El Blog de Otramotro

Pilar, vela y novela la novela

PILAR, VELA Y NOVELA LA NOVELA

Dilecta Pilar:

Pues, basta que me lo has escrito tú, para llevarte la contraria y que me vuelva a dejar (hala, hale; y ahora sigue colocando cuantas jas quieras: ja, ja, ja) la barba otra vez. Quienes comenzamos siendo unos gigantes (en mi último curso en Navarrete, Octavo de EGB, me confundían los padres de algunos de mis colegas, postulantes, con ocasión de San José, día del Seminario, con los Padres Camilos, nuestros formadores —a quienes tanto les debo y, por ese cúmulo de razones, les estaré e(vi)ternamente agradecido—; y es que estaba tan alto como ahora o un poco más —acaso haya encogido algo— y fuerte como un roble) hemos devenido en eso, cabezudos (y cómodos, sí, también o, mejor, comodones). Si tuviera pareja (ignoraba que la tuvieras —y la vieras—, de veras —por seguir con los juegos de palabras, a los que, has acertado, soy tan aficionado—; así que ¡enhorabuena! —a ambos, ¿eh?—), me ocurriría tres cuartos de lo mismo que a tu chico, me temo.

No. No sabía que tenías entre manos una novela. Ya sabes lo que le pasa a un/a novelista, que, mientras está escribiendo una, no duerme (ergo, contradice lo que crean sus manos, la novela), porque se encuentra en permanente vela (vela y novela la novela). Si tuviera las revistillas de los tres años que estuve en Navarrete, seguramente, ya la habría urdido este menda. Aun sin ellas, me pondré un día a ello. Ya sé hasta cómo se titulará: “Reglas de ortografía”. Y comenzará así: “Tri, tur, nu, su, cu, ca, ga, ver, si, al, ur, du, ti, to, ra, ri, tre, gu, lo, ru, so, la, car, ta, ro, sa, te, tra, ce, ha, he, hi, ho, hu”. No me ha extrañado lo de la novela. Porque el camino lógico, el recorrido normal de un escritor (ella y él) prototipo es empezar escribiendo unos versos, malos, malísimos; perseverar, ir mejorando, o sea, trenzar unos medio buenos o semibuenos, hasta que se consigue que sean buenos del todo y aun excelentes. A renglón seguido, probar en el ámbito de los cuentos (con el mismo o parecido proceder) y desembocar en el ámbito de la novela, que dicen que es lo que te permite dejar de hacer lo que hacías (ser profesor o cualquier otro trabajo) habitualmente y dedicarte de lleno a tu nueva actividad, la que, a partir de un éxito, te va a dar de comer.

Seguro que tú, Pilar, lucirás; serás lucero en Lucena. Te lo aseguro.

¡Vaya! Hoy, en unas pocas líneas, no has dejado de sorprenderme. Ahora le toca a tu blog: La lámpara encendida. Más ¡enhorabuenas!, más. Acabo de ver tu foto y releer el artículo que publicaste el viernes pasado en el Heraldo de Aragón, “Niños escudo”. Tiene muy buena pinta. Ahora bien, me ha llamado la atención que no has tildado (en el blog) lámpara.

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Reconozco que soy un fan de Lanza

RECONOZCO QUE SOY UN FAN DE LANZA

“La violencia nunca es buena; nunca trae nada bueno”.

Declaró ayer en una entrevista que le hicieron en Cope María Rosa, esposa de Juan José Salas, el agente de la Guardia Urbana de Barcelona que quedó tetrapléjico en 2006 tras ser alcanzado en la cabeza por una piedra que lanzó Lanza.

Como lo primero y principal debe ir en cabeza, ahí va mi más sentido y sincero pésame a los deudos y amigos de Víctor Laínez (y es que cada vez que tengo noticia de que uno de mis semejantes, hembra o varón, ha dejado de existir, recuerdo indefectiblemente las palabras finales de la Meditación XVII de “Devociones para ocasiones emergentes”, 1623, del poeta metafísico inglés John Donne, venerado como santo cada 31 de marzo por la iglesia anglicana: “La muerte de todo hombre me disminuye porque formo parte de la humanidad. Por eso no preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”), recientemente occiso, o sea, muerto de manera violenta.

