Opinión

Isaías Lafuente - Movilidad exterior

17.05.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Un equipo científico de la Universidad estadounidense de Oregón ha conseguido obtener células madre embrionarias con el mismo ADN de una persona adulta. Esas células reprogramadas podrían ser capaces de transformarse en cualquier otro tipo de célula del cuerpo humano y poder así regenerar aquéllas dañadas por enfermedades o lesiones o incluso, por qué no, crear órganos que esquivarían el riesgo de rechazo. Como todo avance científico en fase embrionaria habrá que esperar para que las posibilidades que se anuncian se materialicen. Pero si es como nos lo cuentan, la ciencia ha escrito una página histórica con esta investigación.

En el equipo de Oregón hay una bióloga española, Nuria Martí, que recibió la oferta de trabajo en EE.UU. al día siguiente de ser despedida en el ERE del Instituto Príncipe Felipe de Valencia. Un caso paralelo al del joven científico español, Diego Martínez, que acaba de ser elegido mejor físico europeo por la Sociedad Europea de Física tras haber visto denegada una beca Ramón y Cajal en España esgrimiendo que su perfil curricular tenía "escasa relevancia internacional". Buena vista la de los evaluadores.

Nuria y David son el reverso ahora conocido de una circunstancia que afecta también a nombres más relevantes, como el del exconsejero de Sanidad del País Vasco, Rafael Bengoa, fichado por Obama para asesorar la reforma sanitaria de la primera potencia mundial mientras en España algunas comunidades como la de Madrid desmantela el sistema público de salud, jubilando por decreto a decenas de médicos con décadas de experiencia mientras el gobierno de Rajoy estudia elevar la edad de jubilación.

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, despachó en el Congreso la preocupación de la oposición sobre la marcha de jóvenes españoles al extranjero forzados por el masivo paro en España diciendo que eso era "movilidad exterior". No sabe distinguir la ministra la sutil diferencia entre que uno se mueva o lo expulsen, que es lo que está sucediendo con muchos científicos a los que se los rifan fuera mientras se les despide aquí. ¡Que inventen ellos con los nuestros!, parece ser el mantra de esta época gris. Un drama del que nos costará mucho recuperarnos.

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Isaías Lafuente - Tres años intervenidos.

10.05.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Se cumplen tres años de aquel dramático Consejo en el que la Unión Europea forzó a Zapatero a dar un giro radical en su política económica si quería evitar el rescate del país. La presión fue consecuencia de la equivocada gestión que su gobierno había hecho de la crisis. Pero lo más grave es que la consecuencia de aquella decisión impuesta es, a su vez, la causa del agravamiento de la situación que pretendía combatir, que ha seguido deteriorándose irremediablemente en estos 36 meses.

Cuando Zapatero cayó del caballo la prima de riesgo española estaba en 178 puntos y la tasa de paro era del 20%, datos que se presentaban como el borde del abismo. Hoy, tres años después, la prima de riesgo ronda los 300 y la tasa de paro, el 27%. Las mismas razones que adujo Zapatero para justificar el volantazo político mediada la legislatura fueron las mismas que Rajoy esgrimió para tirar a la papelera su programa electoral en la primera semana de gobierno: el riesgo de intervención. Lo paradójico es que ni siquiera eso evitaron. Desde hace tres años, España es un país políticamente intervenido, sometido a las líneas que marca el directorio europeo, y económicamente intervenido, tras recibir una inyección de 40.000 millones para evitar el colapso de una parte del sistema financiero.

Aunque lo más grave ha sido la quita impuesta no al país sino a los ciudadanos, que han visto cómo la congelación o la mengua de los salarios y las subidas del IRPF, del IVA, de las facturas de los servicios básicos, de las tasas universitarias, municipales o judiciales, del repago farmacéutico... han sido causa de un empobrecimiento evidente. Con el perfil más duro del drama encarnado en quienes en estos años han perdido su casa o su empleo, quedando en la intemperie en estos críticos momentos.

En estos tres años hemos aprendido, eso sí, que ni Zapatero fue la causa de todos los males ni Rajoy ha sido, para nada, el milagro que nos iba a traer todos los bienes. Pero esta conclusión, lejos de aliviar las perspectivas, las agrava. Porque si la crisis económica que vivimos será de las que recordemos durante décadas, la impotencia política para enfrentarla es para no olvidar.

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Isaías Lafuente - Desahuciados.

26.04.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

La última EPA nos proporciona una nítida fotografía del principal drama de la crisis en nuestro país, que es el humano. Además del plano general que muestra más de seis millones de personas en paro, la imagen nos muestra algunos encuadres devastadores: casi dos millones de hogares con todos sus miembros desempleados, el 57% de los jóvenes sin un puesto de trabajo, el 56% de los parados de larga duración. La excepcionalidad de los datos en el marco de la Unión Europea demuestra que el nuestro, al margen de la situación económica global, es un problema endémico; mientras que la imparable tendencia, a pesar del cambio de gobierno, a pesar de la reforma laboral impuesta, deja patente la incapacidad de nuestros gobernantes para enderezar la situación.

La lógica preocupación social se transforma en indignación al escrutar la reacción del gobierno. Que en una situación crítica como ésta la ministra de Empleo no dé la cara, no comparezca para dar una explicación, evidencia que no es digna merecedora de su empleo. Y que en un país agujereado por el paro en los dos polos de la vida profesional, entre los más jóvenes y entre quienes superan los 45, se esté planteando retrasar la edad de jubilación hasta los 67, suena a pesado chiste negro.

Qué tiempos en los que con cuatro millones de parados la actual vicepresidenta del gobierno proclamaba que la prima de riesgo en España era Zapatero. Qué tiempos en los que Mariano Rajoy, cuando se alcanzaron los cinco millones, consideraba imprescindible un cambio político en España para frenar una sangría insoportable. Cómo duele recordar el plan Pons en siete días por el que se iban a crear 3,5 millones de puestos de trabajo en esta legislatura, o aquella foto de Rajoy delante de la cola de una oficina de empleo anunciando que cuando él gobernase iba a bajar el paro en España.

Pero lo peor no son las palabras del pasado. Lo peor es la incapacidad actual de quienes entonces hablaban, lo peor es el silencio presente de la ministra o la verborrea de Carlos Floriano, número 3 del PP, diciendo que no nos ciegue el mal dato y nos impida ver los buenos resultados de la política económica del gobierno. Al menos no nos ofendan, por favor.

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Isaías Lafuente - Al césar lo que es del césar.

19.04.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

El presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, ha metido prisa a Rajoy para que aborde sin dilación reformas como la de la ley del aborto. Sorprende que en un país en el que año tras año caen el número de bautismos, de matrimonios católicos, de vocaciones religiosas, de contribuyentes que marcan la cruz en la declaración de la renta, un país en el que la Iglesia no tiene suficientes sacerdotes para atender todas sus parroquias, sea Rouco precisamente el que recrimine al presidente del gobierno poner orden en casa.

En la misma semana hemos oído al obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, hablar del aborto como fruto de una conspiración internacional para reducir la población mundial, una tesis que no se compadece con estadísticas que demuestran que en la primera mitad del siglo XX la población mundial creció en un 50%, mientras en la segunda y hasta nuestros días, periodo en el que se ha extendido la despenalización del aborto en determinadas condiciones, por plazos o por supuestos, la población del planeta ha crecido más del 150%. O la conspiración está resultando un desastre o la ignorancia del obispo es mayúscula.

Pero lo peor no es la posición oficial de la Iglesia católica en materias como el matrimonio, el aborto o el control de la natalidad, ni la contradicción de sus postulados con la actitud de sus fieles que, si confiamos en las estadísticas, mayoritariamente ignoran estas posturas. Lo peor es que el gobierno atienda sus súplicas y se embarque en una reforma restrictiva que no evitará los abortos sino que los convertirá en clandestinos e inseguros o sencillamente generarán esa "movilidad exterior" de la que habla Fátima Báñez cuando se refiere al exilio al que se ven abocados nuestros jóvenes por la crisis.

Cien mil abortos anuales son un drama objetivo, pero sobre todo para las mujeres que se enfrentan a esa dura circunstancia. Quizás una mejor educación sexual y la extensión y normalización de métodos anticonceptivos evitaría muchos de ellos. Pero resulta que en esta materia, qué casualidad, la jerarquía de la Iglesia tampoco está por la labor.

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Isaías Lafuente - Un digno indignado.

12.04.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Hace menos de un año le pregunté qué quería ser de mayor y José Luis Sampedro me respondió que José Luis Sampedro. Llevaba desde los veintitantos trabajando en ello, perfeccionando su propio árbol que no pretendía ser grande ni genial sino intenso, delicado y honesto, decía, para rematar más tarde: al que hace lo que puede no se le puede pedir más. Nunca perdió su sentido del humor, sólo comparable a su capacidad para indignarse con las injusticias, y en los últimos tiempos se definía como un "moribundo con permiso" y se arrepentía de no haberse bajado del tren un poquito antes, cuando vivía su plácida vejez, y de haber apurado estaciones hasta llegar a lo que calificaba de jodida vejez.

Sampedro habitó siempre en la discrepancia. Iba para jesuita y acabó en la increencia. Peleó por circunstancias en los dos bandos de la guerra civil y ambos lo consideraron fusilable y en ambos se sintió apátrida. Escogió el camino de la Economía pero siempre la abordó desde la heterodoxia. Ultimamente se sentía fuera de un circuito en el que muchos de sus colegas se preocupaban más de hacer más ricos a los ricos que de hacer menos pobres a los pobres. Y le sacaba de quicio contemplar que la Europa de los ciudadanos se había rendido a los mercados y, en su nombre, el gobierno estaba dinamitando conquistas conseguidas en las últimas décadas, haciendo cargar sobre las espaldas de los más desfavorecidos el desastre de la crisis. Nunca pudo pensar que cincuenta años después de que lo hiciera en las aulas universitarias tendría que denunciar de nuevo el hambre y la pobreza.

Era tan sensato que muchos lo consideraban un lunático. Y era tan sensible a la realidad que no le costó lo más mínimo sintonizar en el movimiento 15M con jóvenes de veinte años cuando él estaba a punto de celebrar la centena. No es que estuviera de acuerdo con su indignación, es que les decía que se tenían que indignar mil veces más. Cuando, periódicamente, se habla de la reforma de una cámara perfectamente inútil como el Senado, siempre pienso en una asamblea reducida de venerables sampedros. Con un puñado nos serviría. Su mirada lúcida, su palabra exenta de eufemismos, su espíritu crítico e indomable, su dignidad, su integridad y su capacidad para la lucha serían una referencia, quizás insoportable, para otros.

En su último cumpleaños reunió a un puñado de amigos y les habló de la amistad. En los últimos días pidió a su esposa, Olga Lucas, que su muerte no se convirtiera en un circo mediático. En los últimos minutos pidió una copa de Campari, la tomó, dijo sentirse bien y murió. Heterodoxo hasta el final.

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Isaías Lafuente - Valentía en momentos complejos.

05.04.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Quizá el juez José Castro haya hecho un doble favor a la Casa del Rey. Tras la imputación de la infanta Cristina, en La Zarzuela dudaron. En un primer momento dijeron que no comentaban las decisiones judiciales para, horas después, expresar que "mostraban su conformidad" con el auto de imputación aunque mostrando su sorpresa por el cambio de criterio del juez instructor. Es lo que tienen los jueces instructores, que van modificando sus criterios conforme va avanzando la investigación y apareciendo nuevas pruebas. Se entiende la zozobra que debe sentir el rey ante el escándalo, pero ninguna sorpresa será mayor que la que se han llevado con ese yerno que les parecía encantador el día de la petición de mano y les ha salido rana o la que se han llevado todos los españoles al ver cómo la corrupción ha acabado tocando los arrabales de la primera institución del Estado, con la complicidad de cargos políticos, algunos aún no imputados, que dieron ríos de dinero público al Instituto Noos sencillamente por ser vos quien sois.

Todo es interpretable, pero creo que la imputación de la infanta la contemplaba el juez hace meses y la ha aplazado hasta el último minuto del proceso precisamente para evitar a la hija del rey unos cuantos meses de calvario judicial. Ahí está el primer favor. Lo sorprendente no es lo que hizo el juez el miércoles, lo extraordinario es que Cristina, no como consorte sino como miembro del consejo rector de Noos y copropietaria de la empresa que facturaba en su nombre no fuese llamada para responder unas cuantas preguntas y, en su caso, dejar sentada su inocencia o ser juzgada por sus responsabilidades, ya sean por acción o por omisión.

El escándalo Urdangarín dejará cicatriz en la monarquía. Pero ésta sería aún mayor si se concluyese el proceso con la sombra de que una justicia súbdito no se hubiera atrevido a llamar a una infanta de España en virtud de una pleitesía de otros tiempos, contraria a los usos democráticos actuales y a la propia proclamación del rey en su discurso de Nochebuena de hace dos años de que "la ley es igual para todos". Ese es el otro favor que ha hecho el juez Castro no solo a la monarquía sino a la democracia. Si la infanta es inocente, es preferible que eso quede demostrado frente a un tribunal. Y lo mejor, aunque se entienda doloroso, sería no intentar evitar a toda costa ese camino. Como ha dicho hoy el príncipe Felipe ante los jueces: "la justicia es trascendental en los momentos complejos, que exigen a todos afrontar retos y desafíos con valentía". Pues eso.

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Isaías Lafuente - Quita, quita...

22.03.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Que los errores de los representantes políticos acaban pagándolos los representados, los ciudadanos, es una evidencia que no requiere mayores desarrollos teóricos. Ocurre en todos los sistemas y la única ventaja de una democracia es que cada cuatro años podemos retirar con nuestros votos a los malos gestores. No siempre ocurre, pero la posibilidad existe. El problema en la Europa actual es que hay decisiones supranacionales, que se toman desde la Unión por órganos formados por responsables políticos que no responden directamente ante las urnas y en las que es difícil identificar las responsabilidades y, consecuentemente, hacer pagar a los irresponsables.

La última decisión de Eurogrupo, que preveía una confiscación directa de parte de los ahorros de los ciudadanos chipriotas para pagar una parte del rescate que el país necesita, ha sido un error de campeonato. Intentar dar una patada a los gestores en el culo de los ciudadanos es de una injusticia mayúscula, sobre todo si se tiene en cuenta que en el ámbito de la Unión Europea hay países como el nuestro en donde se actúa contra los defraudadores de manera contraria, perdonando sus pecados a cambio de rebajar sus obligaciones hasta los límites de la indecencia mediante amnistías fiscales. Es cierto que los ciudadanos de algunos países europeos estamos soportando otras quitas, también sangrantes, en forma de rebaja de salarios, servicios y derechos combinada con subidas de impuestos y tasas. Pero lo que se pretende hacer con Chipre llega a los límites del "robo legal".

¿Y quién es el responsable de este monumental resbalón? Pues ni se le conoce ni se le espera. Nuestro país estuvo presente en la toma de la decisión representado por nuestro ministro de Economía Luis de Guindos sin que conste su oposición a la misma. Durante cuatro días el presidente del gobierno ha permanecido de perfil sin pronunciarse y su silencio lo llenó María Dolores de Cospedal calificando de ejemplar y ejemplarizante la medida adoptada por el Eurogrupo. El miércoles, por fin, en los pasillos del Congreso y no en el hemiciclo, dijo Rajoy que no le parecía razonable que los ciudadanos chipriotas perdieran parte de sus ahorros por una situación de la que no son responsables. ¿Se lo habrá dicho también a Cospedal y a Luis de Guindos? ¿Darán ellos alguna explicación, pedirán alguna disculpa, aunque sea en diferido? Me temo que no lo veremos.

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Isaías Lafuente - ¿Buenos aires para la Iglesia?

15.03.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

La elección del cardenal Bergoglio como Papa Francisco ha sido un baño de humildad para los vaticanólogos clásicos y sobrevenidos, entre ellos nosotros, los periodistas, incapaces de vislumbrar esta posibilidad en las múltiples quinielas a pesar de que él fue quién le disputó el papado a Benedicto XVI en el anterior cónclave. Quizá aquella derrota le amortizó como candidato, pero ya se sabe que los caminos del Señor son inescrutables.

El nuevo Papa tiene ahora una difícil misión y el camino marcado. Su predecesor, el hombre que preguntó a Dios dónde estaba mientras se producía el Holocausto, el que le recriminó parecer dormido en algunos momentos de su pontificado, el que dejó en evidencia al Espíritu Santo al renunciar al papado, humanizándolo, el que pidió perdón por los escándalos de pederastia, tuvo una actividad frenética en los últimos días de su pontificado en los que renovó la cúpula del banco vaticano, forzó la renuncia de un cardenal acusado de pederastia, apartó a antiguos colaboradores de Tarsicio Bertone de la curia y ordenó guardar bajo llave el informe Vatileaks, los documentos secretos que revelan la corrupción dentro de la cúpula de la Iglesia, que podrá leer el nuevo papa cuando estime conveniente.

Si este Papa culmina la limpieza iniciada, ya habrá sido revolucionario. Y si después es capaz de abrir las ventanas incorporando a la mujer a la jerarquía de la Iglesia, eliminando el celibato obligatorio de sacerdotes y monjas, abriéndose en materia sexual hasta los límites de lo posible, aceptando las nuevas formas de familia, abriéndose a los nuevos retos que plantea la bioética, pasará definitivamente a la historia.

Su primera imagen nos mostró a un hombre cercano y sencillo, mostrando su bonhomía y buen humor bromeando ante el mundo con su nueva circunstancia. A los cardenales, después de la elección, les dijo: "quizá Dios os perdone por lo que habéis hecho". Los primeros perfiles nos muestran a un hombre austero, que abandonó el palacio para vivir en una modesta habitación, que se cocina lo que come, que viaja en metro por Buenos Aires, que patea los barrios más humildes de la ciudad para acercarse a los más desfavorecidos, muy crítico con la corrupción política en Argentina, y con una zona de sombra en su biografía que tendrá que aclarar sobre las acusaciones de connivencia con las juntas militares de su país.

El mundo, y no sólo sus 1200 millones de fieles, le observa entre la esperanza y la duda, alimentada por una historia repleta de esperanzas frustradas. Se verá. Sólo cabe esperar que este jesuita, parafraseando en negativo a su fundador Ignacio de Loyola, en tiempos de turbación, haga mudanza.

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Isaías Lafuente - Atentos.

09.03.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Quienes nacimos en los primeros 60, lo hicimos en un país que, en materia de igualdad, salía de la Edad Media. La mujer era mero apéndice del hombre, con una consideración civil semejante a la minoría de edad, y muchos ámbitos -educativos, profesionales, sociales- aún estaban vetados porque, como el brandy Soberano, eran "cosa de hombres".

Crecimos con cuentos en los que las protagonistas femeninas o eran princesas pánfilas o madrastras malvadas, con algunas excepciones de heroínas valientes que solían terminar en la hoguera, camino de los altares. En la tele, los payasos recordaban a la pobre niña que no podía ir a jugar porque tenía que planchar, o nos reíamos con chistes de borrachos maltratadores. España llegó a presentar al Festival de la OTI una canción que decía: "rómpeme, mátame, pero no me dejes, no, mi vida". Y casi ganamos.

Son sólo algunos ejemplos que evidencian el camino recorrido en estas últimas décadas, lo que este país ha cambiado. No sólo hasta lograr estándares que nos homologan en materia de igualdad, sino que nos sitúan a la cabeza del mundo.

Pero cada 8 de marzo, las estadísticas, como una bofetada, nos demuestran que la plena igualdad legal aún no se ha materializado en igualdad real. Y con una frecuencia superior a lo soportable escuchamos voces como la del diputado Toni Cantó presentando al hombre como víctima de las políticas de igualdad y frivolizando con la violencia de género, o la de el dirigente socialista Jesús Ferreira, mandando a hacer punto de cruz a la ministra de Empleo, o la de María Dolores de Cospedal, haciendo un discurso más trasnochado que el machismo que pretende denunciar, o tenemos que taparnos la nariz al ver como el PSOE pacta una moción de censura en Ponferrada con un antiguo acosador. Lo que nos demuestra que el machismo es persistente y aflora de manera transversal sin respetar sexo, ideologías o edades. Y nos debe prevenir ante la evidencia de que no es sólo que nos falte camino para culminar la igualdad, sino que incluso podemos dar marcha atrás.


Isaías Lafuente - ¡Viva Espalia!

01.03.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Aunque la capacidad de sorpresa mengua vertiginosamente ante la evolución de los acontecimientos, me sorprende la superioridad moral con la que se analizan los resultados electorales en Italia desde nuestro país. No son para enmarcar, desde luego, dibujan un escenario que puede conducir a la ingobernabilidad con repercusiones sísmicas en la UE, pero caricaturizar la decisión democrática de un país como estrafalaria en unas circunstancias políticas como las que vivimos en España, parece excesivo.

Que bien que somos españoles y aquí no tenemos Berlusconis ni Grillos, pueden pensar algunos. Y es verdad. Aquí solo tenemos un presidente que considera un valor supremo incumplir su contrato electoral en nombre del cumplimiento de su deber. Un partido de gobierno sometido al chantaje de un presunto delincuente al que promocionaron y protegieron hasta que todo se supo. Unas explicaciones, estas sí estrafalarias, sobre la vinculación laboral de Bárcenas con el PP dignas de un Grillo en el escenario del Club de la Comedia pero indignas si quien las hace es la máxima responsable de la organización de un partido político.

El panorama se completa con un PSOE que no consigue levantarse de la lona en la que quedó en la última convocatoria electoral, con problemas intestinos que se han visibilizado en la votación de la consulta popular en Cataluña celebrada esta semana en el Congreso. Con la sombra de la corrupción extendida en partidos y gobiernos autonómicos y municipales, y en los aledaños de la Casa del Rey. Con un expresidente de los empresarios encarcelado, con un vicepresidente al frente de una empresa que, presuntamente, pagaba en negro a los trabajadores. Con un expresidente de los jueces que tuvo que dejar su cargo por pagarse buenos viajes a costa del contribuyente. Con policías torturadores indultados y defraudadores amnistiados por el gobierno.

El circo se completa con un ministro de Hacienda que, usando información confidencial, lanza insinuaciones de fraude contra todo aquel que discrepa, ya sean medios de comunicación, actores, diputados concretos o formaciones políticas en general, como si el ministerio fuese su hacienda. Con una ministra a la que una trama corrupta pagaba los globos de las fiestas de sus hijos sin que ella se enterase. O con diputados como Toni Cantó, portavoz en la Comisión de Igualdad, frivolizando los datos oficiales de un drama como la violencia de género que mata como ETA en sus tiempos más feroces, una barbaridad tabernaria que no se resuelve con una disculpa.

En fin, pobres italianos... ¡Mira que votan mal!


Isaías Lafuente - El deber.

22.02.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Hace una semana, en el discurso del Estado de la Unión, Barack Obama dijo que su gobierno "no debe hacer promesas que no puede cumplir, pero tiene que mantener las promesas hechas". Lo afirmó un día después de que Rajoy proclamase su último mantra, repetido en el Debate del Estado de la Nación: él ha incumplido sus promesas electorales, pero ha cumplido con su deber. El presidente debe de sentirse muy orgulloso del hallazgo, vista su reiteración, aunque la frase evidencia una concepción desviada y muy peligrosa de la democracia, un sistema político en el que el principal deber de los gobernantes es cumplir los compromisos que les llevaron al poder.

