Opinión

Carlos Carnicero - El sorpasso y las posibilidades del PSOE

25.04.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID 24 (OTR/PRESS)

En política, las matemáticas no son una ciencia exacta. Hay muchos factores que pueden desarticular la suposición de que una coalición entre Podemos e Izquierda Unida sumaría matemáticamente los votos que las dos formaciones consiguieron el 20-D.
Algunas reflexiones:

Podemos es un recién llegado a la política. Sus resultados han sido extraordinarios, increíbles, gracias al desencanto generalizado con los partidos tradicionales. Los fenómenos políticos que eclosionan de una manera fulgurante necesitan tiempo para decidir si son un fenómeno efímero o llegan para quedarse. Tenemos algunos ejemplos. La llegada a la política de Silvio Berlusconi fue apabullante. Aupada por la desintegración de los tres partidos hegemónicos en Italia después de la II Guerra Mundial. La Democracia Cristina, el PCI y el partido socialista italiano. Ahora Berlusconi es una anécdota del pasado. Luego vino Beppe Grillo, que tampoco existe ya.
Un partido necesita el reposo de su propia historia y del tiempo. Los partidos comunistas fueron una sopa de letras a la que solo sobrevivió la marca genuina.
La novedad de Podemos fue su falta de historia, para bien o para mal. Solo se podían juzgar sus promesas, sus desafíos y su pretendida transversalidad. Ahora ha gestionado ayuntamientos y otras ínsulas de poder. Ya se les pueden juzgar por sus hechos y sus actitudes.
Izquierda Unida ha sido refugio de la izquierda tradicional. Quienes votaron a este partido el 20-D resistieron los cantos de sirena de Podemos. Desecharon la pretendida "nueva política". ¿Por qué se supone que si no votaron a Podemos el 20-D lo van a hacer ahora, con las siglas adobadas de Izquierda Unida succionada por Podemos?

Para el PSOE la amenaza del sorpasso puede convertirse en fortaleza. A su Izquierda no habrá dos partidos sino uno solo. Una lucha cruel para la hegemonía de la izquierda, sin matices ni componendas.
Hay algunos asuntos sobre los que tendrán que meditar los potenciales votantes que provengan de Izquierda Unida. El primero, el derecho a la autodeterminación, además con barra libre para todas las comunidades. Hay pocas cosas que sean más contrarias al ADN de la izquierda que la segregación de los estados. Quienes voten a Podemos sabrán claramente que apoyan esos postulados.
El cesarismo, el personalismo y la jerarquía que ejerce Pablo Iglesias en Podemos certifica el populismo de esa formación. Los antiguos votantes de IU tendrán que decidir si quieren adherirse el movimiento del jefe de Podemos.
En el PSOE el reto es dar credibilidad a una izquierda democrática posible. No es fácil. Hay algunas actitudes que han reforzado el liderazgo de Pedro Sánchez. Pero si el PSOE no se quita de encima el complejo frente a Podemos, difícilmente le podrá disputar el espacio de la Izquierda.
Es imposible extrapolar los resultados del 20-D porque el escenario será distinto en las nuevas elecciones. La campaña, corta e intensa, tendrá que escrutar el universo de indecisos, que son muchos. Solo nos queda esperar y observar hasta que conozcamos los resultados.


Carlos Carnicero - Quince días para volver a empezar sin que nada haya cambiado.

