Opinión

Victoria Lafora - Raca, raca...

19.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a que cualquier político catalán, del sector independentista por supuesto, hiciera declaraciones arrepintiéndose de la DUI, llega Marta Rovira, número dos de Oriol Junqueras, con el relato de terror de un supuesto ejército español dirigiéndose a Cataluña, con las armas cargadas, para provocar un baño de sangre si se atrevían a seguir con la independencia.
Puede ser el pistoletazo de salida de la campaña electoral y, de ser así, anuncia una exacerbación del victimismo con el que mantener prietas las filas. O podría ser también que Rovira, ungida como sucesora del líder de ERC encarcelando, trate de justificar el fiasco de una declaración que nunca fue y que acabó con medio Govern fugado y la otra mitad en Estremera. La que puede ser la próxima presidenta de la Generalitat, ante el difícil porvenir procesal de las, hasta ahora, "estrellas del proces", trata de justificar el fiasco y recuperar el ánimo de los "indepes" defraudados y desmotivados. No es que los promotores de la DUI se dieran a la fuga, es que " el Estado opresor" amenazaba con un baño de sangre.
Por la misma razón que ha calado el argumentario de llamar " presos políticos" a los dirigentes para los que la juez Lamela ordenó prision preventiva, por la gravedad del delito, posible reincidencia y riesgo de fuga, habrá gente que se crea este nuevo cuento de terror de Marta Rovira.
Se prepara así una campaña cansina, con "las cartas desde mi celda" de Junqueras, las entrevistas incendiarias desde Bruselas de Puigdemont, el nuevo brío de Rovira, el quiero y no puedo de Colau, y todavía está por ver si el expresident de la Generalitat no protagoniza el último golpe de efecto y se vuelve a España, días antes de los comicios, para levantar las encuestas que le son adversas, con la imagen de un furgón policial, en una noche fría de invierno, camino de prision.
Menos mal que Carme Forcadell, tras su compromiso con el juez del Supremo, guarda un prudente silencio y, aunque va en las listas de ERC, no es de esperar que se dedique a defender la independencia unilateral con el ardor con que lo proclamaba hasta hace bien poco.
Si alguien pudo sospechar que el suflé catalán había bajado se equivoca y de aquí hasta el 21 de diciembre la sociedad va a seguir bajo el "raca, raca" del derecho a decidir, mientras se corre un tupido velo sobre el desaguisado social y el coste económico que para las arcas públicas de Cataluña va a suponer la aventura independentista.
De momento, las ofertas de reformas sociales, de incentivos al empleo, o de apuesta por las infraestructuras brillan por su ausencia y lo único que se escucha es más de lo mismo pese al fracaso. Eso sí, ahora dicen que se lo van a tomar con más calma porque las cosas de la independencia no se pueden hacer deprisa y corriendo.
En las manos de los votantes catalanes está el decidir si quieren seguir así y por cuánto tiempo.


