Opinión

Carlos Carnicero - Aznar contra Rajoy.

26.01.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

José María Aznar tiene un carácter desabrido; es lo que en Granada llamarían un "malafollá". Hay algo en su interior que le impide renunciar a dar la nota, a hacerse sentir importante demostrando que no está de acuerdo casi con nada. Excepto cuando siente devoción por alguien que le lleva a la sumisión. Acuérdense de la foto de Las Azores, cuando George W Bush le cogía por el hombro y el se deshacía.
Le invitaron a inaugurar la convención del PP para reforzar la imagen del partido, en caída libre en las encuestas, amenazado por la desafección de muchos de sus votantes.
¿Y qué hizo José María Aznar? Pues sencillamente darle una cuchillada trapera al presidente del PP y del Gobierno. Pero no hay que darle más vueltas. Si José María Aznar no es el protagonista, como un niño mal criado, se hará notar. Le ocurre lo mismo que al escorpión con el elefante. Le pica su veneno en mitad del río, solo porque está en su naturaleza y no lo puede evitar. Aunque colabore al hundimiento del partido.
Entre Luis Bárcenas y sus amenazas y José María Aznar y su desprecio, la convención del PP ha pasado sin pena ni gloria y la imagen destilada deja mucho que desear. Siguen sin conocerse los nombres de los candidatos. Rajoy hace una exhibición de cesarismo y se reserva dar los nombres elegidos por él mismo en el momento que le plazca.
Es cierto que los datos económicos le permiten sacar pecho. Pedro Arriola, hasta el momento, tiene el escenario que necesitaba porque siempre ha fiado todo a la recuperación económica. Y ese es el mantra del PP. No tiene otro.
Estamos en un mundo cambiante. La nueva política económica del Banco Central Europeo imita las medidas de Obama de hace seis años. Habría que preguntar por qué se ha tardado tanto. Y hay que preguntar si esta aparente cesión de Angela Merkel tan tardía tiene lados oscuros. Dentro de un rato sabremos qué ha pasado en Grecia y eso también tiene repercusiones en toda Europa y en España. Y por si fuera poco, la salida de Bárcenas de la cárcel empañó el comienzo de la convención. Y las elecciones griegas van a eclipsar la clausura.
La gran perdedora de la convención del PP ha sido Esperanza Aguirre. No ha brillado con luz propia. En un universo en que la consigna, después del desprecio de Aznar a Rajoy, es la unidad frente al presidente del Gobierno, Esperanza se sitúa en el bando del agravio al líder. A lo mejor es la puntilla para su candidatura a la alcaldía de Madrid.


Carlos Carnicero - El PSOE sin relato no es capaz de sorprender.

19.01.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

No hay nada más demoledor que lo previsible. Les ocurre a los dos grandes partidos. Puedo ver los noticiarios sin sonido y sé perfectamente de lo que está hablando Rajoy. La sorpresa no existe e incluso la modulación de los discursos está impostada de otro anterior. Le ocurría a Rubalcaba; sin sonido, los movimientos que hacía con las manos, como si estuviera pelando gambas, me indicaban el calibre de su ironía con frases de laboratorio.
Seguro que también le ocurrirá pronto a Pablo Iglesias. Cuando camina hacia el estrado, con los pantalones caídos y aplaudiendo desde la distancia máxima que le permiten sus reducidos hombros, se pueden adivinar la dirección de sus diatribas, aunque no todavía con suficiente precisión. Su novedad le sigue permitiendo la sorpresa. Y sus líderes si pueden ser impredecibles porque están un poco perdidos y son capaces de solicitar la liquidación de la Semana Santa Sevillana. Como las procedencias de los militantes de Podemos son múltiples, nos obsequiaran con sorpresas que tendrán que deshacer los comisarios políticos.
El PSOE está amenazado por la frescura y el atrevimiento de Podemos. Pablo Iglesias se mueve bien en los escenarios y el cinismo de poder decir a la vez una cosa y la contraria promueve la atención sobre él porque todavía no ha desnudado un pensamiento que en el fondo es múltiple y contradictorio. Intuyo un ramalazo autoritario que a veces no puede ocultar.
A Pedro Sánchez todavía le pesa mucho la sombra del viejo PSOE y la vigilancia perversa que sobre él ejerce Susana Díaz, que parece que le hace el favor de permitirle ser el líder provisional del PSOE hasta que ella decida quitarle la silla. Es curioso, Susana Díaz fue elegida a dedo y no se ha confrontado todavía con las urnas. Y desde esa posición precaria se da el lujo de perdonarle la vida al secretario general del PSOE hasta que las elecciones dictaminen su viabilidad para que entonces la presidenta de Andalucía, a la que no votaron los andaluces, decida si puede seguir siendo el secretario general del PSOE.
El reto del PSOE es demostrar una mutación desde el lugar en el que lo dejaron Zapatero y Rubalcaba. Tiene que elegir entre el atrevimiento de un discurso rompedor, que sitúe la igualdad y la defensa de los desfavorecidos como una prioridad que no se ahogue en una obsesión por el centro.
Solo así podrá romper una dialéctica excluyente entre Mariano Rajoy y Podemos. El orden frente al caos. Si Pedro Sánchez logra situar la polémica electoral entre el cambio y el caos, tendrá éxito. Y lo primero que tiene que hacer el PSOE es tener imaginación para marcar la agenda política.
Espero tener que ver los telediarios en los que aparezca Pedro Sánchez con sonido, y que el interés por lo que diga me exculpe la obligación de adivinar lo que va a decir. No se si es pedir demasiado.


Carlos Carnicero - Qué hacemos frente a la Yihad.

12.01.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

París ofreció ayer una imagen inédita. El presidente de Francia, los primeros ministros de España y el Reino Unido y la canciller Angela Mérkel, entre otras personalidades políticas, encabezaron una manifestación de más de un millón de personas en repulsa de los actos terroristas que acabaron con la vida de diecisiete personas en Francia en los últimos días

Antes, ministros de interior de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, celebraron una reunión para simbolizar la unidad internacional contra el terrorismo y para renovar compromisos de intercambio de información en la lucha contra la Yihad.
Según estimaciones del departamento de Estado (USA) en la Unión Europea viven en la actualidad catorce millones de musulmanes. Los países con mayor concentración son sin duda el Reino Unido, Francia y Alemania. Y también en España

Una de las características principales de esta inmigración es la conservación de sus religión y sus costumbres. Hay una tendencia dominante, también en España, de permitir la construcción de hemisferios propios en donde rigen las formas de vida del Islam que en muchos casos dificultan la integración. Y pretenden también sortear la legalidad de los países de acogida en todo aquello que colisiona con las formas de vida y las creencias de su religión.
Las migraciones masivas han permitido establecer esos reductos en medio de las sociedades occidentales en donde el Islam pretende establecer una sociedad al margen de la de los países de acogida.
Naturalmente que la mayoría de los musulmanes son pacíficos y empiezan a sufrir, como daño colateral, tendencias islamofóbicas que consideran que la sola presencia de estas comunidades es una amenaza para los países europeos.
Las comunidades musulmanas han servido para que los grupos extremistas se sumerjan en ellas y al mismo tiempo son un laboratorio donde las experiencias radicales y el adoctrinamientos ha estado impermeable e los servicios de inteligencia durante muchos años.
Todo cambio rápidamente después del 11-S. Los servicios de inteligencia occidentales establecieron niveles de coordinación que poco a poco dificultaron los métodos tradicionales de organización de Al Qaeda. La organización terrorista se encapsuló en una red sin conexiones directas entre las bases y la dirección. Aparecieron los lobos solitarios y los servicios de inteligencia consiguieron tener controladas las comunicaciones con Internet. Las amenazas eran más invisibles.
La instauración del Califato ha establecido una competencia entre el Estado Islámico, con organización territorial y económica, y los antiguos dirigentes de Al Qaeda.
La guerra civil en Siria, la caída del régimen libio y la situación de Irak han revertido la amenaza que desde esos feudos organiza sus ataques a occidente. Los voluntarios yihadistas procedentes de países como Reino Unido, Francia y España permiten viajes de ida y vuelta de estos fanáticos entrenados en la guerra y con preparación para llevar adelante atentados como los ocurridos den Francia.
La nueva situación demanda nuevas formas de lucha y de control dentro de las estructuras de las comunidades musulmanas europeas.
Europa es y ha sido un universo de tolerancia frente a estas migraciones. Se les ha acogido y se creído en procesos multiculturales en donde criterios ambiguos sobre el cumplimiento de la ley y las formas de vida de los llegados han permitido el establecimiento de comunidades encapsuladas dentro de los países de acogida.
Hay que revisar, sin duda, que el cumplimiento de la ley y la defensa de los derechos humanos fundamentales no son ni deben ser negociables. Sí a la diferencia, pero sin ceder un ápice al cumplimiento de derechos y obligaciones, por encima de lo que las costumbres del Islam establecen en otras sociedades y muy en concreto a la discriminación de la mujer.
La primera exigencia debe ser que las comunidades musulmanes encabecen la protesta contra las prácticas yihadistas que asesinan en nombre de una religión cuyos practicantes deber ser los primeros en repudiar la barbarie.
Libia es un estado fallido, gobernado por señores de la guerra en donde muchas veces recalan los voluntarios a luchas en la guerra de Siria y en los conflictos de Irak.
Debe cambiarse la legislación para que los nacionalizados europeos que viajan a luchar con la Yihad pierdan sus derechos de nacionalidad y no puedan volver a los países europeos de donde partieron.
Frente a cualquier intento de diálogo, la solución primera del Estado Islámico debe ser militar. Es un peligro para Europa, pero también una obligación de defensa para las minorías que persiguen.
Esta doble vía, política y militar/policial, tiene que impedir que los yihadistas encuentren acomodo en las colectividades musulmanas europeas y un seguimiento eficaz de los núcleos radicales que son captados para las prácticas terroristas.
Lo ocurrido en Francia tiene el peligro de contagio. Puede producir un efecto llamada para que comandos preparados militarmente intenten reproducir el terror en otros países europeos.
Nos encontramos en una nueva fase de la amenaza terrorista que nos obliga a mantener el binomio entre seguridad y legalidad con una eficacia que los servicios de inteligencia deben renovar.


Carlos Carnicero - El mito del calendario cuando cambia el año.

05.01.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El calendario no es más que una convención para acomodar nuestra existencia al tiempo y ordenar o desordenar nuestras vidas en función del momento.
No me gustan las fiestas de fin de año ni todos los tópicos que se acumulan en el cambio de dígitos del calendario. Es una manera de aferrarse a esos periodos como si la medición del tiempo pudiera cambiar, por sí misma, nuestras vidas. Me da igual el año 2015 que el 2050, salvo porque significa que el final está más cerca y las condiciones de vida se alteran por la biología de nuestros cuerpos.
No hay una raya que determine los hechos, son los hechos mismos los que toman el mando independientemente de cuando se produzcan en el calendario. Nos fijamos en cuando se producen y fechamos procesos históricos largos remitiéndoles a una fecha simbólica: la caída del Muro de Berlín, la crisis financiera o la revolución rusa. Son procesos que duran tiempo pero se fechan para acomodarlos mejor en la memoria.
Ahora vienen los vaticinios casi obligados. Especular con lo que nos espera en los próximos doce meses y hacer inventario de los que han transcurrido bajo la denominación de origen 2014.
Los hechos forman plataformas de situaciones que, además, como no podría ser de otra manera, almacenan sobresaltos y variaciones inesperadas. No hay certezas. Y en la época que vivimos, mucho menos.
Mariano Rajoy hace planes, como casi todos los ciudadanos, para el nuevo año. Tiene el cuento de la lechera de la recuperación, como única bitácora para mantenerse en el poder. Y cree que no hay amenazas desconocidas o actúa como si no las hubiera. El simple paso de los meses creará la sensación de que ya hemos superado la crisis y esa es su piedra filosofal para que sus descontentos vuelvan al redil empujados por el miedo a las formaciones emergentes que quieres redefinir el sistema.
Hay muchas incertidumbres que pueden acelerar, frenar o anular las previsiones. Es bueno que baje el precio del petróleo, pero es muy malo que baje demasiado. Si cae en exceso, muchas inversiones se anularan, países como Rusia, Venezuela o Brasil pueden sufrir retrocesos que lastren la economía mundial. La inestabilidad en Siria e Irak puede promover sobresaltos de producción de crudo.
Si se produce una crisis del Euro como consecuencia de la inestabilidad política en Grecia, toda la zona Euro se puede resentir.
Una caída fuerte del PIB en Rusia puede tener repercusiones directas en Europa.
Todas estas situaciones forman parte también de las predicciones para el 2015. Quienes gocen de información privilegiada, como siempre, sacaran tajada de las grandes variaciones de los mercados. Quienes quieran jugar a inversores sin información lo harán a la ruleta rusa.
Ya empieza a terminarse 2015 desde el mismo momento en que ha comenzado. Me siento igual que hace una semana y mi ánimo no cambia con el calendario. Sencillamente vivo cada día, porque en estos tiempos tan cambiantes hacer planes a medio plazo es sencillamente aceptar que se tendrán que cambiar.


