El Blog de Otramotro

Un buen símil con fama/forma de misil

UN BUEN SÍMIL CON FAMA/FORMA DE MISIL

Anteayer publiqué aquí, en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, una chuchería o golosina literaria bajo el rótulo de “Llamo al listón político tontón”. Me limité a constatar una realidad irrefutable, que en todas partes cuecen habas, o sea, que en todas las formaciones políticas patrias (habidas y por haber) algunos de sus representantes (sean ellas o ellos) yerran (por la sencilla razón de que están conformadas por seres humanos y, como escribieron los romanos en latín: Errare humanum est, errar es humano). Podría haber puesto numerosos ejemplos, pero eso me llevaría a nombrar, esto es, señalar, a las personas concretas que fallaron estrepitosa o morrocotudamente, según mi particular parecer. Ahora bien, como estoy completamente convencido, quiero decir, seguro, de que a algunas de ellas les ocurre lo que a mí, que, a pesar de no querer marrar (cosa que detesto), lo hago, de que se equivocan involuntariamente tanto como yo, decidí dejar en el tintero y ahorrarle al atento y desocupado lector, hembra o varón, el nutrido muestrario de esos baldones o circunstancias.

En el penúltimo párrafo de “El arte de injuriar”, un conciso y jugoso epítome de la literatura satírica y el insulto clásico, opúsculo que forma parte de un libro de ensayos titulado “Historia de la eternidad” (1936), su autor, Jorge Luis Borges, recuenta una historia que había sido referida antes por Thomas de Quincey, en concreto, da cuenta de las palabras cabales que usó en una réplica inmortal un tal doctor Henderson: “A un caballero, en una discusión teológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El agredido no se inmutó y dijo al ofensor: ‘Esto, señor, es una digresión; espero su argumento’”.

Intentaré razonar por qué actué de ese modo, por qué ese fue mi proceder, por qué no vertí el contenido de mi vaso sobre la ristra de rostros.

Como considero que no hay mal que por bien no venga, o sea, que, a pesar de los pesares, variopintos, muchos políticos hacen una estupenda función social, ya que, con sus interminables meteduras de pata (cuando no son los unos, son los otros los que desbarran; cuando no son los “hotros”, son los “hunos” los que se equivocan, al mear fuera del tiesto o sacar los pies de las alforjas), a la hora de decir o hacer, vienen a ser, ora los muñecos de pimpampum de un puesto de feria, ora el punching ball, el objeto con cara del sujeto al que poder vapulear en el campo o la intimidad del hogar, y, de esta guisa, poder descargar la tensión, la mala uva, la indignación, en definitiva, desestresarse.

Hay quienes piensan que, en ese punto crucial, comparten papel con los jefes o empresarios. Esa es la tesis que quería sostener hace muchos años, más de una década, cuando escribí una ficción (como reconocía servidor en la adenda final), que rotulé “Yo, vuestro presidente, soy un necio” (y subtitulé “Mil maneras de cómo equivocarse”) cuyos dos primeros parágrafos decían así:

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La paja había devenido viga

LA PAJA HABÍA DEVENIDO VIGA

(MI CULPA ADMITO Y DIGO AMÉN A TODO)

Esta pasada noche he soñado que le había hecho una entrevista a Dios. Desconozco si Él había juzgado oportuno presentarse en medio de mi mundo onírico con la intención de contradecir y dejar en feo a uno de mis autores predilectos, Friedrich Nietzsche, pero eso es lo que he barruntado, que había querido refutar a quien vino a decir que la única diferencia entre Dios y él era que él existía (recuerdo que durante mi primer curso de Filología en la Universidad de Zaragoza leí en una mesa de madera de la Facultad de Filosofía y Letras dos frases que alguien había escrito allí con la ayuda de un bolígrafo negro: “Dios ha muerto; hemos matado a Dios; Dios ha muerto”, que llevaba la firma de Nietzsche; y debajo “Nietzsche ha muerto”, que portaba la de Dios).

Luego se ha abierto paso, entre mis intuiciones, esta otra. La razón de haber soñado con Dios acaso descansaba o estribara en que hace pocos días decidí empatizar, es decir, calzarme los mocasines y/o ponerme en la piel de uno de mis heterónimos, Emilio González, “Metomentodo”, y firmar un texto como a él le hubiera gustado rubricar, Dios (aunque, al final, me decanté por que viera la luz la opción opuesta, o sea, que fuera publicada la versión contraria).

El citado escrito, antes de darlo por bueno, por concluido, lo rocié con varias lágrimas de humor (y es que uno puede llorar de risa, sobre todo, cuando esta acaece a carcajada tendida o mandíbula batiente); y me cercioré de que fuera respetuoso al máximo con el Ser Supremo.

