
MADRID, 19 (OTR/PRESS)
Nunca me ha gustado el periodismo de aniversarios, ni el que glosa los "días mundiales de*". Me parece más bien fácil y trillado. No me resisto, sin embargo, a escribir en este nuevo aniversario, que hace el número treinta y cuatro -no es una cifra ni siquiera redonda--, de la muerte de quien durante cuatro décadas fue dictador en España, y posiblemente cosas peores. No me interesa, no obstante, recrearme en los aspectos más negros de una figura que aún no ha sido calificada con la dureza que pienso que merece quien actuó como el llamado generalísimo actuó en los años de la posguerra civil. Mucho más constructivo juzgo detenernos un instante en pensar si aún nos pervive, más allá de los nombres de algunas calles españolas, algo del franquismo, precisamente cuando me parece que nos estamos adentrando en algo semejante a una segunda transición democrática.
Hace una década y media, y junto con el periodista Manuel Angel Menéndez, escribí un libro titulado "Lo que nos queda de Franco". Internet y la telefonía móvil estaban en ciernes, o casi, y había estatuas ecuestres del dictador en cuatro o cinco puntos de nuestra geografía. Se pagaba con pesetas que aún, algunas, tenían el rostro -rejuvenecido-- del Caudillo esculpido en una de sus caras. ..
Nada de eso pervive: los niños pasan como de puntillas en las escuelas sobre la figura de quien gobernó omnímoda y despóticamente en España durante cuarenta años y más de la mitad de los españoles han pasado toda su vida consciente en democracia. Con todas las imperfecciones que ustedes quieran, pero en democracia. E incluso hay falsos historiadores, procedentes, para colmo, de la ultraizquierda terrorista, que se empeñan ahora en glorificar las gestas del dictador como las de alguien que ha sido un bien para nuestro país.
Pienso que los españoles, o al menos esos españoles que desconocen lo que es vivir en un régimen de falta de libertades, albergan una ignorancia supina sobre lo que el franquismo representó, tanto para la imagen de un país rodeado de pujantes democracias como para la propia conciencia moral de quienes aquí dentro éramos súbditos y no ciudadanos. La Historia, para no repetirla, hay que conocerla, y ahora me temo que se hurta a nuestros escolares la verdad, como a mí me hurtaron otras tantas verdades históricas, desde el Imperio y el siglo de oro hasta la República y los tristísimos desmanes bilaterales (a mí se me presentaron como unilaterales, porque la Historia la escriben los vencedores, ya se sabe) de la guerra civil.
Mucho más que el hecho de que en algunas calles y plazas se mantengan los nombres de quienes el Régimen consideró héroes o precursores, me preocupa que puedan subsistir "brotes negros" de aquel espíritu intolerante y cerril. Y, desde luego, nada me interesa el debate -que ya prácticamente no existe-- acerca de quién otorgó la legitimidad al actual jefe del Estado, que ha sido, por cierto, esencial para la consolidación de la democracia de que gozamos: la legitimidad te la acaba dando la propia trayectoria, y no los orígenes.
Pero debo decir que, como ciudadano y como periodista, debo denunciar como anacrónicas algunas leyes que aún subsisten procedentes de aquel pasado. No podemos los informadores seguir sujetos a los dictados -en lo que no ha sido derogada_de la Ley de Prensa elaborada por Manuel Fraga en 1966, cuando no existían ni la democracia ni Internet. Y, ya que estamos, tampoco se entiende muy bien que aún exista toda una legislación obsoleta que no reconoce los avances tecnológicos de la Red, por citar solamente un ejemplo.
Por todo ello me he decidido, en este 34 aniversario que, desde luego, yo celebro porque cada vez estamos más distanciados de "aquello", a poner negro sobre blanco estas reflexiones. Simplemente, porque me parece que ha llegado la hora de la modernización definitiva y de desprendernos de los últimos vestigios de lo que alguien, muy castizamente, ha bautizado como "caspa".

MADRID, 17 (OTR/PRESS)
En realidad, es una noticia solo relativamente buena: los secuestradores han salido de rositas, es probable que tengamos que devolver -haciendo piruetas jurídicas-- a los dos piratas detenidos en Madrid. Y alguien --¿de momento el Estado español?-- ha pagado a unos delincuentes casi cuatro millones de dólares, salvo error y posteriores explicaciones. Pero la parte buena es que la pesadilla ha terminado, que los pescadores están libres y que la conmoción política y legal da paso a una nueva etapa: la de pensar qué se ha de hacer ahora para que nunca, jamás, vuelva a repetirse algo como lo que hemos vivido, sobre todo lo que los secuestrados y sus familares han vivido, estas últimas semanas.
Ahora se puede decir que había dimisiones -dimisiones consecuentes y responsables-- planteadas sobre la mesa en el caso de que el desenlace de este secuestro hubiese sido diferente al que ha sido. Eran momentos en los que la impresión era la de que los "malos" ganaban, mientras los "buenos" se peleaban entre sí para echarse la culpa de los platos rotos. En la misma medida, ahora cabe felicitarse por el buen tino de los negociadores gubernamentales, de la oposición que supo callar a tiempo y de los medios de comunicación, en general, que hemos contribuido, parece, a sosegar los ánimos. Sin olvidar la actitud de los familiares y de los propios secuestrados, que han evitado cualquier resbalón peligroso. Acerca del comportamiento de ciertos jueces, no parece ahora el momento de los reproches, que, además, puede que ni siquiera fuesen procedentes.