Victoria Lafora - Gratis total

12.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Artur Mas pretende que su sobrevenido independentismo y los costes que para el erario público supuso su referéndum de pacotilla del 9N le salgan gratis total. Y es una ambición que comparte con la presidenta del Parlament (en funciones), Carme Forcadell, el expresident Puigdemont y otros dirigentes de la simbólica República catalana.
No contento con la aportación de dos millones doscientos mil euros, que generosamente ha donado para su causa la Asamblea Nacional de Cataluña, pretende ahora que todos los que votaron en su referéndum pongan "generosamente" dinero de sus bolsillos para que no le embarguen los bienes. Solo le falta salir a la calle con una hucha y hacer una colecta por las Ramblas.
De nada ha servido el aplazamiento que solicitó al Tribunal de Cuentas. Las organizaciones independentistas, que tan generosas aportaciones recibieron del Gobierno de Junts pel Si, no dan abasto para pagar fianzas con las que sacar de la cárcel los dirigentes que prepararon la desconexión de España y consideran que Artur Mas ya ha recibido todo lo que le correspondía. La Justicia investiga, además, si el dinero donado no proviene de una subvención pública, porque, de ser así, la multa la pagaríamos todos de nuestros bolsillos y eso ya sería de traca.
Los ex dirigentes de la antigua Convergencia, tan acostumbrados en sus largos años de poder en Cataluña a financiarse por la vía del famoso tres por ciento o el Palau de la Música, no dan crédito a la posibilidad de tener que deshacerse de ese patrimonio familiar labrado de generación en generación por la burguesía catalana de la que forman parte.
En ese gratis total se incluye la saga-fuga de Puigdemont a Bruselas y el secreto sobre quien está pagando las facturas del viaje y estancia de ese presunto "Govern en el exilio" y del carísimo abogado que le asiste. ¿Su amigo Matallanas se hace cargo? Todo para no hacer frente a la responsabilidad penal de una independencia "simbólica" que va a costar a los catalanes la pérdida de más de dos mil empresas, varios puntos del PIB, el aumento del paro, el freno del turismo, el retroceso del consumo de las familias, e incluso que la Agencia Europea del Medicamento decida no instalarse en Barcelona como ya estaba resuelto.
¿Alguien será responsable de esta quiebra económica o no? Porque parece evidente que deberían devolver a los catalanes lo que han perdido en esta aventura irresponsable que solo ha dejado frustración a la gente de buena fe que creyó la sarta de mentiras y promesas de riqueza y bienestar que traería la independencia.
La crisis de Govern del pasado verano, en la que Puigdemont se vio obligado a cambiar varias consellerias, fue provocada precisamente por el temor a las sanciones económicas que manifestaron los miembros menos entusiastas con el "proces". Porque las fianzas de esta última semana son solo un anticipo de esas sanciones económicas que acompañarán al procesamiento penal. Aunque el final la acusación se quedase en sedición y no en rebelión.
Pagar va a tener que pagar. A menos que pretendan que la sociedad catalana sufrague los platos rotos de esa republica que fuese y no ha sido.


Victoria Lafora - Más piquetes que huelguistas

09.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

La jornada de huelga general convocada ayer en Cataluña, para protestar por el encarcelamiento de los dirigentes independentistas, tuvo escaso seguimiento en las grandes ciudades. Barcelona amaneció como un día cualquiera y, de no ser por la presencia de piquetes boicoteando el transporte público y cortando carreteras, la afluencia a los puestos de trabajo habría sido normal.
Lo curioso de esta segunda huelga de los independentistas es la contundencia de las acciones de los piquetes quienes, cortando todos los accesos, sentándose en las vías de los trenes de cercanías, no parecían demostrar mucha fe en su capacidad de convocatoria. Y no contaban tampoco con el enfado que en las redes sociales mostraron cientos de ciudadanos atrapados en atascos kilométricos. Cabe pues preguntarse si las organizaciones Omnium y ANC, principales suministradoras de los piquetes, empiezan a detectar un cierto cansancio en la sociedad catalana ante la ocupación permanente de la calle.
Si a este cansancio se suma la fuga de empresas, el parón preocupante de la inversión en Cataluña, el aumento del paro que, según los últimos datos de octubre, duplica la media nacional, es comprensible el hartazgo de una sociedad fracturada, incluso en las relaciones familiares y de amistad, que vio con decepción como la prometida República se declaraba para suspenderla minutos después y que al segundo intento no respaldó nadie e incluso sus promotores se dieron a la fuga.
En un intento por mantener prietas las filas y alto el ánimo se organizó el viaje de los alcaldes con sus varas de mando, por descontado, a Bruselas. La capital europea, que vive entre el estupor y la indiferencia la secuencia de circenses apariciones del prófugo Puigdemont, fue testigo de la manifestación ante las sedes de la UE del grupo de alcaldes que con los bastones en alto, como no, denunciaron la falta de respuesta ante el "Estado opresor".
Pero, quien llevó más lejos su indignación por esa desatención de las instituciones europeas fue el propio Puigdemont, acusando al presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, y al máximo responsable del Parlamento, Antonio Tajani, de apoyar el "golpe de Estado de Rajoy" y no reaccionar "contra los abusos de una democracia fallida".
No parece la mejor estrategia denigrar a los líderes europeos para lograr repercusión en la prensa internacional, objetivo final de sus múltiples comparecencias. La fría, seria y funcionarial, capital belga comienza a mostrar signos de hartazgo por la conflictiva presencia de unos políticos que no fueron invitados.
La sensación de cansancio ante la desmesura pánica de los secesionistas está impregnando a la sociedad internacional en la misma medida en que cala, como lluvia fina, en Cataluña. Cuidado con pasarse de movilizaciones a las puertas de una campaña electoral porque corren el riesgo de desmotivar a los propios.