De la extensa interviú que le he hecho (esa era, al menos, la refractaria impresión que me había quedado al despertarme), solo recuerdo con fidelidad el último de sus reproches:

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¡Chapó!, don Carlos Alsina

¡CHAPÓ, DON CARLOS ALSINA!

A falta de impar mujer
A la que amar sin reparo,
Para admirar me preparo
Al que trata de tejer
Cuanto halla al amanecer.
No da puntada sin hilo
Con su mui de sutil filo
Quien, cuando entrevista, Alsina,
El fiel oyente alucina
Y el preguntado entra en vilo.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Llamo al listón político tontón

LLAMO AL LISTÓN POLÍTICO TONTÓN

Entre los políticos patrios (ellas y ellos) el listón ha caído tan (tan) bajo que este ha llegado a nivel del metro, subterráneo. Dicho axioma ha cundido tanto que a la ciudadanía no le ha extrañado ni mucho, ni poco, ni nada (de nada) comprobar cómo hoy, por ejemplo, circula por doquier la especie o nueva de que, al haber actuado tantísimo representante al buen tuntún, sin haberse parado a pensar o prever cuáles podrían ser las consecuencias de sus dichos y hechos, actitudes o comportamientos, entre el electorado ha prendido la idea llameante o llamativa de llamarle al listón (que mide la capacidad de salto de un batracio o rana, quiero decir, de tanto político), a partir de ahora, de una manera más correcta, tontón.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Hay que hacer el esfuerzo de hallar tiempo

HAY QUE HACER EL ESFUERZO DE HALLAR TIEMPO

Dilecta Pilar:

No, querida amiga (espero que no te moleste leer que disiento abiertamente de tu parecer, por la sencilla razón de que pensar —alguna vez, lo reconozco, me he mostrado también conformista, como tú, en el comentario al que me refiero— así, nos lleva directos a perecer), no nos tenemos que conformar con lo que hay (me consta que tú tampoco lo haces), el actual estado de cosas y casos, manifiestamente mejorable, o que la situación desastrosa continúe. Si no nos ponemos manos a la obra, a resolver los problemas que nos acucian cuanto antes con todos los medios que hallemos a nuestro alcance, no habrá remedio (ni para ellos ni para nosotros).

Me parece bien. Muchos domingos de mi vida oí dos misas.

Hay que hacer el esfuerzo de hallar tiempo para disfrutar a tope de la vida, que son dos días, que pasa en un pispás o santiamén. Si es leyendo versos que, al tiempo que nos emocionan, nos inspiran, miel sobre hojuelas.

Ciertamente, así es. Si, de manera previa, no nos ponemos de acuerdo en el significado de las palabras que vamos a usar o sobre las materias que vamos a disertar o debatir, mejor es que no comencemos ese diálogo, pues puede devenir en uno de besugos, y finar en una discusión bizantina.

Celebro que así sea.

Te mando el artículo sobre Josep Borrell abajo (no sé si me ha salido bordado, pero, de la guisa que lo vas a leer ha quedado coronado). Lo publicaré mañana en mi bitácora.

Ayer subí al Hospital “Reina Sofía” (HRS) y mi tocaya, la doctora, especialista en Cardiología, se llama Ángela, me comentó lo que este menda deseaba y esperaba escuchar, que el holter que me pusieron no registró otro episodio de fibrilación. ¡Buena (me quedo corto, magnífica u óptima) nueva! El próximo mes seré citado de nuevo por ella.

Como hoy, después de hacerme la cama y desayunar, he aprovechado para hacerme unas lentejas de primero y freír los filetes de carne que había previsto que fueran mi segundo plato, cuando he llegado a “El Cole” ya no había heraldo que llevarse a los ojos.

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¡Vaya insania es suicidarse!

¡VAYA INSANIA ES SUICIDARSE!

¡Vaya insania es suicidarse!
Mas, ¿no es aún más locura
Que prosiga la tortura,
Que no viene, no, a ahorrarse
La realidad, quejarse
Le estuviera prohibido
Y siguiera cohibido
Sin decir “no” y por lo sano
No cortara el hilo insano
Que lo mantiene inhibido?

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Jorge Bergoglio? ¡Un pionero!

¿JORGE BERGOGLIO? ¡UN PIONERO!

