Opinión

Antonio Casado - El caso Junqueras

21.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Al ofrecerse en sacrificio, como un patriota encarcelado por el Estado español a causa de sus ideas, el presidente de ERC y ex vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, ha hecho una jugada cargada de intención.
Se impone el martirologio y deja en evidencia a quienes han prometido al juez que serán buenos para librarse de la cárcel, o para abandonarla en su caso. También deja en evidencia a los dirigentes independentistas que ahora se lamentan en tono autocrítico por no haber hecho bien las cosas y por el tardío descubrimiento de que no se daban las condiciones de ruptura con España. Nombrando sucesora, además, hace méritos canjeables en un futuro regreso. Como Tarradellas ("Ja soc aquí") o como Mac Arthur, en su famoso regreso al Pacífico.
A diferencia de otros dirigentes independentistas en su misma situación judicial, no piensa huir de la Justicia. Y, lo que es más significativo, no piensa comprometerse a respetar el Estado de Derecho y el orden legal vigente, incluida la aplicación del artículo 155 de la Constitución.
En otras palabras, lejos de Junqueras la intención de esquivar el supuesto de la "reiteración delictiva", que es una de las dos causas (la otra, el peligro de fuga) por las que la juez Lamela (Audiencia Nacional) dictó, entre otras medidas cautelares, la prisión provisional para los presidentes de las dos grandes organizaciones civiles del independentismo (ANC y OC) y posteriormente contra los ex miembros del Govern.
En una carta abierta a sus seguidores, enviada desde la cárcel de Estremera, donde practica "la reflexión y la oración", Junqueras ha renovado su fe en la república independiente de Cataluña declarada unilateral e ilegalmente por el Parlament el pasado 27 de octubre. O sea, que a diferencia de Carmen Forcadell y otros miembros de la Mesa del disuelto Parlament (en la diputación permanente, ahora), que se comprometieron a aceptar el orden legal vigente, Junqueras persiste en el delito por el cual ha sido llevado a prisión.
Asimismo, marca distancias con Puigdemont, que prefirió huir a Bruselas antes de dar la cara y acabar entre rejas. Su declaración de amor a la republica catalana le pone difícil las cosas al juez Llerena (Tribunal Supremo), a punto de unificar las causas y que muy probablemente, dictará ordenes de libertad condicional. La reiteración delictiva frenaría esa orden en el caso de Junqueras y de quienes insistan en mantener las conductas delictivas que les han llevado a prisión.
De modo que el ex vicepresidente del Govern se da un tiro en el pie y parece dispuesto a hacerse el harakiri con una especie de auto-inhabilitación por anticipado. Y por eso da el paso político de nombrar sucesora a Marta Rovira, la actual secretaria general de ERC.


Antonio Casado - Inhabilitados

16.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Hablaba Rajoy en la radio sobre la inhabilitación. Una figura asociada al reproche judicial que suele acompañar a condenas por malas practicas en cargos públicos. Pero es escaso su uso como figura aplicable a quienes, por conductas castigadas o no por el juez, merecen el reproche ciudadano y su imagen queda dañada para volver a desempeñar cargos públicos.
He ahí la naturaleza subjetiva de la inhabilitación política. En cambio la judicial resulta de casar la conducta practica de un servidor público con la conducta teórica previamente descrita en los códigos. Si un tribunal considera que el comportamiento de un político responde al descrito en la ley, habrá incurrido en causa de inhabilitación. Harina de otro costal es la inhabilitación moral o política, que habita en el fuero interno del ciudadano y se expresa cuando es llamado a las urnas.
Véase el caso de los dirigentes independentistas catalanes, a los que se refería Rajoy en sus declaraciones del pasado martes. Dice el presidente que están "políticamente inhabilitados" para liderar nada y que "los ciudadanos tomarán nota de sus mentiras". Tiene razón. Pero no esperemos que se aplique el cuento en la medida que otros ciudadanos se hayan sentido engañados por sus políticas, la corrupción de su partido o la desidia de su Gobierno cuando tuvo ocasión de frenar a tiempo el insensato desafío del nacionalismo catalán al Estado.
Eso nos lleva a la dinámica propia del juego político. Está claro que a muchos les parecerá -nos parecerá- que Ada Colau ha quedado inhabilitada para pedir la confianza de los ciudadanos después de haberles prometido que su pacto municipal con los socialistas se ceñiría a la gestión de asuntos municipales y que nunca sería puesto en cuestión por razones identitarias. Incluso a una parte de sus votantes le habrá disgustado el desalojo del PSC del Ayuntamiento de Barcelona. Pero otros estarán encantados de que su alcaldesa, calificada como "emperatriz de la ambigüedad" por el ex ministro Borrell, se sume a quienes hacen planes de acoso y derribo al Estado.
Por cierto, que el bloque independentista hace catarsis colectiva. La autocrítica se ha instalado en sus filas. Ahora descubren que carecían de mayoría social para romper con España, que no midieron bien los tiempos, que desestimaron el poder del Estado, que no previeron el aislamiento internacional de su simbólica republica catalana, que hay otras formas de arreglo sin llegar a la dexconexión, etc.
En mi opinión, unos dirigentes políticos que van de farol y constituyen un discurso a base de mentiras están políticamente inhabilitados. Otra cosas es lo que digan los jueces. Y, sobre todo, otra cosa es lo que digan las urnas.