Carlos Carnicero - El discurso del Rey y el triunfalismo de Rajoy.

29.12.14 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

El discurso del Rey fue cercano, certero, casi cruel, en el diagnostico de la corrupción, y pronunciando con credibilidad, habilidad dialéctica; consiguió una extraña unanimidad en su aceptación desde el PP a Podemos, pasando por el PSOE. Izquierda Unida, que está asfixiada, sin espacio, intentó capitalizar el monopolio de la desconfianza hacia la corona y se quedó colgada de la brocha. Y los nacionalistas tuvieron que dejar su impronta localista. Pero incluso Artur Mas reconoció y casi agradeció las alusiones a Cataluña.
A los pocos días Mariano Rajoy, todavía con la sombra de la intervención navideña del Rey, hizo balance y prospecciones de futuro. Despachó la corrupción con dos frases sobre la transparencia, como si el problema no fuera el segundo más grave en la percepción de los ciudadanos, detrás del paro.
Nos emborrachó con cifras macro en el guión de que la repetición sobre una supuesta salida de la crisis es el único argumento disponible para recuperar la confianza de sus electores. Acordarse del discurso del Rey escuchando la intervención de Mariano Rajoy era letal para el presidente de Gobierno.
La batuta de Pedro Arriola no da margen para el estreno de ningún solista. Arriola y Rajoy no son amantes del jazz. No permiten ninguna improvisación. Nada espontáneo. El resultado es una melodía tan previsible que no permite la exaltación de ninguna emoción. Es difícil sentirse identificado con el discurso del presidente.
Quien observa la expresión corporal de Rajoy, en el mejor de los caso, percibe que él no se cree nada de lo que dice porque nace de un papel teatral encima mal interpretado.
Paradójico, por lo menos innovador: los españoles se identificaron con el discurso del Rey, pensaron que hablaba de ellos y de sus promesas. Lo de Rajoy era una ensoñación de un país que no se reconoce ni en las calles, ni en los bares ni en las oficinas. Aunque sea cierto que la coyuntura internacional permite apuntar crecimientos económicos positivos.
Hay algo desolador en el ambiente. Se huele una vieja política con tantos anclajes que no le permite evolución. Viejos partidos y viejas instituciones en un escenario en el que hay que reconocer el intento modernizador de Felipe VI, con todo lo contradictorio que pueda parecer que la monarquía se moderniza y el sistema de partidos languidece.
El año que está a punto de empezar ocupará un lugar en la futura historia de España en donde la vieja y la nueva política se confrontarán dando lugar a un escenario inédito en toda la transición democrática.
Si como parece, el PP, y también en menor medida el PSOE, son incapaces de interiorizar el nuevo universo de la política española, la eclosión de Podemos realizará una explosión, tal vez controlada del sistema de partidos españoles. Podemos tiene la iniciativa. Su incursión en los universos vasco y catalán amenaza, también, la hegemonía de los partidos nacionalistas. Podemos es también una amenaza para Bildu y para ERC. Les quitan espacio al igual que al PP y al PSOE. Con lo cual ganan credibilidad en toda España. Los "peligrosos radicales" pueden equilibrar la situación catalana. Una demostración de inteligencia estratégica.
Hoy estamos pendientes de Grecia. Vamos a saber en pocas horas si Antonis Samarás logra una mayoría para su investidura como presidente. Si no hay salida institucional, Syriza, el primo helénico de Podemos, será el previsible ganador de unas elecciones anticipadas.
No entiendo como Mariano Rajoy no cambia un ápice su guión con el nuevo escenario político. Las viejas recetas no son suficientes. Y la promesa y exaltación de la recuperación económica no le van a permitir ganar en las municipales. Y un descalabro en estas, le lastrará para las generales. Pero están mayores para innovar.
El esfuerzo que debe hacer Pedro Sánchez es enorme. Tiene que luchar con el pasado para recuperar credibilidad y en casa tiene el caballo de Troya de Susana Díez cuya ambición le incapacita para toda solidaridad inteligente con el líder de su partido al que sueña en desbancar antes de que se haya estrenado en un horizonte electoral. De momento, el único partido que está haciendo sus deberes con talento es Podemos.


Carlos Carnicero - La increíble habilidad de Rajoy para meter la pata.

