
MADRID, 19 (OTR/PRESS)
Nunca me ha gustado el periodismo de aniversarios, ni el que glosa los "días mundiales de*". Me parece más bien fácil y trillado. No me resisto, sin embargo, a escribir en este nuevo aniversario, que hace el número treinta y cuatro -no es una cifra ni siquiera redonda--, de la muerte de quien durante cuatro décadas fue dictador en España, y posiblemente cosas peores. No me interesa, no obstante, recrearme en los aspectos más negros de una figura que aún no ha sido calificada con la dureza que pienso que merece quien actuó como el llamado generalísimo actuó en los años de la posguerra civil. Mucho más constructivo juzgo detenernos un instante en pensar si aún nos pervive, más allá de los nombres de algunas calles españolas, algo del franquismo, precisamente cuando me parece que nos estamos adentrando en algo semejante a una segunda transición democrática.
Hace una década y media, y junto con el periodista Manuel Angel Menéndez, escribí un libro titulado "Lo que nos queda de Franco". Internet y la telefonía móvil estaban en ciernes, o casi, y había estatuas ecuestres del dictador en cuatro o cinco puntos de nuestra geografía. Se pagaba con pesetas que aún, algunas, tenían el rostro -rejuvenecido-- del Caudillo esculpido en una de sus caras. ..
Nada de eso pervive: los niños pasan como de puntillas en las escuelas sobre la figura de quien gobernó omnímoda y despóticamente en España durante cuarenta años y más de la mitad de los españoles han pasado toda su vida consciente en democracia. Con todas las imperfecciones que ustedes quieran, pero en democracia. E incluso hay falsos historiadores, procedentes, para colmo, de la ultraizquierda terrorista, que se empeñan ahora en glorificar las gestas del dictador como las de alguien que ha sido un bien para nuestro país.
Pienso que los españoles, o al menos esos españoles que desconocen lo que es vivir en un régimen de falta de libertades, albergan una ignorancia supina sobre lo que el franquismo representó, tanto para la imagen de un país rodeado de pujantes democracias como para la propia conciencia moral de quienes aquí dentro éramos súbditos y no ciudadanos. La Historia, para no repetirla, hay que conocerla, y ahora me temo que se hurta a nuestros escolares la verdad, como a mí me hurtaron otras tantas verdades históricas, desde el Imperio y el siglo de oro hasta la República y los tristísimos desmanes bilaterales (a mí se me presentaron como unilaterales, porque la Historia la escriben los vencedores, ya se sabe) de la guerra civil.
Mucho más que el hecho de que en algunas calles y plazas se mantengan los nombres de quienes el Régimen consideró héroes o precursores, me preocupa que puedan subsistir "brotes negros" de aquel espíritu intolerante y cerril. Y, desde luego, nada me interesa el debate -que ya prácticamente no existe-- acerca de quién otorgó la legitimidad al actual jefe del Estado, que ha sido, por cierto, esencial para la consolidación de la democracia de que gozamos: la legitimidad te la acaba dando la propia trayectoria, y no los orígenes.
Pero debo decir que, como ciudadano y como periodista, debo denunciar como anacrónicas algunas leyes que aún subsisten procedentes de aquel pasado. No podemos los informadores seguir sujetos a los dictados -en lo que no ha sido derogada_de la Ley de Prensa elaborada por Manuel Fraga en 1966, cuando no existían ni la democracia ni Internet. Y, ya que estamos, tampoco se entiende muy bien que aún exista toda una legislación obsoleta que no reconoce los avances tecnológicos de la Red, por citar solamente un ejemplo.
Por todo ello me he decidido, en este 34 aniversario que, desde luego, yo celebro porque cada vez estamos más distanciados de "aquello", a poner negro sobre blanco estas reflexiones. Simplemente, porque me parece que ha llegado la hora de la modernización definitiva y de desprendernos de los últimos vestigios de lo que alguien, muy castizamente, ha bautizado como "caspa".

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
El PP ha construido toda su defensa sobre la trama de corrupción Gürtel poniendo al estado bajo sospecha. Primero fue arrojando toda la basura sobre el juez Baltasar Garzón, primer instructor del sumario. Después, se inventó una nueva teoría de la conspiración -sucedáneo de la que manejo con tan pocos escrúpulos sobre el 11-M- para figurar que el estado de derecho era tan vulnerable que podía ser manejado contra el partido de la oposición desde el Gobierno.
Ahora, cuando parecía que la convención de Barcelona había marcado una senda hacia la ocupación del centro, la cabra vuelve a tirar al monte y el PP se enzarza con el Ministerio del Interior en una nueva acusación sin pruebas de que se estarían utilizando los medios de que dispone el sistema judicial español para perseguir el delito contra el partido de la oposición.
