
MADRID, 16 (OTR/PRESS)
Una de las tentaciones más horribles que suelen atacar a los gobernantes es usar de manera partidista la poderosa maquinaria de la agencia tributaria. Y, en España, hay políticos que han caído en esa tentación. De izquierdas. Y de derechas.
Y, también, en Estados Unidos. Allí el Fiscal General del Estado ha abierto una investigación sobre la agencia tributaria, porque se ha demostrado que actuaba con un ardor inusitado con los republicanos, mientras mostraba criterios más benevolentes con los demócratas. Es como si aquí, la Agencia Tributaria crujiera a los presuntos ciudadanos de izquierdas y fuera complaciente con los de derechas o, como si en tiempos de Zapatero, Hacienda hubiera perseguido a los conservadores, reservándose una manga ancha y condescendiente con los de izquierdas.
Esta vil manipulación de anteponer el interés partidista al general, o de saltarse la objetividad que debe presidir cualquier actitud administrativa, es mucho más frecuente de lo que parece.
De vez en cuando, el lumbrera de turno de Hacienda decide que si se persigue a los famosos se dará ejemplo de que la agencia tributaria es implacable, y eso será mucho más efectivo que una campaña de publicidad. A veces, incluso, los sicarios de la Agencia Tributaria cumplen las órdenes con tal entusiasmo que humillan innecesariamente al investigado, como si se olvidaran de su propia dignidad, de las oposiciones que se han ganado, y de que su digno y meritorio trabajo corre el peligro de convertirse en algo despreciable y lacayuno.
Las persecuciones tributarias del pasado a Lola Flores o a Pedro Ruiz, que resultó absuelto, son un claro ejemplo de esta bellaquería repugnante. Hay directores de periódicos incómodos a los que se les ha enviado a los inspectores de Hacienda para tratar de domeñarlos por este procedimiento. En el caso de Estados Unidos, el portavoz republicano ha dicho: "Mi pregunta no es quién va a dimitir, mi pregunta es quién va a ir a la cárcel por este escándalo". Y, en verdad, hasta que alguien no vaya a la cárcel por estos apestosos casos de prevaricación la tentación seguirá siendo demasiado apetecible para que el político infecte deje de usar, de manera partidista, un instrumento que está destinado a consolidar el bien general.

MADRID, 9 (OTR/PRESS)
En la II República Española, esa que algunos que han leído poca Historia consideran una especie de paraíso perdido, el ministerio de Educación se llamaba Ministerio de Instrucción Pública. Como creemos que las reformas consisten, no en cambiar los aspectos básicos, sino en cambiar las palabras, pasó a denominarse ministerio de Educación y Ciencia, de la misma manera que el antiguo Ministerio de la Guerra, pasó a llamarse ministerio de Defensa, eufemismo que suena más suave, pero sin que haya variado nada el aspecto fundamental: estar preparados para la guerra.
En la escuela y en la universidad, fundamentalmente, se instruye. Se instruye en ciencias o en letras. La educación es el resultado de numerosos y complejos factores en los que la escuela no es el más importante. Lo es, mucho más, la familia, y a ello hay que añadir la educación sociológica, estética y sentimental en la que, por supuesto, interviene la escuela, pero también las amistades, el ámbito cultural que rodea al individuo, incluso el clima. Pensar que la escuela va a educar es tan pretencioso como afirmar que las facultades de Filosofía y Letras "fabrican" filósofos y escritores. Una persona educada lo es, principalmente, porque ha crecido en una familia estructurada, donde los valores no sólo se enseñan, sino que se practican. Entiendo que haya protestas en cualquier sector y, también, en el educativo, pero el educativo ostenta el poco virtuoso marchamo de ser el campeón en absentismo laboral -sobre todo en la universidad- y hay padres que quieren menos alumnos por clase, pero se olvidan de que los niños no son automóviles que se lleven a la escuela para que los tengan a punto y les cambien el aceite. ¡Ah! Y los exámenes. La vida es un continuo examen. Permanente. Hay dos o tres generaciones de españoles que llevamos dos reválidas sobre las espaldas. Y éramos adolescentes. Y salimos indemnes. Algunos, incluso algo educados, gracias, sobre todo, a nuestras familias.

