
MADRID, 19 (OTR/PRESS)
A la vuelta de la esquina está otra reforma de las pensiones. Avanza con tanta prisa que podría aplicarse ya el año que viene. Obviamente, no se trata de nada bueno: las pensiones medias tenderán a bajar, una vez aplicados los mecanismos de ajuste en el gasto que diseña estos días un grupo de expertos afines al Gobierno y a las aseguradoras, en el que también están algunas personas próximas a los sindicatos y a la izquierda, en minoría. No solo están en juego las pensiones del futuro, que ya lo estaban, sino que también lo están las pensiones actuales.
El Gobierno de Mariano Rajoy lleva tiempo creando un clima favorable para "tocar" las pensiones, en busca de una nueva reforma cuyo objetivo principal sea alargar la edad de jubilación. Como no se quiere aumentar los ingresos, se parte de la base -lógica en ese caso- de que el sistema actual puede ser inviable a medio plazo, debido al creciente envejecimiento de la población y al aumento de la esperanza de vida; máxime si, además, la economía sigue en fase de recesión y caída del empleo, ya que la aportación de un número decreciente de ocupados podría resultar insuficiente para mantener el propio sistema.
La solución más fácil es, sin duda, ampliar el número de años de ocupación para acceder al 100% de la pensión. Otra opción es calcular las pagas sobre el conjunto de la vida laboral. Y una tercera no actualizar las pensiones según el coste de la vida, sino en función de los ingresos y gastos de la Seguridad Social. Son medidas duras, pero que esta crisis ha puesto encima de la mesa del Gobierno, del mismo modo que el propósito de desincentivar las jubilaciones anticipadas para acercar la edad real de jubilación a la edad legal, a sabiendas de que el número de trabajadores que cotizan cayó a dos por pensionista.
Las propuestas que aporten los expertos que preside Víctor Pérez Díaz serán debatidas con empresarios y sindicatos, para pasar después a manos del Congreso, donde el PP aspira a no quedarse solo en la reforma. Si persiste la negativa a incrementar los ingresos, ya sea mediante cotizaciones o impuestos, para la Oposición queda poco margen de diálogo, salvo discutir cómo se ajusta el gasto.

MADRID, 18 (OTR/PRESS)
Lo ha vuelto a repetir este sábado en Salamanca: el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sigue sin ver un gran pacto por el empleo, como le propusieron los principales sindicatos, en presencia de dirigentes empresariales. Como mucho, ve posible el diálogo sobre las pensiones. Para otros asuntos se confiesa dispuesto a asumir el desgaste que sea preciso; es decir, para bien o para mal, Rajoy hará valer su mayoría absoluta y no contará con la Oposición, a la que descalifica por su tendencia a incrementar el gasto público. Obvia, de paso, una reforma fiscal que redefina a fondo los ingresos del Estado, más allá de los retoques, e implanta como norma la moderación salarial, que en realidad es una devaluación de los sueldos. Claro que Rajoy no siempre dice lo mismo. En el fondo, sabe que tiene difícil salir adelante en solitario -de hecho, hace unos meses lo insinuó él mismo en el Congreso-, a pesar de su indiscutible mayoría absoluta.
Pero no solo Rajoy es reticente al pacto. Desde la izquierda del PSOE e incluso en su ala más radical se preguntan por qué determinados medios progresistas insisten tanto en el pacto entre PP y PSOE, en vez de abogar por un pacto de las izquierdas. Parten de la base de que si la respuesta al desgaste del PP y al estancamiento PSOE es un consenso amplio, ambos partidos seguirán multiplicando su precariedad. Por eso no falta quien rechaza frontalmente eventuales acuerdos entre los llamados líderes del desprestigio, teniendo en cuenta que los ciudadanos desaprueban masivamente tanto al conservador Rajoy como al socialista Rubalcaba.
¿Hay alternativa a un pacto de Estado solo entre partidos? Sí, por ejemplo: un gran acuerdo social y político, de manera que los costes de la crisis se repartan de forma razonable, como había sucedido en los ya históricos Pactos de la Moncloa, que hicieron posible asentar la democracia en medio de una crisis económica. ¿Y hay materias para el consenso? Sin duda. Además de las pensiones, la reforma limitada de la Constitución -recordemos: Senado, reconocimiento explícito del último tratado europeo, inscripción del nombre de las comunidades autónomas y derogación de la cláusula que discrimina a las mujeres en la sucesión de la Corona- puede ser el principio de un amplio consenso. En definitiva, un gran pacto económico-social debería incluir la reforma constitucional y solventar la cuestión territorial, dadas las tensiones con Cataluña y las que previsiblemente se van a desatar con el País Vasco, una vez que ETA solo sea historia.

MADRID, 12 (OTR/PRESS)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no tiene un relato consistente para salir de la crisis -sólo hace falta ver sus malas previsiones económicas para España, compartidas con Bruselas-, pero cree haber descubierto un discurso basado en la confianza. Así, repite cada vez más una frase: "Hace un año vivíamos al borde de la quiebra, con el riesgo constante de ser intervenidos. Ahora ya nadie me pregunta si vamos a pedir el rescate".
¿Es suya esa frase o se trata más bien de un (nuevo) mensaje de la Europa "alemanizada"? España forma parte de una unión monetaria a la que le transfirió instrumentos muy potentes: la política monetaria, financiera y cambiaria. Son palancas esenciales e insustituibles para enfrentarse a una crisis de sobreendeudamiento como es esta. "Si estamos en una unión -como subraya el profesor Antón Costas, catedrático de la Universidad de Barcelona-, la salida de la crisis es cosa de dos. No se trata de implorar ayuda, sino de exigir que cada parte haga el trabajo que le corresponde". Dicho de otro modo: puede ser que Berlín esté empezando a enviar nuevos mensajes al mercado, consciente de que, tras sus elecciones de septiembre, deberá superar la llamada fase de "no acción", para adentrarse en la adopción de medidas -inaplazables- en la eurozona.
Grecia está llamada a ser el centro de atención preferente, ya sea para salir del euro o para seguir usando la moneda común tras una nueva quita de una deuda que no puede pagar. En su libro "Hay vida después de la crisis", el economista jefe de Intermoney, José Carlos Díez, estima que, dentro del euro, la quita necesaria para que Grecia esté en condiciones de devolver su deuda pública se situaría próxima al 50%, mientras que fuera del euro, y teniendo en cuenta la devaluación, sería superior al 80%.
A España tampoco le vendría mal una quita, pero su problema está más en la deuda privada que en la pública; aunque al ritmo de crecimiento de la segunda, la premisa pierde consistencia. Cuando a un país se le "ayuda", refinanciándolo o con una quita, no suele ser por solidaridad europea ni para echarle una mano de verdad: simplemente se le "ayuda" para que los acreedores -léase bancos, aseguradoras y fondos de inversión, a menudo alemanes- no pierdan su dinero. Dicho todo lo cual, España es tan grande y su deuda es tan abismal que seguramente más de uno en Alemania piensa que lo mejor es empezar por Grecia.

MADRID, 11 (OTR/PRESS)
De la mano de la escritora Yolanda Aldón, el expresidente cántabro Miguel Angel Revilla se lamenta en Mundiario de la desaparición de la economía real, en beneficio de la especulativa y financiera, y denuncia que los empresarios -se refiere a los ricos y grandes- ahora son especuladores que por no pagar ni pagan impuestos, amparados por una legislación hecha a su medida por políticos a los que controlan. Denuncia incluso que empresas como Telefónica o Endesa manejan a los políticos con sobresueldos.
Seguramente Revilla tiende a hacer caricaturas de las situaciones extremas pero en el fondo hay algo de cierto en todo lo que dice, que en versión ampliada puede leerse en su libro "Nadie es más que nadie". Frente a ese estado de cosas en las altas finanzas, a la clase política suele llenársele la boca hablando de las pequeñas y medianas empresas, las "pymes", pero a la hora de la verdad sus problemas estructurales siguen estando ahí. A la mejora de la fiscalidad y la necesidad de que el crédito fluya, se añade también la necesidad de que la Administración les pague lo que les debe.
Las "pymes", como gancho político, corren incluso el riesgo de verse desplazadas por los emprendedores, una figura con grandes potencialidades en las economías avanzadas pero tampoco tantas como para que ahora España quiera reconvertir millones de parados en empresarios-emprendedores. Una, porque no es posible, y dos, porque puede frustrar una buena iniciativa.
En contra de lo que a menudo se cree, España no tiene un problema de número de empresarios. Su problema es de dimensión de las empresas, la mayoría de las cuales ni tienen trabajadores. Según el catedrático Fernando González Laxe, director de la serie Economía del Proyecto Galicia, las empresas sin asalariados representan en España el 55% del total, y las empresas que tienen entre 1 y 9 trabajadores, el 39%. Las compañías con más de 250 empleados suponen el 0,2% del total de las empresas españolas, dato más que revelador de la precaria estructura empresarial del país.

MADRID, 5 (OTR/PRESS)
¿Cómo está la crisis tras cinco años? En principio, con más paro y menos renta disponible, en un contexto dominado por los recortes en la protección social (educación, sanidad, dependencia, seguro de desempleo...), los desahucios y una dura reforma laboral que trajo consigo más despidos y más baratos. Así es el entorno de la economía familiar en España en 2013 y el resultado de la política económica aplicada por los dos últimos gobiernos: el del socialista Zapatero y el del conservador Rajoy. Parece que España está encogiendo a medida que se inhibe su propia gente. Atenazados, los empresarios y las familias apenas adoptan decisiones.
¿Y cómo está el horizonte? Podría decirse que con luces y sombras, pero dominado por estas últimas; al menos si hacemos caso a las propias previsiones económicas de Bruselas y Madrid. Por el carril por el que va este país, se avanza poco. Tal vez España precisa arriesgar más.
En el debate político hay dos grandes alternativas para Rajoy: por un lado, la derecha liberal -Esperanza Aguirre- le pide más recortes, reducir el Estado y confiar en el sector privado para salir de la crisis, y por otro, la izquierda reclama políticas neokeynesianas; en definitiva, una reforma fiscal y más gasto público. Si España fuese un Estado eficiente, la segunda opción sería seguramente más razonable, pero la maquinaria pública requiere muchos cambios y mejor mantenimiento. Lo sensato es que haya un pacto entre ambas corrientes.
España produce casi lo mismo que cinco años antes pero ha destruido más de tres millones de empleos y tiene que sostener a dos millones más de personas. A diferencia de España, otros países ya recuperaron lo perdido en la recesión. ¿Qué le impide a España, de nuevo inmersa en otra caída del PIB, seguir el ritmo de recuperación de otros países? Entre otras cosas, la falta de competitividad y su elevada deuda, sobre todo la privada, que se multiplicó por tres en la década de los años 2000. En el libro "Cómo salir de esta" se explica que el problema más grave no es el déficit, ni la deuda pública. Lo es la deuda privada y generar menos ingresos que pagos al exterior, de manera que el país tiene desequilibrio comercial y financiero, y todo lo demás, incluido el paro y el déficit público, es una consecuencia. La caída de ingresos es brutal y las subidas de impuestos se quedan cortas para pagar tantos intereses.

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
Más de uno vio en las últimas previsiones del Gobierno un escenario tan adverso que pensó que Mariano Rajoy las había exagerado un poco, de modo que la realidad fuese mejorando la previsión y el Ejecutivo tuviera algo de lo que presumir. Pero va a ser que no.
O en Bruselas faltan intérpretes de los mensajes en clave de Rajoy o en España tenemos un problema todavía más grave de lo que pensábamos. Resulta que la Comisión Europea -eso que llamamos Bruselas- no sólo no mejora, sino que empeora las nefastas previsiones económicas del Gobierno español para 2013, hasta el punto de que pasa del -1,3% de crecimiento previsto por Rajoy al -1,5%, al tiempo que prevé un déficit público superior este año (6,5%) y el que viene 2014 (7%).
Estamos llegando a un punto en el que cuesta entender lo que está pasando, salvo que aceptemos que el cinismo se ha apoderado de la política hasta extremos inimaginables. Visto desde otra punta del mundo, podría parecer humor negro el sarcasmo de Bruselas cuando urge a España a actuar contra "los insoportables niveles de desempleo", como si el paro en España no fuese el resultado de las políticas impuestas desde Bruselas. ¿De qué se extrañan ahora? ¿Por qué eso que llamamos Bruselas, en vez de exhortar a Rajoy a hacer "todo lo que sea necesario" para aliviar las cifras del paro, no empieza por dar ejemplo? ¿O acaso creen en Bruselas que con darle dos años más de plazo a España para cumplir con el déficit ya se crean puestos de trabajo? El empleo, aquí y en todas partes del mundo, se crea cuando la economía crece y/o es competitiva. Jamás cuando hay recesión y falta competitividad.
¿Alguna solución? Por desgracia, España requiere más de una solución. Sus remedios dependen tanto de lo que se decida en Bruselas -léase en este caso Alemania- como de lo haga el Gobierno de Rajoy. Y los males son tan graves que exigen soluciones compartidas, empezando por un gran pacto político y social que incluya una reforma fiscal e incentivos a la inversión, porque para salir de esta hace falta producir más y mejor. Con recortar ya no basta. Ya lo dijo Olli Rhen, el vicepresidente de la Comisión Europea encargado de Asuntos Económicos: hay que hacer "todo lo que sea necesario".

MADRID, 28 (OTR/PRESS)
¿Ha pasado de moda la austeridad? Cuanto menos, ya no está bien vista, ni siquiera por sus predicadores, que ya empiezan a hablar de combinarla con el crecimiento. El falso dogma se desvanece y ya no cotiza, pero ha causado mucho daño. En España lo sigue causando, bajo la lupa de quienes controlan -desde Bruselas, Frankfurt y Berlín- la ejecución de severas reformas, rara vez eficientes. Como suele ironizar la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, entre la austeridad y el "austericidio" tiene que haber un punto medio.
¿Qué ha pasado o qué está pasando? Dicho en pocas palabras, la falta de resultados en España y en otros países está empujando a la Unión Europea a fijarse menos en los plazos del cumplimiento del déficit, manteniendo pisado el acelerador de las reformas; léase ajustes.
En tan adversas condiciones de deuda y pago de intereses, de lo que se trata es de hacer compatible la austeridad con la reactivación económica. Un botón de muestra: la Administración española incentiva la venta de automóviles y eso se ve que da resultados. Modestos, pero resultados al fin y al cabo. Políticas así, de estímulo, podrían extenderse a otros sectores como el turismo, las exportaciones de bienes que creen empleo en España, e incluso la construcción, sin perder el norte de las cosas, para no repetir los males del pasado. Como se indica también en el libro "Cómo salir de esta", habría que rebajar, además, las cotizaciones sociales y ver si con medidas de acompañamiento el país recobra su dinamismo. Claro que para eso hace falta dinero, que no hay, si bien en casos así no debiera haber problemas si fuese para inversiones rentables.
Cuando se habla de gasto público hay que distinguir entre gasto corriente e inversión. Por eso es tan importante reactivar la economía y generar ingresos que permitan devolver la deuda. La pública y, sobre todo, la privada, que es la que más pesa en el país. Y no solo por su volumen, sino por los tipos de interés que hay que pagar ante la desconfianza de los inversores en España.

MADRID, 27 (OTR/PRESS)
El Gobierno acaba de anunciar nuevas medidas de ajuste del gasto público, acompañadas de subidas de impuestos; es decir, más de lo mismo que se viene haciendo en los últimos años, tanto en la recta final del Gobierno de Zapatero como durante todo el mandato de Rajoy. El objetivo es cuadrar las cuentas del Estado, para poder devolver y/o renovar la deuda y pagar año tras año miles de millones de euros en intereses: del orden de los 40.000 millones solo desde el sector público. ¿Se sale así de la crisis? No. Así se acentuará la devaluación interna.
La crisis tiene su origen en dos burbujas -la de crédito y la inmobiliaria- que, al explotar, dejaron millones de familias y empresas sobreendeudadas. Y tanta asfixia frenó las inversiones y paralizó el país, que expulsó al paro a millones de personas.
España tiene un problema de actividad: produce poco y no suficientemente bien. El debate, por tanto, tendría que estar centrado en cómo producir más y mejor, aunque solo fuera para rellenar el inmenso hueco que dejó la caída de la construcción.
Imaginemos que todo lo que hace el Gobierno está bien y es razonable por razones macroeconómicas, para cuadrar los ingresos y gastos del Estado, siguiendo los arbitrarios criterios impuestos por Bruselas, léase mejor Berlín. Ya es mucho imaginar, pero supongamos que todo eso está bien. Incluso en ese supuesto, el problema seguiría estando ahí: el país no produce ni vende todo lo necesario para dar trabajo a su gente, de ahí que el propio Gobierno admita que acabará la legislatura con más paro que al inicio.
Producir más y mejor sería la solución al paro y a los bajos ingresos públicos en un país con déficit fiscal primario, es decir, con déficit ya antes de pagar los intereses de la deuda, lo que implica que el Gobierno de Rajoy gasta más de lo que ingresa. Pero producir más y mejor es algo que se dice pronto pero que requiere tiempo, inteligencia y recursos públicos y privados. No nos engañemos: todavía no estamos en esa fase y la prueba más evidente es que el Gobierno logra adaptarse al escenario de flexibilización del objetivo de déficit público, pero no adopta decisiones que frenen el cierre de empresas, que es lo que mantiene el desempleo por encima del 25% de la población activa. Cuesta creer que en un escenario así no haya un gran pacto de Estado.

MADRID, 21 (OTR/PRESS)
Salvo Angela Merkel, casi nadie cree ya que la austeridad sea la salida. Pero en realidad Angela Merkel no está sola: tiene detrás a 80 millones de alemanes, que secundan sus medidas de ajuste y de ahorro en la zona euro para protegerse de una política monetaria expansiva que pudiera generar inflación y dañar sus inversiones. Si de los alemanes depende -y votan en septiembre- lo más probable es que nada cambie, pero en el mundo no solo hay alemanes.
Otras áreas monetarias, las del dólar, la libra y el yen, ensayan políticas monetarias distintas, más expansivas que la del euro, con la particularidad de que en los tres primeros casos hay bancos centrales de tres países, Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón, mientras que en el cuarto hay un banco central controlado por un país, Alemania, que toma decisiones en todos los demás países del euro, entre ellos España, sin que apenas puedan hacer otra cosa que acatar lo que se les dicta.
No parece probable que estas dos situaciones sean sostenibles en el tiempo: ni la de la zona euro frente a las otras tres grandes áreas monetarias, ni el actual funcionamiento del Banco Central Europeo. Lo más probable es que Alemania y el Bundesbank muevan ficha, de modo que sean más flexibles las políticas presupuestarias y de ajuste del déficit. La austeridad presupuestaria y monetaria ya no es la única solución.
Más difícil será resolver el problema de déficit democrático de la Unión Europea y, por extensión, del Banco Central Europeo, donde Alemania seguramente tendrá un papel destacado pero no el único papel. La situación actual condena a los demás países del euro a ser una especie de autonomías de un Estado federal que no todavía no existe, y eso es algo que terminará por cambiar.
Para España, tan importante como la austeridad fiscal, que puede ser necesaria, es aplicar incentivos al crecimiento para salir cuando menos de la recesión. Porque claro que tiene que haber salida, del mismo modo que debe ser equilibrado y proporcional el esfuerzo de todos en este duro proceso. ¿Acaso tiene sentido que, encima, los más débiles contribuyan a que salgan de la crisis los más poderosos? No lo tiene, pero algo de eso está sucediendo con el trasvase de rentas del trabajo en beneficio de las rentas de capital, sin que nadie lo corrija.

MADRID, 20 (OTR/PRESS)
La prensa suele quejarse, con razón, por las ruedas de prensa sin preguntas y, dada su relevancia, suele poner como ejemplo la mala práctica del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que llega al extremo de comparecer ante los medios a través de una pantalla de plasma. Es grave esta situación, indudablemente, pero todavía hay cosas peores en España en términos de transparencia: la toma de importantes decisiones financieras, como la adjudicación de bancos nacionalizados.
Un ente sin rostro conocido llamado FROB, siglas de un nombre que afea el castellano -Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria-, adopta medidas de una gran trascendencia sin salir siquiera en el plasma. Es la peculiar manera de gestionar los procesos de reestructuración y resolución de entidades de crédito en este país, sin que nadie se entere de nada, salvo los que hacen el negocio, al peor estilo de los tiempos de burbujas y especulación.
Un ejemplo de esta semana: ¿por qué el FROB firmó con el Banco Sabadell la cuarta venta de una entidad financiera por 1 euro -en este caso el Banco Gallego-, tras hacer algo parecido con Unnim, CAM y Banco de Valencia? ¿Y por qué pone encima 245 millones de euros, a los que en el caso del Gallego hay que sumar a otros 80 millones inyectados en marzo? ¿Por qué siempre hay dinero para los bancos, incluso cuando se les hacen regalos, y en cambio nunca lo hay para modestos clientes con participaciones preferentes y deuda subordinada? ¿Y por qué nadie pregunta por ello, al menos en instancias parlamentarias?
No hablamos de ninguna broma. Desde marzo del 2009, fecha de la intervención de Caja Castilla-La Mancha, entre la Comisión Europea, el llamado FROB y el Fondo de Garantía de Depósitos han inyectado ¡88.737 millones de euros! en una docena de bancos españoles, sin contar los avales del Estado. Sabemos lo que ponemos entre todos pero no lo que aportan los bancos privados beneficiados. Por no saber, en estos casos ni se sabe con cuántos puestos de trabajo de empleados de banca trafican a escondidas. Ni siquiera se atreven a salir detrás del plasma. ¿Por qué?

MADRID, 13 (OTR/PRESS)
En la economía española da la impresión de que todo sigue muy revuelto y de que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento, y no precisamente porque haya muchas ideas claras que iluminen el camino. Más bien se está a la espera de que Europa aporte alguna solución -algo improbable hasta que pasen las elecciones alemanas de septiembre-, mientras que aquí se hacen los deberes sin una hoja de ruta de la que se desprendan costes pero también esperanzas. El país no sabe muy bien a dónde se encamina. Dicho con palabras de Miguel Delibes en "Madera de héroe": ¿puede saberse a dónde vamos?
Ya no se habla de rescate de manera explícita, pero en cambio están sobre la mesa todos los ingredientes que suelen barajarse en un rescate: el ajuste del gasto público, la rebaja del número de funcionarios o de sus sueldos, la caída de los salarios en el sector privado y las pensiones, se supone que para alargar la edad de jubilación o algo por el estilo.
El Gobierno español acaba de plantear en el Eurogrupo la necesidad de que el Banco Central Europeo adopte un papel más activo que permita rebajar los costes financieros. No solo están asfixiadas las administraciones públicas, lo mismo sucede en las empresas; incluso en algunas que van razonablemente bien, pero que pueden dejar de ir.