Victoria Lafora - Miedo al vacío

05.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

El prófugo de la Justicia y ex president de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, sigue lanzando arengas desde su "escondite" en Bélgica, instando a los catalanes a defender en las calles una Republica que él abandonó, pies en polvorosa, al día siguiente de proclamarla.
Su último alegato ha sido la petición de una lista conjunta de todos los independentistas cara a las elecciones del 21 de diciembre. LLista unitaria.cat es la plataforma que recaba firmas para forzar a ERC y a su líder, Oriol Junqueras, en una celda de la prisión de Estremera, a recoger los restos de la antigua Convergencia y salvarlos del desguace.
Puigdemont quiere hacer "lista de país" y, aprovechando que todavía goza de libertad, se propone como cabeza de cartel y ofrece hacer campaña "incluso en el extranjero". No es difícil imaginar que detrás de esta propuesta está la mano de Artur Mas, su consejero "en cap", y el que realmente mueve los hilos del PDECat. El ha sido el principal responsable, el verdadero culpable de la deriva independentista de una formación que representaba a la burguesía catalana, el que, para escapar de los procesos por corrupción que encharcaban su formación, se echó a la calle a reivindicar una independencia en la que no creía. Ahora teme quedarse sin siglas que le amparen, sin el poder que tanto tiempo ha disfrutado, y con una deuda con la Justicia que los catalanes le han sufragado hasta ahora.
La "lista de país" se perfila como la única posibilidad de salvar a los exconvergentes de devenir en una fuerza residual y simple muletilla del pacto pos electoral que cerraran ERC y los comunes de Ada Colau y al que quieren sumar al PSC. Incluso el ex conseller Santi Vila, que se bajó del barco horas antes del incendio, diseña una nueva organización, catalanista y de centro, que recoja todos los votos huérfanos de la extinta CIU.
El discurso victimista, utilizado hasta la saciedad con brillantes resultados por el independentismo, el sobrevenido y el histórico, se compadece mal con un señor que tomaba café en Bruselas con su abogado, analizando su futuro procesal, al mismo tiempo que los miembros de su Gobierno comparecían en la Audiencia Nacional y salían en furgones por el riesgo de fuga que el mismo había ejemplarizado.
Marta Pascal, la actual dirigente del PDECat, que se mostró siempre temerosa de la rapidez con el que Junts pel Sí pretendían llegar a la independencia, que reconoció, tras la fuga del líder, que se equivocaron creyendo que el "proces" era "bufar y fer ampolles" que significa algo así como hacer globos, clama pidiendo una lista conjunta que les evite el ridículo de una derrota histórica, lo que parece demostrar que no tiene mucha confianza en que los catalanes vuelvan a confiar en la palabra de Puigdemont, incluso desde la cárcel.
Mientras tanto, la orden de detención contra los huidos ya ha llegado a las autoridades belgas y es cuestión de semanas que un juez se pronuncie sobre la ejecución de la misma.


