Opinión

Carlos Carnicero - Podemos, fortalezas, debilidades y contradicciones.

20.10.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Pablo Iglesias es persona inteligente, con enorme facilidad para generar empatías, con un discurso fluido en un universo de políticos que necesitan un papel para dar los buenos días. Conoce la política por su vinculación a fundaciones que han asesorado a líderes latinoamericanos progresistas. Incluso su aspecto de reedición moderna de Jesucristo frente a las masas le proporciona un aura de confianza en su palabra. Su evangelio se reduce al episodio de Cristo echando a los mercaderes del templo. Tiene enormes aliados en la corrupción; si no existiera Miguel Blesa, Pablo Iglesias tendría que fabricarlo. Es su mejor cartel electoral. La desafección de los ciudadanos frente a las instituciones es el solar donde está edificando su propia maquinaria de poder.
Estoy convencido de que "Podemos" es un fenómeno populista, dicho sea sin acritud, como diagnóstico que un politólogo como Iglesias no tendría más remedio que suscribir. Predicar en este erial que solo ampara corrupción, ineficacia y falta de esperanza es fácil con la condición de no contrariar a los feligreses.
Su gran fortaleza, como la de todos los populismos, es el hartazgo de los ciudadanos en esta España en crisis sistémica. Abominar de todo lo que observamos es requisito imprescindible para atraer a los descontentos, que son muchos. Diferencias económicas en expansión favorece el rechazo para quienes están y gobiernan las instituciones. Pero hay más requisitos para el éxito: afirmar lo que la mayoría quiere oír y evitar pronunciarse sobre los asuntos que un pronunciamiento claro generarían división o rechazo. Hasta ahora tenía un blindaje frente a la indefinición de lo controvertido: no formulaba un discurso de poder. Ahora lo ha hecho: quiere ser presidente de Gobierno. Y ese objetivo obliga a presentar propuestas concretas de todos y cada uno de los asuntos graves; ya no vale, a partir de ahora, la indefinición.
Hay videos memorables de Pablo Iglesias, rápido con el trueno en la respuesta. Afirmó que el Rey debe aguardar lista de espera para sus tratamientos médicos. El daguerrotipo de Urdangarin metiendo mano a la caja incita a disfrutar de la imagen imposible del Rey en la cola del ambulatorio. Es un brindis al sol, porque nunca su ministro de sanidad tomaría disposiciones para que esa imagen fuera real. Pero como boutade es atractiva, casi incluso para mi.
Preguntado por la coalición de Obama para atacar al Califato, su respuesta es que la violencia no es la solución; que hay que dialogar con los líderes yihadistas que degüellan gentes de centenar en centenar. De tal modo que Iglesias, como corolario, es partidario de hablar y no hacer otra cosa frente a la expansión del Califato. No tiene receta para intentar evitar miles de asesinatos fríos en nombre de la fe verdadera. Ahora, la debilidad, una de ellas, de Pablo Iglesias es su confrontación con la realidad con la obligación de adelantarnos sus recetas de gobierno.
Hay asignaturas pendientes en el ideario de podemos. No le da mucha bola al feminismo, incluso en declaraciones de sus líderes, Podemos no cree que la regulación progresista del aborto sea una prioridad en España.
Pero el gran problema de Iglesias es las contradicciones de su discurso clásico populista con sus actos de partido.
Al final, Iglesias, abominador de la "casta" y de los partidos tradicionales, está a punto de inaugurar su organización con estructura clásica de partido y pasar a formar parte de la casta dirigente. Un líder, un partido disciplinado y un programa de gobierno para atraerse al centro político. Este politólogo brillante ha terminado de golpe con el eje político izquierda-derecha, como si los privilegios de la casta no estuvieran sustentados en una ideología profundamente conservadora y en las diferencias económicas. Dar por desterrada la lucha de clases es una ingenuidad perversa.
Todo populismo necesita un "jefe" indiscutido y una guardia pretoriana que obligue a obedecer sin pestañear. Iglesias acaba de enterrar la asamblea como instrumento de control del aparato; y ha creado un partido que será gobernado por un sanedrín similar al de los partidos tradicionales. Para ganar necesita unidad de acción. Una formulación leninista del partido en quien niega la necesidad de la izquierda. Lo ha dicho claramente, sin tapujos: para asaltar el poder hace falta un líder. Solo uno.
Pablo Iglesias surfea sobre una ola favorable. También disfruta de la comprensión del PP, que sabe que el PSOE es el más débil frente a la embestida de Podemos. El PP considera mucho más amenazante una recuperación del PSOE que la eclosión de Podemos.
Tengo algunos prejuicios contra Podemos porque considero que los populismos, por su propia naturaleza y por los ejemplos de la historia, son la mayor amenaza para el sistema democrático. No creo que el cáncer sea nuestro sistema de partidos y de representación. El mal son estos partidos y la forma en la que sus élites ejercen su poder e influencia.
Hay un dicho cubano que viene al caso. El marido o la mujer burlada pueden tener la tentación de arrojar por la ventana el lecho de la infidelidad. Pero librarse del sofá o la cama obliga a dormir en el suelo. Los muebles, las instituciones, no son el problema. Los responsables son quienes duermen en la cama o reposan en el sofá.


Carlos Carnicero - Rajoy, en caída libre.

