Opinión

Carlos Carnicero - España, riesgo de estado fallido

21.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Es difícil no ver en el horizonte el riesgo de que España se convierta en un estado fallido. Dos de las regiones, naciones o nacionalidades con más densidad económica e importancia política, aumentan el deseo de una parte importante de su población de disgregarse del resto de España.

Las motivaciones de carácter histórico -con la manipulación y ensoñación propias de los nacionalismos extremos- agitan los deseos de independencia sin que se tengan en cuenta asuntos esenciales, como la permanencia dentro de la Unión Europea de los estados resultantes. No se hacen cuentas políticas de carácter local o internacional, porque los anhelos se han adueñado de la formulación de los proyectos.

Y es una catarata que no amaina, sino que se alimenta con el paso de los días, independientemente de que no existan procedimientos constitucionales para encaminar esas alucinaciones.

Como en casi todas las situaciones históricas de convulsión nacionalista, el fenómeno sirve a los intereses de una casta o élite local que ha saboreado el poder hasta tener dependencia de él; cada día necesita más dosis. Agitar las pasiones de la ciudadanía en época de profunda crisis económica, política y de liderazgo no es nada difícil.

Las crisis generan monstruos que son muy complicados de manejar. Por favor, repasen los manuales de historia.

El descrédito de las instituciones políticas es el caldo de cultivo de nuevos secesionistas. Y en España, de la Corona a las instituciones municipales; de la Justicia a los poderes económicos, no hay una sola institución que tenga la confianza consensuada de los ciudadanos.

Cualquier sociólogo determinará que sin una regeneración profunda de las instituciones de nuestra democracia, es imposible generar adhesión y cohesión a esta España maltrecha. Los partidos, institución esencial de nuestro sistema político, no se dan por enterados de su profunda responsabilidad.

No han movido un músculo para recuperar el aprecio y la confianza de la ciudadanía. No es nada fácil querer a esta España desvencijada.

La Constitución tiene las costuras a punto de reventar. No hay mucha gente que se considere orgullosa de ella. Nadie la invoca como una tabla de salvación y como una nave confortable para el futuro. Mariano Rajoy se ha constituido en un especialista en mirar para otro lado para esquivar las tormentas. No tiene bitácora para estos temporales.

No hay densidad de estadistas en la clase dirigente cuyo único objetivo son las próximas elecciones y la impenetrabilidad de su poder dentro de sus organizaciones. Los estados fallidos no se perciben, en ocasiones, solo porque se consideran tan inaceptables sus esencias que se piensa que se materializarán.

El sentimiento de pertenencia a un estado no se puede inyectar desde el Boletín Oficial del Estado. En los parámetros políticos de la nueva geoestrategia, de la globalización y de los ejes de hegemonía política actuales no hay mucho sitio para un estado en el que ni siquiera sus habitantes están entusiasmados con su pertenencia.

Navegar en las aguas turbulentas del siglo XXI exige un estado fuerte, profundamente democrático y con unidad en el anhelo de sus ciudadanos. No se puede aventurar que todo se arregle con una reforma constitucional, porque España tiene un cúmulo de enfermedades que cada una de ellas puede acabar con el paciente si el tratamiento no es sintético.

Lo más urgente es encontrar una lupa o un microscopio electrónico para encontrar un conjunto de estadistas sin miopía, con faros de largo alcance, que sean capaces de iluminar estas tinieblas.


Carlos Carnicero - Europa es lo que está en juego

14.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 13 (OTR/PRESS) Muchos de los asuntos más importantes de los ciudadanos se deciden en los organismos de la Unión Europea. En la medida que el Parlamente Europeo reivindique capacidad de control sobre la Comisión, tendremos posibilidades de romper las políticas hegemónicas del norte y defender los intereses de una Europa solidaria que favorecerá a los países sacrificados por la crisis.

Los partidos cometerán un error si presentan una campaña en clave nacional. No se trata, todavía, de medir fuerzas en la política española, aunque se saque consecuencias locales, sino de impulsar el sueño europeo dormido por las políticas economicistas y neoliberales. Nos jugamos mucho y el terreno de juego es Europa.

Conseguir una gran participación debiera ser el primer objetivo.