El PP tira piedras contra su propio tejado, porque en la medida en que pueden tomar cuerpo en determinados sectores de la opinión pública sus acusaciones hacia el estado de derecho disminuye la calidad de la democracia española y con ella la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en los partidos.
El PP no encuentra espacio en una oposición constructiva que aporte sus proyectos para sacar a España de la crisis. Se conforma con el desgaste del ejecutivo al que añade sus particulares dosis de erosión del sistema sin darse cuenta de que la falta de solidez de nuestra democracia castigará a todos los partidos, incluido claro está el que ahora está en la oposición y quiere alcanzar el poder.
Mariano Rajoy no termina de definir su liderazgo y se deja llevar por las excentricidades de cada una de las facciones que forman el PP en el que da la impresión de que no hay nadie al timón de un barco en el que el capitán sólo aparece cuando ya la situación parece ingobernable.
Ahora es el programa Sitel de escuchas bajo supervisión judicial el que está en entredicho: eso significa que los argumentos irresponsables del PP les van a servir en la defensa de Batasuna, de las mafias internacionales y de todo aquel que sea perseguido por la Justicia. Debiera ser motivo de reflexión para los dirigentes del PP.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
Gaspar Llamazares ni ha gobernado ni gobernará. Cuando deje su escaño en el Congreso es improbable que se embarque en un atunero o que dirija un medio de comunicación. Quizás esas circunstancias, unidas a su criterio político, son las que le permiten analizar la crisis del Alakrana con la distancia conveniente para reclamar responsabilidades a todos los actores, comenzando por el Gobierno, pero sin olvidar las que atañen a la oposición, a los empresarios de los buques pesqueros o a los medios de comunicación. Porque aunque se presuponga buena voluntad a todos, es evidente que cada cual ha transitado estos días por un fino alambre que nos llevaría a entonar un reprobémonos todos.
Para hacerlo hay que revisar las reglas del juego que manejamos y establecer las que nos permitan actuar en el futuro, teniendo en cuenta que una situación como un secuestro siempre nos enfrentará a todas las contradicciones posibles entre lo que se debe y lo que se tiene que hacer, y nos hará circular - ayer, hoy y siempre - por más de un territorio turbio. Quienes creen que la detención de los dos piratas procesados en España agravó la situación del secuestro tienen que verbalizar si lo conveniente hubiera sido dejarlos huir desistiendo de la obligación que tiene un Estado de detener al delincuente sorprendido en flagrante delito. Y quienes defienden la acción deberían explicar por qué la eficacia de aquella detención no se pudo repetir con los piratas cuando abandonaron el barco con el botín. No son fáciles las respuestas. Tampoco las que se deducen de las preguntas sobre la conveniencia de pagar un rescate a unos delincuentes que aprovecharán el botín para cometer nuevas fechorías, o sobre la pertinencia de que la diplomacia de un estado democrático ampare o allane el camino para que la transacción se produzca. Estas cuestiones no nos enfrentan a una disyuntiva entre el bien y el mal, sino a la de saber cuál es el menor de entre dos males.
La teórica sobre la ortodoxia todos la conocemos y no necesitamos pregoneros. Lo ideal hubiera sido liberar el barco y a sus tripulantes deteniendo a los piratas y llevándolos ante un juez sin que hubieran recibido un solo euro. Lo que desconocemos es a quién estarían reprobando los que ahora reprueban si en el proceso se hubiera producido alguna víctima entre los pescadores españoles.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
Me cuenta mi hijo Nacho que el Diccionario Oxford elige por estas fechas un nuevo término que convierte en su "Palabra del Año", y que la de 2009 pretende dejar constancia de la relevancia que las relaciones digitales han cobrado en nuestras vidas. La palabra elegida es "desamigar", que el New Oxford Anmerican Dictionary define como "eliminar a alguien de una lista de amigos en una red social como Facebook". No es un "palabro". En nuestro Diccionario de la Real Academia de la Lengua, figura desamigar con el significado de "enemistar" y aunque no tiene relación con las redes sociales, va encaminada en la misma dirección. También existe en el DRAE la palabra "amigar" que, ojo, tiene dos acepciones, "amistar" y "amancebarse".
Recientemente, alguna red o algún internauta radiofónico premiaba o invitaba a sus seguidores a borrar de sus listas diez contactos inútiles, poco usados u olvidados. Hay en las redes sociales, que son un excelente instrumento para algunas cosas y una estupidez para otras, quien se vanagloria de tener 4.000 "amigos", como si eso le diera más poder o más inteligencia. Hay quien cuelga en ellas fotografías o datos que luego son usados en su contra. Hay quien ha encontrado a viejos amigos que había perdido y hay quien dice que si no estás allí, no existes. Hay que huir de las generalidades y ser inteligentes al utilizar los libros o las redes sociales. El problema no está en los instrumentos sino, casi siempre, en el mal uso de ellos.
