Opinión

Luis del Val - Machismo jurídico

21.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

La presunta mujer violada por los presuntos violadores en los pasados sanfermines, ha sido sometida a espionaje por parte de detectives profesionales, siguiendo el encargo de uno de los abogados de la defensa. Y el Tribunal ha admitido el informe del espía. Parece, pues, que se abre un nuevo horizonte de atenuantes insospechados.
Por ejemplo, un presunto atracador es atrapado y sometido a juicio. Y, en el juicio, el abogado del presunto atracador presenta unas grabaciones del director de la sucursal, donde se le ve sonriente y feliz, celebrando el cumpleaños de un amigo, o marchándose a cenar con su mujer y, luego a bailar en una discoteca. ¿Eso significa que el presunto atraco merece una pena más suave? ¿Qué habría tenido que hacer el director de la sucursal? ¿Ponerse un sayal de penitente y lamentarse por las calles de lo ocurrido? ¿No salir de casa y aportar el certificado de una depresión, como la que tienen ahora los nacionalistas?

Unos ladrones desvalijan la casa de una señora. Atrapan a los ladrones. En el juicio, el abogado defensor de los presuntos ladrones presenta unas grabaciones donde la víctima desvalijada se marcha con una amiga a comprar muebles nuevos, y se le ve feliz y sonriente en compañía de su amiga. ¿Pero desvalijaron la casa o no? Volviendo a Pamplona ¿Esos cinco valientes fueron seducidos por la chica a pesar de lo mucho que se resistieron o entre los cinco violaron a la mujer? Porque mi inmensa ignorancia sobre el Derecho Penal, acompañada de un elemental sentido común, no comprende que la violación dependa de si, después, la violada entra en un convento, se recluye en casa o intenta hacer vida normal. Lo comprendería en algunos lugares sometidos a la teocracia musulmana, donde seguramente a la mujer la lapidarían por haberse dejado violar, pero estamos hablando de un Estado de Derecho donde se supone que todos somos iguales ante la Ley. Y no lo entiendo, a no ser que estemos hablando de machismo jurídico.


Luis del Val - Chulería continuada

17.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Durante dos años, los delincuentes que dirigían la Generalitat de Cataluña se pasaron las sentencias del juez que ordenaban devolver 46 obras de Arte al monasterio de Sijena por el forro de su secesionismo. Durante dos años, las órdenes judiciales y los requerimientos del gobierno de Aragón los observaron con la displicente molestia de quien está comprometido, en asuntos graves e importantes y alguien le importuna con tonterías. Ahora, un juzgado de Huesca ha solicitado al eventual consejero de Cultura de la Generalitat, que no es otro que el ministro Méndez de Vigo, que ejecute la sentencia. ¿Y qué ha dicho el ministro? Que abordará el asunto con mucho interés y sumo cuidado. Lo del interés lo entiendo, porque si se ha aplicado el artículo 155 para reponer la legalidad y, repuesta la legalidad, se siguen incumpliendo las sentencias, para este viaje no se necesitaban alforjas, ni siquiera un botellín de agua mineral. Pero lo que me asombra mucho es lo del "sumo cuidado", es decir cuidado supremo, como si el requerimiento de un juez para que se cumpla una sentencia fuera algo así como una tarántula de la que hay que protegerse o un frasco de ácido clorhídrico que puede destrozar la piel de la mano si se entra en contacto con él.
A mí me cae bien el ministro de Cultura, pero no le veo cara de velocidad, ni hombre que se deje llevar por las prisas. Es decir, que de aquí al 21 de diciembre, en tanto que lo estudia, lo reflexiona, lo piensa y lo decide, ya tendremos resultados electorales y, entonces, "con sumo cuidado" a punto de formarse un nuevo gobierno de la Generalitat, no me imagino al ministro dando órdenes urgentes para que una chulería tan evidente se restañe. Y, si es así, que le diga a su colega Zoido, que se puede provocar un asalto al museo de Lérida por parte de aragoneses cabreados por partida doble, y que también tienen forros, como todo el mundo.


Luis del Val - Buena precampaña

10.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, (OTR/PRESS)

En las sedes del PP, PSC y Ciudadanos, había ayer, a últimas horas de la tarde, rostros sonrientes y expresiones sosegadas. La tensión de la precampaña, y el temor a que una situación extraordinaria derive en unos resultados también extraordinarios, pero sin saber hacia qué orilla va la ola, se fue desvaneciendo a medida que se constataba el enfado de la ciudadanía catalana, no con la huelga, sino con el sabotaje. La huelga es un derecho de los trabajadores y un inconveniente para los que no la quieren secundar, pero el sabotaje es un secuestro de las libertades de los demás, una coerción insoportable, que sólo se puede ejercer con violencia, porque se violenta el libre albedrío, cuando se obliga a un vehículo a detenerse o cuando se impide a un ciudadano que ha comprado un billete para ir a Zaragoza, a un entierro o a una boda, subir al tren.
Un militante en uno de los partidos constitucionalistas, de cuyo nombre no quiero acordarme, me comentaba ayer con anhelo: "Si llevaran a cabo, una semana antes de la campaña, un par de tonterías como la del miércoles, estaríamos salvados". Y añadía: "Por supuesto, que antiguos miembros de Convergencia jamás votarán al PSOE o a Ciudadanos, pero es posible que lo hagan al PSC o que se queden en casa. Y eso no es nada bueno para los secesionistas".
Y quedan dos imágenes para la memoria de quienes no estamos en el ojo de la tormenta: la de los mossos protegiendo a los saboteadores de los ciudadanos cabreados a los que, presuntamente, deberían defender, y la indecente manipulación de los niños llevados al follón con tanta inconsciencia como miseria moral. La decadencia ética ha llegado a un punto de difícil retorno. Puede que la economía se recomponga, y que vuelvan algunas de las más de dos mil empresas que huyeron del anunciado desastre, pero es muy difícil que retorne el sentido común y la dignidad.


Luis del Val - Begin the beguine

07.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Ha costado bastantes días que las molleras secesionistas admitieran que, en un Estado de Derecho, los gobernantes no pueden meter y sacar de la cárcel a los ciudadanos, sino que son los jueces. Puede que en esa República totalitaria no sea así, pero en la Unión Europea no hay ningún país que se rija por los conocidos procedimientos castristas o venezolanos.
Una vez admitida la dolorosa realidad, y sabiendo que manifestarse ante el Palacio de Justicia es tan efectivo como bailarles sardanas a los árboles, se ha ido abriendo paso la lucecita de que en la mano de los gobiernos reside la facultad del indulto, y las molleras se han relajado, porque ya saben que el objetivo es pedir el indulto para los golpistas, o una amnistía que los englobara a todos.
Pero las molleras secesionistas son reacias a admitir que los "tempos" de la Administración de Justicia son lentos. Lo son para fortuna del famoso fugado, que podrá pasar las navidades en Bruselas, pero también son pausados para la instrucción de una causa, la celebración de una vista oral, y la emisión de la correspondiente sentencia. Poniendo el turbo a toda potencia, estamos hablando del año próximo, allá por la primavera.
Así que después de este camino triunfal, donde se han logrado tantos destrozos, hemos llegado al vintage, o sea, a la moda política del año 1976, cuando la petición convertida en consigna era esta: "Libertad, amnistía y estatuto de autonomía". Lo he gritado, y no me arrepiento, aunque no sabía que la deriva autonómica iba a llegar a este grado de autodestrucción con prisas y sin pausas. Tanto desastre, tanto estrago para volver al punto de partida, como si no hubiera transcurrido uno de los mejores periodos de la vida española, olimpiadas incluidas. Franco no ha vuelto. Han sido ellos los que han regresado. Begin the begine. Vuelta a empezar.


