Opinión

Luis del Val - Los alimentos nuestros de cada día

20.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Cualquier español que abra la alacena o la nevera de su casa se encontrará con una abundante muestra de productos que se fabrican en Cataluña. Tienen calidad, solvencia y están introducidos en el mercado. Sin embargo, en el último mes, algunas de estas empresas ha comprobado que la disminución de pedidos alcanza porcentajes superiores a los de otras etapas, porque la fanfarronería secesionista provoca esas reacciones que muchos no aprobamos, pero entendemos, porque a toda acción se corresponde siempre una reacción.
En la industria alimentaria asentada en Cataluña trabajan medio millón de personas aproximadamente. El cambio de domicilio fiscal es simbólico y sólo afecta a que los impuestos de esas empresas, en lugar de abonarse en una autonomía lo harán en otra, pero no afecta los empleados, puesto que ni se trasladan las naves, ni las factorías.
Sin embargo, comienzan a estudiarse los costos de traslados, y las posibilidades de hacerlo con argumentaciones jurídicas, porque según la legislación laboral no se puede trasladar a un trabajador de un lugar a otro de no existir poderosas razones. Pues bien, en algunos despachos de abogados ya están estudiando el problema después de algunos ejecutivos hayan han dado la voz de alarma, y hayan advertido que no pueden soportar una caída de la demanda tan continuada, por una reacción emocional en el resto de España que es imposible de controlar, debido a la permanente chulería de los delincuentes de la Generalitat. Siempre se ha dicho que pagan justos por pecadores, pero para rematar el delirio de esta historia sólo falta añadir que, en medio de la gran fuga, Oriol Junqueras ha anunciado ventajas fiscales para las empresas que se instalen en Cataluña. Tardarán un rato, porque parece que las que se marchan son tantas que taponan la entrada.


Luis del Val - 100.000 votos diarios

17.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Escuché ayer, por la mañana, la interpretación que llevó a cabo Soraya Sáenz de Santamaría del papel que le dieron para interpretar, y que llevó a cabo con tanta profesionalidad como ausencia de entusiasmo, y, luego, por la tarde, en casa de un viejo político, ya retirado, curtido en cientos de batallas, quien, al concluir la intervención, me dijo:

-Cien mil votos menos.
-¿Cómo?- quise aclarar.
-Cada día que pase, sin aplicar el artículo 155, cien mil votos pasarán del PP al partido de Albert Rivera.
A él y a mí la suerte del PP y de Ciudadanos nos importa algo menos que la de los españoles, y prolongar esta situación, esta inseguridad, este viaje de empresas, este temblor de La Bolsa, esta desconfianza de los mercados es algo que significa que un tipo de Calatayud siga sin encontrar empleo o que un autónomo de Tarragona se plantee seguir o no seguir con el riesgo que ha asumido.
Parece como si un árbitro timorato y partidista ordenara la prórroga del partido a ver si, por fin, el equipo de sus preferencia mete un gol y se alza con la victoria, y ya sabemos que el ultimátum de los lunes es algo que no tiene efectos hasta el jueves, que la firmeza es un término alejado del concepto del hormigón, y que el término "proporcionalidad" nos suena a miedo o, peor aún, a cobardía.
Hacen bien los delincuentes de la Generalitat en tensar la cuerda, porque saben que están ante un grupo que tiene suelto el cinturón, y que tienen tanto miedo a sujetarlo en la posición adecuada, por no asfixiar a los delincuentes, que nos tememos que se les caigan los pantalones.
Desde luego Cataluña es España, pero España es algo más, bastante más que Cataluña, algo que parece que se les ha olvidado a los habitantes de Moncloa a partir de mirar sólo un trozo del mapa. Y esa otra España, que suma 40 millones de habitantes, comienza a estar defraudada de estos complacientes árbitros, de estos timoneles timoratos, que además de despreocuparse de los efectos secundarios, tampoco les importa la sangría de perder cien mil votos diarios.