Jorge Bergoglio es pionero
En muchas cosas: un cedro
En la sede de San Pedro,
El pontífice que un cero
Puso a tanto desafuero,
Quien ha celebrado misa
En Abu Dabi y su risa
Quiere que se escuche en China
Pronto, como vaticina
Quien finge que es pitonisa.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Ni inmunes, ni impune el crimen

NI INMUNES, NI IMPUNE EL CRIMEN

Khashoggi fue asesinado
Por deseo de Salmán,
Al que unas/os llaman Satán.
Finó su vida ahogado;
Fue luego descuartizado.
Aquí no habrá inmunidad,
Ni tampoco impunidad
Para los once acusados.
Que sean pronto juzgados
Pide la comunidad.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Misiva al relator, Carlos Alsina

MISIVA AL RELATOR, CARLOS ALSINA

(ZASCAS SIN CUENTO A UN TÍTERE O VICARIO)

Dilecto Carlos Alsina:

Déjame que te felicite por la entrevista (es mi deseo y mi esperanza que, como ha hecho el abajo firmante, servidor, hayan sido muchos los catalanes, ellas y ellos, los que hayan coronado la misma operación y sean plenamente conscientes de quién los representa, para que no se lleven más engaños y sepan a qué atenerse) que le hiciste (ya sé, ya, aunque he dudado, debería de haberme decantado por escribir “varapalo que le diste”, pero quiero mantener, a lo ancho y largo de esta urdidura —o “urdiblanda”—, las formas) el miércoles pasado al Molt Honorable President de la Generalitat, Quim Torra (¿habrá podido dormir desde el repaso?; yo, al menos, en su caso, reconozco que no hubiera logrado conciliar el sueño; por cierto, que, desde entonces, desde que escuché la entrevista de cabo a rabo, me hago cruces, porque aún no he conseguido salir de mi asombro, o sea, entender cómo no encontraron entre las filas de los candidatos a representar a los catalanes partidarios de la independencia alguien con más empaque, fuste y rasmia para tan alta dignidad —bueno, él, al parecer, se conforma con ser vicario de Puigdemont, el cobarde huido, que no exiliado, llamemos a las cosas, en este caso, personas, por su nombre—, porque el otro día en la emisora de Onda Cero, durante el programa “Más de uno”, que presenta(ba)s, el mentado, sin papeles —me refiero a los escritos de antemano y que luego lee; porque los que estaban en blanco encima de la mesa, aunque los fue garabateando, vinieron a terminar como él, en “na… de …na”, nada de nada o, por variar, en una versión jocosa, naranjas de la China—, tuve la impresión refractaria de que no valía —siendo generoso— ni para representarse a sí mismo).

Si, en el futuro, algún independentista insiste, de nuevo, en la necesidad imperiosa de encontrar a un relator para solucionar el insoluble (solo soportable o “conllevante”, palabro que ha resultado de una sencilla operación de evolución o deriva del verbo conllevar, que usó Ortega y Gasset hace casi un siglo para referirse al hecho) problema, la cuestión catalana, yo lo tengo claro, te propongo o nomino en este mismo instante para dicho papel mediador, porque (aunque haya otros muchos que podrían cumplir colmada y estupendamente, con creces, con dicho rol, para no perder el tiempo buscándolo) tú lo eres, y de una pieza.

En unos minutos abatiste o desarmaste el montaje del derecho a la autodeterminación o a decidir y demás zarandajas que llevan los independentistas grabados a fuego o inculcados en su pesquis.

Hay que dialogar, sí, pero con quien aduzca argumentos y razones de peso, no sofismas ni tonterías. Tú hablaste con Torra y pudiste comprobar lo que constatamos cuantos os escuchamos a ambos (que lo de él era un discurso manipulador, mendaz, que trataba de tergiversar y retorcer al máximo la realidad de las palabras y los hechos en su propio beneficio y en el de los suyos), que cuando intentabas rascar un poco, te dabas cuenta de que debajo de la apariencia de criterio no había más que una colección de embelecos, que quería hacer pasar por nutrido muestrario de verdades irrefutables. Que la democracia está por encima de la Constitución, ley de leyes, solo lo puede sostener un sofista, alguien que ni quiere democracia (o esta le importa un bledo) ni quiere ley (ídem).

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A mí me llaman "león"

A MÍ ME LLAMAN “LEÓN”

(DE LA LECTURA PEÓN)

A mí me llaman “león”
Dos personas, Pío Fraguas
Y “Txiki”, ¡qué dos paraguas!
También usa “campeón”
Pío, pero soy peón.
Sin ninguna duda, es tal,
“Campeón”, Jesús Vidal,
Quien en León vino al mundo
Y parece Segismundo,
El personaje inmortal
De don Pedro Calderón
De la Barca, otro peón.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¡Mil perdones, Dios mío, y muchas gracias!

¡MIL PERDONES, DIOS MÍO, Y MUCHAS GRACIAS!