Victoria Lafora - El derrumbe de los héroes

29.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

A la espera de los movimientos de los cargos cesados, en virtud de la aplicación del artículo 155, Barcelona amaneció el sábado como si nada hubiera sucedido. Ni Puigdemont se había hecho fuerte en su despacho, ni las barricadas cortaban las calles e incluso el director de los Mossos aceptaba su cese y se despedía agradeciendo el honor.
No quiere decir esto que el conflicto y la fractura de la sociedad catalana haya desaparecido. Pero la aplicación prudente del poder del Estado y, sobre todo, la rápida convocatoria electoral es la decisión política más adecuada para enfrentar el mayor desafío de la democracia española.
Queda también por saber si los partidos que, de forma vergonzante y sin enseñar sus papeletas, declararon la independencia van a participar en la nueva contienda electoral. Si sus actuales dirigentes, puede incluso que desde la prisión, van a encabezar las listas de sus siglas.
Pero lo que parece evidente es que, tras los sucesos de jueves y viernes, muchos independentistas de buena fe, que se creyeron a pie juntillas las promesas de sus gobernantes y que soñaron con las puertas abiertas a una arcadia feliz, deben sentirse frustrados, e incluso engañados.
La crónica de lo sucedido en la caótica mañana del jueves, con un Puigdemont negociando, por vías interpuestas, las condiciones para una convocatoria electoral. Su pretensión de obtener garantías de seguridad sobre su futuro procesal, la ruptura de la coalición de Junts pel Si, la negativa de Junqueras a asumir la presidencia de la Generalitat ante la amenaza de dimisión del President mientras los jóvenes en la calle le llamaban traidor, dista mucho de un relato heroico.
Si a todo esto le sumamos lo ocurrido en el pleno del Parlament del viernes, en el que Puigdemont se niega a subir a la tribuna para explicar, en sede parlamentaria, a los ciudadanos de Cataluña, la trascendencia de declarar la independencia y sus consecuencias. Si además el pleno se retrasa porque están negociando la forma de votar sin que se sepa que vota cada cual en un intento de librarse de las consecuencias penales de sus actos. Y si finalmente el Govern, con Junqueras y Puigdemont al frente, no tiene la gallardía política de desdoblar sus papeletas y enseñar a los miles de seguidores que en la calle les jalean envueltos en la estelada, que han votado sí a la promesa que les hicieron, el relato se derrumba.
Podría suceder que la frustración y el desencanto, sumados al miedo ante el coste económico en el PIB catalán, a los datos de paro que reflejará el INEM dentro de unos días, supongan un descenso en las expectativas de voto para las opciones independentistas. Pero todo dependerá de la eficacia, mesura e inteligencia con la que se administre de forma interina la autonomía.
En el victimismo que ha sustentado el discurso independentista algunos dirigentes comparaban el ansia de independencia de Cataluña con hitos históricos como la separación de la India de Gran Bretaña o el final del apartheid en Sudáfrica. Los ciudadanos de Cataluña han aprendido estos días que sus líderes, además de utilizar en su provecho ejemplos de imposible aplicación, carecían de la brillante madera de héroes que demostraron Mahatma Gandhi y Nelson Mandela.


Victoria Lafora - El precio de las veleidades

26.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Pase lo que pase en el devenir en Cataluña, algunos partidos políticos van a salir especialmente damnificados con la aventura independentista. Las encuestas en Cataluña adelantan la anunciada "desaparición" (puede quedar reducida su presencia en el Parlament a diez escaños) del PdCat. Si Artur Mas quiso escapar de la corrupción que enfangaba a la antigua Convergencia, sumándose a un secesionismo que nunca había caracterizado a unas siglas que amparaban a la burguesía catalana, la jugada no solo le ha dejado con una deuda personal impagable (por cierto ya está bien de hacer colectas) sino que ha llevado a su partido al despeñadero de la historia.
Pero la peor librada puede ser la formación morada de Pablo Iglesias y sus socios catalanes de En Comu. Ada Colau, a quien el Ayuntamiento de Barcelona se le quedó pequeño al mes de tomar posesión, ha jugado todas las cartas de la ambigüedad mientras trenzaba una alianza con Esquerra Republicana para el día después. Pero, en un momento político en que los sentimientos y la irracionalidad priman en el ánimo de los votantes independentistas, el "sí pero no" puede incluso considerarse una traición. Cuando se celebren elecciones, si la ciudadanía sigue enfervorizada con el relato de una España represora, posiblemente Oriol Junqueras sea el nuevo inquilino de la Generalitat y gobernara con el apoyo de Ada Colau, pero ella y en Comu no serán más que "los socios".
Lo mismo, o peor, puede suceder con Podemos en el resto de España. Ha sido muy significativa la declaración de Carolina Bescansa, otrora una de las dirigentes más poderosas de la formación, experta en análisis electorales, y que ha llamado la atención sobre la necesidad de que Podemos "le hable más a España y a los españoles y no solo a los independentistas", recordando lo que parece haber olvidado Pablo Iglesias: que "es un partido estatal y español". Las veleidades de Iglesias, reuniéndose con Junqueras y demás dirigentes de Junts pel Si, pueden tener un altísimo coste electoral. Se equivoca el máximo dirigente de Podemos si piensa que podrá asaltar la Moncloa desde Cataluña. Y eso lo saben y lo piensan muchos dirigentes del sector de Errejón quienes consideran que Colau le está haciendo un flaco favor a sus siglas. De momento, en la comisión constitucional del Congreso, Carolina Bescansa ha sido sustituida por Irene Montero, la hasta ahora mano derecha de Pablo Iglesias. Dada la trayectoria de derrumbe de liderazgos y de purgas internas en la corta vida de la formación morada, sería aconsejable que Montero se cuide de hacerle al líder supremo la más ligera sombra o terminará ocupando un sillón en el gallinero del Congreso.
Otra incógnita es saber cuánto tiempo aguantara Alberto Garzón, antiguo dirigente de Izquierda Unida y ahora convertido en sombra de Iglesias por los pasillos del Congreso, en alzar la voz. Su familia de Andalucía le puede contar el cabreo que hay bajando hacia el sur con el independentismo sobrevenido de Podemos. Roma no paga traidores...