Luis del Val - El tonto de la crueldad

13.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, (OTR/PRESS)

Uno de los descubrimientos más beneficiosos para la Sociología fue cuando Alfonso Ussía, con sus grandes dotes de observación, localizó al "tonto de la bandera republicana". Naturalmente, de este género han derivado varias especies y, alrededor del 12 de octubre, aparece el "tonto de la crueldad", que organiza actos diversos para que los españoles nos avergoncemos de lo que sucedió hace cinco siglos en América. Hasta ahora, nadie ha hablado de la crueldad de los anglosajones del siglo XIX y XX con las tribus indias del Norte de América, hoy Estados Unidos, ni hay franceses que digan que hay que avergonzarse de la crueldad que ejercieron en China, ni británicos que les apetezca recordar las maneras que emplearon en la India. Por cierto, ni hindúes, ni pakistaníes, ni chinos, ni congoleños se quejan en el siglo XXI de lo que sucedió en sus pueblos cuando estaban colonizados por belgas, franceses o británicos, ni hay un congoleño con apellido belga o un hindú que se apellide Schmidt, o un senegalés que ponga Lacroix en su pasaporte. Y, al contrario, uno puede encontrarse en Cuba o en Honduras, en Filipinas o en Perú, con un ciudadano, macho o hembra, de rasgos evidentemente mestizos, que lleva como apellido un García, un Rodriguez, un Martínez o un Galindo.
La enorme diferencias entre las diversas colonizaciones europeas y la española -que aportó el origen etimológico- no es la crueldad común en cualquier ocupación de un territorio, sino que, además de proporcionar muerte, también aportó vida y apellidos. Y, hoy, hablamos la misma lengua y rezamos a los mismos dioses, y compartimos la patata y el caballo, o la viruela y la sífilis, porque de todo hicimos intercambio, además de intercambiar la sangre. Pero no se esfuercen, el tonto de la crueldad, como el tonto de la bandera republicana, no son especies a extinguir.


Luis del Val - Los perros como síntoma

06.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Los perros policías, esos que descubren la droga oculta en un coche de niño, o perciben rastros de pólvora en el interior de una maleta, tienen su jubilación anticipada, no porque no pudieran seguir haciendo su trabajo, sino porque de la perfección de su misión depende nuestra seguridad, y son sustituidos por otros ejemplares más jóvenes, y con las facultades olfativas en toda su potencia.
¿Y qué pasa con esos perros? Nos han permitido vivir más tranquilos, han transformado su vida animal por nosotros, y los desechamos cuando ya no nos sirven, como si fueran un hacha vieja o una cacerola desportillada.
En el año 2015, un grupo de policías, sensibles tras ver cómo sus perros eran apartados tras siete u ocho años de dedicarse a nuestra protección, fundó una sociedad sin ánimo de lucro, a la que denominó "Héroes de cuatro patas". Su objetivo es recoger a estos perros, ya fuera de servicio, y buscarles acomodos en adopción por parte de aquellas personas o familias, que les quisieran mostrar su agradecimiento.
Esta semana, una ciudadana catalana, que había adoptado a dos de esos perros, los presentó a un concurso canino, pero cuando los organizadores se enteraron de que los perros habían trabajado en favor de nuestra seguridad -de la suya y de la de todos- pero en compañía de un policía nacional o de un guardia civil, expulsaron a los dos perros, por su pasado escasamente secesionista.
Ni André Breton, ni Dalí, ni el más avezado de los surrealistas, podría haber supuesto que esto ocurriera, en la realidad. Ni siquiera en los años del más feroz nazismo alemán, los perros o los gatos que convivían con las familias judías fueron acusados de nada, lo que nos indica que no hay exceso que no se pueda superar, y que Cataluña está ya pasando del drama al esperpento. No cabe duda de que esto nos tranquiliza. Si el separatismo está en manos de un grupo que admite a unos majaretas que sospechan de los perros, estamos salvados. Pueden ser detenidos mientras interrogan a un gato por su desprecio a la butifarra.


Luis del Val - ¡Pobres sindicatos!