Pero "desamigar" puede hacer fortuna, porque se lleva mucho, ya sea en la definición del Diccionario de Oxford o en el de RAE. Ultimamente casi todos los políticos, incluso los que se habían "amancebado" políticamente, andan desamigados. Incluso dentro de su propio partido. Y más de uno eliminaría, y no sólo de las redes sociales, a muchos periodistas que les están tocando las narices con el ridículo mundial que hemos hecho con el Alakrana o con el espionaje a través del sistema Sitel. Algunos de los colaboradores de Zapatero, Fernández de la Vega, Chacón o Rubalcaba darían lo que fuera por desamigarse de quienes les han puesto a los pies de los caballos haciéndoles tomar decisiones injustificables.
Se desamigan parejas que parecían eternas y socios que habían decidido llegar hasta la tercera generación. "Amigos y nada más. El resto, la selva", decía el poeta Jorge Guillén en un verso que yo le escuché a Facundo Cabral. Los amigos y la mujer o el marido son casi lo único que elegimos libremente, porque la familia nos viene dada. Por eso es importante amigar con quien es debido, en las redes sociales sin duda, pero también en la vida. Hay amigos que nos ayudan a subir a la cima del mundo y otros que nos pueden hundir en el abismo. Póngase al día: desamíguese de quien no debe ser su amigo.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
La noticia de la liberación de los 36 tripulantes del Alakrana fue para todos un auténtico alivio. Estaba escrito desde el DIA uno que se pagaría el rescate que pidieran cómo ya ocurrió con el Playa de Bakio. Bien pensado no deja de ser un horror tener que pagar a los terroristas del mar, pero es un valor entendió y creo que aceptado por inevitable que así debe ser. Lo de los secuestros en las costas somalíes y el consiguiente pago de rescate se está convirtiendo en asunto fuera de debate.
Los tripulantes están liberados después de unas jornadas de espeso pero necesario silencio solicitado y exigido por el Presidente del Gobierno. El silencio, cómo es natural, se ha roto. Lo ha roto el PP pidiendo la reprobación de tres ministros y cuestionando la actuación del Gobierno, no la liberación de.los secuestrados y lo ha roto, y de que manera, el propio Gobierno.
No se trata de laminar al Ejecutivo y ni mucho menos de desviar responsabilidades. Los malos, los únicos malos, son los llamados piratas y todos los demás, sus víctimas. Sentado este principio, que nadie en su sano juicio puede cuestionar, habrá que decir que si durante buena parte del tiempo que ha durado el secuestro, el Ejecutivo ha destilado descoordinación, en cuanto se ha puesto a dar explicaciones lo ha estropeado aún más.
Y lo han estropeado las sucesivas declaraciones de las que se desprende con claridad que lo de menos ha sido la descoordinación. Se desprende algo tan preocupante cómo que, al parecer, los canales de información internos no han funcionado y que, cuando lo han hecho, ha sido para transmitir información que luego ha resultado no ser cierta. Fue la ministra Chaçón, quien recogiendo lo que a ella se le contaba, la que afirmó con rotundidad aquello de "sabemos donde están y están bien". La realidad es que nunca estuvieron en lugar alguno que no fuera el propio barco. ¿No es preocupante este fallo? ¿Es posible que la inteligencia española vea algo que no ha ocurrido?.
Roto el silencio, el Jefe del Estado Mayor del Ejercito nos cuenta que un helicóptero de las Fuerzas Armadas no pudo con una barca de plástico, que por muy sofisticada que fuera no deja de ser una barcaza, para añadir que los piratas llegaron a la playa se equivocaron con el paisaje humano. ¿Es imaginable una playa perdida de Somalia abarrotada de gente al sol? ¿No hubiera sido posible establecer un dispositivo en tierra que hubiera permitido la detención de los secuestradores? Hay que admitir que la situación en su conjunto no es una solución fácil; pero estremece pensar que quienes tenían que informar al Gobierno de los movimientos de los secuestradores y de los secuestrados no se enteraron de lo que debían enterarse y resulta llamativo, más bien increíble, que un helicóptero --estupendo, por cierto-- del Ejercito, conducido por gentes de experiencia más que comprobada, no pudiera con la famosa barcaza y que llegados a la playa los piratas se sintieran de nuevo en casa porque nadie les estaba esperando.
Más allá de la trifulca política, cuanto más se va sabiendo, y todavía sabemos poco, de este secuestro más motivos hay para la preocupación, porque hay algunos aspectos, cómo los señalados en estas líneas, que en mi opinión rozan lo que se llama "cuestión de Estado". Que quienes tienen que informar no lo hagan o lo hagan mal y que quienes tienen que detener una barcaza no puedan hacerlo, es muy grave. Y que no se produzca ni una sola detención en tierra, mucho más. Y lo es, entre otras razones, porque todos estos fallos conforman un mensaje que cómo país objetivamente nos debilita ante los piratas. Y es que esos piratas que se enteraban de todo y por eso era bueno que nos callásemos, continúan enterándose de todo, también del helicóptero que no pudo con su barcaza de plástico.