22.12.14 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

En el Gobierno solo creen en la visibilidad de la recuperación económica para dar la vuelta a la encuestas. Rajoy ha mandado a sus discípulos a predicar la buena nueva, pero esta desaparece en un magma de equivocaciones. Cada vez que parece que el Gobierno toma aire, provoca un huracán.
No es una buena idea ponerse en contra al Poder Judicial. 13 magistrados del Tribunal Supremo, en una iniciativa insólita, firman una carta recriminando al Gobierno sus injerencias en las resoluciones de excarcelación de etarra. Denuncian el oportunismo del Gobierno de poner en contra a la opinión pública sobre resoluciones judiciales. Tumban por tierra las frases manidas del Gobierno sobre el respeto a las decisiones judiciales. En los ámbitos de la justicia hay mucho malestar contra el Gobierno. Y un interés en que la ola de corrupción no se les lleve por delante. Si hay una tendencia, puede ser la sobreactuación de los jueces en casos de corrupción.
En el mismo escenario, un fiscal general del estado con reconocido prestigio de independencia, tiene que dimitir ante las presiones del Ejecutivo. Antes había dimitido el ministro de Justicia porque se sintió traicionado por la anulación de la reforma de la ley de regulación de la interrupción del embarazo. Mariano Rajoy cesa a Ana Mato y ahora le dan un cargo y un premio económico.
También Mariano Rajoy nombra a Rafael Hernando portavoz del grupo parlamentario. Especialista en broncas, establece la imposibilidad de puentes de entendimiento con otros grupos, en una época en la que sería lógico propiciar el diálogo.
Toda la estrategia de recuperar la credibilidad en la lucha contra la corrupción se la ha llevado a su casa el fiscal general Torres Dulce. Y un poder judicial tocado por los actos del Gobierno tiene en sus manos un montón de casos de corrupción que afectan fundamentalmente al Gobierno, al PP y al propio presidente de Gobierno, que en sede parlamentaria aseguró que en su partido no había habido dinero negro ni financiación ilegal.
En qué consiste la estrategia del PP para salir del agujero negro de las encuestas. En que los ciudadanos crean que la vida, la situación económica, ha cambiado. En nada más que eso. Y de momento, las encuestas dicen que los ciudadanos no se lo creen.
La tentación del PP es laminar al PSOE a costa de crezca Podemos. Por sus hechos puede deducirse que pretenden polarizar el debate entre ellos y podemos. Y para zaherir al PSOE pueden ser fundamentales las formas toscas del nuevo portavoz parlamentario, Rafael Hernando.
Esperemos el debate sobre la designación de la nueva fiscal general del Estado. Tiene prestigio, pero sobre ella caerá la sospecha de que ha sido elegida para ser más sumisa que su antecesor. Puede provocar un efecto no deseado en el que la nueva fiscal quiera asentar su imagen de independencia.
El proceso de deshilo de las relaciones de Estados Unidos con Cuba también ha puesto sobre la mesa la ausencia de un proyecto para Latinoamérica. Enorme fracaso de la última cumbre Iberoamericana. Mientras se preparaba el escenario de distensión con la isla del Caribe, la mayor contribución de España consistió en mandar a Angel Carromero para enredar en labores de espía aficionado.
Al ministro de exteriores español, José Manuel García Margallo, ni siquiera le recibió Raúl Castro en La Habana, cuando ya se estaban redactado los acuerdos con el Vaticano y Estados Unidos, de los que le Gobierno español se enteró el día que los anunciaron Barack Obama y Raúl Castro. Un éxito de política exterior española sin precedentes.
Para el PP la política exterior con Cuba siempre ha estado condicionada con actitudes para no desairar a su electorado más radical.
Vivimos en un universo político lleno de sorpresas e incertidumbres en donde los actores no tienen mucho tiempo para las pruebas electorales. Pero ya podemos atestiguar que el presidente del Gobierno tiene unas habilidades extraordinarias para meter la pata.


Carlos Carnicero - El PSOE y la traviesa Susana.

15.12.14 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Susana Díaz no ha trabajado nunca al margen del PSOE y de las Juventudes Socialistas, al menos eso se desprende de sus biografías. Es una política profesional desde que dejó sus estudios de Derecho para dedicarse en cuerpo y alma a su partido. Y en eso sigue.
Llegó a la secretaría general del PSOE andaluz y a la presidencia de la Junta de Andalucía en una operación de urgencia para que sus predecesores saltaran por encima de los ERE de Andalucía. Aquel proceso de designación no pasa los filtros de una elección democrática.
Ambiciosa, fría y calculadora, al poco de llegar al Palacio de San Telmo éste se le quedó pequeño pensó en trasladar sus objetivos y sus inquietudes al Palacio de La Moncloa. Pero era demasiado pronto para dejar el cargo en Sevilla y aspirar a la presidencia del Gobierno de España que es su objetivo.
Gobierna un partido y una Comunidad en donde los socialistas ejercen el poder desde que uno tiene memoria. Clientelismo, camarillas, grupos de presión. No sería suficiente una aspiradora para poner el partido en situación de habitabilidad.
Susana Díaz ajustó cuentas con Madina pendientes desde las diputas de ambos en las Juventudes Socialistas. Pero ahora no le gusta Pedro Sánchez como secretario general del PSOE -yo tiendo a pensar que no le gustaría nadie que no fuera ella- y la maquinaria de la conspiración -que es el oxigeno natural que se mama en Juventudes Socialistas- se ha puesto en marcha. Los más piadosos dicen que los conspiradores actúan por si falla Pedro Sánchez en las municipales. Otros piensas que trabajan justo para que el actual secretario general fracase.
José Luis Rodríguez Zapatero también fue cachorro socialista en las juventudes. Un laboratorio donde se forman los dirigentes del futuro y donde la mayor de las habilidades son el enredo y la disputa. En esos predios se inoculan virus que no se pueden controlar. La ambición y la intriga para controlar el poder son habilidades desarrolladas que luego se transforman en puestos directivos, como los que ha tenido siempre otro secretario de las juventudes, Javier de Paz.
Todavía no tengo un criterio definido sobre Pedro Sánchez. Heredero un partido desmantelado por José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. Este se quedó de secretario general cuando se tenía que haber ido por esa conciencia que exhiben los políticos profesionales que mixtura sus ambiciones personales con un sentido patrimonial del partido. Justifican su codicia en la creencia que tienen que salvar lo que en realidad han destruido.
Pedro Sánchez ha ganado y debiera ser respetado por quienes le eligieron. Tiene la legitimidad para dirigir el PSOE. Los que conspiran no se atrevieron con Zapatero, que sí dio señales claras de autodestrucción y que dejó un PSOE irreconocible. Si el líder del partido está en el poder, nadie se mueve porque salpica privilegios y te puede mandar al limbo, fuera de las instituciones. El PSOE que dejó Zapatero sucumbió a la tentación de creer que el objetivo de los líderes y del partido era la conquista y mantenimiento del poder en vez de la transformación de la sociedad.
Pedro Sánchez está en rodaje, aprendiendo. Tiene una primera cosa que me gusta. Conoce el mundo civil, la sociedad, en donde ha trabajado y se ha esforzado como profesional y como persona. Y tiene muchas cosas en contra.
En primer lugar, un partido maleado, desmotivado y sin cohesión. Entre sus dirigentes no abundan abogados del estado y sobran políticos profesionales.
Un partido que tiene que ganarse el crédito de sus posibles electores y de la ciudadanía. Un partido con mucha historia y futuro incierto.
En segundo lugar está en primera línea de las amenazas de Podemos, a quien le falta un cuarto de hora para devorar a Izquierda Unida. Ese banquete no saciará el apetito de Pablo Iglesias.
Tiene enfrente un gobierno que está sucumbiendo a la tentación de atacar al PSOE para que Podemos lo debilite y quedarse solo en una dialéctica entre el éxito económico y la amenaza de podemos. Ninguna lealtad ni sentido de estado en la actitud del Partido Popular.
Pedro Sánchez tiene la ansiedad inherente a quien no tiene tiempo. Le acucian las elecciones municipales y le acucia la conspiración interna. Ya nada es a medio plazo.
Pedro Sánchez tiene el reto de dirigir la formulación de un proyecto socialdemócrata en un universo (Europa) en donde la socialdemócrata está desapareciendo.
El stress del dirigente socialista le lleva a la sobreactuación, porque lo primero es que los electores conozcan a quien estaba inédito hace seis meses. El tiempo corre en su contra.
Lo que más me admira de esta pequeña guerra interna que ya se ha desatado es la falta de lealtad de los conspiradores. Aman mucho más sus interés que el futuro de su partido. Y si ven una oportunidad, se tirarán a la yugular del secretario general sin haberle dado tiempo, siquiera, a poner en marcha sus proyectos.
De verdad que debería haber un carné de puntos para la vida política que dejara fuera a los corruptos, a los oportunistas y a quienes aspiran a políticos vitalicios.


Carlos Carnicero - Cataluña y Madrid, ¿Hay alguien en el timón?.

01.12.14 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Estamos asistiendo a muchos hechos inéditos en democracia. Cataluña es un país paralizado en sus gestiones de gobierno, abducido por la ensoñación independentista en un estado emocional, que como en todas las situaciones que aúnan crisis y populismo, exige una conducta heroica y una claridad personal para ponerse contra la ola establecida.
Estamos hablando de convocar unas elecciones con una o varias listas que solo lleven un punto en su programa electoral: la independencia de Cataluña. Esto significa un cheque en blanco al Gobierno que se forme para gestionar o no, a su manera y entendimiento, los asuntos que afectan a la vida y los proyectos de los ciudadanos de Cataluña. El único mandato será conseguir la independencia.
Hace casi dos años que no hay otro debate político en las instituciones catalanas que el "derecho a decidir" y la independencia. El Gobierno y el Parlament están en una situación real de insumisión a la Constitución y han rechazado los procedimientos que establece la ley de leyes para pretender los objetivos que buscan saltándose los procedimientos.
La economía, los derechos ciudadanos y los planes de gobierno, sencillamente no existen, No hay control parlamentario de una gestión que bucea por profundidades que no se divisan.
De salir adelante el plan de Artur Mas y sus socios, la economía catalana se debilitará enormemente. Las clases dirigentes tendrán que pronunciarse ante lo que ya no son fuegos de artificio. Probablemente este proceso afectará a la economía de toda España. Y, además, la brecha que se producirá entre los ciudadanos de Cataluña y los del resto de España se agrandará.
Hasta ahora, frente a los hechos consumados de Artur Mas, el Gobierno se ha limitado a acudir a los tribunales para hacer cumplir la literalidad de la ley. No ha habido acción política, ni se han rebatido las cuestiones de fondo de la actitud de la Generalitat.
El PSOE ha lanzado la reforma de la Constitución como el bálsamo que puede solucionar un problema que ahora parece irresoluble. Con independencia de que no se conocen las recetas para esa reforma, si uno de sus objetivos es terminar de arreglar la cuestión catalana, ¿Cuál va a ser la oferta que tendrá que ser admitida por catalanes y por el resto de las españoles?

No me puedo imaginar qué puede contentar al independentismo catalán para que deje de serlo y al mismo tiempo sea asumible para el resto de los españoles.
La cuestión crucial es que los catalanes no quieres ser, en ningún caso, una autonomía más aún cuando pudiera diferenciarse por el nivel de sus competencias.
Habría que volver al año 1978 para replantear lo que la Constitución establece sobre el estado autonómico. En aquel momento, una decisión hubiera sido sustituir las autonomías por un modelo federal que reconociese las diferencias que les constituirían en naciones, para el País Vasco, Cataluña y Galicia. Naciones o nacionalidades históricas con identidades diferenciadas en su calidad y cualidad con la del resto del territorio español.
Ese criterio hubiera conducido al Reino Unido de España, en donde coexistirían las tres naciones citadas con el resto de España, al estilo del modelo del Reino Unido, compuesto por Inglaterra, toda Inglaterra sin divisiones, Gales, Escocia e Irlanda del norte.
Casi nadie, excepto con la posible excepción de los catalanes aceptaría este planteamiento. El "café para todos" ha calado muy fuerte. En primer lugar en unas élites que han hecho de cada autonomía su feudo, en donde en conjunción con las Cajas de Ahorro, se ha enriquecido creando oligarquías autonómicas que en modo alguno estarían dispuestas a perder sus privilegios, sus pesebres y sus aparatos administrativos.
Y, naturalmente, la inmensa mayoría de los ciudadanos aceptarían la situación de reconocimiento de las nacionalidades históricas y no de las suyas.
Me temo que por la vía de la reforma constitucional no hay salida.


Carlos Carnicero - La insoportable levedad de denigrar la Transición.