Lo importante, insisto, es procurar ahora que no haya más "casos Alakrana", ni más "Playa de Bakio". Que los malhechores no puedan repetir sus fechorías, que el orden internacional se mantenga. Que los bufetes internacionales que, so pretexto de cooperación humanitaria, sirven para dar cobertura a los rescates exigidos por los piratas, sean inhabilitados. Que los países europeos, los más afectados, cooperen a restaurar un orden profundamente alterado. ¿Cómo hacerlo? Obviamente, no soy yo quien tiene que ofrecer las recetas; pero es evidente que, desde darse una legislación eficaz a nivel internacional hasta el uso de la fuerza razonable, razonada y proporcionada, hay un abanico de acciones que pueden ensayarse. Que hay que ensayar.

MADRID, 16 (OTR/PRESS)
¿Ha salido Mariano Rajoy fortalecido de su convención catalana? Yo creo que sí. Creo que el presidente del Partido Popular, en cada uno de estos envites, confirma lo que para casi todos es evidente y solamente algunos, dentro por supuesto del PP, se empeñan en cuestionar: que Rajoy será el candidato a la Presidencia del Gobierno de España en 2012. Y que, si él se empeña algo en sacudir su habitual modorra, y en su partido no le ponen más zancadillas, podría, además, llegar al sillón de La Moncloa.
Me precio de conocer, por mi profesión de mirón, bastante bien al Partido Popular, como también al Partido Socialista. Son dos grandes formaciones, un poco anquilosadas por el peso de los años y de una no excesiva renovación, no de caras, sino de tácticas y procedimientos. El PP es un partido importante a escala europea, con setecientos mil militantes y centenares de sedes distribuidas por toda España. Una militancia que, en algunos puntos de la geografía española -pienso, sobre todo, en algunos territorios vascos- es, simplemente, heroica. Comprendo el dolor de esos afiliados cuando desde los medios descalificamos genéricamente a la clase política, y yo, mea culpa, he sido el primero que en ocasiones ha caído en ello.
En el PP, como en el PSOE, hay aprovechados, golfos, caraduras e incluso ladrones. Los hay hasta en las instituciones más respetables. Pero el PP, como el PSOE, comenzando por sus dirigentes, es una organización básicamente honrada, aunque a veces a ambos partidos se les olvida un poco que quien manda en ellos es el ciudadano, que es, al final, quien les vota y les paga las nóminas. Y es precisamente en este sentido en el que valoro convenciones como la que el PP celebró este fin de semana en Barcelona: parece que se han dado cuenta de que tienen que recuperar a ese ciudadano defraudado con los usos y lenguajes de una casta que se va alejando del hombre de la calle. Lo demás, algunas ausencias o medio deserciones para encabezar desfiles frívolos, es anécdota.
Rajoy, en ocasiones, me desespera. Lo mismo que Zapatero o que otros muchos dirigentes políticos. Pero les reconozco un afán de superación y, hasta cierto punto, de servicio. No, no tenemos hoy día en España enormes figuras políticas, de esas que permanecen para siempre en la Historia. Tanto Zapatero como Rajoy tienen bastantes virtudes y multitud de defectos; cuántas veces los habremos ya desgranado. Pero representan a los españoles, tienen sentido común, no hacen demasiadas tonterías y saben dónde les (nos) aprieta el zapato, para decirlo en lenguaje llano.
Hoy por hoy, y sé que mi opinión no va a ser muy compartida, los prefiero a otras alternativas posibles. En el caso de los "populares", me provoca pesadillas pensar en algún zascandil que se propone, con altos apoyos procedentes del pasado, como alternativa. En el caso de los socialistas, me invade el temor cuando me dicen que acaso ZP dé un paso atrás para ceder el sitio a un joven o a una jóvena cuyos nombres se barajan. Los experimentos, con gaseosa y tiempo al tiempo. Confío en asistir, en 2012, a un nuevo duelo al sol entre ZP y MR. Esperemos que, para entonces, las aristas se hayan limado y se esté dando ya un verdadero juego constructivo entre Gobierno y oposición. Y que gane quien de los dos sea, en esos momentos, el mejor. Después, Dios dirá.

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
¿Estará empezando a morir ETA, al menos tal y como hasta ahora la conocíamos? La impresión que existe en algunos ambientes que conocen bien, o creen conocerla, a la banda dicen que se aprecian movimientos importantes en su seno. Unos movimientos que demostrarían que los presos más veteranos están cansados, que los auténticos líderes han sido detenidos, que una parte de la organización terrorista quiere volver a la negociación y que la última resolución del Tribunal de Estrasburgo, condenando a una ETA acostumbrada a recibir árnica en los foros internacionales, ha sido un mazazo incluso para los más "duros" en el espectro del terror.
La declaración leída este sábado en Venecia, en el curso de una conferencia de paz internacional, señalando que "la voluntad popular expresada por vías pacíficas y democráticas se constituye en la única referencia del proceso de solución" del conflicto vasco, ha suscitado algunas esperanzas. Y ello, por más que el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, mostrase una actitud despectiva acerca de una declaración que, dijo, "es más de lo mismo, un camino que no lleva a ninguna parte".
La declaración fue leída por Jone Goirizelai, abogada de Arnaldo Otegi, en prisión desde hace casi un mes a raíz de una decisión del juez Baltasar Garzón, que le encarceló, junto a varios compañeros entre los que se encontraba el ex dirigente sindical de LAB Rafa Díez Usabiaga. Goirizelaia, que recientemente anunció que no quería seguir militando en Batasuna, aunque sin duda apoya la nueva plataforma que Otegi y sus compañeros trataban de formar para legalizar una "heredera" de Batasuna de cara a las elecciones municipales de 2011, en ningún momento condenó a ETA. Tampoco lo hace esta "declaracióin de Venecia", leída justamente en el aniversario del mitin de Anoeta, en el que Otegi, el 14 de noviembre de 2004, inició, de hecho, el proceso de negociación entre el Gobierno de Zapatero y la banda terrorista. De hecho, esta declaración ni siquiera cita a ETA.
La declaración habla de un "proceso" (nuevamente una negociación), que abra un acuerdo político resolutorio "a refrendar por la ciudadanía", en una "ausencia total de violencia y sin injerencias (¿de ETA?), mediante la utilización de vías exclusivamente democráticas". Nuevamente, la "vía Otegi" se decanta por los "principios de Mitchell", el senador norteamericano que sentó las bases de la negociación que resolvió el conflicto de Irlanda del Norte, un modelo muy querido para Otegi, que trató de ser "el Gerry Adams" de Euskadi. Y un modelo que, en su día y en pleno fervor negociador en La Moncloa, fue recomendado por el entonces "premier" Tony Blair a su colega Zapatero.
Las fuentes gubernamentales consultadas por quien suscribe se mostraron muy poco receptivas y muy escasamente esperanzadas ante este comunicado, leído en Venecia y Alsasua y publicado este domingo por el diario El País, exclusivamente. Pero, sin duda, y en esto coinciden todas las fuentes, algo se está moviendo, y con cierta rapidez, en el mundo "abertzale", que parece desmarcarse crecientemente de una ETA que parece también cada vez más desnortada.
En este marco, en el Ministerio de Interior ni siquiera admiten que pudo haber sido un error la reciente detención y encarcelamiento de Otegi, Díaz Usabiaga y otros, entre ellos la hija del líder de Aralar, Patxi Zabaleta, un hombre que varió sus planteamientos y se decantó por formar un partido independentista pero que abominaba de la violencia. Las fuentes consultadas en el País Vasco y en Navarra consideran que Zabaleta no estaría demasiado lejos de la plataforma que intentaba, e intenta aunque ahora desde la cárcel, montar Otegi cinco años después de su famoso mítin en Anoeta. Una plataforma, más que un partido, a la que podrían adherirse incluso, se dice, personajes radicales del peneuvismo, como Xabier Arzalluz.
El primer movimiento serio le toca a ETA, insisten fuentes policiales, que rechazan, como lo hacen los portavoces del Gobierno, cualquier paso desde el Ejecutivo en dirección a un nuevo proceso negociador, aunque los contactos nunca se hayan, lógicamente, perdido del todo; el hecho de que "Josu Ternera", considerado paridario de un pacto con el Estado, sea el único de los cabecillas etarras que participaron en las negociaciones de la legislatura anterior que siga sin ser detenido no deja de parecer sintomático a algunos observadores. Otros lo juzgan, simplemente, "extraño", puesto que consta que ha estado localizado por las fuerzas de seguridad en más de una ocasión.
En algunos medios policiales relacionados con la lucha antiterrorista se espera ahora alguna reacción por parte de ETA, que mantiene un cauto silencio ante lo que están haciendo algunos de los que eran su "brazo político" en Batasuna.
La llegada de Patxi López, del PSE y, en alguna medida, del PP vasco al poder en Euskadi ha cambiado muchas cosas: resulta también muy significatoivo el relativo silencio de López y de su consejero de Interior, Rodolfo Ares (que participó en las negociaciones de Loyola con Batasuna en 2006), ante la permanencia de Otegi y sus compañeros en prisión. No es seguro, empero, que compartan plenamenta la actual estrategia de Rubalcaba, pese a la sintonía de este con Ares: el ministro del Interior ha declarado varias veces su satisfacción por la detención de Otegi, que llegó a ser calificado como "hombre de paz" por el propio presidente del Gobierno, cuando la negociación Gobierno-ETA estaba en pleno fragor.
Esta misma semana que comienza podría ser pródiga en declaraciones relacionadas con este "proceso subterráneo" que se ha abierto en el mal llamado mundo abertzale (patriota). Puede que en Anoeta se iniciase, hace un lustro, un camino que ETA se encargó de malograr, aunque cierto es que el Gobierno también cometió errores en la negociación con la banda, que ya desde 2007 se encuentra nuevamente en una línea de franca violencia.
