Opinión

Isaías Lafuente - Reprobémonos todos.

20.11.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Gaspar Llamazares ni ha gobernado ni gobernará. Cuando deje su escaño en el Congreso es improbable que se embarque en un atunero o que dirija un medio de comunicación. Quizás esas circunstancias, unidas a su criterio político, son las que le permiten analizar la crisis del Alakrana con la distancia conveniente para reclamar responsabilidades a todos los actores, comenzando por el Gobierno, pero sin olvidar las que atañen a la oposición, a los empresarios de los buques pesqueros o a los medios de comunicación. Porque aunque se presuponga buena voluntad a todos, es evidente que cada cual ha transitado estos días por un fino alambre que nos llevaría a entonar un reprobémonos todos.

Para hacerlo hay que revisar las reglas del juego que manejamos y establecer las que nos permitan actuar en el futuro, teniendo en cuenta que una situación como un secuestro siempre nos enfrentará a todas las contradicciones posibles entre lo que se debe y lo que se tiene que hacer, y nos hará circular - ayer, hoy y siempre - por más de un territorio turbio. Quienes creen que la detención de los dos piratas procesados en España agravó la situación del secuestro tienen que verbalizar si lo conveniente hubiera sido dejarlos huir desistiendo de la obligación que tiene un Estado de detener al delincuente sorprendido en flagrante delito. Y quienes defienden la acción deberían explicar por qué la eficacia de aquella detención no se pudo repetir con los piratas cuando abandonaron el barco con el botín. No son fáciles las respuestas. Tampoco las que se deducen de las preguntas sobre la conveniencia de pagar un rescate a unos delincuentes que aprovecharán el botín para cometer nuevas fechorías, o sobre la pertinencia de que la diplomacia de un estado democrático ampare o allane el camino para que la transacción se produzca. Estas cuestiones no nos enfrentan a una disyuntiva entre el bien y el mal, sino a la de saber cuál es el menor de entre dos males.

La teórica sobre la ortodoxia todos la conocemos y no necesitamos pregoneros. Lo ideal hubiera sido liberar el barco y a sus tripulantes deteniendo a los piratas y llevándolos ante un juez sin que hubieran recibido un solo euro. Lo que desconocemos es a quién estarían reprobando los que ahora reprueban si en el proceso se hubiera producido alguna víctima entre los pescadores españoles.

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Isaías Lafuente - Criterios.

13.11.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Sería muy interesante dilucidar si un Poder Judicial presidido por un magistrado que desempolvó la misa para celebrar la apertura del año judicial puede impedir a una abogada musulmana llevar pañuelo en la cabeza en los tribunales. También sería conveniente saber si un jerarca de la iglesia Católica puede lanzar impunemente una acusación de genocidio al Estado sin que suceda absolutamente nada. Y no estaría mal que el PP nos explicase si es compatible que sus dirigentes no puedan hablar en público - mal, se entiende - de sus compañeros y sin embargo utilizar la tribuna de un parlamento para acusar al líder de la oposición de desear verle muerto en una cuneta al amanecer, como lo ha hecho Francisco Camps en las Cortes valencianas.

Igualmente sería conveniente establecer los mecanismos pertinentes para que aquellos implicados en casos de corrupción que merecen la suspensión de militancia en sus respectivos partidos tuvieran que abandonar también sus escaños, para que no se dé la paradoja de que un político al que se retira el carnet pueda sin embargo ostentar la representación popular con todos sus privilegios. Y la ciudadanía agradecería criterios firmes y permanentes sobre cuál ha de ser la reacción del Estado frente al chantaje terrorista de los secuestradores. Hace unos años, en una situación muy dramática, pareció que todos lo teníamos muy claro.

Tampoco es debate menor, aunque lo parezca comparado con lo precedente, el que se ha abierto con el nombramiento de Alberto Oliart como presidente de RTVE. Y siento que una persona como él se encuentre en el centro de un huracán como este. Aunque no tengo duda de que quien gestionó con brillantez unas Fuerzas Armadas entre dos intentonas golpistas sea capaz de culminar el proceso de transformación de nuestra televisión pública.

Cuando el ruido inmediato cese, convendría que nos pusiéramos a hablar de estos y otros asuntos con la serenidad que requieren y la seriedad

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Isaías Lafuente - Descodifiquemos.

