Opinión

No es Rajoy, es el Estado de Derecho

23.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Arranca la semana más importante de la historia de la democracia en España. Nos estamos jugando la supervivencia como nación y el futuro de un país moderno y democrático. La rebelión del Parlamento y del Gobierno catalán contra la Constitución y contra el Estatut es un desafío construido sobre mentiras, engaños y provocaciones. No es Rajoy el que decreta el 155, es el Estado de Derecho. No es el Partido Popular el que aprueba estas medidas sino el acuerdo con el PSOE y Ciudadanos, que representan al 70 por ciento de los ciudadanos españoles. No son el PP, el PSOE y Ciudadanos los responsables de la situación en Cataluña, sino el PdeCat, Esquerra y la CUP los que han llevado a Cataluña a la secesión y casi a la bancarrota. No es el Gobierno de la nación el que he maltratado a Cataluña, sino el Gobierno de la Generalitat y los políticos independentistas los que han mentido, han engañado a los ciudadanos, han creado una grave fractura social y han dividido en dos bandos a los catalanes. Si pasa algo grave, y puede pasar, los responsables serán desde Artur Mas a los dirigentes de la CUP, con Carme Forcadell, la presidenta suicida del Parlament, a la cabeza. Si pasa algo, la responsabilidad estará en los que han creado este conflicto, lo han prendido fuego y lo han avivado, sabiendo dónde podían llegar las llamas.
Es cierto que en este proceso hay que repartir culpas y que algunas se remontan muy atrás. Es cierto que el Gobierno de la nación ha abdicado de su presencia activa en Cataluña para explicar lo que se estaba haciendo y lo que podía pasar. Es cierto que PP y PSOE han pactado, especialmente con Convergencia, para buscar apoyos a cambio de concesiones y de mirar para otro lado. Es cierto que Zapatero cometió uno de los peores pecados de un político: prometer lo que no podía cumplir. Pero quienes han creado el odio a lo español, quienes han iniciado la separación de España, quienes han engañado permanentemente al pueblo catalán, quienes han sido corruptos en Cataluña, quienes tratan de controlar la Justicia en Cataluña, quienes se han alineado con la extrema izquierda, quienes han gestionado lamentablemente y de forma partidista los recursos, quienes han excluido a más de la mitad de los catalanes, quienes han utilizado el Parlamento de forma torticera, quienes han suspendido leyes que no han aprobado, quienes han perseguido a los que no pensaban como ellos...
Es ese gobierno el que ha violado la autonomía de Cataluña y ha decidido incumplir la Constitución y el Estatut. Pero está teniendo cómplices. El más importante Podemos y sus distintas formas de presentarse, que en Cataluña tienen a Ada Colau como su gran referente. Ellos también tendrán que elegir entre la defensa de la democracia y de la Constitución o la revolución a la venezolana. Es el momento de decidir con quién están. Lo tendrán que hacer los políticos de Convergencia: o retornan al seny o acabarán fagocitados por ERC y la CUP. Y los empresarios catalanes, los que no se han ido y los que no se pueden marchar. Y los ciudadanos que sufren la embestida excluyente del independentismo. Hay que llamar a la serenidad y hay que ser enormemente cuidadosos con la aplicación del 155. Quien ha encendido la llama debe ser consciente de que es muy difícil parar el fuego. Y al frente de los incendiarios quien está es, sin duda alguna, Puigdemont. Aunque él no sea el ideólogo, sino sólo el pirómano.


Francisco Muro de Iscar - Misioneros por el mundo

19.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Este próximo domingo se celebra el Domund. En el lugar más remoto que imaginen -cuanto más lejano, más pobre o más desfavorecido, mejor- hay un misionero. Y muy probablemente un misionero español. Son casi 13.000 y están en América, sobre todo, pero también en Africa, en Asia, en Oceanía y en Europa. También aquí la mujer está en vanguardia. El 50 por ciento son religiosas frente a un 34 por ciento de religiosos, casi un 8 por ciento de sacerdotes y un porcentaje muy similar de laicos. Y hay casi tantos obispos activos en tierra de misión (73 activos y 31eméritos) como en las diócesis españolas (82 en activo y 34 eméritos). Son obispos pastores, con olor a oveja como pedía el Papa Francisco, que lo mismo acogen a musulmanes en riesgo, como Juan José Aguirre en Centroáfrica que se enfrentan a los poderes políticos y económicos en países de Hispanoamérica o conviven con una creciente islamización.
Misioneros y obispos que son pueblo con el pueblo de Dios, que han dejado su vida en esa tierra de misión, evangelizando y siendo voz de los sin voz, brazos activos de acogida para las personas de otros credos, refugio abierto para todos, sin distinción de sexo, credo o raza. Pero siempre con los más pobres de los pobres del mundo, construyendo escuelas para dar una oportunidad a los que no tienen ninguna; hospitales para curar a los enfermos allí donde la sanidad pública o privada es lastimosa o no llega; agua y electricidad para poder sobrevivir, para ver una salida a la miseria y a la explotación; evangelizando desde la alegría y el compromiso de compartir lo poco que se tiene. Nadie como ellos vive la fe, el mensaje de Cristo, el mandato de "amaros los unos a los otros como yo os he amado", la renuncia a casi todo, la solidaridad desde el minuto uno, la integración con los otros, los diferentes, los desatendidos, los olvidados.
Aprenden más de lo que enseñan. Se confunden con la gente, con su gente. El año pasado el pregón de este Día de las Misiones lo hizo Pilar Rahola. Un pregón espectacular, aunque pocos lo esperaran. Este año lo ha hecho Luz Casal. También un grito de realismo y una llamada a las conciencias de todos los que hemos aprendido "a convivir con la injusticia y la desigualdad sin apenas advertirlas... haciendo la costra cada día más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida de una pobreza que nos humilla".
El estribillo de su pregón, como cualquier de sus canciones, decía que "la belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo y el amor lo salva". Luz dice que "hoy nos cuesta pronunciar palabras como caridad" y que los misioneros aportan "dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido degradado cuando no aniquilado" y que "en su viaje al infierno alcanzan el cielo". Como dice Javier Cercas de su madre, los misioneros también "habitan todavía en un mundo con Dios". Por eso hay que apoyarles moral y económicamente. Ellos salvan la imagen de un mundo en el que la riqueza es muchas veces miseria moral, la conciencia se ha aparcado en el garaje de la indiferencia y la solidaridad con los más desfavorecidos es sólo una mueca para engañar a los hombres de buena voluntad. Misioneros españoles, héroes anónimos, testigos de Dios, el mejor espejo de una Iglesia que debería estar siempre en permanente estado de misión.


Francisco Muro de Iscar - La educación es la clave (también en Cataluña)

16.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS)

Casi todos los problemas de España se explican por la educación. Por la mala educación. También los de Cataluña. España arrastra un déficit educativo de varias décadas y sólo a partir de principios de los 70 con la Ley General de Educación de Villar Palasí se empiezan a sentar las bases de una educación generalizada y moderna. Es el Gobierno del PSOE el que da el paso definitivo con la educación gratuita y obligatoria para todos y el establecimiento de los conciertos con los centros privados, que fueron agentes indispensables para implantar sus reformas. Pero con la virtud llego también el pecado porque las leyes socialistas, con su progresismo izquierdista de salón, son las culpables de que hayamos ido rebajando los niveles de exigencia igualando por debajo en lugar de buscar la excelencia. Y porque instauraron también un desprestigio del "maestro" que todavía no hemos sido capaces de recuperar y que ha hecho un daño inmenso al poder educador de la escuela. Un maltrato que han continuado también los gobiernos del Partido Popular.
En aquellos tiempos de la transición y del café autonómico para todos, que catalanes y vascos siguen sin perdonar, se cometió otro grave error. Transferir las competencias educativas y crear después la Alta Inspección del Estado, encargada de velar porque en todo el territorio nacional se cumplieran unas enseñanzas comunes y no se utilizara la educación como un arma política. La Alta Inspección del Estado, que no sé sigue "existiendo" ha sido un fracaso absoluto porque nunca inspeccionó nada y permitió que la educación se usara como un arma de adoctrinamiento masivo, especialmente en lugares como Cataluña o el País Vasco, donde, además, en muchos casos, se enseñó a odiar lo español y al español. No es que educáramos bien para la convivencia a todos los españoles, sino que se permitió todo lo contrario. De aquellos barros estos lodos.
En el proceso catalán, los jóvenes independentistas, formados en las escuelas de Jordi Pujol, de Artur Más y de Puigdemont, han sido, son, una parte fundamental para implementar el referendum y para hacer más visible y más dura la ola independentista. Ellos, sus profesores y plataformas como la llamada Universidades por la República. El adoctrinamiento durante años de esos jóvenes, falsificando o deformando la historia y utilizando esa gran lengua catalana para dividir y separar, ha permitido que una gran masa de catalanes, los más jóvenes, estén convencidos de que España es el enemigo. Y durante décadas, los Gobiernos de España han mirado para otro lado porque necesitaban los votos de Convergencia. "Sois indispensables", les dijo Oriol Junqueras. Por eso, si hay freno y marcha atrás o si el Gobierno de la nación aplica el artículo 155, tendrá que mirar también a las aulas, porque van a estar especialmente violentas.
Y pase lo que pase, habrá que actuar sobre la educación. Se acaba de elegir presidente de la Confederación de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) al rector de la de Lleida. Es un gesto. Pero hace falta tomarse en serio la educación, que es lo único que puede llevar a la modernidad a España. Hay que invertir más, hay que gastar mejor, hay que elevar los niveles de exigencia y de competitividad. Pero, sobre todo, hay que evitar que algunos conviertan la educación en un arma de adoctrinamiento para reclutar activistas.


Francisco Muro de Iscar - Con el Gobierno de la nación

12.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Había pensado titular este artículo de otra manera: "13 Rue del Percebe", que muchos lectores de los viejos tebeos identificarán fácilmente con la situación actual. Lo haría si lo que estamos viendo no fuera tan grave o no hubiera que tomárselo con la seriedad que exige. Pero cuesta renunciar a ello porque lo que está sucediendo es un mal vodevil, un entremés estúpido donde los actores parece haber sido elegido entre lo peor de cada casa, que van de pillería en pillería tratando de engañar a los suyos y a los contrarios, o como protagonistas de un esperpento que, seguramente, contribuya a que Europa y el resto del mundo piensen que somos un país tercermundista, más cerca de Africa que de Europa.
Según análisis de la consultora Kaizen, "sólo el 20 por ciento del tiempo de los trabajadores españoles se invierte en tareas que aportan valor al negocio". Este dato es muy importante cuando hablamos de productividad y competitividad, dos de las asignaturas pendientes de la sociedad española para afrontar un futuro con menos paro y empleo de mayor calidad. Apliquémoslo a la política y, en concreto, a la actual política en Cataluña. Ese 20 por ciento sería un resultado notable. Casi el 100 por cien del tiempo que están invirtiendo en el "proceso" los políticos catalanes y del resto de España, los empresarios y los medios de comunicación, por no hablar de todo el personal que se mueve en torno a cada una de estas profesiones, es un tiempo que no aporta valor al negocio, lo resta.
El espectáculo de los políticos independentistas catalanes es absolutamente lamentable y dice mucho de la política que practican. Hacer un referéndum sin censo y sin ninguna garantía; proclamar unos resultados que nadie ha certificado; declarar la independencia sin declararla; suspenderla sin haberla aprobado y sin votar suspenderla; hacerlo, apoyándose en unas leyes que el Tribunal Constitucional ha declarado nulas; firmar algo que nadie sabe lo que es; hablar de amistad hacia el pueblo español que, según ellos, les oprime; pedir diálogo desde la más absoluta ilegalidad y sin renunciar a ella; arrogarse apoyos inviables y promesas imposibles... Un circo. Perdón, el circo es un espectáculo merece más respeto que esta clase política que ni los catalanes ni los españoles nos merecemos. Hasta los de 13, Rue del Percebe eran mucho más serios y sensatos.
Por eso, en este momento no cabe otra posición que estar con el Gobierno de la nación. Como está haciendo el Partido Socialista -sin escuchar los cantos de sirena de los que, por acabar con Rajoy, están dispuestos a lo que sea- o Ciudadanos y la inmensa mayoría de la sociedad española y, mientras no se demuestre lo contrario, también la catalana. Con el Gobierno y con las medidas que tome hasta que haya unas nuevas elecciones en Cataluña y, tal vez, en España. Primero vuelta a la legalidad y después, hablar. Los ciudadanos catalanes, sobre todo, los de la mayoría silenciosa y silenciada, tienen la palabra definitiva. No pueden dejar que otros se jueguen su futuro.


Francisco Muro de Iscar - Los otros catalanes

09.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Por fin salieron a la calle. Sin miedo y sin vergüenza. Contra el golpe de Estado. Con las banderas de Cataluña, de España y de Europa. Tantos o más que los del referéndum y los de la Diada. Con mensajes de unidad y de convivencia. Defendiendo que la calle es de todos y no solo de los independentistas. Sin odio. Con ganas de construir juntos el futuro. Si como dicen Rajoy ha hecho más independentistas que los sediciosos catalanes, Puigdemont ha conseguido que haya más banderas españolas de las que nunca se había soñado en Barcelona. Y que esa mitad de Cataluña que estaba siendo silenciada y arrinconada por el independentismo, salga a la calle para pedir diálogo desde la legalidad, avances desde la cordura y la sensatez, entendimiento desde la concordia. En una palabra, recuperar el seny enterrado por los independentistas.
Hace algo más de cincuenta años, Francisco Candel, un valenciano que llegó con su familia a Cataluña, escribió una novela, "Els altres catalans", que daba voz a la inmigración a Cataluña, esa enorme fuerza social de españoles que emigraron buscando un futuro en convivencia y progreso, sin los cuales Cataluña no sería lo que es hoy, una comunidad moderna, tecnológica, parte de Europa por ser parte de España. Valencianos, andaluces, extremeños que vivieron en barracas y que empezaron a trabajar a los catorce años, que hicieron la Cataluña de hoy. Algunos de los hijos de esos otros catalanes, encabezan hoy el separatismo más agresivo, sin duda porque han sido educados en las escuelas del odio a lo español y seguramente tienen que hacerse perdonar su pasado. Los que se manifestaban ayer, en una jornada festiva, no son los otros catalanes. Son los catalanes que no quieren prestarse a la locura de unos iluminados. Los que ayer manifestaron en las calles de Barcelona el orgullo de ser catalán y español.
¿Es posible pensar que quienes dirigen la Cataluña de hoy no supieran lo que iba a pasar no ya cuando declararan unilateralmente la independencia sino mucho antes? La mentira se ha impuesto en Cataluña durante mucho tiempo, pero la única verdad es que una independencia imposible traería a Cataluña las fronteras, los aranceles, la limitación de circulación de las personas, de los bienes de los servicios, la huida de las empresas, la imposibilidad de hacer frente a los pagos de nóminas, pensiones y servicios... El aislamiento internacional. Antes que la declaración de la independencia, lo que se necesita es la dimisión de los actuales líderes de la sedición y la vuelta a la legalidad.
La única salida imposible a los problemas de Cataluña es el golpe de Estado. Todas las soluciones pasan por la ley, por el entendimiento, por la Constitución y el Estatuto. Ninguna por la independencia. Nunca Cataluña ha sido más libre y ha tenido más autogobierno que en estos momentos. Nunca. Es cierto que existe un problema y que hay un porcentaje de la población -no sólo de los independentistas- que se sienten mal tratados por el Gobierno de España. Y por eso habrá que ir más a Cataluña, escuchar más a Cataluña. Pero no creo que los actuales líderes de ese proceso merezcan estar ahí, porque son ellos, sólo ellos, los que han llevado a Cataluña a una situación límite y han fracturado la sociedad catalana. Hay que reconstruir puentes, cerrar la herida y ponerse a trabajar en los verdaderos problemas de los catalanes y de los españoles. Con urgencia.


Francisco Muro de Iscar - Que digan ¡basta!

06.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

La mayoría de los expertos no cree que el conflicto catalán se pare. Incluso dudan de que vaya a aplazarse en el tiempo con una propuesta de declaración de independencia en diferido. Es decir que Puigdemont declare la independencia pero que sea efectiva a una semana, a seis meses o a dos años, como propugna el ex consejero de Economía de la Generalitat, Andreu Más Colell. Un ex ministro decía ayer que han llegado tan lejos que es imposible no saltar al abismo y que, además, "es que se creen lo que dicen", aunque todos, incluso ellos, saben que lo que dicen es mentira: ni Europa les va a acoger, ni tendrán el euro, ni dispondrán de crédito, ni pueden pagar las pensiones ni a los proveedores ni el Barça jugará la Liga española ni ninguna otra europea. Se puede engañar a mucha gente durante algún tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Está claro que en este momento es imposible abrir una negociación sobre ningún asunto, mucho menos sobre la independencia. Si los indepentistas catalanes quieren una mediación o una negociación, lo primero que deben hacer es renunciar a la declaración de independencia, revocar las leyes aprobadas en las últimas semanas, acatar y cumplir las decisiones del Tribunal Constitucional y volver a la Constitución y al Estatuto. Sí después de todo eso, se abre una mediación/negociación, tendrá que ser sin condiciones ni imposiciones.
Luego está lo que haga el Gobierno si se produce una declaración de independencia y con qué apoyos va a contar. Rajoy puede contar con el PSOE para determinadas medidas, pero no le respaldará si aplica el 155 de la Constitución. Habría que plantearse, incluso, qué pasaría si Puigdemont proclama la República y Rajoy no hace nada, la policía y la guardia civil se mantienen en Cataluña, lo mismo que el delegado del Gobierno, los mossos se ven obligados a defender el orden público, Cataluña se queda sin fondos, los bancos y los comercios cierran sus puertas o se van, etc. ¿Asume la Generalitat esa posibilidad?

El Gobierno de España tiene sus responsabilidades y debe tomar decisiones sólidas y, en la medida de lo posible, acordadas, al menos con Ciudadanos y el PSOE. La unidad de los constitucionalistas es imprescindible y eso exige sentido de Estado y olvido del partidismo. No ayuda, desde luego, que el PSOE plantee la reprobación de la vicepresidenta del Gobierno cuando lo que tenía que hacer es plantear la del presidente de la Generalitat y de todo su Gobierno o exigir responsabilidades a los que han planteado esta sedición, pero el Gobierno tiene, al menos, que informarles de sus medidas.
El conflicto va para largo, pero tal vez se resuelva antes por la vía económica. Cuando la burguesía catalana y sus empresarios vean que la Bolsa sigue bajando, que los Bancos catalanes deciden llevarse su sede a otra autonomía, que las empresas trasladan sus negocios a otros lugares, que los sueldos y las pensiones peligran, que el Gobierno catalán tiene crédito cero y no puede hacer frente a los pagos a proveedores, tal vez vuelva la razón a los irracionales. O tal vez entonces salgan a la calle todos los que no comulgan con esta rebelión organizad para decir ¡Basta! El domingo pueden hacerlo.


Francisco Muro de Iscar - Vergüenza, irresponsabilidad, prudencia y firmeza

02.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Hay ocasiones en las que cuesta escribir. En días como el 1-O se juntan la vergüenza y la tristeza, el dolor y el desencanto por lo que somos y por lo que parecemos ser. Cuesta pensar que estamos en una democracia, esa democracia que los españoles nos dimos hace cuarenta años con un ejemplo de generosidad y solidaridad, de renuncias y reconocimientos. Las imágenes que hemos podido ver y las declaraciones rastreras de los políticos de uno y otro lado invitan a bajarse de este tren civilizado y de concordia que es la democracia y volver a la ley de la selva. Como demócrata, me repugna la imagen que hemos transmitido a todo el mundo, las peleas entre políticos constitucionalistas, las diferencias entre los mossos y las fuerzas de seguridad del Estado, su incapacidad para defender la aplicación de la ley.
Con urnas opacas; con papeletas dentro, muchas hechas en casa; con un "censo universal" que nadie sabe lo que es y que permite votar a cualquiera; con votaciones en la calle sin control alguno; sin junta electoral; con cambios de colegios electorales una hora antes de la consulta; con niños y ancianos como escudos; y saltándose todas las normas legales y las decisiones de la Justicia, este referéndum era un esperpento y lo ha sido. Pero sí ha habido referéndum y sus resultados seguramente ya estaban escritos antes de que se votara.
La maquinaria del Estado no ha funcionado o ha sido insuficiente para garantizar el cumplimiento de la ley. Y la afirmación de la vicepresidenta de que no ha habido referéndum no es cierto. Lo ha habido. Ilegal, chapucero, inconstitucional, antidemocrático, impresentable... pero lo ha habido.
La deslealtad de la Generalitat y de sus dirigentes es el origen y la causa de esta situación y ellos son los grandes responsables. No hay que culpar a otros, aunque sí hay que exigir otras responsabilidades. Pero detrás del Govern, muy cerca, está el origen del problema: la promesa de Zapatero de aceptar cualquier cosa que decidieran los catalanes, aunque fuera ilegal y anticonstitucional; y la irresponsabilidad del PSOE al culpar en términos de igualdad al Govern de Puigdemont y al Gobierno democrático de Rajoy; la desfachatez de Podemos y de Ada Colau en los insultos al PP y a Rajoy en lugar de criticar a los desleales a la Constitución. Personalmente he echado de menos una declaración conjunta de los tres partidos constitucionalistas en defensa del Estado de Derecho. Pero no se puede pedir lo que no están dispuestos a dar. No nos merecemos estos políticos.
Los independentistas catalanes son responsables de la inmensa fractura social y política de Cataluña y del coste personal, social, económico y político que va a tener esta situación a corto y a largo plazo para España, Cataluña incluida. Hasta el fútbol sufre las consecuencias de esta irracionalidad. A pesar de todo hay que llamar tanto a la firmeza como a la prudencia. Esto hay que resolverlo desde la ley, primero y sin renuncias, y desde el diálogo, después. Y asumiendo responsabilidades todos. Las que toquen.


Francisco Muro de Iscar - Esa "tontería" que amenaza nuestro futuro

28.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Si algo me molesta profundamente es tener que dar la razón a personajes como Donald Trump, pero la tiene. No ha dicho que sería un escándalo que Cataluña se independizara o que las fuerzas vivas del mundo occidental se enfrentarán al desafío secesionista catalán ni que Estados Unidos rechaza no sé qué. Ha dicho que sería "una tontería que Cataluña no siguiera en España". Me parece uno de los análisis más inteligentes que he escuchado sobre el llamado proceso catalán. El mundo, desde Estados Unidos a Europa, está en otras cosas, las que de verdad importan, mientras los líderes independentistas catalanes están a lo suyo. No a lo de todos los ciudadanos catalanes ni a lo de la mayoría. A lo suyo. Jordi Sevilla recordaba ayer una inteligente frase de Kennedy: "los estadounidenses son libres de estar en desacuerdo con una ley pero no de desobedecerla". Los catalanes, igual. Hay que hacer leyes que sirvan para los ciudadanos, para vivir mejor. Pero mientras se cambian por los procedimientos legales, hay que cumplirlas. Las que nos gustan y las que no. Las que nos benefician y las que no.
El problema es que la factura del desafío secesionista de Cataluña va a ser muy elevada. La van a pagar en primer lugar los ciudadanos catalanes, los que apuestan por irse de España y también los que quieren quedarse, pero callan. Y la vamos a pagar todos los ciudadanos españoles porque va a tener un coste social y económico muy alto y quien quiera invertir en España se lo va a pensar dos veces por si a esta locura catalana le puede seguir otra vasca o del cantón de Cartagena. Es un espectáculo lamentable el que estamos dando al mundo.
Por eso, aunque tengamos que ocuparnos de Cataluña, hay que hablar de otras cosas. Ocuparnos tanto de Cataluña hace que estemos dejando de hablar de cuestiones urgentes e importantes. Los intelectuales, los políticos, los empresarios de todo el mundo están hablando y debatiendo sobre la inteligencia artificial, la robotización de los mercados y cómo influirá eso en la economía y en el cambio del modelo productivo, en las empresas y en la precarización laboral. Están analizando los retos que plantea la investigación biomédica y si eso supondrá la desaparición de algunas enfermedades, la posibilidad de influir sobre el genoma y sus implicaciones éticas y jurídicas. O sobre el cambio climático y lo que cambiará nuestra vida diaria, sobre la protección de nuestros datos y la nueva frontera de la ciberseguridad y sobre la importancia de destinar cada vez más recursos a la I+D+i, como única forma de ser realmente competitivos en un mundo que cada vez es más complejo, pero que está tan lleno de riesgos como de oportunidades.
Pero aquí y ahora, en la España del siglo XXI en lugar de hablar de eso, de buscar acuerdos para ser un país moderno, con oportunidades de trabajo para los jóvenes, con un empleo más cualificado y poniendo más valor añadido en todo lo que hacemos, estamos dedicados al cien por cien, a eso que, como dice Trump es "una tontería". Una tontería que pone en riesgo nuestro presente y nuestro futuro.


Francisco Muro de Iscar - No saber quiénes somos

25.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) "No queremos luchar; queremos simplemente vencer... Quien desee que España entre en un período de consolidación, quien en serio ambicione la victoria deberá contar con los demás, aunar fuerzas y, como Renán decía, "excluir toda exclusión"". Lo decía Ortega hace casi cien años en la "España invertebrada" de entonces y sigue sirviendo hoy, después de cuarenta años de democracia, con una Constitución forjada en el acuerdo y la renuncia de todos y en la integración de todas las fuerzas que forman España. Ese acuerdo sirvió para salir del franquismo a la democracia y para sortear, incluso, un intento de golpe de Estado que pudo acabar con todo lo conseguido, así como para enfrentar y derrotar a ETA, la otra gran amenaza permanente de la irracionalidad. Por primera vez, con todas las diferencias, con todos los partidismos, con todas las tensiones, España parecía haber puesto en marcha un proyecto común. Casi todos estábamos de acuerdo en caminar hacia el Estado Social y de Derecho, hacia la defensa de los derechos y de las libertades de todos, hacia la democracia. El imperio de la ley y de las libertades, la tolerancia y la convivencia seguramente como en muy pocos países democráticos y sin la experiencia, los años de ejercicio de las libertades, que han tenido esos países que nos rodean. Para muchos fue un milagro pasar de la ausencia de libertades a la democracia, sin violencia y con respeto a los otros.
El problema, seguramente, ha sido que, superado ese objetivo, ni nosotros mismos sabemos qué somos "nosotros". Los países, las comunidades, las empresas, "las organizaciones políticas tienen que estar basadas en un sentimiento de lo que significa ser "nosotros", en un sentimiento de identidad". La frase de Ricardo Hausman, director del Centre for International Development de la Harvard Kennedy School es certera. Ni siquiera sabemos si somos una nación, como dice nuestra Constitución, con "nacionalidades". Si somos "una nación de naciones", España, con al menos tres naciones dentro -Cataluña, Euskadi y Galicia- como sostiene Pedro Sánchez, el líder del PSOE. Si tenemos sólo dos naciones -Cataluña y Euskadi- que son iguales que España, aunque formen parte de España, como acaba de decir el presidente del Gobierno vasco abriendo -como era de esperar- otro conflicto... O si somos una nación integrada en Europa para hacer frente a un mundo global que cada vez es menos localista y más universal. "Todas las naciones son España", acabó diciendo el líder socialista en un espectáculo más cercano a Martes y Trece que a un discurso político moderno.
Y si no sabemos lo que somos no es posible tener un proyecto común, fuerte, viable. En Cataluña, los políticos nacionalistas apostaron hace tiempo por divorciar la política del derecho, por construir una comunidad en la que los sentimientos -reforzados y manipulados con políticas basadas en la lengua, la enseñanza y la bandera- caminaran siempre por encima de las ideas y en la que las mentiras o las medias verdades acabaron imponiendo su ley. La primera víctima de toda guerra es la verdad. En el otro lado, como seguramente sucederá con el País Vasco, se desatendió el problema porque siempre se pensó que no se atreverían a dar el paso de la secesión. Ahora hay que hacer cumplir la ley y respetar las normas. Luego habrá que volver sobre esa idea compartida, ese proyecto común que es el único que nos puede hacer crecer juntos. Pero el futuro, como la modernidad, no es más Estados sino menos. No es más soberanía sino menos o, en todo caso, más soberanía compartida. No es volver a las tribus sino ser parte del mundo global. No va a ser fácil que lo entiendan quienes siguen viviendo en la vieja política para tratar de defender sus privilegios y esconder sus corruptela


Francisco Muro de Iscar - Políticos trileros, troleros, tramposos

21.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Altura de miras, sentido de Estado, racionalidad, seny, consenso, diálogo para acordar... Lo que se produjo en la Europa de después de las dos guerras y en la España de la transición y que ha construido un sólido sistema democrático que ha permitido a Europa vivir sin guerras fratricidas durante más de setenta años -algo insólito-, crecer económicamente, reforzar los derechos humanos y hacer llegar las conquistas sociales y las libertades a todos, corre hoy un serio peligro. Especialmente en España, pero no sólo aquí. Es, en parte, culpa del deterioro moral, pero también del desenganche ciudadano de la política, lo que es responsabilidad de los políticos, sin duda, pero también nuestra.
El asunto catalán lo está confirmando en España. El desafío independentista basado en sentimientos y no en realidades ni en proyectos posibles, sin ninguna garantía democrática o civil es, como han calificado muchos, una trampa y una estafa antidemocrática. La falta de respeto a la legalidad por quienes están obligados a defenderla se ha impuesto porque algunos políticos han decidido llevar a su pueblo al suicidio colectivo y muchos ciudadanos han permanecido ciegos, sordos y mudos. ¿Quién garantiza que los políticos que pisotearon las leyes, respetarán las futuras? Los políticos que han hecho de la corrupción su espacio natural son los que postulan para administrar el futuro estado independiente. Los políticos que han gestionado con incompetencia, que han rebajado su crédito a "bono basura" y han endeudado a su autonomía son los que garantizan que allí dejará de haber paro, se crecerá más que en ningún otro lugar, las pensiones serán más altas y todos cobrarán antes y con mayor seguridad.
"La política es el arte de servirse de los ciudadanos haciéndoles creer que se les sirve a ellos", decía Louis Dumur. Me atrevo a decir que en poco tiempo, la mayor parte de los políticos -no sólo independentistas- que protagonizan este lamentable proceso acabarán fuera del ruedo político y pagarán su incapacidad para construir un sistema de convivencia. Y será bueno para España. No se puede calificar de "presos políticos" a los líderes catalanes que se saltan todas las leyes y se burlan y desafían a las instituciones del Estado. No se puede decir al presidente del Gobierno que "saque sus sucias manos de Cataluña". No se puede engañar a todos los ciudadanos con promesas imposibles, con asambleas imposibles o con comisiones de salón. No se puede certificar la división interna al ser incapaces de construir un frente común por la democracia y contra la secesión. No se puede aprovechar la disputa para tratar de mejorar una situación partidista. Ni poner intereses míseros, en tiempos de altísima crisis institucional, por encima de los de la legalidad que nos permite, desde hace más de cuarenta años, ser libres, solidarios, responsables de nuestro destino. Todos los que no demuestren estar a la altura, los políticos trileros, troleros, tramposos, que utilizan a los ciudadanos serán expulsados de la cancha política por los mismos ciudadanos a los que están engañando. Cuando abran los ojos y vean donde nos están llevando.


Francisco Muro de Iscar - Cuando las redes se usan para insultar

07.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Las redes sociales son un excelente instrumento de comunicación y están revolucionando la forma en la que nos relacionamos con los demás, especialmente entre los jóvenes. Ignorarlo o demonizarlo, solo puede contribuir a esconder el problema, pero la realidad seguirá estando allí y cada vez con más fuerza. Hablar de impunidad de la red, tampoco responde del todo a la realidad. Todo lo que hacemos en el mundo on line se puede seguir y deja rastro. Que se lo digan a Hacienda y a la Agencia Tributaria, por ejemplo. Otra cosa es que cueste -falta muchos medios- y que los jueces no estén preparados ni tengan ganas de ponerse a ello. Y lo que es delito en la vida "normal" no puede dejar de serlo porque se cometa en las redes. Y si las leyes no están perfectamente adaptadas a la nueva realidad, habrá que hacerlo, pero los fiscales tienen la iniciativa para perseguir esos delitos y los jueces la capacidad de interpretar y aplicar esas mismas leyes y para castigar a los delincuentes.
El problema es que todo es nuevo y que no sólo estamos asistiendo a una sobreexposición permanente de muchos que cuentan hasta cuándo van al lavabo -no digo ya otras cuestiones más íntimas-, sino que algunos se atreven a hacer en las redes lo que no se atreverían a hacer en la calle: publicación de fotos humillantes, amenazas de hacerlo, acoso virtual... Como decía hace poco Enrique Dans, que te acosen, te amenacen o te insulten en las redes sociales no es menos grave a que te hagan un escrache a la puerta de tu casa o te amenacen en la calle. La reciente decisión de una empresa de despedir a una trabajadora temporal que, al parecer, después de una serie de tuits en la misma línea deseó una violación en grupo a Inés Arrimadas -que la ha denunciado-, es una buena decisión para acabar con estos comportamientos. Muchas de esas acciones encajan perfectamente en el delito de odio, político, religioso, racial, que está creciendo e instalándose en una buena parte de la sociedad y que, incluso, traspasa las redes.
Hay que ser radicales, intolerantes contra la violencia en la calle, en los estadios, en las concentraciones... o en las redes. Pero hay que tener en cuenta que Twiter o Faceboook, aunque deberían hacer algo más que abstenerse, no transforman a las personas, simplemente muestran su rostro real, su personalidad, lo que harían si no hubiera sanción. Y no es un problema sólo de quienes insultan y transmiten odio. Son igualmente responsables los que les siguen, les jalean, les aplauden o les ríen las "gracias". Y los que las califican de "travesuras" o las disculpan por el medio en el que se hacen. No hay ninguna diferencia entre quien persigue, acosa e insulta en la calle a otro y quien se oculta y lo hace en la red, con su nombre -los menos- o de forma anónima. El odio envenena todo. También las redes sociales. Hay que pedir sanciones penales duras, rápidas y justas para los violentos, los trolls y los acosadores que se amparan en las redes. Pero también tenemos que exigirnos cada uno de nosotros la más clara intolerancia y condena contra estas conductas y estos delincuentes. Y eso hay que empezar a enseñarlo en la escuela.


Francisco Muro de Iscar - ¿Qué país proponen?

04.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS)

Se inicia una nueva semana decisiva para el problema catalán, aunque todas lo son ya. En estos días se debe llevar a una Mesa extraordinaria del Parlamento la escondida proposición de ley del referéndum, con la consiguiente convocatoria de campaña desde el 14 de septiembre y su celebración el 1 de octubre. Inmediatamente se llevaría al Pleno del Parlamento catalán para su aprobación, si es posible sin debate, junto con la Ley de Transitoriedad, que es, pura y simplemente, la ruptura con el Estado español. Si finalmente los grupos independentistas aprueban esa decisión ilegal, antidemocrática e inconstitucional, el Gobierno de España y el Tribunal Constitucional tendrán que poner en marcha todos los mecanismos legales. Y, entre medias, la Diada del 11 de septiembre, altavoz de todas las decisiones de los independentistas. Estamos pues ante el final de un proceso que, termine como termine, tendrá graves consecuencias.
Pero, ¿qué país proponen los independentistas catalanes con una CUP que se ha adueñado estratégicamente del proceso?

Un país que pretende quedarse, sin compensación alguna, con todos los bienes del Estado español en Cataluña: aeropuertos, Renfe, carreteras y otros espacios de titularidad pública, entre ellos más de mil solares de titularidad estatal.
Un país con una deuda pública de 50.000 millones de euros con el Estado español y otros 25.000 millones con otras instituciones financieras. Pero, además, Cataluña debería asumir el porcentaje que le corresponde de la deuda pública española, estimada en unos 186.000 millones. El problema es que el rating de Cataluña en los mercados es de "bono basura" lo que le impide acudir a esos mismos mercados. Sólo entre 2012 y 2016, el Estado español ha prestado a Cataluña 68.458 millones para su evitar su quiebra y a un interés que le ha permitido un ahorro de 18.228 millones. Sin esos préstamos no habría podido pagar ni a sus proveedores ni las pensiones ni a los funcionarios. ¿Cómo pagará todo eso tras una supuesta independencia?

Un país que esconde las leyes, las hurta al debate parlamentario, propone el incumplimiento de las leyes y que pretende nombrar al presidente del Tribunal Supremo, a los presidentes de Sala y al fiscal general indirectamente por el propio Gobierno catalán. Separación de poderes y ocupación del poder judicial.

Un país con una legalidad que no establece garantías democráticas para la validación del referéndum, que requiere menos votos para aprobar la nueva Constitución que para reformar el actual Estatuto y que "garantiza" la nacionalidad española a todos sus ciudadanos, pero que olvida que eso lo decide con competencia exclusiva el Estado español.
Un país que pretende seguir con el euro, si le dejan, o crear una nueva moneda, si encuentra respaldo, pero que, además, fuera de la Unión Europea y del mercado único, se enfrentará a nuevos aranceles y derechos aduaneros y tendrá que negociar bilateralmente, país por país, nuevos acuerdos.
Hay muchos más aspectos entre lo imposible y lo ridículo, pero basta con el respeto a la legalidad. En una democracia, lo que no es legal no es democrático. La principal patronal catalana ha dicho que la secesión catalana tras el 1-O sería "un golpe de estado". En sus manos y en las de los catalanes está hoy evitar que se produzca.


Lunes, 23 de octubre

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