Opinión

Andrés Aberasturi - ((SUSTITUYE A LA ANTERIOR A TODOS LOS EFECTOS))

21.11.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


Seguridad contra libertad

MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Supongo que la cosa empezó con los porteros automáticos. Fue gracias -o por culpa- de ese invento que las puertas de nuestras casas empezaron a cerrarse sofisticando cada vez más el aislamiento: cámaras de vigilancia de verdad y hasta de mentira, blindajes varios, asegúrese de cerrar la puerta si va a sacar dinero un cajero automático, cubra su mano mientras marca la clave de seguridad, más cámaras por las calles, sistemas de video vigilancia para ver qué hacen nuestros hijos en las guarderías por no hablar de esa humillación cotidiana que es coger un avión. Tarde o temprano tenía que llegar y ya está aquí: el Gran Hermano se llama Sitel y la alegre controversia es dotarlo de una ley orgánica o no.

Personalmente debo reconocer que me traen sin cuidado las garantías "oficiales" con las que se acompañe: me preocupa el sistema mismo capaz de rastrear todos mis movimientos y los de la gente que se vaya comunicando conmigo hasta crear a mi alrededor una tupida malla de absoluta inseguridad; pero es que, a la vez, yo puedo entrar en contacto con alguien sobre el que Sitel tiene puesto su tentáculo y de esa forma vuelvo a entrar en otra malla paralela que terminará fundiéndose con la mía dejando semipública nota sobre toda mi vida y mis circunstancias. Ya sé que sin orden judicial previa semejante información no sería valida ante un tribunal, pero no es eso lo que me inquieta: lo más o menos terrorífico es que una serie de gente, de funcionarios, de personas tan imperfectas como yo, con sólo apretar un botón puedan disponer de todos los datos referentes a mi vida y a mi entorno.

La reflexión no es baladí y no vale salir al paso con esa majadería de que el que no tiene nada que esconder, nada tiene que temer porque yo escondo -debería poder esconder- lo que me venga en gana y por esa regla de tres sobrarían todos los derechos que protegen la intimidad.

Se ha repetido estos días que Sitel es sólo un programa y que su bondad o maldad depende del uso que se le de. No es cierto. Sitel es una amenaza en si mismo por la desproporción de su capacidad frente el individuo y la indefensión en la que queda la persona que ignora que con razón o sin ella (y eso es lo importante) está siendo observada en sus movimientos y escuchada en sus conversaciones.

¿Qué espacios nos van quedando de libertad? Este columna que ahora escribo en el ordenador de mi casa, puede estar siendo leído y archivado por la policía. Cualquier guardia de seguridad de un aeropuerto puede saber la marca y la talla de mis calzoncillos, si viajo con una viagra en la recámara o me doy a los ansiolíticos. Un sms desde mi móvil llega antes a una terminal del Gran Hermano que al destinatario. ¿Se puede vivir así? Evidentemente, sí porque así vivimos, pero justo es reconocer que esa demanda desaforada de seguridad que todos exigimos tiene un precio y que unos estamos menos dispuestos a pagarlo que otros. El eterno debate entre orden/seguridad y libertad/intimidad lo está perdiendo claramente la libertad. Habrá quienes estén de acuerdo; a mi me parece indigno.

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Andrés Aberasturi - Insultos y debates

21.11.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Antes o después tenía que pasar y ya ha pasado; tal vez aun nos queda por ver la guinda final que sería la agresión física, poco probable pero que no descarto del todo. Me refiero al espectáculo que ofrecieron dos compañeros en el programa "La noria" de Telecinco. El espectáculo fue bochornoso para todos y hasta hubiera sido doloroso para quienes compartimos esta profesión si la mayoría no estuviéramos ya curados de espanto. Pero ahí está el espectador, el ciudadano que teóricamente asiste a un debate para escuchar opiniones, interpretaciones de la realidad, la explicación que cada debatiente puede tener sobre unos hechos. Pues no. Eso tal vez era antes, Hoy muy pocas tertulias y casi ningún debate televisivo -y hasta radiofónico- se libran de la necesidad de ofrecer ese ingrediente al parecer indispensable que es el espectáculo. Es malo generalizar, pero lo cierto es que es así y hay que buscar con lupa en la amplia oferta de las cadenas algún debate político donde los invitados hablen y escuchen, no se griten ni se interrumpan y, naturalmente, no se insulten.