Aplicar a la política eso de que bien está lo que bien acaba es deslizarse por territorios llenos de peligro, Todos nos alegramos de la libertad de los secuestrados. Su vida y su libertad era, y así debe ser, el objetivo prioritario del Gobierno. Lo único malo de esta historia es que los piratas, es decir: los terroristas del mar, están encantados y eso, no lo oculto, me fastidia mucho.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
Decía el veterano y sempiterno político italiano, Giulio Andreotti, que el poder desgasta, pero que más desgasta estar en la oposición. No es incompatible una cosa con otra y dependiendo de las circunstancias se puede poner más el acento en el primer o en el segundo supuesto. En nuestra política interna tenemos claros ejemplos al respecto: los gobiernos de Felipe González empezaron a declinar a finales de la década de los ochenta y aun así aguantaron hasta 1996. Por el contrario el centro derecha, tras la descomposición de UCD en 1982 no levantó cabeza hasta la refundación del PP en 1990 y no llegó al poder hasta seis años mas tarde.
Es indudable que el actual Gobierno de Zapatero, transcurridos cinco desde que alcanzó el poder, empieza a dar claras muestras de agotamiento, por ser suaves en el empleo de los adjetivos. La grave crisis económica que estamos atravesando, unido a la forma en que el Ejecutivo la está afrontando le está produciendo un claro desgaste ante la opinión pública, como así reflejan las encuestas, al que no es ajeno el tiempo que tardó el propio presidente en reconocer esa situación y en llamar a las cosas por su nombre. Por eso, cualquier otro problema que le surja al Ejecutivo le produce un tensionamiento que se está traduciendo no solamente en una incapacidad manifiesta para resolver esos problemas, sino en unas actitudes y comportamientos de los miembros del Gobierno muy alejados del buen talante predicado por el propio Zapatero.
El paradigma de esto último lo encarna desde hace algún tiempo la Vicepresidenta Primera del Gobierno a la que cada vez se la ve más crispada, más nerviosa, más irritable, en una palabra, más intolerante, hable en la rueda de prensa del Consejo de Ministros o en el Congreso de los Diputados. Durante la crisis del pesquero "Alakrana" y con las críticas que el Gobierno está recibiendo tras la liberación de los marineros secuestrados previo pago de 2,7 millones de euros, María Teresa Fernández de la Vega ha demostrado muy malos modos y maneras. La vicepresidenta se excedió el pasado miércoles durante la sesión de control al acusar al PP de ponerse "de lado de los piratas" y ha encajado muy mal las críticas que ha recibido y que seguirá recibiendo por su nefasta gestión -era la coordinadora del gabinete de crisis del Gobierno- durante el secuestro del atunero vasco.
A este grupo de ministros "de los nervios" se ha añadido en los últimos tiempos el titular de Interior, acosado ante la opinión pública por dos temas no menores: el "chivatazo" a ETA del bar Faisán por parte de algún miembro de la Policía y el sistema de escuchas Sitel, sobre los que Rubalcaba no ha dado explicaciones convincentes. Pero lo que en ningún caso puede hacer un ministro y menos si es el responsable de la Seguridad de todos los españoles es cogerse en un aparte del Congreso a un diputado de la oposición y decirle que "escucho todo lo que dices y veo todo lo que haces", porque suena muy mal y da pie a muchas especulaciones, aunque luego aclarara que se refería a que le veía y le escuchaba en la televisión y en la radio* Sería bueno que los ministros se tranquilizaran y se dedicaran a resolver los problemas de lo españoles. Para eso les pagamos.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
El PP ha pisado el acelerador dispuesto a no dar tregua al Gobierno. Por lo pronto, Rajoy está dispuesto a acogotar a la vicepresidenta De la Vega, a la ministra Chacón y al ministro Caamaño, pidiendo su dimisión por como han gestionado el secuestro del Alakrana, por más que sepa que pedirla es tan sólo un brindis al sol.
El caso es que sólo hay que salir a la calle y escuchar qué se dice para saber que la opinión generalizada es que el Gobierno no ha sabido manejar esta crisis. Y por más que desde el Gobierno se empeñan en dar explicaciones, a toro pasado, sobre lo que hicieron o dejaron de hacer para liberar a los pescadores del Alakrana, el caso es que las críticas se suceden.
Algo parecido, salvando todas las distancias, les sucedió al PP cuando lo del Prestige. Se desgañitaron intentando explicarse, también a toro pasado, pero fue inútil. Los ciudadanos teníamos claro que no se habían hecho las cosas bien.
