Opinión

Carlos Carnicero - Benegas, eternamente joven, siempre vibrando en mi memoria.

31.08.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

He necesitado reposar el fallecimiento de Txiki Benegas. Ya de regreso a Madrid, después de asistir a su entierro en el cementerio de San Sebastián, dejo en libertad mi memoria de tantos años y tantos hechos que me vinculan para siempre con este excepcional político vasco. Y, además y sobre todo, amigo del alma.
Conocí a José María Benegas, que ya era Txiki, en el año 1970. Nos estrenamos en la vida política juntos trasladando más allá de la frontera con Francia, en el coche de su padre, a una persona muy cercana a los dos que tenía que esconderse de la policía franquista. El 31 de diciembre, la carretera estaba helada y desierta. En la frontera de Irún apenas dieron atención, para nuestro alivio, a los pasaportes.
Y me hice uña y carne con él en el verano del año siguiente, en Londres, donde yo acudí en busca de un amor extraviado y él perfeccionaba su inglés una vez licenciado en derecho.
Han pasado muchos años y sigo teniendo de Txiki la imagen eternamente joven de un rebelde soñador, luchador y comprometido. Nuestros caminos políticos iban por senderos distintos pero parejos. Aprovechábamos los viajes en coche para desplazar multicopistas robadas, panfletos o compañeros. Compartimos habitación humilde en Madrid, cuando acudíamos a las reuniones de las direcciones de nuestros partidos, cada uno del suyo, por supuesto.
El ya era brillante. Joven secretario de las juventudes socialistas en el congreso de Suresnes. Desde el principio radicalmente opuesto al uso de la violencia política, su prioridad era el restablecimiento de las libertades democráticas.
Yo abandoné la política o ésta me dejó a mí, después de las elecciones generales de 1979, cuando fui candidato al Congreso de los Diputados por Guipúzcoa. Pero seguí de cerca a Txiki cuando decidí, tal vez un poco tarde, hacerme periodista.
Los había conocido a todos. A Felipe, a Alfonso, a Enrique Múgica, a Ramón Jauregui, a Nicolás Redondo. Mucho talento y mucho instinto político. En cuatro días recompusieron el PSOE, que había quedado diluido en el exilio.
Txiki era un político extraordinariamente inteligente, con un instinto innato para el diálogo y para concertar posiciones. Asistí, coincidiendo con él, a reuniones del Gobierno Vasco en el exilio; ancianos honorables que todavía eran un entrañable tapón para la eclosión del nacionalismo vasco moderno.
Coincidí y conversé con Xabier Arzalluz en el entierro de Txiki. Recordamos episodios de entendimiento entre los dos políticos vascos, basados en la confianza de la palabra dada y en la discreción. Entonces la política no se realizaba necesariamente delante de las cámaras y los micrófonos porque la solución era más importante que el beneficio político.
Nunca acepté la oferta de Txiki de afiliarme al PSOE; había tenido yo mis dosis suficientes de política imposible, cuando era imposible imaginar la política como una profesión. Y me horrorizaba la idea de que alguien pudiera pensar que estaba siendo yo favorecido por mi relación personal con él.
Sin embargo estuvimos siempre próximos y mi corazón instalado inevitablemente en la izquierda, siempre estuvo presente en las andanzas de Txiki. En los funerales de tantos compañeros, policías y ciudadanos. Desde el principio, cuando los funerales eran casi clandestinos, a la sombra de la ignominia de "algo habrán hecho". Entonces ETA gozaba de la simpatía que produce creer que contra la dictadura y sus secuelas todos los métodos son legítimos. Episodios durísimos, como los asesinatos de Enrique Casas, Fernando Múgica, Fernando Buesa y tantos otros.
Compartimos secretos y reflexiones en un respeto y una admiración que también -y me da pudor decirlo en lo que a mí concierne- sentíamos el uno por el otro.
Su instinto político, su responsabilidad y su generosidad le llevaron a estar siempre al servicio del partido. Su obsesión fue siempre la paz en Euskadi, a la que colaboró con extraordinaria competencia. Entonces la política todavía tenía prestigio.
Son conocidos de sobra los momentos fundamentales de la transición en los que Txiki fue protagonista, desde la aprobación de la Constitución, del Estatuto de Gernika y la formación del primer gobierno vasco. Perteneció Txiki a una época de grandes políticos honrados que fueron capaces de entenderse en momentos extraordinariamente complicados.
Pasaron los años y los días de gloria. Y Txiki siguió preso de sus sueños aún cuando muchas manifestaciones le fueron adversas.
Hace poco menos de un año almorzamos en Madrid por última vez. Estaba ya Txiki herido de muerte, pero seguía con el cuaderno de notas y la estilográfica dibujando nuevos sueños y nuevos proyectos.
Le interesó mi tesis sobre el papel fundamental de José María Aznar en la destrucción del entendimiento como herramienta de la política. Era Txiki, sobre todo, un hombre profundamente leal, incapaz de faltar a la palabra dada, pero con una crueldad arrolladora e inteligente para decir lo que de verdad pensaba de cada asunto.
Voy a extrañar a Txiki. Ya no quedan en activo políticos de su estirpe porque la fiebre modernizadora de la nada ha pasado la guadaña por su generación que también es la mía.
Observé de cerca, de muy cerca, como introducían el féretro en el nicho del cementerio de Polloe. Me negué a pensar que allí estuviera él. Siempre lo imaginaré eternamente joven, con el pelo revuelto al viento, ensayando discursos futuros en Hyde Park, en aquel verano del 71 en el que todo era de todos y nuestros sueños estaban compartidos.
Hay muertos que siempre estarán vivos, vibrando en la memoria. No son muchos. Pero desde luego, Txiki es uno de ellos.


Carlos Carnicero - El ministro de Interior y la fábula de Rato.

17.08.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

El Parlamento es la columna vertebral de la democracia. El pilar donde se debiera asentar nuestro sistema político. Allí se aprueban las leyes y allí se controla al Gobierno en el uso que realiza del poder. Es también el espejo donde se refleja la conducta de nuestra clase dirigente, de todos los partidos, del que gobierna y de quienes ejercen la oposición.
El pasado viernes, en la comparecencia del Ministro de Interior, "a petición propia", después de que fuera reclamada por toda la oposición, el ministro Jorge Fernández Díaz, dio una lección magistral de falta de respeto a la institución, a los ciudadanos y a la opinión pública. Sus falsedades estaban escritas y leídas sin disimulo. Pretendió el ministro que los diputados de la oposición y la prensa querían hacer escarnio de algo tan sensible como la seguridad personal y familiar de Rodrigo Rato, ex vicepresidente de Gobierno, ex director del Fondo Monetario Internacional -cuyo despacho abandonó por razones personales a mitad de mandato- y ex presidente de Bankia.
Después de varias versiones sobre una reunión que se celebró en el despacho del ministerio de Interior sin que estuviera reflejada en la agenda oficial, al final se intentó justificar el encuentro entre un imputado por delitos económicos graves y el responsable de la investigación de esos delitos por la presencia en Twitter -en donde Rodrigo Rato no tiene cuenta- de insultos, agravios y amenazas, que el ministro calificó como "fundadas". Y el ministro omitió la circunstancia de que como corresponde a su condición de ex vicepresidente de Gobierno, Rodrigo Rato es asistido por escolta en todos los actos de su vida privada y pública.
Mientras el ministro, miembro súper numerario del Opus Dei, mentía deliberadamente en el Congreso de los Diputados para evitar el ejercicio de sus responsabilidades políticas, Rodrigo Rato se paseaba en moto por Gijón y acudía a una piscina a darse un remojo, demostrando que es un hombre sin miedo a esas amenazas o que tales no le impiden desarrollar sus vacaciones como a cualquier otro español.
Atrás quedó la atenuante de que la condición puesta por el ministro para la reunión fuera "no tratar ningún extremo de la situación procesal del imputado" y se arguyó que se habían tratado exclusivamente temas de política general. Y el desmentido más radical a las explicaciones falsas del ministro lo había formulado el propio Rodrigo Rato al explicar que la reunión fue para tratar todas las cosas que le están pasando en su situación de imputado e investigado.
El ministro no se despeinó en la comparecencia. Atacó a la prensa y a la oposición por inventarse una historia donde solo había el cumplimiento del deber como responsable de la seguridad del estado, al preocuparse personalmente por la seguridad de su viejo amigo y compañero de partido, Rodrigo Rato. Es decir, había reproches donde debieran haberse producido felicitaciones por la forma personal en la que el ministro ejerce sus responsabilidades de protección. No recordó el ministro si se había reunido con otros imputados, por lo que cabe deducir que no se molestó siquiera en consultar su agenda personal.
Al final de la comparecencia, Jorge Fernández Díaz reveló que no había comunicado al presidente de Gobierno la celebración de la reunión, y que solo llamó para decírselo a Mariano Rajoy cuando el periódico El Mundo reveló que ésta se había celebrado. El ejercicio de transparencia que también pretendió el ministro, se limitó a ocultar la reunión hasta que fue descubierta por la prensa.
Desde un punto de vista sociológico, lo sucedido es una demostración más de que el Partido Popular no está dispuesto a colaborar en que los ciudadanos recuperen la confianza en las instituciones y en los partidos. El PP es partidario de mentir en sede parlamentaria para esquivar las responsabilidades derivadas de una reunión que la prensa internacional ha calificado como "improcedente" e "irresponsable".
Nadie creyó al ministro excepto los suyos. Las principales asociaciones de jueces y fiscales no tuvieron inconveniente en calificar el encuentro como improcedente y el PSOE sigue adelante con su denuncia por prevaricación, entre otros posibles delitos.
Mientras llegan a la Audiencia Nacional los legajos en donde se consideran entre otros delitos el blanqueo de capitales, y los preferentistas de Bankia siguen luchando en los tribunales contra la entidad que presidiera Rodrigo Rato en su salida a bolsa con su contabilidad falsificada, el ministro no solo no dimite o es cesado por el presidente de Gobierno, sino que todos ellos pretenden que agradezcamos a Jorge Fernández Díaz por tomarnos a todos una vez más como idiotas.


Carlos Carnicero - Agosto, la calma antes de la tempestad.

03.08.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Es una liturgia antigua: el 31 de julio se cierran las ciudades sobre sí mismas para esperar el retorno de sus moradores en septiembre. Carteles en las puertas de los comercios comunican lo que ya se sabe: se abre el paréntesis en el que hay que esperar para cualquier asunto porque todo el que puede se escapa al mar, a la montaña o a donde su bolsillo se lo permita. Muchos vuelven al pueblo para comprobar que sus raíces siguen bien amarradas a la tierra. Y de que sus patatas podrán volver a sembrarse.

En Madrid, la mitad de los taxis no pueden trabajar ni circular en la primera quincena de agosto. Y el día 15 se produce el relevo. Apenas hay tránsito por las calles; los bares y los restaurantes que permanecen abiertos reciben a los parroquianos con aire de complicidad, porque muchos se quedan en la ciudad para disfrutar de las dimensiones que debiera tener con los habitantes que de verdad caben.
La política también se esconde en agosto porque sus protagonistas se escapan del calor y buscan la calma en un intento vano de continuar siendo humanos.
Este año la diáspora tiene connotaciones de pánico. En septiembre, el 27, Cataluña celebra algo parecido a unas elecciones autonómicas en las que se pretende repetir el fenómeno del 14 de abril en toda España, que se acostó monárquica y se levantó republicana. Ahora, algunos catalanes, bastantes, pretenden levantarse independientes. El silencio sobre el verdadero reto permanece oculto detrás de unos dirigentes que pretenden pasar a la historia como héroes de una patria que quieren tejer a su medida, a la de sus intereses. No se quieren dar por enterados o no quieren que los ciudadanos sean conscientes de que fuera de España también estarán fuera de la Unión Europea. Tendrán que inventar una nueva moneda y sus fronteras tendrán aranceles para exportar sus productos. Casi todos los sueños son imposibles, pero sobre todo tienen un precio. Y este capricho es tan caro que no habría con quien pagarlo.
La política en Cataluña está en vacaciones perpetuas. Un agosto interminable en la que los problemas no encuentran solución porque ni siquiera se plantean. Todo se ha convertido en sentimientos caducados en su formulación actual porque en todas partes se resolvieron como muy tarde en el siglo XIX.
Los nacionalismos son expresiones de un populismo anclados a una historia que muchas veces ni siquiera es cierta; son como los contratos de Groucho Marx: si no sirve, se cambia por otra confeccionada a la medida.
La historia está llena de ejemplos en que muchos ciudadanos pierden la razón porque la aprietan debajo de sus sentimientos impostados por intereses de élites hasta que deja de existir. Entonces, en la locura colectiva, se formula como proyectos lo que solo son sueños, tan caros que solo se pueden pagar con la tragedia. Esta es la esencia del agosto catalán que ya dura demasiado.


Carlos Carnicero - Podemos y el republicanismo de salón.

27.07.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Vivimos en la sociedad del "postureo". Ya sé que esta palabra no está en el diccionario. Es argot. Significa la primacía de los gestos sobre los contenidos. Lo recordaba Miquel Iceta, líder del PSC, hace unos días. La gente posturea para no tener que trabajar, para que sus ademanes sustituyan a sus esfuerzos. Para fingir capacidades que no están dispuestos a trabajar para realizarlas.
Digo todo esto porque la retirada del busto del rey emérito o jubilado, Juan Carlos I, tuvo tres tomas para que los medios pudieran escoger el tiro de cámara. La caja de cartón donde se encerró la representación del anterior jefe del estado era tan cutre que no se hubiera aceptado en un contenedor de basuras por inmundicia. Puro "postureo" estudiado con marketing milimétrico para alcanzar objetivos políticos que escenificasen el repudio a la institución de la monarquía. Pero de boquilla. El debate sobre la pobreza, que era objeto del pleno en el ayuntamiento de Barcelona el día del postureo del busto de Juan Carlos, fue devorado por el rodaje descrito. Luego el PP contribuyó a la charlotada poniendo una foto del Rey. Los unos, iconoclastas; los otros más papistas que el Papa. Y así nos va.
Reflexionemos sobre el "postureo". Ha habido un cambio político importante en los ámbitos locales y autonómicos. Era previsible por el hartazgo de una parte importante de la sociedad española frente a la corrupción, la inoperancia, la falta de transparencia y democracia en los partidos. Y sobre la forma en que se está abordando la crisis que perjudica a los que menos tienen y está haciendo más ricos a los que tenían mucho.
No hay un eje claro izquierda derecha. El cambio viene desde la transversalidad y la indefinición. Los que pretenden sustituir a la casta establecida por ellos mismos como casta, posturean continuamente. Fundamentalmente para no concretar sus posiciones políticas ni adquirir compromisos programáticos. Realizan un republicanismo de salón para disimular que no se han definido sobre la forma de gobierno que propugnan. Humillan la figura del anterior jefe del estado porque no se atreven a promover la república.
Siento un respeto tremendo por la república. En Francia no se entiende el patriotismo sin invocar la República como contenedor de los derechos y las libertades de los franceses. Me pongo enfermo cada vez que alguien quiere negar legitimidad a nuestra República como tránsito para justificar el golpe de estado de Franco.
Intentar la alquimia representativa de la monarquía como contenedor de las aspiraciones de los ciudadanos es tarea imposible, porque lo que se rige por la herencia de la sangre solo puede tener un carácter religioso; nunca laico. Y la vida civil, la sociedad, debe ser laica para ser democrática.
Plantear políticamente la opción republicana exige tener respeto por la Constitución. Y para hacerlo inteligentemente, para tener mayores posibilidades de éxito, requeriría evitar la sensación de que una panda de niñatos no tiene otra cosa que hacer que desarrollar performances como la de los artistas que se hacen caca en el suelo del museo que les acoge. La caca, como el circo, da mucho que hablar.
Si Ada Colau o Pablo Iglesias quieren plantear seriamente la opción republicana, escucharé con mucho respeto sus argumentos y hasta pueden que sean también los míos. Para rodar spots sobre la retirada del busto de don Juan Carlos, me temo que no dispongo de tiempo para prestar atención.
El concejal Zapata, del que dicen que tiene la cabeza bien amueblada, postureó con sus chistes obscenos e insoportables sobre judíos, mujeres asesinadas y otros de índole absolutamente machista, que no han trascendido. Posuteraba de enfant terrible en una sociedad que lo que necesita son ideas, proyectos y propuestas. Reírse de seis millones de judíos asesinados por el nazismo no admite coartadas de humor negro. Pero probablemente es la forma más rápida de adquirir notoriedad sin dar un palo al agua. Y encima negarse a admitir responsabilidades políticas por asuntos que en cualquier país le hubieran llevado a la cárcel.
Todo es postureo. Pedir y manifestarse por la libertad de un tal Alfon, cuyos mayores méritos son portar una mochila con explosivos en una manifestación y tener antecedentes de machista violento, es una forma rápida y probablemente eficaz de pretender estar contra el orden establecido. Se manifiestan en su apoyo quienes pretenden estar contra la violencia de género y contra el terrorismo.
Todo esto difunde un humo espeso que nos impide ver lo que realmente es importante.
La llegada de Podemos y sus organizaciones hermanas es lógica, razonable y legítima. Hasta ahora, habían denunciado hasta el color de las farolas. Ahora tienen que definir sus proyectos, unificar sus criterios y gestionar el poder que les han conferido los ciudadanos en las urnas. La televisión, la condescendencia y suficiencia insoportable de Pablo Iglesias se ha convertido en un boomerang. Su asesor de imagen le debe estar aconsejando algo más que un corte de pelo.
Como todo proyecto sobredimensionado, cuando se ven las primeras maquetas se empieza a desmoronar. La nueva política basada en la consulta constante a las bases ha acabado en fracaso. En las primarias de Podemos, hechas a la medida de Pablo Iglesias, han participado el quince por cierto de los electores inscritos. El asamblearismo ha sido sustituido por el centralismo democrático, técnica leninista de controlar el partido. El nepotismo empieza a hacer aparición en la clásica contratación de parientes que era patrimonio, hasta ahora, de la casta. No han tocado todavía los presupuestos que van a gestionar y ya han sido incapaces de ejemplarizar con sus actitudes.
Tengo la sensación de que el globo se está deshinchando. No es lo mismo posturear que gestionar. Y hasta ahora, la performance es una tarea que se les de bien. Como dice mi siempre admirado El Roto, cambian los nombres de las calles, pero los baches y la basura siguen estando ahí.


Carlos Carnicero - Artur Mas, un ludópata de la política.

20.07.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

En realidad, los ludópatas no tienen adicción patológica a los juegos de azar. Su esclavitud es el riesgo extremo. No juegan para ganar sino para perder. Porque las consecuencias de la insatisfacción con los premios obtenidos no colman su dependencia. Necesitan llevar el riesgo hasta el extremo en donde es metafísicamente imposible salir victorioso.
Todo esto viene a colación del muy honorable presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Mas. Lo ha tenido todo. Fue el delfín de Jordi Pujol cuando se creía que era una persona honesta y un patriota comprometido. Ahora sabemos que sus patrias eran Andorra y Suiza. Mas ganó las primeras elecciones por mayoría absoluta y disolvió anticipadamente el Parlamento para perder 12 escaños y depender de Esquerra Republicana. Convocó un referéndum ilegal y cuando se dio contra la pared del Tribunal Constitucional transformó la consulta en una bufonada sin pies ni cabeza.
La ludopatía política de Artur Mas, como es consustancial a esa patología, sobre todo en quienes no se ponen en tratamiento severo, le conducirá a la ruina total de su patrimonio político del que ya no queda mucho. Pero él insiste.
Veamos. La independencia de Cataluña es un anhelo político legítimo, pero carece de cualquier base legal. El llamado "derecho a decidir" es una expresión tramposa en cuanto a que infiere la existencia de un derecho que no existe. La independencia es imposible salvo por un acto de fuerza o guerra. Primero, porque el derecho de autodeterminación, contemplado en la carta de Naciones Unidas, no encaja en Cataluña, puesto que se refiere a situaciones bélicas y a colonias. En segundo lugar, no está contemplada esa posibilidad en la Constitución Española. Y, en tercer lugar, porque esa hipotética e imposible salida de España convocaría un Cataxit, es decir, una quiebra de esa comunidad autónoma, su salida de la Unión Europea y de la zona Euro y la necesidad de inventar y poner en circulación una moneda propia. Un muy mal negocio que quienes lo patrocinan tratan de ocultar.
Como Artur Mas se ha quedado sin fichas para jugar en el casino de la política española -sus partidas ya no interesan a nadie- y ha perdido impulso la querencia emocional independentista en Cataluña, el president se ha inventado un nuevo juego en donde realizar su última apuesta. Naturalmente perdedora: unas elecciones "plebiscitarias" -concepto político que no existe en la Constitución Española en donde las consultas legales a los ciudadanos se hacen mediante referéndum convocado por la institución que goce de esa prerrogativa- en donde los independentistas acudirán en una lista única con la pretensión de que si gana, a continuación, proclamarán unilateralmente la independencia de Cataluña.
Me gustaría hablar todos los idiomas oficiales de la Unión Europea para hacer el test de cuántos de esos ciudadanos pueden llegar a entender lo que está pasando en Cataluña.
Las charlotadas fueron y son un remedo bufo de las corridas de toros para que pudieran acudir los niños en vez de ir al circo. Y la convocatoria del 27-N es una charlotada que además secuestra la democracia en Cataluña convirtiendo las elecciones autonómicas para formar gobierno y sacar adelante un proyecto político en una hipotética consulta plebiscitaria para salvar la ensoñación ludópata de quien fue ungido por Jordi Pujol, del que se procura hablar lo menos posible.
Resumiendo, el president de Convergencia Democrática de Cataluña y del gobierno de la Generalidad irá en las listas de esas elecciones como número cuatro. Desde esa posición de camuflaje gobernará y encabezaría la secesión. Y en esa lista única que devora una parte sustancial de la pluralidad inherente a la democracias, irán personas independientes de supuesto prestigio, la encabezará un político de un partido minoritario como reclamo y se repartirán los escaños que queden con un sistema proporcional y de cremallera entre los dos partidos muñidores de esta tragedia.
Confieso que la ludopatía del señor Mas me tiene agotado. Estoy deseando que no le dejen entrar en ningún casino político y que sus familiares políticos le incapaciten para que no pueda seguir dilapidando ese maravilloso país que es Cataluña, que fue lugar de gente emprendedora que supo sacar provecho de su situación geográfica y de la mano de obra barata que le llegó de los lugares más pobres de España.


Carlos Carnicero - El miedo ya no funciona como arma electoral.

13.07.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Hay un sustrato infantil en la política del PP. Pero confieso que tengo algunas dudas sobre su eficacia. Desde luego ellos, los cerebros de la estrategia electoral del partido de Mariano Rajoy, deben tener fe en esos procedimientos porque actúan con disciplina germánica. En ausencia de autocrítica -otra constante en su metodología política- su estrategia para superar el declive es una mixtura entre la recuperación económica y el miedo expandido sobre lo que ahora llaman "radicales". Desaparecido el eje político izquierda/derecha, el recurso es englobar a toda oposición en la categoría de antisistema, "las izquierdas" y los radicales, en donde naturalmente pretenden instalar al amplio espacio que existe desde el PSOE hasta la izquierda más extrema.
Han jugado fuerte la baza griega. Han tratado, una vez equiparado Syriza con Podemos, demostrar que la mera existencia política de organizaciones de esa naturaleza pone en peligro la estabilidad del sistema de bienestar que el Partido Popular ha estado a punto de destruir. El problema es que la recuperación económica -innegable desde parámetros de macro economía- no alcanza el bolsillo de los españoles. Ni siquiera con la propina de la rebaja del IRPF, realizada en la más genuina tradición del clientelismo electoral populista. Nadie habla del abismo entre las retribuciones de los ejecutivos del IBEX 35 y los asalariados de a pie.
Se crea empleo, pero precario. Y las perspectivas de crecimiento del PIB no guardan relación correspondiente con la esperanza de crear empleo, y mucho menos de calidad. Hay alianzas internacionales coyunturales que juegan a favor del gobierno. La depreciación del Euro favorece las exportaciones. Los atentados yihadistas de Túnez pueden desviar turismo de playa hacia las costas españolas. Y el rejuego de los precios del petróleo compensa la depreciación del Euro. Pero la crisis griega, sin haber hecho llegar la sangre financiera de Europa al río, no se puede dar por agotada ni siquiera con un hipotético acuerdo para un tercer rescate de Atenas.
Hagamos algunas reflexiones.
El referéndum griego, con todas sus contradicciones, ha puesto en evidencia dos déficits de la estrategia del norte frente al sur. En primer lugar, pese a la obscena campaña realizada desde las instituciones europeas para inmiscuirse en la soberanía griega en el referéndum, ha ganado la opción más humillante para los tecnócratas de Bruselas y del Fondo Monetario Internacional. Con un apabullante resultado, los griegos se han sobrepuesto a las campañas de coacción y miedo y han votado por su dignidad antes que por su contabilidad. Han sustituido la calculadora por la política. Y aunque la resultante haya sido una propuesta del gobierno y la oposición griega que no difiere mucho de la que rechazó el gobierno griego antes del referéndum, han puesto sobre la mesa la dignidad de una nación pobre, pequeña, desindustrializada y empobrecida. ¡Casi nada!

Han sentado un precedente. Se puedo sacar pecho frente a la prepotencia de Alemania y sus satélites. Y no es el cataclismo, aunque la situación final no sea realmente buena.
Empiezan a surgir voces sensatas que apuestan por una salida ordenada y responsable de Grecia del Eurogrupo para recuperar su política monetaria con grandes dificultades a corto plazo pero con expectativas de establecer una economía sostenible a medio plazo con el Dracma como alternativa al Euro. Sin duda la divisa europea es un peso pesado. Ha permitido enormes acumulaciones de capital en los segmentos privilegiados de las sociedades europeas, sobre todo de las más poderosas. Pero ha aumentado las desigualdades. Cada día los ricos son más ricos y los pobres más pobres. Se ha sustituido la vieja ensoñación europea del estado del bienestar y la redistribución de la renta por las recetas anglosajonas de abrir autopistas económicas para los poderosos. Y que las migajas atrapen en el consumo a los más desfavorecidos. El sueño europeo fundacional se está hundiendo. Y la señora Merkel y la reunificación de Alemania inauguraron un tiempo en que el país que destrozó dos veces Europa en las dos grandes guerras ha perdido casi todos los complejos. Solo le queda el Holocausto como un compromiso permanente con la política del Estado de Israel. Ningún otro complejo de culpa y ninguna responsabilidad de un liderazgo europeo solidario. Ahora las divisiones acorazadas son meramente económicas.
A medida que la propaganda contra Grecia se está demoronando quedan evidencias insoportables encima de la mesa. Por sintetizar: Grecia fue prácticamente destruida por Alemania durante la II guerra mundial. Un millón doscientos mil griegos muertos durante la ocupación en un universo de ocho millones de habitantes en aquella época. Alemania nunca pagó un centavo de la deuda de guerra contraída con Atenas. Siete mil millones de dólares de 1946. Luego Grecia siguió asolada por una cruenta guerra civil y con la dictadura militar. Y para colmo de males, gobiernos corruptos de izquierda y derecha falsificaron las cuentas para entrar en el Euro, adquirieron créditos a cambio de sobornos con bancos alemanes y franceses, sobre todo, para comprar fundamentalmente armas. Ese es el origen de la deuda griega, sin desestimar una sociedad clientelar en la que la fiscalidad era una broma y los subsidios un sistema caciquil de clientelismo electoral.
Ahora Grecia ya no debe dinero a los banqueros alemanes y franceses porque los directivos de la Unión Europea han nacionalizado las deudas y los bancos ya no tienen acreedores. Los tenemos los ciudadanos europeos. Exactamente igual que hizo en España Rajoy con las aportaciones de capital a las crisis de las cajas de ahorros españolas. De eso cada vez se habla menos.
Como Angela Mérkel no ha derrotado a Syriza en el referéndum griego, la amenaza de una rebelión de los países pequeños contra el directorio alemán que controla los mecanismos de la Unión Europea es un peligro acrecentado. Ya no será tan fácil que el Banco Central o la propia señora Mérkel -que no oferta disimulos del control que tiene sobre la economía europea- impongan sus condiciones sin pararse a pensar en los ciudadanos de los países más pobres. La tesis de que un Euro de dos velocidades no es tan atractiva, se acabará imponiendo.
Por eso Rajoy se ha sumado al carro del peligro que significa para el establishment tradicional la eclosión de alternativas políticas rupturistas. Estaba cantado que iba a ocurrir por el desprestigio de los partidos tradicionales. Y cuando se ha consumado el cambio, la respuesta es el miedo a los efectos que la corrupción y la inoperancia de los partidos tradicionales ha generado como una alternativa irremediable.
Pero había que meter en el saco al PSOE para despejar el camino de la victoria electoral del PP. Ahora, el principal partido de la oposición se ha convertido en una amenaza radical de peligrosos extremistas que se ha entregado a Podemos. Produce sonrojo intelectual pretender que Pedro Sánchez sea un aprendiz de comunista. Pero en la mecánica propagandista del PP siguen pesando que la repetición de cualquier hipérbole imposible llegará a producir efecto gracias al miedo. En realidad, merced a la dignidad del pueblo griego, se ha demostrado que el miedo ya no es un arma infalible y que tiene efectos colaterales que dañan a quienes disparan esos proyectiles.


Carlos Carnicero - Europa ante el abismo, del Yihadismo a la crisis griega.

29.06.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

En las últimas horas, los atentados yihadistas sincronizados en Francia, Túnez y Kuwait y las noticias de la ruptura de las negociaciones del Eurogrupo con Grecia, que coloca a este país en las puertas de la bancarrota y de la salida del Euro, han hecho saltar las alarmas de las redacciones informativas. Un final de semana apasionante en donde las dos noticias pugnaban por ocupar las primeras páginas de los diarios de todo el mundo.
La historia está llena de ejemplos en donde graves acontecimientos sin aparente conexión se han sincronizado para producir resultados devastadores. Y, en casi todos los casos, la falta de respuestas inteligentes y decididas han motivado escaladas imparables.
El yihadismo es una amenaza de primer nivel. Por primera vez es algo más que ataques terroristas para echar pulsos a los "países infieles" y a las potencias occidentales. Disponen de al menos dos estados con organización propia, recursos, bases de entrenamiento y lugares de concentración a donde acuden voluntarios de muchos países, entre ellos europeos. Disponen de financiación y controlan recursos naturales.
Libia se ha convertido de facto en una filial del Estado Islámico. Con ingentes recursos financieros, lo que era un estado fallido se ha convertido en una base de reclutamiento y entrenamiento del Estado Islámico. Libia tiene fronteras con Túnez, Argelia, Níger, Chad, Egipto y Sudán. No es difícil comprobar que todos esos países tienen en común el establecimiento de terrorismo yihadista. Más abajo está Mali, y muchos de estos países forman parte de lo que geográficamente se llama El Sahel, un basto territorio que separa el desierto del Sahara del Africa subsahariana. Estos inhóspitos territorios están controlados por bandas yihadistas que colaboran con Al Qaeda y probablemente, ahora con el Estado Islámico. En los últimos años, decenas de occidentales que se han aventurado en estos territorios han sido secuestrados y se han pagado jugosos rescates por su libertad lo que constituye un renglón fundamental de la financiación de estos grupos terroristas.
Puede parecer recurrente hacer inventario de los errores cometidos por Estados Unidos y sus aliados europeos. Desde la invasión de Irak que sirvió exclusivamente para derrocar a un dictador sin conexiones con el yihadismo, sino todo lo contrario, y para establecer el caos en un punto crucial de las relaciones en esa zona del mundo. La apuesta inicial por el derrocamiento del dictador Bashar Hafez al-Assad ha derivado en la potenciación de un ejercito yihadista. Quizá el caso de mayor estupidez no confesada sea el de Libia. De repente, Muammar El Gaddafi, el amigo generoso de muchos mandatarios europeos, se constituyó en problema prioritario. Las implicaciones investigadas sobre las donaciones clandestinas de Gaddafi a Sarkozy fueron uno de los detonantes de las operaciones militares para derrocar a Gaddafi. Su linchamiento no impedido por nadie silenció para siempre los secretos del dictador libio con sus amigos de Occidente.
Ahora Libia es un estado fallido pero manejado en gran parte de su rico territorio por El Califato. Hace tiempo que los servicios de inteligencia españoles manejan información sobre Libia como paraíso de reclutamiento y entrenamiento de yihadistas que parten a las zonas de guerra entre Irak, Siria y Turquía. No hay autocrítica, pero si inacción, con la excepción de ataque selectivos de Estados Unidos para abatir a dirigentes islamistas.
Ni Estados Unidos ni sus aliados árabes y europeos han demostrado tener un plan eficaz para hacer frente a estas amenazas. La coalición internacional que bombardea las posiciones del Califato ha demostrado su división y su ineficacia. Y de Libia apenas se habla. Tal vez porque ponerla en primer plano sería dar actualidad a la increíble torpeza europea y norteamericana en este país.
Solo ha habido una resultante positiva de tantos errores cometidos. El deshielo entre Estados Unidos e Irán ante la constancia de que no se podía tener tantos enemigos y había que entenderse, una vez más, con los enemigos de sus enemigos.
Mientras tanto, la Unión Europea se enfrenta a la mayor crisis desde su fundación. La ruptura de las negociaciones con Grecia y el peligro inminente de la quiebra de este país y su salida del Euro, hace inevitable una pregunta inquietante. ¿Cómo es posible que un pequeño país que solo tiene once millones de habitantes y su economía poco más del 2% del PIB de la Eurozona se haya convertido en una amenaza para la supervivencia del propio proyecto europeo?

El directorio que gobierna la Unión Europea estableció que no se admitían precedentes que dejaran sin castigo a los insumisos financieros. También se estableció que los griegos respondieran de los graves errores de sus anteriores gobernantes. Incluso desde Grecia se recordó que las deudas alemanas derivadas de la II Guerra Mundial no se podían cargar sobre los alemanes que sobrevivieron al III Reich.
Los líderes europeos, acompañados por el FMI, no han disimulado su prepotencia para establecer la prioridad de los principios de corresponsabilidad financiera con la dramática situación de Grecia. Un problema que era puramente financiero y contable se ha convertido en una amenaza para la Unión Europea en su conjunto. No preocupa tanto el establecimiento de un precedente que rompa el mantra de que al Euro se accede pero no se sale. La deriva de una gravísima crisis social en Grecia, en donde el populismo fascista en una amenaza parlamentaria real, no ha importado tanto como el mantenimiento del dogma del cumplimiento de los acuerdos.
Nos piden que nos fiemos de los mecanismos de control financieros para evitar el contagio del derrumbe griego. ¿Quienes controlan la economía mundial, por fin han aprendido de los errores y de la falta de control sobre el sistema financiero de las anteriores crisis? ¿Estamos seguros de que los cortafuegos funcionarán en esta ocasión?

Si lo que preocupa es la imagen de debilidad ante la insumisión griega, no deberían medir su importancia frente a una crisis para los países periféricos que puede desencadenar un efecto dominó y, sobre todo, la ruptura de la confianza sobre la Unión Europea misma.
Europa tiene además otros frentes abiertos. La montaña creciente de la inmigración descontrolada y sus derivadas crisis humanitarias. Y, claro, las tensiones crecientes con Rusia en un mundo multipolar en el que ya no hay poderes hegemónicos y en donde la política exterior de la Unión Europea carece de unidad y eficacia.
Podrá pensarse al leer este artículo que se han metido en un mismo cesto peras y manzanas. Así es, pero en el contagio por corrupción las especies frutales no entienden de diferencias.


Carlos Carnicero - El PP estrena chapa y pintura.