13.10.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy es un gallego adusto, tímido, timorato y lento en sus reacciones; enemigo de mostrar sus pensamientos e indeciso en la toma de decisiones, hasta el punto de permitir que el tiempo haga su trabajo, aliviándole de la exigencia de compromisos. Confía ciegamente en su asesor demoscópico, Pedro Arriola, que es su Richelieu informático; determina todas las conductas del Gobierno con el único objetivo de garantizar las elecciones.
En la cuestión catalana su único refugio es y ha sido la ley. La ley se aplica porque es inevitable su cumplimiento. Pero la política existe, sobre todo, para conseguir la superación de conflictos. Y en esa estamos. Atrapados entre las picardías de Artur Mas para violar la ley sin que se note demasiado y la incapacidad del presidente de Gobierno de tomar iniciativa alguna que oriente soluciones.
España, después de quinientos años, muchos de ellos en declive, no tiene la confianza ni el afecto de muchos ciudadanos que no la reconocen como nación que ha dado forma a un estado. Aplicaremos la ley y ésta se hará cumplir, pero no conseguiremos los requisitos políticos, emocionales y afectivos para que este país se constituya en una nación arropada por un estado moderno.
Con este embalaje, las costuras saltan por casi todos los parámetros. Y la forma en la que se ha afrontado la aparición del primer contagio de Ebola en territorio europeo, es un ejemplo del declive del gobierno de Mariano Rajoy.
El tiempo se encapsula en esta España que acude al precipicio sin que haya espacio distinto del de la amarga queja de la mayoría de los españoles que ya no confían en nada ni en nadie. Desde la Casa Real al mítico líder de los sindicalistas asturianos, nadie esté exento de la indignación ciudadana y la sospecha en todos y cada uno de los estamentos de la sociedad y del estado. En estas condiciones, la eclosión de movimientos populistas es la forma que tienen las sociedades desesperadas para huir hacia delante, que es el caos como condición del cambio.
Como la propaganda es el norte político de este gobierno, se decidió traer a los dos misioneros enfermos de Ebola para demostrar que la decrépita sanidad española podía con este reto de solidaridad. A las dos hermanas negras que trabajaban con los misioneros, también enfermas, no se les aplicó la dosis de solidaridad de traerlas a España probablemente porque reunían todos los requisitos para el abandono: eran mujeres, africanas y negras. Si hubieran sido rubias y suizas, hubieran venido. La vida nos ha dado otra lección. Quienes no gozaron de nuestra asistencia han superado la enfermedad; los que fueron rescatados han muerto. Las abandonadas donan el suero para quienes les abandonaron.
Hay una pregunta difícil de formular e imposible de contestar: ¿Por qué los misioneros, sus familiares y las órdenes religiosas a las que pertenecían aceptaron su repatriación dejando atrás a las religiosas africanas?

El caso es que la decisión de repatriar a los misioneros lo fue para que pudieran morir en España, no para salvarlos de la muerte. No había, en aquel momento, ningún tratamiento de ninguna clase para enfrentar la enfermedad. Ni siquiera el suero de las religiosas que se han curado y a las que no asistimos, porque entonces todavía estaban enfermas. Pero hubiera sido una buena operación publicitaria para hacernos creer que los errores en los recortes de la sanidad no eran ciertos. Les ha salido, dramáticamente, el tiro por la culata.
Naturalmente que era una buena elección la repatriación de los sacerdotes enfermos. Pero con una sola condición: era indispensable tener un tratamiento para ellos, que no lo había.
A partir de esa decisión, que nadie discutió ni condicionó, todo han sido disparates. No ha habido un sistema o protocolo riguroso de obligado cumplimiento que contara con las garantías para ser eficaz. La España de pandereta distribuía trajes pequeños para hombres grandes. Las ambulancia que recogió a Teresa Romero no se desinfectó y siguió haciendo recogida de enfermos, candidatos a la contaminación. La prensa, una parte de ella ha respondido al disparate con la sordidez de una información amarilla.
Sería largo, prolijo e innecesario elaborar un vademecum de disparates de los responsables de esta crisis.
El presidente de Gobierno solo afirma que nos han felicitado en Europa. Y en los bares, cuando comparece Rajoy en televisión, saltan las burlas y las carcajadas. España le ha perdido el respeto al presidente de Gobierno. Y cuando pone cara solemne para exaltar la obviedad, los parroquianos cambian de canal. Eso es el declive.


Carlos Carnicero - El final del bipartidismo y muchas cosas más.

06.10.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

La mayor parte de los españoles de nuestro tiempo ha vivido en una época de crecimiento continuo. En lo económico y también en lo social. La Transición fue un éxito. Pero ahora casi todo aquello que configuró una España relativamente moderna y próspera, es historia. Hemos entrado en la época de la incertidumbre y no hay nada sólido en el horizonte español. Crisis profunda sistémica, económica, institucional y social. Enfrente hay un inmenso vacío.
España, como estado-nación, parece sumida en una pendiente hacia el abismo. Del sueño de Aznar (jugar en las grande ligas) y de Zapatero (dar el sorpasso a Italia y a Francia) hemos pasado a la insignificancia internacional. Del "milagro" económicos español, a figurar en el tren de cola de las economías eeuropeas, a pesar del ligero repunte. De ser uno de los países con derechos sociales más extendidos, a tener en crisis todo nuestro sistema de protección en un universo de millones de parados sin esperanza de volver a trabajar. Nuestras universidades, expedidoras de jóvenes brillantemente preparados, necesitan una agencia de viajes para colocar a esta generación perdida en la emigración.
Con ser grave todo lo anterior, hay cosas todavía o igualmente de fondo:

Una parte considerable de españoles, sobre todo residentes en Euskadi y Cataluña, ni se sienten ni quieren ser españoles. Este incremento considerable sobre una base que ha existido durante toda la transición, se debe también a la crisis general de España y, sobre todo, a la torpeza con que se ha manejado la cuestión catalana en los últimos años. Es mucho más fácil el desapego de una España en crisis que de una prospera.
El nacionalismo radical español alejó a muchos españoles de esa pertenencia. José María Aznar, con su descreimiento hacia la concepción plural de España, hizo mucho por la causa secesionista en Cataluña. Pascual Maragall con sus piruetas y su empeño en un nuevo estatuto que nadie más que él reclamaba, trazo una hoja de ruta. José Montilla, president de la Generalitat encabezó una multitudinaria manifestación, nada menos que contra el Tribunal Constitucional. José Luis Rodriguez Zapatero quiso contentar a todos y aceleró el caos.
Y en esto llegó Artur Mas, empecinado a emular, con otros parámetros históricos, a Lluis Companys. Quería entrar en la historia y lo va a conseguir, uniéndose a la destreza de UCD para deconstruir un partido de gobierno y provocar un caos institucional en Cataluña. Los sondeos pronosticas su inevitable entierro político.
El caos no es solo la amenaza latente de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, y que a día de hoy no sabemos si se celebrará de alguna manera el 9 de noviembre. A la vuelta de la esquina.
El grave problema, pase lo que pase, se presentará el día después del 9-N. La legalidad sirve como freno de iniciativas imposibles dentro de la Constitución. Pero la política es imprescindible para reconstruir todo lo que se ha roto. Encontrar una España en la que la inmensa mayoría de los españoles, y entre ellos los catalanes, se sientan cómodos no es fácil. Si se estudia con detenimientos las competencias transferidas a Cataluña se puede determinar con toda objetividad que no hay estado federal en Europa, y probablemente en el mundo, en el que el autogobierno sea tan amplio. ¿Cuál es el paso siguiente en esa progresión para la que ya no hay contenido? ¿Qué le puede ofrecer el resto de España a Cataluña para conseguir un marco estable de relación y convivencia?