03.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Si no existieran los sindicatos habría que inventarlos, pero hay que reconocer que los liderazgos sindicales son como para desilusionar al más entusiasta partidario de la lucha de clases. Cuando crees que a UGT o a CCOO ha llegado el secretario general más inane de su historia, de pronto, viene el sucesor y consigue que añoremos al inútil al que ha sustituido.
La penúltima tontería contemporánea que están a punto de cometer las dos centrales sindicales mayoritarias es convocar una huelga general a favor del independentismo en Cataluña. ¿Qué les interesa a los trabajadores de Cataluña? Indudablemente la independencia: un aumento del paro espectacular, una bajada del Producto Interior Bruto espeluznante, y un panorama de pensiones que dependería del Gobierno de España. Los sindicatos, con esa falta de inteligencia que demuestran año tras año, se colocan a favor de los trabajadores, y a favor de un sunami económico, que a la patronal no le irá bien, a las medianas empresas, fatal, y a los trabajadores les dejarían en el desamparo más terrible.
Contemplas con estupor que los sindicatos vayan del brazo con el secesionismo, y llegas a la conclusión de que todo ha cambiado en este mundo, todo, incluso las monarquías, pero siguen impertérritos los sindicatos tradicionales y el repertorio de la tuna. La huelga general para ayudar al separatismo viene a ser como cantarle "Clavelitos" a una pareja joven, que están cometiendo un doble adulterio. ¡Da lo mismo! El declive de la afiliación, la preocupante falta de poder de convocatoria, la ausencia de liderazgos humanos, resulta que tiene una solución: ir del brazo de esa mezcla de anarquismo y burguesía, patronal y antisistemas, que es ahora mismo el nacionalismo catalán. Millonarios e iluminados totalitarios a los que los sindicatos les pretenden aportar las últimas briznas de prestigio que les quedan.
Me acuerdo de Nicolás Redondo, de Marcelino Camacho, de Fidalgo, de tantas personas que se dejaron la piel por mejorar las condiciones de los trabajadores, y sólo me sale una sucinta y pesimista frase: "¡Pobres sindicatos!"


Luis del Val - Caducidad del enardecimiento

29.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Enardecer las emociones y avivar los ánimos de una sociedad es bastante sencillo. Los demagogos y los populistas lo saben muy bien. Lo difícil es mantener el enardecimiento, porque le sucede lo mismo que al champagne, o, en versión más humilde, a la gaseosa, y es que una vez expulsada la presión pierden fuerza y tienden a agotarse.
Organizar una manifestación en sí mismo crea un gran entusiasmo por el éxito, y se lleva a cabo en medio de grandes esperanzas. Pero una vez que el partido se ha jugado, es decir, una vez que se ha logrado el éxito de participación, y han asistido más personas de las que se esperaban, y los medios de comunicación han reflejado con fidelidad el suceso, no puedes convocar otra manifestación al día siguiente, ni siquiera a la semana siguiente, porque la gente no ha venido a este mundo a manifestarse, y suele tener familia, amores, amigos, incluso un empleo o la búsqueda de uno mejor, puede que aficiones a leer, a viajar, a tomar copas, a ir al cine o a coleccionar sellos, o a recoger setas, aunque la sequía está haciendo peligrar la cosecha de otoño.
El enardecimiento no es un yogur, pero tiene su caducidad, o su tiempo de recuperación. Las situaciones extraordinarias no pueden prolongarse de manera indefinida, porque necesitan descanso y recuperar fuerzas. Y está claro que los que obtienen su sueldo de las manifestaciones, y de las situaciones extraordinarias provocadas por la política, estén obsesionados por una alta cota de productividad, pero hasta en la música los grandes finales son breves, mientras que un adagio se puede prolongar sin que se fatiguen los oídos del oyente; y el mejor corredor, después de una carrera, no puede emprender otra de manera inmediata. A no ser que los anarquista de Europa, y los filoetarras del País Vasco que están viajando hacia Barcelona, logren algún incidente luctuoso, el día 3 de octubre la mayoría de la gente recordará que tiene su vida, y que existe esa vida más allá del secesionismo.