De inmediato, debo añadir, para no ser tomado por otro muñeco de pimpampum derribado a pelotazos o vapuleado y abatido en el acto por cualquier otro tipo de arma arrojadiza, que no soy admirador o seguidor, no, de la persona que está encarcelada en la prisión zaragozana de Zuera, de manera provisional, comunicada, sin fianza (así lo decidió ayer la juez Natividad Rapún, titular del Juzgado de Instrucción número 6 de Zaragoza, competente en el caso, después de tomarle declaración), Rodrigo, insisto, no, sino que el Lanza del título de esta urdidura (o “urdiblanda”) es el apellido de Silverio, seudónimo literario de Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa.

Confieso que esta mañana, cuando me he sentado ante el ordenador, mi primera intención había sido escribir sobre el joven, que goza de doble nacionalidad, chilena e italiana, que ha sido acusado de ser el presunto asesino de Víctor Laínez, y que, por cierto, ya cumplió pena de cárcel por ser quien, según la sentencia condenatoria, lanzó la piedra que dejó tetrapléjico a Juan José Salas, pero me he decantado por una opción más prudente, dejar que todo el proceso se sustancie, como debe, y esperar a que se celebre el juicio con garantías y haya una sentencia firme. He leído un sinfín de comentarios en las ediciones digitales de los diarios (a favor y en contra de Lanza) que han hecho que me inclinara por hablar de Silverio y no de Rodrigo. No es mi propósito que de mis palabras se deduzca que el último no vaya a ser declarado, tras culminarse un juicio justo, culpable, sino dejar constancia de la sensación refractaria, que me molesta un montón, de que, poco a poco, nos estamos cargando la presunción de inocencia. Al paso que vamos, más pronto que tarde, va a ser metamorfoseada, mudada, por la presunción de culpabilidad.

Reconozco, asimismo, que, tras leer parte de las declaraciones que hizo ayer María Rosa a Cope, sensatas (mejoraré el adjetivo valorativo que he usado), sensatísimas, en las que venía a dar las gracias a cuantas personas le habían ayudado durante la última década larga, cuando mi cacumen dudaba entre titular mi urdidura (o “urdiblanda”) “¿El perdón? ¡La mejor de las venganzas!” o “No hay venganza mejor que perdonar”, mientras tecleaba lo que el atento y desocupado lector, sea hembra o varón, acaba de leer, advertía que, a modo de mojones de la vía por la que servidor debía transitar, se abrían camino o senda hasta desembocar en dicha vía, con la evidente pretensión de ser expresadas, dos inexcusables referencias, dos, la del artículo 25 de la Constitución Española de 1978, donde, según su punto 2, se dice que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”, y el final de la “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños” (publicada por vez primera en 1626, en Zaragoza), de Quevedo, donde se lee: “Y fueme peor, como V. Md. verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.

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Carta abierta a Miquel Iceta Llorens

CARTA ABIERTA A MIQUEL ICETA LLORENS

Dilecto Miquel Iceta:

Como te consta (te pido permiso para tutearte) y, si no te consta, insistiré en ello hasta que te conste, no me he propuesto enseñarte en esta misiva abierta nada (de nada). Me conformo con aplicarme a la labor de sacudir la inercia que lleva tu espíritu en plena campaña electoral y de sembrar alguna inquietud en tu pesquis.

Como sabes, el (camino del) infierno está empedrado (pavimentado con adoquines o baldosas) de buenas intenciones. Sé que en una interviú que te hicieron ayer en RAC-1, comentaste que pedirías el indulto de los políticos soberanistas (ellas y ellos), en el caso o supuesto de que fueran condenados por los tribunales a los que les correspondiese juzgar sobre uno o varios presuntos delitos cometidos por los tales (“porque en este país tendremos que cerrar heridas que tienen un origen político”). Sinceramente, tengo para mí que te equivocaste. ¿Y si vuelven a las andadas? ¿Volverías a pedir otra vez el indulto? Preveo (sin ser un augur reconocido ni pretenderlo) en ello más un círculo vicioso que virtuoso. Abundo o coincido contigo en que la vía judicial no es la panacea para solucionar (y menos, en un santiamén) el problema catalán, antiguo, antiquísimo, asunto que tiene claras raíces políticas, pero, como sabes, hasta una mente tan digna de admiración y respeto como la que gastaba, gestaba y gestionaba el mejor filósofo español del siglo pasado, don José Ortega y Gasset, que se ocupó a conciencia del tal, llegó a la conclusión de que (visto lo visto, ante la imposible resolución del mismo) el susodicho solo se podía “conllevar”.