MADRID, 6 (OTR/PRESS)
Todos los gobiernos, tanto del PSOE como del PP, han sido consentidores y timoratos con el fútbol profesional, o, por no andar con eufemismos, tremendamente cobardes.
La mayoría de los clubes profesionales pasaron a ser sociedades anónimas, con lo que están sujetas a las leyes mercantiles y fiscales como cualquier otro negocio... aparentemente. Los listillos que abundan en el fútbol, los que no tienen nada que ver con los jugadores y lo que sucede en el campo, se ampararon en su proyección social para enjugar las pérdidas. Es decir, aplicaron la técnica ausente de vergüenza de embolsarse los beneficios y, en el momento de las pérdidas, acudir a que las autonomías o los ayuntamientos respaldaran sus despilfarros. A mí me parece muy bien que a los jugadores profesionales se les paguen cantidades exorbitantes, porque no tengo nada que oponer a los contratos privados. Ahora bien, si esos despilfarros, y esas cantidades que bordean la obscenidad, se sufragan con nuestros impuestos, entonces es que los contribuyentes no ya solo tenemos que pagar a escote el tren de vida de los directivos, sino que también contribuimos a abonar esos fichajes de cantidades millonarias.
La Agencia Tributaria, que persigue hasta la frontera a cualquier español que haya dejado de pagar una multa de 100 euros, mantiene una calma insultante ante los 700 ¡millones! de euros que le deben los clubes de fútbol. Y hay otras deudas que, en total, llegan casi a los ¡4.000 millones de euros!
En estos momentos, una mujer que cobra una miserable pensión, y debe atender a un marido con alzheimer, se ha quedado sin ayuda a la dependencia, pero los caciques del fútbol siguen debiendo dinero. Esto ya no es cobardía, esto es complicidad culposa con los sinvergüenzas y la muestra de una miseria moral insoportable.

MADRID, 02 (OTR/PRESS)
A medida que avanza la legislatura se hace más evidente, cada día, que la pareja económica formada por Luis de Guindos y Cristóbal Montoro resulta una extraña pareja. Y, aunque la biografía política de ambos comienza en José María Aznar, y la profesional en las aulas de la universidad, se puede decir que son bastante diferentes, y no por los diez años de edad que se llevan.
Cristóbal Montoro, que hay momentos en que parece el jefe de Simpson (el director de la contaminante planta nuclear, en la serie de dibujos animados) es menos sofisticado, incluso resulta algo rudo en ocasiones. Debe poseer una fuerte convicción monárquica, al menos en su versión medieval, porque parece convencido de que los contribuyentes aguantarán cualquier subida de impuestos hasta la extenuación, y no se rebelarán nunca. Está logrando aniquilar la clase media a la que pertenecía, pero cuando se celebren los funerales enviará una corona raquítica debido al recorte presupuestario.
Luis de Guindos ha ido limando ese acento de pijo del barrio de Salamanca, que tanto irrita a los sindicalistas de provecho, pero a veces se le escapa, esa manera de hablar como si tuviera una patata frita en la boca que obligara a pronunciar las "eses" como si diera miedo quemarse la lengua, y no es por su fluido inglés y correcta pronunciación de la lengua de Shakespeare.
Rajoy, como le sucede a todos los jefes, parece disfrutar con la rivalidad de sus segundos. A mí, la forma de divertirse de Rajoy me es indiferente, pero comienzo a sospechar que sus trifulcas y suspicacias las pagamos a escote los de siempre. Y, antes de ponerse campanudos y hablar de pactos, mejor sería que pactara la extraña pareja, aunque sea a costa del futuro aburrimiento de Rajoy.