El estado federal es una abstracción si no se concreta su esencia. Pero un estado federal es un estado-nación con una división de poderes y competencias igual entre todos los estados federados ¿Eso es lo qué aceptarían los partidarios de la secesión en Cataluña? A la altura que estamos, iniciar un proceso de reforma constitucional solo tendría sentido si asegurase, con un compromiso serio y estable de todos los representantes políticos de todos los españoles de todas las latitudes, una Constitución indiscutida por todos.
La gran pregunta que estamos obligados a contestar, sin pasiones ni prejuicios, es cuales son las causas de este fracaso histórico de la España constitucional para construir un estado-nación en la que todos estén conformes y arraigados. Se me ocurren unas cuantas que desarrollaré en otro artículo.
Pero, por si faltaba algo, a esta profunda crisis de estado que se ha materializado en la desobediencia de las autoridades legales de Cataluña, se une un destrozo muy difícilmente reparable de la mayoría de los españoles en sus instituciones. La forma de conducir la crisis y el tremendo vacío ético de la corrupción han separado de forma brutal a los españoles de sus representantes y de las instituciones.
Un inventario de la corrupción resulta demoledor. Casi todos los partidos, los sindicatos, las patronales, los directivos de cajas de ahorro, la propia familia real están salpicados por esta lacra. La confesión de Pujol y el obsceno, cutre y amoral asunto de las tarjetas opacas de Caja Madrid ponen en un espejo convexo el grado de corrupción al que hemos llegado. ¿Se puede pedir paciencia a los tenedores de preferentes cuando observan el comportamiento de Miguel Blesa y sus consejeros? Se puede consentir que los fondos de dinero de todos los españoles, miles de millones de euros, destinados a rescatar estas cajas que eran una cueva de ladrones, se quede sin devolver?

¿Se puede pedir confianza después de observar que el padre de la patria catalana, permanente denunciador del "saqueo" que España ha realizado en Cataluña, al observar el saqueo llevado a cabo en su patria por él y su familia?

El bipartidismo está herido de muerte. Sobre todo porque los electores no se fían de los partidos que han sido responsables desde el gobierno y de las instituciones de todo este estado de cosas.
La alternativa, que está en los manuales, es la aparición de populismos inherentes a toda situación de crisis sistémica. En España han tardado en aparecer, a pesar de que ha habido intentos, algunos con relativo éxito, como el paso por la política de Jesús Gil, de José María Ruiz Mateos y de Mario Conde.
Ahora, la eclosión de Podemos en las elecciones europeas demuestra que la historia tiene razón. En situaciones de falta de esperanza, decir lo que los electores quieren oír desde su desencanto total con lo establecido, es una realidad tozuda e ineludible.
Recetas mágicas, e imposibles, para situaciones sin salida. Inteligencia en la comunicación con los ciudadanos, frescura en las actitudes y una tendencia a romper con todo lo relacionado con la "casta" que ha estado gestionando los asuntos públicos hasta conducirnos a una situación sin salida. Receta para el éxito.
Las fórmulas para solucionar todos estos desaguisados no parecen fáciles. Y no se observa en los grandes partidos la decisión imprescindible para una catarsis que devuelva la confianza. Es cierto que el nuevo secretario general del PSOE está haciendo algunos gestos de ruptura con el pasado reciente del partido. Pero no parece que sean suficientes. A la izquierda queda un inmenso espacio que Podemos quiere acaparar y no parece que le vaya mal.
Probablemente estamos en un cambio de época con todo lo que puede significar esta situación. Y realizar otro inventario, este de medidas regeneradoras, es urgente. Seguiremos reflexionando sobre esto.


Carlos Carnicero - Jordi, el "don", la sua strana famiglia y la independencia.

29.09.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

La comparecencia de Jordi Pujol en el Parlament de Catalunya dejó muchas más sombras que luces. Pujol abroncó al respetable - en ese aspecto de ejercer la autoridad dialéctica con fuerza impositiva, siempre me pareció el Fraga catalán-, se encerró en una declaración de inocencia que no concuerda con los datos disponibles y pasó el trámite, amargo sin duda, sin explicar los informes de la policía que indican la posesión de increíbles cantidades de dinero fuera de España. Sin duda su empeño fue el de salvar lo que pudiera quedar de su prestigio y reputación, que no es mucho.
Así las cosas, tendremos que esperar el final de las investigaciones, las imputaciones judiciales y, en su caso, el juicio oral del ex president y de su extraña familia.
Varias consideraciones:

La comparecencia del president, verdadero padre de la causa soberanista y encarnación del patriotismo catalán, sucedió la víspera de que el president Mas convocara formalmente el referéndum sobre la independencia de Cataluña. Probablemente, su intención era eclipsar en la prensa la intervención parlamentaria de Pujol con la noticia de la consulta. Pero la realidad es que reforzó la equivalencia entre el falso patriotismo de Pujol, con la acusación permanente de saqueo de España a Cataluña, con la doble moral de quien tiene el dinero, non santo, fuera de su patria.
En esta España de corrupción generalizada en la clase política, Jordi Pujol era uno de los mitos de honestidad personal que parecía casi indestructible. La realidad es que Jordi Pujol y Marta Ferrusola, su esposa, han actuado, sin utilizar violencia física, como una clásica familia de la mafia calabresa.
El origen de la inmensa fortuna de esta familia, que fuentes policiales cifran en más de 500 millones de euros, procede, y no puede ser de otro modo, de comisiones ilegales. Algunas de ellas pagadas por empresas que querían deslocalizarse de Cataluña. Varios de los hijos de Pujol, entre ellos Oriol Pujol, que era. hasta hace poco, secretario general del partido CiU, se dedicaban a cobrar favores en función de su posición política en Cataluña.
En la segunda parte de El Padrino, Michael Corleone asiste al bautizo solemne de uno de sus hijos, al mismo tiempo que sus sicarios, eliminaban cruelmente a todos sus enemigos dentro de la mafia. La religión católica era compatible con el crimen organizado.
Salvando las distancias, que no son pocas en la utilización de la violencia y el asesinato en las prácticas de la mafia, con los métodos de la familia Pujol, se puede establecer que para la strana famigllia del expresident, no había reparo en proclamar el monopolio del patriotismo catalán, una suerte de religión laica, con las prácticas corruptas. Religión es a Mafia como patriotismo es a la famiglia del "don" Pujol.
Así las cosas, se puede confirmar la definición de "patriotismo" como la bandera en la que se han envuelto muchos canallas a lo largo de la historia.


Carlos Carnicero - Lecciones escocesas, sin acritud.

22.09.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

El referéndum escocés fue un seísmo que sacudió Europa, y especialmente España. Finalmente, la continuidad de Escocia en el Reino Unido ha tranquilizado a los inquietos mercados, alivió a todos los gobernantes de los países de la Unión Europea y ha establecido un marco relativamente estable en Gran Bretaña, condicionado al desarrollo autonómico prometido in extremis por los líderes políticos para parar la desafección. Ahora hay que ver las resistencias que aparecen en el Parlamento de Londres para cumplir lo comprometido.
En España, el resultado influye indirectamente en la pretensión soberanista planteada en Cataluña, pero no la desarticula. Y la autonomía será la moda de temporada en los países de la Unión Europea donde existen contenciosos pendientes y latentes. Pero los comportamientos de la clase dirigente británica serán un espejo donde se tendrán que ver reflejados todos los actores del proceso catalán.
Hay lecciones que no podemos evitar porque pueden ser de gran utilidad para el futuro.
La primera es que la soberbia de David Cameron, aceptando el envite soberanista cuando desde Escocia se planteó la alternativa del referéndum de independencia o ampliación de sus competencias, fue un inmenso error del primer ministro. Entonces las encuestas daban claramente ganadora a la alternativa de rechazo a la independencia. Luego, las cosas cambiaron. Y presos del pánico, se produjo la gira escocesa de los líderes británicos con promesas de última hora.
Merece la pena resaltar el papel jugado en esa campaña por el ex primer ministro Gondon Brown. Su discurso, basado en el patriotismo escocés de quienes querían permanecer en el Reino Unido, fue definitivo. Ya no hubo equívocos y se estableció claramente que tan patriotas escoceses eran los que querían separarse como los que querían permanecer. Nadie podrá monopolizar la identidad escocesa en función de la pretensión de independencia. Hubo respeto en el debate, con las tensiones propias de una campaña política, pero la ausencia de la pretensión monopolizadora del patriotismo enfrió la crispación.
La segunda lección imprescindible es que en la cultura democrática no se puede evitar la equiparación entre "democracia" y cumplimiento de la Ley. En el proceso escocés, a nadie se le ocurrió que saltarse la ley para hacer prevalecer una consulta política, basada en un artilugio como el "derecho a decidir", era una posibilidad legítima y democrática.
La ley, su cumplimento, es la garantía y la exigencia de la democracia, la cual desaparece cuando se plantea la vulneración de la ley como un derecho. La ley es el reglamento de la democracia. Saltarse la ley es hacer trampa. Situarse al margen de la ley, pretendiendo hacer prevalecer otro tipo de derechos frente a su cumplimiento, sitúa a quienes lo pretenden fuera de la democracia.
En tercer lugar, lo ocurrido en Escocia nos obliga a poner en valor el desarrollo de nuestro proceso autonómico. Los nacionalistas escoceses solo plantearon la celebración de un referéndum legal por la independencia cuando desde el gobierno de Londres se les negaron algunas transferencias para gestionar temas como la sanidad, que en España están transferidos a todas las comunidades autonómicas. Comparar las facultades de autogobierno existentes en las comunidades autónomas españolas con lo que ahora les ofrece Londres a Escocia evidencia el formidable desarrollo autonómico español.
También hay que señalar que pese a lo relativamente ajustado del resultado, a nadie se le ha ocurrido poner pegas a la victoria del "no" ni invitar a una desobediencia sobre el resultado. El ministro principal de Escocia, Alex Salmod, se apresuró a reconocer el resultado, resaltó lo que habían conseguido con este proceso y procedió a presentar su dimisión para favorecer la gestión de la nueva situación creada en Escocia.
Por último, en una situación límite, complicada y tensa, nunca se ha roto el diálogo político y el respeto institucional. No se han quebrado puentes entre los partidarios del "si" y del "no", lo que hace posible la sutura de la heridas y las tensiones afloradas en este proceso.
Este pequeño vademecum de lecciones del proceso escocés debiera impulsar una revisión de nuestros modos democráticos y formar parte del paquete de medidas imprescindibles para la regeneración política de nuestra joven democracia.
Si los dirigentes españoles no actúan en consecuencia, no alcanzaremos la madurez de un marco político estable para la democracia española y no recuperaremos la confianza de los españoles en sus instituciones. ¡Casi nada!


Carlos Carnicero - Cataluña y Escocia en un mundo colapsado.

15.09.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Durante toda el fin de semana leo la prensa con detenimiento, haciendo un balance instantáneo de las impresiones que me producen las noticias, las opiniones y los medios de comunicación. Intento encontrar dosis de pasión renovada en este oficio que me ha dado todo en mi vida. Observo mucho más de lo mismo en la política española; la crisis catalana es una suerte de rosca sin fin en la que se repiten proclamas, se renuevan amenazas y no aparece ningún signo que escenifique intenciones de acuerdo. Pero lo sorprendente es la falta de claridad y los camuflajes en el lenguaje. Y el asunto es, o debiera ser claro. ¿Existe marco legal para celebrar un referéndum? ¿Hay intención en los partidarios de la secesión en tratar de modificar las leyes para que su proceso sea legítimo y legal? ¿Hay tanta gente en Cataluña que está dispuesta a saltarse la ley, burlarse de la legitimidad y destrozar el entramado de la primera democracia estable que ha existido en España a lo largo de toda su historia?

La razón y la emoción son dos caballos que tiran del carro en direcciones opuestas y acabarán descoyuntando este país. Hay muchos intereses no confesados. Los medios de comunicación radicados en Cataluña muestran un disimulado entusiasmo en el proceso secesionista, tal vez porque en Cataluña ahora sea muy difícil posicionarse contra la corriente dominante. El carácter del intelectual se demuestra cuando hay que oponerse a los sectores mayoritarios y dejar a un lado razones de oportunidad y conveniencia para dar paso a lo que dicta la razón y el entendimiento.
La sombra de Escocia llega de lleno a Cataluña. Poco tiene que ver que las realidades históricas y políticas sean tan diferentes. La primera y esencial, que el referéndum en Escocia es legal. Las demás, con ser importantes importan menos.
A primera hora visito un museo apasionante en Bruselas: "Parlamentarium" es una exhibición interactiva, permanente, didáctica, entretenida y tecnológicamente brillante de la realidad y la historia de las instituciones europeas.
La primera parte es una detallada descripción de las tragedias europeas sucesivas en la primera mitad del siglo XX. Desde la Gran Guerra, de la que ahora se cumplen cien años, a la devastación de Europa durante la Segunda Guerra mundial, detallando las causas que produjeron estos desastres. Yo los resumiría en un solo concepto: "sobredosis de nacionalismos". Y la vacuna desarrollada inmediatamente después del último desastre de 1939 a 1945 ha sido y está siendo la creación de una gran macro nación Europea como mixtificación de los intereses nacionales hasta la creación de una unidad europea. En eso estamos. Y el relato de la exposición -que debiera ser asignatura obligatoria en todos los colegios europeos- es la historia de la superación de lo local frente a la grandeza de lo compartido.
Me inquieta la situación en la que se haya el mundo. Observo la crisis de Ucrania y no puedo dejar de recordar que el pretexto inicial de Adolf Hitler, germen de la barbarie posterior, fue la defensa de los alemanes que se sentían oprimidos en los Sudetes, Checoslovaquia, Austria y, finalmente, Polonia. Ni Neville Chamberlain ni los presidentes de Francia reaccionaron frente a las pretensiones alemanas por miedo a despertar a la fiera que ya no estaba dormida. Luego fue demasiado tarde. No quiero hacer comparaciones. El alma alemana estaba herida por las humillaciones del tratado de Versalles. Y el terreno estaba fértil para la aparición de un caudillo. ¿Les suena?

Ahora existen en el mundo muchos frentes abiertos que pudieran llegar a sincronizarse en una constelación que provoque otra catástrofe.
El Islam tiene muchos reclamos, muchas sinrazones y poca porosidad para adaptarse a buen ritmo a la modernidad. El Estado de Israel se ha encargado de escenificar con el genocidio de los palestinos la incomprensión de Occidente hacia el mundo islámico con excepción de las dictaduras aliadas de Europa y Estados Unidos. Las torpezas de occidente se han sucedido armado a aliados circunstanciales que han terminado siendo enemigos encarnizados. La amenaza ya no es solo el terrorismo sigiloso de las redes de Al Qaeda. Hay un Califato construido sobre los errores cometidos en Irak, Libia y Siria. Y permanezcan atentos a Egipto.
El alma rusa también está herida por la forma en la que implosionó el socialismo real. Y Putin quiere absorber a los rusos que no están en la Federación Rusa devorando los países que la contienen. Putin quiere proteger a los rusos que están fuera de Rusia. ¿Les suena?

Y, mientras tanto perfeccionamos el mecanismo de desintegración de los estados y damos carta de naturaleza al ejercicio de un nuevo derecho de autodeterminación basado en soberanías que quieren también desguazarse. El límite, en el absurdo, será la autodeterminación por patios de vecinos. Las tribus reclaman su espacio. Escocia quiere dejar el Reino Unido y Cameron lo quiere sacar de la Unión Europea. En Cataluña hay muchos que quieren estrenar una historia de independencia ahora, donde nunca hubo un estado. Me suena a juegos de ruleta rusa cargados con las emociones, muchas veces engordadas artificialmente, por élites que al final tienen cuentas en Andorra y Suiza.
Lamento decirlo, tengo tantas patrias que no puedo matar ni morir por ninguna. Solamente quiero seguir recorriendo el mundo para buscar puntos de coincidencia y disfrutar de las singularidades. Todo ello sin aspavientos, sin desayunar con banderas y sin proclamar ninguna clase de patriotismo que no sea el de la solidaridad.


Carlos Carnicero - Felipe no cree que Pujol sea corrupto.

08.09.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

El ex presidente de Gobierno no se prodiga en declaraciones. Guarda una prudente distancia, vigilando la política española y lo que ocurre en el mundo. Y cuando se expresa tiene mucha sustancia entre sus líneas. No da puntada sin hilo. Y se le nota su compromiso intelectual porque no suele actuar con razones de conveniencia personal.
Le ocurre como a mí: le duele que la trayectoria y el prestigio de Jordi Pujol, sin el que no se podría entender la transición ni la política española, se haya desguazado. Ocurre muchas veces en la historia. Es casi imposible disociar la labor institucional o artística de grandes personalidades de sus comportamientos personales, cuando estos son reprobables. Bien es cierto que en un político u hombre de estado, la ejemplaridad de sus comportamientos personales es inseparable de su obra. Y también, que la corrupción o el fraude se lleva por delante los méritos en la gestión pública porque agujerean la línea de flotación de la credibilidad.
Aunque González no lo explicite tanto como yo, afirma que Jordi Pujol está protegiendo a sus hijos -que llevan tiempo en la sospecha de corrupción- utilizando su prestigio personal como escudo para ellos. Es posible que una familia unida y tradicional como los Pujol Ferrusola lleve implícito el marchamo de unidad y protección de sus miembros. Y si las responsabilidades de los hijos, uno de ellos hasta hace unas semanas dirigente de CiU, tienen cotas penales, exculparles puede situarse por encima de la propia conveniencia del ex president. Cuando Felipe González afirma que no cree que Jordi Pujol sea corrupto, está instalando la causa en un tema familiar, lo que no se si es suficiente, y creo que no, para tratar de salvar el prestigio del padre del nuevo nacionalismo catalán.
La segunda reflexión de Felipe González tiene que ver con la utilización política del caso Pujol. Sostiene el presidente que una sobreactuación en el repudio del comportamiento de Pujol, jugando la baza de desgaste del nacionalismo catalán, puede ser un boomerang que envuelva esta causa, como muchas otras, no de tanta envergadura, en un ataque interesado desde España al proceso soberanista. Y entonces aparecerá el victimismo como una contante táctica de los nacionalismo.
La sobreactuación destruyen las buenas interpretaciones en el teatro y en el cine. Y también en la política. Entonar el papel asignado en una obra es un meticuloso equilibrio que busca que el actor no arruine a su personaje por exageración. Sobreactuar es el mal de algunos destacados actores españoles, aficionados a la hipérbole en el diseño de sus personajes. Siempre he sido partidario de la microcirugía en el tratamiento de los temas políticos delicados. Diseccionar el tejido dañado sin dañar el resto del organismo. Hay que condenar a Pujol sin añadir regocijo, porque es una tragedia también para nosotros.
La confesión de las cuentas ocultas de Pujol es una desventura para la democracia española. Pero sus consecuencias, muchas de ellas, son inevitables. Se ha caído un mito y no habrá quien lo levante. Sin embargo, creo que tiene que haber sentimiento en la recriminación de esa conducta. Condenarla con dolor, sopesando lo que todos perdemos como consecuencia del comportamiento del ex president. Sin hacer más leña del árbol caído que la que sea imprescindible. En esta España de leñadores del error ajeno, no va a ser fácil.


Carlos Carnicero - El duro otoño que ya ha llegado.

