El Blog de Otramotro

¡Qué bandada de estorninos!

¡QUÉ BANDADA DE ESTORNINOS!

Miles de estorninos, miles,
El ecosistema ruso
Dejan, por ser arduo el muso,
Y por otros, menos tiles
Mudan, juzgo, y menos viles.
Vuelan hasta el sur de Europa,
Después de acordar la tropa,
De consuno, que en bandada
Me ahuyentarán; ¡qué chorrada!,
A mí, que ataco por popa.

Yo, el halcón, el gerifalte

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Si hablamos, tú y yo fallamos

SI HABLAMOS, TÚ Y YO FALLAMOS

(SEREMOS NUEVA DE SUELTO)

—Con nosotras se ensañaron
Los señores de la casa
Hasta arrugados cual pasa.
De nosotras se adueñaron.
Lo peor nos enseñaron.
—Hay mucho Harvey Weinstein suelto
Por ahí, en su capa envuelto,
Porque nosotras callamos.
—Si hablamos, tú y yo fallamos.
Seremos nueva de suelto.

Elvira González, “Metáfora”, y Edurne Gotor, “Metonimia”

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Tiene importancia, sí; además, la porta

TIENE IMPORTANCIA, SÍ; ADEMÁS, LA PORTA

Dilecta Pilar:

Gran parte (no, noto que me quedo corto), toda la culpa la tuve yo, por no tomarme las dos pastillas de Aero-red cuando debí hacerlo, antes. Así que ya sabes quién fue el culpable de que servidor pasara una sabatina tarde criminal y que no pudiera bajar al casco viejo a tomarse los zuritos acostumbrados con su habitual Pío, este menda, tu amigo Otramotro.

Acepto el grueso, la gran parte de tu halago: soy irónico y, a veces, dilatado en la expresión. Reconozco ser un erudito, pero solo en unos pocos literatos españoles, porque mis lagunas no son algunas, no, sino muchas y estas oceánicas. Asimismo, soy lego en un montón de materias o saberes. Hay autores a los que cuanto más leo más quiero seguir leyendo porque intuyo que son pozos inagotables de razones y mi obligación intelectual es seguir echando el pozal y llenándolo para continuar degustando sus ambrosías y néctares nutricios, para seguir bebiendo su vivificante agua. Además, acostumbro a ser claro (llamo pan al pan y vino al vino), como un libro abierto.

Entonces, si “diversidad funcional” es el eufemismo o la forma eufónica de hablar de discapacidad, estamos empatados (además de empantanados). Y no me siento ni alegre ni ufano ni eufórico por dicho empate (ya sabes lo que dice el dicho: mal de muchos consuelo de tontos) o empantanada, que no miento, porque ¡manda narices! (por no usar otro término más procaz o soez) que alguien pueda considerarte discapacitada, cuando eres capaz de hacer un montón de cosas y todas ellas bien o muy bien, cuando funcionas estupendamente, pero de forma distinta a la mayoría,... Servidor, como sabes, está jubilado por incapacidad permanente absoluta. ¡Menudo título!, ¿eh? ¡Como para enmarcarlo!

Otro día, con más tiempo, leeré más sobre el enlace que me adjuntas, el Foro de Vida independiente y Divertad (que, supongo, es un concepto nuevo, producto, tal vez, de la fusión de Diversidad y Libertad).

Aunque sea de Perogrullo, todo lo importante tiene importancia, sí, por la sencilla razón de que la porta.

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Cuánto/as/os te envidian, Marías

CUÁNTO/AS/OS TE ENVIDIAN, MARÍAS

Tiene algo Javier Marías
Que lo hace especial, extraño,
Inteligencia, que hogaño,
Te rías o no te rías,
Provoca en muchas/os sangrías.
Y, si esa virtud, Tomás,
Va acompañada además
De otros dones, perspicacia
Y mordacidad con gracia,
La envidia aún irá a más.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Dicen y dicen bien quienes aducen...

DICEN Y DICEN BIEN QUIENES ADUCEN...

Dilecta Pilar:

Sigue siendo como eres (más o menos directa e irónica; como eso mismo, así o asá, nos pasa a muchas/os —no sé si a todas/os; quizá no—). Dicen y dicen bien quienes aducen que el humor y la ironía son cualidades del amor, como acabas de hacer en tu apostilla tú, pero no me negarás que también pueden serlo del desamor y hasta del odio (al menos, eso es lo que he leído y/u oído).

Ciertamente, la ironía (la llames así, o uses otros términos para nombrarla: sorna, sarcasmo o retranca, como decimos en la ribera de Navarra) es una navaja de doble filo, como otros muchos enseres o cosas.