MADRID, 29 (OTR/PRESS)
Antes de que se haya cerrado la última televisión autonómica, y queden abandonadas las embajadas catetas y pueblerinas que la soberbia de los virreyes han esparcido por el mundo. Antes de que se hayan dado cuenta de que mantener coches oficiales para cientos y cientos de los concejales que pueblan España es un lujo imposible, y se haya quedado sin subvenciones las cabalgatas de carnaval, que parecía el cimiento de la cultura posmoderna. Antes, mucho antes de que se piense que la labor de la mayoría de las diputaciones provinciales podría llevarla a cabo media docena de las direcciones generales de las consejerías autonómicas, y de que se prescinda de los cientos y cientos de asesores de jerarcas de alto y medio pelo, cuyo único asesoramiento consiste en consultar en su cuenta corriente si les han hecho la transferencia... Antes de que se haya terminado el informe que llegue a la terrible conclusión de que la mitad de las Organizaciones No Gubernamental, que viven del presupuesto gubernamental, se dedican a actividades perfectamente prescindibles... Antes de que se hayan aglutinado municipios pequeños en un solo ayuntamiento, y se hayan cerrado cientos de empresas públicas de diversa dependencia municipal, autonómica y estatal... Antes, mucho antes, de que haya que reciclar las batas de los hospitales en vendas, y los vecinos tengan que llevar a mano las basuras, y los baches de las carreteras vayan agrandándose con el paso del tiempo. Antes de que alguien se dé cuenta de que tenemos un estado gigantesco que no pueden sostener los que todavía tienen un puesto de trabajo, ni siquiera sacándoles sangre de las venas, después de haberles estrujado con los impuestos, España habrá quedado destrozada entre la pusilanimidad de unos, la indiferencia de otros y la cobardía de todos.

MADRID, 25 (OTR/PRESS)
El profesor Laurence J. Peter comenzó a ejercer como maestro en el lejano año de 1941, y llegó a catedrático de Ciencias de la Educación, en la Universidad de California, en 1963. Tuvo el mal gusto de morirse a los setenta años, pero antes de esa desagradable acción, seguramente involuntaria, nos dejó un libro que fue muy popular en todo el mundo, en el decenio de los setenta, y que se titulaba "Los principios de Peter". El libro se escribió a raíz de que el profesor fue trasladado a una universidad diferente, comunicó el traslado, pero durante ¡cinco años! le siguieron llegando las cartas a la antigua dirección. Cuando, tras un lustro, logró convencer a todos sus remitentes del error, volvió a cambiarse de Universidad, y le sucedió lo mismo: la correspondencia llegaba a la Universidad que ya había abandonado. Mosqueado por el hecho, comenzó a investigar por qué, en una sociedad aparentemente eficaz, suceden con asiduidad estos errores, y de ello se produjo el libro, basado en el descubrimiento de la "jerarquiología", y cuyo principio básico reza así: "Toda persona que realiza bien su trabajo es promocionada a puestos de mayor responsabilidad hasta que alcanza su nivel de incompetencia".
Ayer, descubrimos, de manera inopinada, que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Excelentísimo señor don Gonzalo Moliner Tamborero, ha alcanzado su nivel de incompetencia, y ha demostrado su falta de aptitudes diciendo que los denominados "escraches", ese ejercicio de matonismo domiciliario y extorsión emocional, es una consecuencia de la libertad de manifestación. Una afirmación tan peligrosa como si yo, en aras de mi libertad de expresión, dijera que el presidente del Tribunal Supremo es un tonto contemporáneo, un mentecato, un imbécil y un estúpido, cosa que no pienso afirmar, porque tengo algo de sentido común, cuatro procesos en la Dictadura, y conozco la diferencia que existe entre la opinión y la injuria. El problema es que un escribidor modesto conozca los límites y el Excelentísimo señor don Gonzalo Moliner Tamborero ignore que la presión, el acoso y la coacción son una forma de violencia recogida en el Código Penal, que debería recordar y que, por las pruebas de sus insensatas declaraciones, parece que ha olvidado.