Lo que sí se nota es que en el Gobierno hay preocupación con este asunto porque son conscientes de la opinión generalizada de la opinión pública es precisamente negativa. Por ejemplo, ayer recibí una llamada de una persona de la mayor confianza de la ministra Espinosa para decirme que su ministra, y los responsables del Ministerio de Agricultura y Pesca, habían mantenido un contacto permanente con las familias de los pescadores del Alakrana durante el largo mes en que estuvieron secuestrados. En realidad venía a quejarse y a corregirme puesto que yo había escrito que el Gobierno había demostrado una insensibilidad manifiesta por no haber atendido a las familias de los secuestrados.
Naturalmente no digo que no tenga razón este asesor de la ministra, pero me remito a las muchas declaraciones de los familiares de los pescadores, quejándose de la dejadez del Gobierno, asegurando que nadie les daba explicaciones, y que se sentían abandonados, incluso acudieron a los medios de comunicación para "agitar" para ver si así el Gobierno se movía. De manera que yo me remito a las quejas de los familiares, sólo hay que echar mano de la hemeroteca y de las fonotecas. Si la ministra Espinosa y los responsables de su ministerio estuvieron tan pendientes de los familiares de los secuestrados lo debieron hacer con tanta, tantísima, discreción que no se enteró casi nadie, ni siquiera algunos de los propios interesados y, además, tanta discreción ¿por qué? ¿no se podía saber que la ministra les llamaba y estaba pendiente de ellos?
El caso es que a mi entender este asunto el Gobierno lo ha perdido ante la opinión pública más allá de que el PP no consiga ni la reprobación del Gobierno o el cese de los ministros. Insisto en lo que escribí hace un par de días, lo más importante ahora es que el Gobierno saque conclusiones, analice lo que ha hecho mal, en qué tramos del recorrido se ha equivocado y se ponga a trabajar para intentar evitar que vuelva a suceder un suceso tan desgraciado como el del secuestro del Alakrana.
Es evidente que no es responsabilidad del Gobierno que haya piratas en Somalia, ni que éstos ataquen a los barcos que pasan por la zona, pero sí arbitrar los medios para intentar tener una respuesta para que no suceda y si sucede poder reaccionar de otra manera.
Todos los seres humanos nos equivocamos, y mucho, a lo largo de la vida. No hay nadie que no haya cometido errores en su vida personal y profesional, de manera que los políticos, como cualquiera, también se equivocan. La diferencia es que difícilmente escucharán a ningún político reconociendo que se ha equivocado o que podía haber hecho las cosas mejor. Lo normal es que se enrosquen en sus posiciones defendiendo lo que hacen contra viento y marea y echen pestes contra quienes les critican.
Yo siento decirlo, pero en lo que se refiere al secuestro del Alakrana, el Gobierno no ha hecho las cosas bien. De manera que la solución a su problema no pasa ni por matar ni por reñir al mensajero.

MADRID, 19 (OTR/PRESS)
Están enardecidos en el PP tras la asamblea de Barcelona, y pese a las ausencias finales de Camps y Aguirre, a la hora de escuchar el discurso de cierre de Mariano Rajoy. La foto de Camps a bordo del Ferrari azul no ha decaído los ánimos... El caso Alakrana, de un lado, y el choque con el ministro Rubalcaba por el Sistema Sitel de control de llamadas telefónicas, de otra parte, han elevado repentinamente las tensiones entre los dos grandes partidos parlamentarios, precisamente cuando pudo pensarse que las llamadas de Zapatero a Rajoy para informarle de la marcha del Caso Alakrana y el agradecimiento que le tributó tras resolverse el caso, pudo entenderse que vivíamos un momento dulce en las relaciones PP-PSOE.
No hay tal cosa, y es probable que sea ya una tendencia que debamos soportar en lo que queda de legislatura, un par de años: los populares siguen convencidos de que las urnas traerán consigo un vuelco y les gustaría anticipar acontecimientos y quemar etapas. Esas impaciencias tal vez se demostraran e hicieran visibles, por ejemplo, en las sesiones del Congreso de este miércoles, cuando el PP reclamó, primero, la recusación de tres miembros del Gobierno, De la Vega, Caamaño y Chacón, y poco más tarde, que dimitiera un cuarto ministro, Pérez Rubalcaba. ¿Nada más, y para una sola jornada? Es evidente que las impaciencias traen consigo estas actuaciones que posiblemente quedarán en nada: es probable que el PNV apoye alguna de las recusaciones que reclama el PP por el caso Alakrana, pero es improbable que ni Rubalcaba ni el jefe del Gobierno accedan a terminar su muy amplia carrera política de manera abrupta por causa del sistema Sitel que se viene empleando en la persecución judicial de narcotraficantes y terroristas.