Victoria Lafora - Hasta aquí hemos llegado

22.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Dice Mariano Rajoy, a quien tanto ha costado tomar la decisión, que podría pensarse que algunos estaba buscando la aplicación del artículo 155, refiriéndose a los dirigentes catalanes. Lo buscaran o no, el Gobierno, con el apoyo imprescindible del PSOE (sin el acuerdo con Sánchez seguiríamos en el chantaje), ha tomado la decisión que permitirá "recuperar la convivencia y celebrar elecciones". Pese a lo loable de la intención es de suponer que la aplicación de esta artículo de la Constitución no va a contar con la aquiescencia de los independentistas catalanes que amenazan con declararse en rebeldía.
Por otro lado, si la salida de las empresas (más de mil) y el descenso del consumo no han frenado las protestas en la calle, malamente se van a poder convocar elecciones por el presidente del Gobierno de España a la "mayor brevedad posible" y esperar que los independentistas no repitan o mejoren sus resultados de los últimos comicios.
La intervención del Parlament, que queda como simple representación de de la democracia en Cataluña pero que no podrá ejercer el control político ni convocar la sesión de investidura ni hacer ninguna función que se salga del marco del Estatut, va a desagradar posiblemente a Carme Forcadell, esa Juana de Arco de la ruptura con España que lleva años arengando a la ciudadanía de Cataluña para proclamar la republica. Es previsible que la tentación de encerrarse en ese Parlament, esa cámara autonómica que ha manejado a su antojo, saltándose incluso las advertencias de los letrados sobre la ilegalidad de sus decisiones, se le pase por la cabeza.
Qué decir de todos los consellers que han sido destituidos y que no saben si van a seguir recibiendo los emolumentos propios de sus cargos o apuntarse a las listas de desempleo, teniendo en cuenta que va a ser la Hacienda Pública la que pague los salarios a los funcionarios ante la intervención de la economía catalana.
La primera reacción política tras el Consejo de Ministros fue la de Podemos. Echenique se declaró en estado de shock, lo que puede ser un augurio de cómo se van a encontrar los dirigentes de la formación morada al ver el precio en votos que van a pagar por sus veleidades nacionalistas, tan contrarias a la verdadera izquierda.
Ahora toda la responsabilidad recae en el Senado, esa cámara apolillada, tan alejada de su función de representación territorial, y que se ha apresurado a pedir un aplazamiento del pleno que apoyará la aplicación del 155. Ya no sirve una convocatoria electoral por parte de la Generalitat solo el Senado puede anular la entrada en vigor del artículo de la Constitución que no se había aplicado nunca desde la transición.
Vamos a vivir días difíciles y es imprescindible que las previsibles manifestaciones en las calles sean respondidas con la exquisitez y la mesura que la complicada situación requiere. Ni una excusa más al relato victimista.


Victoria Lafora - El dilema

15.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRSS)