01.09.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Algunos creyeron que el cambio de dígitos del calendario para inaugurar el milenio escenificaba una permuta automático de época, una era nueva. Las grandes mutaciones de la historia no amanecen de repente. Son procesos en donde fermentan las causas que promueven las grandes transformaciones para constituirse en escenarios innovados, donde la vida cambia radicalmente sus paradigmas económicos, culturales y sociales.
En 2008, los Juegos Olímpicos de Pekín y la crisis de Leman Brothers dieron el primer aldabonazo de la nueva era que está terminando con nuestras certezas. La caída de las Torres Gemelas escenificó las nuevas amenazas después del final de la Guerra Fría. Probablemente, la crisis de Ucrania y la aparición del nuevo yihadismo en Irak y Siria son el siguiente aviso de un mundo más inestable.
Después del sopor de agosto, septiembre nos despierta sobresaltados. En el universo doméstico, los retos inmediatos son la tentación secesionista catalana y las consecuencias de la descomposición del sistema de partidos, con los retos inmediatos de las elecciones municipales. Las alarmas han saltado con sordina. El PP, que intuye la debacle, quiere hace una alcaldada para salvar a sus alcaldes. La fragmentación del mapa político es una amenaza añadida al declive de los dos grandes partidos. Por si faltaba algo para el descrédito de ésta política, la confesión de Jordi Pujol ha acabado con la posibilidad de que haya vírgenes en la política española. Los ciudadanos miran de refilón para averiguar quien es el próximo que les asaltará la faltriquera.
Artur Mas está enterrado, todavía vivo. Si estaba desahuciado, Pujol le ha dado la puntilla. El entusiasmo anual por la Díada se ha transmutado en pánico por la posibilidad de un descalabro en la audiencia. ERC se está comiendo a CiU desde las patas. Nunca hubo un partido que trabajara tan eficazmente para que otro lo devorara. La única salida a los dislates de Artur Mas son elecciones anticipadas para que el president se haga el harakiri con apariencia de dignidad. Una nueva era en la política catalana en la que la proverbial prudencia de Convergencia, deconstruída por Artur Más, va a dar paso a la hegemonía radical de ERC.
Meter la elección directa de los alcaldes en fuera de juego, con las elecciones municipales a la vuelta de la esquina y sin consenso, es un enorme síntoma de debilidad. Un esfuerzo desesperado para tratar de minimizar el escandallo de daños que se anunció, para los grandes partidos, en las elecciones europeas.
El PSOE estrena líder que se hará la primera foto en movimiento en el Congreso de los Diputados. Su primer discurso y debate le marcará la impronta.
Lo que más me llama la atención es el exquisito cuidado con el que PSOE y PP tratan el caso Pujol. Nadie se atreve a señalar paja o viga en ojo ajeno porque la política española está llena de tuertos. Y los ciudadanos ya no creen en nada ni en nadie.
Estamos mirando tanto nuestro ombligo maltratado por la corrupción y las crisis que no miramos al resto de este mundo cambiante. La economía ya no es la única preocupación. Alarma de los peligros islamistas que siempre han estado ahí. Lo que pasa es que han pasado de los subterráneos de las ciudades y de las sombra de las mezquitas a ocupar territorio. Ahora no solo ponen bombas sin que degüellan a centenares de personas solo por no convertirse al Islam.
Ahora sí que hemos entrado en una nueva era que promete ser razonablemente convulsa.


Carlos Carnicero - Estados Unidos y Occidente se equivocan con el Islam.

25.08.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Es muy difícil encontrar una democracia asimilable a la nuestra en los países de mayoría musulmana. Sonreímos esperanzados ante los pequeños avances de Marruecos que tiene un rey cercano a la naturaleza de un dios. Túnez y Mauritania disfrutaron de una primavera política de la que no hemos vuelto a tener noticias esperanzadoras. Libia es un caso aparte. Estaba dirigido por un sátrapa con grandes amigos en occidente. ¡Que hermoso ejemplar de caballo árabe le regaló a José María Aznar! Nicolás Zarkozy estuvo muy cerca del caudillo árabe. Al igual que los servicios de inteligencia franceses. Casi todos los políticos occidentales no tenían escrúpulos en los tratos o la amistad del dictador libio.
Y de repente, apareció una guerrilla interna y occidente decidió que había que acabar con aquel sátrapa que, sin embargo, había sido, hasta entonces, un muro práctico para detener el islamismo radical. ¿Los servicios de inteligencia europeos y norteamericanos no sabían lo que venía después? ¿Tenían miedo algunos políticos de lo que podía revelar Muhammad el Gadafi, que fue asesinado por una turba salvaje en plena calle?