Luis del Val - Algunos trabajan

26.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Mientras parece que casi toda España estamos pendientes o participando en el "Master Chef del Independentismo", organizado por los aspirantes a dar un golpe de Estado con una instancia, hay gente que trabaja.
Representantes de seis países, expertos en servicios de inteligencia, seguridad y defensa, asisten en Jaca a un curso titulado "Seguridad y Defensa: conocer el pasado para preparar el futuro". Detrás de este título académico lo que yace es un riguroso análisis del reto del yihadismo en Europa, su evolución y la manera de afrontarlo para que lloremos sobres las menos víctimas posibles, porque víctimas seguirá habiendo.
Entre los 160 alumnos, de seis nacionalidades, los hay civiles y militares, espías, expertos en Defensa y universitarios de diferente laya. El curso está organizado por la cátedra "Miguel de Cervantes de la Artes y las Letras", dependiente de la Academia General Militar de Zaragoza, y se desarrolla en Jaca. Me extraña que un tonto contemporáneo de los que tanto abundan no arremeta contra Jaca, donde tuvo lugar un intento de golpe de Estado -casi ayer, ¡en 1930!- o contra la Academia General Militar, que fue dirigida hace casi un siglo por el General Franco, nada menos que en 1928. No me explico como el tonto contemporáneo de la memoria histórica, que siempre hay alguno de guardia, no haya lanzado un ladrido contra estos expertos que amplían y coordinan sus saberes para aumentar nuestra seguridad.
Bueno, lo de Jaca, si supieran Historia, les tendría que gustar, porque fue para declarar la República, pero el general Berenguer mandó fusilar a los capitanes Fermín Galán y Angel García. No eran multas, ni inhabilitaciones, y los golpes de estado se tomaban en serio.
Ahora todo es una fiesta y los universitarios de Barcelona han tomado el claustro. ¿Para protestar porque ninguna universidad pública, ni catalana ni española está entre las 200 mejores universidades del mundo? No, protestan para ser independientes y, al día siguiente, la Autónoma de Barcelona hará temblar a Cambridge, Oxford y Harvard y todos los alumnos tendrán matricular de honor.
En fin, menos mal que hay algunos que trabajan.


Luis del Val - A ver si nos rescatáis

22.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Ayer, estaba organizando la agenda en el móvil, y con la habilidad normal en el manazas que soy, debí pulsar una tecla, y recibí una llamada de contestación. Hace mucho tiempo que no la escuchaba. La conocí, en el decenio de los 70, a raíz de la publicación de un ensayo sobre la mujer del que era autora. Un ensayo bien pertrechado, ameno, objetivo, y alejado de los excesos del feminismo, facción rampante. Me pareció una mujer inteligente, y lo es. Pertenece a la burguesía tradicional de Barcelona, y volvimos a encontrarnos, a principios del siglo XXI, al crear ella una empresa en Madrid. Cuando ya supe quién era, inquirí si continuaba viviendo en Madrid, y me informó que hacía años que residía en Barcelona. Y añadió, en un tono donde mediaba la broma y la preocupación: "A ver si nos rescatáis". No le concedí demasiada importancia hasta que los acontecimientos han demostrado que la situación va a peor, y que no hay síntomas de que haya nadie dispuesto a que mejore.
Hay que rescatar a esos mossos, a los que sus jefes convierten un día en héroes, y, pocas semanas después, en villanos. No se entiende que unos mossos asistan con flemática paciencia al destrozo de unos vehículos de la Guardia Civil, de la misma manera que no entenderíamos que los guardias civiles presenciaran, con estoica parálisis, la destrucción de coches pertenecientes a los Mossos D"Esquadra, a no ser porque hay unos jefes que con malicia ofenden su dignidad y ensucian su labor. Hay que rescatar a esos guardias de la Benemérita, que viven con sus familias en pequeños cuarteles del territorio, porque pueden ser -ya lo ha sido- objeto de acoso e intimidación. Hay que rescatar a personas sensatas como mi amiga que, al igual que centenares de miles de catalanes, están callados para no provocar a la chusma. Y, sobre todo, hay que rescatar la decencia y el decoro en el ejercicio de cargos de gobernabilidad, cuando se ensucian con el embuste y la maliciosa intención de avivar los odios.


