MUCHAS GRACIAS, TINA, POR LA SAL Y LA PIMIENTA
Mi vida:
Muchas gracias, Tina, por la sal y la pimienta que has traído a mi anodina existencia, dándole la vuelta, como si ésta se tratara de un calcetín. Gracias por estar siempre ahí. Gracias por tus correos, llamadas y SMS. Gracias por tus besos gordos, sonoros, que me encandilan. Gracias por el tono y el timbre de tu voz, que me embelesa. Gracias por mandarme “Desde el jardín” (esta noche, si todo va según lo previsto, lo coronaré), de Jerzy Kosinski. Y gracias... por el ancho, largo y profundo resto, que engloba un millón (o dos; y aun más) de razones.
¿Sabes? Celebro que allí, en la República Oriental del Uruguay, durante esta época del año, refresque por las noches. Porque así no te molestará que te abrace, como si mi cuerpo fuera otra sábana, ésta, de carne.
Yo siento parecidas o semejantes ganas a las que tienes tú (bueno; me atreveré a decir que más, si no lo tomas por hipérbole). Independientemente del “cronotopos” (espacio-tiempo) donde nos hallemos, lo que realmente nos debería importar a ambos es estar juntos. Mi piel necesita perentoria y continuamente de la tuya. Por las mañanas, nada más despertarme, la escucho quejarse y hasta maldecir, porque la epidermis que prefiere, la que cubre tu anatomía, se difuminó o esfumó durante la noche.
No vamos a serlo, mi bien, no. Felices ya lo somos. En todo caso, lo seremos, sí, pero en su grado elativo, superlativo. Acaso debamos usar otro término, o inventar un nuevo vocablo que dé cuenta de tanta dicha, como, seguramente, nos embargará. ¿Dichosísimos?
Cuídate la alergia. Y procura no caer otra vez en el vicio estúpido de fumar.
Si tus besos, remitidos y recibidos vía invento de Bell, me arroban, ¿qué virtudes (no) tendrán los que me des físicamente? Sin duda, serán la repanocha.
Seguramente, mis décimas son y serán leídas, pero dudo mucho que los lectores de las mismas tengan a bien dejar debajo constancia de sus comentarios. Pues siempre brillaron por su ausencia, cariño.
Yo sólo anhelo tu bien. Eres lo mejor que ha pasado por delante de mis pupilas en las 46 primaveras que llevo recorridas. Yo no puedo cometer el gran error de mi vida, que sería romper el cordón de plata que me une a ti, Tina. Yo no quiero acrecer tus problemas, sino aportarte soluciones. Deseo que nuestra relación de pareja sea nuestra apodíctica panacea.
Te (man)da una selecta colección de abrazos, besos y caricias (o, si lo prefieres, un escogido ABC de mimos) tu
Félix Unamuno.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
Viernes, 1 de junio
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
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Antonio García Fuentes
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Chris Gonzalez -Mora
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Juan Granados
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Julio César Izquierdo
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