El PP ha tardado en nombrar candidato. Un acto de inseguridad o de soberbia. Pero también de desprecio hacia este proceso electoral. Díaz Cañete ya es candidato, pero sigue siendo ministro. A Rajoy le importa más la crisis de gobierno a la que está obligado que la dedicación exclusiva del candidato a la campaña. O tal vez quiere sacar ventaja del doble papel de Cañete como ministro y candidato.

Hace tiempo que España pinta muy poco en Europa. La de sumiso socio de los países grandes que imponen sus políticas en el Banco Central Europeo y en la comisión.

Pienso que el voto de los ciudadanos debe tener carácter de "voto útil". Para fortalecer políticas progresistas y recuperar la confianza de los españoles en la Unión Europea como proyecto de intereses comunes de todos los europeos.


Carlos Carnicero - La intransigencia como negocio

07.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Observo la rentabilidad de la intransigencia. En la política no hay espacio para el diálogo; menos para la conciliación.

El diccionario de la Real Academia tiene dos acepciones esenciales para definir "diálogo": "Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos" y "Discusión o trato en busca de avenencia".

Es decir, requiere escuchar y además disposición a entender y a encontrar puntos de coincidencia.

El dialogo, que debe ser sosegado, no tiene espacio en la España actual. Casi nadie está dispuesto a escuchar y a rectificar si los argumentos son convincentes.

Estamos instalados en el prejuicio de las propias convicciones, que además están sujetas con alfileres elementales. El universo de matices está descartado en una atmósfera de trazos gruesos, elementales y simplistas.

No se trata de convencer sino de derrotar, porque no hay esfera para la concordia.

Además, las conversaciones son precipitadas, interrumpidas y extemporáneas.

Sería agotador reconstruir el recorrido desde el inicio de está atmósfera instalada, que es irrespirable intelectualmente. Hace muchos años que la política se embruteció y descendió en cascada en la construcción de una sociedad intolerante.

Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, son un semillero de banalidades, en donde los actores de supuestos debates son requeridos para convertirse en showman de papeles pre asignados que no responden siquiera, en la mayor parte de los casos, a convicciones propias. El utilitarismo como ideología y metodología.

Los periodistas, los famosos y los contertulios escrutan el papel que les conviene para garantizar sus reapariciones. El mercado ha sustituido a las convencimientos.

Se dice y se modulan las posiciones en función de la audiencia y de la garantía de no ser excluido del escenario.

En los pocos debates actuales, por llamarlos de alguna manera, el esquema fijo es de polarizar la bronca entres disparates enfrentados que promuevan una trifulca que hipnotice al espectador.

Si convenimos que la influencia de los medios audiovisuales es definitiva en los comportamientos sociales, el resultado es una sociedad progresivamente embrutecida incapacitada para el diálogo.

Nos hemos acostumbrado a escuchar lo que reafirma nuestras creencias o prejuicios y a repudiar cualquier argumento que facilite la crítica y la duda como sistema de enriquecimiento intelectual.

Triunfan los demagogos, los descalificadores y quienes actúan con una elemental falta de respeto.

No es fácil constituirse en periodista sosegado, prudente y compaginador de la defensa de convicciones propias con el respeto a las ajenas.

No soy optimista, porque además, los editores o propietarios de los medios han abdicado de la responsabilidad pedagógica que se les debiera exigir como contrapartida a la irrupción en nuestros hogares.


Carlos Carnicero - Adolfo, crónica de una muerte que se está anunciando

23.03.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Hace tiempo que no se tienen noticias ciertas de Adolfo Suárez. El Alzheimer le desconectó hace, encapsulando sus pensamientos o por lo menos sus palabras. Se fue cuando todavía estaba. Hay tanta ansiedad por tener noticias de él que esta sociedad mediática e instantánea empuja su óbito para poder empezar a hablar bien de un difunto.

Es tan difícil adorar de manera estable a quien todavía está vivo, aunque ausente.

Adolfo Suárez es un enigma que será siempre indescifrable. Está condenado a que le interpreten sin posibilidad de conducir el debate sobre él mismo.

Y lo cierto es que sus luces y sus sombras las aclararemos otros porque lleva mucho tiempo en silencio.