Pero puede que también en Venecia se haya dado un paso, tímido, hacia el fin de esa pesadilla que los españoles padecen desde hace cuarenta años y que se llama ETA, una sanguinaria organización que, día a día, va perdiendo apoyo incluso entre los suyos. ¿Será esta la última Legislatura de la banda? Cautela es la respuesta que te dan cuando lo preguntas a quienes, presumiblemente, verdaderamente saben.

MADRID, 14 (OTR/PRESS)
Resulta que el "Alakrana" está lejos, en el mar internacional -que no somalí--, y quienes se marean, en tierra, son los miembros del Gobierno de España. Hay quien dice que llevamos dos consejos de ministros, dos, en los que no ha sido precisamente armonía lo que ha reinado entre los responsables de algunas carteras, aunque luego la vicepresidenta Fernández de la Vega salía bravamente a lidiar con el oleaje de las preguntas de los periodistas: no, no hay diferencias, dijo, entre ella y la titular de Defensa, Carme Chacón, aunque resulta innegable que la inteligencia militar advirtió en contra del traslado, recomendado por y a la abogacía del Estado, de los dos piratas a España.
Es la presencia de los dos delincuentes la que, admitámoslo, ha puesto en un brete a juristas, jueces, abogados, clase política y medios de comunicación. Una presencia que va a encarecer el rescate y de la que muchos son culpables -acaso Garzón, a quien se echaron inicialmente encima todas las responsabilidades, el que menos--, aunque ya poco importe y de nada sirva andar echándose los trastos a la cabeza: habrá un cambalache jurídico, todos tendremos que tragar el sapo, se pagará un generoso rescate a los piratas, el ya famoso bufete de Londres se llevará -por razones humanitarias, eso sí- un buen pellizco, lo mismo que ciertos letrados nacionales que imaginamos, y una suerte de vergüenza colectiva se apoderará de todos nosotros tras el "arreglo" al que se llegue. Después... ya veremos lo que ocurre después.
En fin, a lo que íbamos: que el Gobierno no pasa precisamente por sus mejores momentos, aunque la discreción es la tónica entre los ministros estos días: no conviene aventar diferencias ni exponer criterios legales demasiado dispares, aunque los haya. Sume usted a lo del "Alakrana", donde tan poco airosos hemos estado casi todos, la información, que copó los titulares económicos, de que todos los grandes europeos salen de la crisis, menos nosotros, y añada la guinda de la escandalera que se ha montado con la decisión de un juez imputando al secretario de Estado para la UE, Diego López Garrido, por presunta malversación y prevaricación. Una noticia que llegó al tempestuoso Consejo de Ministros cuando este ya concluía, y que obligó a López Garrido a convocar una rueda de prensa inmediata: "estoy tranquilo, todo está clarísimo y no pienso dimitir", dijo.
Hizo bien en acudir con prontitud a los medios, hizo bien el secretario de Estado en dar explicaciones e hizo bien en salir a torear el morlaco que le azuzó el centro de estudios jurídicos Tomás Moro, especializado, por lo demás, en demandas contra clínicas abortistas. Veremos en qué queda esta acusación por haber concedido, siendo secretario de Estado, una subvención a una fundación cercana al socialismo, Alternativas, de la que él fue patrono. Hace también bien en no apresurarse a dimitir por un tema que huele a menor y, desde luego, huele a estar dentro de los márgenes de lo legal, aunque quizá no de lo políticamente elegante; imagine usted qué ocurriría si, a mes y medio de que España comience la presidencia de la Unión Europea, nada menos que el secretario de Estado de la cosa tiene que abandonar el cargo. Nada bueno se derivaría, desde luego, para los intereses y la imagen de nuestro país.
Ya ven que ni siquiera desde la oposición, ocupada como está en sus propias convenciones -ahora en Cataluña-- para garantizar la estabilidad de su líder, se han lanzado las campanas al vuelo: cuando el enemigo está ocupado, lo mejor es no distraerle, deben pensar en el Gobierno, parafraseando a Napoleón. Así que, para no distraer demasiado, ha habido algunas llamadas educadas entre Zapatero y Rajoy y consenso, al fin.
Consenso, digo: ¿sobre el "Alakrana"? No, qué va. ¿Acerca de la presidencia europea? Frío, frío. ¿Para combatir la crisis económica? De ninguna manera. ¿Entonces? Entonces, resulta que el único pacto tangible últimamente entre socialistas y "populares" se ha dado en torno a la figura del nuevo presidente de la Corporación RTVE, un ex ministro de UCD y persona respetabilísima, de ochenta y un años, llamado Alberto Oliart, que lo primero que ha hecho ha sido reconocer que de la tele sabe más bien poco. Pero, contra lo que ocurría con otros candidatos propuestos por el Gobierno o por el PP, sucede que Oliart no molesta. Que, a estas alturas de la película, es lo que conviene: discreción y bocas cerradas, que ya nos lo ha advertido el presidente Zapatero.
fjauregui@diariocritico.com blog: http://diariocritico.com/blogs/politica/

MADRID, 13 (OTR/PRESS)
No sabe uno cuándo se van a normalizar las cosas, cuándo se van a aquietar las aguas, en estas formaciones políticas que Dios y nuestra propia ofuscación nos han dado. Me cuentan que el Gobierno anda enzarzado en el "y tú mas" a la hora de echarse las culpas por la desastrosa gestión de la crisis del "Alakrana". Y nos dicen que la oposición, es decir, el PP, celebra su convención catalana, con todos los pesos pesados (bueno, casi todos) juntos, pero de ninguna manera revueltos, en la idea de que algo hay que hacer para llegar a desbancar a los socialistas de La Moncloa, ahora que pintan bastos para los gubernamentales.
