día siguiente, cogeré el AVE a Zaragoza y luego un regional a Algaso. Si todo va según lo previsto, claro.
Un abismo o un infierno me resulta no poder estar a tu lado, sin duda. Espero que la Virgen de Candelaria, patrona de las Canarias, contribuya también a ello y nos eche la mano que, con especial encarecimiento (que no miento), le he impetrado.
Ya la había visto. Eres para mí la mujer más esbelta, guapa o venusta del planeta Tierra (y aun del universo o mundo). Podrías mandármela a mi casa, como hiciste antaño con las otras, acompañándola de unas letras.
Yo pienso tres cuartas partes de lo mismo. Sólo lograré la PAZ cuando esté definitivamente con quien me la proporcionó, el único ser que me la procuró, tú. ¡Qué PAZ sentí al acariciar tu piel canela, morena!
Te ama, mira y admira, adora ahora y venerará también en la hora de su muerte quien te manda ene vagones cargados hasta los topes de ósculos (algunos, castos; muchos, lujuriosos), los enseres más lujosos,
Blas.
(Continuará.)
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín