Opinión

Carlos Carnicero - Para qué nos sirve Obama.

28.07.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Espeso silencio sobre el accidente del avión de Malasia en Ucrania. Una matanza en Gaza en la que la proporción en la respuesta a la que obliga el derecho internacional es un sarcasmo. Los civiles y los niños son objetivo bélico. Apoyo Norteamericano y silencio europeo al exterminio de palestinos. Irak al borde de una guerra civil y sectaria. Libia en estado tribal, suministrando yihadistas donde hagan falta. De Egipto no nos ocupamos, aunque se divisa y se intuye lo peor. El apoyo a los insurgentes en Siria ha devenido en una fuerza islamista que no tiene fronteras ni control. Impotencia ante los planes expansionistas de Rusia.
Hubo un tiempo en que nos quejábamos del imperialismo belicista norteamericano. Hacíamos bien: fueron un cúmulo de desastres, desde el apoyo a fuerzas de invasión en Cuba, la guerra de Vietnam, el caos de Afganistán, el apoyo a las dictaduras americanas o la invasión de Irak. Semilleros de inestabilidad de un imperio que era experto en comenzar conflictos e incapaz de zanjarlos.
Muchos pensábamos que Obama era distinto. Lo ha sido en algunos aspectos fundamentales de la política interna norteamericana, como sus esfuerzos por crear un sistema sanitario para los cuarenta millones de norteamericanos sin protección. Ha avanzado en algunos aspectos importantes de la política migratoria. No se ha atrevido a iniciar ninguna regulación de la libre disposición de armas de fuego. Ni a tomar iniciativas contra la pena de muerte con escasas garantías jurídicas que está vigente en muchos estados.
La política exterior ya no tiene hegemonía norteamericana. Es una buena y una mala noticia. El mundo tiene un nuevo equilibrio geoestratégico.
China, Rusia, India y Brasil son fuerzas en expansión que empiezan a tener su propia estrategia económica y política que se va coordinando al margen de los organismos en donde Estados Unidos era quien manejaba la economía y la política mundial. La importancia de Japón, el mejor aliado norteamericano en Asia, está desapareciendo. Sobrevive un Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en donde Estados Unidos es la garantía de impunidad de Israel. Pero ya nada es lo mismo. Rusia ha sacado pecho y China avanza con sus divisiones económicas ocupando territorio, con paciencia y persistencia oriental. Todavía no le interesa la política sino como soporte de sus planes económicos. No tiene prisa.
El accidente o derribo del avión Malasio tiene todos los visos de haber sido un 11-S en el patio trasero de Rusia. Nadie se ha escandalizado de verdad y los holandeses miran asombrados los cadáveres de sus ciudadanos. El silencio y la prudencia de Obama, en el asunto del avión malasio es sospechoso en quien tiene el servicio de inteligencia más poderoso del mundo. No hay una hoja de ruta para Vladimir Putin. Las sanciones económicas pueden provocar un grave daño a la economía mundial. Y el poder y control de Putin sobre la sociedad rusa augura que aguantará el envite.
Hace tiempo que el mundo no era tan inestable. El peligro de graves confrontaciones está encima de la mesa. Y la respuesta de Estados Unidos es mirar para otro lado, incapaz de planes de contingencia para arreglar. Obama ha realizado el test de prueba y error confirmando que la Casa Blanca tiene mucha más personalidad que los presidentes que ocupan el Despacho Oval. Quienes pensábamos que podía ser un presidente distinto fuimos sencillamente ingenuos. La historia demuestra que los imperios sucumben a sus debilidades.
En el año 2008, con los juegos Olímpicos de Pekín y la crisis financiera, se comprobó que el gigante también tiene los pies de barro. Hagamos un esfuerzo para imaginar el mundo dentro de veinte años. Y mientras tanto, incrementemos nuestra indignación con el genocidio que lleva a cabo Israel con el pueblo palestino. Aunque casi nadie sea capaz de mirar de frente las matanzas de los telediarios.


Carlos Carnicero - Israel banaliza la Shoá, el Holocausto.

21.07.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Israel ha asesinado a 300 palestinos, la mayoría civiles indefensos y niños, y su gobierno, una vez comenzada la llamada "ofensiva terrestre" sobre Gaza, saca pecho y anuncia que "todas las opciones están abiertas". Barack Obama, el presidente que fue recibido por la opinión pública internacional asombrada por su Premio Nóbel de la Paz, un tanto prematuro, justifica las acciones de represalia del Ejército de Israel, el cuarto más poderoso del mundo, y pide a las partes que no extiendan el conflicto. ¿Qué partes?

Israel todos sabemos quién es. Y la otra parte a la que se refiere Obama seguramente será el pueblo palestino, y más concretamente los habitantes de la franja de Gaza. Una porción del mundo de una extensión menor a la de la Comunidad de Madrid, en la que están encarcelados al aire libre un millón y medio de personas, con todas sus fronteras cerradas, sin ayuda exterior y sufriendo ante el silencio internacional el genocidio sistemático.
Hace tan solo unos días, Carlos Carnicero Urabayen realizó una entrevista en el diario HUffingtonpost. (http://www.huffingtonpost.es/carlos-carnicero-urabayen/asi-es-la-vida-en-gaza_b_5577327.html) a David Andrés Viñas, responsable de Incidencia Política de Oxfam para la Franja de Gaza. En la entrevista, absolutamente recomendable, describe la zona hoy invadida por el Ejército de Israel, como la "cárcel más grande del mundo". No ha podido elegir mejor título. Les recomiendo que la lean.
La opinión pública internacional, y lo que antes se llamaba "las potencias", miran para otro lado, como han hecho cada vez que el Estado de Israel profundiza en el genocidio del pueblo palestino. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se reúne solo para confirmar el veto de Estados Unidos a cualquier crítica o sanción a los atropellos de Israel. Hace mucho que la Unión Europea es cómplice silente de la brutalidad del estado Hebreo. Y Alemania, pretendiendo esconder la memoria del Holocausto, jamás realizará un gesto político que signifique condenar la política de Israel.
Pero perdamos el miedo a las palabras.
Cada vez que se critica la política de Israel, quien lo hace es tildado de "antisionista" o "antisemita". En síntesis, Israel es de verdad quien banaliza el Holocausto, al pretende que el haber sufrido la persecución racista más abominable de la historia, con "la solución final" de Hitler para exterminar al pueblo judío, tiene como compensación a ese horroroso sufrimiento el derecho a saltarse la legalidad internacional y masacrar al pueblo palestino. Israel banaliza tanto el Holocausto como para pretender nuestro silencio con sus crímenes, como hizo el mundo entero por miedo a la Alemania de Hitler, cuando exterminaban al pueblo judío. Digamos que se pretende un silencio por el otro estruendoso, ante los crímenes de Hitler. E Israel utiliza ese mismo procedimiento execrable de exterminio de un pueblo al que ni reconoce ni respeta.
Hace tiempo que Israel ha sustituido su papel de víctima por el de verdugo. Israel no quiere la paz porque se siente confortable en una guerra que le permite, ante la complacencia de Estados Unidos y el silencio de la comunidad internacional, ser el único estado del mundo que no recibe sanción alguna por los más ominosos crímenes. Por eso sigue construyendo colonias en territorios que tiene que devolver, por eso incumple sistemáticamente todas las resoluciones de la Asamblea General de la ONU. Por eso sigue matando porque dispone de un ejército sofisticado frente a unos desarrapados y algunos lunáticos.
La ONU tiene una historia cargada de vergüenza e ignominia. Desde las matanzas de Srebrenica al genocidio de Ruanda. Pero han sido sucesos temporales, discontinuos y finalizados. Horrorosos, pero ya terminados. Palestina no tiene fecha de caducidad en su sufrimiento, porque mientras Estados Unidos se lo permita, Israel hará uso desmedido y brutal de la fuerza, asesinando civiles y niños ante la pasividad mundial. Esa es la metodología que ha elegido el Estado de Israel.
Las cifras lo dicen todo: en los quince días que lleva este llamado "conflicto" han muerto más de trescientos palestinos y dos israelíes. Observen la proporción y comparen los medios de ataque y de defensa.
Israel lleva tiempo sistematizando el Holocausto del pueblo Palestino y la mayor parte de los intelectuales temen pronunciarse para no verse incluidos en el "Observatorio del Antisemitismo" y otras listas negras en la que los defensores de la brutalidad del estado de Israel incluyen a quien se atreve a criticarlos.
Hace tiempo que tengo el honor de estar en esa lista negra. Siento orgullo al releer los artículos que escribí a lo largo de mi carrera y que estos censores amenazantes se toman la molestia de recopilar.
No les tengo miedo. No comprarán mi modesto silencio por mucho poder e influencia que Israel tenga en el mundo. Conmigo que no cuenten, porque además, me conozco demasiado como para pensar que yo me hubiera quedado callado frente al otro Holcausto, el de Adolf Hitler.


Palabra de Madina

23.06.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Eduardo Madina ha hablado en el diario El País y ha dicho cosas que no se oían en el PSOE desde hace tiempo. Sobre todo porque ha planteado un debate sobre ideas, sobre proyectos y sobre identidad socialista.
Suena bien y merece la pena prestarle atención. El problema esencial del PSOE no es una crisis de liderazgo sino una crisis de identidad. La falta de liderazgo es una consecuencia de la crisis de un proyecto que ya no tiene personalidad propia.

El socialismo democrático padece en toda Europa los mismos males que afectan al socialismo español.

Su distanciamiento de la sociedad, su falta de elementos de desarrollo de políticas que adecuen la competitividad y la producción al reparto de la riqueza. La necesidad de abandonar la obsesión de competir con el neoliberalismo en un terreno en el que los socialistas juegan descalzos y los neoliberales con tacos de hierro.

Eduardo Madina habla de tejer alianzas con los sectores sociales que son identitariamente afines a un modelo socialista democrático.

Quizá le falte decir que los socialistas deben salir de la sala de espera de un cargo público para hacer política en la sociedad, ejemplarizar con el compromiso político, librarse de los complejos frente a una derecha históricamente arrogante y exclusiva.

La política no empieza ni termina en los cargos institucionales y todo socialista debiera ser un activista de sus ideas.

Elegir al secretario general en una votación general de todos los militantes puede ser el primer paso para que estos recuperen la conciencia del protagonismo que les corresponde en el partido. Que les permita acabar con la baronías de quienes ocupan un cargo y succionan la representación de los afiliados.

Hasta ahora es la única voz en el socialismo español que genera esperanzas de que el PSOE pueda recuperar una identidad histórica que ha dilapidado en la última década. Eduardo Madina ha dado un paso al frente y ha enseñado sus cartas. Merece la pena estar atento a la palabra de Madina.


Carlos Carnicero - Crisis sistémica, monarquía y república

16.06.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Esta semana se entroniza, proclama o nombra un nuevo rey de España, primero después de la instauración de la monarquía en la Constitución de 1978. El Rey ha renunciado o abdicado pretendiendo una tradición monárquica que no tiene vigencia legislativa y que ellos quieren unir a la abdicación de Don Juan de Borbón, que nunca fue rey legal ni legítimo de España, porque su pretendido ascensión al trono se hizo después de la existencia de una legalidad republicana y de que el dictador Franco se proclamase jefe del estado después de un golpe militar y una cruenta guerra civil. Estos son los parámetro de la historia.

La situación de deterioro del conjunto de las instituciones de nuestro sistema democrático, probablemente empujó al Rey a renunciar a su puesto de jefe del estado por pensar que era la mejor forma de defender la institución.

No merece mucho la pena perder tiempo en el análisis de la institución monárquica. No resiste ninguna prueba del algodón democrática una forma de estado que se transmite por la sangre y el ADN. Sobrevive en España y en otros países democráticos porque mediante mecanismos sucesivos de pérdida de poder adquirió un carácter esencialmente litúrgico, ajeno de poder real. Y porque hay tradiciones que pesan en el subconsciente y en las culturas populares. Y aquí alcanza legitimidad y legalidad solo por el voto de Las Cortes.

A las monarquías, que carecen de esencia democrática en sí mismas, hay que llenarlas de oropel y liturgia para que su escenificación solemne permita una ensoñación de autoridad. El Papado, que es la monarquía más antigua, mediante el celibato de los sacerdotes se libra de la herencia de la sangre y hay una elección del monarca del Vaticano, el Papa, por el cónclave de los cardenales.

La razón empuja la elección republicana, salvo porque la desconfianza en los dirigentes políticos es superior, incluso, a la que padece la monarquía. Y un presidente de la República elegido directamente tendría legitimidad pero también más poder que un rey.
Los católicos y los creyente de cualquier religión tienen el recurso para rezar porque el próximo rey sea prudente, integro y capaz de ejemplarizar con sus comportamientos privados y públicos.

El verdadero problema es la crisis sistémica de nuestro sistema democrático, la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones y el poder de la economía financiera en nuestra sociedad. Con monarquía y también con república. En España no hay monárquicos, porque no conozco quien defienda la sucesión de la sangre.

Pero tampoco hay apenas republicanos practicantes porque no confían en quien pudiera tener el poder inherente a un presidente de la república.

Hay que reconocer al Rey Juan Carlos su ejercicio de responsabilidad al abdicar. Y hay que confiar en el comportamiento del Rey Felipe.

Pero lo imprescindible es que los partidos establecidos entiendan la necesidad de realizar una profunda catarsis que lleve la democracia española a la categoría necesaria de velar por los intereses de los ciudadanos, sobre todo de los más indefensos. Esa es la gran reforma necesaria.


Carlos Carnicero - Crisis política: venía el lobo y llegó

02.06.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

La sociología no es una ciencia exacta. Aplicada a la política y a los partidos se aproxima a la exactitud cuando las series históricas de estudios demoscópicos señalan una dirección con terquedad.

Estaba cantada la crisis del bipartidismo, que se ha extendido a todos los partidos del establishment. PP y PSOE, pero también Izquierda Unida y UPyD, han recibido una bofetada de su electorado considerado natural. Lo que decían las encuestas se ha confirmado en las urnas: los ciudadanos, una parte importante de ellos, no se fían ni creen en los partidos existentes. Eclosionan nuevos tipos de organización.

En la mayor parte del resto de Europa hay un fenómeno diferente; la materialización de un rechazo a la Unión Europea instigada por planteamientos racistas, populistas y xenófobos. Pero con causas muy precisas en la existencia de una oligarquía alemana que gobierna la Unión y unas políticas de austeridad que han sembrado el descontento.

El resultado es una profunda crisis del modelo europeo que el comisario Joaquín Almunia se ha apresurado a nominar: "sería suicida no hacer nada". Y hacer algo requiere voluntad y coraje para desmontar las tesis neoliberales de apretar las tuercas a los más pobres para crear una Europa de dos clases.

No parece que el PP ni el PSOE se hayan dado por enterados, una vez más, de la gravedad de la crisis del sistema de partidos.

Mariano Rajoy se ha conformado con ganar esta primera carrera aunque haya llegado a la meta hecho trizas. Ahora promete lo que luego no cumplirá para tratar de ganar las próximas elecciones generales y atemperar la catástrofe de las autonómicas y municipales. Es una historia sabida porque él cree que es legítimo incumplir las promesas para "cumplir con su deber".

En el PSOE buscan otro caballo ganador sin reparar en la calidad del pienso, en las sesiones de entrenamiento y en la maquinaria del partido. Más de lo mismo con dos años de retraso.

Como en el cuento, se ha gritado mucho y alertado de que venía el lobo de la deconstrucción de los partidos. Y ninguno de los pastores hizo otra cosa que cuidar sus equilibrios de poder internos. Ahora, el lobo ya está aquí.


Carlos Carnicero - Esa suficiencia de un machismo insoportable

19.05.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

La galantería es la forma más sofisticada de machismo porque se envuelve en la condescendía de pretender una superioridad basada en la fuerza del macho que se intenta disimular con amabilidad impostada.

Miguel Arias Cañete ha dejado aflorar las esencias de ese machismo ancestral que pretende cuidar a las hembras para darle protección paternalista frente a la realidad de un mundo masculino que prenden genéticamente sometido a las creencias de su propia superioridad.

Miguel Arias Cañete, en su debate con Elena Valenciano, ha hecho, además el ridículo acrecentado con sus manifestaciones posteriores. En otro país de esta Europa en entredicho, Miguel Arias Cañete habría tenido que abandonar la política por atentado directo contra la consagración de la igualdad de sexos que preconiza nuestra Constitución.

No ejerció más sus supremacía sexual frente a Valenciano para no parecer agresivo frente a una hembra indefensa. ¡Casi nada!

No hubo debate sobre Europa, porque el candidato del PP no quiso hablar de las elecciones europeas sino de una realidad española enmascarada por la mentira tantas veces repetidas sobre la bondad de la reformas que han sido y son recorte.

Entiendo a Cañete y entiendo al PP, porque son unos convencidos de que nuestra misión en Europa e la obediencia debida a la supremacía Alemana.

En realidad, lo españoles, hasta que la Unión Europea sea una realidad democrática representativa, debiéramos exigir votar en la elecciones generales alemanas para tratar de dar una pátina de legitimidad al gobierno de facto que ejerce el directorio alemán, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

Está claro que al PP no le interesa una movilización electoral el 25 de mayo; sus cálculos de dignidad electoral en los resultados están hechos en el entorno de una participación algo mayor del cuarenta por ciento.

Quieren que voten sus incondicionales y que no vaya mucha más gente a introducir la papeleta, porque con esas cuentas se quedarían por encima del PSOE, que es a lo único que aspiran.

Elena Valenciano mantuvo la dignidad frente a la provocación. Permitió a Arias Cañete un retrato sepia, antiguo del machocaballeroandaluz. El mejor retrato de una realidad que se manifiesta en la contrarrevolución conservadora del PP.

Con esos parámetros, no nos queda más remedio que acudir a votar al PSOE, porque independientemente de todos los reproches que se le puedan hacer al partido de Elena Valenciano, que desplace al PP se ha convertido ya en un asunto de emergencia democrática. Y eso es mucho y, sobretodo, suficiente.


Carlos Carnicero - Europa como paradoja.**

12.05.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Observo desde la distancia la precampaña de las elecciones europeas. Mucho, no tanto ruido, y muy pocas nueces. Los partidos pequeños amenazaban con recoger la desconfianza hacia los grandes y las encuestas restablecen la ecuación tradicional de la política española. Gana terreno otra vez la abstención.

El PP es repudiado por muchos de los suyos y el PSOE no recupera a los que se fueron. Los dos grandes partidos solo tienen una angustia: que el otro no les gane por demasiado.

Porque lo que importa es las elecciones municipales y generales. Europa sigue estando lejos. La conciencia europea si nunca estuvo asentada se resiente por la imagen de madrastra que tiene esta Europa alemana.
La verdadera paradoja es que la soberanía trasladada desde los estados a la Unión Europea no reside más que parcialmente en el Parlamento. La imagen de la señora Merkel como jefa de un directorio sin contrapesos anula la realidad de un parlamento que legisla pero no manda.

Los partidos en España hablan poco del fondo de la cuestión. Se trata más bien de meter vigas en el ojo del adversario con munición demestica. Porque es más fácil movilizar o tratar de hacerlo con los asuntos locales que con la gran encrucijada europea. La siguiente paradoja es que partidos xenófobos y populistas pueden avanzar en muchos puntos de esta Europa anestesiada.

Elena Valenciano versus Miguel Arias Cañete, como termómetro de la resistencia en el poder de Mariano Rajoy. El presidente mudito ejerce su poder omnímodo con gestos puntales pero inequívocos de su vocación de mando. Habla de una recuperación que es del IBEX 35 en donde los fondos compran a precio de ganga.

Los bancos siguen sin dar créditos y lo poco que se contrata en el mercado laboral es precario. Los índices de pobreza u desigualdad se han asentado con vocación de futuro.

Estas elecciones en definitiva son un plebiscito del poder alemán que como en tantos momentos de la historia quiere, puede y domina Europa. Esta vez los cañones no disparan plomo. El Banco Central Europeo y la Comisión son las divisiones acorazadas de la capacidad alemana para ejercer su dominio.

No va a ser fácil que los españoles acudan a las urnas porque en el fondo no se creen que podamos decidir nada distinto de lo que se nos impone. Europa fue un sueño que resiste a convertirse en realidad.


Carlos Carnicero - Tiburones, pececillos y mentiras electorales

05.05.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 04 (OTR/PRESS)

Hay datos "macro" que apuntan hacia una lenta recuperación de la economía, no solo española sino de los países de la Europa del Sur. Mariano Rajoy saca pecho aduciendo que ha "hecho los deberes" que le impuso el FMI y el directorio alemán que gobierna Europa.

Y desde esa perspectiva, con un aumento espectacular de las desigualdades, disminución de la cobertura social, de la educación y de la sanidad, se presenta a las elecciones europeas con cara de haber triunfado. Las elecciones europeas, que en realidad debieran ser las más importantes, porque quien de verdad gobierna es Europa, son sobre todo una prueba de laboratorio para los partidos españoles.

No hace falta que los partidos tengan pudor. Se dan el lujo de volver a hacer promesas que serán tan falsas como las que hicieron en las elecciones generales. Como la derecha española se alimenta en la falta de vergüenza, luego se ventilan los incumplimientos con frases solemnes con las que patentó Rajoy: "no he cumplido mis promesas, pero he cumplido con mi deber".

El cumplimiento del deber es una apuesta en la que quien juega decide si gana; no está sujeto a control democrático, porque no hay forma de tasar ese deber que no sea la voluntad de quien profiere la promesa.

Ahora se anuncian reformas fiscales, se levantan tasas municipales y se prometen puestos de trabajo. Ahora son 600.000 empleos, porque prometer con este cuadro más sería recordar lo que dijo el PP cuando Felipe González prometió 800.000 puestos, que luego en realidad creó.

El electorado es fácil de anestesiar. Los impulsos mediáticos son tan volátiles que se cambian las tenencias con puras operaciones de marketing.

En el PP, su sociólogo de cabecera, Pedro Arriola, tiene credos establecidos por los neoconservadores norteamericanos.

No inmutarse con la realidad e ignorarla es uno de ellos. Movilizar al electorado más radical e incondicional aunque se renuncie a la ampliación del voto. "Si votan los fanáticos, no nos irá mal", piensa Arriola. Vale más el desprestigio del contrario que la ampliación de los afines.

Por eso ahora se instala la desfachatez de negar el empobrecimiento de una capa importante de la población, la consolidación de los que más ganan y más tienen y la falta de expectativas de los millones de personas que esta crisis ha dejado fuera del sistema. Rajoy nos quiere convencer de que es muy bueno que haya más ricos de verdad.

El tiburón devora, pero algo salpica para los pececillos. Ese debiera ser el eslogan del nuevo capitalismo.


Mónica Oriol y los trabajadores que no valen "paná"

28.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Hace tiempo que teníamos noticias de la ausencia de contención dialéctica de Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios. Tiene ese rasgo de la personalidad que induce a decir lo que de verdad piensa, sin pararse en razones de oportunidad. Es de agradecer que en este mundo de hipócritas no sea políticamente correcta y se le escape ese clasismo que lleva dentro, probablemente envuelto en su apellido de antiguos oligarcas franquistas.

Esta señora piensa que hay que bajar el salario mínimo interprofesional. Seguramente porque está convencida de que con poco más de seiscientos euros se puede mantener una familia con el mínimo de dignidad al que tiene derecho todo ser humano.

Naturalmente, la señora de Oriol es partidaria de una nueva reforma laboral que disminuya los derechos de los trabajadores y amplíe la impunidad que concede a las empresas lo que ya está establecido. No se ha pronunciado sobre la vuelta a la esclavitud pero no pierdan la esperanza. Hay que darle tiempo y oportunidad para saber su criterio sobre la distinción de las personas en función de sus apellidos, su origen y su poder económico.

Nunca habla de la responsabilidad social de los empresarios. Determina que hay más de un millón de personas en edad laboral que no valen "paná", que son unos parásitos.

No le gustan y quiere recortar las prestaciones por desempleo, que por su propia naturaleza es un derecho adquirido por los trabajadores con el pago de sus cuotas a la seguridad social. Según ella, las prestaciones por desempleo "promueven el parasitismo".

Hay que tener coraje para decir estas cosas en un universo cercano a los seis millones de parados, porque habrá que colegir que esta señora piensa que a todos esos millones de personas les gusta vivir sin trabajar.

Naturalmente, sus apreciaciones sobre las estadísticas son a la carta. Jamás menciona los índices de desigualdad, los datos objetivos sobre la pobreza infantil, la afluencia a los comedores de caridad, las desigualdades en el acceso a la educación, las reformas y recortes de gastos en educación y becas. La desaparición de las ayudas a la dependencia.

Dice el ABC, que para ella debe ser diario de mucha confianza, que su talante neoliberal le lleva a aplicar sus creencias en la educación de sus seis hijos, con sistema de incentivos y multas en su comportamiento. Es muy libre de ello mientras no vulnere los derechos de la infancia y la adolescencia.

Pero hay que vigilar sus comportamientos públicos para que no pueda convertir España en un inmenso cuartel neoliberal.

Llama la atención que si considera que hay más de un millón de personas en España que no tienen ninguna cualificación y que no valen "paná", no promueva cursos de formación para que estos trabajadores a los que quiere sacar del sistema, lleguen a ser especialistas en alguna cosa y conseguir su derecho a la existencia.

La humanidad ha tenido suerte de que Mónica de Oriol haya nacido en estos tiempos, en donde sus ideas y conductas no son muy peligrosas, porque todavía, a pesar de las políticas neoliberales que aplica este gobierno, no con la profundidad que a ella le gustaría, estamos en un estado de derecho.

No debe ser su especialidad la historia, porque si no sabría que, con las diferencias de tiempo histórico, en la Rusia Zarista personas que eran partidarias de que los que no valen "paná" se murieran de hambre, fueron los principales promotores de la revolución de Octubre.

En España, los sindicatos están disminuidos por sus propios errores, la izquierda ha abdicado de sus principios y el miedo se ha adueñado de la población. Por estas circunstancias, la señora de Oriol puede decir los disparates que le vengan en gana y gozar de una impunidad que le da la representación de los empresarios de su organización.

Ellos sabrán por qué les gusta estar representados por una persona con esta doctrina.
Señora de Oriol: ¡ánimo, siga haciendo amigos entre los humildes y busque admiración en los poderosos! La mayoría de quienes más tienen puede que piensen como usted, pero no se atreven a decirlo.

En esta España en que los ricos son cada vez más ricos y hay más pobres que son cada vez más pobres, es un lujo contar con alguien tan sincero como usted.


Carlos Carnicero - España, riesgo de estado fallido

21.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Es difícil no ver en el horizonte el riesgo de que España se convierta en un estado fallido. Dos de las regiones, naciones o nacionalidades con más densidad económica e importancia política, aumentan el deseo de una parte importante de su población de disgregarse del resto de España.

Las motivaciones de carácter histórico -con la manipulación y ensoñación propias de los nacionalismos extremos- agitan los deseos de independencia sin que se tengan en cuenta asuntos esenciales, como la permanencia dentro de la Unión Europea de los estados resultantes. No se hacen cuentas políticas de carácter local o internacional, porque los anhelos se han adueñado de la formulación de los proyectos.

Y es una catarata que no amaina, sino que se alimenta con el paso de los días, independientemente de que no existan procedimientos constitucionales para encaminar esas alucinaciones.

Como en casi todas las situaciones históricas de convulsión nacionalista, el fenómeno sirve a los intereses de una casta o élite local que ha saboreado el poder hasta tener dependencia de él; cada día necesita más dosis. Agitar las pasiones de la ciudadanía en época de profunda crisis económica, política y de liderazgo no es nada difícil.

Las crisis generan monstruos que son muy complicados de manejar. Por favor, repasen los manuales de historia.

El descrédito de las instituciones políticas es el caldo de cultivo de nuevos secesionistas. Y en España, de la Corona a las instituciones municipales; de la Justicia a los poderes económicos, no hay una sola institución que tenga la confianza consensuada de los ciudadanos.

Cualquier sociólogo determinará que sin una regeneración profunda de las instituciones de nuestra democracia, es imposible generar adhesión y cohesión a esta España maltrecha. Los partidos, institución esencial de nuestro sistema político, no se dan por enterados de su profunda responsabilidad.

No han movido un músculo para recuperar el aprecio y la confianza de la ciudadanía. No es nada fácil querer a esta España desvencijada.

La Constitución tiene las costuras a punto de reventar. No hay mucha gente que se considere orgullosa de ella. Nadie la invoca como una tabla de salvación y como una nave confortable para el futuro. Mariano Rajoy se ha constituido en un especialista en mirar para otro lado para esquivar las tormentas. No tiene bitácora para estos temporales.

No hay densidad de estadistas en la clase dirigente cuyo único objetivo son las próximas elecciones y la impenetrabilidad de su poder dentro de sus organizaciones. Los estados fallidos no se perciben, en ocasiones, solo porque se consideran tan inaceptables sus esencias que se piensa que se materializarán.

El sentimiento de pertenencia a un estado no se puede inyectar desde el Boletín Oficial del Estado. En los parámetros políticos de la nueva geoestrategia, de la globalización y de los ejes de hegemonía política actuales no hay mucho sitio para un estado en el que ni siquiera sus habitantes están entusiasmados con su pertenencia.

Navegar en las aguas turbulentas del siglo XXI exige un estado fuerte, profundamente democrático y con unidad en el anhelo de sus ciudadanos. No se puede aventurar que todo se arregle con una reforma constitucional, porque España tiene un cúmulo de enfermedades que cada una de ellas puede acabar con el paciente si el tratamiento no es sintético.

Lo más urgente es encontrar una lupa o un microscopio electrónico para encontrar un conjunto de estadistas sin miopía, con faros de largo alcance, que sean capaces de iluminar estas tinieblas.


Carlos Carnicero - Europa es lo que está en juego

14.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 13 (OTR/PRESS) Muchos de los asuntos más importantes de los ciudadanos se deciden en los organismos de la Unión Europea. En la medida que el Parlamente Europeo reivindique capacidad de control sobre la Comisión, tendremos posibilidades de romper las políticas hegemónicas del norte y defender los intereses de una Europa solidaria que favorecerá a los países sacrificados por la crisis.

Los partidos cometerán un error si presentan una campaña en clave nacional. No se trata, todavía, de medir fuerzas en la política española, aunque se saque consecuencias locales, sino de impulsar el sueño europeo dormido por las políticas economicistas y neoliberales. Nos jugamos mucho y el terreno de juego es Europa.

Conseguir una gran participación debiera ser el primer objetivo.

El PP ha tardado en nombrar candidato. Un acto de inseguridad o de soberbia. Pero también de desprecio hacia este proceso electoral. Díaz Cañete ya es candidato, pero sigue siendo ministro. A Rajoy le importa más la crisis de gobierno a la que está obligado que la dedicación exclusiva del candidato a la campaña. O tal vez quiere sacar ventaja del doble papel de Cañete como ministro y candidato.

Hace tiempo que España pinta muy poco en Europa. La de sumiso socio de los países grandes que imponen sus políticas en el Banco Central Europeo y en la comisión.

Pienso que el voto de los ciudadanos debe tener carácter de "voto útil". Para fortalecer políticas progresistas y recuperar la confianza de los españoles en la Unión Europea como proyecto de intereses comunes de todos los europeos.


Carlos Carnicero - La intransigencia como negocio

07.04.14 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Observo la rentabilidad de la intransigencia. En la política no hay espacio para el diálogo; menos para la conciliación.

El diccionario de la Real Academia tiene dos acepciones esenciales para definir "diálogo": "Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos" y "Discusión o trato en busca de avenencia".

Es decir, requiere escuchar y además disposición a entender y a encontrar puntos de coincidencia.

El dialogo, que debe ser sosegado, no tiene espacio en la España actual. Casi nadie está dispuesto a escuchar y a rectificar si los argumentos son convincentes.

Estamos instalados en el prejuicio de las propias convicciones, que además están sujetas con alfileres elementales. El universo de matices está descartado en una atmósfera de trazos gruesos, elementales y simplistas.

No se trata de convencer sino de derrotar, porque no hay esfera para la concordia.

Además, las conversaciones son precipitadas, interrumpidas y extemporáneas.

Sería agotador reconstruir el recorrido desde el inicio de está atmósfera instalada, que es irrespirable intelectualmente. Hace muchos años que la política se embruteció y descendió en cascada en la construcción de una sociedad intolerante.

Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, son un semillero de banalidades, en donde los actores de supuestos debates son requeridos para convertirse en showman de papeles pre asignados que no responden siquiera, en la mayor parte de los casos, a convicciones propias. El utilitarismo como ideología y metodología.

Los periodistas, los famosos y los contertulios escrutan el papel que les conviene para garantizar sus reapariciones. El mercado ha sustituido a las convencimientos.

Se dice y se modulan las posiciones en función de la audiencia y de la garantía de no ser excluido del escenario.

En los pocos debates actuales, por llamarlos de alguna manera, el esquema fijo es de polarizar la bronca entres disparates enfrentados que promuevan una trifulca que hipnotice al espectador.

Si convenimos que la influencia de los medios audiovisuales es definitiva en los comportamientos sociales, el resultado es una sociedad progresivamente embrutecida incapacitada para el diálogo.

Nos hemos acostumbrado a escuchar lo que reafirma nuestras creencias o prejuicios y a repudiar cualquier argumento que facilite la crítica y la duda como sistema de enriquecimiento intelectual.

Triunfan los demagogos, los descalificadores y quienes actúan con una elemental falta de respeto.

No es fácil constituirse en periodista sosegado, prudente y compaginador de la defensa de convicciones propias con el respeto a las ajenas.

No soy optimista, porque además, los editores o propietarios de los medios han abdicado de la responsabilidad pedagógica que se les debiera exigir como contrapartida a la irrupción en nuestros hogares.


Jueves, 31 de julio

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