Así afrontamos el fin de semana: con la crisis del Alakrana a flor de piel, aunque con expectativas de que nuestros marineros vuelvan pronto a casa (previo pago, pero eso es algo de lo que nadie, a estas alturas, debe escandalizarse), lo que no disminuye los niveles de confrontación interna y de echarse las culpas los unos a los otros en el seno del Ejecutivo. Y, por el otro lado, con una parte de la oposición ejerciendo de oposición al líder de la oposición, valga la enorme redundancia: Rajoy sabe ya perfectamente, dicen, quién está a su lado y quién, diciendo estarlo, no lo está.
Porque, por ejemplo, ¿por qué no acude Aznar, gran mentor de Gallardón, a la conferencia de Barcelona? Quizá por cansancio de sus muchas correrías por el mundo, o quizá porque no le han asignado el papel que él quería. O tal vez porque se trata de debilitar a Rajoy a base de ausencias, aunque, más allá del morbo, no creo que el ex presidente sea muy echado de menos: vale más por lo que calla, que últimamente es poco, que por lo que dice, que en los últimos tiempos es bastante.
Es triste que, en cuanto aparece la primera crisis política importante, y el secuestro del "Alakrana" lo es, las fuerzas políticas aprovechen para arremeter las unas contra las otras. Y, más triste aún, que no pierdan la oportunidad de meter el dedo en el ojo a sus propios correligionarios. Claro que, tras todo lo que ha ocurrido esta semana con salidas de tono de Camps, de la ministra Bibiana Aído y hasta del portavoz de la Conferencia Episcopal -Dios nos coja confesados--, ya nada me impresiona ni nos puede extrañar. Qué país, Señor...

MADRID, 12 (OTR/PRESS)
Nada tengo en contra de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, sin duda la aportación más peculiar de Zapatero en su andadura por la gobernación de España. Ya sé que, desaparecida Magdalena Alvarez del Ejecutivo, el presidente necesitaba a un ministro, o ministra, que hiciese de catalizador de los rayos de la indignación colectiva y de las risas no siempre benévolas de la ciudadanía. Lo que ocurre es que la señora Aído ya no sirve como pararrayos, sino que amenaza con ser el último lastre que hunda el barco. No porque quiera meter la tijera al refranero español, que ella considera en buena parte sexista y machista -y, en algunos casos, pocos, lo es--, no porque pretenda que "miembra" sea palabro que entre en la Real Academia Española. Eso es cosa de poco, peccata minuta, mero divertimento popular. Lo de la reforma de la legislación sobre el aborto, que es un proyecto que ella ha capitaneado, ya tiene más calado, y posibilita, dentro del sainete nacional, amenazas colectivas de excomunión lanzadas desde el sector más tridentino de la Conferencia Episcopal.
Lo cierto es que, se mire como se mire, presuntos desvaríos como ese proyecto de ley, el más polémico y el peor aceptado de todo la etapa Zapatero, o decisiones como la de la Junta de Extremadura poniendo en marcha una campaña para promocionar la masturbación ("hay que prevenir los embarazos" dice la señora Aído, completando el cuadro sainetesco), son factores que quizá resten al PSOE más votos que las consecuencias de la crisis económica. El nuestro, España, sigue siendo un país epidérmico, en el que la veleta de la opinión pública (y publicada) gira con enorme rapidez. Y se olvida antes un error garrafal en el terreno económico, por muchas consecuencias que tenga, que una "boutade" o una tontería lanzadas a los cuatro vientos por un personaje público.
Yo creo que Bibiana Aído se empeña, cada día, en demostrar lo prescindible de su Ministerio, y bien haría Zapatero cortando por lo sano cuanto antes, aprovechando que tiene que disminuir el gasto. "Más vale una vez colorado o colorada que cien amarillo, o amarilla", que dice el refrán. Y es que, otro refrán neutral, Dios da cuchara a quien no tiene boca.

MADRID, 11 (OTR/PRESS)
Decía un sabio amigo que "hay gente que no sabe estarse quieta". En la clase política, con protagonismo indudable del Gobierno, hay abundantes ejemplos. ¿Funciona? Pues entonces, desmóntese. Primero, el Ente fue Corporación, luego se le quitó la publicidad, a continuación la polémica -por decir lo menos- sobre el traslado de sede y ahora, finalmente, la sustitución de Luis Fernández, todo un profesional, por Alberto Oliart, todo un ex ministro. Con una brillante trayectoria al servicio del Estado en los tiempos, tan recordados, de la UCD. Pero hoy, con 81 años, ajeno por completo al negociado televisivo y a las nuevas tecnologías, Oliart no parece el hombre adecuado para pilotar los nuevos tiempos del apagón analógico, las nuevas fórmulas de sustento de la televisión pública y la irrupción de Internet en las fórmulas clásicas televisivas: todo dependerá, claro, de a quién coloque, o le coloquen, como director ejecutivo.
