OTRO VIAJE A LA SEMILLA (VI)
Dilecta dama y amada musa, Obamo:
Pues estamos empatados, pero, también (intuyo), empantanados. Porque, aunque nos completamos y complementamos y encajamos a la perfección (como alianza en dedo anular), no nos compenetramos, quiero decir, no “coñopenetramos” ni “conelpenentramos” (con perdón). A ver si esto sucede pronto, que ardo en deseos de que así sea, o sea, amén.
La imitación es la base de ese binomio, enseñanza/aprendizaje, que no podemos perder de vista, pues nos va el arte, la ciencia y el progreso humanista y humano en ello. Además de la admiración y demás parafernalia, obvio.
La pregunta me gusta más que me molesta porque deja entrever lo que, por mi cuenta, también colijo: te intereso. No quedé con ella, por supuesto. Ni siquiera hice mención de quedar. Contigo sí hubiera hecho esa mención y hubiera tenido esa intención y, definitivamente, hubiera quedado. ¿Queda claro? ¿Cristalino? Y no quedé con Ángela, a la que no conocía. Es más, mi pretensión primera era seguir leyendo, rellenando los sudokus, urdiendo mis versos/décimas. Me pareció una mujer estupenda. La localidad donde reside me llamó la atención, por la coincidencia (porque esa es la meta de tus próximas vacaciones estivales). Y es que, entre nosotros, ya es lugar o moneda común darnos de bruces con la serendipia (que, desde hace más de un lustro, a mí me gusta definir de esta doble guisa personal: o “don, facultad o virtud de hallar cosas valiosas en lugares inesperados por pura casualidad” o, sencillamente, “chiripa”).
Nos contagiamos mutuamente. Porque, a la inversa, o viceversa, tú me contagiaste a mí tu miedo a volar en mi viaje de regreso a la península. No sé cómo, pero constaté que todos los nervios del mundo se habían concentrado en la boca de mi estómago. Gracias a Dios, tras aterrizar la nave en Barajas, mi cardias logró desembarazarse de ellos en un pispás.
Procura disfrutar a tope de esa parte de España que aún no conozco. Yo soñaré que hago el viaje contigo y que aprovecho las siestas de esos días para llevar a cabo los espasmos, éxtasis u orgasmos que corono contigo todas las noches (es decir, lo habitual).
Se ha movido más de una hoja, cariño (los dos hemos dado pasos). No seas injusta (ni contigo ni conmigo). Yo deseo que seas mi esposa y tener contigo, al menos, un/a hijo/a de carne y hueso, porque sobra decir lo que, asimismo, anhelo tener, un sinfín de los de papel.
Lo leeré con gusto y seré crítico (contigo, más; para que no levantes demasiado los pies del suelo).
A ver si me pongo ahora a urdir con la ayuda del teclado lo que he trenzado esta mañana a bolígrafo. Ojalá te guste.
Pues espero disiparla en un santiamén. Parecemos vasos comunicantes en un estado de permanente ósmosis. Ya te he contado antes, arriba, lo del contagio de nervios a la hora de emprender el vuelo. Me pasas y te paso todo. Parecemos uno (a ver si deviene pronto una certidumbre sin controversia, sin refutación).
La siesta ha sido larga, sí, pero es que llevaba 30 horas sin pegar ojo.
Ciertamente, la recomendación de don Arturo Pérez Reverte no debería caer en saco roto; quiero decir, tendrían que agradecérsela cuantas/os quieran aprehender/aprender el oficio. Recordarás que te he dicho y escrito hasta la saciedad que a escribir sólo se aprende escribiendo. La idea no es mía. Podríamos retrotraernos en el tiempo y hallar algún rastro, huella o estela de ella incluso en Sócrates, concretamente, en su tesis sobre el intelectualismo moral. Así es; de los errores (ajenos y propios) se aprende mucho. De todo, bueno y malo, se pueden extraer enseñanzas a espuertas.
He escrito en varios sitios el mismo parecer: todo lo que pueda proferir o trenzar a lo largo de mi vida ya lo dijo o urdió hace muchos años, seguramente, un chino. Y quien lee un chino puede mudarlo por un indio o por un japonés.
Lo que no puedes hacer es una mera traducción del texto original (aunque ya sabes lo que dicen los italianos, traduttore, traditore —porque se puede empeorar el pasaje primigenio, pero también mejorarlo—, “traductor, traidor”), una copia servil, sin advertir, previamente, que lo es. No sé quién adujo que “el robo, en literatura, está permitido si va seguido de asesinato”. Pero sí que fue don Eugenio d’Ors Rovira, “Xenius”, quien dijo y dejó escrito en letras de molde que, en literatura, “todo lo que no es tradición es plagio”.
Muchas/os (grandes escritoras/es, a la postre) fueron acusadas/os de plagiarias/os. Salvo contadas excepciones, probarlo (en los escasos casos en los que lograron demostrarse las copias) nunca fue una tarea fácil para las/os abogadas/os de sus denunciantes, sino una labor ardua, costosísima.
Te ama y te manda otra escogida colección de besos, encerrados en una urna que semeja otro orbe deseado y deseante, el nuestro, llevado, por fin, a buen puerto,
Blas.
(Continuará.)
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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Ya ves, Ángel (o Blas):
Cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas (sueltas o anudadas).
Boni.
Se nota que no quieres tener una amiga con sustancia gris... Diselo a
Dios.
Mencita
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín