Excelentes días, sí, los que nos aguardan o están por llegar, Tina
13.07.08 @ 12:38:51. Archivado en Carta abierta a ..., Crítica literaria, Educación, Amor
EXCELENTES DÍAS, SÍ, LOS QUE NOS AGUARDAN O ESTÁN POR LLEGAR, TINA
Mi vida:
Excelentes días, sí, los que nos aguardan o están por llegar, Tina, porque, cada día nos vamos acercando más al que es nuestro principal objetivo, quiero decir, a la estación término, o sea, a disfrutar al máximo, a tope, del edén en la Ciudad Eterna, Roma (mientras discurra la primera semana de nuestra agosteña estancia italiana; en Venecia, mientras transcurra la segunda), donde ambos hemos depositado buena parte de nuestras respectivas esperanzas de poder alcanzar y conquistar, durante las susodichas, el auténtico y apodíctico Amor.
Puede obedecer a la que aduces, cariño, o a otra causa. Los humanos somos seres fácilmente influenciables. Si piensas que es gripe, acaso le estés abriendo, de par en par, las puertas y las ventanas de tu casa al virus de la influenza, para que el mencionado entre de rondón en ella y se instale en tu cuerpo.
Desde luego, tus vecinos te dan grima. Y, si me apuras, tienes ojeriza, en concreto, por tu tocaya (no insistiré en la obviedad), por descontado. Acaso sea verdad lo que auguras o vaticinas. Porque ellos no paran de estornudar. Ergo, no me extrañaría un pelo que andes incubando la enfermedad, esto es, que estés engripándote, como acabas de aventurar o pronosticar.
Espero que, dentro de ese todo, no incluyas lo que nos salvará a ambos, el Amor. Deseo que no veas también negro ese sentimiento (que no miento), que deberá presidir y regir nuestra vida en común.
Lo propio le ocurre al menda (lerenda), que tiene unas ganas tremendas de que los días de julio pasen volando y llegue el viernes, primero de agosto (día en el que, por cierto, cumplen años un hermano, Miguel Ángel, el “Chato”, y uno de los mejores amigos, Jesús Manuel, de quien es más hermano que amigo de servidor, Emilio González, “Metomentodo”; así que ahí van para los dos, con casi medio mes de antelación, mis ¡muchas felicidades!), cuanto antes.
Tranquilízate, mi bien, porque tu sosiego me depara(rá) serenidad.
¡Cómo puede dejar de admirarte quien por ti y el Amor que te profesa se siente vivo!
Estupendo. Precioso, sí, sin duda, el poema “Íntima” de Delmira Agustini (¡qué pena que dos tiros –disparados por su disparatado marido- acabaran con la vida de la poet(is)a, sin que ésta hubiera llegado a cumplir los 27 años!; leeré otras odas suyas, porque la que me has enviado me ha encantado, Tina. Por lo tanto, gracias, muchas gracias. Voy a tomar los cuatro versos (“Y sé que en nuestras vidas se produjo / el milagro inefable del reflejo... / En el silencio de la noche mi alma / llega a la tuya como un gran espejo”) de su quinta estrofa para coronar la presente urdidura (o “urdiblanda”), mi texto hodierno, que, hasta hace apenas un rato, había proyectado que fuera otro.
Te abraza y besa, cuida y mimará (y es que toma conciencia de que no podría dejar de hacerlo, aunque quisiera) tu
Félix Unamuno.
Ángel Sáez García
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