18.04.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

No estamos acostumbrados a vivir sin gobierno. La economía empieza a dar síntomas de cansancio. Faltan quince días para que se disuelvan Las Cortes y no existe el menor indicio de que se consiga un acuerdo para investir un gobierno.
Mariano Rajoy resiste el rosario de escándalos que asedian a su partido. Suelta lastre. Abandona a su suerte al ministro Soria a quien ni siquiera agradece Soraya Sáez de Santamaría los servicios prestados. Montoro es más cruel: "no puede ser ministro quien opera desde paraísos fiscales". Da por sentado que el ministro cesado utilizó las sociedades descubiertas en los papeles de Panamá.
El alcalde de Granada, detenido y puesto en libertad, no recibe siquiera el beneficio de la duda. Suspenden automáticamente su militancia y le piden la dimisión desde su propio partido. A partir de ahora no habrá piedad para ningún nuevo sospechoso de corrupción.
Hay apuestas sobre si Rajoy aguantará para ser candidato en las próximas elecciones. Dentro del PP se susurra pero nadie levanta la voz para cambiar de líder. Se insinúa una persecución desde el estamento policial y judicial. Aparentemente, en medio del desbordamiento de sus cloacas, los votantes del PP no le retiran su adhesión y anuncian que seguirán votando al partido aunque Mariano Rajoy siga siendo candidato.
Podemos se da una fiesta en el referéndum de sus militantes. El PSOE renueva sus movimientos internos para sustituir al secretario general. Solamente Albert Rivera consigue parecer consolidado, tal vez al alza.
Nadie es capaz de asegurar que unas nuevas elecciones cambian el escenario actual. Si no se consiguen acuerdos para una mayoría, podrían convocarse, transcurridos los plazos establecidos en la Constitución, otras nuevas elecciones. Y así, hasta el absurdo o el infinito.
La mayor incógnita es el grado de abstención y a quién perjudicaría una mayor abstención. Los partidos sopesan acortar la campaña electoral, conscientes de que son un martirio para los ciudadanos.
Llevamos años avisados de que el sistema político está en crisis. Los grandes partidos hicieron oídos hueros a las advertencias del desapego de la ciudadanía de la clase política. No ha habido una renovación política ni el PSOE ni en el PP. Los nuevos partidos que prometían un cambio profundo no lo han escenificado. Podemos presume de transversal pero es el más vertical y jerárquico de todos.
Faltan quince días para volver a empezar y no hay un solo síntoma de que el fracaso de los partidos para enhebrar los resultados de las elecciones les haya servido para aprender la lección. La abstención será la demostración de que el hartazgo de la ciudadanía sigue creciendo. No hay ningún dato para ser optimistas. Nos espera más de lo mismo.


Carlos Carnicero - Nuevas elecciones, ¿quién es el culpable?

11.04.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Ahora mismo, solo si el PP decidiera postular a otro líder para la presidencia de gobierno que no fuera Mariano Rajoy podría conseguirse que Ciudadanos votara a favor y PSOE se abstuviera. No sería fácil, pero sí la única posibilidad. Pero parece que Mariano Rajoy no está dispuesto en absoluto a entregar su cabeza como precio de evitar las elecciones.
Las elecciones están ya virtualmente convocadas. Los estudios demoscópicos no aclaran quien será señalado como culpable, pero sí que una nueva convocatoria es interpretada como un fracaso de la clase dirigente. Además, los indicios son que el resultado será parecido al actual, con el añadido de una mayor abstención.
Pedro Sánchez ha tenido una primera fase en la que la exposición mediática le ha consagrado como líder. Está por ver si su obstinación en conseguir un acuerdo a tres, con Ciudadanos y Podemos, no ha terminado por desgastarle. La maquinaria de Podemos, menos permeable a los medios tradicionales y con mucha influencia en las redes, trata de demostrar que ellos son la víctima de esta negociación fallida. Todos los demás le señalan como culpable.
Mariano Rajoy solo hace declaraciones. Hasta la fecha no se ha molestado siquiera en formular una propuesta de programa de gobierno dirigida a Ciudadanos y que además buscase una abstención socialista.
Tampoco hay consenso en el peso que tendrá sobre el culpable de las elecciones en las elecciones futuras. Las últimas encuestas publicadas estiman solidez en el voto del Partido Popular y un grado de incertidumbre en los apoyos a los demás partidos.
No es fácil determinar el papel del cansancio que una larga campaña electoral de hecho, desde el 2 de mayo al 26 de junio, podría tener sobre el electorado.
Los pronósticos son difíciles y los márgenes de variación sin ser importantes podrían determinar una precaria mayoría de la suma de PP y Ciudadanos.
Al final, una solución que nadie quería en forma de nuevas elecciones, demuestra que alguno o varios de los agentes políticos no han tenido nunca voluntad de llegar a un acuerdo.
En esta primera experiencia de la democracia española de constituir una mayoría a partir de la fragmentación del electorado, no cabe duda de que la clase política ha suspendido.


Carlos Carnicero - Elecciones, el comienzo de la cuenta atrás.

28.03.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

El domingo de resurrección ha cerrado el paréntesis político de la semana Santa. Queda poco más de un mes para que el día 2 de mayo se convoquen automáticamente nuevas elecciones si antes no se ha investido un presidente de Gobierno.
Por la derecha parece imposible un entendimiento entre el PSOE y el PP. De hecho solo ha habido palabrería de Mariano Rajoy que ni siquiera se ha molestado en presentar un proyecto de programa de gobierno que no sea el suyo. Las cuentas no dan tampoco para un pacto del PP con Ciudadanos, que sería bloqueado por el resto de la cámara.
Entre Podemos y el PSOE hay abismos que parecen insalvables. Y no solo el referéndum de autodeterminación encubierta de Cataluña. La franquicia vasca de Podemos ha aprovechado el Aberri Eguna para formular su alternativa soberanista en un intento de dar sorpasso vasco al PNV y pretender el gobierno de la autonomía. El conflicto entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón tiene raíces políticas profundas y no solo en las formas. Errejón quiere un partido transversal que no esté definido por eje izquierda derecha. Un modelo organizativo federal. Y una aproximación al PSOE para formar gobierno. El número dos de Podemos es muy crítico con el personalismo y las formas rudas que ha utilizado Pablo Iglesias en la negociación con el PSOE.
En medio de esta batalla, es muy difícil que en el partido morado haya consenso para un acuerdo con el PSOE para formar un gobierno de coalición o para apostar por una abstención que permita gobernar a los socialistas con Ciudadanos.
En los días que faltan hasta el 2 de mayo solamente el pánico de alguno de los actores al escenario de nuevas elecciones puede dar la sorpresa. Ahora mismo da la impresión de que todos los partidos están resignados a celebrar unos nuevos comicios.


Carlos Carnicero - Parálisis hasta después de la Semana Santa.

14.03.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Calma chicha en espera de nuevos vientos después de la investidura fallida de Pedro Sánchez. Todos los partidos se han conjurado en dejar pasar el tiempo hasta que el calendario se ponga rojo, vísperas del plazo para convocar elecciones. Mientras tanto las presiones se han hecho más sibilinas. Albert Rivera insiste en que no puede haber entendimiento con el PP mientras Rajoy siga al mando. Pedro Sánchez insiste en citar a Pablo Iglesias consciente de que la crisis de Podemos tiene su origen, entre otras cosas, en el desgaste del líder morado por la forma en que ha conducido el debate de investidura y su negativa a facilitar un gobierno del PSOE y Ciudadanos. En el fondo, lo importante es que los electores no culpen a cada partido de nuevas elecciones.
Los sondeos empiezan a coincidir en dos cosas para una nueva convocatoria. Podemos sería el perdedor, rodando hasta el cuarto puesto, mientras que Ciudadanos crecería en el estancamiento de PP y PSOE. Y que nadie es partidario de seguir con un parlamento bipartidista.
Los ciudadanos castigan a quien consideran que ha dificultado un acuerdo e insisten en que España ya no es bipartidista.
La Zarzuela espera en silencio. El Rey no encargará una nueva investidura si no se le presentan cuentas que la posibiliten.
El cansancio se nota en los medios y en la ciudadanía. Los líderes se están dosificando en sus apariciones públicas conscientes de que la sobre exposición puede quemar lo conseguido.
Falta algo más que cincuenta días para que finalicen los plazos para convocar una nueva elección. Y la Semana Santa es la frontera para nuevos guiños y nuevos movimientos. Se instala la sensación de que la repetición de elecciones es inevitable. Y también de que los nuevos resultados no traerán un cambio sustancial sobre los emitidos por los electores el pasado 20 de diciembre.
Probablemente la mayor presión cae sobre Mariano Rajoy y su continuidad como líder conservador. El PP, al menos formalmente, cierra filas con Mariano Rajoy. Pero ya es malo que el tema esté en el ambiente.
La novedad de la semana ha sido la ocurrencia de que el Gobierno en funciones no puede ser controlado por un parlamento que no le eligió. Aceptar esta tesis establecería que el gobierno no debe responder por sus actos. Finalmente, el acuerdo suscrito por la Unión Europea con Turquía será adoptado con acuerdo en el Parlamento.


Carlos Carnicero - O milagro de Sánchez o nuevas elecciones.

22.02.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Entramos en la recta final, en la hora en que todos los partidos tienen que confesar sus verdaderas intenciones. Se acaba el "show" y empieza la verdadera negociación. Dos meses para posturear y una semana para decidir.
Seguimos en una situación compleja. Mariano Rajoy está noqueado por su propio partido. La jugada/dimisión de Esperanza Aguirre le ha señalado la puerta de salida de la política. El insiste en pretender una investidura imposible si fracasa Pedro Sánchez. Y también en que será el candidato en unas hipotéticas elecciones. A pesar de su enorme capacidad de resistencia, Mariano Rajoy ya está liquidado políticamente.
Las últimas encuestas están cambiando las tendencias del 20-D. Con todas las cautelas señalan un debilitamiento del PP, una ascensión importante de Ciudadanos, moderada para el PSOE y el declive de Podemos. Se invierten los pronósticos que establecían que los beneficiarios serían el PP y Podemos.
El PP, según estas hipótesis, pagaría factura por la corrupción. Y todavía puede haber más noticias en los próximos días. En buena lógica, al partido que todavía lidera Mariano Rajoy no le convienen los comicios. Quizá sea a quien más pueda perjudicar una nueva convocatoria. Necesitaría tiempo para un lavado profundo, no solo de caras, para recuperarse del deterioro que disfruta.
Albert Rivera ha consolidado su imagen de hombre tranquilo, generoso y responsable. Ha demostrado su voluntad de llegar a acuerdos razonables a la izquierda y a la derecha. Incluso los vetos de Podemos le han consagrado como dueño del centro. Le puede dar un buen bocado al PP si hay elecciones.
Pedro Sánchez ha logrado mantener la iniciativa durante las últimas semanas. Si fracasa, siempre podrá esgrimir que lo ha intentado hasta el final y que se ha encontrado con la intransigencia de Podemos. Ya no figura en lo alto del ranking de perjudicados por unos nuevos comicios. Y parece poco probable que el PSOE se dé el lujo de buscar un nuevo candidato. Susana Díaz ha interiorizado que no se puede ausentar de la presidencia de la Junta de Andalucía.
Podemos se ha retratado en la imagen proyectada por Pablo Iglesias en las últimas semanas. Ansiedad de poder, obsesión por controlar el nuevo gobierno en sus partes más sensibles. Ha dejado claro que para él la democracia es un trámite y que necesita métodos de control férreos para imponer sus tesis. Su obsesión por reclamar lo imposible para él mismo le sitúa en un punto en que solo los seguidores más fanáticos siguen confiando en él. Podemos tiene importantes crisis en Madrid, Cataluña, Galicia, País Vasco y Rioja. Las discrepancias en la amalgama que lo compone empiezan a ser muy evidentes.
Solo hay a la vista una posibilidad para evitar nuevas elecciones. Que Podemos o PP o los dos se abstengan en la segunda votación de investidura de Pedro Sánchez.
En el PP empiezan a abundar quienes piensan que el mal menor sería permitir la investidura de Sánchez y someterle a un estrecho marcaje en el Senado y también en el Congreso. Lo presentaría como un acto de responsabilidad para evitar un vacío de gobierno hasta el mes de octubre. Y empezar con la renovación para celebrar un congreso casi de refundación.
Los próximos días, obligatoriamente, se tiene que clarificar la situación. El próximo fin de semana, el PSOE, si persiste en la investidura, tiene que celebrar el referéndum entre sus militantes. Y el día 2 se celebrará la sesión de investidura. Ya no queda tiempo para shows televisivos.


Carlos Carnicero - La dimisión de Aguirre organiza el funeral de Rajoy.

15.02.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Siempre he pensado que Esperanza Aguirre no ha dado en su vida una puntada sin hilo. A estas alturas, un poco tarde, asumir sus responsabilidades políticas por la corrupción en el PP de Madrid determina la necesidad de que Mariano Rajoy asuma sus responsabilidades por todos los escándalos políticos que le han rodeado. Desde Gürtel hasta los epicentros de corrupción en Valencia; de la destrucción de los ordenadores a los abrazos públicos a Rita Barberá, a Jaume Matas y a Luis Bárcenas.
Esperanza Aguirre ha encendido la mecha de la implosión del Partido Popular de Mariano Rajoy. Su dimisión señala el camino de salida de todo el equipo íntimo de Mariano Rajoy y de la renovación del Partido Popular.
Determina también y confirma que sería un suicidio político que este Partido Popular concurriera a unas elecciones inminentes bajo el liderazgo de Mariano Rajoy. Ahora, el PP tiene que elegir entre impedir nuevas elecciones, favoreciendo una investidura del PSOE con Ciudadanos, o atreverse a afrontar los comicios en una de las peores circunstancias posibles.
La dimisión de Aguirre es el último acto de una larga guerra contra el actual presidente del PP y de Gobierno. Se ha retirado de la política con un gesto que puede honrarle pero que es una puñada fatal para Rajoy.
Los próximos días van a ser de una intensidad política estresante. Impensable que Mariano Rajoy cumpla su compromiso de intentar una investidura en estas circunstancias. Pedro Sánchez agotará las posibilidades de un entendimiento que para mi es imposible con Podemos. Y la última baza, extraordinariamente difícil, sería un acuerdo del PSOE con Podemos para jugarse todo a que el PP prefiera obtenerse que condenarse a ir a las urnas.
Nos esperan unos días o semanas apasionantes, en los que los líderes tendrán que demostrar si tienen nervios de acero.