La pregunta que me hago es si merece la pena -como espectador- asistir a estos combate dialécticos. Si las televisiones los programan es porque dan audiencia y muy probablemente la próxima "Noria" será vista por mucha más gente que la anterior. Debe ser la condición humana, ese punto morboso que todos llevamos puesto y que nos hace desear incluso lo que luego sabemos que nos resulta indigesto y lamentable. No hay mejor llamada de atención que advertir que las imágenes que se avecinan pueden herir la sensibilidad de algún espectador.

Miserables, machista repugnante, cabrón e imbécil. Esas fueron algunas de las lindezas del otro día entre Miguel Angel Rodríguez y Maria Antonia Iglesias (para ser justos, MAR concluyó llamado imbécil a Maria Antonia después de que esta le dedicara el resto de los calificativos) momento en el que el presentador del programa dio por finalizado el debate. Leo las reacciones de muchos televidentes en los foros de Internet y me quedo con una: "qué espectáculo, tuve que tomarme un trankimacín para dormir". Yo también.

¿Hasta dónde vamos a llegar? Pues hasta donde las televisiones quieran. Ya sé que lo políticamente correcto es defender la libertad de expresión y la pluralidad, pero no estoy dispuesto a callar que reniego del insulto como tampoco estoy dispuesto a no exponer por qué, creo yo, pasan estas cosas. En esta país nuestro se ha llegado a unos extremos pintorescos: a los periodistas los dividen las empresas televisivas en dos bandos: los el PSOE y los del PP y así "equilibran" las mesas de debate.

Dentro de los dos grupos los hay más o menos exaltados y depende de la tertulia o el debate que se quiera hacer, invitas a unos o a otros. Estoy tan lejos ideológicamente de Maria Antonia como de Rodríguez y no me refiero directamente a ellos cuando hablo de "exaltados" aunque la vehemencia de los dos está largamente demostrada. Pero cómo puede sorprendernos que se pongan a bajar de un burro cuando en sede parlamentaria una ministra reta a un diputado a que "eso me los diga usted en la calle". ¿Qué estamos haciendo y a dónde nos lleva este camino? ¿Justifica la audiencia cualquier cosa? Es curioso, pero a esa ultima pregunta -tan vieja como la propia tele- todos los responsables de las cadenas te contestan muy dignos con un "no" rotundo. El problema es que ya no les creemos.

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Andrés Aberasturi - Liar la madeja.

17.11.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Si la mayoría de los periódicos no están absolutamente confundidos, el culebrón aun por resolver de los dos piratas capturados, deja más o menos claro como funciona el Gobierno de Zapatero. Así las cosas, parece que hay un cierto enfrentamiento entre la todopoderosa vice De la Vega y la ministra de Defensa o, al menos, un desacuerdo claro entre los asesores de una y otra. Por su parte el titular de Exteriores se desmarca del asunto como si la cosa no le afectara que es lo que viene haciendo Moratinos permanentemente: visitar a quien no debe y luego quitar importancia a todo. Y por ultimo está el Poder Judicial y la Fiscalía del Estado que, una vez más, se pone a las órdenes del Gobierno en el que puede ser el juicio más rápido y lamentable de la historia de la Audiencia Nacional.

No se trata ya de entrar en el fondo del asunto que fue un error desde el principio y que culminó por una parte con las idas y venidas de uno de los piratas para ver si era mayor de edad y, por otra, con la cuestión de la bandera del Alakrana. Veremos lo que ocurre, pero todo parece indicar que al final será el Gobierno quien tenga que decidir de qué manera se devuelve a los piratas. Lo único importante son las vidas de los marineros secuestrados y en eso parece que todos estamos de acuerdo.

Pero resulta preocupante el papel que han jugado -y siguen jugando en esta chapuza- los distintos implicados. ¿Resulta creíble el enfrentamiento entre Defensa y la Vicepresidenta? Seguramente sí, aunque no tanto en lo personal como en lo "profesional". El desgaste de Chacón al frente de un ministerio del que no se esperaban grandes complicaciones, es evidente: desde la retirada sorprendente de Kosovo hasta la guerra negada oficialmente en Afganistán pasando por el extraño papel de las fragatas que patrullan -no se sabe muy bien para qué- los conflictivos mares de los piratas. Hay como un extraño afán de presentar a nuestras tropas como benefactoras de la humanidad; claro, eso estaría muy bien si de verdad fuera ese su papel. Pero aquí cada uno es lo que es y el fracaso viene cuando se les ordenan cosas más propias de los monólogos de Gila: disparar pero poco, sólo cuando sea necesario y si son atacadas. Faltaría más. ¿Por qué no aceptamos la realidad como es? ¿A qué esa especie de temor para llamar a las cosas por su nombre? Hay dos opciones: o nos implicamos como país en lo que sea y hasta el final o lo dejamos y nos dedicamos a la alianza de las civilizaciones. Lo que no puede ser es pretender una cosa y su contraria. El ministro de Industria se ha dado de baja en Greenpeace; lógico. La ministra de Defensa puede ser pacifista, pero no es fácil.