Parece que tendremos que esperar hasta el último minuto antes de las diez de la mañana del lunes para saber el acertijo de si se declaró, o no, la independencia. Pero el dilema apunta más hacia un intento del president de ganar tiempo en su estrategia de victimismo. Ahora el objetivo es internacional; hay que convencer a las cancillerías y a los organismos dela UE de que "abandonan un Estado que les maltrata incluso con saña policial". De ahí la continúa apelación a las cargas policiales del uno de octubre (¡qué error, qué inmenso error!) y ni una mención a la pluralidad de la sociedad catalana, como se ha demostrado estos días en la calle, a la que se pretende imponer una republica con los votos de la minoría.
De tener Puigdemont la decisión clara de que la respuesta será un NO sobraría tanto tiempo para pensarlo. Habría aceptado la propuesta de la mayoría del Congreso de los Diputados y su grupo se habría sumado a la comisión que va a iniciar el estudio de una reforma constitucional. Empujarían desde dentro de las instituciones para que esa reforma fuera la mejor para el encaje de Cataluña en el Estado español y, algo fundamental, dentro de la legalidad democrática.
Pero no parece que la propuesta de diálogo que con tanta eficacia han "vendido" en el exterior y que bastantes países de la UE han "comprado" tras las imágenes del 1-O, vaya por esa senda. De ahí la apelación de mediadores internacionales. Pretenden que sean ellos los que defiendan que: o referéndum o referéndum.
Mientras la CUP y Oriol Junqueras presionan para el portazo definitivo, asustados de que las caras de frustración de los entusiastas que acudieron al parque de la Ciudadela, al sentirse independientes solo un instante, se conviertan en batacazo electoral en la cita a la que, más temprano que tarde, tendrán que enfrentarse.
Temen también que la CUP abandone su apoyo al Govern y pierdan la mayoría en el Parlament. Pese a que confían en recuperarlo con el inestimable apoyo de Pablo Iglesias y Ada Colau que, vigorosos defensores de "la libertad de los pueblos", están sopesando la oportunidad de llevar a la alcaldesa de Barcelona a presidir la Generalitat.
Por tanto, el ambiente de menor tensión que se respiraba el 12 de Octubre en el Palacio Real, tras el desfile de la Fiesta Nacional, solo se justifica por la unidad de los demócratas que tanto ha costado conseguir ante el desafío. Puigdemont y Junqueras no han llegado hasta aquí para tirar la toalla ante un apercibimiento. En última instancia, mejor mártires que traidores. La crispación en la sociedad catalana se mantiene incólume y las próximas semanas pueden ser muy duras. Ojalá me equivoque.


Victoria Lafora - El paripé

12.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Si no fuera por la cantidad de sentimientos encontrados que la jornada del día 10 en el Parlament ha despertado en la ciudadanía española, fundamentalmente en la catalana, este episodio surrealista protagonizado por el president Puigdemont podría muy bien catalogarse como una mezcla de ópera bufa y teatro pánico. Pero la desolación, el desconsuelo, el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo, la desesperanza de tantísima gente no pueden llevarnos ni a la risa que el espectáculo puede despertar en quienes sean capaces de observarlo desde cierta distancia, ni tampoco a la melancolía de quienes venimos viviendo y sufriendo las múltiples etapas de su desarrollo hasta el culmen de esta puesta en escena.
Hasta tal punto ha resultado surrealista la declaración de Puigdemont que hoy nadie se pone de acuerdo sobre si ha sido una declaración de independencia real, de semi independencia, de independencia a plazos, subrogada o metafísica, y hasta los expertos constitucionalistas dudan sobre si, en función de todo ello, serían aplicables o no medidas de carácter judicial o puesta en marcha de mecanismos coercitivos. Unos dicen que sería perfectamente aplicable el tan traído y llevado artículo 155, mientras que otros afirman que la vacuidad de la declaración impediría o, cuando menos dificultaría tomar las medidas judiciales contra el president y sus socios-cómplices en el desafuero.
Lo cierto es que hay una realidad y solo una: nada de lo que los nacionalistas-independentistas han llevado a cabo hasta el momento tiene el más mínimo valor jurídico; ni el referéndum ni la pseudodeclaracion de independencia. Todo ha sido un largo y penoso paripé que tan solo ha conseguido fracturar a la sociedad y provocar un caos de imprevisibles consecuencias socioeconómicas.
Y parece evidente que los protagonistas de tamaño desastre tendrán que pagarlo porque no puede quedar impune todo el daño que han causado a la sociedad. Aunque, como muy bien dijo Josep Borrell el pasado domingo, eso es algo que deberá dejarse a los jueces.
Ya era hora de que nuestro presidente actuase con el apoyo de los partidos constitucionalistas, PSOE y Ciudadanos, poniendo en marcha el mecanismo constitucional que frene, de una vez por todas, el disparate secesionista. Desgraciadamente con Podemos y sus confluencias no ha podido contarse, habida cuenta de la insólita postura que han adoptando, pidiendo dialogo a sabiendas de que era inútil dialogar con quienes ponen como condición inamovible una independencia imposible. Ahora, habrá que manejar con tiento, prudencia y eficacia los actos y los tiempos, en pos de una elecciones que clarifiquen, o al menos atemperen, las cosas.