Libia es ahora un estado fallido, gobernado por cabilas o tribus que se reparten el territorio. Las empresas petroleras internacionales pagan la seguridad de sus instalaciones a la tribu dominante donde se encuentran sus pozos. En medio, la Yihad tiene ahora en Libia un centro de reclutamiento de combatientes que provienen de España, Reino Unido, Francia y otros lugares europeos. Y naturalmente de Marruecos y otros países musulmanes del norte de Africa. Desde Libia han sido sistemáticamente enviados a luchar contra el régimen de Siria y ahora se han expandido al norte de Irak para constituir el Califato que siembra el terror allá donde avanza y es el verdadero problema de Barak Obama.
Se habla poco de Egipto y de la dictadura militar que derrocó el gobierno islamista que ganó limpiamente las elecciones. Las detenciones, ejecuciones y torturas de quienes se oponen al poder militar encuentran poco eco en los diarios occidentales. La persecución de las organizaciones cercanas a los Hermanos Musulmanes predicen una radicalización islamista y la aparición de organizaciones cercanas a Al Qaeda.
Las provocaciones de Hamas no son fortuitas. La brutalidad de la respuesta del estado de Israel y las masacres en Gaza son un semillero para reclutar yihadistas en otros países musulmanes.
Vayamos a unos orígenes que se vuelven a repetir con la tozudez de quienes se empeñan en tropezar con la misma piedra. Cuando se produjo la invasión soviética de Afganistán, la respuesta diplomática de Estados Unidos a la opción soviética vino acompañada por una directiva de la CIA para apoyar la guerrilla local contra el invasor. Escenario tribal y envió de armas y monitores para adiestrar a los muyahidines. Osaba Ben Laden fue armado por la CIA, como es sabido.
El atentado de las Torres Gemelas tenía su epicentro en Afganistán, y la respuesta de invadir este país tenía la lógica de la guerra. Pero para George Bush no era suficiente. Y aunque era y es evidente que el régimen de Sadam Husein no había tenido nada que ver con el atentado de Nueva York, la patraña de la existencia de armas de destrucción masiva sirvió de excusa para la invasión de este país. El resultado, en muertos, destrucción y desintegración de la sociedad civil es bien conocido. Ahora Irak, sin organización política ni militar sólida, se encuentra amenazado por el avance yihadista procedente de los rebeldes sirios y cuenta con un importante apoyo local. Irak también recibió apoyo norteamericano en su guerra contra Irán.
Barack Obama, que se opuso en su día a la invasión de Irak, ha ordenado bombardeos en la zona ocupada por EL, y duda si intervenir en Siria, pero no contra Bashar Hafez al-Asad, al que estuvo a punto de atacar cuando la crisis del gas mostaza, sino contra sus enemigos, a los que Estados Unidos y algunos países europeos han armado para instigar la revuelta y la guerra civil contra la dictadura Siria.
Los yihadistas se han impuesto con eficacia en las filas de los rebeldes sirios. Y ahora, ya no son tanto una amenaza para la dictadura Siria sino para países vecinos: Irak, el Kurdistán y con riesgo de extensión a otros.
Es cierto que los informes de inteligencia rebelan que el asesinato de Osama Ben Laden y de otros cabecillas importantes de Al Qaeda han reducido sensiblemente la amenaza de esta organización y su capacidad para atentar en Estados Unidos y en países europeos.
Ahora el peligro proveniente de Al Qaeda se ha reconducido hacia la amenaza de "lobos solitarios" incrustados en la mayoría de los países europeos. Y a la iniciativa de grupos reducidos que pueden tomar la decisión de realizar atentados con sus propios medios y sin conexiones. La persecución de Al Qaeda ha sido eficaz, pero no ha hecho desaparecer la amenaza, sino que la reconducido a otras formas.
El mundo islámico no tiene un tratamiento eficaz ni de Estados Unidos ni de Europa. La mayoría de los países del golfo, con una riqueza económica inconmensurable mientras tengan petróleo y este sea necesario, son monarquías autoritarias, dictaduras personales, pero la mismo tiempo la única fórmula conocida para mantener la institucionalidad, aunque no sea democrática, en sus respectivos países y áreas de influencia.
Todos los analistas coinciden en que es y sería una locura intentar incentivar rebeliones con el fin de establecer sistemas democráticos occidentales, porque los países musulmanes están todavía en su Edad Media y sus tempos históricos no tienen nada que ver. Todavía no han disociado la iglesia o la religión de la sociedad civil. Cualquier intento de forzar un cambio conduciría a una radicalización islamista contra occidente.
Desde hace dos años, los servicios de inteligencia de España han advertido al gobierno español de los riesgos de la situación en Libia, Siria y Egipto. Y la proliferación de núcleos islamistas españoles, sobre todo en la zona del Mediterráneo, que en primera instancia no tienen motivaciones terroristas o bélicas. Se limitan a crear hemisferios islamistas al margen de las leyes españoles. Y a controlar las formas de vida de la inmigración que aterriza en España procedentes de países del Magreb. Su obsesión es que lleven una vida como buenos musulmanes, al margen de la legislación española cuando esta choca contra sus costumbres.
En síntesis, la amenaza islamista para Estados Unidos y para los países europeos sigue vigente con nuevas formas, con escenarios a corto y largo plazo, con financiación procedente de Arabia Saudí y de emiratos del Golfo. Al Qaeda ya no es un problema de primer orden. Los enemigos de Estados Unidos siguen siendo los combatieres que la CIA arma en Libia y Siria y como ha pasado siempre, terminan por morder la mano que les ha dado de comer.


Carlos Carnicero - Reflexiones contra la depresión política.

18.08.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

La confesión de Jordi Pujol es uno de los episodios más destructivos de nuestro sistema político y, al mismo tiempo, un camino para salir de esta crisis sistémica del actual régimen democrático español.
La pirámide de corrupción institucional ha llegado a un punto en el que no quedan peldaños para ascender. Los episodios de corrupción en el entorno de la Casa Real y la revelación de Pujol, en espera de la investigación correspondiente, nos sitúan en un punto sin retorno si no se produce una regeneración política profunda que devuelva a los ciudadanos la confianza en sus representantes y en las instituciones.
Literalmente, después de conocer que Pujol ha tenido cuentas en el extranjero por más de treinta años, el nacionalismo catalán ha recibido un duro golpe con consecuencias políticas e institucionales imprevisibles. La representación de la patria catalana estaba encarnada en un fraude. Quien monopolizó la máxima representación de la catalanidad se ocupaba en realidad no de la patria sino de su talego. Quienes hacen un esfuerzo por disociar al Pujol estadista de su miseria humana pierden el tiempo, porque la primera condición del liderazgo es la ejemplaridad.
Es magnífico que las sentinas se limpien. Es la condición de que un barco pueda navegar sin infecciones. Y en eso estamos y debemos estar.
Hace mucho tiempo que los dirigentes políticos e institucionales miran para otro lado ante las oleadas de corrupción que alcanzan a todos los partidos, sindicatos y organizaciones empresariales. No están dispuestos a una catarsis porque significaría la depuración imprescindible de casi todos.
Probablemente hay que empezar desde cero. Pero eso es una buena noticia porque significa que hay un remedio, drástico, pero un remedio.
Llevar a los ciudadanos a las urnas va a ser una heroicidad, convencerles para que voten a cualquier partido del sistema actual, una proeza. En política, como en física, no existe el vacío absoluto y cuando hay una tendencia a producirlo, nuevas sustancias o fuerzas ocupan el hueco.
Puede ser un proceso lento, zigzagueante y doloroso. Pero ya, inevitable.


Carlos Carnicero - Pongamos que hablo de Pujol.

