El Blog de Otramotro

Otro viaje a la semilla (V)

10.09.10 | 14:00. Archivado en Ficciones
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OTRO VIAJE A LA SEMILLA (V)

Dilecta dama y amada musa, Obamo:

Celebro haber cambiado a tus ojos para bien. Tengo para mí que todos evolucionamos; todos, sin excepción. Tú, también. Seguro que has experimentado más de una metamorfosis. Si las susodichas han sido para bien, para mejor, entonces,… ¡miel sobre hojuelas!

Me gustó mucho tu foto; muchísimo. Concursa, participa en el certamen. Desde ya te animo a que lo hagas.

Pues sí, me agrada hacer sudokus. En el periódico EL DÍA, que era el que compraba y leía a diario en Canarias, aparecían cinco, encadenados. Muchos días los hice todos, los cinco. ¿Por qué? Porque no tenía una belleza (física e intelectual) como tú al lado, la mejor mujer con la que poder conversar y disfrutar. Si me hubieras asignado o puesto un/a espía o hubieras contratado los servicios (sin vicios) de un/a investigador/a privado/a, te habría dicho, de viva voz o por escrito, que apenas hablé en las vacaciones, si exceptuamos a los/as recepcionistas y camareros/as del hotel, las bibliotecarias, las/os conductores/as de autobús, etc. La conversación de cinco horas en Barajas fue extraordinaria, por una doble razón o motivo, por que me llenó y por inhabitual.

El dichoso apagón (duró una hora larga) ocurrió mientras compraba EL DÍA. Le pregunté por el estruendoso ruido que inopinadamente escuché a la quiosquera, que me contestó con esta sola palabra: “Unelco” (nombre de la compañía que gestiona el asunto de la luz en Canarias). Era la primera vez que me ocurría (estando allí de vacaciones), en seis años. Te entiendo. Pero yo creo que el respingo te hubiera dado estando nosotros bien (a buenas) y estando mal (a malas). Siempre que mediara entre ambos el cordón del Amor verdadero, claro.

Yo quiero llevarte siempre conmigo o ir a todos los sitios contigo, porque lo que más me peta, lo que ansío más fervientemente, es estar siempre, donde sea (con tal de que ese “sea” no sea, por favor, la cárcel), a tu vera.

La recuerdo por esta frase (cito de memoria): “Cuando hago de buena (interpreto a una mujer que es y está buena), soy (y estoy) estupenda; pero, cuando hago de mala, soy la mejor”.

Anhelo que “Allí”, nuestro Edén, sea el pasado, preciso y precioso, sí, pero superado. Deseo la realidad del día a día; verbigracia, poderte encontrar en la cocina y comerte a besos. Hallarte en el pasillo y proponerte: ¿Te apetece? Acariciarte enteramente y detenerme donde más te apetezca y/o donde más me plazca. Ojalá dicha realidad vaya acercándose paulatinamente, sin prisa, pero sin pausa.

Lamento comentarte que, si no estás celosa de ella, lo demuestras pésimamente; de veras.

He leído el relato sobre tus últimas vacaciones de verano y te he dejado donde podrás leerlo cuantas veces quieras mi sucinto parecer al respecto. Me ha gustado mucho. Casi tanto como me agrada su autora.

Me alegra que hayan quedado disipadas esas incómodas dudas.

No hay que darlas, pero te entiendo (“de bien nacidos es ser agradecidos” proclama el dicho popular), yo también te agradeceré tus bendiciones, los momentos felices que me procures (como lo propio hago aquí y ahora con todos los que me brindaste y, de antemano, con todos los que, con seguridad, me depararás).

Me ha llamado mucho la atención esa muestra tuya de pudor. Me arriesgaría a argüir y defender que hay en ella más literatura que realidad, pero espero tu argumento (o razonamientos; y, en otro orden de cosas, aspecto, o modo, tus rozamientos, claro; que por los tales, como sabes, me muero).

Siento que estés casada y cansada, pero saltaré de gozo cuando estés casada conmigo y no cansada de mí. Te entiendo y me gusta que te guste la obra bien hecha. Ya sabes que en ese punto sigo a Jonas Edward Salk.

A ver, grosso modo. Si me desperté a las ocho de la mañana, dejé la habitación a las doce, cogí el vuelo a las 19, 20 en Los Rodeos, llegué a Madrid (Barajas) a las 23 y pico, estuve esperando la maleta hasta las doce, conocí a Ángela a la una, estuve hablando con ella (le invité primero a un chicle y luego, a eso de las cuatro y media de la madrugada, a un café con leche), cogí el metro a las seis, luego el AVE a Zaragoza, más tarde el regional a Tudela con media hora de retraso, me bañé, comí con mi madre y me eché en la cama sobre las 15 horas, calcula: 31 horas me salen, cariño. Reconozco que en la estación de “Delicias”, empecé a dar algún cabezazo. Y en el regional también. Recuerdo con precisión que te escribí un SMS después de dar uno de los mentados.

Te envío esta idea para que te la metas en la cabeza como quieras, eso sí, sin hacerte daño: no me interesa otra mujer que tú. Ahora bien, tú me interesas sobremanera.

Voy a ver si escribo como el rayo la décima de mañana.

Te ama (cómo podría no hacerlo quien te dedica todas las horas —algunas, en cuerpo y alma— del día) y manda los acostumbrados besos de rigor (una selecta colección de castos y salaces)

Blas.

(Continuará.)

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


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