Antonio Casado - Una cierta normalidad

14.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Con diferencia de pocas horas, el viernes 27 de octubre alumbró la declaración de la república independiente de Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Entonces pareció un viernes negro que no iba a traer más que desgracias. Sin embargo, el cansancio y los climas preelectorales han devuelto a Cataluña una cierta normalidad.
Ni la "simbólica" independencia ni el desembarco de Moncloa en la Generalitat empeoraron el clima más de lo que estaba. Todo lo contrario. La carrera hacia la Cataluña rica y plena terminó aquel viernes con la votación del Parlament. No hubo plan B. Ni en la calle ni en las instituciones, más allá de una manifestación con señales lumínicos del móvil y la esperpéntica conversión del molt honorable Puigdemont en un turista de conveniencia en Bruselas. No hubo insumisión de mossos, desobediencia de funcionarios ni parálisis administrativa en las instituciones catalanas. Y tampoco funcionó el Parlamento" paralelo", la famosa "asamblea de cargos electos" impulsada por la AMI.
Ya solo se habla de elecciones y de listas para la jornada del 21 de diciembre. Y en el aire incluso queda la sensación de que se han roto los dos frentes: el independentista y el constitucional que alumbró el pacto del 155. Fue un frentismo de vida corta. Ante la llamada de las urnas, cada mochuelo a su olivo. A uno y otro lado de la barricada, cada fuerza política ira a las elecciones con sus propias siglas. Volvemos a la competencia y el afán diferenciador de siempre. Otro síntoma de vuelta a la normalidad.
Lo cierto es que desde aquel viernes negro hemos vivido jornadas bastante tranquilas si nos atenemos a las negras profecías que se derivarían de aplicar el 155, según los nacionalistas. Es decir, la "intolerable y premeditada agresión del Estado a la voluntad de los catalanes" que aquellos no iban a permitir.
Al final, ya se ha ido viendo que la declaración de independencia se hacía cada vez más liquida, mientras que el desembarco de Moncloa en la Generalitat, con inmediato llamamiento a las urnas, se hacía cada vez más sólido. Solo la señal de TV3 mantuvo la llama de la república declamada. Pero en el ya fracturado bloque independentista se instaló la desorientación, el desconcierto, la falta de respuestas y el pie cambiado. Muestra viva de la endeblez del "procès", cimentado ingenuamente sobre el supuesto de que el desafío al Estado acabaría sentando al Gobierno Rajoy en una mesa negociadora.
Vivían en una burbuja emocional. Nunca racionalizaron el tema o, como diría un marxista, las "condiciones objetivas". Lo llegó a insinuar el fundador oficial del "procès", Artur Mas, cuando advirtió de que la situación no estaba madura. Cierto. Hacia falta mucha ingenuidad para creer que el Estado iba a colaborar en su propia voladura. O que iba a quedarse de brazos cruzados ante una propuesta ilegal y "venenosa" (Juncker dixit).