De exaltarle hasta la saciedad se ocuparan muchos, sobre todo los especializados en la dislexia del desguace y la glorificación en tiempos sucesivos. Lo cierto es que en el laberinto donde le introdujo la vida fue capaz del milagro de la alquimia de recibir una dictadura y transitarla a una democracia, no sin sobresaltos.

Y a la vista del lugar que ocupamos ahora, en este estado en vías de deconstrucción, su obra nos parece ahora casi perfecta. Otros la desguazaron y hoy, aquellos políticos de su generación nos parecen catedráticos de la vida por contraposición con tantos tahúres establecidos en la política tramposa.

¡Claro que Adolfo Suárez hizo trampas! ¿Quien podía jugar con cartas limpias con aquellos generales africanistas, con sus compañeros del Movimiento Nacional y con los grandes del franquismo?

Como tantos, conocí a Adolfo Suárez y a muchos de quienes trabajaron con él, entre ellos a algunos de quienes le traicionaron. No tengo demasiadas claves que se desconozcan.

Antes de que fallezca, escribo lo mismo que escribiría después, porque desde hace tiempo está en la misma situación de indefensión que un difunto. Fue un encantador de serpientes, un adelantado al tiempo de la empatía mediática, un precursor de la política de medios. Hizo un buen trabajo en situación de riesgo. Conoció el triunfo y el fracaso súbito.

Supo lo que es el amor idolatrado de muchos españoles, saboreó la traición y no quiso apartarse a tiempo. Luego, probablemente tuvo la suerte de encapsularse en la enfermedad todavía misteriosa que desconecta la presencia.

Está a punto de recuperar la dignidad de la consciencia mediante la muerte. Y yo le deseo mucha paz, la que no tuvo en muchos momentos de su vida.


Carlos Carnicero - El 11-M y la quimera de la verdad absoluta

10.03.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

El conocimiento no tiene límite. Es imposible el absoluto. La obsesión por conocer "toda la verdad" es un imposible categórico que solo puede superar, para los creyentes, Dios. Conocer toda la verdad es una obsesión permanente de quienes padecen la inconformidad con lo sucedido. Les ocurre a los amantes engañados, a las víctimas de cualquier irracionalidad.

Es una tentación de quien no puede admitir lo ocurrido.

Las víctimas, por su propia naturaleza, tienden a la búsqueda de una explicación total de lo sucedido, sustentada en su propio dolor y en las sociedades mediáticas, zarandeados por ese Mantra establecido desde los medios de "tenemos derecho a toda la verdad". Las víctimas merecen comprensión por su voracidad en conocer todo; los medios agitadores son responsables de establecer un estado de ansiedad sin fin que conduce a un pozo sin fondo.

Todavía hay quien está convencido de que Elvis Presley no está muerto. Los fanáticos del Rey del Rock no admiten la posibilidad de esa ausencia. Y buscan respuestas imposibles.

No son pocos los que afirman que el hombre no llegó a la luna y que todas las imágenes se rodaron en un set de televisión. Se sigue sosteniendo la teoría de que el atentado de la Torres Gemelas fue obra o inspirado por el servicio de inteligencia de Israel. Todo esto forma parte del mundo que nos ha tocado vivir y podemos convivir con cierta comodidad con estas tesis insostenibles.
Es cierto que el atentado del 11-M estuvo mal gestionado.

Los servicios de inteligencia del gobierno de José María Aznar no tomaron en consideración las señales de que algo se estaba preparando en España.

José María Aznar actúo de forma incomprensible una vez producido el atentado.

El horror de Atocha no tuvo una respuesta institucional. Lo razonable hubiera sido convocar a las fuerzas políticas en el Congreso de los Diputados y formar una comisión de crisis para recorrer el tramo entre el momento del atentado y la jornada electoral.

Hubo una enorme lealtad y responsabilidad en las organizaciones políticas y en los medios de comunicación desde el primer momento. Hasta que se evidenció que José María Aznar, presidente en funciones, estaba gestionando de forma torticera la investigación del atentado.

José María Aznar estableció como una verdad irrefutable, incluso en Naciones Unidas, la autoría de ETA que resultó ser falsa.

Y lo hizo en solitario, marginando a todas las fuerzas políticas en vísperas de unas elecciones generales. Los ciudadanos le dieron la espalda. Y el PP perdió las elecciones que seguramente hubiera ganado con una actitud institucional.

La persistencia en negar la autoría de terroristas islamistas desencadenó una ofensiva política y mediática para cuestionar la investigación, el juicio y las sentencias. Y en esas seguimos, aunque con un diapasón ralentizado.

¿Quedan muchas cosas por conocer del 11-M? Naturalmente. Como no puede ser de otra manera al tratarse de un atentado terrorista inexplicable a la razón, inesperado y con el suicidio en Leganés de casi todos los implicados.

¿Es legítimo seguir manteniendo la duda de que las sentencias determinaron los aspectos sustantivos de este atentado?

No se trata de investigaciones paralelas en busca de la verdad sino la persistencia irresponsable en sostener una tesis desbancada por los hechos con una motivación política o tan miserable como pretender vender más periódicos.

Los que todavía sostienen la teoría de la conspiración acuñan, conscientemente o no, la insoportable pretensión de un complot de investigadores, policías y guardias civiles, fiscales, jueces y magistrados para ocultar la verdad.

Si esa hipótesis fuera posible, estaríamos en el epicentro de un estado insoportable. Para mi, es imposible.


Carlos Carnicero - ETA, de disparate en disparate hasta la derrota final

03.03.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

ETA todavía no es consciente de que su poder de coacción residía en sus amenazas de matar. Su ensoñación fue doblegar al estado de derecho con el crimen. Mientras tuvo una capacidad organizativa para matar lo hizo.
Cuando la eficiencia de las medidas policiales, nacionales e internacionales, convirtieron a ETA en una organización terrorista trufada por los servicios de inteligencia, tuvo que dejar de matar porque su dirección era desarticulada en cuanto se regeneraba de las últimas detenciones. Entonces anunció el cese de su actividad criminal.

Su estrategia para el aprovechamiento político de esa decisión de abandonar las armas se esta desgastando como un azucarillo en un vaso de agua. Sigue pretendiendo un final "honorable" escenificado en un pacto del estado con la organización terrorista que les permita lavar su imagen criminal e ingresar en la historia como una organización política. Es absolutamente imposible.

Conviene que hagamos un escandallo para situar el final del terrorismo de ETA en los parámetros posibles y aceptables por las víctimas del terrorismo y los representantes políticos de los españoles.

Primero: ETA ha sido derrotada sin concesiones políticas. Quienes desde la derecha política y mediática enturbian esta victoria con la pretensión de concesiones por parte del estado de derecho hacen un flaco favor a la lucha contra el terrorismo.

Segundo: Acatar la decisión del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot es reconocer el sometimiento de nuestro estado a la ley y a los tribunales. Puede ser una realidad dolorosa, pero no es una concesión al terrorismo.

Tercero: se podrá discrepar de la decisión del Tribunal Constitucional de legalizar a Bildu. Pero es también un sometimiento a la legalidad. Interpretar que fue una concesión a la banda terrorista, sin aportar ninguna prueba es un acto irresponsable que también favorece la estrategia de ETA.

Cuarto: es obligación del Gobierno, de la fiscalía y de la Justicia en general vigilar, además de acuerdo con las resoluciones del Tribunal Constitucional, que las organizaciones abertzales legalizadas se sometan al imperio de la ley y sean perseguidas, en su caso, por cualquier acto de colaboración o apología del terrorismo.

Quinto: Las organizaciones políticas democráticas y el gobierno tienen la obligación de exigir la rendición incondicional de ETA, su disolución y la entrega de las armas.

Cualquier medida de reinserción de los presos terroristas tiene que estar contemplada por la ley y exigir declaraciones personales de arrepentimiento y petición de perdón a las víctimas del terrorismo a las que tendrán que satisfacer por las indemnizaciones fijadas en las sentencias de los presos.

La unidad de criterio de las fuerzas democráticas y el apoyo a la estrategia pactada con el Gobierno es una condición indispensable para que el final del terrorismo sea considerada por la historia como una victoria de la democracia frente a los terroristas.