11.08.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Jordi Pujol ha vivido toda su vida envuelto en la bandera catalana, como una prenda propia, íntima y, al mismo tiempo, institucional. Cuando estalló el caso Banca Catalana, como uno de los primeros escándalos político financieros de la transición, Pujol proclamó que Cataluña era él y atacarle era hacerlo a la nación. Y la magia resultó.
Siempre fue un político hábil, astuto, prudente, firme y negociador. Con el paso de sus 23 años al frente de la Generalitat, Jordi Pujol dejó de ser él mismo y paso a ser, prácticamente, una institución humana, respetada por todo el mundo, en cierto modo, al margen de la trituradora que siempre ha sido la política nacional.
Se entendió con Felipe González y también con José María Aznar. No recibió castigo en la urnas y su figura, medio rupestre de payés, medio de representante de la burguesía ilustrada catalana, adquirió una dimensión por encima de la política.
Sus hijos prendieron las primeras sombras. Hay quien achaca esas andanzas a la influencia de su mujer, Marta Ferrusola, pero suena a actitud machista, cuando se trata de un hombre, de un esposo, con tanta personalidad como Jordi Pujol. Los hijos de Pujol no supieron administrar la leyenda de su padre, tal vez porque les gustaban los coches de lujo para llevar dinero a Andorra en bolsas de El Corte Inglés. Mucho ruido que siempre inspiró temor a quienes investigaban las cuentas de los hijos del muy honorable.
Al final, la leyenda, el mito del President, implosionó desde dentro, desde la confesión del propio Pujol de sus cuentas en Suiza y Andorra, cuando ya estaba acorralado por las autoridades fiscales.
Esto de las herencias es un problema. Se abren las plicas con casi medio siglo de retraso y resulta que papá dejó el dinero en Suiza y los herederos, una vez que las cuentas estaban abiertas, aprovecharon la coyuntura y las fueron engordando. Tanto que se descosió la bolsa y quedó a la vista de todo el mundo.
Suiza es sinónimo de cuentas. Si no que se lo pregunten a los Botín, que dejaron la herencia del abuelo en donde la había situado, en Suiza, para más patriotismo, en plena guerra civil. Luego fueron listos, negociaron, pagaron una miseria y legalizaron la plata.
Pujol quiso ser Cataluña. Y lo fue hasta su confesión. Convengamos, para ser coherentes, que si Jordi Pujol era la encarnación humana de la nación, ésta también ha explotado como mito patriótico. El más patriota de todos se preocupo de llenar el talego a la sombra de la bandera.
Ahora le toca a Artur Mas gestionar todo este despropósito, la deshonra del nacionalismo catalán, porque al padre de la paria le han cogido con la mano en el cajón de la pasta. El impacto no puede ser liviano. Y la nación catalana con la que sueña Artur Mas ha terminado por convertirse en una pesadilla. Y no solo por las cuentas de Pujol.
Si este episodio fuera una película, nadie iría a verla porque sería considerada demasiada ciencia ficción. Pero resulta que es tan real como la misma vida. Como era el mito de honradez patriótica de Jordi Pujol.


Carlos Carnicero - Agosto discurre en silencio mientras Israel destruye Gaza.

04.08.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Cada día, al amanecer, inspecciono la prensa sin esperanza de encontrar otra cosa que más de lo mismo. Agosto comienza su trabajo anestésico y los ciudadanos del hemisferio norte buscan las playas y los ríos para huir de este calor infernal que el cambio climático se empeña en profundizar.
Las redacciones se vacían; quedan de guardia los que menos antigüedad tienen si es que algunos tienen antigüedad. Los kioscos de prensa cierran por una falta más acentuada de los pocos lectores que quedan de la prensa de papel.
Más de lo mismo: Israel profundiza su ofensiva en una Gaza que es ya un remake del Ghetto de Varsovia. La indiferencia mundial es la misma frente al exterminio de los judíos en Varsovia y en toda Europa que la que Israel lleva a cabo en Palestina. Bueno, hay diferencias importantes, pero también semejanzas dramáticas.
El odio a los judíos animado por las convicciones racistas del III Reich tenía un tecnología de exterminio, aparentemente encubierta, cuyo destino era la "solución final", la eliminación de toda la población judía. Racismo en estado puro y extremo. Probablemente la peor barbarie de la historia. Los judíos, para Hitler no eran personas; los palestinos, para Israel, tampoco lo son.
Del Ghetto de Varsovia no se podía salir. No había alimentos ni medicinas. No había otra esperanza que esperar el traslado en trenes de ganado a los campos de la muerte.
En Gaza no hay medicinas ni alimentos. No se respeta a la población civil y las acciones del ejército de Israel, uno de los más poderosos del mundo, que cuenta con el respaldo incondicional de Estados Unidos, ataca escuelas, centros protegidos por la ONU, y cualquier objetivo civil. Los niños mueren por centenares. No hay piedad.
La insurrección de los judíos del Ghetto de Varsovia tuvo y tiene toda la legitimidad ética. Cualquier cosa que hubieran hecho en su lucha por la dignidad y la supervivencia hubiera tenido legitimación y justificación ante la historia. Sin embargo no mataban alemanes civiles ni niños. Aquellos judíos heroicos luchaban para sobrevivir pero no cometían desmanes contra inocentes.
Antes y durante la II Guerra mundial, los judíos, su exterminio, no fue nunca invocado como una de las razones de occidente en su guerra con Alemania. Hay testimonios históricos de que el Vaticano conocía con detalle el exterminio judío. No hubo reacción de la Iglesia Católica ni siquiera retórica. Los ciudadanos de la propia Alemania asistieron a la progresión de la persecución judía con pasividad o complicidad. No hubo, ni siquiera, conatos de piedad.
La poca resistencia interna contra Hitler no tuvo un ápice de motivación en el apoyo a la población judía.
Ahora pasan algunas cosas que tienen mucha semejanza, con el sarcasmo de la historia de que las víctimas son ahora verdugos. Quizá se juzgue esto como una hipérbole, pero con las diferencias de esencia, motivación y tiempo histórico, las semejanzas son irresistibles.
El mundo árabe, dividido, cierra los ojos ante la masacre del pueblo palestino. Ellos, los palestinos, son los judíos del mundo árabe, a los que nadie tiene cariño, respeto o consideración. Estados Unidos bloquea cualquier resolución que pueda contradecir los deseos de Israel, quien incumple sistemáticamente todas las resoluciones de la Asamblea General.
Claro que Hamas es un movimiento de provocación que crece con sus propios desmanes. ETA era un movimiento terrorista en España que puso en riesgo la pervivencia de la democracia en este país. Y el GAL y los crímenes de estado fueron juzgados y sancionados como crímenes y abusos de poder, en coherencia con el principio de la proporcionalidad en la defensa de la ley y con el de que los fines no justifican los medios.
Mañana me despertaré con una nueva cifra de asesinados por el Estado de Israel en su inútil, cruel e ilegal ofensiva de Gaza. Me encontraré con los mismos silencios cómplices de los organismos internacionales, de la Unión Europea y de los partidos políticos españoles. Con la indiferencia de los ciudadanos del mundo, que desde un sustrato racista tienen sumido en el subconsciente que los palestinos no se acercan ni de lejos a los derechos de los ciudadanos de los países desarrollados. Los palestinos de hoy, como los judíos de ayer, no tienen quien se interese por ellos. En eso, la historia, de la forma más cruel, ha unido por los lazos de sangre del racismo a dos pueblos, el palestino y el judío, con el cambio de roles insoportable que ha convertido a las víctimas de ayer en los verdugos de hoy.
Cierro la prensa de la mañana sumido en una profunda indignación y tristeza, sobre todo al observar el silencio y la complicidad de muchos intelectuales judíos que han tenido mi respeto hasta que la cobardía o algo peor les ha hecho asumir el rol de los verdugos que tanto repudiaban.


Sábado, 25 de octubre

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