Opinión

A vueltas con España - La hora de Mariano Rajoy

22.10.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Ya se sabe con bastante detalle lo que quiere hacer Mariano Rajoy en Cataluña -en síntesis destituir a Puigdemont y al Govern y recortar las competencias del Parlament- y ahora queda por saber lo que se hará realmente, para lo cual no solo habrá que observar sus movimientos -formalmente en manos del Senado, que debe autorizarle-, sino también los de quienes abanderan la independencia de la comunidad autónoma catalana. Tal vez en dos tiempos: primero para saber qué pasa durante el proceso de intervención del Govern y de la tutela del Parlament por parte del Senado, y después para valorar el resultado de las elecciones autonómicas, el objetivo final de esta compleja operación política en la hora de Rajoy.
Son muchas las incógnitas -nada nuevo en los últimos tiempos cuando se habla de Cataluña- y pocas las certezas. Ya lo dijo Aristóteles: "No es suficiente con imaginar un gobierno perfecto e ideal, pues lo que se necesita sobre todo es un gobierno practicable, que impulse medidas de sencilla y segura implementación".
Los estadistas pasan a la historia por saber ver las cosas a tiempo y por saber encauzarlas con inteligencia, rara vez por la fuerza. Lo demostraron Helmut Kohl en la unificación de Alemania, Adolfo Suárez en el manejo de la Transición en España o Nelson Mandela en la democratización de Sudáfrica. También otros estadistas como Winston Churchill, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt y, a menor escala, François Mitterrand o Felipe González. Si bien cada uno tuvo tu especialidad y en algún momento tuvo que elegir un camino, ninguno de ellos se la jugó en un órdago. Todos ellos son políticos asociados a largos procesos históricos, con mucha política de por medio.
En el caso del problema de Cataluña han estado en primera línea los jueces y los fiscales -también los policías- para frenar al secesionismo, pero apenas hubo turno para la política a pecho descubierto. Hay quienes ven en estas medidas de Rajoy un compromiso con hacer política, lo cual puede ser cierto en la medida en que finalmente da él la cara, pero lo hace con una herramienta de alto riesgo, partiendo de un relato de lo sucedido bastante coloquial, en el que, sin dejar de arrimar el ascua a su sardina, se olvidó al menos de dos cosas: de una mínima autocrítica y de valorar el controvertido papel histórico del PP en relación con Cataluña.
Mariano Rajoy ha envuelto sus objetivos en papel de regalo -recuperar la legalidad para restituir la vigencia de la Constitución española y del Estatuto, volver a la normalidad y recuperar la convivencia, continuar con la recuperación económica, hoy en evidente peligro, y celebrar elecciones- pero el camino trazado para ello no parece fácil. Le asiste -es verdad- la legalidad española, con la que en Cataluña no solo debe imponerse sino también saber convencer. Veremos.


A vueltas con España - ¿Una Cataluña sin euro?

15.10.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID (OTR/PRESS)