Firma Sindicada - El susurro de Forcadell

11.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 10 (OTR/EUROPA PRESS)

Antes, épica y gritos ante las masas. Ahora, acatamiento y susurros ante los jueces. Maravilloso recurso literario el del editorialista de un periódico de tirada nacional.
Se refiere al "susurro exculpatorio" de Carmen Forcadell ante el Tribunal Supremo. Entre dientes y con la cabeza baja. Expresión corporal, dirían los expertos en comunicación. Ante el juez, las defensas y la acusación pública, la verbalización quedó reducida a la mínima expresión. La del balbuceo.
Así capeó la presidenta del Parlament (en funciones al frente de la Diputación Permanente) su mala conciencia. Lógico. No parecía sentirse orgullosa de haberse garantizado a cambio de un plato de lentejas la continuidad de su confortable existencia.
El plato de lentejas se lo había puesto la Justicia española a las puertas de la cárcel. Por si Forcadell tenía a bien reengancharse al imperio de la ley y reconocer que la república independiente de Cataluña había sido declamada en el Parlamento de la Comunidad Autónoma solo a efectos "simbólicos".
Y ella lo aceptó. Pero ella no es cualquiera. Era una pieza clave del bien orquestado desafío al Estado. Sin ella no hubiera sido posible la invención de una fuente de soberanía diferente a la descrita en la Constitución. Y sin ella nunca hubieran podido tramitarse a primeros de septiembre en el Parlament las llamadas leyes de ruptura con España.
Ella es la misma persona que, ocupando un puesto institucional, era capaz de arengar a las masas en la calle pocos días después de la sediciosa aprobación de dichas leyes). La misma que el jueves pasado, asumía la Constitución, el 155 y la farsa de la república catalana.
De repente el teatro del "procès" se ha quedado sin decorados en el escenario, sin público en la sala y sin agua en la piscina. ¿Qué será ahora de Puigdemont y, sobre todo, qué será ahora de los cientos de miles de catalanes que se embarcaron de buena fe en la ilusión de esa unidad de destino en lo universal que les prometieron en forma de república?

En las últimas horas se ha acrecentado la perplejidad que se ya se había instalado dentro de esa campaña de cristal en la que viven y se retroalimentan los independentistas. Perplejos y desorientados vieron como la declamación de independencia se hacía cada vez más líquida y los efectos del 155 cada vez más sólidos. La inesperada convocatoria electoral de Moncloa les había roto la cintura pero sobrevivían gracias al encarcelamiento del Govern, el deslucido mesianismo de Puigdemont en Flandes y la esperanza de una lista única que mantuviera vivo el sueño.
Pero primero la ruptura entre Puigdemont y Junqueras, y después la capitulación de Forcadell, que ha escapado de la cárcel por un plato de lentejas, ha dejado a la causa sin fuentes de vida. Mecáchis.