Carlos Carnicero - A falta de iniciativa, Pablo Iglesias cambia la camisa de leñador por el smoking.

08.02.16 | 08:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Después de unos días de discreto e inusual silencio, Pablo Iglesias se ha presentado en sociedad con su flamante smoking en los premios Goya. No tenemos noticia si es una acción única e irrepetible o el comienzo de un nuevo look en ceremonias festivas o políticas. El cambio de su uniforme proletario por prendas convencionales.
No sé si es una anécdota. Pero quien hace alarde de presentarse en audiencia con el jefe del estado con camisa de leñador, a cuadros, ha decidido cumplir el protocolo de la gala del cine. Pedro Sánchez no se puso siquiera corbata. En esta democracia mediática se interpreta el vestuario como una cualidad más del mensaje político.
Lo cierto es que leyendo la entrevista de Errejón en El País, no se aclara la razón por la que Podemos ha vetado a Ciudadanos como posible integrante de una fórmula de gobierno alternativa a la que pudiera haber formado el PP. ¿Se trata de que no haya más socios en la propuesta de Iglesias, para acaparar el máximo de carteras posibles? No se ha intentado, siquiera, saber si Ciudadanos suscribiría un programa común con el PSOE y Podemos. Debemos deducir que para Podemos, Ciudadanos no pasa el cedazo de partido democrático y se le relega a la condición de antiguo, "casta" o cualquier otro calificativo de los que usa Podemos con todos los demás.
Con el acuerdo alcanzado por Pedro Sánchez con el PNV y la disposición de IU a formar parte de esa alianza, Podemos se va quedando aislado, amarrado a la exigencia de una vicepresidencia única y a la celebración de los referéndum de autodeterminación de las comunidades autónomas que lo soliciten.
Quedarse fuera por esos motivos certifica la creencia extendida de que en realidad, Podemos solo está interesado en una coalición que le permita devorar al PSOE.
Hay alguna certeza falsa. La de que en unas próximas elecciones, Ciudadanos y el PSOE saldrían perdiendo y el PP y Podemos ganando. Todo es demasiado volátil y el retrato que se hagan todos los partidos en este proceso negociador puede hacer varias muchas posiciones electorales.
De momento, el gran perdedor de cara a unas próximas elecciones es el PP. Desarbolado, la sensación de que Mariano Rajoy, asediado por la corrupción, ha tirado la toalla, es letal para él y muy perjudicial para su partido. ¿Podría ser candidato Rajoy o tendrían que improvisar un liderazgo?

Pablo Iglesias se ha quedado sin discurso. Su cantinela de que el PSOE quiere gobernar con el PP se ha demostrado increíble. Y marginar a Ciudadanos no tiene explicación racional. Se huele el boicot de Iglesias a una coalición que conseguiría mayoría absoluta.
Se confirma que para Pablo Iglesias, como buen leninista, el poder es lo único importante, mucho más que los programas.
Sin tirar las campanas al vuelo, Pedro Sánchez ha cogido la iniciativa en una demostración de coraje que siempre impacta en los posibles electores.
Es muy pronto para sacar conclusiones. Pero hay imágenes que tienen más fuerza que los discursos. La foto de Pablo Iglesias con smoking demuestra que muchos de sus gestos, de sus poses y de su postureo no envuelven principios. El, que jamás se pone chaqueta y corbata, cuando le ha convenido, se ha puesto una de las prendas masculinas más elitistas; las que se ponen los miembros de la "casta" cuando asisten a una gala o una fiesta.


Carlos Carnicero - Valencia entierra la carrera política de Rajoy.