El escritor y académico Antonio Muñoz Molina describe con todo lujo de detalles en el diario El País, el medio español de mayor circulación en el exterior, que "una parte grande de la opinión cultivada", en Europa y América, "y más aún de las élites universitarias y periodísticas", prefiere mantener "una visión sombría de España, un apego perezoso a los peores estereotipos, en especial el de la herencia de la dictadura, o el de la propensión taurina a la guerra civil y al derramamiento de sangre". Y, con toda su buena intención, el mundano Muñoz Molina constata que a los independentistas catalanes no les ha costado "un gran esfuerzo, ni un gran despliegue de sofisticación mediática", volver a su favor en la opinión internacional "eso que ahora todo el mundo se ha puesto de acuerdo en llamar "el relato"".
Es probable que no le falte razón a este académico en muchas cosas de las que observa, aunque algunas serían matizables, especialmente dos: 1) España es una economía internacionalizada, de las más importantes del mundo, y tiene el aval de la marca Unión Europea y del euro. Y 2) Al menos los centenares de millones de turistas que a lo largo de los años han visitado España saben, por su propia experiencia, que carece de fundamento una visión tan sombría de España.
A los efectos de la posible independencia de Cataluña, claro que pesa todo el relato de Antonio Muñoz Molina, pero como dirían los portugueses "máis non sempre". Es decir, no en todos los frentes, especialmente en la realpolitik, esto es, la política o diplomacia basada en intereses prácticos y acciones concretas, sin atender a la teoría o la filosofía como elementos formadores de políticas. Ni la Unión Europea (UE) ni los principales países del mundo van a apoyar la independencia de Cataluña, aunque no falten medios intelectuales de esos entornos que expliquen las bondades de construir una gran UE con estados más pequeños, de la dimensión de EE UU, donde son excepción casos como el de California, que vendría a ser su Alemania.
Resolver los problemas de fondo que plantea con minuciosidad el académico Muñoz Molina exige tiempo -seguramente una generación o más- y una profunda transformación de España como estado, de modo que sea posible que todos sus ciudadanos o al menos una gran mayoría en todos sus territorios, sin excepciones, sientan como propia su Constitución, su forma de Estado, su bandera, su himno y tantos otros elementos comunes que todos sabemos que asume, sin ir más lejos, un vecino de Francia. Si España no es como Francia en ese sentido es por razones culturales, históricas, políticas, sociales, religiosas e incluso económicas. Valores como el laicismo marcan más la frontera entre España y Francia que los Pirineos.
Dicho todo lo cual, en el corto plazo hay una realpolitik aplicable a los catalanes, sean o no sean partidarios de seguir en España, acepten o denigren una Constitución por lo demás en incipiente proceso de cambio, que es el imperio del euro y todo el peso político de la Unión Europea. Si Alemania no quiere, Cataluña no será independiente a corto plazo, porque fuera del euro, la próspera Cataluña se vendría abajo. Una economía exportadora como la suya tendría que dotarse de una moneda propia devaluada con respecto al euro. Un verdadero disparate no para la CUP, que habla incluso de aceptar ese escenario, pero sí para la derecha económica catalana, sus ejecutivos y trabajadores mejor remunerados, sus rentistas y sus payeses más ricos. En Cataluña no persiguen la independencia los obreros del cinturón industrial de Barcelona, sino las clases medias y las más pudientes. La base cristiana de la ANC es más que evidente. Estamos ante una posible rebelión burguesa, no ante una revolución del proletariado.


A vueltas con España - La realpolitik pisa fuerte

08.10.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Tal vez es pronto para concluir que la realpolitik se ha impuesto en Cataluña de manera definitiva pero lo que es evidente es que el ejercicio de la política basado en intereses y no en ideales se está abriendo paso, pisando fuerte.
Simultáneamente, se observa algo no menos llamativo: los líderes que más salen en televisión y que dominan las redes sociales no están siendo los más influyentes ni los más resolutivos en estos momentos decisivos en Cataluña.
Si ahora contabilizásemos en Google o en cualquiera de las grandes redes sociales las referencias de figuras como Angela Merkel, Mario Draghi, Isidro Fainé, Luis María Linde, Luis de Guindos e incluso Artur Mas al procés, ninguno de ellos encabezaría ningún ranking. Por el contrario, si hiciéramos el mismo ejercicio con Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Carme Forcadell, Soraya Sáenz de Santamaría, Jordi Sànchez, Jordi Cuixart o Josep Lluís Trapero veríamos que son los grandes protagonistas, más incluso que Mariano Rajoy o Felipe VI. La realpolitik sitúa en cambio a los primeros como los realmente influyentes.
En Cataluña no sucederá nada que se escape al control de Angela Merkel ni de Mario Draghi. Basta ver lo que hizo Isidro Fainé con Caixabank -la primera entidad financiera doméstica de España- y Gas Natural Fenosa para comprobarlo. Pero ninguno de ellos ha dado explicaciones sobre una serie de medidas financieras y empresariales que han dejado al independentismo paralizado. Frío. Tanto es así que Artur Mas, el político que puso a Puigdemont al frente de la Generalitat, dice ahora que Cataluña no está lista para la "independencia real".
¿Se reduce todo al traslado de la sede social de una larga lista de bancos y empresas catalanas, entre ellas Caixabank, Sabadell, Gas Natural Fenosa, Agbar y Criteria? No. Lo que sucede es más profundo y tiene que ver con la viabilidad de una Cataluña independiente. Fuera de la Unión Europea y de la tutela del Banco Central Europeo, los catalanes vivirían peor. La estrategia inteligente para los unionistas no es la policial, ni siquiera la judicial, es la económica. Porque es ahí donde se encuentra el verdadero valor compartido entre Cataluña y España: el dinero. A ojos de los idealistas y románticos -de uno y otro lado- puede parecer triste y desolador, pero es algo tan real como la vida misma. Como la realpolitik.