El PP insiste en que se siente vigilado, espiado, perseguido desde las terminales telefónicas que, dice, controla Rubalcaba sin autorización judicial. Y, además, es sorprendente la subida de tono que, repentinamente, emplea el PP: pasa de la felicidad por la puesta en libertad de los 36 tripulantes del Alakrana a declarar nefasta la gestión por el Gobierno de esa crisis. ¿Hubieran preferido otro final? No parece probable, pero estimulan esa clase de sospecha. Otro tanto parece suceder con Rubalcaba. Pocos, a estas alturas, no aceptan los abultadísimos servicios al Estado que el ministro del Interior viene dando. Pero resulta más "divertido" proclamar que "es un peligro público", que deteriora el "estado de derecho" vigente y transforma a España en dictadura controlada desde el Poder gubernativo. ¿Se lo creerán con la firmeza que lo proclaman González Pons y Carlos Floriano?
Por lo demás, puede que inquieten las inclinaciones a impulsar sospechas sobre todas las instituciones del Estado: jueces, fiscales, policías son sospechosos de actuaciones ilegales e ilegítimas, y la Jefatura del Estado Mayor del Ejército también parece indigna de crédito, cuando explica la persecución de los jefes de los piratas somalíes, al término de 47 días de secuestro de la tripulación del buque atunero. Todo es sospechoso, o decididamente contrario a la inteligencia: las actuaciones de los servidores del orden y administradores de la Justicia como los mandos militares que han actuado en la liberación de los secuestrados en aguas del Indico. Y por supuesto, quien manda a unos y a otros servidores del Estado.
No parece que sea el camino más eficaz ni adecuado para prepararse, precisamente, para lo que en el PP se denomina "proceso de regeneración democrática", o algo parecido, y cuando les ha costado muchos meses asumir las irregularidades denunciadas en los muchos miles de folios de la instrucción del sumario del Caso Gürtel.

MADRID, 18 (OTR/PRESS)
Es natural que el gobierno se condecore por el feliz desenlace del secuestro del "Alakrana", pero no conviene olvidar que lo que ha liberado a la tripulación del atunero han sido tres millones de dólares, esto es, el pago del rescate. No quiere esto decir que al Ejecutivo no haya de reconocérsele algún mérito: Sí, el de no haber perseverado, tras la inicial y absurda detención de dos piratas, en seguir estropeando las cosas. En algo, no obstante, tiene razón Rodríguez Zapatero, en que España ha hecho lo que tenía que hacer, es decir, salvaguardar, por encima de todo, la vida de los tripulantes del pesquero, si bien ha olvidado añadir, nublado tal vez por el triunfalismo del instante, que en el futuro, y el futuro ha empezado ya, España tiene que hacer más cosas.
Liberada la nave y los pescadores, se supone que el proceso penal abierto contra los secuestradores sigue su curso. Pero, ¿sigue su curso de verdad? ¿Se investiga? ¿Se dictan providencias? ¿Se emiten órdenes de búsqueda y captura? ¿O, por el contrario, las enfáticas protestas sobre la preeminencia absoluta e inexcusable de la Ley quedarán en menos que nada, sometiéndose al enjuague de considerar a los dos detenidos como parte del rescate, cual parece se ha acordado con los piratas? Y esos particulares armados hasta los dientes a bordo de pesqueros, ese ejército privado, privatizado, para repeler los abordajes, ¿de qué naturaleza legal goza, qué conflictos suscitará, qué inquietante precedente supone? El gobierno puede colgarse las medallas que quiera, las que le corresponden y las que no, pero en lo sucesivo no puede limitar su acción, degradándose, a la de simple intermediario en la resolución, mediante pago, de un secuestro. Se ha hecho, dadas las circunstancias, lo que se tenía que hacer, pero ahora hay que ir pensando en cambiar las circunstancias.

MADRID, 18 (OTR/PRESS)
Tengo en la mayor estima al ministro Pérez Rubalcaba, pero cuanto más oigo hablar del SITEL, más me asusto. Las dudas que plantea el PP sobre la legalidad de este sistema de interceptación de comunicaciones telefónicas tan sofisticado que permite no solo escuchar lo que hablas sino saber donde estás tu y tu interlocutor o entrar en tus sms y en el disco duro de tu ordenador personal, a mí me parecen graves pero no irresolubles. Tendrían fácil arreglo*si se quisieran resolver, claro; porque todas ellas tienen que ver con un déficit de la legislación fácil de remediar aumentando los controles para asegurarse de que se usa solo para perseguir a los malos, respetando incluso en ese caso su derecho a la intimidad no sujeta a investigación con orden judicial, porque el Estado de Derecho también esta vigente con los malos.