01.02.16 | 12:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Hay un escenario poliédrico formado por líneas convergentes. El atasco político para formar gobierno, la crisis letal de Mariano Rajoy tras los nuevos escándalos de su partido en Valencia, la confirmación de que la Infanta Cristina seguirá en el banquillo y la libertad condicional de Pedro Sánchez para intentar formar un gobierno alternativo al imposible que pretendía Mariano Rajoy.
La corrupción está pasando factura definitiva. Los oídos sordos de Rajoy, prisionero, probablemente de muchos de los autores directos de la corrupción, le han impedido tomar medidas enérgicas en el universo sistémico de corrupción del Partido Popular. La explosión de Valencia ha sido la catarata que ha colmado el vaso. Para el PP es inaplazable una limpieza a fondo de sus sentinas y la renovación de sus líderes. Está inhabilitado para el ejercicio del poder.
El mantenimiento de la imputación de la infanta Cristina es el último episodio de la crisis profunda de la Monarquía que obligó a abdicar al rey Juan Carlos. A Felipe VI le toca aguantar estoicamente el resultado del tribunal que juzga a su hermana Cristina. A la monarquía española se le ha acabado el estado de gracia. No se toleraría ningún otro episodio de corrupción en los aledaños de la Corona.
Respeto al atasco político e institucional, consecuencia de los resultados electorales del 20-D, los plazos siguen corriendo y empezarán a ocurrir actos definitivos. El martes acudirá Mariano Rajoy a La Zarzuela. Se le acabaron las piruetas. O acepta el encargo de intentar su investidura, sabiendo que es matemáticamente imposible o se tiene que retirar, dando paso a otro candidato.
Esta es la incógnita más importante. Saber si el martes tirará Rajoy la toalla o lo hará, perdiendo la votación, en un proceso imposible de investidura.
En ese escenario, le tocaría el turno a Pedro Sánchez, iniciando una negociación con Podemos, Ciudadanos e Izquierda Unida. Lo intentará con ganas. Es su última oportunidad para sobrevivir políticamente a la muerte civil de Rajoy.
El acuerdo con Podemos es prácticamente imposible. Significaría sacrificar la presencia de Ciudadanos y exigiría que el partido de Pablo Iglesias y sus franquicias asociadas renunciaran expresamente al referéndum comprometido en Cataluña y en las comunidades autónomas que quieran engancharse. Improbable que los compañeros de Iglesias en Cataluña y Valencia acepten esa condición que es la base de sus compromisos electorales.
Si todo esto se cumple, solo quedaría la opción de un gobierno del PSOE con Ciudadanos, contando con el voto en contra de Podemos y la abstención del PP, que se vería en la encrucijada de aparecer como el responsable de que no haya un gobierno en España.
En definitiva, primera semana crucial para conocer si se repetirán o no las elecciones.


Carlos Carnicero - El PSOE inmerso en la civilización del espectáculo.

25.01.16 | 12:16. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

En España, los resultados electorales del 20-D han propiciado el establecimiento de una política espectáculo, en un show televisado en directo y continuo donde sus participantes no piensan en la solución de los problemas de los ciudadanos sino en el ranking que pretenden en sus apariciones públicas. Fuegos de artificio para atraer y cohesionar a sus seguidores y deteriorar a sus adversarios. Casi nadie está exento de responsabilidad en este travestismo de la política democrática. Uno de los requisitos para el éxito de estas prácticas es contar con una legión de activistas en las redes que aplaudan cada ocurrencia de sus líderes y le arranquen las piel a quienes osen criticarles. La autocrítica no se vislumbra. Es cosa del pasado.
Si el estadista se define por la capacidad de poner por encima de sus propios intereses los del país, España es un páramo de políticos.
Mario Vargas Llosa ha conceptualizado en su artículo de hoy en El País uno de los dramas de nuestro tiempo. "Circo y Periodismo" es el título de las reflexiones del escritor peruano y español en donde retrata la "Civilización del Espectáculo".
El se centra en la entrevista apologética que ha realizado el actor Sean Penn a uno de los asesinos sádicos más importantes de las últimas décadas. Un retrato amable del "Chapo" Guzmán, uno de los hombres más ricos del mundo gracias al negocio de la droga y el crimen sobre el que pesa la responsabilidad de la muerte de más de cien mil personas.
La supuesta progresía es un manto que está permitiendo santificar a muchos irresponsables de la política y del espectáculo. De tal forma que lo que nunca se le perdonaría a un periodista serio se le aplaude a un actor confortablemente refugiado en el paraguas de Hollywood.
Es cierta la falta de cultura política en la España democrática para lidiar situaciones que exigen entendimiento entre partidos para formar gobierno. Y las experiencias habidas en algunas comunidades autónomas ha sido letal para quienes las encabezaron. Recordar las experiencias de tripartitos en Cataluña y Galicia es constatar cómo quedaron los partidos que las iniciaron.
La política necesita dosis de prudencia, discreción y mirada de largo recorrido para hacerse camino. No se pueden buscar acuerdos, si es eso lo que se pretende, realizando todos los actos en el escenario, con una claque que actúe como motivadora de las bajas pasiones de quienes buscan la gloria instantánea. Trabajo para conseguir votos sin reparar en las heridas que dejan.
De todo lo que ocurre, lo más preocupante es la situación en la que se encuentra el PSOE. No tanto por este partido y su futuro sino por lo que puede significar que quien ha sido capital para instaurar y consolidar nuestra democracia acabe siendo irrelevante.
La eclosión trepidante de Podemos es producto de una legión de damnificados por la crisis, de la indignación de jóvenes sin horizontes ni perspectivas, de un clima social de indignación que sigue proclamando las desigualdades y la injusticia sin preocuparse de formular alternativas realistas, realizables y compatibles con el crecimiento económico como condición para que el reparto sea más justo. Se ha instalado una especie de cuanto peor mejor, porque lo que se trata es más de castigar a los responsables que aliviar a los marginados. Y lo inteligente sería compatibilizar la exigencia de responsabilidades con la construcción de un proyecto viable para solucionar los daños de la crisis.
Cargo la prueba en el PSOE porque este partido, que tantos logros consiguió para la modernización y la creación de un estado del bienestar en España, se está hundiendo con los complejos que acumula frente a quienes pretenden darle el sorpasso. Ha caído en la trampa de la política como espectáculo sin conocer siquiera los mecanismos del nuevo mercado de votos.
Si el PSOE no consigue encontrar un camino cimentado en la responsabilidad para España, la resultante será su insignificancia para el futuro próximo.
El coraje es condición indispensable para las situaciones críticas. Y la pedagogía y el liderazgo moral los instrumentos para oponerse a corrientes mayoritarias que se juzgan letales para el progreso de nuestras sociedades.
A este PSOE, que ha caído en la trampa de la civilización del espectáculo, no se le atisban dosis de coraje para ejercer la responsabilidad y la renovación que le exige su condición de partido democrático, de izquierda y centenario.