06.11.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Para el año 2010 se nos han anunciado acontecimientos de repercusión planetaria, pero ninguno superaría el impacto que supondría ver por las calles de un país con cuatro millones de parados una manifestación de jugadores extranjeros, que cada año se embolsan millones de euros, reclamando mantener los privilegios fiscales que ahora el Congreso ha decidido recortar, que no suprimir. Ya lo estoy viendo: las televisiones de medio mundo la retransmitirían, las principales firmas deportivas y automovilísticas patrocinarían las pancartas con sus logos, y a pesar de que los privilegiados apenas son un puñado quizás lograsen congregar una masa considerable si logran sumar al evento a sus familias, a sus guardaespaldas, a sus representantes, a sus patrocinadores, a los presidentes de sus clubes y a aquellos aficionados que pase lo que pase siempre están a favor de parte. Quizás también asistiese el portavoz económico del PP, Cristóbal Montoro, apóstol de una austeridad asimétrica muy exigente con el Gobierno pero que no afecta al negocio del fútbol en el que España, dice, tiene que demostrar que también es competitiva.

Pero lo más inaudito del asunto es que ninguno de los jugadores afectados ha abierto aún la boca. Y sin embargo sí lo ha hecho la patronal, la Liga de Fútbol Profesional, que ha avisado de un cierre empresarial si la medida aprobada por el Congreso llega a aplicarse. También han levantado la voz algunos presidentes de club, como Joan Laporta, que ha pronosticado que algunas estrellas se lo pensarán dos veces antes de venir a España. ¿Recuerdan algún movimiento empresarial semejante en defensa de los privilegios de sus trabajadores? No se esfuercen*

En el fondo, los clubes de fútbol no están defendiendo los privilegios de sus jugadores, sino los propios. Porque las estrellas que vienen a España no saben los impuestos que pagan, negocian un salario neto al que sus equipos deben añadir el importe de los impuestos que ese salario genera. Pagando un 24 por ciento o un 43, los Ronaldos que en el futuro vengan a jugar a España se llevarán lo mismo, y serán los clubes los que tendrán que estrujarse el bolsillo, como el resto de los mortales. Ahí está la clave, en abierto, de este obsceno vodevil que algunos se empeñan en vendernos codificado.

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Isaías Lafuente - Control de calidad.

30.10.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

La Operación Pretoria contra la trama de corrupción destapada en Cataluña tiene al menos dos virtudes. La primera, compartida con todas las anteriores y las que vengan: permitir sacar de la circulación a individuos que, presuntamente, se lo estaban llevando crudo con total impunidad. La segunda virtud, propia: demostrar que la corrupción tiene vocación universal, tanto si miramos el carnet de los presuntos delincuentes como si escrutamos la voluntad de quienes los persiguen. El hecho de que la trama actuase, por lo que sabemos hasta hoy, en Cataluña, y que entre los detenidos haya miembros o ex miembros del PSC y de CIU, no permite incluir esta investigación en la imaginada trama conspirativa que denuncia el PP contra sus filas. Ahora se alabará la tenacidad de los fiscales, la pericia de los policías, la firmeza del juez instructor y la profesionalidad de los periodistas que permitan dar a conocer con sus investigaciones datos sustanciales del sumario, aunque sean los mismos que quienes intervinieron en la desarticulación de la trama Correa.

El presidente Montilla dijo compartir la consternación de ciudadanos y cargos electos ante este nuevo caso de corrupción, cuando la sociedad catalana aún no se había sacudido el impacto de los chanchullos del honorable Millet en el Orfeó. También remarcó que no todos los políticos son iguales, para trazar la línea que separa a la inmensa mayoría de este puñado que deshonra la profesión y la democracia. Y tiene razón. El problema es la percepción que tiene la ciudadanía de que el número de los "distintos" crece y se distribuye sobre el territorio como una mancha de aceite.

El pesimista pensará que hay más corrupción hoy que ayer; el optimista sostendrá que lo que mejora es la eficacia del estado de derecho en la lucha contra el fenómeno. Apuntémonos a la segunda teoría y confiemos en que en el futuro todos los partidos políticos mejoren su selección de personal para evitar que determinados individuos lleguen a ocupar un puesto en una lista electoral, en donde todos los políticos parecen iguales.

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Isaías Lafuente - Y mentiroso.