Carlos Carnicero - ETA ni siquiera sabe rodar una película

23.02.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

No conviene de vista perder lo esencial: ETA ha sido derrotada por el estado de derecho en una victoria jurídica, policial, política y legal. Dejó de matar porque no podía seguir haciéndolo, no fruto de una negociación política con un estado democrático. No tiene mercancía para negociar nada, sus almacenes de amenazas están vacíos.

Ha pretendido evitar las consecuencias mediáticas y políticas inherentes a una rendición incondicional. Y toda esta estrategia lenta y la teatralidad que va imponiendo a sus pasos tienen como objeto la ensoñación de un pacto entre una organización terrorista y un estado. Ahora, eso ya es imposible.

Enseñar cuatro pistolas, un fusil de asalto y unos explosivos caducados frente a unos mediadores a los que no reconocer el Gobierno español, no es más que el atrezzo de una representación que carece de libreto. No hay mediación por la sencilla razón de que uno de los dos litigantes no reconoce a los mediadores ni está dispuesto a aceptar la escenificación de un acuerdo.

ETA está dilapidando un tiempo del que carece. La presión de sus presos es un acelerador de partículas de una reacción imposible. Lo que va a conseguir es una implosión en el seno de su organización.

El único riesgo del Gobierno y del resto de los españoles es que los terroristas que quedan libres o algunos de ellos decidan volver a matar para pretender recuperar ese escenario de negociación imaginario que nunca se podrá materializar. Pero es un riesgo terrible pero al mismo tiempo irrisorio. ETA ya no es una organización terrible sino patética.

Irlanda ha sido el sustrato de ETA para pretender una cierta legitimación ante la historia. Pero no hay donde agarrar esa comparación.

Ni en la historia diferida de Irlanda y España, ni en la situación policial y política de los dos terrorismos frente a dos estados ni en la disposición de los ciudadanos de ambos países frente a fenónemos que solo pueden tener equiparación en el uso de las armas y del terrorismo como vector de actuación.
Irlanda fue independiente de Inglaterra en varios momentos de su historia.

Fue invadida por un país extranjero y hubo guerras formales entre las dos naciones. Incluso hubo un proceso de división y de independencia de una Irlanda partida con criterios de población y religión. Nada que ver con Euskadi.

ETA es una posición sitiada en vez de por el hambre por la ansia de salir de la cárcel de sus presos. Y su prioridad es conseguir objetivos políticos imposibles a cambio de no negociar lo único que es factible: el futuro penitenciario de sus miembros en prisión.

Pero ni siquiera saber escribir el guión de esa historia imaginaria. La puesta en escena es pobre y patética. Pobre, porque la pretendida destrucción de unas pocas armas oxidadas no de crédito a la película.

Por lo menos deberían haber realizado un derroche de efectos especiales de zulos y armas amenazantes.

La pantomima no tiene recorrido. Y los actores de este film, son sencillamente patéticos con un vestuario encapuchado que invitan a salir corriendo del cine.


Carlos Carnicero - La convención del PP, subasta de impuestos

02.02.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Hace mucho tiempo que los líderes políticos no ofertan disimulos. Prometen lo que no pueden cumplir y cuando no lo hacen se remiten al "deber cumplido"; una suerte de barra libre para hacer lo contrario de lo que dijeron.

Por definición, una convención de partido es una reunión de marketing para ocultar vergüenzas y ofrecer lo que no han sido capaces de hacer y ahora aceleran por la cercanía de las elecciones.

El PP es un barco con muchas vías de agua. La gestión de una de las joyas de la Corona, la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid no puede ser más catastrófica. De Eurovegas no queda más que la vergüenza de haberse entregado de pies y manos para al final no saciar al dueño de los casinos que subió tanto el listón que tuvo que llamar al orden la Unión Europea.

La privatización de la sanidad ha sido paralizada por el coraje de la Marea Blanca. Y Madrid ha caído en la apreciación internacional por las múltiples chapuzas de su alcaldesa, que no solo no consiguió los Juegos Olímpicos sino que hizo un ridículo manifiesto.

La división entre el ala más dura del PP y la dirección tiene riesgos de fractura. Y la amenaza secesionista de Cataluña confirma la falta de liderazgo del presidente del PP y del Gobierno.

Sigue abierto el caso Bárcenas. Y los tiempos judiciales pueden jugarle una mala pasada al partido en los próximos comicios.