Victoria Lafora - La gran desbandada

08.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Los empresarios catalanes, que habían permanecido callados estos largos meses de deriva soberanista, le han visto al fin las orejas al lobo y han decidido salir corriendo. Antes se habían entrevistado con el Rey Felipe VI y con el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras. Y no debieron ser muy tranquilizadoras ambas citas cuando han decidido no esperar a la declaración unilateral de independencia.
Artur Más aseguró en 2015 que la independencia no supondría ninguna merma empresarial en Cataluña y que ninguna empresa se iba a deslocalizar por el "proces". En aquel momento, y han pasado dos años, nadie le desmintió. Si el relato que tan buenos resultados ha dado a los independentistas, dibujando una Cataluña fuera de España como la Arcadia feliz, reconocida internacionalmente, miembro de la UE, bajo el paraguas del Banco Central Europeo, se hubiera rebatido por los que ahora con tantas prisas se van, mucha gente no habría acudido a votar el 1 de octubre.
Ni desde Madrid, ni desde la sociedad catalana con poder e influencia en la opinión pública, se ha desmontado la catarata de falacias que se prometió desde Junts pel Si y la CUP. Y ahora estamos donde estamos.
De ahí la enorme importancia de la manifestación convocada este domingo en Barcelona donde, los hasta ahora silenciosos, van a salir a la calle y a perder el miedo al rechazo social por no apoyar la quimera independentista. No hacen falta banderas españolas, la " senyera" símbolo de Cataluña hasta que fue barrida por la "estelada", acoge a todos. Hay que acabar con el oprobio de que todo aquel que no apoya la independencia es un fascista. Los catalanes no pueden caer en la misma trampa que hizo a la sociedad vasca vivir décadas bajo el terror de no atreverse a hablar para no ser señalados.
Hay que alabar el coraje cívico de la cineasta Isabel Coixet que no ha temido manifestar su rechazo a la DUI pese a ser insultada al salir a la calle, y el valor moral de los chicos de un instituto que han defendido a sus compañeros, hijos de guardias civiles, del acoso de profesores y alumnos.
La libertad de expresión alcanza en un país democrático como es España a los que quieren marcharse como a los que no. La patente democrática no la otorga nadie. Es un derecho ganado a pulso en un país con demasiadas convulsiones.
Es evidente que si el martes Puigdemont aprovecha el pleno del Parlament para declarar la independencia, el Estado tiene instrumentos suficientes, dentro del orden constitucional, para anular este ilegalidad. Lo difícil, lo verdaderamente difícil, va a ser recuperar la convivencia, el respeto mutuo y el afecto que durante siglos ha unido a todos los pueblos de España.
Y la manifestación del domingo quiere demostrar que Cataluña no es monolítica sino plural y que nadie puede atribuirse un liderazgo único.


Victoria Lafora - Y si hoy...

01.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Con urnas de plástico opacas, sin censo, sin papeletas, con los colegios presuntamente precintados, sin validez jurídica, sin garantías, si hoy se celebra el referéndum, o un sucedáneo... Pues resultará que Mariano Rajoy y todos los miembros de su Gobierno, que con tanta contundencia se comprometieron a que la consulta no tendría lugar, van a quedar desautorizados. La autoridad del Estado quebrada y todas sus instituciones a las que el Ejecutivo comprometió en su labor, desacreditadas.
¿Quién va a atender las sentencias de un Tribunal Constitucional, máximo garante del estado de Derecho, que ha sido burlado por la Generalitat? ¿Qué papel le queda al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, cuyas sentencias han sido ignoradas una tras otra? Ese es el riesgo de utilizar la Justicia para resolver problemas políticos.
Las reticencias de Rajoy en aplicar el artículo 155 de la Constitución, decisión que dependía exclusivamente de Moncloa, por el riesgo de fraccionar aún más a la sociedad catalana y de inclinar la balanza social a favor del independentismo, no ha dado resultado. Si la proliferación de "esteladas" sirve como fotografía de la situación en la calle y si la desobediencia de alcaldes, maestros, funcionarios, estudiantes, retrata el ambiente, algo se ha hecho muy mal.
Resulta difícil de comprender que meses de reuniones semanales de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría con diferentes ministros, subsecretarios, y cuerpos de seguridad no hayan servido para otear siquiera que esto que está sucediendo en las calles de Cataluña era una posibilidad. Que el gravísimo problema estaba no solo en la anunciada desobediencia de la Generalitat y el Parlament si no en la sociedad y en las empresas que han confeccionado, a sabiendas de que el referéndum estaba prohibido, urnas, papeletas, carteles y páginas web.
¿Cómo no se había previsto que los Mossos iban a flaquear ante las primeras imprecaciones o las acusaciones de traidores? Que el cambio de carteras de la Generalitat en el mes de julio, apartando a los "tibios" y colocando en la Consejería de Interior a Forn y al frente de la policía autonómica a Trapero tenía un claro mensaje implícito: vamos a por todas.
¿De verdad el Centro Nacional de Inteligencia, que depende de la vicepresidenta, no les ha remitido informes con las adhesiones y los instrumentos con los que contaban Junts pel Si y la CUP para llevar a cabo el referéndum?