No negaré, no, que los textos recién alumbrados (como también ocurre con el pan recién horneado —quien no haya acudido nunca a una tahona de pueblo, mientras se está haciendo el pan, y las pastas y demás derivados de la harina, no sabe el abierto abanico de aromas que se ha perdido; poco más o menos, como quien no ha entrado jamás en una perfumería de postín, supongo—) tienen un no sé qué o un qué sé yo que los hace especiales, impares, nones.

La diversidad es imprescindible, aunque no falte el crítico cítrico que te diga (o venga con el mismo cuento de) que sueles escribir siempre la misma epístola, el mismo artículo de opinión, la misma décima, la misma novela,…

He oído hablar de la diversidad y de lo funcional. Acaso te refieras con “diversidad funcional” a lo que yo llamo versatilidad (la capacidad o habilidad humana para poder adaptarse con facilidad y rapidez a varias tareas o funciones, como acaba haciendo y siendo, versátil, Phil Connors, papel interpretado por Bill Murray, al culminar con éxito —superar las diversas pruebas que le permiten enamorar a Rita, Andie MacDowell— el iterativo, largo, extenso e intenso 2 de febrero, el Día de la Marmota, en Punxsutawney, Pennsylvania, según el filme que dirigió Harold Ramis en 1993, “Atrapado en el tiempo”, en el que Phil, además de su empatía y solidaridad —cambia la rueda pinchada del coche donde viajan unas señoras mayores; se preocupa de recoger con sus brazos al niño que se cae de un árbol; se interesa por el anciano que, al final, muere; por el señor que se atraganta y él le hace la maniobra de Heimlich;...—, demuestra otras habilidades: esculpe ángeles en hielo, toca el piano, hace el retrato de Rita, con la sola ayuda de sus manos y de nieve;...).

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Ojalá no se derrita

OJALÁ NO SE DERRITA

Quien no soporta estar solo
Corre un peligro muy grave.
Quizá una zorra lo alabe
Y con él cometa un dolo.
Así alecciono a Manolo,
Que me ha dicho que ahora sale
Con una mujer que vale
Un potosí, y le respeta
Tanto que a él mucho le peta.
Ojalá no se regale.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


No importa cuál sea el nombre

NO IMPORTA CUÁL SEA EL NOMBRE

(DE QUIEN MANDA, MUJER U HOMBRE)

Puede ser que a usted le asombre
El siguiente pensamiento,
De mi tesis quid, cimiento:
Sea cual sea su nombre,
Es necesario que el hombre
Que al poder haya arribado
Asimismo haya probado
Que merecía tenerlo,
Quiero decir, ejercerlo,
Tras sacar un aprobado.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Estos son los principios de la lengua

ESTOS SON LOS PRINCIPIOS DE LA LENGUA

Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” (“Estos son los principios del derecho: vivir honestamente, no molestar al otro y dar a cada uno lo suyo”).

Domicio Ulpiano

Es evidente que la lengua castellana (adjetivo que prefiero aquí a española, para no molestar —alterum non laedere, recomendaba el célebre jurista romano Ulpiano en su famoso apotegma sobre los tres principios del derecho, que he seleccionado como epígrafe o exergo para que encabezara esta urdidura— a quienes utilizan habitualmente el catalán, el gallego o el euskera para escribir, leer, oír y expresarse verbalmente), que usamos los hablantes españoles, ellas y ellos, para comunicarnos de ordinario, consecuencia o producto de una larga evolución, es sexista (pero unas veces puede ser tachada de machista, las más, y otras de feminista, las menos). Pondré unos cuantos casos feministas: los adjetivos hipócrita e idiota, terminados en -a, son los vocativos de dos vocablos griegos (hypokrités e idiotés) y sirven indistintamente para acompañar a ella y a él. Hay un montón de oficios en los que se usa la terminación -a tanto para el masculino como para el femenino: electricista, escayolista, periodista, anestesista, dentista, contratista, trompetista, pianista, guitarrista, violinista,... (la lista se haría o sería interminable, pero es finita). Como el sustantivo mente es femenino, cuando formamos adverbios terminados en mente, siempre usamos el adjetivo de una sola terminación (amable, hábil, feliz, sutil, falaz,...; por lo tanto, amablemente, hábilmente, felizmente,...) o el adjetivo femenino (amistosamente, energúmenamente, pasmosamente,...).