MADRID, 22 (OTR/PRESS)
He escuchado a Emiliano García-Page decir en la cadena COPE que sería bueno que el Partido Socialista de Cataluña influyera en el PSOE, y el PSOE en el Partido Socialista de Cataluña. Me parece un resumen bastante inteligente, en una encrucijada, donde se mezclan el análisis frío, el peso del bonito melodrama "Independizar en tiempos revueltos" y las ambiciones personales, que nunca faltan en un partido político, en un partido de fútbol o en un medio de comunicación.
Desde luego, si se quieren evitar dolores de cabeza y eso que se llama "política interna", que requiere mucha paciencia y un trasero con grandes dotes para resistir varias horas sentado, lo ideal de la muerte sería que los socialistas catalanes montaran su verbena, siguiendo la voluntad de los hijos de los padres que les votaron tanto, y que de hijos de charnegos han pasado a aspirantes a nacionalistas "cum laude".
El problema en Cataluña sería que los socialistas menguaría su ya declinante porcentaje, y estos nuevos y entusiastas catalanes, quizás prefirieran la izquierda nacionalista, pata negra, que la izquierda socialista con guarniciones tibias o anfibológicas. Eso, en Cataluña. En el resto, un Partido Socialista sin influencia en Cataluña, que sólo pudieran enunciar que eran amigos y residentes en España... de momento, podría levantar algunas suspicacias sobre todo en el instante en que el bonito melodrama "Independizar en tiempos revueltos" se transformase en un drama, donde hubiera más que palabras, y de las fanfarronadas se pasara a los tanques, situación que no sería nueva.
No es una sublime decisión, sino una decisión política en la que el peso de Rubalcaba -un tipo al que habrá que agradecerle algún día los importantes servicios prestados- puede ser decisivo.
Cito a Rubalcaba y a García-Page, porque en todos los laberintos resulta muy importante el factor humano. No voy a hablar de Chesterton y de su novela "El hombre que fue Jueves", pero durante estos días alguien puede entrar designado para un día de la semana y quedarse fuera del calendario. O al contrario. Pero la decisión que se tome va a influir poderosamente en el futuro de los socialistas, en particular, y de todos los españoles, en general.

MADRID, 18 (OTR/PRESS)
Decía Camilo José Cela que, en España, con la obsesión no llamarle retrete al retrete, habíamos empleado tal cantidad de eufemismos que habíamos caído en la cursilería. Desde denominar cuarto de baño a un lugar en el que casi nadie se va a bañar, hasta emplear el término "servicio", que podría servir para el servicio militar o para el servicio doméstico, sin dejar atrás lo de water clow, anglicismo con pretensiones líricas de balneario.
Cuando las sociedades se vuelven hipócritas caen en el eufemismo, que es siempre una manera nada sutil de reconocer un fracaso. Por un lado, la ministra de Trabajo, que a la emigración angustiosa de jóvenes en busca de curro fuera de nuestro país le ha llamado "movilidad exterior". Un hallazgo. Se me ocurren otros eufemismos como turismo profesional, geografía laboral, externalización de fuerzas productoras, fraternidad laboral europea o visita colectiva de mercados externos. Tampoco estaría mal consolidación de nóminas europeas.
Por otro, el ministro de Justicia, víctima de esta ola de eufemismo que nos invade, propone que, puesto que el término "imputado" ha sido desprovisto de la implícita presunción de inocencia, se le llame encausado. Bien. También se le podría denominar concernido, achacado, afectado, atribuido, atañido, referido o relacionado. En España dinero no hay mucho, pero el castellano es un idioma rico y próvido.
Claro que, a la vez, el ministro de lo mismo ha dicho que prepara una ley para que los concernidos, afectados, encausados o imputados posean la presunción de culpabilidad si son políticos y dejen de ejercer su cargo.
En Venezuela han dado un paso más, y ya a los políticos opositores les pegan en la cara e incitan a la fiscalía a que detenga a su líder, presuntamente culpable de ejercer la oposición. No hay tontería que se cometa en un país que no sea susceptible de mejora y superación en otro, por muchos kilómetros que le separen. Y Montoro -no podía faltar- denomina a su próxima subida de impuestos "armonización fiscal". Continuando con el eufemismo, se ruega que se diga hijo de madre de moral relajada y distraída en lugar del antiguo y popular término compuesto por las tres palabras tradicionales: hijos de puta.