16.10.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

La decisión de la dirección nacional del Partido Popular de defenestrar a Ricardo Costa para tomar oxígeno en la asfixiante presión por la trama Gürtel no ha sido convincentemente explicada y es muy discutible, pero ha sido firme. Bien distinta ha sido la vergonzosa actitud del presidente valenciano, Francisco Camps, en la gestión de la crisis, unas horas críticas en las que ha demostrado ser capaz de engañar a todos a un tiempo.

Engañó a Ricardo Costa al hacerle creer que le apoyaba hasta el extremo de irse con él si Génova insistía en prescindir de sus servicios. Engañó a los dirigentes de su comité ejecutivo regional al hacerles creer que mantendría el pulso con la dirección nacional que había anunciado Costa en la lectura de su contundente comunicado. Engañó a la dirección nacional al hacerles creer que había cumplido sus órdenes y había acabado con Costa. Y engañó a los periodistas tras la reunión de su grupo parlamentario, al día siguiente, en la que impuso la salida de Costa cuando explicó que ya estaba hecho lo que había decidido el comité regional la víspera, una mentira más.

María Dolores de Cospedal ha justificado la fulminante salida de Ricardo Costa por sus "relaciones poco recomendables", por sus comunicaciones "poco edificantes para el interés del partido", y porque aunque sus actuaciones con algunos implicados en la trama Gürtel no sean "dignas de sanción penal, sin embargo no son admisibles éticamente". Mariano Rajoy, en su primera comparecencia ante los periodistas desde hace meses, ha dicho que no está dispuesto a admitir ninguna conducta que avergüence a los votantes y militantes de su partido. Cada una de las razones por las que los máximos dirigentes del PP dicen prescindir de Costa es perfectamente aplicable a Francisco Camps. A ellas habría que añadir que fue Camps quien atrajo a Alvaro Pérez, el bigotes, a su comunidad, quien concedió a su "amiguito del alma" desde su gobierno privilegiados y suculentos contratos, quien aprobó las decisiones que su mano derecha, Ricardo Costa, adoptó con las empresas de la trama desde el partido. Y una más. Desde ayer, Génova también sabe que aquel hombre por el que Rajoy ha puesto de nuevo la mano en el fuego es capaz de engañar a quien haga falta para garantizarse la supervivencia, también a los ciudadanos, algo que el líder del PP no deja de recriminar a Zapatero como inhabilitante para un político.

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Isaías Lafuente - Los milagros no existen.

09.10.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Alguien piensa dentro del PP que los milagros existen. Por eso, dibujó una estrategia de respuesta al escándalo Correa consistente en desprestigiar al juez que instruyó el primer sumario y a quienes desde los medios fueron difundiendo detalles. Confiaban en el milagro de que desaparecido el instructor la causa se esfumaría, y cuando vieron que el desplazamiento del sumario a tribunales diversos no hacía sino confirmar y ampliar las sospechas de corrupción, se inventaron una teoría conspiratoria según la cual policías, jueces, fiscales, ministros y periodistas se levantaban cada mañana para armar una historia que destruyese al PP. Durante meses, desde Génova han clamado para que se levantase el secreto del sumario. Ya se ha levantado parcialmente y el milagro sigue sin producirse: Gürtel sigue ahí.

Algún día habrá que volver a la foto del mitin de Valencia previo a las últimas elecciones generales; una imagen que congela el momento en el que Rajoy saluda con el gesto de la victoria a miles de militantes mientras Alvaro Pérez, el bigotes, agachado a medio metro de su espalda, trabaja para despejarle el camino hacia el escenario. No está suficientemente explicado qué pintaba allí el hombre que representaba a una trama de la que Mariano Rajoy había decidido desprenderse unos años antes. No está claro si la dirección nacional no fue suficientemente contundente en el despido o si las direcciones regionales de Madrid y de Valencia hicieron oídos sordos a las advertencias del líder.

Quizás el único milagro para el PP sea que Rajoy no ganase aquellas generales. Porque siendo Madrid y Valencia graneros de votos imprescindibles para cualquier victoria no sería descabellado pensar que alguno de los hoy imputados hubiera trepado hasta los aledaños de la Moncloa, llevándose tras de sí a esta corte de delincuentes horteras. Ni la foto ni el sumario pueden volatilizarse, pero si Rajoy se desprendiese definitivamente de sus dirigentes más tocados por la trama haría un gran favor a quienes desde su partido -la inmensa mayoría- trabajan honestamente, viéndose sometidos cada día a la doble tortura de esquivar la sombra de la sospecha y tener que defender a esta pandilla

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Isaías Lafuente - Tregua olímpica.

02.10.09 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

La defensa de una candidatura olímpica siempre es una rareza cuando se contempla con los mismos ojos con los que se analiza la realidad cotidiana de un país. Ver en Copenhague trabajar codo con codo por lograr un objetivo nacional a enconados rivales políticos, sean o no del mismo partido, es una excentricidad que cuesta mucho incorporar a nuestras fustigadas meninges. Se obtenga el resultado que se obtenga, quienes ahora presentan ante los miembros del Comité Olímpico Internacional la imagen de una España moderna, próspera y pujante volverán mañana al discurso del "España se hunde", y quienes hoy elogian las virtudes de Gallardón como el mejor capitán de un proyecto de magnitud universal considerarán dentro de un par de días que no tiene capacidad ni para ser concejal de distrito. Será la tregua olímpica. Disfrutemos de ella.

A unas horas de que se conozca cómo acaba la aventura de Madrid 2016, el observador concluye que estamos como estábamos hace cuatro años, cuando intentábamos digerir la decepción de la victoria de Londres 2012, es decir, que lo más seguro es que no pero que quién sabe. Las virtudes de la candidatura de Madrid son hoy más y más evidentes, por ser más palpables, que hace cuatro años; mientras que la lógica de los equilibrios olímpicos geoestratégicos que jugarían a favor de la candidatura de Río no se ha movido un ápice en este periodo. Ni siquiera con la llegada de Obama a Dinamarca: sería muy difícil discernir si en este momento le viene mejor al presidente estadounidense la gloria de llevarse los Juegos a casa o el regalo del proyecto a quien quiere que sea socio preferente en su política continental.

Madrid ha demostrado en este tiempo una extraordinaria tenacidad, inédita en la historia de las ciudades aspirantes, pero muy propia del espíritu olímpico que mueve a miles de atletas a prepararse durante cuatro años aunque sus posibilidades de triunfo tiendan al cero. Sólo por eso, merecería la designación. Y por eso hoy merece nuestro apoyo y nuestra ilusión.

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Isaías Lafuente - Cierre de filas.

06.09.09 | 12:07. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 05 (OTR/PRESS)

Apretando filas, restañando heridas, así se presentaron el sábado gobierno y oposición en el enésimo acto de arranque de este curso político. Rajoy eligió Valencia, y una plaza de toros, para sacar por la puerta grande a Francisco Camps y los suyos. No fue sólo un acto para arroparlos, sino que los presentó como modelo de lo que el PP pretende ser y como víctimas simbólicas de la persecución de un gobierno que conspira contra la oposición utilizando las armas del Estado. Si alguien duda de que la oposición mantendrá este asunto en la agenda política como material de desgaste contra el gobierno, las dudas han quedado despejadas.

Zapatero, por su parte, reunió en la Moncloa a los representantes de la patronal y de los sindicatos. El pretexto era presentarles las líneas básicas de la futura Ley de Economía Sostenible, una entelequia aún para el resto de los mortales. Pero la intención última era la de recomponer la mesa de diálogo social, dinamitada el pasado mes de julio entre durísimas acusaciones y reproches de las partes. Sin una mayoría parlamentaria clara, el gobierno necesita anclar apoyos dentro y fuera del Congreso. Y el desaguisado del decreto de los 420 euros evidencia aún más esa necesidad cuando se trata de legislar en materia laboral.

Pero si lo que teníamos sobre la mesa ya era suficiente para augurar sin arriesgar un curso político muy intenso, en los últimos días ha irrumpido la situación que vive Afganistán y el debate sobre la presencia de nuestras tropas en aquel país. El PP vuelve a acusar al gobierno de engañar a los ciudadanos por sostener que nuestros soldados están allí en misión de paz y no en una guerra declarada. Las resoluciones que amparan la intervención internacional avalan lo primero; la realidad lo podría poner en duda. En todo caso nuestros políticos se enfrentan a un complejo dilema que comparten con los colegas de los países que tienen presencia en Afganistán. La decisión que se tome será difícil. Y explicarla a la ciudadanía requerirá de grandes dosis de pedagogía, no de demagogia.