A vueltas con España - Ante un cambio constitucional

01.10.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Cuando se redactó la Constitución en 1978 no existían las autonomías como se conocen ahora -solo había una simbólica preautonomía en algunas comunidades- y España no había ingresado en la entonces llamada Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea (UE), efectiva desde enero de 1986. Son, pues, millones los españoles que al no superar los 57 años no tuvieron ocasión de pronunciarse sobre la Carta Magna.
En este contexto de tanto cambio político y de una copiosa redistribución de competencias es comprensible que se observen desajustes de alcance en la maquinaria de las distintas administraciones y, por esa misma razón, que las nuevas instituciones traten de encontrar el mejor engranaje para atajar el conflicto o deshacerse del lastre. La distinción entre regiones y nacionalidades que hace la Constitución no siempre se cumplió -el café para todos no solo ofrece ventajas, también inconvenientes-, lo cual quizás también tiene algo que ver con las causas de la actual crisis territorial, por lo demás sujeta a los vaivenes que desató la reciente gran crisis económica y financiera.
La complejidad aumenta más, si cabe, a medida que se producen intervenciones directas de la UE o del Banco Central Europeo (BCE), fenómeno reciente pero de un calado extraordinario, debido a la gravedad de la crisis financiera de España, especialmente a partir de mayo de 2010.
En un momento dado se apeló a la crisis como pretexto para aplazar la reforma de la Constitución cuando resulta que la actual se elaboró en medio de otra gran crisis política y económica. La condición necesaria sería en todo caso que el nuevo consenso necesario no sea inferior al de 1978, pero no que hay crisis.
El temor es a Cataluña, dadas sus expectativas de cambio de estatus político, pero esta circunstancia se ha visto superada por el llamado procés. Hoy, una vez descontado el 1-O, no hay disculpa posible para no reformar y actualizar la Carta Magna. Todas las cartas están encima de la mesa y boca arriba.
Ni siquiera se parte de cero, ya que hay algunas cosas que prácticamente las asumen todos los partidos políticos, como el fin de la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión de la Corona, recoger en la Constitución el hecho de la integración europea de España, la reforma del Senado y la inclusión de los nombres de las comunidades autónomas en el texto legal. Y a partir de ahí queda el encaje de Cataluña, con las lógicas repercusiones que puede tener en las demás comunidades. No por ser difícil deja de ser un reto político histórico y apasionante.


A vueltas con España - Una posible solución para todos

24.09.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Ante el 1-O, es tal la presión del calendario y de los tensos acontecimientos políticos, judiciales y policiales que casi todas las energías del Gobierno de España se centran en restaurar la legalidad constitucional en Cataluña. Pero si bien se justifica imponer la ley, no es menos necesario atacar el origen del problema, que es político, lo cual exige dialogar con el independentismo. Hoy por hoy, casi todo pinta bastante mal en Cataluña, mientras las medidas que se van tomando, por unos y por otros, solo echan más leña al fuego. Hay quien, como el periodista Antonio Franco, ironiza en El Periódico de Catalunya con que no todo está perdido... porque desde ahora hasta el 1 o el 2 de octubre todavía se puede perder más. Y si no se hace nada, por desgracia, tal vez será así.
Hace tiempo que no hablo con Mariano Rajoy porque pasó lo que pasó, lo cual a estas alturas ya es lo de menos, pero hubo épocas, que duraron varios años, en las que conversábamos a menudo, tanto en Madrid como en Galicia, y no nos fue del todo mal. Sobre todo a él, que ahora es presidente del Gobierno. Rajoy es resolutivo a cámara lenta pero en cambio es dialogante y encaja bien. Eso sí, cuando vienen mal dadas se moja poco. Plantearle una propuesta abierta para Cataluña puede darle vértigo, pero éste desaparecería si viese que es una solución para todos. O si al menos percibiese la esperanza de que no empeorará lo que hay. Es una extrapolación de lo que pude intuir durante años desde la Barcelona que me acogió cuando, como sabe Rajoy, también pasó lo que pasó; desde la ciudad donde el destino profesional nos llevó a los dos, Madrid, y desde nuestra tierra de origen, Galicia, la cuna de su aversión al nacionalismo y al mismo tiempo elemento de contraste con Cataluña, donde como él mismo me decía lo trataban mejor que en Galicia.
La mejor defensa de la Constitución sería reformarla con modernidad y realismo, con la ventaja añadida de que ese apostolado podría alejar la independencia de Cataluña. Siguiendo el argumento del exdirector del diario de referencia de Grupo Zeta, así podría ser: o bien porque otra Constitución posibilite un nuevo pacto estatutario o bien porque haga posible una consulta donde el Estado tendría que tener una alternativa seductora para que no salga un "sí" a la independencia. Nada distinto, en este caso, de lo que sucedió en el Reino Unido con el referéndum en Escocia. Es más: ¿sería posible la solución propuesta por The New York Times, partidario de que el Estado permita un referéndum y que, por su parte, los catalanes respondan rechazando la independencia de Cataluña, como hicieron en su día los ciudadanos de Escocia y Quebec?

