Opinión

Francisco Muro de Iscar - Una gran nación

20.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Uno de los objetivos principales de los nacionalismos y de los populismos para alcanzar el poder, por la vía que sea, es desacreditar las instituciones democráticas: las del Estado del que forman parte, en un caso; las esenciales de la democracia representativa, en el otro. En ese camino, unos y otros tratan de destruir los pilares de los Estados democráticos. Esos que en Europa y en España han conseguido, por primera vez en la historia, más de siete décadas de paz, unos estándares de libertad y de ejercicio de los derechos democráticos sin precedentes y la práctica desaparición de la miseria o con unos factores correctores que palían el abandono en el que vivían las clases más desfavorecidas hasta hace poco. Es evidente que hay muchos problemas, muchas cosas que corregir -corrupción intolerable, desempleo, brechas económicas y sociales- pero el nivel de vida medio ha pasado en muchos casos de la indigencia y el desprecio a un nivel soportable. Europa es un paraíso al que tratan de llegar los marginados del mundo, dispuestos a arriesgar su vida por conseguirlo.
De España podemos decir lo mismo. Hay muchos problemas sociales y políticos por resolver. En algunos casos nos siguen conociendo fuera más por los tópicos que por la realidad. Aunque millones de personas nos visitan cada día y conocen nuestro sistema de vida, muchos medios de comunicación internacionales acaban hablando de cosas que dejaron de existir hace décadas, el franquismo incluido. Siempre es más fácil recurrir al tópico que profundizar en la realidad. Sobre todo si no invertimos en contar fuera lo que hacemos dentro. Y si son algunos de los políticos "nacionales" los que impulsan estas mentiras, conscientes de que lo son, es más fácil el contagio. Bélgica pidió recientemente "garantías de nuestras prisiones y del trato que reciben los presos". Nuestras prisiones son mucho mejores que las belgas, nuestro sistema judicial tan garantista o más que el belga y nuestros jueces al menos tan independientes como los belgas.
Tenemos una educación universal, obligatoria y gratuita, aún con grandes defectos, que llega casi hasta la Universidad. Una sanidad pública envidiable y envidiada con profesionales de excelencia formados en el MIR y que tratan de quitarnos los países de nuestro entorno. Una Organización Nacional de Trasplantes, que copian y elogian todos los países del mundo, un sistema de Justicia Gratuita que defiende los derechos de los más desfavorecidos con eficiencia y que no existe así en ningún país de Europa. Algunas de las principales multinacionales españolas son líderes en el mundo y ayudan a que estemos entre las diez potencias económicas más importantes del mundo y la cuarta o quinta de Europa. Nuestra democracia, con todos sus defectos, permite que cualquier ideología, incluso las que quieren acabar con el sistema, puedan actuar libremente y con apoyos económicos del propio Estado. Nunca han tenido más libertad ni más derechos los ciudadanos españoles. Es cierto que algunos políticos, con sus excesos, o con su permanente intención de destruir la democracia y de romper el proyecto común, están contribuyendo a que creamos que no somos esa gran nación, moderna, libre y democrática. Pero lo somos. Y es responsabilidad de cada ciudadano contribuir a mejorarla, haciendo nuestro trabajo, denunciando los posibles delitos y apartando del camino a los que quieren romper lo alcanzado. Somos muchos los que hemos construido esta España y necesitamos a todos para hacer una nación mejor.


Francisco Muro de Iscar - Un mercado profesional ineficiente

16.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Todos dicen, y deben ser conscientes de lo que dicen, que el futuro es la educación y que sólo por ese camino podemos construir una sociedad eficiente. Pero luego nadie hace lo que dice. La crisis económica ha reducido de forma importante la inversión en educación -tenemos uno de los porcentajes más bajos de la Unión Europea-, pero, contra pronóstico, los resultados son mejores o se mantienen constantes y desciende, entre otras cosas, la tasa de abandono escolar, lo contrario de lo que sucedía cuando había más dinero. ¿No influye la inversión en la educación? Por supuesto, pero el problema principal del sistema educativo español no es la falta de recursos, sino lo mal que se invierten. Parece como si gastar en educación fuera siempre bueno, cuando lo importante, y lo que debíamos vigilar, es invertir bien y aprovechar cada euro como si no hubiera más. En la educación en general es algo que no se hace; en la Formación Profesional es un desastre histórico y una rémora para nuestro desarrollo económico; y en la Universidad hablar de eso es una provocación.
Pero lo que sucede en el mundo universitario tiene luego consecuencias importantes cuando esos graduados o licenciados tienen que buscarse la vida en un mercado cada vez más complejo y competitivo. La Universidad no forma profesionales ni en la mayoría de los casos mira cómo está, y cómo va a estar el mercado laboral dentro de cinco o diez años. Pero ese mercado recluta a sus miembros de las aulas universitarias y necesita profesionales preparados que no siempre son los que produce la Universidad. Más de 5.500 grados y máster para luego no ofrecer lo que demanda el mercado laboral. Una insensatez.
Ahora mismo, en casi todas las profesiones hay exceso de titulados. No en todas. En Medicina hay una situación crítica porque se está produciendo una masiva jubilación de profesionales -se calcula que un 40 por ciento del total lo hará en estos años- y algunas autonomías están obligando a los médicos a jubilarse a los 65 años, cuando podrían hacerlo a los 70 y la tasa de reposición ha estado congelada durante los años de la crisis. Además, el número de MIR que salen de cada convocatoria es insuficiente porque algunas autonomías reducen el número de plazas. Y, finalmente, como en la mayor parte de los casos, los nuevos médicos solo pueden incorporarse al mercado con precarios contratos temporales, el resultado es que cada año entre 2.000 y 3.000 médicos optan por emigrar. se calcula que se han ido 10.000. Nos hemos gastado mucho en su formación y luego les echamos y se los regalamos a los países de nuestro entorno.
Es posible que los robots acaben haciendo algún trabajo que hacen ahora los profesionales (los médicos saben de eso desde hace tiempo), pero eso es lo menos preocupante. Lo que no se puede es desatender el mundo educativo y profesional de la forma que lo estamos haciendo. Poniendo por delante los intereses partidistas. Favoreciendo contratos temporales low cost, sueldos insultantes y ninguna promoción. Seguro que faltan recursos para la educación, pero estamos despilfarrando cientos de millones de euros que invertimos en graduados universitarios a los que en lugar de ofrecerles una oportunidad, les condenamos a instalarse en la precariedad.


Francisco Muro de Iscar - Cataluña y dos obispos

13.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) En la crisis catalana ha habido pirómanos, cortafuegos y bomberos. Los que incendiaron Cataluña y han hecho un daño casi irreparable a la economía, a imagen y la convivencia en Cataluña, fueron los independentistas catalanes, los mismos que luego se han arrugado y han tratado, hasta ahora sin éxito, de que sus actuaciones no tengan consecuencias políticas, económicas o judiciales. Ha habido también personas e instituciones que han actuado como cortafuegos, tratando de devolver el seny perdido a la gran mayoría de los catalanes, llamando a la moderación y tendiendo puentes. Y finalmente, han tenido que ser los bomberos los que apagaran el fuego y empezaran a sentar las bases para reconstruir la democracia derribada por los independentistas.
En ese grupo intermedio ha estado la Iglesia Católica. Desde Roma, como desde todos los países y todas las instituciones, se dejó bien claro que no había apoyo al secesionismo. La Conferencia Episcopal, también como otras instituciones españolas, ha dado un ejemplo de moderación, fijando los criterios, pero tratando de no aumentar la herida, dada la fractura existente en el clero y el propio episcopado catalán sobre esta cuestión. La misma que han creado los independentistas en el resto de la sociedad. Omella y Osoro, los cardenales de Barcelona y Madrid trataron de mediar desde la responsabilidad eclesial, como también hicieron otros sectores políticos o profesionales para evitar lo que finalmente pasó y que sólo querían los secesionistas. El comportamiento de la inmensa mayoría de los obispos españoles, incluidos los catalanes, fue ejemplar. Ni los que estaban radicalmente en contra ni los que estaban a favor echaron más leña al fuego. Con una excepción, el obispo de Solsona, Isidro Novell.
El mismo obispo que en 2013, declaraba a TV3 que "el obispo no debe pronunciarse sobre temas políticos porque debe ser el obispo de todos", en pleno conflicto en una homilía en su iglesia, con el báculo episcopal en la mano, dijo a sus fieles que "es legítimo lo que Puigdemont ha perseguido con sus actos. En todo momento han intentado hallar caminos para poder llevar a cabo su programa electoral por vías de diálogo y por vías de legalidad. Y, por tanto, que la consecuencia de cumplir lo que es el motivo por el que fueron elegidos sea que son cesados y después encarcelados... esto no es justo... No es justo que por la vía de la fuerza se impida a este pueblo decidir su futuro. Porque tiene derecho a ello. Porque "som una nació. No os confundáis sobre esta cuestión. Será todo lo legal que queráis, pero los cristianos no nos guiamos ni tenemos criterios en función de leyes positivas sino de lo que es justo, verdad y digno. Y esto, esto no es justo". Dicho lo cual, báculo en mano y sin que le temblara la voz, terminó: "hermanos y hermanas podéis ir en paz".
Al obispo Novell le convendría leer lo que otro obispo, el cardenal arzobispo emérito Fernando Sebastián, aragonés, pero con quince años vividos en Barcelona, Lérida y Tarragona, escribía también en esos mismos días en la revista "Vida Nueva": "catalanes y no catalanes tenemos que convencernos de que nadie es más ni menos que los demás ciudadanos españoles. En Cataluña tendrán que ver que están recibiendo un trato justo, normal, sin discriminaciones, pero también sin privilegios. Y esto tiene que ir entrando en la sociedad catalana desde una enseñanza objetiva, imparcial, no manipulada, y con unos medios de comunicación igualmente objetivos, no sectarios ni subvencionados ni teledirigidos. Si no se hace esto o algo parecido, se haga ahora lo que se haga, dentro de pocos años volveremos a estar en las mismas... Esta crisis es una oportunidad histórica No podemos perderla". Dos obispos.


Francisco Muro de Iscar - La parálisis

09.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

No creo que nadie se extrañe de que el problema catalán sea hoy el segundo que más preocupa a los españoles. El primero es el paro, pero si lo de Cataluña no se resuelve, seguramente serán los catalanes los que noten que da lo mismo el orden de ambos, porque a más inestabilidad, fuga masiva de empresas, retirada de inversiones, huelgas, menos riqueza y más desempleo. Daños económicos, posiblemente, para más de una década y daños sociales para más de una generación. Pero lo importante del desafío secesionista no es eso, con ser de enorme importancia, sino la cantidad de recursos y de esfuerzos que se están dedicando a eso y la cantidad de esfuerzos y de recursos que se están detrayendo de las cosas que de verdad importan a los ciudadanos.
Desde hace meses, desde que los independentistas decidieron retar al Estado de la nación, fracturar la sociedad catalana y poner en riesgo la convivencia, infringir la legalidad, toda la legalidad, y hasta fugarse para no someterse a la acción de la Justicia, en Cataluña se han derrochado muchos millones de euros y se ha obligado al Estado a gastar muchos más para garantizar algo fundamental como es la seguridad jurídica, pero que podría haberse dedicado, por ejemplo, a crear empleo, a mejorar la educación o la sanidad. Todo eso lo pagaremos, lo pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos. Y por eso, también tenemos derecho a exigir responsabilidades.
Lo más grave, sin embargo, es la parálisis de todas las agendas políticas y sociales del Gobierno, de los partidos, de los sindicatos y de la patronal. Y el silencio sobre todo asunto que no sea Cataluña. Hasta de la corrupción hemos dejado de hablar. Los sindicatos mayoritarios han denunciado la parálisis de la agenda social y han anunciado movilizaciones a partir del 21-D si no se retoman las negociaciones. Fiar todo a lo que suceda el 21-D es, seguramente, el mayor éxito de los independentistas y un fracaso de todos los demás. De momento no hay espacios para una negociación que no quiere ninguna de las partes. Y, además, puede que el 21-D, si los catalanes no apuestan por el cambio y apartan a los frívolos, no se solucione el problema.
Pero es que, además, está parada la reforma educativa, la de la Justicia prácticamente no ha empezado a caminar, la de las pensiones ni se contempla, el impuso al empleo y una política moderna de investigación están cada vez más lejos porque los partidos están a otra cosa. Y si fiamos todo a la Comisión del Congreso que tiene que pactar una necesaria reforma constitucional, tal vez lleguemos tarde a todo lo demás. De ese pacto ya se han bajado Podemos, machacado por su gestión de la crisis catalana, su liderazgo excluyente y su carencia de proyecto, ERC, que sólo aspira a gobernar Cataluña frente a España, y el PNV, que tiene la mejor situación económica y ningún interés de ser un aliado leal en la construcción de una nación fuerte. Estamos dilatando la respuesta urgente a todos los problemas reales y poniendo en riesgo la salida final de la crisis. Y eso, alguien deberá pagarlo.


Francisco Muro de Iscar - Una Justicia independiente

06.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Son muchas las reformas, de fondo y de forma, que necesita la Justicia española y hasta ahora los partidos, todos, han sido incapaces de ponerse de acuerdo ni en los mínimos, a pesar de que todos, incluidos los operadores jurídicos, coinciden en el diagnóstico. Todos los barómetros coinciden también en señalar que los ciudadanos tienen una mala opinión de la Justicia, pero no ponen en duda la independencia de los jueces. Las principales críticas no están en la actuación de los jueces sino en la elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial y del fiscal general del Estado y, también, en quién debe instruir los procesos penales. Además, los ciudadanos deberían estar más preocupados de lo que están por las garantías del derecho de defensa y por cómo nos estamos cargando la presunción de inocencia, fundamental en un Estado de Derecho. Y también por el hecho de que nadie hace nada por acabar con las filtraciones interesadas y los juicios paralelos y que convierten a inocentes en culpables y a culpables en condenados antes de lo que dictamine un juez.
Pero con todo eso, y algunas cosas más, la inmensa mayoría de los jueces españoles son absolutamente independientes y cuidan su independencia con el máximo rigor. Ni se dejan presionar por los políticos de turno, si lo intentan, ni por los medios de comunicación ni por aquellos que intentan mediatizar su labor de cualquier manera. Existen intentos, claro que existen, y los jueces son hombres y mujeres normales -"estrellas" al margen-, pero están demostrando que cumplen su función: aplicar la ley. Creo que deberíamos ser mucho más respetuosos con ellos y que no deberíamos pedirles mucho más. Menos aún que acomoden las leyes a las necesidades políticas o que solucionen problemas políticos que ellos no han creado.
Hay muchas pruebas de su independencia en estas décadas democráticas. Por los juzgados han pasado desde un presidente del Gobierno a ex ministros, presidentes y consejeros de comunidades autónomas, gerentes de partidos políticos de todo signo, también comisarios y policías. Y los jueces han mandado a la cárcel a muchos de ellos sin importarles de qué partido eran o cómo se lo iba a tomar el ministro de Justicia de turno. No les han juzgado y condenado, en su caso, por ser de un partido o de otro sino por la violación de la ley. Ahora mismo, dos jueces, en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo, han tomado decisiones diferentes ante casos similares. Con absoluta libertad e independencia. Contra sus decisiones hay recursos y garantías porque nuestra Estado es garantista hasta la exageración. Pero nadie puede decir con argumentos jurídicos que hay presos políticos en España -ni antes con el terrorismo de ETA ni ahora con el independentismo catalán-. En prisión preventiva están políticos que han violado las leyes. Y en busca y captura, huido de forma cobarde, está un presidente de la Generalitat que era el máximo representante del Estado en Cataluña y, como tal, el primer obligado a cumplir las leyes que se ha saltado con premeditación y alevosía, incumpliendo sus obligaciones básicas. Si creemos en la Justicia, lo primero es respetar a los jueces y dejarles que hagan su trabajo libre y responsablemente. Y utilizar todos los recursos legales cuando discrepemos de sus decisiones. Es malo judicializar la política. Tan malo como politizar la Justicia.


Francisco Muro de Iscar - Un país para construir juntos

02.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Quedan muchos capítulos de este serial que tiene como actores principales a los ciudadanos catalanes y al resto de los españoles, aunque el escenario lo sigan ocupando los actores secundarios y temporales como Puigdemont y su gobierno. Aunque los han despedido por sus ilegalidades, por su golpe al Estado democrático y por su incompetencia, se resisten a no seguir ocupando la pantalla, aunque para ello tengan que hacer el ridículo, incluso internacionalmente. ¡De la que se han librado los catalanes! Decía Ortega que "la ausencia de los "mejores o, cuando menos, su escasez, actúa sobre toda nuestra historia y ha impedido que seamos nunca una nación suficientemente normal". Una nación imperfecta, pero normal, democrática, solidaria, socialmente estable, con seguridad jurídica... Un Estado de Derecho donde sólo no quepan los que no lo respetan. Contra eso va la rebelión del independentismo.
Pero hay que mirar más al futuro que al pasado. Y hay que construir juntos un país donde quepamos todos, incluso los que no quieren estar en él. En la defensa de las libertades está el germen de la defensa de la libertad de los que no aceptan esas mismas libertades para todos. Eso es lo que diferencia a un demócrata de esos grupos nacionalistas o populistas excluyentes de todo lo que no son ellos. Ahora, con el reto catalán encima de la mesa, el Gobierno y los partidos constitucionalistas tendrían que estar elaborando juntos el discurso que van a ofrecer a los ciudadanos catalanes para que se encuentren integrados en el proyecto de país. Qué van a ofrecer a Cataluña y al resto de las autonomías para que construyamos juntos un país moderno, cohesionado, justo, avanzado, europeo, capaz de competir en un mundo cada vez más complejo y globalizado, Un país donde las aventuras aislacionistas y las nuevas fronteras no conducen a ninguna parte. Hay que desmontar todos los engaños de los nacionalistas catalanes y ofrecer una salida a los independentistas de buena fe, a los que han sido engañados por una escuela manipulada y por una propaganda permanente y bien dirigida. Hay que desmontar, activamente, la excelente comunicación de los partidarios del procés, tanto en Cataluña como fuera de España. Ellos mismos están ayudando ahora a hacerlo, pero no es suficiente.
Se equivoca el que piense que todo está ganado y que las próximas elecciones acabarán con el viejo nacionalismo. Si los que quieren una Cataluña española y europea no acuden a las urnas, si la campaña electoral no es fuerte y rotunda, con argumentos y sin enfrentamientos entre los partidos constitucionalistas, a pesar de sus diferencias, puede pasar cualquier cosa. Y retroceder, aunque sea levemente, sería un desastre para Cataluña y para España. Hay que llevar un mensaje de optimismo, de generosidad y de oportunidades a Cataluña. Somos una nación. Lo somos desde hace siglos. Y lo vamos a seguir siendo si trabajamos juntos. Si Puigdemont comete otro error más y no acude a la cita con la Audiencia Nacional, será su problema. Hay que hablar menos de eso y hablar más del futuro. Brindemos con cualquiera de los excelentes cavas de Freixenet -otro ejemplo de cohesión al decidir, ahora, no salir de Cataluña- por el futuro de Cataluña y de España.


Francisco Muro de Iscar - La Ley y la palabra

30.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Los ciudadanos catalanes quieren elecciones. Las tendrán el 21 de diciembre. Libres y sin trampas, sin urnas oscuras, con todas las garantías. Hablarán los catalanes, todos los catalanes, no sólo los independentistas. Y sabremos lo que de verdad quieren. Las encuestas publicadas este domingo por varios periódicos señalan que los partidarios de la independencia apenas suponen el cuarenta por ciento. Seguramente serán menos si en estos días hasta el 21 de diciembre, los partidos constitucionalistas, unidos en la defensa de la ley, los catalanes que se sienten españoles y el Gobierno de la nación explican a todos los catalanes, puerta a puerta, barrio a barrio, pueblo a pueblo, la verdad de la situación de este momento tan peligroso y duro y las mentiras que les han vendido en las escuelas, en los medios de comunicación oficiales y sobre todo por los políticos independentistas que se han atribuido falsamente la voz de todos los catalanes y han tratado de eliminar al resto.
Recientemente, sir Nicholas Barr, profesor de la London School of Economics decía que "el Brexit es una idea indeseable para mi país, que surgió de la agregación de millones de sentimientos individuales de pertenencia que sólo se satisfacían a sí mismos, pero que hoy comprobamos que dañaban a la comunidad. En cualquier sociedad hay grupos que se sienten maltratados: pobres que notan que la globalización les perjudica o ricos que quieren pagar menos impuestos". Eso, y la necesidad de hacer un poder judicial dependiente y a sus órdenes que juzgara con parcialidad los propios delitos de corrupción, es lo que ha llevado a los políticos catalanes a empujar a Cataluña al barranco y a crear una situación insostenible, ante la que no ha quedado más remedio que aplicar la Constitución como garantía de los derechos de todos los catalanes. A Cataluña vuelve ahora el imperio de la ley, de la Justicia y de la democracia. El Gobierno tiene la obligación de aplicar la ley con el máximo rigor y con el máximo respeto para devolver a todos los catalanes lo que los políticos separatistas han secuestrado y han utilizado para sus intereses y su beneficio: las Administraciones, públicas, los medios de comunicación, las escuelas, la lengua y la cultura. Cataluña necesita un Gobierno que apueste por la convivencia y no por la exclusión de los que no piensan como ellos. Cataluña somos todos y todos cabemos en Cataluña.
Para hacer frente a los profetas iluminados, sin legitimidad, sin votos, sin mandato popular, que han estado a punto de hundir Cataluña, debe llegar el tiempo de la palabra. El poder de las palabras es enorme. Hay que hablar para renovar el proyecto español, con todos dentro. El Gobierno debe hablar alto y claro en Cataluña para explicar la realidad. Tiene que acercarse a los nacionalistas moderados que siguen queriendo un futuro dentro de España. Tienen que hablar, incluso, con los independentistas de buena fe a los que han querido llevar al desastre. Todos los ciudadanos catalanes tienen derecho a saber la verdad. Los catalanes tienen que perder el miedo a hablar. La cita es el día 21. Una oportunidad para recuperar el prestigio perdido y el orgullo de ser catalanes, españoles y europeos.


Francisco Muro de Iscar - La espera y la esperanza

26.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Don Pedro Laín Entralgo, que fue médico, historiador, ensayista, filósofo y discípulo de Ortega y de Zubiri, era un maestro en muchas cosas y sobre todo en antropología médica. Laín escribió un libro que se titula "La espera y la esperanza". Si hoy estuviera entre nosotros, seguramente su análisis filosófico, médico y científico sobre el conflicto catalán, sobre la idea de España y sobre lo que somos o queremos ser daría luz. Nos debatimos entre la espera de qué sucederá mañana -si es que Puigdemont viene al Senado a debatir y si el Parlamento catalán no decide la independencia contra la mayoría de los catalanes- y la esperanza de que tal vez suceda algo que ayude a cerrar un conflicto inútil y sin sentido.
Parece que, esta vez, el Gobierno de España tiene preparadas todas las medidas necesarias para aplicar el 155 de la Constitución, frente a la imprecisión y falta de visión con que se enfrentó no sólo al no-referéndum del 1 de octubre, sino a todo el conflicto, especialmente en Cataluña y fuera de España. No soy capaz de valorar si el 155 es la única solución posible para cerrar ahora el conflicto, pero va a suponer un desgaste brutal de todo el Estado, de la propia democracia y hasta de las personas que tengan que ir a Cataluña a restablecer el orden constitucional. Desde Rajoy hasta el PSOE y Ciudadanos -tal vez también en una parte creciente del aparato independentista y de la población catalana- defienden la alternativa de las elecciones autonómicas no constituyentes como un medio para recuperar "la normalidad democrática". Es complicado pensar que basta con eso si no hay una renuncia expresa a la vía de la sedición y al retorno a la legalidad constitucional.
Pero tan importante como que haya elecciones y que los catalanes expresen sin lugar a duda lo que quieren, es que el Estado está obligado a garantizar que esas elecciones sean realmente libres, sin pucherazos, sin manipulaciones por parte del Gobierno de la Generalitat y con la garantía de imparcialidad de los medios públicos y de las instituciones democráticas. Durante años, y todavía ahora en algunos lugares, no ha podido haber elecciones democráticas en bastantes pueblos del País Vasco porque el poder de los testaferros de ETA ejercía, ejerce una coacción imposible de superar. ETA no mata, pero controla demasiados espacios. Y sin libertad para ejercer el voto no puede haber democracia.
Es fundamental mantener la unidad del bloque constitucional y que el PSOE no se dé por satisfecho con la convocatoria de elecciones y que Podemos -que purga a los que piensan diferente de Pablo Iglesias- o movimientos como el que lidera Ada Colau decidan, sin esconderse, si están con la Constitución o con la sedición, con la democracia o con las asambleas leninistas. Esa es la espera. La esperanza radica en que un ramalazo de sentido común vuelva a la política y haga que los que piensan diferente, acaten el marco constitucional y dentro de él dialoguen para buscar acuerdos. Si no es así, aunque haya elecciones en Cataluña, simplemente habremos retrasado la explosión del problema. Pero no habremos solucionado nada y seguirá la desconfianza, la huida de empresas, la pérdida de oportunidades y la no solución de todos los problemas que de verdad tenemos.


No es Rajoy, es el Estado de Derecho

23.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Arranca la semana más importante de la historia de la democracia en España. Nos estamos jugando la supervivencia como nación y el futuro de un país moderno y democrático. La rebelión del Parlamento y del Gobierno catalán contra la Constitución y contra el Estatut es un desafío construido sobre mentiras, engaños y provocaciones. No es Rajoy el que decreta el 155, es el Estado de Derecho. No es el Partido Popular el que aprueba estas medidas sino el acuerdo con el PSOE y Ciudadanos, que representan al 70 por ciento de los ciudadanos españoles. No son el PP, el PSOE y Ciudadanos los responsables de la situación en Cataluña, sino el PdeCat, Esquerra y la CUP los que han llevado a Cataluña a la secesión y casi a la bancarrota. No es el Gobierno de la nación el que he maltratado a Cataluña, sino el Gobierno de la Generalitat y los políticos independentistas los que han mentido, han engañado a los ciudadanos, han creado una grave fractura social y han dividido en dos bandos a los catalanes. Si pasa algo grave, y puede pasar, los responsables serán desde Artur Mas a los dirigentes de la CUP, con Carme Forcadell, la presidenta suicida del Parlament, a la cabeza. Si pasa algo, la responsabilidad estará en los que han creado este conflicto, lo han prendido fuego y lo han avivado, sabiendo dónde podían llegar las llamas.
Es cierto que en este proceso hay que repartir culpas y que algunas se remontan muy atrás. Es cierto que el Gobierno de la nación ha abdicado de su presencia activa en Cataluña para explicar lo que se estaba haciendo y lo que podía pasar. Es cierto que PP y PSOE han pactado, especialmente con Convergencia, para buscar apoyos a cambio de concesiones y de mirar para otro lado. Es cierto que Zapatero cometió uno de los peores pecados de un político: prometer lo que no podía cumplir. Pero quienes han creado el odio a lo español, quienes han iniciado la separación de España, quienes han engañado permanentemente al pueblo catalán, quienes han sido corruptos en Cataluña, quienes tratan de controlar la Justicia en Cataluña, quienes se han alineado con la extrema izquierda, quienes han gestionado lamentablemente y de forma partidista los recursos, quienes han excluido a más de la mitad de los catalanes, quienes han utilizado el Parlamento de forma torticera, quienes han suspendido leyes que no han aprobado, quienes han perseguido a los que no pensaban como ellos...
Es ese gobierno el que ha violado la autonomía de Cataluña y ha decidido incumplir la Constitución y el Estatut. Pero está teniendo cómplices. El más importante Podemos y sus distintas formas de presentarse, que en Cataluña tienen a Ada Colau como su gran referente. Ellos también tendrán que elegir entre la defensa de la democracia y de la Constitución o la revolución a la venezolana. Es el momento de decidir con quién están. Lo tendrán que hacer los políticos de Convergencia: o retornan al seny o acabarán fagocitados por ERC y la CUP. Y los empresarios catalanes, los que no se han ido y los que no se pueden marchar. Y los ciudadanos que sufren la embestida excluyente del independentismo. Hay que llamar a la serenidad y hay que ser enormemente cuidadosos con la aplicación del 155. Quien ha encendido la llama debe ser consciente de que es muy difícil parar el fuego. Y al frente de los incendiarios quien está es, sin duda alguna, Puigdemont. Aunque él no sea el ideólogo, sino sólo el pirómano.