22.06.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Al comprar un coche usado no hay que dejarse engañar por la chapa y la pintura; tampoco por el pulido de las llantas o los neumáticos brillantes de cera. Lo importante no se percibe a simple vista. El motor, los frenos, la suspensión y la caja de cambios requieren rodaje para demostrar su idoneidad.
Mariano Rajoy no es capaz de cambiar el motor del PP porque su estado natural es la indolencia del estatismo. Se fía de lo que es y de lo que tiene, independientemente de que se enciendan los testigos de los mecanismos vitales de la maquinaria del partido y del gobierno. Se limita a mandar el partido al chapista, para que le pase la mano y pueda vender mejor una mercancía inalterable. No hay reformas sino remedos.
Las dos estrellas del cambio estético del PP son Jorge Moragas y Pablo Casado. El jefe del gabinete personal del presidente es un hombre en la sombra, discreto, diplomático en excedencia, moderno -mochila, casco y scooter urbano- y leal a los secretos que le confieren su cargo.
Pablo Casado es típico producto de nuevas generaciones. Excelente currículum académico y ninguna experiencia profesional. Nació en la política y a ella se debe. Creció a la derecha de José María Aznar, a quien idolatra. Facilidad de palabra que le convierte en un vendedor ambulante de mensajes aprendidos. Intelectual del eslogan y la frase hecha. Un clon de Esperanza Aguirre de quién aprendió la suficiencia de quien no puede admitir ni entender que alguien discuta su razón o cuestione su discurso. Tiene la verdad revelada.
Claramente de derechas, con un discurso clásico anticomunista, con ese desparpajo para meter en un saco a la "izquierda radical". Si por él fuera, la izquierda no existiría porque la considera perniciosa e innecesaria.
A Jorge Moragas, Mariano Rajoy le ha dado las llaves del laboratorio para que muña la receta de la remontada electoral en el universo de pesimismo que envuelve al PP después de las elecciones municipales.
El verbo florido y artificioso de Pablo Casado es el vehículo de propaganda para invertir la tendencia de un cansino Carlos Floriano o de un intempestivo y torpe Rafael Hernando. Pablo Casado hablar tan de corrido como un repentista de décimas que tiene que empalmar un verso con el siguiente sin importar más que la rima. El contenido es un vademécum de tópicos que se ha aprendido igual que la lista de los reyes godos.
Con este bagaje, sin permutas de gobierno, pretende Mariano Rajoy dar por zanjados los cambios que a regañadientes comprometió días después de las elecciones municipales.
Como siempre, el presidente achaca sus males a problemas de comunicación. Hay que especificar que la comunicación se concibe en el Partido Popular como una fabricación en cadena. Los gurús crean los argumentarios. Una suerte de tópicos encadenados para lanzar un mensaje o combatir una crítica. Lo reciben los cuadros del partido. Reaccionan como una maquina parlante a la que les echas un euro y te diagnostican el futuro. También lo reciben los periodistas de guardia del partido. Repetirán los mensajes en tertulias y artículos sin que se permitan la licencia de un adorno. El argumentarlo es el Corán instantáneo de los dirigentes y periodistas del PP que recitan en los momentos de oración con cadencia que termina por ser cansina.
La autocrítica es una práctica inexistente en el Partido Popular. El día que se oiga a un dirigente de este partido reconocer un error, será un mensaje metafísico del final del partido.
Ahora a Moragas le toca cocinar y a Casado buscar hueco en las plazas públicas. No calla, como los antiguos vendedores ambulantes. Como ellos quiere colocar una olla exprés a quien buscaba un par de medias. Ahora es más difícil que antes porque la peña maneja mucha información. Pero no importa, seguirán queriendo vender su coche usado aunque por dentro no funcione. La chapa y la pintura están remozadas.


Carlos Carnicero - De la contrarrevolución conservadora al cambio.

15.06.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

En el universo de Esperanza Aguirre y de Rita Barberá se había establecido el paradigma de que a los poderosos había que allanarles el camino porque su riqueza soltaba migajas que salpicaban a todos. El asentamiento de la corrupción favoreció la riqueza instantánea. Y con ella, salarios, aunque magros y temporales. Los recortes han sido tan insoportables, adobados de corrupción, que han desalojado a la derecha de los grandes ayuntamientos. Han perdido Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia y Zaragoza. ¡Casi nada!

Ya no se recuerda la ensoñación de la ciudad del juego que iba a desarrollar la baronesa complaciendo al magnate Andelson, incluso levantando la prohibición del tabaco en sus tugurios de lujo. Si se van a crear puestos de trabajo, que importan las mafias del juego. Ecuaciones meramente utilitaristas. Católicos, excepto de la cintura para abajo y de la ruleta de la suerte.
Aquello no salió bien solo porque las autoridades madrileñas no se bajaron suficientemente los pantalones. A Andelson se lo ponían más fácil en Macao. Deslocalización del vicio. La nueva era del ladrillo fácil se ha retrasado un poco. Ahora, con los nuevos ayuntamientos y comunidades, se aplazará indefinidamente. Espero. Ahora deben revisar la privatización de servicios mediante contratas. Espero que Carmena revoque la que gestiona los parquímetros de Madrid, en donde hace casi hace falta ser titulado para introducir los datos. Si te equivocas en algo, pagas multa como si no hubieras sacado el papelito. Se urbanizará algo más que las millas de oro de las ciudades y los marginados volverán a ser ciudadanos.
Imagínense, pongo por caso, que la despedida de Rita Barberá Y Esperanza Aguirre, arquetipos de la era municipal que se ha acabado, fuera una mesa de camilla. Junto a Manuela Carmena y Ada Colau. Té con pastas para las primeras y café con leche para las segundas. Y de fondo, un nuevo tamayazo que no ha sido posible porque hubiera sido insoportable. Candidatos, tentados, los ha habido seguro. No se han atrevido.
El lobo, del que tanto han avisado los pastores de esta sociedad financiera, ha llegado por fin. Y no se han comido ningún cordero. Los lobos tienen que demostrar que saben gobernar para quienes no han tenido nunca padrino.
Se abre un tiempo de incertidumbre hasta las elecciones generales. Desde el 14 de abril de 1931, En España los cambios siempre han empezado en unas elecciones municipales. En 1979, los pactos entre el PSOE y el Partido Comunista en los ayuntamientos potenciaron el gran cambio político en las elecciones generales de 1982. Luego, 13 años de gobierno socialista, hasta que los episodios de corrupción que emergieron en el último tramo de los gobiernos de Felipe González, propiciaron la eclosión del aznarismo. Hizo falta que Baltasar Garzón, Pedro J. Ramírez y José María Aznar sincronizaran su ofensiva para tomar La Moncloa. Se utilizaron los muertos del Gal para escalar el castillo. Daba igual. "¡Váyase señor González!"