¿Por qué, pues, Oliart? ¿No había una figura más adecuada, más representativa de los nuevos tiempos, en el necesario consenso entre PSOE y PP? ¿Es lógico que, en una empresa pública deficitaria y que jubila a sus trabajadores a los 52 años, ocupe la presidencia un octogenario, por muy respetable que sea, que sin duda lo es? ¿Hay alguien interesado en debilitar sustancialmente la televisión pública? Pues que lo digan. Ese es un debate pendiente desde hace casi dos décadas. Pero siempre se ha preferido mantener la selva audiovisual, sometida a todo tipo de arbitrariedades, montajes políticos y maniobras incluso desde la mismísima Moncloa. La última, la aprobación por decreto, nada menos que en un Consejo de Ministros un 13 de agosto, de las TDT de pago, contra el criterio del Consejo de Estado.
A Luis Fernández hay que reconocerle que supo mantener a RTVE en una independencia política que no había tenido con gobiernos anteriores, a lo que le ayudó no poco el equipo de informativos. Pero también mantuvo, si es que no agravó, el caos económico de un ex Ente que acumuló una deuda increíblemente millonaria. Puede que haya que redimensionar la radio y la televisión públicas -no solamente las estatales, claro, sino también las autonómicas, las locales de municipios...--; pero ábrase ya el debate. Puede que los contenidos de estas "teles", todavía analógicas, no sean los más adecuados, puede que las fusiones entre las cadenas privadas -algunas de las uniones que se han planteado eran, o son, antinatura- sean obligadas; entonces, en ese caso, respétense las reglas de la competencia y renuncie el Gobierno, los gobiernos, a meter mano en el asunto...
En fin, que la renuncia de Fernández, sean cuales fueren los verdaderos motivos, evidencia el estado de caos en el que se encuentra la cosa audiovisual. Y no parece que vaya a ser el veteranísimo señor Oliart, por quien vuelvo a expresar todos mis respetos, quien pueda venir a poner orden en un cotarro que tanta gente quiere alborotar.

MADRID, 10 (OTR/PRESS)
De verdad que, si volviese a nacer, volvería a ser periodista. Al menos, en España. País fascinante donde los haya. Pues ¿no han contratado en el Parlamento catalán un servicio de traducción para que los diputados catalanes pudiesen entender lo que decían sus colegas nicaragüenses? Fino rasgo de humor, al menos contemplado de este lado de la barrera. Y ya he dicho alguna vez que, si no fuese por la tragedia de las familias y de los secuestrados, lo del "Alakrana" daría de sí para una estupenda comedia del absurdo. Pero están los familiares y los secuestrados, y esto no puede, de ninguna manera, convertirse en una tragedia.
Ahora que los familiares se han podido entrevistar, al fin, con el presidente del Gobierno y con el de la Audiencia Nacional, solicitando lo que hasta anteayer era imposible y ahora es probable, voy a intentar contarles lo que sé acerca de este sainete de enredo. Resulta que, para poder enviar a los dos piratas -encima, sobrinos del jefe de la banda_ a Somalia, que es un país virtual, debería recibirse en la Audiencia una petición de un juzgado somalí, nada menos, reclamando el caso para juzgarlo allí. Mero tecnicismo que no logra encubrir el verdadero objetivo: que los dos piratas salgan prácticamente impunes del lance.
El ridículo, en todo caso, no es solamente nacional, con la traída a España de los dos piratas, la discusión sobre la mayoría de edad de uno de ellos, los cambios de legislación que van a ser precisos para vestir el muñeco, etc. Lo peor de todo es que, fascinantes como sin duda somos, no somos los únicos fascinantes: porque los piratas están consiguiendo poner en jaque a varias "potencias" occidentales, impotentes, valga la contradicción, para acabar con esta plaga que creíamos extinguida en los tiempos de Francis Drake, a quien su país convirtió en Sir, ennobleciendo la piratesca condición.
Ignoro cómo se va a solucionar jurídica y crematísticamente un secuestro que debe acabar ya, como sea, por el bien de los secuestrados, de sus familiares y de la autoestima de todos. Solamente me atrevo a decir que, después, alguien tendrá que pensar, a escala internacional, en hacer algo conjuntamente para terminar con estos "señores de los mares", que no son sino un conjunto de delincuentes lumpenizados y potencialmente capaces de lo peor. Y, encima, nos han ofrecido una imagen altamente tecnificada y sofisticada, como si dispusieran de asesoramiento jurídico y hasta de comunicación. ¿Quién, desde qué bufetes radicados en qué capital europea, está ayudando a estos malhechores, forrándose so pretexto de prestar un auxilio humanitario? Por ahí podríamos, tal vez, empezar a combatir la piratería: por los piratas de cuello blanco.