Francisco Muro de Iscar - Misioneros por el mundo

19.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Este próximo domingo se celebra el Domund. En el lugar más remoto que imaginen -cuanto más lejano, más pobre o más desfavorecido, mejor- hay un misionero. Y muy probablemente un misionero español. Son casi 13.000 y están en América, sobre todo, pero también en Africa, en Asia, en Oceanía y en Europa. También aquí la mujer está en vanguardia. El 50 por ciento son religiosas frente a un 34 por ciento de religiosos, casi un 8 por ciento de sacerdotes y un porcentaje muy similar de laicos. Y hay casi tantos obispos activos en tierra de misión (73 activos y 31eméritos) como en las diócesis españolas (82 en activo y 34 eméritos). Son obispos pastores, con olor a oveja como pedía el Papa Francisco, que lo mismo acogen a musulmanes en riesgo, como Juan José Aguirre en Centroáfrica que se enfrentan a los poderes políticos y económicos en países de Hispanoamérica o conviven con una creciente islamización.
Misioneros y obispos que son pueblo con el pueblo de Dios, que han dejado su vida en esa tierra de misión, evangelizando y siendo voz de los sin voz, brazos activos de acogida para las personas de otros credos, refugio abierto para todos, sin distinción de sexo, credo o raza. Pero siempre con los más pobres de los pobres del mundo, construyendo escuelas para dar una oportunidad a los que no tienen ninguna; hospitales para curar a los enfermos allí donde la sanidad pública o privada es lastimosa o no llega; agua y electricidad para poder sobrevivir, para ver una salida a la miseria y a la explotación; evangelizando desde la alegría y el compromiso de compartir lo poco que se tiene. Nadie como ellos vive la fe, el mensaje de Cristo, el mandato de "amaros los unos a los otros como yo os he amado", la renuncia a casi todo, la solidaridad desde el minuto uno, la integración con los otros, los diferentes, los desatendidos, los olvidados.
Aprenden más de lo que enseñan. Se confunden con la gente, con su gente. El año pasado el pregón de este Día de las Misiones lo hizo Pilar Rahola. Un pregón espectacular, aunque pocos lo esperaran. Este año lo ha hecho Luz Casal. También un grito de realismo y una llamada a las conciencias de todos los que hemos aprendido "a convivir con la injusticia y la desigualdad sin apenas advertirlas... haciendo la costra cada día más dura, inmunizando los sentidos ante el callejón sin salida de una pobreza que nos humilla".
El estribillo de su pregón, como cualquier de sus canciones, decía que "la belleza que provocan los pequeños gestos humanitarios regenera el mundo y el amor lo salva". Luz dice que "hoy nos cuesta pronunciar palabras como caridad" y que los misioneros aportan "dignidad allí donde no hay nada, porque todo ha sido degradado cuando no aniquilado" y que "en su viaje al infierno alcanzan el cielo". Como dice Javier Cercas de su madre, los misioneros también "habitan todavía en un mundo con Dios". Por eso hay que apoyarles moral y económicamente. Ellos salvan la imagen de un mundo en el que la riqueza es muchas veces miseria moral, la conciencia se ha aparcado en el garaje de la indiferencia y la solidaridad con los más desfavorecidos es sólo una mueca para engañar a los hombres de buena voluntad. Misioneros españoles, héroes anónimos, testigos de Dios, el mejor espejo de una Iglesia que debería estar siempre en permanente estado de misión.


Francisco Muro de Iscar - La educación es la clave (también en Cataluña)

16.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS)