No ignoro que tus declaraciones (algunas de las cuales no puedo dejar de apostillar) las proferiste en plena campaña electoral. Así las cosas, puedo entender que insistieras en calificar los encarcelamientos ordenados por los jueces de desproporcionados, pero me molestó sobremanera lo que colegí de todo ello (y me he hartado de escuchar en boca de Puigdemont y otras/os muchas/os secesionistas), porque sembraba serias dudas de que España fuera, en sentido estricto, lo que es, un Estado de derecho (perfectible, sí; mejorable, también, pero) donde no se pone en tela de juicio que la ley, de verdad de la buena, impere.

Tú, Miquel, cabeza de lista del PSC a las elecciones autonómicas del próximo 21-D, diste de lleno en el blanco o centro de la diana con la flecha que disparó tu arco o cacumen al señalar que la vía unilateral del secesionismo al único lugar que llevaba era a donde desembocó, a un callejón sin salida. Don Antonio Machado, a ratos poeta y a ratos filósofo (o, si se prefiere, a ratos filósofo poeta y a ratos poeta filósofo) por boca de Juan de Mairena, un heterónimo suyo, recordando a su vez lo que había dicho su maestro Abel Martín, autor apócrifo, sentenció (hace más de cuatro décadas lo mismo) que “pensar es deambular de calle en calleja, de calleja en callejón, hasta dar en un callejón sin salida. Llegados a él, pensamos que la gracia estaría en salir de él. Y entonces es cuando se busca la puerta al campo”.

Me pareció aceptable y atrayente tu propuesta de que, en el supuesto de que fueras elegido president (y te adjudicaran, por tanto, el tratamiento de molt honorable), intentarías buscar un acuerdo entre el Govern y el Gobierno de España en el plazo máximo de dos años; y, asimismo, tu compromiso de que no podrías seguir como president si, pasado dicho lapso de tiempo, no habían dado los frutos apetecidos “el diálogo, la negociación y el pacto”, que te encargarías de promover para lograr dicho acuerdo.

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Los puntuales instantes de impar dicha

LOS PUNTUALES INSTANTES DE IMPAR DICHA

Dilecta Pilar:

Creo que has tomado mi “hilo” por un nuevo asunto o tema y no por un nuevo correo. Daré inicio al mismo yo, coronando, por supuesto, la oportuna contestación a la propuesta que me haces.

¿Que qué pienso sobre la felicidad? Grosso modo, sin haber reflexionado mucho (apenas unos minutos) sobre ello, que, como los seres humanos estamos habituados a otros (un sinfín de) estados de ánimo, que están muy alejados (a años luz) de la felicidad o no tienen nada que ver con ella, los puntuales instantes de dicha plena que tenemos y sentimos los seres humanos hacen las veces de puntales de nuestra existencia (a excepción de los susodichos momentos, siempre a punto de derribarse —la muerte nos acecha por doquier, seamos conscientes de ello o no—; vaya, tengo la impresión de que me está saliendo un párrafo bastante pesimista; a ver si más abajo lo arreglo o... termino de desarreglarlo del todo) y, asimismo, que la vida sea soportable. Hay a quien le han tocado un montón de millones en la lotería y se ha venido abajo tras haberlos dilapidado en mil y una naderías (incluyo entre ellas a los vicios, claro). El hombre, como sabes, es un animal de costumbres, pero la supuesta felicidad (que suministraban las drogas, verbigracia, otrora) solía cursar (en este punto, recuerdo los años ochenta y noventa, cuando la gente joven de mi barrio, menores de treinta años, se pinchaba de todo lo que se le echaba o mezclaba con la escasa heroína) con una muerte prematura. Tal vez, como los extremos se tocan (sostenemos, sin ambages, en el ámbito de la política, que, ciertamente, hace extraños compañeros de lecho), el estado continuado de euforia o felicidad nos llevara a tomar la misma fatal decisión que el estado perseverante de depresión, la cobarde/valiente (la horquilla se mueve entre esos dos puntos opuestos; depende de la perspectiva que adoptemos, el color del cristal a través del que miremos la realidad, según sentenciara Ramón de Campoamor en su célebre cuarteta) de suicidarnos.

Acabo de releer lo trenzado y, si he de decir la verdad pura y dura, lo encuentro pesimista (pero también realista). Ya conoces esa definición que alguien dio de un pesimista, un optimista bien informado.