Antonio Casado - El caso Puigdemont

09.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Lo suyo es llevar la discordia y contagiar el caos por donde pisa. No le bastaba con exacerbar las luchas intestinas del Gobierno belga. Ahora le ha dado por abroncar a Europa. No está a la altura de las circunstancias, según él, por dedicar una mirada distraída a los resabios dictatoriales del Gobierno español.
Más que distraída, paciente. Esa es la mirada de Europa sobre este estrafalario personaje. Un ex presidente de la Generalitat poco honorable, que hace turismo de conveniencia en Flandes como virgen ofendida por el Estado español. Dice sentirse victima de "un golpe de Estado ilegal". Textual. Como si hubiera golpes de Estado legales. Acaso lo piensa. Se entendería entonces que de ese modo intenta justificar el suyo. El que pretendía reventar el orden constitucional libremente elegido por el pueblo español. Incluido el catalán, cuyo respaldo fue superior a la media en el referéndum de 1978.
Ese orden jurídico-político, basado en valores de libertad, pluralidad, justicia, el imperio de la ley y el respeto a los derechos humanos, es el que reconoce la UE como propio en uno de sus socios. De ahí que en el territorio europeo no tenga sentido la figura del asilo político. Pero sí cabe hablar de cooperación judicial entre los países miembros, Y de eso trae causa la llamada orden de detención y entrega (euroorden), que la Justicia belga está tramitando.
Ni se le pasa por la cabeza a Puigdemont, o quiere hacerlo creer, que Bélgica, socio fundacional de lo que hoy llamamos Unión Europea, no osará ponerle a disposición de la Justicia española, que lo reclama por presuntos delitos de rebelión, sedición, prevaricación, malversación y desobediencia. Supondría, según él, entregarlo a un Estado represivo, que le persigue por sus ideas y garantiza un juicio justo.
"¿Es ésta la Europa que quieren?", se preguntaba públicamente el martes pasado, interpelando a sus dirigentes, empezando por el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. "¿Una Europa que mete en la cárcel a un Gobierno democrático?", continuaba. Y era tan directo en su diatriba, que puede haber agotado la paciencia de unos dirigentes cansados de apelar al cumplimiento de la ley y hartos de negar que Cataluña esté oprimida o que Madrid haya violado el Estado de Derecho.
Tomemos nota de una declaración del ex primer ministro francés, Manuel Valls, de origen catalán, que nos dijo en la radio: "No se entendería que Bélgica rechazase la entrega de Puigdemont a España". Tiene razón. Y se entendería menos después de haber regañado en público a las autoridades europeas porque, según él, no han reparado en que "Rajoy se ha convertido en el guardián de la tumba de Franco".
Lo cual me hace insistir en que Puigdemont debió haber contratado a un psiquiatra y no a un abogado. Es un caso clínico.


Antonio Casado - ¿Vuelve Franco?

07.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 6 (OTR/PRESS9

Un discurso de idiotas para idiotas crece peligrosamente. El que pregona el retorno del franquismo al Estado español. En este momento procesal -dicho sea pensando en el fallido "procés"-, la excusa llega servida por los encarcelamientos de una buena parte del ya destituido Govern.
Los jueces no van a resolver el problema político de Cataluña, se dice, como si el papel de los jueces fuera el de resolver problemas políticos y no el de hacer cumplir la ley. Pero se aprovecha la coyuntura para maliciarse una vuelta a los usos y costumbres del franquismo, metiendo en la cárcel al adversario. Y hace falta tener muy pocos escrúpulos para poner en duda el sano funcionamiento de la democracia española. Pero, sobre todo, hace falta ser idiota para atribuir al Gobierno la voluntad de encarcelar a nadie por motivos políticos.
La verdad es que sin independencia judicial y una Justicia a las órdenes del Poder Ejecutivo los exconsejeros del Govern no estarían en la cárcel, pues eso abona los intereses electorales del independentismo. Por tanto, justamente por motivos políticos, el Gobierno Rajoy jamás impulsaría una medida que favorece al separatismo, siempre dispuesto a convertir los agravios del Estado en una palanca electoral. Y eso es lo que están haciendo los impulsores del desafío al Estado. Van de victimas y utilizan la decisión judicial (no gubernativa, como ellos saben de sobra) como argumento de campaña de cara al 21-D.
Aún así, la numero dos de ERC, Marta Rovira, pidió este fin de semana al Gobierno Rajoy que deje en libertad a los exconsejeros y a los líderes de las organizaciones civiles (AMC y OC) como prueba de neutralidad. Como si no estuvieran en igualdad de condiciones las formaciones que tienen a sus dirigentes en la cárcel y las que no los tienen.
No es la única que habla de "presos políticos". También lo hace, con calculado descaro, sin ningún escrúpulo, el secretario general de Podemos, Iglesias Turrión. Mal lo de Marta Rovira, pero peor lo de Iglesias porque es escandaloso que el representante de la tercera fuerza política ignore los principios de libre circulación de ideas, independencia judicial y separación de poderes, recobrados en 1978 tras cuarenta años de franquismo.
Otro idiota hablando para idiotas es Dante Fachin, que acaba de romper relaciones con su jefe, Iglesias, después de compararle con Rajoy. Para acreditar el supuesto retorno del franquismo a España, no se le ha ocurrido otra cosa que advertir de que si hoy están en la cárcel Junqueras y compañía, mañana pueden seguir el mismo camino Ada Colau o el mismísimo Iglesias.