Ciertamente, todos (hembras y varones) aprendimos en la escuela de pequeños, siendo unos críos, que, para dar cuenta del plural mixto, echábamos mano del masculino: los niños y las niñas que había en la clase eran los niños. Los diversos juegos a los que jugábamos en el patio, a la hora del recreo, eran los juegos. Las cosas, en lo tocante al plural (no así en otros ámbitos, entornos o terrenos, donde los avances han sido inconcusos e incontrovertibles, pero todavía queda una notoria diferencia o trecho que conquistar o ganar), siguen, poco más o menos, igual (o incluso peor). Servidor, verbigracia, ha intentado contribuir a hallar una solución satisfactoria mediante el uso de la barra: as/os. Pero, ahora hay quienes, enarbolando una pretendida bandera que busca lograr a pasos agigantados la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, se han metido en camisa de once varas, en un fregado (espero y deseo que, como hoy abunda por doquier tanta persona quisquillosa, picajosa —basta con acercarse a los diarios digitales y leer lo que unas/os y otras/os, tras pensar, se supone, escriben—, nadie advierta en la expresión que acabo de usar ni doble ni menos aún peyorativo sentido) o en un jardín.

La lengua que usamos está en constante evolución (nos demos cuenta de ello o no; por ejemplo, al adjetivo antípoda, que tenía género masculino, ahora se usa como sustantivo y de manera indistinta: en las/os antípodas, significando “en lugar o posición radicalmente opuesta o contraria”, según el DLE). ¿Por qué apoteosis (deificación de personas o héroes, que pasó a significar también la escena culminante y concluyente de una obra de teatro) y apófisis son femeninos y apocalipsis (libro, masculino, de la revelación, femenino) masculino? Yo lo ignoro, pero tal vez alguien lo sepa y se digne aleccionarnos.

Con la incorporación (bienvenida fue, es y será, sin duda) de la mujer a puestos de trabajo ocupados tradicionalmente por hombres, algunos usos han sido aceptados: capitán/a, concejal/a, juez/a, teniente/a, pero otros no: agente, cabo, furriel, general. Si hacemos caso a ciertas propuestas, sin pies ni cabeza (de las que nadie nos libramos, porque todos hemos hecho alguna vez alguna), ¿acaso se pretende hacernos creer que se llegará antes a la igualdad de facto tomando el adjetivo criminal, que acompaña a sustantivos masculinos y femeninos, y cuando se usa como sustantivo siga siendo criminal para el hombre y pase a ser criminala para la mujer? Y con testigo, ¿qué, tres cuartos de lo mismo? Por favor…

Considero que la igualdad no se va a alcanzar mediante sinrazones, sino con argumentos de peso. No se obtiene sacándose de la manga o de una chistera (si el conejo que se extrae es de chiste) el subterfugio o la añagaza de ir cambiando los vocablos masculinos terminados en -e o en -o por los femeninos (todos sabemos desde niños que caballo es un mamífero que porta el género masculino —su femenino correspondiente es yegua—, pero caballa es un pez, que porta el género femenino, pero sirve para el macho y para la hembra).

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¿Le sigue al gusto el disgusto?

¿LE SIGUE AL GUSTO EL DISGUSTO?

Le dice un mozo a una moza:
“A mí no me llames bicho;
Eso dice ahora el dicho:
‘Hoy en día, en Zaragoza,
Quien más esnifa más goza’”.
La moza responde al mozo:
“Yo profiero, sin rebozo,
Que prefiero sensatez
Atesorar a idiotez,
Aunque acompañe a esta el gozo”.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


Conclusiones que deben conocerse

CONCLUSIONES QUE DEBEN CONOCERSE

Está claro, cristalino, que, en términos generales, muchas veces las personas ignoramos o no reparamos en lo incontrovertible, que nuestras apreciaciones o juicios se basan tanto en los prejuicios (que suelen generar o provocar su anagrama, perjuicios y en toda su gama: malos, peores y pésimos) que acarreamos como en lo que pensamos del asunto que, tras llevar a cabo un análisis o estudio concienzudo, debemos valorar o juzgar, sea esto lo que sea, una obra literaria, una actuación, una comida, un procedimiento, etc.

Anoche, antes de irme a la cama, donde suelo leer un rato (la horquilla es amplia, pues va de los cinco minutos a la media hora larga, que puede llegar a casi entera y, en contadas ocasiones, hasta superarla) antes de apagar la luz e intentar conciliar el sueño, andaba este menda reflexionando sobre lo que consideraba un axioma apodíctico, que para poder llegar a calificar a una sociedad de buena es condición imprescindible, necesaria, que esta haya demostrado antes que es justa. Ahora bien, a renglón seguido me refutaba a mí mismo formulándome la siguiente pregunta: ¿no colisionaba o entraba este pensamiento en conflicto y clara contradicción con otro, del mismo jaez, que había sostenido varias veces a lo largo de mi vida en plurales ocasiones, ora conversaciones, ora urdiduras (o “urdiblandas”), que es más fácil ser bueno que justo? Con la susodicha paradoja bullendo en mi coco o cacumen, acudió en mi ayuda, como ha hecho otras veces, el espíritu de Walt Whitman para traerme una metafórica taza de ataraxia o paz interior, y con ella, la sabia decisión, dada la bruja hora, de irme al catre.