Carlos Carnicero - Mal remedio después del 27-S.

07.12.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Confieso que tengo identidades que han terminado por ser complementarias. He puesto orden en ellas y no hay disputas por constituirse en hegemónicas. Mi amigo Juanito Alkorta, el empresario vasco que prematuramente se plantó ante ETA y dio instrucciones notariales para que, en caso de secuestro no pudiera satisfacerse el rescate, lo decía con la gracia seca que le caracterizaba: "El problema vasco se empezará a encarrilar cuando una chica de Tolosa se case con uno de Bergara y el viaje de novios sea al otro lado del Ebro". Y Juanito era euskaldum, con ciertas dificultades para expresarse bien en castellano, y vasco con raíces. Como Pío Baroja recomendaba viajar para digerir la propia identidad sin que fagocitase el cerebro.
El nacionalismo cuando se pone en ebullición se apoya en una mitificación de una historia inexistente o manipulada y en la creencia cuasi religiosa de una superioridad de lo propio con lo ajeno.
Para reclamar tal diferencia hace falta un enemigo exterior al que se culpabiliza de todas las carencias propias. La promesa es que solos, independientes, lograrán la perfección. Artur Mas lo acaba de proclamar: "Los proyectos sociales y económicos solo se lograrán con la independencia". Lloverá café en el campo catalán.
Ahora el nacionalismo catalán ha culminado un logro estético también fundamental en la liturgia de los nacionalismos. Un millón cuatrocientos mil ciudadanos, uniformados en los colores de la bandera, demostrando orden, disciplina, unidad y determinación por la independencia. Lo que les une es la patria, el amor desbordado por la propia tierra. Las diferencias que constituyen los matices de las identidades compartidas no importan; han sido desbordadas por la identidad de ser catalán que no permite que otras diferencias sean determinantes.
Así las cosas, el problema, como todo en los nacionalismos, es de hegemonía. Y la hegemonía solo se consigue uniformando los matices. O se es catalán, que para ellos es independentista, o no se es nada. El traidor no necesita ser señalado como tal de forma precisa, salvo que se constituya en una amenaza eficaz contra la idea homogenizadora. De momento, los no nacionalistas lo son españoles para ellos. Pero como no están movilizados y aguardan pasivos para conocer el resultado de una consulta tramposa en el que no se cuentan votos sino su transformación en escaños.
En estas condiciones es muy difícil un entendimiento estable. Para el nacionalista profundo, la única solución es la independencia. Y en el caso de Cataluña ni siquiera se exigen a sí mismos ser la mitad más uno de los catalanes.