Antonio Casado - El lenguaje los delata

04.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

No solo hay desafección constitucional en el discurso del independentismo, cuyos dirigentes sufren las consecuencias de su intolerable desafío al Estado. También la hay en el de dirigentes de la izquierda populista, como Iglesias Turrión, Ada Colau, Alberto Garzón, Dante Fachin, etc.
El lenguaje los delata porque proyecta su pensamiento político. Y cuando se rasgan las vestiduras por la supuesta politización de la Justicia española o denuncian el revanchismo del Estado contra las pretensiones separatistas, en realidad están proyectando la idea de Estado que habita en su cabeza. Ahí no cabe la independencia judicial o el dogma civil de la separación de poderes.
MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Denuncian lo que ellos harían si controlasen los resortes del poder. Sólo a este grupo de políticos, los que acampan extramuros del bloque constitucional, se les ha ocurrido detectar motivaciones políticas en el encarcelamiento provisional de la mayor parte de los ex consejeros del Govern, dictado por la juez Lamela de la Audiencia Nacional.
Como si la juez hubiese actuado a las ordenes del Poder Ejecutivo o como si lo hubiera hecho por quedar bien con él. Craso error. Hasta las piedras de la Moncloa saben que al Gobierno de Rajoy no le hace ningún favor que, cuando los encaminamos hacia las elecciones catalanas del 21 de diciembre, los jueces tomen decisiones que tienden a alimentar la causa independentista. Todo el mundo sabe que esa causa sobrevive en gran parte gracias al victimismo de sus dirigentes y el oxígeno que reciben al hacerse los ofendidos si se sienten contrariados por las decisiones de "Madrid".
Bien, pues los separatistas y sus costaleros del populismo de izquierdas han calificado las recientes medidas de la Audiencia Nacional (prisión provisional para el ex vicepresidente Junqueras y siete ex consejeros del Govern, con orden de detención de Puigdemont) de "represión sin precedentes", "revanchismo del Estado", "Justicia politizada", mientras hablan de "presos políticos" y ponen en duda que en España se respeten las garantías judiciales y las libertades fundamentales.
Esas quejas siempre terminan abrochadas a la misma conclusión: el problema de Cataluña es político y, por tanto, no se arregla con ese tipo de decisiones judiciales. Como si las decisiones judiciales debieran estar pensadas para arreglar problemas politicos y no para aplicar las leyes.
Discurso tramposo y tóxico donde los haya, pues sugiere que, por evitar males mayores, el Estado debería bajar los brazos ante las pretensiones secesionistas de una facción política concreta y, por supuesto, minoritaria en el arco representativo. Insisto en que el lenguaje los delata.


Antonio Casado - Pica en Flandes de Puigdemont

02.11.17 | 11:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, (OTR/PRESS)