Con ese panorama, lo que le queda al Gobierno es una subasta de impuestos para hacer ahora, o prometer, lo contrario de lo que ha hecho.

Vender una recuperación de los mercados como contrapeso del desmantelamiento del estado del bienestar.

De la ley del aborto no se ha hablado estos días, porque "no toca" la exhibición de problemas y discrepancias.

Harán lo que les dicten las encuestas, porque la política es ya solo un barómetro para engatusar electores.


Carlos Carnicero - La Argentina de Cristina tropieza con la inflación

26.01.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

El último periodo presidencial de Cristina Fernández va a coincidir con una explosión de la economía argentina. El primer colapso se produjo este fin de semana con la escalada de cambio del peso oficial que superó la barrera de los ocho pesos por dólar.

En dos meses, el peso pasó de un valor de seis a ocho. Y el llamado dólar blue, que es el cambio especulativo y clandestino, alcanzó el diferencial hasta los doce pesos. En ese momento, Cristina Fernández, desaparecida desde antes de Navidad, volvió a ocupar tímidamente el escenario.

El jefe de gabinete y el ministro de economía, Jorge Capitanich y Axel Kicillof, sorprendieron el pasado jueves con la noticia de que desaparecía el "cepo cambiario" y que los particulares, previa autorización de los organismos fiscales, podrían volver a adquirir dólares en el mercado fiscal. Pero la noticia está llena de interrogantes sobre las condiciones reales, y no se despejaran hasta la semana que viene.

La devaluación del peso argentino lastró la bolsa española y es previsible un relanzamiento de la inflación que ya está en cotas cercanas al veinticinco por cien anual, aunque las cifras oficiales lo reducen a algo más que el diez.

Negar la evidencia y medidas como pactos de precios de productos básicos, han sido la reacción sostenida de la presidencia argentina. Pero el acuerdo de precios se incumple sistemáticamente antes de que se seque la tinta de la firma.

Las reservas de divisas se agotan mientras el gobierno sigue emitiendo pesos para facilitar liquidez al mercado. La receta es letal. Argentina, desde la expropiación de YPF a Repsol, tiene muchas dificultades para conseguir financiación exterior y la inversión extranjera es una especie en vías de extinción.

El poder de los sindicatos facilita una expansión salarial paralela a las cifras reales de inflación. El futuro próximo no es nada aragüeño, sobre todo por la testarudez de la presidente argentina y de su pequeño grupo de poder.

El lunes, el mercado paralelo diagnosticará la credibilidad de las medidas adoptadas de las que no se conocen detalles. Pero la fuerte demanda de dólares en un país en el que nadie tiene confianza en el peso, dictaminará los próximos escenarios.

La batalla por la sucesión de Cristina se sostendrá en un escenario dramático con el recuerdo de la suspensión de pagos, el "default" de el año 2001. Se cumple el fatalismo de que Argentina tiene un ciclo de crecimiento seguido de un derrumbe.

Y de momento no hay alternativas creíbles en el horizonte.


Carlos Carnicero - Las batallas de Cataluña

20.01.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Cada una de las batallas que emprende el presidente de La Generalitat y sus aliados en el camino a la secesión está calculada sobre una estrategia general. Puede que al principio, cuando se le ocurrió la exigencia del "derecho a decidir", los pasos no estaban tan racionalizados.

Le facilitaron el camino los gobiernos tripartitos y la evolución de la posición del PSC, entrado a competir en el entonces no tan amplio espectro del nacionalismo catalán.

En el origen está la ocurrencia, como tantas otras, de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando todavía no siendo presidente de Gobierno, prometió aceptar el estatuto que enviara al Congreso el Parlament de Catalunya. Y lo que llegó no había forma de encajarlo en la Constitución.

El presidente Zapatero encargó a Alfonso Guerra, presidente de la comisión constitucional, cepillar aquel texto para que pudiera ser digerido por el conjunto de los españoles. Luego se aceleraron los despropósitos. El PP recurrió al Tribunal Constitucional.

Manifestaciones multitudinarias, encabezadas por el president Montilla, en contra de la capacidad del Constitucional de decidir sobre algo que había sido aprobado en referéndum.