Luis del Val - La incómoda independencia

03.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Me refiero a la independencia de la Justicia, porque de las independencias del noreste me encuentro con un auténtico empacho, al borde la oclusión intestinal del cerebro, que ya sé que no tiene intestinos, pero si los tuviera estos días hubieran producido auténticos ictus de pronóstico irrecuperable.
Eso que llamamos Democracia no es sólo votar cada cierto tiempo, sino que, en el transcurso de la vida cotidiana, un gobernante, democráticamente elegido, no pueda descolgar el teléfono y ordenarle al juez que al delincuente que esté juzgando lo deje libre, porque es un amigo, una cuñada o una novia. O que le ordene al arquitecto municipal que declare la zona rústica como terrenos de construcción intensiva, o que, paseando por el campo, un gobernante -democráticamente elegido, claro- decida que se expropie una finca, porque la ha gustado y quiere quedársela para él. Las reglas de la propiedad y de las leyes son mucho más importantes que cambiar de mediocres gobernantes cada cuatro años. Y esa independencia es incómoda para los gobernantes, que se tienen que aguantar, y soportar que todos somos iguales ante la Ley. Si no fuera así el PP habría cortado lo de la trama Gürtel. Y, en Andalucía, la Junta hubiera suprimido la investigación de los Eres de la GC (Gran Corrupción). Pero no puede. Y se aguantan.
Ahora, por ejemplo, si no hubiera independencia del Poder Judicial, es decir, si España fuera una RB (República Bananera) se les "aconsejaría" a los jueces que no fueran muy estrictos y no empezaran a meter delincuentes independentistas en la cárcel. Pero no pueden hacerlo. Porque España es un Estado de Derecho. Y Puigdemont un delincuente fugado de la Justicia.


Luis del Val - El general Della Rovere

27.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

El escritor y periodista Indro Montanelli fue encarcelado y condenado a muerte por los nazis y, allí, en la cárcel italiana, conoció al general Della Rovere, pero no era el legendario general, sino un tunante, llamado Bertone, que se dedicaba a estafar a familiares de presos con sus dotes de actor, prometiéndoles cosas que no estaban a su alcance. Los nazis le detuvieron, pero observando sus artes teatrales le ofrecieron un pacto: entraría preso en la cárcel, no como un timador, sino haciéndose pasar por el general, y así, los partisanos allí detenidos le contarían detalles de escondites de armas y nombres de sus cómplices. A cambio de esa traición, a Bertone lo dejarían en libertad. Pero el estafador Bertone sufre una transformación, se niega a la horrible traición, y comienza a actuar creyéndose que es el general Della Rovere, hasta el punto de que es ejecutado como tal. La historia la contaría después Indro Montanelli en uno de sus reportajes, y Rossellini realizó una magnífica película protagonizada por un genial Vittorio de Sica, que hace de Bertone y de general, en el mejor papel de su vida.
Ignoro si Puigdemont es un tunante, o es tan estúpido como para creer que el rechazo de Europa, la huida del millar y medio de las empresas más importantes de Cataluña, y el desastre económico que se avecina con la hipotética independencia puede paliarse con voluntad y heroísmo, pero sea un tunante o un tonto contemporáneo, estoy convencido de que hoy se siente el general Della Rovere, el héroe que aclama el pueblo, el Moisés que apartará las aguas del 155, el caudillo que no puede defraudar a sus seguidores, y de que en su decisión -ya es mayor e edad y anda solo- no van a influir tanto sus asesores, consejeros y aduladores, como la convicción que tenga de sí mismo, es decir, si elige el destino heroico del general que no es, o la libertad del tunante, del desengañado, del traidor.