Todo hace pensar que sus consellers (ya cesados) acudirán a la cita en la Audiencia Nacional en ausencia del president, que sigue haciendo el ridículo en su postrer intento de poner una pica en Flandes. Se trataría de derrocar la doctrina del triunvirato europeo (Juncker, Tajani y Tusk). A saber: el conflicto catalán es "un problema interno español".
El president ha montado su esperpéntica fuga a la capital europea para enredar lo que haga falta hasta conseguir que el conflicto catalán sea visto, efectivamente, como un problema europeo. Es uno de los dos objetivos de la fuga. Pasa por empezar creando un problema en el cuarteado Estado belga, donde flamencos y valones se ven con mutua aversión por razones históricas. Pero hay un segundo objetivo: escapar de la justicia española, si esta no acepta sus condiciones para que no parezca que se escapa. Por ejemplo, declarar por videoconferencia.
No es exactamente que quiera pedir asilo político, harto difícil en un área común de Estados comprometidos en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales. No, más bien se trata de ganar tiempo. De hacerse visible en un prolongado proceso de objeciones jurídico-políticas a una muy previsible orden de detención europea o una extradición reclamada por el Reino de España.
Para llevar a cabo todo eso Puigdemnont ha contratado a un abogado, aunque muchos pensamos que debería contratar a un psiquiatra. Ese letrado, viejo conocido de nuestras autoridades, que en su día reclamaban la extradición de etarras huidos de la justicia, utilizará las dudas existentes sobre los delitos de rebelión y sedición como supuestos de entrega inmediata.
Puede ocurrir que el jueves y el viernes acudan a la Audiencia Nacional (Govern, ex consejeros, no aforados) y al Tribunal Supremo (Mesa del Parlament, aforados) todos los imputados (investigados, se dice ahora) por el plan secesionista contra el estado. Menos uno. El que les embarcó en la fallida operación por la causa de una Cataluña grande y libre.
Me refiero a Carles Puigdemont, que así continuaría la estrategia fundacional de quien heredó el cargo, Artur Mas. Confrontación. Decidida en 2012, cuando España, a punto de ser rescatada por la Uinión Europa, estaba al borde de la bancarrota economica. Más débil que nunca. Estrategia redoblada cuando a la debilidad económica se añadió la debilidad política, a raíz de las elecciones del 20 de diciembre de 2015.
Esas condiciones de fragilidad del Estado fueron aprovechadas por Mas, primero, y Puigdemont, después, para confrontarse con una España en horas bajas. Pero a estas alturas me temo que en esa estrategia se ha quedado solo y lo único que va a europeizar ahora es su propio ridículo.


Antonio Casado - La oportunidad del 21-D

31.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Era la Cataluña del sentido común, la del gol de Iniesta, la que deletrea el nombre de España con amor (como el poeta comunista Gabriel Celaya) sin desertar del amor a la tierra, la Cataluña que se reconoce más en los análisis que en las apuestas, más en las razones que en las emociones y la que acaba de asumir el reto electoral del 21 de diciembre como una catarsis destinada a poner las cosas en su sitio. Es decir, a demostrar en las urnas que los no nacionalistas son más que los nacionalistas.
Esa interpretación de la multitudinaria manifestación del domingo en Barcelona, convocada por Societat Civil Catalana, me permite sostener que la convocatoria electoral derivada de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, tendrá carácter plebiscitario. El principal orador del acto, Jose Borrell, ex ministro socialista y ex presidente del Parlamento Europeo, no lo dijo expresamente pero se desprende de sus palabras.
Según Borrell, estamos ante una impagable ocasión de demostrar que los catalanes no separatistas son mayoría. Completamente de acuerdo. La ocasión es excelente si queremos darle la vuelta a la mayoría parlamentaria vigente hasta el viernes pasado.
Si se llenan las urnas como ayer se llenaron las calles estaremos en la vía más fácil de evitar que personajes tan nocivos como Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Carmen Forcadell, se hagan fuertes en el poder institucional y reanuden el disparatado viaje a ninguna parte que el Gobierno, con autorización del Senado, acaba de desactivar con el 155.
El mensaje de otro de los oradores, el ex ministro del PP, Josep Piqué, en diferido en esta ocasión, también destacó la oportunidad del 21-D para demostrar que somos más "los que queremos seguir unidos al proyecto común de Cataluña, dentro de España y dentro de Europa".
Lo de plantear estas elecciones como un plebiscito a favor del sentido común no solo apareció en los discursos de Piqué, Borrell y el ex secretario general del PCE, Francisco Frutos. El líder del PP catalán, Garcia Albiol, aprovechó la manifestación para decir que hay que acudir en masa a las urnas para enviar a los independentistas a sus casas.
Todos ellos leyeron el pensamiento del millón largo de personas que, según los organizadores, abarrotaron el paseo de Gracia de camino hacia la Gran Vía. Y todas estaban concertadas contra los irresponsables intentos de romper España. De momento han roto la convivencia entre catalanes. Es lo peor. Pero también han logrado el desprestigio de las instituciones autonómicas y de la imagen de Cataluña en el mundo.