En parte hemos vuelto a la casilla de salida. La corrupción destapada en los últimos años ha puesto al PP contra las cuerdas. La diferencia es que ahora el PSOE no es fuerza hegemónica, aunque objetivamente, con menos votos tiene mucho más poder municipal que antes del 24 de mayo.
Si los nuevos ayuntamientos consiguen en menos de seis meses demostrar que son eficaces y gobiernan para la mayoría, en las generales se puede consumar un cambio político difícil de gestionar por la fragmentación de la izquierda y las incógnitas que todavía penden sobre el partido o movimiento en torno a Pablo Iglesias.
Es esta un película de riguroso estreno. Madrid, gobernada por una mujer que siempre ha sido de izquierdas, con más de setenta años y que ha generado una suma de votos procedente de distintos sitios. Conozco a mucha gente que ha votado a Carmena para el ayuntamiento y a Gabilondo para la Comunidad Autónoma. No es solo una revolución de jóvenes intrépidos sin complejos. Esto tiene calado intergeneracional.
Y en Barcelona, la luchadora contra los deshaucios, Ada Colau, ha introducido su camiseta en la Plaza de Sant Jaume.
Resulta que ahora si hay dinero para becas escolares. Que se pueden hacer gestiones rápidas con la Banca para parar los desahucios. Que los comedores escolares para niños sin recursos se pueden abrir en verano. Que alguien está dispuesto a hacer algo frente a las estadísticas de desnutrición infantil en el país de la abundancia.
Ha cundido la alarma en el universo de los biempensantes. Rita Barberá y Esperanza Aguirre ya no están en la pomada, aunque seguirán enredando en la medida que puedan. Los cambios siempre son así. Producen adhesiones y pánico. Y en esa dialéctica ha discurrido la historia. Me he pedido un asiento en primera fila para no perderme detalle.


Carlos Carnicero - De nuevo el miedo y las encuestas.

08.06.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

No han convocado un congreso extraordinario en Madrid aunque fuera para enviar a Esperanza Aguirre al trastero. No han hecho una convención para analizar los errores que han decantado el resultado del 24-N. Ni siquiera ha habido una cascada de dimisiones. Es mucho más fácil afirmar, de manera inducida, que los electores se han equivocado. Y, luego, el miedo, siempre el miedo. Son tan ingenuos como para pensar que los electores se van a asustar con el resultado del voto que acaban de emitir.
El PSOE, que consagró la pérdida de su fe socialdemócrata con un Zapatero seducido por el republicanismo ciudadano -para él monárquico- de Philip Petitt, se convierte ahora, en la estrategia de Rajoy, en un enemigo que quiere destruir el estado. Argüir ahora que el PSOE sufre un peligroso radicalismo izquierdista es desconocer el alma profunda de esta generación de socialistas. Se trata solo de estrategias de poder, los pactos, para consolidar poder territorial que les impulse a La Moncloa. Eso, queridos amigos, es la esencia de la política: la tensión permanente para alcanzar o permanecer en el poder. Rajoy quiere meter miedo con "la deriva izquierdista del PSOE" para que las aguas vuelvan al redil putrefacto en que se ha constituido la política.
Mariano Rajoy lo sabe. Debiera haber sabido, en vísperas electorales, que proclamar "Rita, eres la mejor", estando la alcaldesa de Valencia rodeada por la corrupción, era el último acto de un suicidio político. Rajoy, como todos, tiene la tentación permanente de ser fiel a su propia naturaleza. Y como no ha sido capaz de disociar sus tozudeces de sus debilidades, busca y buscará siempre una salida que no colisione con su ser íntimo.
Han comenzado de nuevo las encuestas para dirimir si una milésima de cambio en la voluntad confesada por los encuestados nos podría devolver la esperanza de normalidad; es decir el status quo.
En los próximos meses, en lo que falta para las generales, se producirá la prueba de fuego de ese peligroso izquierdismo que quiere utilizar Rajoy para recuperar el espacio perdido. Todos los focos conservadores pendientes de Ada Colau y de Manuela Carmena. Se han hecho tantas cosas mal que es difícil que las alcaldesas de Madrid y Barcelona metan la pata. Sobre todo en Madrid, en donde la gestión de Ana Botella ha sido catastrófica en muchos acápites.
Si se comprueba, como creo que se comprobará, que gobiernan para la mayoría de los ciudadanos, que acaban con las contratas sin sentido, con el afán recaudatorio de parquímetros y multas, y que devuelven las becas de comedor y la ayuda a los marginados, las amenazas y el miedo se volverán contra sus promotores. Y se comprobara que en democracia gana el que más votos tiene y no quien más intereses representa.
Los pactos que se están cocinando lentamente darán lugar a una inmensa pérdida de poder municipal del PP; un ejército de descontentos sin cargo público. Pérdida de redes clientelares. Ejercicio de la política sin poder institucional después de muchos años de hegemonía.
Se seguirán haciendo encuestas en una sociedad demoscopizada que se empeña en conocer el futuro con antelación como resultado de la sociedad instantánea y líquida que hemos construido.
Habrá mucha tozudez inducida por el pánico al cambio. Pero los días de Bárcenas, Esperanza, Rita, o Púnica están contados. Por lo menos hasta que crezca una nueva generación de corruptos que ya terminan el bachillerato.


Carlos Carnicero - Rajoy, hierático hasta la derrota final.

01.06.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Se oye el ruido de segadoras alrededor de Rajoy. De momento salva las piernas solo porque no tiene recambio que le amenace. Si hubiera ganado Esperanza, Rajoy estaría liquidado. Hay quien piensa que el maquiavelismo latente del presidente le impulsó a designar a Aguirre para terminar de liquidarla, aún a costa de la debacle en el ayuntamiento de Madrid.
Ahora se ha instituido que la culpa la tienen las televisiones traidoras. En Moncloa no se pueden creer que la chapuza que permitió la concentración de las cadenas repartidas por Zapatero en feudos amigos haya acabado en traición.
En la derrota lo más fácil es echar la culpa a terceros en un intento de eludir responsabilidades propias. Rajoy confió una vez más en Pedro Arriola y en el mantra de la recuperación económica. El problema es que en la calle no se nota mucho la recuperación del IBEX 35 y de la macroeconomía.
Este no es un país empresarialmente serio, con excepciones, claro. Siguen haciéndose contratos basura, la exclusión social se ha estabilizado en cifras aterradoras y la corrupción es el contrafuerte de una desigualdad galopante.
Y, además, las cadenas de televisión están encantadas con la audiencia que les han dado los discursos incendiarios de Pablo Iglesias y la inocencia impostada de Albert Rivera. Las dos grandes novedades frente a un discurso previsible de los partidos tradicionales. Pedro Sánchez salva los muebles y parece que de una vez el PSOE se está haciendo mayor y deja de jugar con las primarias.
En este escenario, con los resultados en la calculadora, es un suicidio político que el gran perdedor, el PP, no haga nada. O lo haga tan a regañadientes que parece que no lo hace. En política, las cosas son cada vez más solo lo que parecen sin importar si de verdad son.
No quería hablar ni de Messi ni de la gran pitada del himno nacional. La final de Copa es como la Eurovisión del rechazo a lo que siempre se llamó patria. Necesitaríamos un psicoanalista argentino para desenmarañar el odio profundo al padre de muchos españoles que no quieren serlo. Pero no hay actitud más española que ese rechazo a la nación, como un complejo de Edipo que se tejió en la gran decadencia española durante siglos y se hizo carne en la hipnosis del 98.
La izquierda ha fracasado en la creación de un patriotismo constitucional donde se sintieran cómodos los españoles. La aldea puede más que la nación y las frustraciones del pasado no han sido sepultadas por un proyecto integrador. Mal remedio tiene porque el amor no se impone, se conquista.
Hay otras cosas que han cambiado. Por si faltaba un retrato definitivo del declive del PP, las imágenes de Rita Barberá -"¡Que hostia nos hemos dado!"- y de Esperanza Aguirre, como una niña mal criada queriendo reeditar el tamayazo, sentencian el final de una época. Y además, sin siquiera una semana de plazo desde el día de la votación, le pillan al delegado del Gobierno en Valencia con las manos metidas en el cajón. Me temo que la regeneración democrática del PP está estancada.
No hay imagen de recuperación que amortice tantos desatinos. Se acuerdan del mitin en Valencia de Rajoy, exclamando "¡Rita, eres la mejor!. Lo malo de ejercer de César es que te aclaman mientras las cosas parece que van bien y te crucifican, como único responsable, cuando metes la pata. Todavía no sabemos quien es el Bruto de Rajoy, pero seguro que está afilando el cuchillo. De momento, le han dejado solo en el escenario.
El plazo para las elecciones generales es corto, envuelto en el sopor del verano. Y con el paso cansino que tiene Mariano Rajoy para cualquier cambio, y más si conlleva riesgos, me temo que la suerte está echada para el presidente del PP y del Gobierno.
Los pactos para formar gobiernos van a ser la prueba de fuego para los políticos españoles, acostumbrados más a la descalificación que al entendimiento. Estamos en plena ofensiva del establishment contra lo que consideran aventureros de la política. Un poco tarde. La jueza Carmena, avalada por la estulticia de Esperanza Aguirre y sus hipérboles insoportables de descalificación, va a gobernar en Madrid. Y Ada Colau, en Barcelona.
Permitir gobernar al PP es una operación de alto riesgo para quienes le apoyen. Son modas, y ahora está impuesta la de darle patadas al muñeco roto. Si Ciudadanos le echa un cable a Rajoy, lo pagará porque a Albert Rivera le votaron muchos para echar al PP del poder.
Pedro Sánchez ha encauzado el contencioso insoportable de Susana Díaz. Pero sus relaciones con Podemos pueden ser incestuosas. Tiene que afinar mucho el PSOE para afianzar sus conquistas potenciales territoriales sin dejarse pelos en la gatera.
Por si faltaba poco, Artur Mas persiste es la pretensión de unas elecciones plebiscitarias el 27-S. Ha perdido lo que no podía perder, la alcaldía de Barcelona. Y ERC no está para tirar cohetes. Pero nos amenaza otra legislatura perdida en Cataluña con más fuegos de artificio sobre la ensoñación independentista. Me aburre profundamente ese camino hacia ninguna parte.
Solo me estimula lo apasionante que es una época de cambios. Y no me aterra porque lo que deciden los ciudadanos se merece siempre una oportunidad. Y tanta expectativa de cambio, tozudamente anunciada por las encuestas y los estados de opinión, ha terminado por imponerse.


Carlos Carnicero - El 24-M y los posos de la efervescencia demoscópica.

18.05.15 | 12:22. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Estamos instalados en la incertidumbre. Se ha teorizado mucho sobre las sociedades líquidas. Nuestras vidas son un dilema permanente en las relaciones personales y en nuestra vida laboral. No hay noticia precisa de cómo viviremos ni de que recursos vamos a disponer. Los compromisos son volátiles porque se ha legitimado la inestabilidad. No hay hábitos de permanencia porque lo establecido es la mutación. La crisis ha terminado por apostar la improvisación al calor de la incertidumbre. Fluctúan nuestras creencias y nuestros hábitos. Solo tenemos fe en los ídolos del fútbol, cada uno en el nuestro. Este deporte es la religión más sólida de nuestro tiempo porque ya ni siquiera podemos formulas un dilema entre Joselito Y Belmonte.
Las series de encuestas políticas del último año fotografían realidades líquidas. Partidos desahuciados hace unos meses se recuperan. Los que prometieron nunca volver a votar al partido donde habían asentado sus esperanzas reconsideran. Indecisos son casi todos. Porque las convicciones y las confianzas no se sujetan en certezas sino en fluctuaciones. Solo se mantienen intactas las pasiones y las fidelidades en el equipo de fútbol que heredaron de sus padres. Partidos que no existían forman burbujas en la convicción de que estallaran en plazos imprecisos. No hay certeza de que hayan venido para quedarse.
Hoy día es más confiable la lotería que los pronósticos electorales. Los sociólogos que cocinan las encuestas tienen la esperanza de que la noche electoral disuelva sus pronósticos y se olviden. La demoscopia se ha vuelto efervescente. Aparecen nuevas opciones políticas reclamando espacios que hasta hora estaban ocupados por el bipartidismo. El voto útil está amenazado por la convulsión de un impulso mutante.
Madrid, Barcelona, Valencia o Zaragoza representan la incertidumbre en los ayuntamientos más poderosos y codiciados. Una fragmentación a la italiana que no era hábito entre nosotros. La política se convertirá en el arte de conciliar voluntades, a veces contradictorias, en la composición de las instituciones. Se abrirá la subasta. El objetivo es que los pactos no contaminen porque el abrazo del oso es el estigma que todos querrán evitar. Los partidos tienen ventaja porque sus programas no les comprometen. Pueden hacer una cosa y la contraria.
No se presta atención a los programas porque el consenso básico es que las promesas solo sirven para incumplirse. Los mítines son sesiones que rememoran a los viejos vendedores ambulantes, eruditos comerciantes, con una oratoria brillante, para deslumbrar con retahílas de productos añadidos a la oferta que no tienen relación con lo que se quiere vender. Si se ofertan medias sin costuras el afortunado acabará llevándose a casa hojas de afeitar, una fregona y champú para su perro.
No se conocen las ofertas pero es familiar los entresijos de la vida personal de los candidatos. Si se habla de Pablo Iglesias se sabe quien es o era Tania Sánchez. Al hablar de Susana Díaz aflora su personalismo encanallamiento con Pedro Sánchez y que no se harán una foto juntos mientras la presidenta de Andalucía pueda evitarlo. Pero sabemos que la presidenta en funciones está embarazada.
No conocemos qué propone Albert Rivera pero inquieta saber si es mejor mozo que Pedro Sánchez como si fuera un concurso de míster España. Se comenta con detenimiento la foto de Mariano Rajoy en bicicleta, con su corbata de despacho, junto a Esperanza Aguirre, de la que muchos dicen que aparece en campaña como si acabara de llegar de hacer 18 hoyos.
El próximo 24 de mayo tendremos que recurrir a la práctica turca de los posos de café. La efervescencia que han demostrado las encuestas se precipitarán en el fondo de la taza que son las decisiones de los ciudadanos. Y habrá que observar con detenimiento los posos precipitados para establecer un vaticinio sobre nuestro futuro. Veremos si votan los indecisos. Será tarea de premio Nobel seguir el rastro de los que han mutado de partido en esta realidad líquida. Averiguar por qué un votante del PP ha terminado por inclinarse por Podemos no será fácil porque conocemos mucho mejor las debilidades de Belén Esteban que las verdaderas intenciones de Mariano Rajoy o Pablo Iglesias.
Así las cosas, he comprado cervezas artesanas y frutos secos para la noche electoral. Será como una velada de Eurovisión en la que los líderes serán juzgados por los fuegos de artificio y los cantos de sirena que hayan logrado traspasar el caparazón de esta sociedad líquida. Y el ganador será... Me temo que todo esto no es otra cosa que un ensayo de las elecciones generales. Y las convulsiones adherentes a un cambio de sistema y de ciclo histórico.


Viernes, 4 de septiembre

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