Luis del Val - Pasaje a Madrid

24.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

A la hora en que escribo estas líneas se especula con la posibilidad de que Puigdemont viaje a Madrid y se presente en el Senado. Me doy cuenta de que he escrito Puigdemont, a secas, lo cual es consecuente con esa familiaridad con la que tratamos a los ministros y demás jerarquías políticas, pero puede resultar ofensiva en círculos nacionalistas, porque he escuchado por la radio que su presencia, la de Puigdemont, está pendiente del formato, debido a que el presidente de la Generalitat es una institución representativa, y una institución no acude los sitios así como así.
Me imagino que el señor Puigdemont asistirá a bodas, bautizos y comuniones sin necesidad de que los servicios de protocolo investiguen dónde se va a sentar en el banquete de boda, pero me hago cargo de lo pesado que tiene que ser cuando el señor Puigdemont acuda a un sitio llevando sobre sus hombros la Institución, con lo que deben pesar las instituciones. Me imagino que hay instituciones ligeras, y muy de andar por casa, como los Amigos de la Capa, o un club de fútbol, pero debe haber otras más prosopopéyicas como el Cabildo de la Basílica del Pilar o la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que viene del siglo XIX. La Generalitat es más moderna, de 1931, pero aún así, yo sopeso lo que tiene que ser tomar el AVE o el Puente Aéreo para una institución. El señor Puigdemont se sentaría en cualquier sitio, pero a la Institución no la podemos dejar en cualquier lugar, porque se tiene que notar que es una institución. Eso, en la calle, se arregla con una carroza, o con un automóvil lujoso y una escolta, pero dentro del tren o del avión hay muy pocas opciones.
En un capítulo más del bonito serial que lleva por título "Independizarse en tiempos revueltos", estamos pendiente de si hay viaje o no, y, si lo hay, de qué manera se aparecerá la Institución en el Senado, alrededor de Puigdemont, en carne mortal.


Luis del Val - Los alimentos nuestros de cada día

20.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Cualquier español que abra la alacena o la nevera de su casa se encontrará con una abundante muestra de productos que se fabrican en Cataluña. Tienen calidad, solvencia y están introducidos en el mercado. Sin embargo, en el último mes, algunas de estas empresas ha comprobado que la disminución de pedidos alcanza porcentajes superiores a los de otras etapas, porque la fanfarronería secesionista provoca esas reacciones que muchos no aprobamos, pero entendemos, porque a toda acción se corresponde siempre una reacción.
En la industria alimentaria asentada en Cataluña trabajan medio millón de personas aproximadamente. El cambio de domicilio fiscal es simbólico y sólo afecta a que los impuestos de esas empresas, en lugar de abonarse en una autonomía lo harán en otra, pero no afecta los empleados, puesto que ni se trasladan las naves, ni las factorías.
Sin embargo, comienzan a estudiarse los costos de traslados, y las posibilidades de hacerlo con argumentaciones jurídicas, porque según la legislación laboral no se puede trasladar a un trabajador de un lugar a otro de no existir poderosas razones. Pues bien, en algunos despachos de abogados ya están estudiando el problema después de algunos ejecutivos hayan han dado la voz de alarma, y hayan advertido que no pueden soportar una caída de la demanda tan continuada, por una reacción emocional en el resto de España que es imposible de controlar, debido a la permanente chulería de los delincuentes de la Generalitat. Siempre se ha dicho que pagan justos por pecadores, pero para rematar el delirio de esta historia sólo falta añadir que, en medio de la gran fuga, Oriol Junqueras ha anunciado ventajas fiscales para las empresas que se instalen en Cataluña. Tardarán un rato, porque parece que las que se marchan son tantas que taponan la entrada.