Antonio Casado - Tiempo de apostar

26.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Tengo escrito que todo lo relacionado con el "procés" escapa a los códigos de la razón. Ahí el campo perceptivo desprecia los límites de tiempo y espacio para entrar en los viscosos ámbitos del sueño, la fantasía, el surrealismo, la imaginación. No cabe el diagnóstico sino la apuesta. Vale el quinielismo, no la lógica, porque la pelota está en el tejado de Puigdemont y vaya usted a saber hacia donde la va a despejar.
En vísperas del anunciado pleno del Parlament, convocado para este jueves, el minuto y resultado es el de la división de opiniones en los dos lados de la barricada.
En el bloque constitucional discrepan sobre los efectos de una eventual convocatoria de elecciones autonómicas por parte del presidente de la Generalitat. Según el PSOE, eso haría innecesaria la aplicación del 155. El Gobierno y Ciudadanos no lo ven así, al entender que solo una expresa confesión de retorno a la legalidad evitaría la intervención temporal de la autonomía.
Tampoco es monolítica la posición del bloque soberanista. Unos son partidarios de una inmediata declaración de independencia (la CUP convoca a sus seguidores para celebrarlo) y otros reclaman elecciones autonómicas con apellido de "constituyentes" o sin él. Algunos consejeros del Govern habrían amenazado con dimitir si se decidiese la ruptura con España.
Básicamente son esas las coordenadas de la situación cuando, a la hora de escribir este comentario se anuncia que Puigdemont acudirá al Senado este jueves a defender su posición contraria al 155, un día antes de que la aplicación del mismo se vote en el pleno de la Cámara Alta. Y sobre esas coordenadas, insisto, no valen razonamientos lógicos sino apostar y alquilar balcones para seguir los acontecimientos venideros.
Mi apuesta personal es que Puigdemont convocará elecciones que, sin declarar expresamente la independencia de Cataluña, serán consideradas por el Govern "constituyentes" solo a efectos declamatorios. Es decir, sin vincularlas a la llamada ley de transitoriedad jurídica.
Es el escenario ideal, según el PSOE, que es parte fundamental del pacto del 155. Y tal vez sea también es el escenario ideal para el Gobierno aunque, a diferencia de su aliado constitucional. o puede decirlo en público, so pena de parecer arrollado de nuevo por la osadía del nacionalismo. Ambigüedad, más que osadía, si se quiere, pues nadie cree seriamente que Puigdemont haga una declaración expresa de acatamiento a la legalidad. Será ambiguo, una vez más. Podría dar por hecho su trabajo con la convocatoria de unas elecciones "constituyentes" sin declarar expresamente la desconexión con España.
Así volvería a poner la pelota en el tejado de Rajoy, que entonces tendría muy difícil aplicar el 155 con el PSOE en contra.


Antonio Casado - PSOE, EN DEFENSA DEL ESTADO

24.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Si hubo dudas, se han desvanecido. La incógnita sobre la posición del PSOE respecto a la respuesta del Estado al desafío separatista queda sobradamente despejada. No le tembló el pulso a Pedro Sánchez al sumarse al "Pacto del 155", el rodillo constitucional para el rescate de Cataluña. A tiempo de evitar que Puigdemont y compañía acaben desguazando del todo la convivencia social y el tejido económico de esa Comunidad Autónoma.
El PSOE se reconoce diferente y diferenciado. Es algo común a todas las organizaciones políticas. Pero tratándose de un partido que ha gobernado y quiere volver a gobernar, debe subordinar a los intereses generales su interés de partido diferenciado. Aunque esa vocación de Estado genere un coste electoral. Otras veces ya ha pasado por eso.
En este caso, el precio se deriva de aparecer en la foto junto al PP, unas siglas asociadas a la corrupción, la falta de tacto respecto a la diversidad territorial y a políticas que generan desigualdad social. Sin embargo, Pedro Sánchez se ha mostrado dispuesto a pagar el precio si su alineamiento con el Gobierno contribuye a restablecer el orden constitucional y evitar la quiebra del Estado.
Incluso antes de hacerse públicas las medidas propuestas por el Gobierno al Senado para recuperar la legalidad en Cataluña, por él conocidas con anterioridad, Sánchez, las apoyó expresamente. No sin antes explicar cómo se había enfrentado al dilema. Por un lado "prolongar la agonía de Cataluña". Por otro, "respaldar la Constitución frente al secesionismo". Y no dudó, a pesar de sus profundas diferencias con el PP. Profundas y numerosas, "pero ninguna si se trata de defender la unidad de España y su integridad territorial".
Solo en el PSC catalán han surgido discrepancias dentro de la familia socialista. Era un riesgo previamente calculado por Pedro Sánchez. Algunos dirigentes han firmado un manifiesto en contra del "abusivo" 155. Y algunos alcaldes, incluida Nuria Parlon, que ha dimitido de la Ejecutiva del PSOE, también se han mostrado críticos con su posición de apoyo al art. 155 de la Constitución, activado por el Consejo de Ministros del sábado último.
A sabiendas de que eso iba a ocurrir, Sánchez no ha dudado en reafirmar su defensa del Estado social y democrático de derecho frente a la "quiebra unilateral" del mismo. Sus razones: "El PSOE sabe estar a la altura de sus responsabilidades y nunca se pone de perfil", dijo este fin de semana en Coslada (Madrid).
No esperan menos los ciudadanos de un partido de Gobierno, que fue arquitecto decisivo de la transición y la Carta Magna, uno de cuyos frutos es el nunca soñado nivel de autogobierno alcanzado por los catalanes. Justamente ese autogobierno que nunca estuvo tan amenazado como ahora por culpa del secesionismo.