Con otras palabras viene a decir algo parecido el periodista Luis Mauri, también en El Periódico de Catalunya, cuando explica que el único modo de salir bien de esta es ponerse a cambiar las voluntades políticas a partir del 2-O, partiendo de que en toda democracia la ley es la garantía fundamental, pero no puede ser la única y cerril respuesta a los grandes desafíos políticos.
Mariano Rajoy conoce bien cómo son todas estas cosas y si hasta ahora no acertó con la designación de interlocutores con Barcelona -ya vio que no basta con la Brigada Aranzadi-, también sabe que en el PP tiene algún que otro político que sabría reconducir la situación, si se lo pide. Y no porque haya magos por ahí sueltos, sino por sus conocimientos sobre Cataluña y el nacionalismo y, especialmente, por su talante y experiencia política. Podría ser una pena no tirar ahora de alguien así -hay quien puede buscar esa salida negociada- y de alguna manera no repetir la jugada que hizo José María Aznar con él cuando le pidió que negociara con los nacionalistas catalanes y vascos, cosa que hizo, por cierto.
La propuesta que desprende este análisis -en parte una carta abierta a Mariano Rajoy- no debe alargarse, yendo dirigida a quien va dirigida, y por eso termina aquí. Pero no sin antes recapitular sobre una idea: el enfrentamiento entre las instituciones españolas y catalanas no traerá nada bueno para la convivencia de la gente, mientras que una cesión a Cataluña en busca de un acuerdo podría evitar que al menos no empeoren las cosas. Como advirtió Enric Juliana desde La Vanguardia, que se cuide Rajoy de los irresponsables que le piden la humillación de las instituciones catalanas. ¿O no?


A vueltas con España - Un 1-O ilegal pero con riesgos

17.09.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID (OTR/PRESS)

El problema de este referéndum catalán -otra cosa sería uno legal- no es solo que sea inconstitucional, sino que no es democrático. Como advierte Josep María Castellà Andreu, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universitat de Barcelona y miembro de la Comisión de Venecia -órgano consultivo del Consejo de Europa-, el uso de consultas directas debe ser permitido solo donde está previsto por la Constitución o una ley en conformidad con ella. En realidad, son muchos más los argumentos que prueban que esta consulta carece de bases democráticas, en el fondo y en la forma, pero eso es algo que no todos los partidos asumen, empezando por los independentistas. También hay confusión entre los comunes.
Ahora bien, el barullo que rodea el 1-O es grande, hasta el punto de que ni siquiera todos los convocantes -y no digamos todos los partidos- están de acuerdo sobre el significado del propio referéndum. Pero si hay urnas -algo que el Gobierno español quiere evitar- parece asegurada la declaración de independencia de JxSí y la CUP, ya que los organizadores parten de que incluso con una participación del 20 por ciento los resultados serán válidos y se deberán aplicar. Otra cosa, claro, es que haya independencia.
¿Entonces no hay riesgo de independencia en Cataluña sobre bases ilegales e inconstitucionales? Sobre el papel no debería haberlo, pero hay países -Turquía, Rusia, Venezuela y varios estados africanos y asiáticos- donde también se pusieron urnas ilegales que surtieron efectos políticos. Por tanto, algún riesgo sí que puede haber, por extraño que parezca en un país democrático, miembro de la Unión Europea.
En buena lógica, el verdadero riesgo es otro: la división política de los catalanes y su deriva tras el 1-O. Si fracasa el referéndum -y la opción de la independencia-, se supone que habrá elecciones autonómicas en un clima de alta tensión, cuyo resultado podría complicar más las cosas para los intereses generales del Estado. Solo el diálogo político puede encauzar el fondo del problema y solo un discurso del Estado en clave catalana puede dar una alternativa convincente. La Constitución del 78 y el propio Estado de derecho pueden ser útiles para frenar el 1-O pero en algún momento tendrán que aflorar estadistas capaces de dar salida a este grave problema político que se vive en Cataluña.