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Isaías Lafuente - Decisiones olímpicas.

04.09.09 | 12:07. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Cada uno en su estilo, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón llevan en su ADN la sorprendente capacidad de situar cada una de sus apariciones públicas en el centro del debate político. Cuando el PP, incapaz de demostrarlas, pretendía soltar lastre sobre las gravísimas acusaciones de espionaje a su partido por parte del gobierno, Aguirre, sin haberse quitado las chanclas, volvió a la carga sobre ellas elevando el tiro hacia el ministro del Interior. Tuvo que matizar un día después, pero esas piruetas no afectan al rictus de la presidenta madrileña. Ahora es Alberto Ruiz Gallardón el que ha abierto un debate que parecía situarse en la otra orilla política. Tras recibir la puntuación del COI sobre la candidatura olímpica de Madrid, el alcalde popular ha insinuado que la decisión final que se producirá dentro de un mes puede suponer el final de su carrera en el ayuntamiento. Lo ha dicho de aquella manera que le permitiría desdecirse sin cambiar el gesto, pero lo ha dicho.

Es muy loable su discurso sobre las consecuencias políticas que acarrean las promesas no cumplidas. También lo es que un político se someta a las decisiones de terceros en un partido que parece inmune incluso a las que toman los jueces contra algunos de sus dirigentes. Otra cosa distinta es saber si el Comité Olímpico Internacional es institución lo suficientemente legitimada como para que sus decisiones determinen la carrera de alguien elegido en las urnas.

Deseamos que Madrid sea sede olímpica y no perdemos la esperanza. Pero si no lo es y Gallardón se dirige al vestuario, será apasionante contemplar cómo PP y PSOE se desenvuelven en la búsqueda de candidatos. Aunque aquí el PSOE sale con una brutal desventaja, la que se ha ganado a pulso durante lustros por la desidia demostrada en buscarlos y en mantenerlos después en la carrera tras la derrota. El espectáculo dado en las últimas municipales fue bochornoso y los ciudadanos de Madrid se merecen otra cosa.

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Isaías Lafuente - Inminente

28.08.09 | 12:07. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Parece inminente la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Y llegará en las peores condiciones: será dictada por un tribunal parcialmente amortizado desde hace dos años; si se confirman las informaciones que han ido trascendiendo sobre las deliberaciones, los acuerdos no serán por amplia sino por estrecha mayoría; y afectarán a algunos asuntos como el término nación y el idioma, especialmente sensibles para quienes impulsaron la reforma. Estas circunstancias darán munición suficiente a quienes se sientan damnificados y el agrio debate subsiguiente se instalará sobre un campo de batalla suficientemente minado como en el que se desenvuelve la vida política española.

El retraso en la decisión añade gravedad a un asunto tan grave. Porque el Estatuto sobre el que fallará el tribunal está en vigor desde hace mil días y la eventual declaración de inconstitucionalidad sobre determinados artículos no supone no desarrollar aspectos de la autonomía, sino desandar aquellos que ya se hayan materializado, un embrollo jurídico y político de considerable magnitud.

Curándose en salud, aquellos que no optan por lanzarse directamente a las barricadas defienden que si el Estatuto contraviene alguna ley concreta podría modificarse ésta para adecuar su contenido, olvidando que quizás aquellas leyes que hipotéticamente se pretendan reformar no den más de sí en el actual marco constitucional. Y es aquí donde llegamos a la sustancia de la cuestión. Quizás el gran error cometido es que se ha abordado una segunda transición en el ámbito autonómico sin afrontar la reforma de la propia Constitución, un instrumento que ha demostrado ser muy eficaz para llegar adonde hemos llegado pero que presenta problemas de costuras para afrontar el estirón que se pretende.

Esa reforma debería, entre otras cosas, abordar los mecanismos que eviten alguna contradicción evidente, como que un tribunal de jueces pueda echar por tierra en nombre de la soberanía popular lo que la soberanía popular ha revalidado en dos parlamentos y en un referéndum.

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Isaías Lafuente - El rostro de la noticia

23.08.09 | 12:07. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

El trasplante de rostro realizado en el Hospital La Fe de Valencia no sólo es el primero de esas características que se realiza en nuestro país, sino que es un caso pionero en el mundo. El implante de la lengua y de una parte de la mandíbula del donante añade un carácter especial a la hazaña médica, por si lo que conocíamos hasta ahora fuera poco. Lo contó el responsable del equipo de treinta personas que trabajó durante quince horas para practicar la intervención, el doctor Pedro Cavadas. También supimos que el posoperatorio va bien, que el paciente se ha visto en el espejo y ha sonreído, que si el proceso de rehabilitación sigue su curso, esta persona podrá recuperar algunas funciones básicas como comer por la boca y no a través de una sonda, su única vía de alimentación desde que una brutal radioterapia le dejó sin rostro.

La sonrisa imaginada del paciente contrasta con la indignación expresada por el doctor Cavadas por la filtración de los datos del donante, que se han colado en los medios de comunicación contraviniendo lo dispuesto en la Ley de Trasplantes. La revelación de la identidad fue posible gracias a las pistas precisas que proporcionaron las instituciones y organismos implicados en esta operación: el Hospital La Fe, la consejería valenciana de Sanidad y el Ministerio de Sanidad. Los medios sólo necesitaron cruzar datos para averiguar la identidad del donante. Seguramente la familia emprenda acciones judiciales: está en su derecho, según el director de la Organización Nacional de Trasplantes, Rafael Matesanz. Pero además, será necesario que todos abramos una reflexión sobre lo que ha pasado.

Porque la confidencialidad en los trasplantes, que se protege hasta en los niveles más íntimos que relacionan a la familia del donante con el receptor, no es un criterio caprichoso y arbitrario. Es el mínimo pago que la sociedad puede hacer a la generosidad de las familias de los donantes y es la garantía de que el altruismo demostrado hasta ahora, que nos sitúa a la cabeza del mundo en materia de trasplantes, se mantenga. Sólo así podremos seguir contando en un futuro hazañas médicas como la conseguida por el equipo de Pedro Cavadas e historias de vidas restañadas como la de este hombre intervenido que a partir de ahora podrá llevar una vida medianamente normal. Y en este caso no merece la pena empañarlas por el interés de desvelar o por el deseo de conocer el rostro de la noticia.

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Isaías Lafuente - Cuestión de Sexo

16.08.09 | 12:07. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Un juez de Barcelona tiene en sus manos una peliaguda decisión. Hace un año, un chico de 16 años solicitó la autorización judicial para someterse a una operación de cambio de sexo. Esta intervención está prohibida por ley en España hasta que no se adquiere la mayoría de edad, pero el menor quiere acortar un doble calvario: el que sufre cada día cuando se enfrenta al espejo y el que padece, en forma de rechazo social, cada vez que llega al instituto. El chico cuenta con el apoyo de sus padres y con los informes clínicos y forenses que avalan su petición. Y desde el hospital Clínic de Barcelona, en donde está siendo tratado y en donde, antes o después, se someterá a la intervención, se aportan dos contundentes argumentos. Primero, el trastorno de género es una enfermedad y ningún paciente o progenitor tendría la paciencia de esperar a la mayoría de edad para atacarla. Segundo, algunas intervenciones de cambio de sexo son infinitamente menos agresivas si se practican en una edad temprana: es fácil e indoloro impedir que el pecho crezca, pero es muy traumático amputarlo a los 18.

El problema de este trastorno es que no se detecta en un análisis de sangre, ni viene asociado a un gen mutado o a la aparición de virus, indicios que permitirían objetivarlo. Si alguna vez la ciencia médica descubriera un origen de este tipo nadie dudaría intervenir a un bebé, como se les interviene, incluso en el vientre materno, si se detecta una fatal disfunción renal o cardiaca. Nos movemos pues en el delicado terreno del diagnóstico psiquiátrico y nos enfrentamos también a arraigados prejuicios que siempre han estado asociados a la transexualidad.

Piden la familia y los médicos que tratan al chico, valentía judicial. Aunque quizás lo que se requiera es valentía legislativa para resolver definitivamente el problema, que lo es, aunque afecte a pocos. De momento la familia ha demostrado valentía y generosidad, porque al ritmo en que se desenvuelve la justicia en sus sucesivas instancias lo normal es que, si algún camino se abre en este terreno, lo disfrutarán otros. Salvo sorpresas, a este chico le llegará antes la mayoría de edad que una sentencia firme. Y entonces él será juez y parte en la resolución del problema.

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