17.11.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

España no ha sido capaz de digerir su historia. Nos imponemos un empequeñecimiento de nuestros aciertos y agigantamos nuestros desastres con vocación masoquista. Es una patología que se alivia momentáneamente cuando Nadal gana en Roland Garros o la selección evita el ridículo y alcanza la gloria. Es un episodio permanente de penalización de nuestra autoestima. Nos gusta zaherirnos y somos incapaces de afirmar un patriotismo razonable y constitucional.
Durante mucho tiempo, exhibir la bandera española en cualquier forma, era una conducta sospechosa porque se confabuló la derecha -para succionar los símbolos de la patria- con una izquierda que no terminó de digerir la aceptación de la monarquía y careció de la habilidad para lavar los símbolos que habían sido del franquismo y adecuarlos a la nueva situación. Pero tampoco inventaron y asentaron otros nuevos. Actitudes de progreso inconsecuentes que se manifestaban emocionalmente republicanos pero jamás hicieron un gesto para acercar esa posibilidad. Estaban confortables con la monarquía hasta que apareció en escena Urdangarín y el Rey se fue a matar elefantes.
Los jóvenes que empiezan a coquetear con la cuarenta pasaron su primera juventud soñando con un cupe 16 válvulas. Lo compraban a plazos y a muchos se los pagaba su padre. Juguetes electrónicos, despolitización de las universidades y abandono de la utopía. La política ya la habían hecho sus padres para lidiar con el entuerto de transformar una dictadura en democracia. Ahora piensan que la Transición fue un juego carente de mérito e inteligencia.
No les interesaba apenas la política y la transición, en el mejor de los casos, era un compendio de las batallas de papá y mama. Como la economía iba bien, había empleo y funcionaba la tarjeta de El Corte Inglés, la conciencia política se acomodaba en una generación que casi siempre vivió bien y que estaba convencida de que el crecimiento era eternamente sostenible.
Y de repente llegó la crisis y evidenció una sociedad sin proyectos; Nuestros pies eran de barro. Entonces fue mucho más fácil demonizar los partidos y las instituciones y cargar contra la Transición como una época perversa que germinó todos nuestros males actuales.
Debiéramos desterrar la brocha gorda y pintar la realidad con suaves y finos pinceles, aunque cueste un poco más de esfuerzo y no encontremos respuestas categóricas a lo que nos sucede. Quienes hablan pretendiendo que no tienen dudas carecerán de la humildad para rectificar y siempre le echarán la culpa a otro.
La transición fue el milagro de lo posible basado en un pacto tácito de renunciar a la revancha con la condición de que desapareciera el franquismo. Fue un prodigio de ingeniería política que pasó a estudiarse en las universidades de todo el mundo. En medio de una situación atornillada por la amenaza militar y la locura del terrorismo, se cometió solo un error sustancial. El régimen especial de Euskadi y Navarra y la falta de reconocimiento de Euskadi, Cataluña y Galicia como una realidad diferente de la del resto de España. Habían tenido una historia con perfiles culturales propios y quizás debieron tener un blindaje institucional propio.
El Reino Unido de la Gran Bretaña siempre supo que existía Gales, Escocia, Irlanda del Norte e Inglaterra. Eran las cuatro piezas del puzzle para organizar un estado nación moderno y blindado por una monarquía parlamentaria. Los que no eran ni escoceses, ni galeses ni irlandeses, eran sencillamente británicos sin necesidad de impostar una identidad semejante a la de los reinos unidos en la Gran Bretaña.
La exaltación y generalización de la autonomía fue un proceso fortalecido, en parte, para controlar los deseos subyacentes en Cataluña y Euskadi, que obligo a rebuscar en los pequeños baúles de las historias locales para encontrar promotores de esas nacionalidades impostadas. No fue fácil buscar héroes premonitorios de una identidad nacional en La Rioja o Cantabria, por solo poner dos ejemplos, del mapa autonómico español. En eso, la Transición nos dejó una bomba de relojería en Cataluña y Euskadi que está próxima a la ignición.
Uno de los efectos colaterales del "café para todos" fue la eclosión de una nueva casta feudal en la que los padres de cada patria chica se blindaron con sus consejos de ministros, sus cajas de ahorros y sus taifas electorales, en la que ser más que el vecino era un requisito que no dependía de la cartera. Había plata y se gastaba con alegría.
En lo demás, la Transición creó un proyecto que permitía el dinamismo de su propia transformación, una vez que los militares aprendieron inglés y hacían maniobras con la OTAN y se comprobó que por mucho que matase ETA no podría derrocar el estado democrático.
Pero los críticos de la transición no asaltaron democráticamente los partidos, no concurrieron a las transformaciones precisas. Y no lo hicieron, sobre todo, porque nadie estaba dispuesto a estropear la fiesta de la economía por muchos pies de barro que aparecían en cuanto se escarbaba un palmo. Y los cambios hubieran requerido ponerse ante el espejo convexo de un crecimiento artificial.
Denigrar de la Transición, achacarle nuestras culpas es, sobre todo, un inmenso acto de cobardía para aliviar las propias responsabilidades y escabullirse de la autocrítica que debiera hacer, por capas sucesivas, el conjunto de la sociedad española.
No hace falta cancelar ningún régimen porque hay que acomodar el que se tiene. Sus pilares, las libertades constitucionales, el derecho de sufragio, la representación de la soberanía en Las Cortes Generales, no están caducados. Sencillamente no se aplican estos principios.
Los ciudadanos tienen que tener el coraje de ejercer su responsabilidad, constituyendo nuevas organizaciones o asaltando las existentes. Imprimiendo dinámicas de control y participación. La democracia es el mejor y único sistema posible. No hay que realizar experimentos salvo con gaseosa; el reto es mucho más sencillo. Aceptar la responsabilidad y los compromisos que llevan implícitos la condición de ciudadano.


Carlos Carnicero - Monago, de denunciar la conspiración a devolver el dinero.

10.11.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy debiera consultar a un astrólogo, porque basta que convoque una "cumbre contra la corrupción" en Extremadura para que se descubra que el presidente de la comunidad tiraba de billetes del Senado (reservados para viajes institucionales y políticos) para viajar nada menos que 32 veces a Tenerife en poco menos de 18 meses. El tiempo que duró su relación con una bella residente en las islas. Pero esa es la parte de la historia que no nos interesa. Da igual a qué viajara a Canarias, pero no da lo mismo si lo hizo con dinero público. Cada semana un susto y cada semana una falta de reacción suficiente. Así se adivina el sendero hasta las elecciones autonómicas y municipales.
Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Popular, tuvo que dimitir en el mes de junio de 2012 al no poder justificar una serie de viajes a Marbella pagados con dinero reservado para gastos oficiales. Tuvo su calvario, aguantó hasta que la situación se hizo insostenible y finalmente no tuvo otra opción que abandonar el cargo.
La primera reacción de José Antonio Monago, como es tradición en este tipo de asuntos, fue denunciar una conspiración o campaña contra él, de la que afirmó haber tenido conocimiento. Dijo que sus viajes privados se los pagaba él, pero se negó a explicar porqué había viajado a Canarias en 35 ocasiones y con qué dinero había pagado esos viajes. Amenazó con querellas, aludió al derecho al honor de él y de su familia y sollozó cuando sus compañeros de partido le aplaudieron.
Ahora, cuarenta y ocho horas después de tanta indignación, el escenario y el guión han cambiado. El presidente de Extremadura ha afirmado que él no está en la política por dinero y que devolverá hasta el último céntimo gastado en viajes personales pagados con dinero del Senado. ¿En qué quedamos, campaña de difamación, pago de viajes con dinero propio o gastó dinero público con fines privados y cuando se la ha pillado, anuncia la devolución de lo mal gastado?