Porque, lo peor no es que se acabe votando en los parques, lo peor es que se produzcan graves incidentes de orden público. Que los provocadores, de ambos signos, que están llegando a Barcelona, conviertan la ciudad en campo de batalla donde paguen los que menos culpa tienen: aquellos a los que se prometió que el referéndum se llevaría a cabo si o si y a los que Madrid no ofreció alternativas.


Victoria Lafora - Símbolos y banderas

28.09.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Como si este país no hubiera tenido suficiente con la guerra de las banderas en la etapa siniestra de los años de plomo de ETA, volvemos a las andadas. España es estos días un arrebolar de lienzos rojos y amarillos con más o menos rayas, con estrella azul o sin ella. Del ondear en los mástiles ha pasado a cubrir las espaldas de entusiastas que, a modo de poncho, las pasean por las calles. Por si fuera poco el colorido espectáculo de unos y de otros, acaban de aterrizar en Cataluña una representación de cuanto nacionalista hay en Europa (que todavía quedan y crecen como se ha visto recientemente en Alemania). Vienen a apoyar el referéndum acompañados, como no, de sus respectivas banderas y sus trajes tradicionales. Si el asunto no fuera tan grave podría confundirse con un adelanto del carnaval.
Pese a que la bandera española ha recuperado espacio en algunos balcones sigue siendo claramente minoritaria frente a la estelada, no solo en Cataluña, si no en el resto del Estado. Salvo en acontecimientos deportivos, la bandera constitucional no suele salir mucho a la calle; somos poco nacionalistas en conjunto y se sienten mucho más los símbolos del terruño. Aspecto éste que no estaría mal si fuera la constatación del ansia de borrar fronteras en Europa o el sentido de globalidad inevitable del mundo en que vivimos. No es el caso.
En este país de memoria trágica las banderas han sido siempre excusa para golpear al contrario e incluso para matar. En nombre de la enseña que llevaba el aguilucho, hoy ilegal, se ha asesinado mucho e incluso, tantos años después, sus víctimas siguen bajo tierra en las cunetas.
Hay pues que tener mucho cuidado con los símbolos porque su capacidad de enfrentamiento tiene un gran poder de contagio. Sin ir más lejos, los restos de la todavía no desaparecida ETA aplaude el desafío catalán e insta a replicarlo en Euskadi. Recomienda aprender la lección del soberanismo de Puigdemont y seguir la misma senda con ellos de observadores. No desean tutelar el camino hacia la independencia pero sí estar atentos por si acaso se desvía de su ruta correcta. Urkullu debería tomar nota de la oferta y los ciudadanos del País Vasco recordar lo que sucedió ayer mismo.
Y otro aviso a navegantes: la Iglesia catalana, tan equidistante del enfrentamiento de la sociedad por la que vela, no va a vivir de forma confortable en la nueva situación. Que no se engañe. La CUP, verdadero poder fáctico de la independencia, ha advertido que cuando la desconexión se produzca tendrá que pagar el IBI y no habrá ayudas a la educación religiosa. Por si no lo tenían claro, frente al símbolo de la catedral de Tarragona, la diputada de esta formación, Mireia Vehi, ha proclamado que "en la Cataluña libre la Iglesia católica no será la quinta columna del patriarcado". Ahí queda eso.


Domingo, 18 de noviembre

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