A vueltas con España - La salida democrática

10.09.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Quedan tres semanas para el 1-O y no es fácil encontrar puntos de acuerdo entre los grandes bloques políticos de Cataluña ante la tensa situación actual. Pero tampoco parece imposible. En una democracia, el callejón tiene que tener salida. Malo si no la tiene, porque en ese caso no hablaríamos de democracia.
¿Cuál es la situación de partida? El periodista Antonio Franco, exdirector de El Periódico de Catalunya, cree que casi media Cataluña, constituida por independentistas reales y compañeros de viaje irreversiblemente hartos de la España que encarna Rajoy, ha decidido irse; otra casi media Cataluña, tan decepcionada por esa misma España como por la indefinida y poco democrática propuesta soberanista de Junts pel Sí, apuesta por grandes cambios en el Estado, y una pequeña minoría -la que estrictamente vota en Cataluña al PP- acepta seguir como hasta ahora.
Este diagnóstico descriptivo y a la vez crítico con los dos bloques en conflicto en Cataluña permite intuir que la salida democrática no será la imposición. La actual vía independentista no es legal ni ofrece suficientes garantías, por lo que no constituye una salida democrática, y la vía del Estado, a expensas de una reforma constitucional, está por definirse en el Congreso de los Diputados, porque lo que existe no es una alternativa política ante un problema político sino una reacción legal ante una grave crisis institucional. Falta, pues, algo esencial: definir las alternativas por vías democráticas, que necesariamente deben ser legales. Según la Constitución, solo las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado.
Como sostiene el notario catalán Juan-José López Burniol, si se pacta el reconocimiento de la singularidad de Cataluña, la contrapartida catalana, implícita en la aceptación por los catalanes mediante referéndum de la propuesta del Gobierno español, sería el reconocimiento del marco constitucional de España.
Todos los conflictos de esta naturaleza requieren tiempo para alcanzar un acuerdo, salvo que se resuelvan por vías no democráticas. También requieren calma o, si se prefiere, hablar al margen del suflé que suele generarse. En el Gobierno de Cataluña hay un suflé independentista y en el de España hay un suflé legalista, que no contribuyen a encontrar la salida. Tal vez se avance y se supere el bloqueo cuando intervenga el Congreso de los Diputados, el gran ausente de todo este proceso.