Carlos Carnicero - Estado electoral excepcional

24.11.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

La economía, la gran apuesta de Mariano Rajoy para el 20-D, ha sido desplazada de la agenda electoral. Sus sustitutos son el desafío antidemocrático catalán y la eclosión de la amenaza yihadista desde los atentados de París. Estado de Emergencia en Francia, situación de guerra en las calles de Bruselas y el miedo instalado que facilita el recorte de libertades en las sociedades europeas.
Pero vayamos por partes. Primero, la conexión existente entre el desafío en Cataluña y los atentados de París.
Si el trayecto a la independencia de Cataluña era complicado, los atentados de París lo hacen casi metafísicamente imposible. Naturalmente salvo que quienes lideran esta ensoñación apostaran por la autarquía, lo que llevaría a Cataluña al siglo XIX.
La nueva formulación de la amenaza terrorista refuerza la necesidad del cumplimento de la ley. Las restricciones de derechos necesitan el amparo de una ley aunque sea excepcional. Cualquiera que base sus proyectos en el incumplimiento sistemático de la ley es un cadáver político en esta Europa en crisis. Y los fabuladores de la independencia catalana han elegido el incumplimiento de la ley como su principal tecnología política. Algo que horroriza en todas las cancillerías europeas.
En la sociedad catalana muchos acaban de descubrir que los hechos tienen consecuencias. Aprobar una resolución parlamentaria que exige la desobediencia a la ley a todos sus funcionarios es un harakiri casi perfecto. Los empresarios catalanes, siempre tan prudentes hasta el límite de la cobardía en muchos casos, se han pronunciado exigiendo un gobierno que respete la ley. ¡Es genial que existan situaciones políticas en que se pueda entender que es necesario exigir a un gobierno que cumpla la ley!

Quien en el proceso electoral del 20-D dé imagen de que es capaz de hacer cumplir la ley en Cataluña aumenta su capacidad de liderazgo. Rajoy lo sabe y además está teniendo la inteligencia de no sobreactuar. Firmeza en la normalidad democrática. Sin amenazas añadidas. A ese carro se han sumado el PSOE y Ciudadanos. Han conseguido su espacio en la foto. Los matices no son fáciles de desarrollar. En este acápite Mariano Rajoy tiene ventaja porque ha conseguido rodearse de una parte importante de la oposición, que queda condicionada en la campaña.
Segundo tema. La amenaza terrorista.
Es difícil no estar en el pacto antiyihadista. Pablo Iglesias lo tiene complicado porque quien redactó el texto del pacto tuvo mucho cuidado en que quedara reflejada la defensa de derechos y libertades como objetivo prioritario. Intentar hacer la falsa ecuación entre este pacto y el recurso de la guerra de Irak es muy difícil.
Es cierto que hay un sector de la intelectualidad y de la izquierda que eleva a la categoría de guerra como atentado contra la humanidad. La guerra es un concepto que admite muchos matices. Y el primer condicionante es tener en cuenta quien la declaró. En el ataque a Pearl Harbour estableció la legitimidad de Estados Unidos para declarar la guerra a Japón. La invasión de Polonia en 1939 bendijo la declaración de guerra de Francia e Inglaterra a Alemania. Al contrario, el abrazo de las Azores certificó la ilegalidad de la guerra de Irak con el añadido de que se demostró la mentira de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.
Si una acción militar contra el Daesh tiene la bendición de la ONU, no tiene recorrido la equiparación con la guerra de Irak. Si además hay un gran consenso internacional para realizar un ataque, aumenta la dificultad de su deslegitimación.
La guerra solo es inaceptable cuando se puede evitar. Y si hay un estado que controla territorio, tiene un sistema judicial, financiero y militar que lo soporta, es difícil que cuando declara la guerra no encuentre respuesta en la guerra.
Naturalmente con matices. No puede ser la única respuesta al desafío terrorista y debe tener mucho cuidado con los daños colaterales. En primer lugar, con evitar las víctimas de la población civil. Debe contar también con un plan viable, democrático y consensuado para el día después. Tiene que tener mucho cuidado con la amenaza de una extensión de la xenofobia hacia los musulmanes. En especial, en Europa donde se juntan grandes masas de población musulmana y fuertes movimientos de extrema derecha.
Mariano Rajoy ha leído con detenimiento el vademecum de las equivocaciones de Aznar. No quiere cometer ninguna. Y cualquier compromiso militar con la respuesta que lidera Francia tendrá que esperar.
Con estos dos parámetros, Podemos en especial, pero también el PSOE, están muy condicionados y no les va a resultar fácil distinguirse del Gobierno. Podemos se va a arriesgar. Ya lo ha hecho desmarcándose del pacto antiyihadista. Y el PSOE no puede enarbolar la bandera del "no a la guerra", con los ataques de París todavía calientes y un presidente socialista francés al frente de los galos. El PSOE tendrá que matizar mucho su posición y eso tendrá riesgo de invisibilidad.
Así las cosas, en estas elecciones celebradas en estado de excepción, los guardianes del orden tienen más oportunidades de ganar. Rajoy nunca pudo soñar con un escenario mejor.


Jueves, 5 de mayo

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