Es normal que España tenga prisa, ya que una economía en recesión no puede soportar durante mucho tiempo costes financieros como los actuales ni una prima de riesgo que en el mejor de los casos equivale a una asfixia tolerable. Del mismo modo, es evidente que Europa es la única zona económica del mundo que sigue en recesión y que algo tiene que cambiar.
Por fortuna, no solo los políticos aportan ideas. Una caricatura sobre la crisis que sufre Grecia, realizada por el veterano dibujante de ese país Michael Kountouris, ganó este fin de semana en Portugal el Gran Premio del World Press Cartoon. El dibujo, titulado "Equipo de rescate de la UE", destaca la huella de varias personas que se han suicidado, mientras una inoperante Unión Europea, como bombero inútil, no impide esa acción dramática.

MADRID, 07 (OTR/PRESS)
Hay quien piensa, como Soledad Gallego-Díaz, que la única forma de atajar la crisis en la Jefatura del Estado es establecer nuevas normas de control. Puede ser. Su propio periódico, El País, que publica una encuesta según la cual el apoyo al Rey se hunde en los últimos meses, argumenta que someterse a la Ley de Transparencia es una de las modernizaciones que necesita la Casa del Rey. Puede ser.
Es evidente que además de la crisis económica está la institucional, que afecta incluso a la Corona. Hay autores que sostienen que el aura mítica de Juan Carlos I se desvanece, quizá porque ya ha dado de sí todo lo que podía. Supongamos que tienen razón. Imaginemos incluso que la capacidad de reacción del Rey se ha debilitado, hasta no poder recomponerse en un plazo razonable. En ese caso, verdaderamente extremo, siempre puede aflorar una alternativa: la del príncipe Felipe de Borbón, con independencia del momento que se elija para la sucesión en la Corona. El Gobierno siempre puede sopesar esa alternativa. Y si lo hace, a nadie le va a sorprender. No nos olvidemos de que el Príncipe mantiene unas relaciones privilegiadas con infinidad de mandatarios y que ya ha prestado servicios importantes, aunque no todos ellos sean conocidos.
El príncipe Felipe ya es el representante de España en la toma de posesión de todos los presidentes latinoamericanos, con los que suele encontrarse, además, periódicamente, sin que hasta el momento haya trascendido el más mínimo problema. Al contrario, tanto los empresarios a los que acompaña y avala con su presencia como los propios anfitriones de sus visitas no han hecho otra cosa que alabar su capacidad diplomática y sus profundos conocimientos. En una ocasión, de viaje oficial en México, el príncipe me confesó: "Si tomase nota de todo lo que veo, podría escribir un libro para competir con García Márquez". Pero, a lo mejor, lo que ya tiene que escribir Felipe de Borbón es otra cosa.
La crisis también causa estragos en la política, como se explica en el libro "Cómo salir de esta". Sea o no cierto, en una franja creciente de la ciudadanía se va instalando la idea de que el PSOE gestionó mal el estallido de la burbuja inmobiliaria y su propio desarrollo, que heredó de los tiempos de Aznar, y de que el PP no sabe manejar una economía en recesión. Y ante la falta de alternativas, por mucho que UPyD e IU se vayan abriendo paso, cogen cuerpo la abstención o la indiferencia pero también una cierta agitación social. Una víctima de esta crisis podría ser la propia organización de la democracia, si los dos grandes partidos, que se han alternado en la mayoría de las instituciones, quedaran deslegitimados a los ojos de los ciudadanos. Algo habrá que hacer. ¿O no?
Miércoles, 22 de mayo
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez*
José Manuel Pazos
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Juan Ramón Moscad Fumadó
Antonio García Fuentes
José Pómez
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Enrique Zubiaga
Rufino Soriano Tena
Toni García Arias