A vueltas con España - La manipulación se agranda

27.08.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Atentados como los de Barcelona y Cambrils (Tarragona), con tantas personas muertas y tantos heridos, víctimas del terrorismo basado en una visión extremista del islam, tiene tal impacto en la sociedad -una sociedad plural- que es lógico que desate tantas reacciones, a veces convergentes -caso de la multitudinaria manifestación de este sábado en Barcelona- y otras completamente divergentes. Es normal, ya que la gente es muy diversa, como la propia sociedad en su conjunto. Tal vez fue siempre así y la diferencia está en que ahora lo sabemos al instante, gracias a las redes sociales. El problema de que la gente -opinando- reaccione de maneras divergentes -incluso raras y extravagantes- no debería serlo en una sociedad que disfruta de la libertad de expresión, salvo que no aceptemos ese principio -¿universal?- del lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense Noam Chomsky cuando nos recuerda que "si crees en la libertad de expresión entonces crees en la libertad de expresión para puntos de vista que te disgusten".
Desde una sociedad democrática, institucionalizada, el problema de las opiniones discrepantes -tirándose los trastos a la cabeza- está en la manipulación que hacen las instituciones, ya que éstas deben ser de todos y no de una parte. No debe pasar nada -ni pasa- cuando una persona suelta algo procedente o improcedente en su Twitter, pero sí debería pasar algo cuando una persona utiliza su cargo público para manipular a la sociedad, sea cual sea su intención. ¿Y si lo hace un periodista, que no es solo una persona de la calle ni un cargo público, incluso si trabaja para un medio público? En ese caso se supone que hay unas reglas profesionales que deben cumplirse -una ética periodística- y unas responsabilidades editoriales de sus jefes y editores.
Durante años hubo infinidad de acusaciones a los medios públicos por manipulación, cuyos críticos se iban relevando según las etapas de alternancia en el Gobierno. Salvo en la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero, gracias a un pacto PSOE-PP para RTVE, en España ha habido escasa sensibilidad por implantar aquí las buenas prácticas de la BBC, pero ahora a este problema social -y no solo periodístico- se suma el uso que hacen no solo algunos medios públicos, sino también muchas instituciones públicas y ciertos partidos políticos de las tácticas de manipulación y burda propaganda importadas de ambientes conservadores de EE UU, radicalizados, que a menudo son puras réplicas de las malas prácticas de los propagandistas del nazismo. Curiosamente, en España, lo que en EE UU se hace casi siempre a la derecha, muy extrema, aquí puede suceder que se haga a derecha e izquierda, sin excluir al nacionalismo periférico.
El modelo, que algunos vinculan a la posverdad y palabras por el estilo inventadas sobre la marcha, está estrechamente ligado al populismo y tiene un hilo conductor de manual, basado en la insinuación, la presuposición y el sobrentendido, la falta de contexto y la inversión de la relevancia: los detalles frente al fondo de las cosas, lo que da pie a la llamada poscensura, que no es otra cosa que la inquisición popular que a veces domina las redes sociales. Dicho en otras palabras: en esta perversa manera de entender la comunicación, no hay nada más eficaz que un engaño basado en verdades, o envuelto sutilmente en ellas. La manipulación se agranda en España y el momento actual no es especialmente constructivo pero seguro que tiene arreglo con más cultura.


A vueltas con España - Demasiadas dudas ante el ISIS

20.08.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

El escritor y columnista venezolano Moisés Naím suele decir que la guerra ya no es lo que era porque con nuevas armas y formas de combate, los actos bélicos ya no son monopolio de los Estados. No solo un comando, sino incluso un lobo solitario, puede hacer la guerra. Y en esta nueva guerra que libra el mundo vale más un lobo solitario que toda una división del ejército, como concluye el escritor y periodista Julio Llamazares.
Tras los atentados de París, Francia se declaró en guerra porque había sido atacada. En realidad, lo ha sido varias veces, más incluso que España. Cualquier país que es atacado sabe que habrá más ataques y que la amenaza del yihadismo -no confundir con el islamismo- continúa. Aun siendo cierto que el yihadismo y su brazo armado, el ISIS, son una versión ultraortodoxa del islam, carece de todo fundamento considerar que el islam sea terrorista.
Tras los ataques en Cataluña son muchas, tal vez demasiadas, las dudas que surgen. ¿Debe declararse también España en guerra, como hizo Francia? ¿Basta con que lo hagan sus socios: Francia, el Reino Unido, EE UU, etcétera? ¿Debe propiciar una gran coalición, a la que sumarse, sin liderarla? ¿O cabe replantear la estrategia belicista inspirada hace años por Bush desde EE UU y secundada por sus socios de la OTAN? Dicho en otras palabras: ¿es posible cambiar el rumbo mediante un nuevo enfoque de seguridad, que supere la estrategia Guerra contra el Terror, apadrinada por Washington? Sea cual sea la respuesta, Mariano Rajoy debe tener una alternativa inteligente. La simple condena y la coordinación política interna no bastan.
Hay analistas que prefieren no recurrir a la dialéctica de la guerra y se centran en los aspectos económicos y políticos -léase también diplomáticos- del problema. Si este es el camino habrá que empezar por saber quién paga todo esto y quién o quiénes financian los ataques a Occidente. Se sabe que el llamado Estado Islámico -también conocido como el ISIS o el Daesh- obtiene dinero de los secuestros, el contrabando de armas y materias primas, y del tráfico de refugiados que propicia la guerra en Siria y el éxodo de inmigrantes. Pero se sabe mucho menos de cuál es la respuesta exacta de Occidente ante ese estado de cosas. Y menos aún de cómo maneja sus relaciones con ciertos gobiernos sospechosos y corruptos.
Los ataques terroristas en Barcelona y Cambrils mantienen abiertos los interrogantes sobre lo que está por venir. El ya fallecido escritor e intelectual español Juan Goytisolo dejó centrado el asunto: nos hallamos frente a una guerra global entre Occidente y sus aliados árabes y un grupo terrorista. A la clase política le corresponde centrar la respuesta. Si Occidente cortase la financiación del ISIS, estrangulando su existencia, y buscase algún remedio social a su propia fábrica de terroristas jóvenes, tal vez las cosas empezarían a cambiar, sin renunciar a la legalidad democrática. Porque el ISIS no ha cambiado sus planes de siempre. Como advierte Fernando Reinares, investigador principal y director del Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, el ISIS solo ha comenzado a ponerlos en marcha también en Occidente.