Regular el SITEL de forma que la policía solo pueda "escuchar" lo que autoricen los jueces, y que lo que se grabe y luego no sirva judicialmente se destruya, acabaría, al parecer, con el problema. Cualquier demócrata debería apostar por ello porque hablamos del abc de la democracia, de un derecho fundamental como es el derecho a la intimidad. Incluso cuando el juez autoriza una escucha, lo que deja en suspenso es el derecho al secreto de las comunicaciones de el escuchando, no su derecho a la intimidad. Desde este punto de vista, me parece que tendría todo el sentido del mundo que el Gobierno aceptase hacer la ley orgánica que le ha ofrecido el PP para rellenar las lagunas del SITEL. ¿Qué habría de malo en ello aunque lo proponga el PP, por qué no? Pero, en su lugar, ¿que es lo que tenemos? Amenazas e insultos del gobierno a la oposición
Según denunció ayer el portavoz del PP González Pons, en los pasillos del Congreso ocurrió uno de esos episodios que avergüenzan; incomodado al parecer por unas preguntas sobre el SITEL en el turno de control al gobierno, el ministro Rubalcaba amenazó e insultó al diputado popular Carlos Soriano, al que, aludiendo al SITEL, espetó además que "ve y escucha todo lo que hace". Debería reflexionar. Y rectificar. Los cruces de descalificaciones entre los partidos siempre suenan desagradables en los oídos de los ciudadanos, pero cuando proceden del gobierno y especialmente del ministro del Interior, del jefe de los guardias, además suenan intolerablemente intimidatorios.

MADRID, 18 (OTR/PRESS)
Superados algunos momentos de angustia, como el tiempo de secuestro del pesquero Alakrana, la tensión y la crispación ha vuelto a alojarse en las relaciones de los dos primeros partidos del parlamento. Primero, se han manifestado esas tensiones y crispación por causa del propio caso del atunero: como ya habían anunciado, el PP ha reanudado su "ataque total" a la gestión de esta crisis, llegando a reclamar la recusación de De la Vega, Chacón y Caamaño. Pero, al mismo, tiempo, otro episodio servía al PP para reclamar la dimisión o destitución del ministro Rubalcaba, titular de Interior y una de las piezas clave del Gabinete.
La razón que alega el PP es la bronca que se produjo entre el ministro y el diputado popular Carlos Floriano. Según la versión de los hechos que da el portavoz del PP, González Pons, Rubalcaba habría amenazado al diputado "porque ve todo lo que hace y dice". Floriano quiso entender que se refería al sistema de escuchas telefónicas llamado Sitel, y Rubalcaba sostiene que "ve y oye todo lo que hace y dice" este diputado en programas de radio y televisión... Rubalcaba ha confirmado que ha mantenido una "tensa" conversación con el diputado, que se inició en el Hemiciclo, cuando el ministro contestó a sendas preguntas de los diputados del PP Ignacio Cosidó y Carlos Floriano referidas al chivatazo a un presunto miembro de ETA, al parecer desde dependencias policiales, y a la aplicación del Sistema Integral de Interceptación de Comunicaciones Electrónicas (Sitel).
Tras contestar a las dos preguntas, entre reproches mutuos, el ministro buscó a Carlos Floriano por los pasillos, lo llevó a un despacho y, según explicó después su compañero González Pons, le amenazó al decirle que sabe "todo lo que hace y dice", en referencia al sistema Sitel. Dijo Pons, a continuación, que "cuando un ministro pierde los papeles y amenaza en privado a un diputado de la oposición, no está en condiciones de seguir siendo ministro". Precisamente, el ministro habló a Floriano en presencia de González Pons, y sus palabras fueron escuchadas por otros diputados del PP, que entraron en ese momento en el despacho. También algunos periodistas presenciaron como Pérez Rubalcaba hablaba con esos parlamentarios "populares" en un tono muy elevado. El dirigente del PP añadió que "el presidente del Congreso, José Bono, tuvo que salir de su despacho para mediar en la riña y apartar a Rubalcaba"...
Fuentes próximas a Rubalcaba aseguraron que "es mentira todo lo que ha dicho" González Pons, que es falso que le haya insultado y amenazado, y que el ministro únicamente le ha dicho que no va a permitir que nadie diga que él espía. Rubalcaba compareció después ante los medios para explicar los hechos y, según su versión, a Pons y Floriano les ha dicho lo mismo en esa conversación -que ha calificado de "tensa"- que en el pleno: "O tenéis pruebas de que hay escuchas o acudís a los tribunales", a lo que le han respondido que ellos no han hecho estas afirmaciones nunca. "¿Cómo que no, si os escucho en las radios y en la televisiones?", les ha replicado Rubalcaba, quien ha añadido que saldrá "una y otra vez" para negar estas "graves acusaciones que cuestionan el estado de Derecho", cuando se pronuncien. "¿Se imaginan a un Gobierno gastándose 13 millones en un sistema que es ilegal?", ha preguntado Rubalcaba quien ha defendido el sistema de interceptación de comunicaciones Sitel como el "sustituto de la cinta de magnetofón", y para cuyo empleo es siempre necesaria una autorización judicial. "¿Se imaginan a una operadora como Telefónica interceptando una conversación ilegalmente arriesgando su licencia o a un policía arriesgando ir a la cárcel?", ha añadido.