Y algo inédito, propio de una situación de guerra o conflicto: los diarios de Cataluña publicaron un editorial conjunto criticando al Tribunal Constitucional.

Primera paradoja: la escasísima participación en la consulta evidenció una indiferencia hacia un estatuto que no había exigido nadie y fue una inspiración del expresident Maragall.

Lo que era indiferencia, una vez que el Constitucional modificó la norma, se convirtió en una reclamación entusiasmada de rebeldía. Se consolidó la idea de la agresión española a los derechos catalanes.

La recuperación del poder por CiU inició el progresivo descalabro del PSC. El partido de los socialistas catalanes se quedó en tierra de nadie. Su estrategia de los gobiernos tripartitos le condujo paulatinamente a la irrelevancia en donde hoy se encuentra, sumido en un espectáculo de divisiones, indisciplinas y carencia de liderazgo.

El presidente Mas, con un nuevo estatuto entre las manos, dio un paso para fabricarse un proyecto a la medida de un nacionalismo catalán que había agotado la aspiración estatutaria dentro de España. Sucedió, además, que la carrera de otras comunidades, empezando por la socialista Andalucía, para equipar sus estatutos al nuevo catalán acabó con la diferencia que tanto ansían los nacionalistas catalanes.

El president Mas cometió un error para los intereses específicos de CiU, que sin embargo fue un acierto para la deriva soberanista.

Segunda paradoja. Las elecciones anticipadas condujeron a CiU a la dependencia de ERC y a facilitar el sorpasso que está a punto de dar sobre los partidos representantes de la burguesía catalana. Y se abrió el camino hacia la consulta independentista.

Pero la primera gran victoria del independentismo catalán ha sido emocional.

Una mayoría de ciudadanos catalanes que no eran independentistas están enamorados de la idea de la secesión porque han cuajado dos ideas: Cataluña estaría mucho mejor fuera de España y el derecho a la independencia se asienta no solo en la voluntad de un pueblo sino en su historia.

Enfrente de esa alternativa solo hay un PSC depauperado y un PP que se sigue observando como un ente extraño a Cataluña. La siguiente ventaja del nacionalismo catalán, su siguiente victoria, ha sido la respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy.

Las primeras iniciativas fueron echar gasolina al fuego, sobre todo de la mano de José Ignacio Wert, experto en atizar braseros. Y después, el silencio. El dejar que las cosas ocurran.

Cualquier especialista en marketing y publicidad hubiera recomendado a Rajoy dos cosas. No hablar del independentismo y mucho menos criticarlo. Y centrar la estrategia en demostrar las ventajas de una Cataluña fuerte en una España unida; exaltar los valores de la Constitución.

Nada de esto se ha hecho, al menos no con eficacia. La única batalla que no ha ganado el nacionalismo catalán es la exterior.

La Unión Europea ha dicho claramente que una Cataluña independiente saldría automáticamente de la Unión Europea.

Y todo el mundo sabe, incluido Artur Mas, el frío que hace fuera de las instituciones. La respuesta a la estrategia exterior para extender el problema está siendo un sonoro fracaso.

Hay quien piensa que el president Mas daría cualquier cosa por poder echar marcha atrás.

Pero el entusiasmo que ha regado ha germinado en unos jardines llenos de flores que se encarga de administrar el socio ERC. Y estos si que van en serio.


Carlos Carnicero - ETA toma la iniciativa

19.01.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Está a punto de suceder que Mariano Rajoy pierda el control, incluso, de los asuntos que parecían enfocados. Si la deriva de Cataluña no tiene otro dique que la inacción del presidente, el final del terrorismo está amenazado por la recuperación de la iniciativa de ETA, cuya estrategia está protegida, también, por la falta de un plan del Gobierno para conseguir la disolución de la banda sin ventajas políticas para ellos.

ETA se ha movilizado a partir de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo y de las excarcelación de algunos de sus más sanguinarios asesinos.
La controversia entre estamentos judiciales, la prohibición de manifestaciones y la falta de criterio unánime sobre lo que es enaltecimiento del terrorismo ha dejado una brecha en la política antiterrorista del Gobierno por donde se ha colado la banda terrorista.