La felicidad existe, por supuesto. Quien no la haya experimentado no sabe lo que se pierde (como escribió Lope en el verso que coronaba o culminaba un célebre soneto que versaba sobre el amor: “esto es amor, quien lo probó lo sabe”). Pero ser feliz de manera permanente acaso fuera (hiciera la vida) inaguantable. Son breves momentos de dicha superior que suelen tener su origen en pequeñas (o grandes —el nacimiento de una nueva vida humana siempre es un milagro—) cosas.

No te tengo que disculpar nada, pero, si te sientes o ves mejor disculpada, lo quedas en este mismo momento.

Ya ves que (solidarizándome con tus mil tareas) te quito poco tiempo para que puedas seguir con tus “vericuetos” y leer estas pocas líneas.

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¿Son tolerables todas las ideas?

¿SON TOLERABLES TODAS LAS IDEAS?

“El insulto busca la ofensa y se dirige a las personas; la sátira busca la crítica y se dirige a las ideas”.

Jorge Wagensberg

Hay quien muestra (y demuestra bien, a las claras, con las palabras que escribe, aunque luego las borre, aunque en el lugar donde otrora las trenzó aparezcan ahora otras, mera palinodia o retractación de las anteriores, que vienen a reconocer lo obvio, la metedura de pata cometida) un apasionamiento desmedido, una tenacidad desproporcionada, en la defensa a ultranza que corona o culmina de ciertas creencias, ideas u opiniones propias (compartidas con otras personas o no), ya sean religiosas, sociales o políticas, al usarlas, de modo indebido, como arietes o armas arrojadizas contra las de sus semejantes, que sostienen otras, contrarias o complementarias de las suyas.

De tales salidas de pie de banco no está libre nadie. El atento y desocupado lector (sea ella o él, hembra o varón) puede preguntárselo, si tiene a bien cerciorarse de ello, verbigracia, al profesor Jordi Hernández Borrell, exdirector ya del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología de la Universidad de Barcelona, pues el rector de la mentada, Joan Elias Garcia, ha aceptado de buen grado la dimisión que este le presentó. ¿Dónde cabe hallar el motivo o la razón de su renuncia? En una sinrazón, que, por propia reflexión o por la de otras/os, vio o le hicieron ver. El citado profesor, como se ha sabido, escribió la siguiente lindeza en un tuit: “Carles: no te pongas a su nivel. Iceta es un impostor. Un ignorante y un demagogo que vive del partido desde hace 30 años. Tiene los esfínteres dilatados y baila al sonido de Cs y PP. Es un ser repugnante”. Y el tío se quedó tan pancho; más ancho que largo.

Alguien leyó la colección de improperios que había agavillado el (¿decente?) docente (o él releyó la necedad mayúscula y estomagante que había escrito) y, a renglón seguido, calló en la cuenta del morrocotudo error en el que había incurrido y calló (quiero decir que borró la burrada) al augurar, sin ser en sentido estricto augur (porque, en el caso o supuesto de que lo hubiera sido, evidentemente, no hubiera caído en semejante bajeza), la que se le venía encima. Así que mudó el tuit deleble por este otro: “Tras el revuelo de mi desafortunado Tweet de ayer, quiero perdir (sic —el yerro, la erre de más, es signo de que estaba nervioso, barrunto, sospecho—) disculpas a todos y todas las personas que se ofendieron con razón. Especialmente a Miquel Iceta Llorens. No soy homófobo, ni mucho menos. El tweet fue una metedura de pata. Les pido perdón públicamente”. Doy la bienvenida a la rectificación, pero últimamente son legión las/os que solo aciertan cuando se desdicen. Acaso todo se deba a que servidor es un malpensado, pero me da en la nariz que su añagaza, estratagema, subterfugio o técnica guarda relación directa o es del mismo jaez o tipo de la que han usado antes otras/os, que han pasado una breve temporada en el infierno, esto es, en la cárcel, para salir bajo fianza de ella; en su caso, para no entrar, pero me temo que ya ha habido denuncia y la Fiscalía no tardará en actuar, si no lo ha hecho ya.

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¿Despertarme? ¡Qué emoción!

¿DESPERTARME? ¡QUÉ EMOCIÓN!

“Despertarse era lo más bonito. Despertarse también era un sueño”.

Ida Hegazi Hoyer, en “Perdón” (2014)

Despertarme, abrir los ojos
Y comprobar que a tu vera,
Una mujer de bandera,
Me contraba sin enojos,
Yadira, sí, y sin abrojos,
Era una bella emoción,
Una inmensa bendición.
Despertarme así, sin sueño,
Y ver que un Dios halagüeño
Existía era invención.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Quién aún ve algún vestigio?