Un político deja de ser confiable cuando miente. Y más sobre conductas personales éticamente inaceptables. José Antonio Monago mintió recitando el monologo de la conspiración y la honradez. ¿Puede Monago ser un político de confianza después de esta conducta.
Los cedazos de la opinión pública sobre la ética de los políticos se han reducido. Apenas dejan pasar arenilla cuando antes se colaban pedruscos. Y cualquier conducta reprobable lleva a quien la protagoniza a la marginalidad política. En plena cumbre sobre la corrupción, Mariano Rajoy ha observado en silla de pista las contradicciones de su hombre en Extremadura. Y ahora, la rectificación, pretende dejar el contador en cero.
El problema de credibilidad que tiene el presidente de Gobierno pasa por la radical intransigencia en cualquier asunto que se refiera a malversación de dinero público. Su declive electoral y la ascensión de movimientos populistas está relacionada directamente no solo con la corrupción sino con la falta de reacción ante ella. Ahora, el PP tiene otro momento importante que no debiera dejar pasar para recuperar esa credibilidad. José Antonio Monago mintió sobre sus comportamientos personales. Al PP no le queda otro remedio que sacrificar a su hombre en Extremadura. En las próximas semanas habrá que editar en Wikipedia la entrada de Monago anunciando su dimisión.


Carlos Carnicero - Una guía para viajar por la corrupción.

27.10.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Los árboles amenazan con tapar el bosque. Leyendo la prensa europea y norteamericana con regularidad, aterroriza comprobar el liderazgo indiscutible de España en asuntos de corrupción. Los medios de comunicación sobreponen un escándalo a otro con una cadencia frenética. Y nadie ya está exento del extraño privilegio de tener su hueco en este universo, un auténtico agujero negro, de la corrupción política.
Han sido años de dolce vita al calor del crecimiento primero con las aportaciones europeas a fondo regionales y de cohesión. Permitieron la eclosión de las constructoras en obras públicas. Una formidable red de autopistas que en algunos casos conducen a ninguna parte. La ensoñación de que el AVE llegara a cada rincón de España y ahora no tiene pasajeros. Una modernización de infraestructuras tan extraordinaria que ahora se antoja que fue excesiva. Monumentos, palacios de congresos, obras de arquitectos punteros en comunidades autónomas y municipios. Circuló el dinero alrededor del ladrillo y se organizó un formidable festín de corrupción entre sectores de la Banca, alcaldes y presidentes de comunidad y correveidiles que hacían de intermediarios.
Recordar ahora el lío que se montó porque Pilar Miró, entonces directora general de RTVE, pagó con dinero público un traje para asistir a un acto oficial, me produce una tristeza infinita. Conocí a Pilar Miró y ha sido una de las personas públicas peor tratadas en nuestra democracia.
Los "cafecitos" del hermano de Alfonso Guerra, como mucho eran un remedo de la picaresca Española. El todopoderoso Mariano Rubio, que manejaba la política monetaria desde el Banco de España, fue linchado por que no hizo la declaración de la renta de unas inversiones ridículas en su cantidad.
Aquel rigor pudo ser desmedido, pero fue necesario, probablemente, en un hemisferio que confiaba en el sistema democrático y que tenía hipersensibilidad con la corrupción.
Hubo golfos de libro, como Luis Roldán, que con la mano derecha detenía terroristas y con la izquierda se llevaba el dinero de los huérfanos de la Guardia Civil. Y Hubo auténticos descarados como el ex presidente de la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha, Juan Pedro Hernández Moltó, que no veía su viga a punto de llegar en ojo propio y espetó aquello en el Congreso de los Diputados de: "míreme a los ojos, don Mariano Rubio".
Llegó José María Aznar a La Moncloa, en una operación de asalto y derribo del Gobierno socialista, y empezó un ciclo de degradación de la democracia en la que todo valía para deconstruir al adversario y se rompieron las reglas de juego.
Una de las primeras decisiones de José María fue introducir a su amigo personal, Miguel Blesa en la presidencia de Caja Madrid. Un discreto inspector de hacienda que no sabía nada de Banca y que pronto descubrió los placeres más caros de la vida. También nombro a Juan Vilallonga al frete de Telefónica. El compañero de pupitre de José María Aznar se hizo inmensamente rico especulando en la compañía con productos tóxicos, como TERRA, que arruinaron a muchos españoles. Cuando la bola fue demasiado grande, emigró a México con su inmensa fortuna. Ha sido astuto y no se ha vuelto a dejar ver por España.
Ha habido una mixtura explosiva para la propagación de la corrupción. La mezcla entre los reinos de taifas de las comunidades autónomas, las Cajas de Ahorros y los constructores que se habían empezado a hacer ricos a la sobra de los encargos de obras públicas. Ese dinero fácil de Cajas de Ahorros y la bonanza de la economía germinó la aparición de "conseguidotes". El más célebre es, sin duda, Iñaki Urdangarin, yerno del Rey y esposo de la Infanta Cristina. Vendía humo por las comunidades autónomas y le pagaban jugosamente. No se puede tener un chalé en la mejor zona de Barcelona por seis millones de Euros con un sueldo.
La nómina es agotadora. En el ranking, en lo más alto, está el ex presidente del Gobierno de Baleares, Jaume Matas, actualmente en prisión. El tesorero del PP, Luis Bárcenas almacenó decenas de millones de Euros y era, además, Senador del PP. Tardaron en darle el finiquito en "diferido" y también es huésped de una prisión española. El eterno presidente de los empresarios españoles, Gerardo Díaz Ferrán, también está en prisión.
En Cataluña la situación es dramática. La eclosión de la fortuna oculta de Jordi Pujol y su familia ha sido un tsunami para la credibilidad de las instituciones. La contabilidad secreta de Unió Democrática, el escándalo de Félix Millet y el Palau de la Música es antológico. Y en la comunidad valencianos es más corta la relación de diputados y funcionarios que no están imputados de los que sí están.
La izquierda no se queda muy atrás. Andalucía está pendiente de la concreción del sumario de la Juez Alaya en el saqueo de fondos públicos a través de cursos de formación y subvenciones ocultas a sindicatos. El escándalo de los ERE planea sobre cifras que parecen increíbles.
El conocimiento del que el mítico líder del sindicato de la minería asturiana, Fernández Villa, manejó dinero negro, ha sido un golpe mortal para la credibilidad de los sindicatos.
El último episodio conocido ha sido el escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid. Los muñidores de este sofisticado sistema de pago en especie son los principales responsables, sin duda. Pero allí estaban gozando de los cajeros automáticos y de los caprichos más diversos representantes de la patronal, los partidos políticos, desde el PP a Izquierda Unida, pasando por el PSOE, y los sindicatos.
El hartazgo social es indescriptible. La eclosión vertiginosa de Podemos con sus tesis populistas ha sido posible gracias al clímax de agotamiento de los ciudadanos con todos los partidos del stablishment.
Toda corrupción exige el mismo drástico tratamiento ejemplarizante. La condición indispensable para una regeneración que permita recuperar la confianza en el sistema democrático exige, al menos dos cosas.
La primera contundencia extrema de cada partido u organización con los casos de corrupción de estos ámbitos. Se tendrá que matar a hijos y padres (políticos) muy queridos. Se tendrán que obviar compromisos y complicidades y sacrificar a quien sea preciso. Si esto no se hace con prontitud y contundencia, las instituciones que no lo hagan desaparecerán en la marea de la indignación.
La segunda, acabar con la sensación de que el "y tu más" es una respuesta admisible para eludir las propias responsabilidades agigantando las ajenas.
Es imprescindible elaborara un "libro blanco" o "libro negro" sobre la corrupción a modo de guía para no perderse en este inmenso laberinto de cloacas de la vida pública. No tenemos derecho a olvidar a ninguno de los corruptos porque esa es la condición de que las cosas no puedan volver a ocurrir. Porque no hay corrupciones distintas sino oportunidades desiguales.