Esta nueva formulación del contrato político no es sólo grave para la imagen del actual presidente sino que es el caldo de cultivo ideal para que prolifere la desafección política de los ciudadanos y se abran hueco propuestas populistas.

Rajoy dejó palpable en el debate que el abrumador apoyo parlamentario es inversamente proporcional a sus debilidades manifiestas. Esgrimir como razón de su viraje el descubrimiento de la gravísima situación a la que España se enfrentaba cuando la estuvo proclamando a los cuatro vientos durante cuatro años no es de recibo. O no se enteraba de lo que él mismo decía o mintió. Promover un gran pacto contra la corrupción sin articular la mínima autocrítica sobre la situación crítica de su partido no parece la mejor manera de inspirar confianza en la propuesta. Anunciar una segunda generación de reformas que irá cumpliendo "en la medida en que las circunstancias lo vayan permitiendo" tampoco anima mucho. Y deslegitimar el discurso de su adversario echándole a la cara el pasado de su partido, juzgado ya en los tribunales y en las urnas, no es la mejor manera de hacer pedagogía democrática.

Rajoy fía su futuro inmediato a su sólida mayoría parlamentaria y a la debilidad de quien desde la oposición podría plantarle cara. Y confía en que una recuperación económica en los próximos tres años haga olvidar a los ciudadanos las promesas incumplidas, convencidos repentinamente de que el fin justifica los medios. Pero las cosas no funcionan así. La revisión de cómo acabaron sus mandatos González, Aznar y Zapatero, por despreciar la talla del adversario, por mentir a los ciudadanos en un momento crítico, o por considerar, como él lo hace hoy, que el deber mesiánico puede pasar por encima que el cumplimiento de lo prometido, puede proporcionarle pistas.


Isaías Lafuente - ¿Y ahora qué?

16.02.13 | 12:20. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

En los años 70 una película, Jesucristo Superstar, provocó un escándalo universal entre los sectores más conservadores de la cristiandad. La imagen excesivamente humana de un Jesús que sentía, que dudaba como los demás, se consideró casi blasfema. En el pasaje de Getsemaní, el protagonista cantaba, abrumado por un camino de tres años que le parecían treinta: yo tenía fe, cuando comencé, ahora estoy triste y cansado... Algo semejante ha dicho el Papa al hacer pública su renuncia.

El corto pontificado de Ratzinger se ha hecho ya un lugar en la Historia. No solo por haber levantado las alcantarillas del escándalo de la pederastia, por haber intentado, sin éxito, poner en orden las cuentas del Vaticano, sino por haber humanizado una figura que hasta hoy se consideraba extensión de lo divino. Sus palabras en el momento del abandono se unen a aquellas expresadas cuando visitó el campo de exterminio de Auschtwitz y preguntó directamente a Dios dónde estaba mientras sucedía todo aquello. Una pregunta universal que adquirió un sentido extraordinario al ser formulada por quien la hizo.

Esas actitudes rompedoras contrastan con el conservadurismo mantenido en el terreno doctrinal que le ha alejado de un mundo que evoluciona mientras la Iglesia permanece anclada, pero que también le ha distanciado progresivamente de amplios sectores de creyentes que viven su fe adecuando sus costumbres al margen de las fronteras dogmáticas que marca la jerarquía. Las iglesias y los seminarios semivacíos son buena prueba de ello.

El futuro Papa, como los anteriores, tendrá ante sí el reto de la modernización de la Iglesia a los tiempos. La incorporación de la mujer al sacerdocio y a los órganos de decisión de la Iglesia, el fin del celibato, la aceptación de que el matrimonio es disoluble, como ya sabemos que es el papado, y una apertura en materia de costumbres sexuales podrían ser revolucionarias aunque solo sean, como lo fue en España en materia política, hacer normal en la Iglesia lo que en la calle es normal. Veremos.


Miércoles, 22 de mayo

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