Luis del Val - 100.000 votos diarios

17.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Escuché ayer, por la mañana, la interpretación que llevó a cabo Soraya Sáenz de Santamaría del papel que le dieron para interpretar, y que llevó a cabo con tanta profesionalidad como ausencia de entusiasmo, y, luego, por la tarde, en casa de un viejo político, ya retirado, curtido en cientos de batallas, quien, al concluir la intervención, me dijo:

-Cien mil votos menos.
-¿Cómo?- quise aclarar.
-Cada día que pase, sin aplicar el artículo 155, cien mil votos pasarán del PP al partido de Albert Rivera.
A él y a mí la suerte del PP y de Ciudadanos nos importa algo menos que la de los españoles, y prolongar esta situación, esta inseguridad, este viaje de empresas, este temblor de La Bolsa, esta desconfianza de los mercados es algo que significa que un tipo de Calatayud siga sin encontrar empleo o que un autónomo de Tarragona se plantee seguir o no seguir con el riesgo que ha asumido.
Parece como si un árbitro timorato y partidista ordenara la prórroga del partido a ver si, por fin, el equipo de sus preferencia mete un gol y se alza con la victoria, y ya sabemos que el ultimátum de los lunes es algo que no tiene efectos hasta el jueves, que la firmeza es un término alejado del concepto del hormigón, y que el término "proporcionalidad" nos suena a miedo o, peor aún, a cobardía.
Hacen bien los delincuentes de la Generalitat en tensar la cuerda, porque saben que están ante un grupo que tiene suelto el cinturón, y que tienen tanto miedo a sujetarlo en la posición adecuada, por no asfixiar a los delincuentes, que nos tememos que se les caigan los pantalones.
Desde luego Cataluña es España, pero España es algo más, bastante más que Cataluña, algo que parece que se les ha olvidado a los habitantes de Moncloa a partir de mirar sólo un trozo del mapa. Y esa otra España, que suma 40 millones de habitantes, comienza a estar defraudada de estos complacientes árbitros, de estos timoneles timoratos, que además de despreocuparse de los efectos secundarios, tampoco les importa la sangría de perder cien mil votos diarios.


Luis del Val - El tonto de la crueldad

13.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, (OTR/PRESS)

Uno de los descubrimientos más beneficiosos para la Sociología fue cuando Alfonso Ussía, con sus grandes dotes de observación, localizó al "tonto de la bandera republicana". Naturalmente, de este género han derivado varias especies y, alrededor del 12 de octubre, aparece el "tonto de la crueldad", que organiza actos diversos para que los españoles nos avergoncemos de lo que sucedió hace cinco siglos en América. Hasta ahora, nadie ha hablado de la crueldad de los anglosajones del siglo XIX y XX con las tribus indias del Norte de América, hoy Estados Unidos, ni hay franceses que digan que hay que avergonzarse de la crueldad que ejercieron en China, ni británicos que les apetezca recordar las maneras que emplearon en la India. Por cierto, ni hindúes, ni pakistaníes, ni chinos, ni congoleños se quejan en el siglo XXI de lo que sucedió en sus pueblos cuando estaban colonizados por belgas, franceses o británicos, ni hay un congoleño con apellido belga o un hindú que se apellide Schmidt, o un senegalés que ponga Lacroix en su pasaporte. Y, al contrario, uno puede encontrarse en Cuba o en Honduras, en Filipinas o en Perú, con un ciudadano, macho o hembra, de rasgos evidentemente mestizos, que lleva como apellido un García, un Rodriguez, un Martínez o un Galindo.
La enorme diferencias entre las diversas colonizaciones europeas y la española -que aportó el origen etimológico- no es la crueldad común en cualquier ocupación de un territorio, sino que, además de proporcionar muerte, también aportó vida y apellidos. Y, hoy, hablamos la misma lengua y rezamos a los mismos dioses, y compartimos la patata y el caballo, o la viruela y la sífilis, porque de todo hicimos intercambio, además de intercambiar la sangre. Pero no se esfuercen, el tonto de la crueldad, como el tonto de la bandera republicana, no son especies a extinguir.