Luis del Val - La inteligencia derrotada

15.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Casi todos hemos observado que esa hija de los vecinos, poco agraciada, de maneras bruscas, y con muestras de no descubrir nunca un remedio contra el cáncer, aparece un buen día con un joven apuesto, agradable, y de apariencia inteligente. Y nos sorprende, porque aplicamos el razonamiento a una situación que no está regida por la inteligencia, sino por las emociones. Podemos ser muy objetivos y perspicaces, pero a la hora de valorar a las personas que amamos, sea un hijo o una íntima amistad, nos mostramos como sujetos, o sea, subjetivos, y nos inclinamos por enaltecer sus facetas virtuosas y despreciar sus vicios.

El Brexit, el secesionismo catalán o la elección de Donald Trump, no se deben al resultado de unas profundas reflexiones, sino al miedo, al racismo o a ese desamparo que surge en los momentos de crisis, y que nos lleva a buscar la salvación en la separación de los otros o en la búsqueda de un totalitario que haga de jefe, o sea, de caudillo. La libra no cesa de caer; Frankfurt, e incluso Madrid, van a ser sede de muchas de las multinacionales que hoy radican en Londres, pero son pocas, muy pocas, las personas que en el Reino Unido señalan los enormes perjuicios económicos que va a causar el Brexit.
Josep Borrell publicó un libro donde se demostraban de manera irrefragable, y con números, la desastrosa realidad que suponía para Cataluña separarse de España, amén de la absurda mentira del "España nos roba", también con números. Nadie le ha refutado. Pero tampoco ha convencido a los secesionistas, ni a sus seguidores, porque no están guiados por la inteligencia, sino por las emociones. Afortunadamente los puentes no se construyen con enardecidas emociones, sino con cálculos de ingeniería. Por eso, los puentes no se caen. Por eso, las sociedades naufragan tan a menudo.


Luis del Val - Manifestación por independencia

12.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

No conozco en los dos últimos años ninguna independencia que se haya logrado a través de una manifestación. Las manifestaciones conciencian, caldean los ánimos, y pueden ser el prefacio de un conflicto que desemboque en una guerra de la Independencia, pero es muy difícil que, por muchas personas que salgan a la calle, se logre una independencia. La última en la Historia de España sucedió hace ya 209 años y no fue precedida de ninguna manifestación.
Tampoco es un objetivo que se pueda lograr a través de un contencioso-administrativo, como cuando te resistes a pagar una multa de tráfico, al menos yo no tengo noticias.
Con una manifestación de 800.000 personas los aragoneses lograron paralizar un Trasvase del Ebro bastante problemático, y hecho deprisa y corriendo. Salieron a la calle más de la mitad del censo de Aragón, y el propio José María Aznar, a la sazón presidente del Gobierno, y sin fama de blando, se quedó bastante sorprendido. Pero si en lugar de pedir la paralización del trasvase del Ebro hubieran solicitado la independencia de Aragón, y en vez de 800.000 personas hubieran salido todos sus habitantes, a excepción de los enfermos que no suelen ir a las manifestaciones, ni Aznar, ni creo que nadie que estuviera al frente del Gobierno, hubiera dicho amén.
Parece que el nuevo mantra sobre la independencia se basa en el número de personas que vayan a la Diada, y que ese porcentaje va a ser clave. Desde mi punto de vista no me parece probable. Esos sí, puede ser bronca, violenta, e incluso con letales consecuencias para alguien, porque las estadísticas nos dicen que morir en una manifestación no constituye ninguna excepción. Espero que eso no suceda. Y que haga buen tiempo, porque las manifestaciones, como las procesiones, se deslucen mucho con la lluvia.