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Lo que parecía imposible, esa circunstancia rara que solamente tiene lugar cuando los astros están, cada mucho tiempo, en una determinada posición se ha producido: el PSOE y el PP se han puesto de acuerdo. ¿En qué? En subir los impuestos. Rubalcaba enarbola el rancio y demagógico eslogan de que "que paguen más los que más tienen", y Montoro habla de "armonizar los impuestos". ¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo? ¿Por qué Montoro se empeña en considerar que la mayoría de los españoles tenemos un fino reguero de saliva, que va de la comisura de los labios a la barbilla? ¿Por qué tenemos un ministro que se cree que somos tontos de baba? ¿Y por qué Rubalcaba nos vende la averiada moto de que pague más el que más tiene? Ya paga más el que más tiene, si es obrero, dentista, ingeniero o abogado.
Porque todos los trabajadores por cuenta ajena pagan más si ganan más. Y los autónomos, que, encima, se pagan su seguridad social. Pero los ricos, los riquísimos, nunca pagan más, porque sus coches, el sueldo de sus chóferes, sus yates, sus mansiones y sus paquetes de acciones están a cuenta de sociedades anónimas. Y si hay peligro existe una fundación que sirve para con la mano izquierda patrocinar actividades y con la mano derecha evadir impuestos. Rubalcaba lo sabe muy bien, y es muy listo y ha estado en varios gobiernos, y Montoro, también, porque le consta que eso es imposible de arreglar a no ser con un estado totalitario, cosa que Montoro no debe querer, aunque podemos ir hacia ello.
El aeropuerto de Huesca tuvo cinco clientes el mes de marzo, y sigue abierto. Y este Gobierno no lo cerrará, porque está dispuesto a apretar todavía más a las clases medias, a recaudar más y no a gastar menos. Y lo malo es que, implícitamente, Rubalcaba parece estar de acuerdo.

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
España parece un mono de goma, al que todo el mundo le puede dar leña, porque se supone que lo aguanta todo. Ahí están los trincones, de variada ideología, empresarios o sindicalistas, de izquierdas o de derechas, llevándose lo que creen que es suyo , sea en subvenciones, en eres o en dietas de cajas politizadas. Por otro lado, tenemos a los soñadores de repúblicas, a los que la proximidad del día 14 les pone cachondos, y que piensan que el problema de nuestro azaroso viaje no reside en el motor, sino en cambiar la pintura que cubre la chapa. Y, al fondo, siempre al fondo, olisqueando la debilidad del Estado, los nacionalistas, predicadores de radio y tele, vendiendo el escapulario de una independencia imposible, no porque no se puedan independizar, sino porque siempre dependemos de algo: del dinero, del petróleo, de las grandes potencias y hasta de la climatología. En medio de todo esto, envolviéndose en la bandera de la necesidad ajena, un grupo de matones salta a la calle a acosar a quien no piensa como ellos o no hacen lo que ellos quieren, sin que parezca que este salto hacia atrás, hacia la ciudad del Oeste, les preocupe poco o mucho ni al sheriff, ni al alcalde, ni a los vaqueros de a pie, ni a los propietarios de los ranchos.
Te asomas a la televisión y hay barra libre de injurias. Paseas por las redes sociales y el nivel de las polémicas es parecido al de una taberna en el que la mayor parte estuviera borracho y quisiera dejar de tuitear para darse de bofetadas con el que no piensa como él.
Se supone que el mono lo aguanta todo: el derribo de la monarquía, el desprestigio total de la clase política, el robo institucionalizado y los pandilleros haciéndose dueños de la calle. Y que el sistema democrático es indestructible. Ya sólo falta que alguien haga la pregunta que se hacía Jardiel Poncela sobre las vírgenes: ¿Pero hubo alguna vez en España una dictadura?