Casi todos los problemas de España se explican por la educación. Por la mala educación. También los de Cataluña. España arrastra un déficit educativo de varias décadas y sólo a partir de principios de los 70 con la Ley General de Educación de Villar Palasí se empiezan a sentar las bases de una educación generalizada y moderna. Es el Gobierno del PSOE el que da el paso definitivo con la educación gratuita y obligatoria para todos y el establecimiento de los conciertos con los centros privados, que fueron agentes indispensables para implantar sus reformas. Pero con la virtud llego también el pecado porque las leyes socialistas, con su progresismo izquierdista de salón, son las culpables de que hayamos ido rebajando los niveles de exigencia igualando por debajo en lugar de buscar la excelencia. Y porque instauraron también un desprestigio del "maestro" que todavía no hemos sido capaces de recuperar y que ha hecho un daño inmenso al poder educador de la escuela. Un maltrato que han continuado también los gobiernos del Partido Popular.
En aquellos tiempos de la transición y del café autonómico para todos, que catalanes y vascos siguen sin perdonar, se cometió otro grave error. Transferir las competencias educativas y crear después la Alta Inspección del Estado, encargada de velar porque en todo el territorio nacional se cumplieran unas enseñanzas comunes y no se utilizara la educación como un arma política. La Alta Inspección del Estado, que no sé sigue "existiendo" ha sido un fracaso absoluto porque nunca inspeccionó nada y permitió que la educación se usara como un arma de adoctrinamiento masivo, especialmente en lugares como Cataluña o el País Vasco, donde, además, en muchos casos, se enseñó a odiar lo español y al español. No es que educáramos bien para la convivencia a todos los españoles, sino que se permitió todo lo contrario. De aquellos barros estos lodos.
En el proceso catalán, los jóvenes independentistas, formados en las escuelas de Jordi Pujol, de Artur Más y de Puigdemont, han sido, son, una parte fundamental para implementar el referendum y para hacer más visible y más dura la ola independentista. Ellos, sus profesores y plataformas como la llamada Universidades por la República. El adoctrinamiento durante años de esos jóvenes, falsificando o deformando la historia y utilizando esa gran lengua catalana para dividir y separar, ha permitido que una gran masa de catalanes, los más jóvenes, estén convencidos de que España es el enemigo. Y durante décadas, los Gobiernos de España han mirado para otro lado porque necesitaban los votos de Convergencia. "Sois indispensables", les dijo Oriol Junqueras. Por eso, si hay freno y marcha atrás o si el Gobierno de la nación aplica el artículo 155, tendrá que mirar también a las aulas, porque van a estar especialmente violentas.
Y pase lo que pase, habrá que actuar sobre la educación. Se acaba de elegir presidente de la Confederación de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) al rector de la de Lleida. Es un gesto. Pero hace falta tomarse en serio la educación, que es lo único que puede llevar a la modernidad a España. Hay que invertir más, hay que gastar mejor, hay que elevar los niveles de exigencia y de competitividad. Pero, sobre todo, hay que evitar que algunos conviertan la educación en un arma de adoctrinamiento para reclutar activistas.


Francisco Muro de Iscar - Con el Gobierno de la nación

12.10.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Había pensado titular este artículo de otra manera: "13 Rue del Percebe", que muchos lectores de los viejos tebeos identificarán fácilmente con la situación actual. Lo haría si lo que estamos viendo no fuera tan grave o no hubiera que tomárselo con la seriedad que exige. Pero cuesta renunciar a ello porque lo que está sucediendo es un mal vodevil, un entremés estúpido donde los actores parece haber sido elegido entre lo peor de cada casa, que van de pillería en pillería tratando de engañar a los suyos y a los contrarios, o como protagonistas de un esperpento que, seguramente, contribuya a que Europa y el resto del mundo piensen que somos un país tercermundista, más cerca de Africa que de Europa.
Según análisis de la consultora Kaizen, "sólo el 20 por ciento del tiempo de los trabajadores españoles se invierte en tareas que aportan valor al negocio". Este dato es muy importante cuando hablamos de productividad y competitividad, dos de las asignaturas pendientes de la sociedad española para afrontar un futuro con menos paro y empleo de mayor calidad. Apliquémoslo a la política y, en concreto, a la actual política en Cataluña. Ese 20 por ciento sería un resultado notable. Casi el 100 por cien del tiempo que están invirtiendo en el "proceso" los políticos catalanes y del resto de España, los empresarios y los medios de comunicación, por no hablar de todo el personal que se mueve en torno a cada una de estas profesiones, es un tiempo que no aporta valor al negocio, lo resta.
El espectáculo de los políticos independentistas catalanes es absolutamente lamentable y dice mucho de la política que practican. Hacer un referéndum sin censo y sin ninguna garantía; proclamar unos resultados que nadie ha certificado; declarar la independencia sin declararla; suspenderla sin haberla aprobado y sin votar suspenderla; hacerlo, apoyándose en unas leyes que el Tribunal Constitucional ha declarado nulas; firmar algo que nadie sabe lo que es; hablar de amistad hacia el pueblo español que, según ellos, les oprime; pedir diálogo desde la más absoluta ilegalidad y sin renunciar a ella; arrogarse apoyos inviables y promesas imposibles... Un circo. Perdón, el circo es un espectáculo merece más respeto que esta clase política que ni los catalanes ni los españoles nos merecemos. Hasta los de 13, Rue del Percebe eran mucho más serios y sensatos.
Por eso, en este momento no cabe otra posición que estar con el Gobierno de la nación. Como está haciendo el Partido Socialista -sin escuchar los cantos de sirena de los que, por acabar con Rajoy, están dispuestos a lo que sea- o Ciudadanos y la inmensa mayoría de la sociedad española y, mientras no se demuestre lo contrario, también la catalana. Con el Gobierno y con las medidas que tome hasta que haya unas nuevas elecciones en Cataluña y, tal vez, en España. Primero vuelta a la legalidad y después, hablar. Los ciudadanos catalanes, sobre todo, los de la mayoría silenciosa y silenciada, tienen la palabra definitiva. No pueden dejar que otros se jueguen su futuro.


Martes, 25 de septiembre

BUSCAR

Síguenos

Hemeroteca

Septiembre 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930