ETA todavía tiene el control de sus presos en la cárcel. Y para la dirección de la banda, la situación de los reclusos no es una prioridad. El Gobierno confiaba en que su política de supuesta firmeza y de silencios hará caer la fruta del árbol por la presión de las familias de los presos para conseguir su paulatina excarcelación.

Y el Gobierno está enrocado en su convicción de que sin entrega de las armas y anuncio de disolución no hay nada de lo que hablar. Firmeza motivada, también, por los familiares de las víctimas vigilantes de una política sin concesiones.

ETA ha retomado la vía política y pretende comprometer al Gobierno Vasco en una causa común a favor del modelo catalán, pretendiendo consultas sobre el derecho a la autodeterminación.

Lo que se discute sobre este complejo tablero no es si la lucha terrorista está liquidada, sino la imagen que quede de ETA el día después.
ETA ha encontrado unas vías para reivindicar la pretendida grandeza de su historia y sus crímenes.

Y el soporte de esa reivindicación es no pedir perdón claramente por sus crímenes -que envuelven el un conflicto político en los que ellos solo han sido una parte- y conseguir demostrar que siguen teniendo una voz política desde las macabras siglas de la organización terrorista.

La política antiterrorista del Gobierno es una entelequia de la que no se conocen más que declaraciones de principios. Y el sistema judicial español no tiene unidad de criterio frente a los actos que protagoniza la banda.

Lo razonable sería un gran acuerdo que incluyera al PNV y en el que la fiscalía general del Estado tuviera ideas e instrucciones claras de la forma de actuar. Para eso el presidente del Gobierno debiera demostrar que tiene un plan y compartirlo con la oposición.

A Mariano Rajoy también se le está escapando este grave problema, que parecía controlado, de las manos.


Carlos Carnicero - ETA ya no es problema, pero puede serlo

15.01.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy también ha elegido actuar de don Tancredo en el tema de ETA; y los acontecimientos amenazan con atropellarle. La anulación de la doctrina Parot significó un duro golpe, con la excarcelación de todos los presos de ETA que obligó la sentencia de Estrasburgo.

La reacción de la víctimas y de los sectores más conservadores del PP ha sembrado la falsa sensación de que el final de ETA está ligado a concesiones que no se han podido demostrar.

El Gobierno tiene la estrategia de dejar pasar el tiempo hasta que ETA anuncie su disolución y proceda a entregar las armas de las que todavía dispone. Y ETA antepone su estrategia política de pretender un fin con cierta dignidad -bajo su punto de vista- que desacredite la tesis de su derrota y el fracaso histórico de la vía del crimen.

No se resignan a la evidencia de no haber conseguido absolutamente nada. El Estado de Derecho manifiesta sus servidumbres y su grandeza cada vez que ETA toma una iniciativa. Y en ocasiones, el espectáculo se materializa en contradicciones entre tribunales, jueces o instituciones sobre la legalidad o no de ciertas iniciativas que preconiza, cubierta o encubiertamente, la banda terrorista.

Hay una pregunta inquietante en el aire: ¿Será capaz la sociedad española de permitir la sensación de
que ETA, en realidad, no ha sido derrotada? ¿Podrán los resentimientos personales o las disputas políticas establecer que el final de ETA no está constituido por una derrota sin concesiones?

ETA no tiene prisa en determinar su rendición incondicional. Pretende una negociación que conceda una pátina de grandeza a una decisión que en realidad obedece a una victoria política y policial que corresponde a los últimos gobiernos de España.

El PP obstaculizó hasta la saciedad las iniciativas antiterroristas de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora conoce desde el Gobierno lo irresponsable que fue alentar a las víctimas contra aquellas iniciativas.

Alguno de los promotores estrella de aquella irresponsabilidad guarda silencio y se desentiende de sus discurso sobre una negociación encubierta con ETA. La prioridad de Jaime Mayor Oreja es que Mariano Rajoy premie su actual silencio con el Parlamento Europeo.

Mariano Rajoy debiera tener una agenda sobre el final definitivo de ETA. O como mínimo, simular que la tiene.

Sobre todo para prevenir que ETA, que ya no es un problema, vuelva a serlo, si no con nuevos crímenes, con más victorias mediáticas.


Viernes, 25 de abril

BUSCAR

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Abril 2014
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930    

Sindicación