Carlos Carnicero - Podemos, fortalezas, debilidades y contradicciones.

20.10.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Pablo Iglesias es persona inteligente, con enorme facilidad para generar empatías, con un discurso fluido en un universo de políticos que necesitan un papel para dar los buenos días. Conoce la política por su vinculación a fundaciones que han asesorado a líderes latinoamericanos progresistas. Incluso su aspecto de reedición moderna de Jesucristo frente a las masas le proporciona un aura de confianza en su palabra. Su evangelio se reduce al episodio de Cristo echando a los mercaderes del templo. Tiene enormes aliados en la corrupción; si no existiera Miguel Blesa, Pablo Iglesias tendría que fabricarlo. Es su mejor cartel electoral. La desafección de los ciudadanos frente a las instituciones es el solar donde está edificando su propia maquinaria de poder.
Estoy convencido de que "Podemos" es un fenómeno populista, dicho sea sin acritud, como diagnóstico que un politólogo como Iglesias no tendría más remedio que suscribir. Predicar en este erial que solo ampara corrupción, ineficacia y falta de esperanza es fácil con la condición de no contrariar a los feligreses.
Su gran fortaleza, como la de todos los populismos, es el hartazgo de los ciudadanos en esta España en crisis sistémica. Abominar de todo lo que observamos es requisito imprescindible para atraer a los descontentos, que son muchos. Diferencias económicas en expansión favorece el rechazo para quienes están y gobiernan las instituciones. Pero hay más requisitos para el éxito: afirmar lo que la mayoría quiere oír y evitar pronunciarse sobre los asuntos que un pronunciamiento claro generarían división o rechazo. Hasta ahora tenía un blindaje frente a la indefinición de lo controvertido: no formulaba un discurso de poder. Ahora lo ha hecho: quiere ser presidente de Gobierno. Y ese objetivo obliga a presentar propuestas concretas de todos y cada uno de los asuntos graves; ya no vale, a partir de ahora, la indefinición.
Hay videos memorables de Pablo Iglesias, rápido con el trueno en la respuesta. Afirmó que el Rey debe aguardar lista de espera para sus tratamientos médicos. El daguerrotipo de Urdangarin metiendo mano a la caja incita a disfrutar de la imagen imposible del Rey en la cola del ambulatorio. Es un brindis al sol, porque nunca su ministro de sanidad tomaría disposiciones para que esa imagen fuera real. Pero como boutade es atractiva, casi incluso para mi.
Preguntado por la coalición de Obama para atacar al Califato, su respuesta es que la violencia no es la solución; que hay que dialogar con los líderes yihadistas que degüellan gentes de centenar en centenar. De tal modo que Iglesias, como corolario, es partidario de hablar y no hacer otra cosa frente a la expansión del Califato. No tiene receta para intentar evitar miles de asesinatos fríos en nombre de la fe verdadera. Ahora, la debilidad, una de ellas, de Pablo Iglesias es su confrontación con la realidad con la obligación de adelantarnos sus recetas de gobierno.
Hay asignaturas pendientes en el ideario de podemos. No le da mucha bola al feminismo, incluso en declaraciones de sus líderes, Podemos no cree que la regulación progresista del aborto sea una prioridad en España.
Pero el gran problema de Iglesias es las contradicciones de su discurso clásico populista con sus actos de partido.
Al final, Iglesias, abominador de la "casta" y de los partidos tradicionales, está a punto de inaugurar su organización con estructura clásica de partido y pasar a formar parte de la casta dirigente. Un líder, un partido disciplinado y un programa de gobierno para atraerse al centro político. Este politólogo brillante ha terminado de golpe con el eje político izquierda-derecha, como si los privilegios de la casta no estuvieran sustentados en una ideología profundamente conservadora y en las diferencias económicas. Dar por desterrada la lucha de clases es una ingenuidad perversa.
Todo populismo necesita un "jefe" indiscutido y una guardia pretoriana que obligue a obedecer sin pestañear. Iglesias acaba de enterrar la asamblea como instrumento de control del aparato; y ha creado un partido que será gobernado por un sanedrín similar al de los partidos tradicionales. Para ganar necesita unidad de acción. Una formulación leninista del partido en quien niega la necesidad de la izquierda. Lo ha dicho claramente, sin tapujos: para asaltar el poder hace falta un líder. Solo uno.
Pablo Iglesias surfea sobre una ola favorable. También disfruta de la comprensión del PP, que sabe que el PSOE es el más débil frente a la embestida de Podemos. El PP considera mucho más amenazante una recuperación del PSOE que la eclosión de Podemos.
Tengo algunos prejuicios contra Podemos porque considero que los populismos, por su propia naturaleza y por los ejemplos de la historia, son la mayor amenaza para el sistema democrático. No creo que el cáncer sea nuestro sistema de partidos y de representación. El mal son estos partidos y la forma en la que sus élites ejercen su poder e influencia.
Hay un dicho cubano que viene al caso. El marido o la mujer burlada pueden tener la tentación de arrojar por la ventana el lecho de la infidelidad. Pero librarse del sofá o la cama obliga a dormir en el suelo. Los muebles, las instituciones, no son el problema. Los responsables son quienes duermen en la cama o reposan en el sofá.


Domingo, 1 de febrero

BUSCAR

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Febrero 2015
LMXJVSD
<<  <   >  >>
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
232425262728 

Sindicación