Luis del Val - Totalitarios sin ejército

08.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Observando a la presidenta del Parlament actuar como "estricta gobernanta", e interpretar el papel con tanta convicción, me surgió esa inquietante pregunta de si el totalitario nace o se hace. No cabe duda que se necesita un carácter autoritario de principio, y esos agravios que el resentido acumula en su biografía para llegar a ser un totalitario de provecho, aunque, luego, el medio ambiental sea propicio.
Nuestra estricta gobernanta siempre ha mostrado vocación. Cuando era concejal del ayuntamiento de Sabadell, según cuenta Fernández Barcelona, quiso ser jefa directa de los guardias municipales, pero sus propios compañeros de Ezquerra Republicana le aconsejaron al alcalde que no accediera a la petición, porque la encontraban demasiado autoritaria. Y la verdad es que, ayer, sólo faltó que llamara a los guardias para que hicieran callar por la fuerza o expulsaran a alguno de sus compañeros diputados, que no se mostraban genuflexos ante sus órdenes. Desde el gesto a la acción, desde la expresión resentida hasta la manera de hablar, la estricta gobernanta se mostró sin disimulos como una autoritaria de provecho, que en esa dictadura que quieren pergeñar a través de la ley de transitoriedad, brillaría con luz propia y sería ejemplo a seguir del nacional-totalitarismo catalán.
En Venezuela, Nicolás Maduro, sin necesidad de una ley de transitoriedad ha llevado a cabo un autogolpe de Estado sustituyendo a los diputados elegidos democráticamente por una Asamblea Nacional que está a sus órdenes. Pero, claro, Maduro tiene a un ejército obediente y corrupto, que cobra del narcotráfico y no le molesta. El problema del totalitario es cuando carece de fuerza real para respaldar sus arbitrariedadades y sus micciones sobre leyes y reglamentos. Es como soltar a un carnívoro en una frutería o a un vegetariano en un asador argentino. A los totalitarios no les desanima ver el parlamento medio vacío, ni dividir el país en dos, porque saben que una vez con el poder absoluto todos irán entrando en razón y se darán cuenta de que estaban equivocados. Y están en lo cierto. En la dictadura de Franco todos éramos afectos a la Secretaría General del Movimiento por obligación. Lo terrible, lo patético, es contemplar a estos totalitarios de vocación, sin un ejército que les respalde, ahondando en el esperpento.


Luis del Val - Presidentes y yogures

03.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, (OTR/PRESS)

Albert Rivera quiere que los presidentes de Gobierno, como los yogures, vayan acompañados de su fecha de caducidad: ocho años. Para un yogur sería demasiado, pero Rivera cree que para un presidente ya está bien.
Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Entre las ventajas está evitar que el presidente vaya evolucionando hacia la condición de mandarín, circunstancia que en este país sólo le sucedió a Felipe González. Entre los inconvenientes, el más perceptible es que, cuando faltan dos años para terminar la legislatura, al presidente se le observará como una especie de interino, como ese jefe que ya ha anunciado su jubilación, y que casi extraña que, a la semana siguiente, siga en su puesto. La fórmula la conocen muy bien en Estados Unidos, y por eso, al presidente, en su segundo mandato le llaman el pato cojo: dice "cuá, cuá", y anda, y es pato, pero cojo. Es decir, el presidente preside, y sigue siendo la máxima autoridad, pero la gente lo mira como se mira a los cerdos a medida que se acerca San Martín.
Si Albert Rivera piensa que con esta reforma las cosas nos van a ir mejor, no soy quién para dudar de sus propósitos, pero supone una reforma constitucional, y las reformas constitucionales no se pueden llevar a cabo por mayoría simple, algo que creo que se le olvidó al anunciarlo, o no cayó en ello. Y, luego, el peligro del "poyaque", que suele acompañar cualquier reforma: "Po ya que estamos aquí, cambiemos también el suelo y tiremos la pared". Es decir, que puestos a limitar el mandato presidencia, y una vez abierto el melón constitucional abierto, haya unos que quieran limitar algunas cosas, y otros extralimitar otras, porque la tentación, cuando ya has traído el yeso y el pico, es difícil de resistir, y ya nos advirtió Wilde que la única manera de resistir la tentación es caer en ella. Por otro lado, siento un principio de melancolía, si esta propuesta sigue adelante, ante la inminente despedida de Albert Rivera, que me imagino que cederá sus trastos a Girauta, o a quien decida el partido, porque Albert Rivera lleva ya dos lustros al frente de Ciudadanos, a no ser que el descubrimiento de su medicina no sea aplicable a él mismo, cosa que sugeriría razonables dudas sobre los argumentos del prescriptor.


Sábado, 21 de octubre

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