Antonio Casado - El rescate de Cataluña

21.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Se ha terminado imponiendo el rescate de Cataluña porque era imposible construir nada sobre los resultados de una consulta ilegal, sin garantías, sin control, sin transparencia, en la que solo participó una de las dos partes en liza.
Sin embargo, el bloque independentista sigue utilizando el 1-O como fuente de legitimidad de una republica independiente de Cataluña. Como es muy difícil ponerlo en practica, Puigdemont sigue utilizando también el recurso al diálogo como pretexto para mantener vivo un absurdo plan de ruptura con España. En esa excusa se instala para justificar una eventual proclamación de independencia en sede parlamentaria.
Absurdo el plan y absurda la excusa, cuando todo el mundo sabe que el diálogo propuesto por los independentistas no es otro que el de negociar el cómo y el cuándo de la independencia pues, según ellos, el resultado del 1-O es palabra de Dios. "Nos hemos ganado el derecho a ser independientes" es su mantra. A partir de ahí reclaman una mediación internacional que sugiera al Gobierno central el modo de aplicar ese supuesto derecho.
Así que lo que hizo Puigdemont el 10-O en el Parlament fue anunciar que Cataluña ya estaba en condiciones de declarar la independencia aunque la dejaba en suspenso a fin de dar tiempo a Rajoy para decidirse a colaborar con la Generalitat en la voladura del Estado, mientras los independentistas jugarían la carta de la presión internacional sobre un Gobierno que responde con la violencia al civilizado deseo popular de expresarse en las urnas, según el tramposo relato soberanista.
Por eso en aquel momento unos interpretaron el tiempo muerto de Puigdemont como un respiro, cuando en realidad era una forma de prolongar la pesadilla. Y ahora el Estado tiene la obligación de defenderse. Es lo que va a hacer, mediante la activación del recurso constitucional previsto si gobierno de una Comunidad Autónoma atenta gravemente contra los intereses generales. Está recogido en el famoso articulo 155 de la Constitución. Lo activará el Gobierno en su reunión extraordinaria de este sábado.
Estamos a la espera de saber cuales son esas medidas concretas y tasadas en tiempo y en contenidos. Se trata de gestionar los órganos autonómicos cuyo ejercicio competencial ha desbordado el marco de la Constitución y se ha instalado en la ilegalidad. La policial es una de esas competencias, no estatutaria sino por delegación del Estado. O sea, el control de los Mossos de Escuadra, que pasará a depender temporalmente del Ministerio del Interior. Y otra, propia del presidente de la Generalitat, es la convocatoria de elecciones, que pasaría a ser ejercida por el Gobierno de la Nación.
Creo que van a ser las dos medidas más importantes que harían visible el rescate de Cataluña, antes de que Puigdemont la convierta en un erial.


Miércoles, 19 de septiembre

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