Durante la misma sesión de control al Gobierno en el Parlamento, Rubalcaba se enzarzó con el PP en una agria discusión respecto al Sistema Integrado de Interceptación Telefónica (Sitel, que según el PP el Ejecutivo ha utilizado para espiarles) y al chivatazo a ETA del bar Faisán, algo que llevó a que saliera a relucir la cuestión de los GAL. Ignacio Cosidó respecto al chivatazo a la banda etarra aseguró, en clara referencia a los GAL, que el actual ministro de Interior "perteneció a un Gobierno que ha escrito las páginas más negras en la historia de la lucha contra el terrorismo". Por este motivo, el diputado del PP pidió a Rubalcaba que "con el caso Faisán no haga usted un nuevo borrón en una lucha de toda la sociedad que ha sido limpia y heroica contra el terrorismo". Esto llevó a Rubalcaba a afirmar que "del GAL sólo hablan en este momento en este país ustedes y ETA", una alusión que provocó que el también diputado popular Carlos Floriano, que preguntó seguidamente por el sistema de escuchas Sitel, respondiera que "del GAL hablamos todos los demócratas como una página felizmente superada de la democracia en la que ustedes nos metieron".
Seguro que habrá versiones posteriores de los hechos, que acaso cooperen a rebajar las tensiones. O todo lo contrario...

MADRID, 18 (OTR/PRESS)
En una cosa tiene razón el PP cuando arremete contra el Gobierno apenas veinticuatro horas después del final feliz. El PSOE no tuvo ninguna consideración con el Gobierno Aznar a la hora de separar la responsabilidad de lo ocurrido con el manejo oficial de lo ocurrido en el caso del "Prestige".
Por tanto, no procede el rasgado de vestiduras del portavoz socialista en el Congreso, José Antonio Alonso, cuando acusa al PP de buscar réditos políticos por el caso "Alakrana". También se excede la vicepresidenta De la Vega cuando este miércoles, en la sesión de control al Gobierno y ante la dura ofensiva verbal de la portavoz del PP, Sáenz de Santamaría, poco menos que se refirió al adversario político como si fuera un aliado de los secuestradores del "Alakrana".
Aliado de piratas, no. Adversario político, sí. Es decir, que trata de capitalizar políticamente los errores cometidos por el Gobierno en la secuencia de este suceso lamentable. Lógico. Como el PSOE hizo con los errores cometidos por el Gobierno del PP en el caso del famoso petrolero hundido frente a las costas gallegas sin que a nadie se le ocurriese denunciar una presunta alianza de los socialistas con los responsables del accidente.
Aparte de estos apuntes, propios de la legítima confrontación entre los dos grandes partidos nacionales, es verdad que el Gobierno no puede sentirse orgulloso de lo ocurrido, una vez descontada la general satisfacción por el desenlace. Me temo que este culebrón va a quedar almacenado en la memoria colectiva como la gran jugada tonta del reinado de Zapatero.
El cuadro no es precisamente luminoso. Para empezar, la constatación de que un grupo de facinerosos han puesto en evidencia la fragilidad de un Estado hecho y derecho. Se ha cedido a un chantaje a golpe de fajos de billetes de banco. Se ha forzado la legalidad. Se ha especulado con el principio de separación de poderes, etc.
Y más cosas, no todas necesariamente achacables al Gobierno. Se han utilizado recursos públicos para una causa privada. Se han creado climas de opinión que objetivamente han mejorado la posición negociadora de los piratas, como el absurdo episodio de las ocurrencias judiciales encaminadas a casar la legalidad con la oportunidad, en relación con la suerte de los dos piratas encarcelados en España. O, en fin, las declaraciones de alguno de los familiares, poco menos que abroncando al Gobierno por no hacer las cosas a gusto de unos ciudadanos que acuden libremente a ganarse la vida al Océano Indico, incluso fuera del área protegida.
Algunas cosas más tendrán que verse por el retrovisor en plena ofensiva política y mediática contra el modo de hacer las cosas en este asunto por parte del Gobierno. Sin olvidar la absurda disputa por sacudirse el honor de haber detenido, trasladado y puesto a disposición judicial a dos de los piratas que intervinieron en el secuestro del atunero. Al final se vio que a los piratas les traía al fresco el futuro de los dos compinches encarcelados en España. Cuestión de dinero. Hasta cuatro millones de dólares. Sólo se trataba de eso.
Domingo, 22 de noviembre
Agustín Jiménez
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Victoria Lafora
Paco Sande
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Jesús Montesinos
José Luis Palomera Ruiz