¿QUIÉN AÚN VE ALGÚN VESTIGIO?

Del bienestar y prestigio
Que Cataluña gozaba,
La repanocha o caraba,
Recuerdo tiene Remigio,
Que aún guipa algún vestigio.
Además de la imprudencia,
La notoria negligencia
De gerifaltes falaces,
Gobernantes incapaces,
Contribuyó a esa evidencia
La maltrecha convivencia
Ciudadana y la insolvencia.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Eliminar al venal / sin finar con el rival

ELIMINAR AL VENAL / SIN FINAR CON EL RIVAL

No basta con dar el voto
A políticos honestos.
Son necesarios más gestos
(Más abajo los anoto)
Para lograr poner coto
A la corrupción masiva,
Omnímoda y agresiva:
Promover la ley que abrigue
Y al indecente castigue
Cortándole la evasiva;
Eliminar al venal
Sin finar con el rival;...

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Con "Chuchín" vencí al estrés

CON “CHUCHÍN” VENCÍ AL ESTRÉS

El pasado día tres,
En la sede de “La Teba”,
Donde el mus raudo se lleva,
Con “Chuchín” le di un revés
Al desorbitado estrés.
La verdad es que ganamos
Y perdimos. Envidamos
A grande, pequeña, pares
Y juego. Varios manjares
Y ene caldos degustamos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


El reinado de la gente

EL REINADO DE LA GENTE

Finar con el pluralismo
Político, con las diestras
Y las zurdas, por siniestras,
Pretende el nacionalismo
Y su sosia, el populismo;
Y, en su sitio, establecer
Lo que ansía engrandecer,
El reinado de la gente,
Que, si no es inteligente
Ni apta, la va a embrutecer.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿El amor y el humor? ¡Imprescindibles!

¿EL AMOR Y EL HUMOR? ¡IMPRESCINDIBLES!

Dilecta Pilar:

Cierto. Eso se comenta, que la ironía (esa figura o recurso verbal/literario) solo la usa la gente que es (y goza de la doble condición) inteligente y diligente.

Tengo ocho sobrinos, ocho (dos de cada uno de mis hermanos): Cinco féminas (Raquel, mi ahijada, Rocío, Alba, Natalia y Lucía) y tres varones (Jorge, Adrián e Íñigo). Ergo, uno de los tuyos, Jorge, es tocayo de uno de los míos. ¡Enhorabuena! por la benjamina Irene. Siempre me ha gustado mucho esa gracia o nombre de pila, que, como sabes, significa paz, en griego.

Lo de la bodega era una boutade o salida de pie de banco (pretendía ser desopilante, hilarante, o hacer una gracia en la misma frontera, muga o raya que separa el país de las burlas de la nación de las veras, y acaso haya resultado impertinente) de servidor. Te daba un beso de los madurados en barrica de roble, donde lo hacen, asimismo, los caldos que llevan luego esa referencia en la etiqueta: “reserva”.

De nada (esto va por la una, respuesta, y por los otros, versos; y luego me preguntan que de dónde viene mi seudónimo, Otramotro). Me parece una opción, tan respetable como su (prefiero complementaria a contraria) opuesta. No solo el deudo que mencionas; tengo para mí que tú también lo eres, reservada, prudente, discreta o circunspecta. Ya sabes que de nada sirve que una/o escriba A, si el grueso de los lectores lee B. No merece la pena invertir un solo segundo en intentar hacerles ver o convencerles de que andan equivocados, porque tal vez ellos tengan razón y la/el errada/o seas tú. Como sabes, el lector (aunque el autor también lo sea, el primero de su obra; y el crítico literario, a veces, sí, en plural) es quien completa el hecho creativo literario.

Ídem. Yo te agradezco que sigas siendo quien eres y como eres.

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Casi todos los hombres son perversos/amables

CASI TODOS LOS HOMBRES SON PERVERSOS/AMABLES

“Ya casi no hay hombres buenos ni malos, ni traidores por vocación, ni envenenadores por capricho. Hemos descompuesto al hombre, al conjunto de mentiras y verdades que antes era el hombre y no sabemos recomponerlo. Nos falta el cemento de la fe divina o de la fe humana, para hacer con estos cascotes una cosa que parezca una estatua”.