MADRID, 09 (OTR/PRESS)
Lo más fácil es culpar al Gobierno, que algo de culpa tiene desde luego, de lo que sería "el sainete del "Alakrana"" si no fuese por el sufrimiento de los secuestrados y sus familias. Lo más justo, pienso, sería culparnos un poco a todos nosotros, empezar a repartir culpas sin hurtar la autocrítica y sin tratar de ser políticamente correctos. Porque seguramente el barco fue más allá de lo que serían los límites de seguridad, sin duda que el juez Garzón se pasó de frenada al traer a España a los dos piratas capturados, qué duda cabe de que el juez Pedraz contribuyó al esperpento con sus reconocimientos a uno de los piratas para comprobar si era o no mayor de edad, desde luego la Audiencia Nacional en bloque no está sabiendo ofrecer una doctrina jurídica suficiente sobre un tema que va a actuar como un boomerang contra la propia Audiencia, sobre todo si hay que devolver a los dos malhechores para que sean "juzgados" en su país... Etcétera.
Un cúmulo de despropósitos, sin duda. Añadir a todo ello la sensación de que el Gobierno no está sabiendo muy bien qué hacer, que parece que la diplomacia no basta para reducir a unos delincuentes que da la impresión de que van a ganar esta partida. Y tengo la sensación de que la oposición, que ha aprovechado un obligado viaje de De la Vega a Argentina para atacar al Gobierno acerca de este "affaire", tampoco está muy fina. ¿Cuándo se justificaría, si no es ahora, un pacto de no agresión entre Zapatero y Rajoy? Pues nada: cada uno sigue en los suyo, a su bola, resultando muy extraño el absentismo del presidente del Gobierno tanto a la hora de encontrarse con los familiares como a la de tranquilizar al país entero sobre las gestiones que se hacen para devolver a sus hogares a la tripulación del "Alakrana".
Y algunos medios de comunicación también han perdido la mesura a la hora de tratar un tema que es un drama humano, un peligro internacional y un enorme vacío jurídico, táctico y estratégico a nivel europeo: acaso algunos hemos aquilatado poco la magnitud de este asunto, que no es una mera cuestión más de política nacional. El dislate ha dado mucho de sí. Incluso para que el secretario general saliente del Partido Comunista, Francisco Frutos, eche la culpa a los Estados Unidos del desgobierno patente en Somalia. Todo, todo, es cosa como de locos.
Al final, resulta que una banda de piratas, con el auxilio de algún bufete no menos pirata residenciado quizá en Londres, se va a llevar el gato al agua, habrá logrado que el Estado español haga el ridículo, nos habremos gastado un montón de dinero en traer y llevar buques de guerra a una zona donde reina el caos más absoluto y, para colmo, la banda cobrará un sustancioso rescate, que le servirá para preparar próximos y rentables secuestros. Confiemos en que, al menos, nuestros pescadores vuelvan sanos y salvos y alguien, no sé si desde Presidencia, Defensa, Justicia, Exteriores o desde todos esos departamentos, por una vez conjuntados, decida que esta ha sido la última vez que algo semejante nos ocurre. Ya sabemos que hay métodos expeditivos para lograrlo.

MADRID, 8 (OTR/PRESS)
El mundo, entonces, en aquel 1989, cuando Zapatero tenía ya veintinueve años, era completamente diferente que el de ahora. Figúrese usted que ni había Internet, ni apenas telefonía móvil y el planeta se dividía, visto del lado de acá, en buenos, en el lado occidental del muro, y malos, en el otro. Y, de pronto se nos cayó el muro, sin que nadie lo pensase, y ahí empezó la transformación que acabó con los partidos comunistas, con los regímenes del Este y con la creencia general de que el statu quo era inmutable.
Este lunes se conmemoran aquellos acontecimientos y, más que eso, va a ser la jornada de la reflexión. ¿Habrá sido para mejor el cambio? Lo cierto es, para un observador desapasionado, que apenas ha habido un solo día sin noticias que nos hablaban de cómo iban evolucionando las cosas, de qué manera nuevos avances tecnológicos nos cambiaban la vida. Yo diría, sumando todo en conjunto, que hemos mejorado. Pero hay que constatar que siempre hay muros. Así ha sido a lo largo y ancho de la Historia. Lo sagaz es saber detectar dónde está el muro, que no siempre es, como el de Berlín, visible.
Pienso que la progresión de la Historia está siempre en las migraciones: cuando unas culturas, unas civilizaciones, se mezclan con otras, no siempre de manera pacífica. Y entonces es la caída del Imperio Romano, que ya se sabe que dura siglos, pero es imparable. No sé si centrar el muro de hogaño, como Huntington, en la guerra no declarada entre las civilizaciones cristiana y musulmana. O si, simplemente, es la inmigración global lo que, paradójicamente, nos divide ahora entre los resistentes a lo imparable y los asaltantes de la vieja fortaleza del Estado de bienestar.