Una vez desvestido, puesto el pijama y metido en el sobre, servidor leyó de la página 48 a la 53 del último número de El País Semanal, el 2.158, que lleva fecha del pasado domingo, 4 de febrero de 2018, o sea, la interesante interviú (por las claras, convincentes y relevantes conclusiones que deduje, tras haberla leído con suma atención) que Javier Martín del Barrio le hizo a Pedro Nobre, doctor en Psicología Clínica en la Universidad de Oporto, presidente de la WAS, la Asociación Mundial para la Salud Sexual, y director del SexLab, el laboratorio que funciona en la citada institución académica que investiga y estudia las respuestas fisiológicas genitales de mujeres y hombres.

Según Nobre, mientras que el varón suele responder “a los estímulos sexuales de su preferencia” (el hetero a las relaciones heterosexuales y el gay a las homosexuales), para el grueso de las hembras el proceso es distinto, ya que sus reacciones fisiológicas son independientes de sus preferencias sexuales. Se ha comprobado que las féminas tienen respuestas fisiológicas, aunque no emotivas, hasta cuando contemplan “vídeos de relaciones sexuales entre chimpancés”. Y son diversos los estudios, llevados a cabo en distintos laboratorios, que llegan a conclusiones parecidas y/o sostienen tesis semejantes.

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Sé que me pones a cien

SÉ QUE ME PONES A CIEN

—Tú solo te encuentras bien
Cuando estás en desacuerdo.
—¿Crees que estoy loca, cuerdo?
—Sé que me pones a cien.
—Pégate un tiro en la sien.
Prefiero que el “finde” pimple
A que sea una onza que himple
Entre semana, listillo.
—No aceptas que lo sencillo
Se escriba de forma simple.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com


¿Tus gracias y las mías? ¡Solidarias!

¿TUS GRACIAS Y LAS MÍAS? ¡SOLIDARIAS!

Dilecta Pilar:

De nada (o son solidarias con las que tú erogas sin derrochar).

Precioso, pues motivó que me brotara la idea a partir de la cual trencé la duodécima que has leído. Rosa Montero, ciertamente, haciendo honor a su nombre de pila y a su primer apellido, cuando quiere, se pone el mundo por montera y funge de lo que, sin ninguna duda, es, una rosa que es capaz de arrasar con el sarro y con todo lo que sea malo.

Lo importante es que salgan a relucir esos buenos sentimientos y que se brinden y demuestren a quienes se amen de veras, sean quienes sean, tengan un sexo u otro (o los dos, si son andróginos o hermafroditas).

Eres clara, diáfana, cuando vienes a reconocer lo obvio, que sigo “siendo retorcido en la expresión”, y una burlona, coñona o zumbona e irónica (a mí no me molesta que se haga lo que llevo a cabo habitualmente, que se eche mano del sarcasmo, siempre que se haga con inteligencia, se escriba dicho vocablo con ge o con jota —como sabes que hacía, en el segundo caso u opción, Juan Ramón Jiménez, autor de “Espacio”, si no el mejor, uno de los mejores poemas escritos en español—, y moderación) cuando me preguntas (“¿Nunca te lo han dicho?”) y te contestas con dos separadas interjecciones que indican risa: ja ja, como haces tú.

Celebro que te gustara. Abundas o eres del mismo parecer que el de mi amiga Antonia, que me llamó por teléfono nada más leerlo para darme la enhorabuena. Uno, Otramotro, admite que suele querer igual, poco más o menos lo mismo, a todos sus hijos de papel, pero a los últimos, los benjamines, les tiene un aprecio especial, quizás espacial (por la cercanía de su alumbramiento, que no miento, o urdidura, supongo, tal vez). Tengo para mí que es innegable que, si no hubiera leído el texto de Rosa, no hubiera escrito el poema. Ahora bien, como soy anárquico en mis lecturas, ayer me eché a los ojos una columna de Elisabeth Blumen, “El inicio de un idilio floral”, publicada en la página 101, capicúa, del número 2.151 de El País Semanal (ergo, tres números anteriores al del ejemplar donde aparece publicado el texto de Rosa), cuyo segundo párrafo arranca así: “‘Si solo te quedan dos monedas, compra con una un pan y con la otra una flor’. Proverbio chino”. Ignoro qué hubiera hecho servidor con dicha información, pero acaso hubiera pulsado las teclas apropiadas para trazar y trenzar, si no la misma duodécima, otra parecida.

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Domingo, 18 de febrero

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