Pío Baroja Nessi

Otrora esto vi y leí (lo mismo que ahora esto veo y leo), que en la relación de los Siete Sabios de Grecia (hay otras, véase, verbigracia, la que presentó Aristocles, Platón, en su diálogo “Protágoras”) que hizo el “doxógrafo” (por cierto, me extraña que este vocablo no haya sido admitido o recogido aún en el DRAE) neoplatónico Ioannes Stobaeus, Juan de Stobi o Estobeo (que coronó en el siglo VI después de Cristo el más amplio florilegio de textos literarios de la antigüedad griega bajo el título de “Antología de extractos, sentencias y preceptos”), al sabio, político y legislador Bías de Priene, uno de los siete, le adjudica esta máxima: “La mayoría de los hombres son malos”. Es mi propósito narrar el sueño que he tenido hoy, entre las cinco horas y veinte minutos y las siete menos diez (podría haber escrito las seis horas y cincuenta minutos, pero, si me he decantado por la primera opción, la razón acaso estribe o radique en que el reloj que uso y porto en mi muñeca izquierda es de agujas y no digital), momentos de la tercera y la cuarta vez que, a lo largo de la noche, he salido al baño a miccionar (tal vez la culpa la tenga un efecto secundario, indeseado, del medicamento que tomo después de cenar para regular mi hipercolesterolemia), para ver si el apotegma de Bías merece seguir vigente, así, como él lo expresó, o ser implementado con el aporte de una nueva perspectiva.

Paso a relatar el sueño. Había quedado (si he de ser honesto —y mi propósito es, sin ninguna duda, serlo—, no le puedo ofrecer o referir a usted, atento y desocupado lector, sea ella o él, ni el lugar concreto ni la hora exacta de dicho encuentro, porque, una de dos, o no los he hallado en el sueño o, si los había, los he olvidado; no contemplo otra posibilidad) con el líder y cabeza de lista del PSC a las elecciones autonómicas de Cataluña del próximo 21-D, Miquel Iceta, para que me entregara un croquis con el trayecto que debía seguir (al parecer, las citas o compromisos de nuestras agendas discrepaban y no podíamos hacer juntos —servidor, acompañándole a él, claro, por supuesto— el viaje adonde debíamos acudir ambos —ignoro, asimismo, quién nos había citado— sin falta) para llegar a destino, una localidad, sin nombre, catalana. Me ha parecido, sin embargo, que él iba por delante (o alguien muy semejante a él, porque era gordito, bajito y calvo, como él mismo se ha identificado), a unos doscientos metros, cuando, siguiendo el dibujo esquemático que Iceta me había dado, he enfilado un túnel lóbrego y oscuro (como la casa del hidalgo, “donde nunca comen ni beben”, del anónimo Lazarillo de Tormes”), en el que se vislumbraba en lontananza una tenue luz al final del mismo. Nada más salir de dicho agujero, me he visto en medio de una playa rodeado de cinco o seis personas mal encaradas y, en un pispás, las prestidigitadoras manos de uno de ellos me ha hurtado la cartera que llevaba en el bolsillo trasero derecho de mi pantalón vaquero (esto me ha extrañado mucho, y hasta inquietado sobremanera, porque servidor, desde que sufrió un episodio parecido, pero real —como sostiene y cree que la experiencia, además de un grado, es la madre de la ciencia—, ya no porta la cartera en dicho bolsillo trasero, sino en el delantero de su bluyín). Nada más reparar en el hurto, me he visto en un terreno desértico (quizás era la misma playa mentada arriba, pero esta se había hecho más extensa, inmensa), donde se estaba jugando un partido de fútbol entre dos equipos conformados por cientos y aun miles de personas, que me ha impedido identificar o reconocer al anagrama de Roldán, al amigo de lo ajeno. Me he acercado a un bar y le he preguntado al camarero si solían aparecer por allí las carteras que se habían sustraído en los alrededores, tras haber sido convenientemente vaciadas de dinero, porque en la mía llevaba, amén del DNI, otra importante documentación, confidencial. Me ha dicho o dado a entender con un gesto que me diera por jodido (con perdón). Ya estaba a punto de salir por la puerta del bar cuando les he contado a cuatro chicos, tres varones y una fémina, lo que me había acaecido e, ipso facto, antes de que hubiera acabado de hacer una narración detallada de lo ocurrido, cada uno me había ofrecido y alargado generosamente con su diestra un billete de cinco euros, que he cogido y agradecido, pues me hallaba sin blanca. Con ellos, podría regresar a mi punto de partida u origen.

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Sábado, 16 de diciembre

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