El Blog de Otramotro

De las horas de hoy no pasa

10.07.10 | 00:00. Archivado en Ficciones
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

DE LAS HORAS DE HOY NO PASA

Dilecta Belén:

He titulado esta misiva de la guisa susodicha, “DE LAS HORAS DE HOY NO PASA”, porque es mi pretensión aprovechar al máximo los minutos que contiene (y dispongo en) la presente jornada para coronar lo inexcusable, pedirte y aun repedirte mil y una veces, si hiciera falta, perdón, por haberme comportado contigo con inmerecida deslealtad. Reconozco abiertamente, sin ambages, que leer por encima, de manera rauda (ya forma habitual y hasta proverbial en mí), el artículo “Te amo, sin duda, mas, sin hesitación, te odio” de Emilio González, “Metomentodo” (si puedes —insisto en que lo hagas—, léelo con suma atención; porque considero que, si así lo haces, será más factible que te avengas a disculpar mi traición), que aparece hoy en la página 35 de la revista Urdiduras y “urdiblandas” con miga, me ha servido del necesario empujón determinante o espaldarazo definitivo para, contrito, de veras, solicitar tu indulgencia. Sé que hice mal; que, en sentido figurado, te clavé una espada por la espalda, al resolver llamar, tan solo una hora después de haber pactado una tregua contigo, a Javier para cerciorarme (te había prometido y asegurado que no me pondría en contacto con él, como así había hecho hasta entonces), pero me urgía abrigar alguna certeza, esto es, saber si era cierto que lo habías “conocido” y si podía tener visos de verosimilitud que todavía pudieras seguir estando, como aseverabas, colada por él. Ignoro el grueso de los pormenores o los porqués; si fue, poco más o menos, como le acaeció a Simón/Pedro, cuando negó tres veces al Nazareno. Acepto que alguna de las causas abrevara, radicara o tuviera su origen en mi altivez o soberbia, al usar todos los medios que disponía a mi alcance para conocer la verdad, independientemente de que, si no ponía coto a mis ambiciones, si traspasaba las líneas rojas, faltaría a la palabra dada (menos sagrada de lo que predicaba por doquier para mí); en mi ignorancia, al no haber sido lo suficientemente capaz o inteligente como para llegar a constatar, de forma fehaciente, que Lola no era el hilo conductor entre ambas (Carlota y tú), y aun en mi instinto de supervivencia o en otras diversas razones (de mayor o menor enjundia y peso, que paso por alto). Creí, sinceramente, que la carota, Dolores y tú os habíais confabulado en mi contra, para pillarme en un renuncio. Recordarás que, cuando me llamaste a casa, estaba enfadado, pero luego, apenas unos minutos después, cuando insististe en ponerte en contacto conmigo, mi enojo engordó, creció, harto de ser un buenazo, de comportarme como un caballero, un “pagafantas”, y de recibir por todos los lados, cuando no palos, el más absoluto y cicatero de los desprecios, el ninguneo.

Espero y deseo que un día logres perdonarme (que me enamoré completamente de ti, esto, al menos, por favor, no lo pongas jamás en tela de juicio, porque mi embelesamiento —que no miento— fue certísimo —algún rescoldo del tal debe quedar, porque, en caso contrario, tengo para mí que hubiera sido prácticamente imposible que el menda hubiera decidido trenzar, sin más demora, lo cabal, esta epístola en la que te ruego con especial encarecimiento, arrepentido, que me disculpes—; las dos quintillas de la décima que te mandé aquella madrugada en sendos SMS salieron de mi caletre, tras haber visitado previamente varias capillas de mi corazón; por cierto, he mudado el acrónimo veraz de tus iniciales, para que no seas reconocible, por el apócrifo de OBAMO, Obdulia Belén —he querido que apareciera uno de tus nombres presuntos, supuestos, para que la décima a la que acabo de referirme permanezca unida, por los siglos de los siglos, a quien la propició, tú, su fautora, mi musa— Amelia Martínez Ovejas), y, asimismo, en especial, que todo te vaya estupendamente; que todo te salga a pedir de boca.

Itera, una vez más, que lo perdones quien todos los días impetra a Dios que te lleve en la palma de su mano, quien otrora te honró y ornó con primores sin cuento y adoró hasta rayar la veneración,

Félix Unamuno.

Post scríptum. Siempre sostuve que se perdona mientras se ama. Hoy complementaría, completaría y enriquecería dicha idea o tesis manteniendo, otrosí, que se demanda perdón mientras se ama.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Jueves, 31 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Sindicación