El caso es que la nueva esperanza global llamada Obama, que quizá sea cada vez menos esperanza aunque algunos nos resistamos aún a admitirlo, porque es un símbolo visible del cambio, no estará en el nostálgico acto de Berlín este lunes, donde sí se van a encontrar muchos otros mandatarios que, lógicamente, no lo eran, o lo eran menos, hace dos décadas. Menuda oportunidad para reflexionar sobre cómo tratar de no repetir aquellos errores y profundizar en aquellos aciertos. Porque en el mundo quedan muchas menos tiranías que entonces, pero hay muchas más incertidumbres, un terrorismo mucho más feroz y extendido.
No, no podemos dejar que el acto de este lunes se resuma en un nostálgico reencuentro entre Kohl, Bush (padre) y Gorbachov para echar unas lagrimitas sobre el recuerdo del pasado que siempre fue mejor. Somos muchos los que creemos en que un mundo más solidario, aunque acaso más pobre para los que lo tienen casi todo, es posible. Pese a las angustias puntuales, al empequeñecimiento de las clases políticas, a la decreciente voz de los ciudadanos, a la burocratización de esa esperanza que fue Europa unida. Ahora quizá más que nunca, un mundo algo más justo es posible, y hora es de gritarlo junto al cadáver, ya descompuesto, del muro de Berlín.

MADRID, 7 (OTR/PRESS)
Puede que haya quien considere que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, está casi amortizada. De ella se dice que mantiene un educado enfrentamiento, en torno a cuestiones puntuales, con el otro "peso pesado" del Gobierno, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; y que su sintonía con Zapatero ya no es la misma. El desgaste del poder afecta también, lógicamente, a las relaciones entre quienes lo ocupan, y sucedió con Suárez y Fernando Abril, con González y con Guerra, con Aznar y Rato (y ahora con Rajoy). La necesidad de tomar decisiones arriesgadas, el vivir veinticuatro horas al día en la cuerda floja, el reparto de responsabilidades a unos u otros son actividades que pueden unir, pero que también separan.
No falta quien diga, y difundir el rumor es gratis, porque habrá quedado olvidado (o confirmado) dentro de aún bastantes meses, que Zapatero aprovechará el fin de la presidencia española de la UE para hacer una profunda remodelación de su elenco ministerial, comenzando por Fernández de la Vega. Quien, sin embargo, acaba de demostrar que sigue siendo fundamental, al menos en las actuales estructuras del Ejecutivo.
Cuentan que el último Consejo de Ministros se fue en debates acerca de quién ocuparía la portavocía del Gobierno en el "caso Alakrana", dado que la portavoz oficial, es decir, la propia vicepresidenta, se veía forzada a realizar un "inoportuno" viaje a Argentina, ya inaplazable porque estaba aplazado desde el mes de agosto, cuando la crisis en Honduras hizo acortar el periplo de la "número dos" de Zapatero por Iberoamérica. El caso es que Fernández de la Vega encabezaba la comisión de seguimiento, o de crisis si usted quiere, en este delicadísimo problema para el Estado español, la seguridad de unos compatriotas secuestrados por piratas, y alguien tenía que sustituirla ante los días del largo fin de semana oficial (el lunes es festivo en Madrid) que se avecinaba.
Se hace preciso alguien que reemplace a De la Vega en estos menesteres. ¿Carme Chacón, que, aunque no parezcan gustarle demasiado los medios informativos, da bien ante las cámaras? La cuestión es que no parece seguro que sea la ministra de Defensa la que deba comparecer en este caso, porque sugeriría que el Ejecutivo de Zapatero se inclina por una solución militar. ¿El titular de Justicia? Hay enfado con él, porque fue la Abogacía del Estado la que posibilitó la traída a Madrid de los dos piratas capturados por los militares españoles, y ese es el origen de la peor parte de este lío. ¿La ministra de Medio Ambiente, medio rural, medio marino? Parece buena para tratar con los lógicamente cada vez más irritados y nerviosos familiares, pero le falta presencia ante las cámaras y le sobra timidez.
Así que la figura de De la Vega adquiere nuevo relieve. Ya tuvo que ser ella, en varias ocasiones, la portavoz gubernamental desde América este verano, ante el escaso relieve de algunos de sus colegas en el Consejo de Ministros y ante los líos en los que el propio Gobierno estaba metiéndose -menudo mes de agosto--. Y, hoy por hoy, quitando a Alfredo Pérez Rubalcaba en sus cosas -y seguramente no conviene mezclar los asuntos de Interior con los de Exteriores--, y Moratinos en las suyas -pero este no es un problema meramente diplomático--, no parece haber nadie en el elenco gubernamental con capacidad y autoridad suficientes como para hacer frente a los imprevistos que puedan surgir en estos días. Días en los que, admitámoslo, hay negociaciones y preparativos de toda suerte para tratar de liberar a nuestros pescadores, cosas de las que es mejor no hablar demasiado, temas en los que hay que saber citar, templar y mandar ante la comprensible expectación de la opinión pública.
Pues eso: que el caso es que De la Vega anda haciendo las américas y la tormenta se abate, no sé si muy justificadamente, sobre un Gobierno que aguanta a pie firme, pero que no toma iniciativas. Lo dijo una de las familiares de la tripulación del "Alakrana", tras recibir la visita de la ministra Elena Espinosa: "están más perdidos aún de lo que pensábamos".
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