MADRID, 1 (OTR/PRESS)
Observas alrededor, hablas con la gente, y notas una mezcla de cansancio y melancolía. Ya sabíamos que había que subir la piedra, y hacer de Sísifo, pero comenzamos a sospechar que la piedra volverá a rodar cuesta abajo mucho antes de llegar arriba. Lo sucedido con Chipre, esa mezcla de impericia, equivocación y rectificaciones vergonzantes, nos muestra que no existe el liderazgo europeo, y lo peor es que el liderazgo más próximo, el español, parece tan amustiado y adormecido como nuestras esperanzas. Peor aún: aquello de que nos iban a decir siempre la verdad, frente a las marquesas de los Brotes Verdes, ya es incierto, y el Gobierno ha caído en la tentación de maquillar el déficit, inútil tontería, porque enseguida viene el Banco de España y los expertos europeos a explicar que mienten.
Supongo que debe resultar muy cansado dar siempre malas noticias, pero es mucho peor la falsedad, porque nos desmoraliza y nos deja huérfanos de confianza. ¿Por qué habríamos de creer a Rajoy cuando nos diga que se ven luces a la salida del túnel, si no ha tenido los redaños de explicarnos que vamos hacia el 27% de paro? ¿Será verdad o será otro ejercicio de cobardía?.
Luego, el envilecimiento de la protesta, la aceptación del acoso personal como parte de la civilización, y el sectarismo político que cambia de criterio según contra quién se dirija el brote de nazismo, tan perverso como si aborreciéramos de las violaciones según fuera la ideología de la mujer violada.
Casi todo son síntomas, sí, pero los médicos saben que detrás de los síntomas está la enfermedad. Una España enferma, con un centro derecha que tiene una mayoría absoluta que va a emplear en lo de siempre, en premiar a los nacionalismos díscolos y en castigar a los ciudadanos que cumplen, a la vez que, cada día, se da una paletada más para aniquilar a la clase media, sin la cual es imposible la Democracia, pero es previsible llegar al acoso domiciliario, estimulado por el cáncer de la impunidad. ¿Hay alguien ahí?

MADRID, 28 (OTR/PRESS)
Por desgracia para los nacionalistas, incluidos los nacionalistas españolistas, en el mundo globalizado de hoy los vaivenes y las tormentas que se ciernen sobre nosotros tienen poco que ver con lo que piensan los soñadores en la vuelta de la tribu. Es probable que las alas de la mariposa batidas en el Pacífico no provoquen una galerna en el Mediterráneo, pero estoy convencido de que una decisión de un alto cargo en China, ni siquiera un ministro, puede provocar el cierre de una fábrica en Reus. Aterrizas en cualquier lugar de Europa, o de otro continente, te habla alguien del problema de identidad catalana o de la peculiaridad vasca o de la idiosincrasia gallega, y notas que en tu cerebro se forma algo muy parecido al estupor. Otra cosa es el amor a la tierra, a las tradiciones, a la historia y el deseo de prosperidad, pero unirlo eso a la deriva de la independencia produce perplejidad. ¿Nos podemos independizar del petróleo? ¿De qué haya una ocupación de Irán por parte de Estados Unidos? ¿De la banca internacional? ¿Del cambio climático?
Por eso mismo, me sobresalta que el presidente del Gobierno haya empezado el melón de las reuniones secretas. A mí, que les pago el sueldo para que resuelvan problemas y no para que los creen, me parece bien la discreción, la ausencia de declaraciones al término de la reunión, pero no sabía que tenían nada que ocultar. Desde luego, Artur Mas no esconde nada y es el gran calumniador e impulsor de afirmar que el resto de los españoles le estamos robando, aspecto que no se priva de decir y de fomentar. ¿Y Rajoy? ¿El presidente del Gobierno de España tiene que ocultar algo? Desde luego, si el propósito es torcerle el brazo a la Constitución, y violar el principio de que todos somos iguales ante la Ley, por el procedimiento de tratar el déficit de Cataluña de manera distinta al de los valencianos o los aragoneses, entonces no es que se oculte: es que le produce vergüenza el disparate que va a cometer, y en esos casos, la cara se suele caer.
Sábado, 18 de mayo
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
José Manuel Pazos
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val*
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Rufino Soriano Tena
Manuel Molares do Val
Toni García Arias
Antonio García Fuentes
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Paco Sande
Juan Ramón Moscad Fumadó
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez