Opinión

Rafael Martínez-Simancas - Sin etiqueta.

11.11.09 | 12:20. Archivado en Rafael Martínez-Simancas


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Platón creía que el cuerpo era la cárcel del alma, pero no por ser una penitenciaria orgánica hay que pasarlo mal. Al asunto del alma le dedicamos apenas unos instantes, el resto del día lo pasamos preocupados por nuestro cuerpo, por eso en las casas hay más espejos que espacios reservados para la meditación. Es innegable: no todos somos monjes que tendemos al ascetismo, no somos Simón "El Estilista" que se subió a una columna para evitar las tentaciones. El cuerpo es el centro de nuestros deseos y a él le dedicamos los mejores momentos de placer.

Gracias a los trasplantes hemos conseguido mejorar nuestra herramienta cotidiana hasta límites insospechados hace apenas cuarenta años cuando el doctor Villaverde quiso emular al doctor Barnard con menos fortuna por cierto. Pero hoy podemos decir, sin rubor, que el ser humano puede tener tantas piezas renovables como un Fórmula 1, cada cierto tiempo podemos pasar por los boxes de un quirófano y nos mejorarán algo para que podamos hacer unos cuántos kilómetros más sin forzar la máquina. Habitualmente el "taller de recambios" está lleno de piezas procedentes del cerdo: venas, arterias, válvulas para el corazón y algún hueso que otro. A efectos de quita y pon somos muy parecidos a los cerdos, ahí acaba la vanidad de ricos y poderosos que llegado el momento se pondrían gustosos un hocico con tal de salir de la enfermedad. Lo que no sabíamos es lo que un simple conejo puede hacer por el hombre.

Científicos de la Universidad de Wake Forest han reconstruido, por primera vez, el tejido eréctil del pene de un conejo. Y, podrían hacerlo con un hombre, salvando las distancias de tamaño. Quizá lo más peliagudo sería convertir al hombre en conejo, operarlo y más tarde volver a dejarlo en hombre, aunque si el resultado es positivo muchos darían por bueno tener las orejas más grandes pero el sexo más firme. Es curioso pero la tercera edad no demanda mejor visión, o un "plan Renove" de articulaciones para caminar, sino que se pide un sexo más vigoroso. Pues si en la edad está la virtud tendremos que pensar que los abuelos están en lo cierto.

La principal preocupación de la vejez es canalizar el deseo que nos acompaña desde la adolescencia pero que llegado un momento entra en curva descendente pero no irrecuperable. Un simple conejo nos puede devolver a la categoría de fauno trotón que pensamos no acabará nunca, pero acaba porque todo tiene fecha de caducidad. Si dejamos a un lado los escasos momentos de reflexión acerca de nuestra alma, todo lo demás es un homenaje a Príapo que no se puede disimular. Y si los efectos secundarios son una tendencia compulsiva a comer zanahoria, ¡qué le vamos a hacer!, también forma parte de la dieta mediterránea.

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Rafael Martínez-Simancas - Sin etiqueta - Ataúdes chinos.

04.11.09 | 12:20. Archivado en Rafael Martínez-Simancas


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

El negocio de las funerarias está "muerto", y no es una alusión a la clientela habitual de estas empresas, sino a que ha llegado el ataúd chino y ha roto el mercado. Son baratos, parecen bonitos y cuelan por cajas de roble cuando están hechos de las virutas de sacar punta a los lápices. El único que podría expresar queja por su acabado es el difunto pero se le trata como un consumidor sin derecho a reclamar debido a su condición de finado. Luís Carandell se hubiera divertido con este nuevo episodio de "Celtiberia Show".

En Galicia están preocupados porque les hunden el sector puesto que no pueden contra ataúdes de setenta y cinco euros, un precio realmente competitivo. Por menos de cien euros resuelves el entierro del abuelito y, encima, te dan cambio para tomarte unas cañas. Es el "Todo a Cien" de la muerte. Los ataúdes chinos llegan en barcos de la morgue que realizan un largo viaje (un recorrido que luego se ampliará con el muerto al que deben acompañar al más allá), por lo tanto son cajas de "larga distancia". Es verdad que ni los materiales, ni el acabado son de primera calidad, pero los deudos no se fijan en el roble sino en la herencia que van a repartir. Es triste hablar de costes cuando habría que hablar de sentimientos, pero en cuestión de regateo funerario todos somos primos lejanos.

Se calcula que hace cien años los españoles pagábamos setecientas pesetas por un entierro con caballitos blancos y caballitos negros; una cantidad desorbitante comparada con el salario medio. De aquellos entierros barrocos (la última estampa la incluyó Manolo Summers en "La Niña de Luto") a estos funerales con ataúdes de top-manta ha pasado un siglo y una gran falta de respeto. Y, en esta ocasión, la culpa es nuestra porque fue un empresario valenciano el que llegó a China con la idea de hacer un encargo que abaratara los costes. De aquí a colocar lápidas de gomaespuma estamos a un paso.

Todo empezó cuando alguien introdujo un vaso con flores de plástico en el cementerio, ese fue el inicio de un declive estético que ahora se manifiesta con los ataúdes chinos. El consuelo es que, al menos, no son reciclables porque lo último sería tener que aguardar, en lista de espera, a que quede uno libre, o buscarlos de segunda mano y con pocos desperfectos. Pero tampoco vayamos a dar ideas porque bastante sufre la industria del ataúd como para sugerir nuevos abaratamiento de los costes.

Nos teníamos por el país que mejor "vida" le daba a sus muertos tal y como dice El Tenorio, pero al final somos unos cuatreros de tanatorio. Unos cínicos de setenta y cinco euros.

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Rafael Martínez-Simancas - Sin etiqueta - La ira de Obama.

28.10.09 | 12:20. Archivado en Rafael Martínez-Simancas


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Era Groucho Marx el que decía: "disculpen si les llamo caballeros pero es que todavía no les conozco lo suficiente". Obama ha aplicado esa idea a sus relaciones con los medios de comunicación hasta que la poderosa cadena Fox le ha tocado el trigémino, a partir de ahora la cadena conservadora se incluye dentro del "eje del mal" de la Casa Blanca. Motivos no le faltan al presidente norteamericano que ha sido vilipendiado hasta el escarnio en cuántas ocasiones se han presentado. No es ya una crítica a la labor de Obama sino un ataque hacia su persona lo que evalúan los analistas cercanos a la presidencia de Estados Unidos.

Lo último, (hasta el momento), ha sido una gracieta de la estrella de la Fox, Glenn Beck, que apareció en pantalla con cara de pocos amigos y con un bate de béisbol en la mano. Según Beck estaba imitando a Robert de Niro cuando hacía de Al Capone en "Los Intocables", y asociaba el comportamiento de Obama con el del actor que machacaba la cabeza de uno de sus enemigos sin expresar la menor mueca de clemencia. La Casa Blanca considera que han cruzado la línea roja del buen gusto.

La escena del bate se une a la labor de segar la hierba que mantienen los comentaristas de la Fox como si se tratara de un concurso para superar barbaridades. Entre ellas está la cruzada contra la portavoz del gobierno, Anita Dunn, que el verano pasado tuvo la infeliz idea de situar a Mao Tse-Tung entre sus filósofos favoritos. Un comentario que cogido con pinzas le ha valido a Beck para decir que Obama es maoísta, o lo que es lo mismo un peligroso agente al servicio del comunismo con sede oficial en Washington. No "fair play" ni gaitas escocesas, Obama se ha hartado de que le falten al respeto desde una de las mayores cadenas de televisión de Estados Unidos. Tal vez haya sopesado la respuesta, tal vez haya contado hasta cien varias veces, pero la paciencia tiene un límite y si la Fox quería una respuesta la acaba de encontrar. Estaba claro que Obama nunca fue el candidato de la cadena conservadora pero nadie podía esperar a que la inquina llegara a tamaño grado de descalificaciones. Bien es verdad que en televisión todo escándalo tiene su audiencia y a la Fox le conviene que el presidente de Estados Unidos les preste atención. La indiferencia no sube puntos en la cuota de pantalla.

Ya veremos cómo queda la batalla pero recordemos que es el hombre más poderoso del mundo contra una cadena de televisión a la que puede mandar a "negro", no en referencia a su color de piel, sino aplicándole la ira de los césares que siempre fue poderosa. Lo fue para quemar Roma y lo puede ser para acallar chistes malos.

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Rafael Martínez-Simancas - Cuentos y recuentos.

21.10.09 | 12:20. Archivado en Rafael Martínez-Simancas


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Ni Einstein, que era persona de probada capacidad intelectual, se atrevió a calcular el número de manifestantes que acuden a un acto callejero, y mucho menos en España donde aplicamos el método del parchís: cuentas uno y avanzas veinte. A falta de un método adecuado los asistentes se miden en función del entusiasmo del que realiza el recuento, a mayor proximidad con la causa mayor número de convocados. La versión oficial dice que Rubalcaba calcula manifestantes a los que aplica un descuento de grupo en función de su inquina con el Gobierno.

Una empresa afirma que tiene el método perfecto de clavar el número de gente en una calle, dice que lo hacen anotando el número de cabezas lo cuál lleva al viejo chiste de "¿cuántas reses tiene Joe?, pues muy fácil: cuentas todas las patas de las vacas y luego las divides por dos". Aquí quisiera ver a Pitágoras o a Hetaria, tan de moda por la película de Amenábar; no es fácil contar con exactitud sin caer en la parcialidad. Además, ese método plantea varias incógnitas, la primera es saber si el liberado sindical cuenta por tres, si los gigantes tapan a los cabezudos, o sí los concentrados pertenecen a una asociación de padres con hijos hiperactivos, (en cuyo caso se contarán a mogollón porque no habrá forma de que estén quietos para la foto). En el capítulo de "restos" se debe considerar a los que sacan al perro a pasear justo en el momento clave de la foto. Y, también, al guiri que aparece con el mapa de la ciudad y pregunta cómo se va al centro. Por supuesto, habrá que restar las estatuas y las farolas que pueden ser tomadas por clones de Rompetechos, y a los periodistas que no participamos sino que vamos a por la crónica. A vista de pájaro todos somos iguales.

Este método no viene a sosegar la vida democrática española, (ni de lejos). Cuando hayan establecido el número exacto entonces contarán su peso, volumen o capacidad para decir un trabalenguas sin caer en el intento. Será cuando la pelea llegue por el detalle, de tal manera que aparecerán españoles con tres brazos y con cuatro piernas, auténticos monstruos demoscópicos producto de aplicar la exactitud a la muchedumbre. La pregunta es: ¿de verdad que es más importante saber cuántos eran a conocer lo que pedían?, pues así parece.

El siguiente paso es ponerlo en práctica con pescadores y amantes, ambos son colectivos de mentirosos compulsivos que cuentan más de lo que se llevan a la red. Y así hasta calcular con exactitud cuántos eran los peces del villancico que miraban con curiosidad al Dios nacido. Algo así era absolutamente necesario, responde a un clamor popular, sin duda.

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