¿Es Podemos un buen socio? - A vueltas con España

13.08.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Un pacto autonómico entre el PSOE y Podemos en Castilla - La Mancha ha desatado un sinfín de especulaciones sobre la posibilidad de un pacto de Gobierno en España entre esas dos formaciones políticas. Lo único cierto, a día de hoy, es que el PSOE, con Pedro Sánchez al frente, solo llegó a firmar un embrión de pacto de Gobierno con Ciudadanos, algo que jamás fue posible con Podemos. Albert Rivera exageró tanto el valor de aquel pacto que vio en él la ensoñación de una nueva Transición "para otros 40 años".
Más allá de las especulaciones y de los dimes y diretes, los hechos demuestran que solo Pedro Sánchez y Albert Rivera han demostrado tener capacidad política para desbloquear situaciones complejas. Otra cosa es que -juntos- sumen lo suficiente, que fue lo único que les impidió gobernar en España para mayor gloria de Mariano Rajoy, ante la ausencia de compromiso con el cambio de Pablo Iglesias.
Desde la recuperación de la democracia, los pactos autonómicos y locales del PSOE comprenden prácticamente a todas las fuerzas políticas, desde la izquierda hasta la derecha, incluidas las formaciones nacionalistas e independentistas de distintos signos ideológicos. En cambio, sus pactos de Gobierno en España han privilegiado siempre a las formaciones nacionalistas. Un pacto de Gobierno PSOE - Podemos sería, pues, una novedad de gran alcance para la cultura política de los socialistas y de sus votantes.
¿Es Podemos un buen socio para los socialdemócratas? ¿Serán Pablo Iglesias y Pedro Sánchez complementarios? En general, el PSOE siempre ha estado cómodo en sus pactos con los nacionalistas, ya fuese en Cataluña, el País Vasco o Galicia, o en el conjunto del Estado. En cambio, tuvo muchas dificultades para gobernar con Izquierda Unida, que sería la formación política más parecida a Podemos. Incluso cuando las dimensiones políticas de unos y de otros concedían una clara ventaja a los socialistas frente a los comunistas.
Es posible que el futuro depare novedades en ese sentido, pero lo que no es descabellado es pensar que traerá consigo muchas tensiones. No hay peor astilla que la de la misma madera.


A vueltas con España - El valor de la democracia

06.08.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

"La democracia -solía decir Winston Churchill- es el sistema político en el cual cuando alguien llama a la puerta de la calle a la seis de la mañana, se sabe que es el lechero". Bajo esa atinada premisa del gran estadista británico, Venezuela ya no es una democracia, porque de madrugada puede llamar un carcelero de Nicolás Maduro. Pero a la extrema izquierda española, al menos a una parte de ese sector político, parece que le gustan más otro tipo de metáforas de lo que es la democracia. Tanto, que algunos líderes de la extrema izquierda española y nacionalista han expresado públicamente su apoyo al chavismo.
No se trata de simplificar ni de exagerar las cosas, pero llegados a este punto tiene toda la lógica preguntarse si estas personas gobernarían España al estilo de Maduro. O sea, si esta gente gobernase, ¿podría ser posible y plausible que te lleven preso de madrugada sin orden judicial? ¿O que haya presos políticos como en el franquismo? ¿O que suspendan el Parlamento, como quiso hacer Tejero?

¿Podrían operar paramilitares armados para agredir y/o matar a la gente? ¿Estaría bien visto falsear el recuento de votos en unas elecciones viciadas? ¿Podría inhabilitarse a otros adversarios, incluidos los líderes de la Oposición? ¿Sería considerada una buena gestión que no haya medicinas con la excusa del imperialismo? ¿Habría hiperinflación pero se le atribuiría a la derecha económica? ¿Podría gobernar un tirano hortera? ¿Sería posible entender la democracia como una mera herramienta para tomar el poder y apropiárselo de manera indefinida?

Algún líder que no vale la pena mencionar habló de legitimar "elecciones limpias" en Venezuela, cuando no se atienen a la propia Constitución venezolana, chavista por cierto, y plantean una representación gremial, como las Cortes franquistas, de carácter estamental. Además, ¿en qué cabeza cabe plantear una reforma constitucional -léase cambiar las reglas de la política- sin contar con la Oposición?

Todo parece indicar que hay gente que confunde la defensa de los valores de la extrema izquierda con las fechorías de gente que se declara de izquierdas pero a saber lo que será. Pasa un poco lo mismo con esto de la turismofobia. Una cosa son los defectos del turismo y otra los excesos -violencia incluida- de sus detractores.
A la izquierda del PSOE, tanto en el conjunto de España como en algunas de sus nacionalidades, hay políticos que están perdiendo la cabeza y, de paso, la oportunidad de derrotar a la derecha corrupta con posiciones democráticas. Una mala noticia para democracia española.


A vueltas con España - El riesgo de Podemos en Venezuela

30.07.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, 29 Jul. (OTR/PRESS)

El diario El País ha planteado la urgencia de que Podemos aclare si su estándar de democracia es el mismo que el que representa el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, cuya deriva autoritaria es evidente. Tanto, que algunos ya lo tachan de dictador.
Para el diario de Prisa, los españoles tienen derecho a saber si la suerte que les esperaría si Podemos gobernara y ellos decidieran oponerse a sus políticas sería similar a las que sufren los ciudadanos e instituciones venezolanas que han decidido defender la democracia del autoritarismo de Maduro.
Además de que El País, como cualquier otro diario, tiene pleno derecho a ejercer su libertad de expresión, del mismo que otros medios pueden secundar su postura o criticarla -ya se dieron ambos supuestos en España-, lo que plantea tiene una trascendencia proporcional a la dimensión política de Podemos, que es grande, como lo prueba el hecho de que el primer periódico español considere su opción como alternativa de Gobierno.
La novedad no está tanto en que un país de América Latina sufra una deriva totalitaria o que un partido político español con representación parlamentaria no condene una pérdida de calidad democrática o directamente una dictadura. Por desgracia, en España hay casos de partidos de izquierdas y de derechas que no siempre condenaron los atropellos democráticos del comunismo y el fascismo.
La novedad está en que un partido con opción de gobernar titubee ante lo que acontece en Venezuela, donde la elección anticonstitucional de la llamada Asamblea Nacional Constituyente disuelve la democrática Asamblea Nacional, elegida en los comicios del 6 de diciembre de 2015. Por el contrario, la mayoría de partidos políticos españoles, excepto Podemos, ya condenó la pretendida anulación judicial de la Asamblea Nacional, el poder legislativo venezolano. Y ahora que Maduro planea su sustitución por una asamblea constituyente de más que dudosa calidad democrática, las críticas arrecian.
No hay novedad porque el manual de estilo de la izquierda tradicional no condena los desmanes de un gobierno comunista o que pretenda implantar el comunismo, algo que en Venezuela se llama socialismo del siglo XXI de manera edulcorada. Es más: se trata de una de las grandes diferencias de los comunistas clásicos con respecto a los socialistas o socialdemócratas, partidarios siempre del reformismo en el marco del Estado de Derecho, mientras que los comunistas y afines están dispuestos a aceptar fórmulas revolucionarias por mucho que hipotequen las libertades civiles: caso de Cuba.
Tal vez el mayor perjudicado por esta posición será el propio Podemos, que seguirá teniendo votantes partidarios del comunismo -en democracia todo es posible- pero seguramente no los suficientes para ser un partido de gobierno en un país occidental democrático como es España. Y no porque lo exija El País o lo propicie la CIA, sino porque en Europa ya no se lleva ser totalitario ni defender a quienes lo son.


Martes, 24 de octubre

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