Tantas veces nos había ponderado nuestro profesor de Filosofía, Francisco Pérez (cariñosamente conocido entre nosotras/os, sus alumnas/os, como “Paco Pera”) las excelencias de la tertulia que, salvo durante el estío, venía celebrándose a diario, desde ni se sabe, y tenía lugar, indefectiblemente, en la mesa redonda del fondo del casino “La Unión”, de nuestra población, Algaso, pasada la una del mediodía (vulgarmente conocida como el mentidero), que a mi colega Juan y a mí nos dio por acudir allí ayer, a ver si extraíamos material para nuestro trabajo final de Filosofía.

Cuando llegamos, pusimos nuestra grabadora en marcha; y esto es lo que escuchamos y ella recogió. Estaba en el uso de la palabra Emilio González, “Metomentodo”, que siguió aseverando esto:

“—Hace muchos años, leyendo a Karl Raimund Popper, llegué a la conclusión de que la verdad es provisional, pues se mantiene en pie o dura mientras no es contradicha o refutada y, como consecuencia lógica, abatida por otra que, en ese preciso instante, viene a ocupar el pedestal donde se erigía o levantaba la recién derribada por ella. La verdad, en este sentido, vista desde esa perspectiva, puede semejar un muñeco de pimpampum de feria.
“—Dando por buena, por impecable, tu reflexión, “Metomentodo”, ¿crees que lo que acabas de sostener sobre la verdad vale también para el amor? (le preguntó Otramotro)
“—Pues no había considerado o valorado, lo reconozco, antes, Otramotro, la posibilidad que concede el “mutatis mutandis”, pero, en principio (tendría que pensar más concienzudamente al respecto), de manera interina, debería decantarme por contestar que sí. Tengo para mí que, si son dos las personas responsables (o irresponsables) de decir sí a la unión de un dúo, pareja o tándem (una suele dar o poner más que otra), las que contribuyen a conformar dicho vínculo, asimismo o igualmente, son dos las que lo rompen (una pone más de su parte que otra para quebrarlo, seguramente, porque ha aparecido en su vida un nuevo amor).
“—Abundo contigo en el criterio que acabas de argumentar. He constatado que en las sociedades avanzadas, en los países del primer mundo, donde se reconoce el derecho al divorcio, la realidad viene evidenciando, un día sí y otro también, que el amor, por mil y una causas o motivos, se ha esfumado o desaparecido. Para ese resultado neto, claro, la mejor solución que hay se llama divorcio.

Tras las palabras pronunciadas por Otramotro, hubo dos segundos de silencio que fueron clausurados por mi colega Juan, que osó decir:

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¡Qué claro les habló quien llamó Clara!

¡QUÉ CLARO LES HABLÓ QUIEN LLAMÓ CLARA!

Dilecta Pilar:

Te mando (abajo) la versión corregida, ¿definitiva? (la que aparecerá publicada en mi bitácora) del último texto que te remití ayer, “¿Para pollos montar está el Congreso?”.

Esta mañana he leído tu columna, “La torre de Babel”, del Heraldo de Aragón, en la Librería/Papelería “El Cole”, que regenta mi amigo Miguel Ángel Gracia Eraso, “Fangio”. La clave de la misma, que vas diseminando a lo largo y ancho de la tal, la hallará concentrada el lector (ella o él) que arribe a su final: “¿Cómo entendernos sin un mínimo de interés común?”. ¿Que cuál es ese “mínimo interés común”? Acaso el “mínimo sentido común”. Para servidor, ese interés/sentido es escuchar con atención y hacer el esfuerzo de comprender las razones que aduce el otro (hembra o varón) sobre el asunto o tema de discusión que sea.

¡Qué claro les habló Clara Campoamor a los diputados presentes en el Congreso cuando les vino a decir que ella era antes ciudadano/a o persona que mujer!

¡Enhorabuena! ¡Felicidades!, por destacar y recordar a las mujeres memorables (el próximo 25-N es fecha para rememorar a las féminas que sufrieron y hasta murieron por esa clara lacra o sinrazón que es la violencia machista) que te precedieron en la labor laudable de reivindicar derechos para todas/os.

A mí lo que me pasa (y por eso escribo de nuestra estupenda —me consta que tú, perspicaz, apenas tienes dificultad en coger al vuelo la ironía, pero no todas/os gozan de la despierta inteligencia que has optimizado, por eso, he agregado la ristra que sigue, para que la tal sea clara, clarificadora, inobjetable, irrefutable—, excelsa, exquisita, impar e inigualable clase política) es que no me conformo con lo que nos pasa, porque, de alguna forma, nos pesa y nos pisa la poca dignidad que aún tenemos sin hollar.

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Sábado, 23 de febrero

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