Luis del Val - Los perros como síntoma

06.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Los perros policías, esos que descubren la droga oculta en un coche de niño, o perciben rastros de pólvora en el interior de una maleta, tienen su jubilación anticipada, no porque no pudieran seguir haciendo su trabajo, sino porque de la perfección de su misión depende nuestra seguridad, y son sustituidos por otros ejemplares más jóvenes, y con las facultades olfativas en toda su potencia.
¿Y qué pasa con esos perros? Nos han permitido vivir más tranquilos, han transformado su vida animal por nosotros, y los desechamos cuando ya no nos sirven, como si fueran un hacha vieja o una cacerola desportillada.
En el año 2015, un grupo de policías, sensibles tras ver cómo sus perros eran apartados tras siete u ocho años de dedicarse a nuestra protección, fundó una sociedad sin ánimo de lucro, a la que denominó "Héroes de cuatro patas". Su objetivo es recoger a estos perros, ya fuera de servicio, y buscarles acomodos en adopción por parte de aquellas personas o familias, que les quisieran mostrar su agradecimiento.
Esta semana, una ciudadana catalana, que había adoptado a dos de esos perros, los presentó a un concurso canino, pero cuando los organizadores se enteraron de que los perros habían trabajado en favor de nuestra seguridad -de la suya y de la de todos- pero en compañía de un policía nacional o de un guardia civil, expulsaron a los dos perros, por su pasado escasamente secesionista.
Ni André Breton, ni Dalí, ni el más avezado de los surrealistas, podría haber supuesto que esto ocurriera, en la realidad. Ni siquiera en los años del más feroz nazismo alemán, los perros o los gatos que convivían con las familias judías fueron acusados de nada, lo que nos indica que no hay exceso que no se pueda superar, y que Cataluña está ya pasando del drama al esperpento. No cabe duda de que esto nos tranquiliza. Si el separatismo está en manos de un grupo que admite a unos majaretas que sospechan de los perros, estamos salvados. Pueden ser detenidos mientras interrogan a un gato por su desprecio a la butifarra.


Luis del Val - ¡Pobres sindicatos!

03.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Si no existieran los sindicatos habría que inventarlos, pero hay que reconocer que los liderazgos sindicales son como para desilusionar al más entusiasta partidario de la lucha de clases. Cuando crees que a UGT o a CCOO ha llegado el secretario general más inane de su historia, de pronto, viene el sucesor y consigue que añoremos al inútil al que ha sustituido.
La penúltima tontería contemporánea que están a punto de cometer las dos centrales sindicales mayoritarias es convocar una huelga general a favor del independentismo en Cataluña. ¿Qué les interesa a los trabajadores de Cataluña? Indudablemente la independencia: un aumento del paro espectacular, una bajada del Producto Interior Bruto espeluznante, y un panorama de pensiones que dependería del Gobierno de España. Los sindicatos, con esa falta de inteligencia que demuestran año tras año, se colocan a favor de los trabajadores, y a favor de un sunami económico, que a la patronal no le irá bien, a las medianas empresas, fatal, y a los trabajadores les dejarían en el desamparo más terrible.
Contemplas con estupor que los sindicatos vayan del brazo con el secesionismo, y llegas a la conclusión de que todo ha cambiado en este mundo, todo, incluso las monarquías, pero siguen impertérritos los sindicatos tradicionales y el repertorio de la tuna. La huelga general para ayudar al separatismo viene a ser como cantarle "Clavelitos" a una pareja joven, que están cometiendo un doble adulterio. ¡Da lo mismo! El declive de la afiliación, la preocupante falta de poder de convocatoria, la ausencia de liderazgos humanos, resulta que tiene una solución: ir del brazo de esa mezcla de anarquismo y burguesía, patronal y antisistemas, que es ahora mismo el nacionalismo catalán. Millonarios e iluminados totalitarios a los que los sindicatos les pretenden aportar las últimas briznas de prestigio que les quedan.
Me acuerdo de Nicolás Redondo, de Marcelino Camacho, de Fidalgo, de tantas personas que se dejaron la piel por mejorar las condiciones de los trabajadores, y sólo me sale una sucinta y pesimista frase: "¡Pobres sindicatos!"


Viernes, 15 de diciembre

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