Tras el borrón, conviene iniciar el cuento en folio nuevo, Tina
15.05.08 @ 12:57:34. Archivado en Carta abierta a ..., Educación, Amor
TRAS EL BORRÓN, CONVIENE INICIAR EL CUENTO EN FOLIO NUEVO, TINA
Mi vida:
Tranquilízate. Te ruego encarecidamente, por favor, que, si en verdad todo lo de anteayer obedeció, única y exclusivamente, a tu humor ácido, negro (pero en grado superlativo, nigérrimo), vitriólico, urge que lo amanses, controles o moderes, que lo lleves del ramal o ronzal, vaya, hasta que me habitúe al mismo, desconocido para mí. Porque anteayer esa natural, mas extravagante, disposición de tu ánimo (considero) se desbridó, desbocó y se te fue de las manos. Empero, admito que puedo marrar.
Yo te tengo por esposa desde que, estando tú convaleciendo en el hospital, tras haber sido intervenida quirúrgicamente de una hernia inguinal izquierda, así me lo hiciste llegar en un SMS.
Tras cometer el borrón, conviene iniciar el cuento en folio nuevo, Tina.
Celebro que no necesites tiempo para meditar en torno al asunto de marras, que tenemos entre manos y a ambos nos incumbe. Eso indica bien, a las claras, que ves las cosas, poco más o menos, como yo, de manera cristalina; que tus sentimientos hacia mí son de la misma calidad que los viceversa. Me alegro, porque, si la hesitación, de cuando en vez, sí, las dudas nunca fueron pintiparadas compañeras de viaje. Lamento haberte creado otras tantas a ti. A ver si los dos nos corregimos y limamos o pulimos el grueso o buena parte de nuestras asperezas.
Las cosas es mejor que se vayan olvidando paulatinamente, con el lento transcurrir del tiempo. Aquí no sirve la locución adverbial “de sopetón”. Porque, cuando queremos olvidar algo motu proprio, por una extraña e ignota razón, se produce el indeseado efecto bumerán, y volvemos a rememorarlo, o sea, lo recordamos aún más.
Desde hace mucho tiempo, ambos venimos diseñando, de consuno, nuestra vida de (y/o en) pareja. En todo caso, sería reanudar o proseguir con la misma, Tina. Estando cerca, al lado, te haría ver esto diáfanamente, con más de un ejemplo extraído de la naturaleza. Seguro que coincidías conmigo.
Si yo, cariño, soy para ti un fanal o haz de luz, tú eres mis resplandores reverberantes, mis amaneceres esplendorosos.
Puedes llamarme a la hora que quieras; tienes bula para ello; no me importará un bledo o comino cuál sea; pues me encanta que lo hagas.
Acabo de contemplar la última foto que me has remitido, la que te hizo tu ahijada y sobrina Nandy mientras caminabas por donde rompían las olas al llegar a la playa. Pareces otra, pero eres tú. Estás más guapa, creo, que en las anteriores. Como te he dicho y escrito varias veces, tienes una mata de pelo negro preciosa.
Aunque te parezca mentira, yo no te pido belleza física (es lógico que luzcas las arrugas propias de los años que tienes, algunas/os más como yo), sino espiritual, intelectual, mental, sentimental. Y que me quieras, si es verdad que me amas. Con eso me vale (y con que me dejes explorarte con algún ápice o pizca de arte picante tu anatomía; y con que me mimes; y con que me des mil y un ósculos, pocos castos, me sobra y me basta).
Te ama (con toda su alma y quiere hacerte feliz, en todos los terrenos que pueda) tu
Félix Unamuno.
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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