El problema, de cualquier forma, no lo tiene la señora Chacón; sólo es una pieza más -muy ejemplar- de la contradictoria ideología política del presidente del Gobierno. El problema de Zapatero sigue siendo el de siempre: quiere que la realidad se parezca a lo que él entiende como sus principios, pero la realidad se impone tercamente. Y entonces no sabe muy qué hacer y lo que hace es liar aun más la madeja. No sé cuánto tiempo hará falta para desenredar lo que está haciendo en tantos frentes: desde la extraña vertebración autonómica hasta la política exterior pasando por su peculiar forma de afrontar la crisis económica. Si yo fuera Rajoy y viera posibilidades de ganar las próximas elecciones, me iba a mi casa inmediatamente. La herencia de ZP no va a ser precisamente una golosina.

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Andrés Aberasturi - La Europa de la vergüenza.

10.11.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Es bueno celebrar, veinte años después, la caída del muro de Berlín y felicitarnos todos por lo demócratas que somos, por lo bien que nos llevamos y hasta por cómo nos emocionamos en aquel momento histórico -fue realmente el fin del Siglo XX- al que llegaron tarde incluso los fotógrafos y las teles. Pero sería injusto no recordar también la Europa de la vergüenza, aquellos políticos que mantenían cínicamente un doble lenguaje: clamaban por la libertad en sus discursos oficiales pero ninguno daba un solo paso al frente por conseguir la reunificación de Alemania, la caída de esa monstruosidad política, pero sobre todo humana, que fue el maldito muro. Esa Europa de la vergüenza es la misma que miró hacia otro lado cuando la invasión de Hungría, la misma que en la primavera de Praga permitió sin apenas pestañear que los jóvenes checos se enfrentaran con piedras a los inmensos tanques rusos.

Esta Europa que hoy se felicita en el aniversario de la caía del muro, tuvo un comportamiento bien diferente veinte años atrás. No hablo de los europeos sino de sus políticos, de los tres grandes nombres que dejaron completamente solo al enorme Helmut Kohl que aquella noche mágica recibió una única llamada de de apoyo y solidaridad de un joven socialista, presidente del Gobierno de una joven democracia llamada España: Felipe González. El resto fue silencio en el mejor de los casos, hipocresía y hasta cinismo: Giulio Andreotti no dudaba en afirmar que quería tanto a Alemania, que prefería que hubiera dos en vez de una. La dama de hierro desde la Gran Bretaña desengañaba a sus colegas: una cosa es lo que se decía en público y otra la realidad y la realidad era que el Reino Unido prefería claramente dos estados alemanes a uno solo mientras Mitterrand ponía toda suerte de dificultades temeroso de una gran Alemania llamada a liderar la futura Europa marginando de alguna forma el papel protagonista de Francia.

Desde la óptica política se pueden entender estas posturas; desde la ética democrática lo que los líderes de Londres, Paris y Roma defendían era la continuidad en el corazón de Europa de 155 kilómetros de muro, 302 torres de vigilancia, 14.000 guardias fronterizos, 600 perros guardianes y quien sabe cuántos muertos: se calculan entre 239 y 800 que nunca llegaron a la libertad. Es difícil entender desde la conciencia que los intereses político/económicos de quienes se proclamaban líderes democráticos alcanzaran cotas de tanta mezquindad.

Repasando estas cifras y por mucho eurocomunismo que se inventara en su momento, duelen las declaraciones de Frutos diciendo que demagogias las justas en referencia al Muro de Berlín o las del recién elegido secretario general del PCE, José Luis Centella, cuando afirmaba que "El partido reivindica su pasado heroico, y no tenemos que avergonzarnos ni pedir perdón por nada, sino que hay que luchar para que no nos quiten la memoria" y lamentaba que algunos quieran hacer pasar por "verdugos" a los comunistas, cuando han sido las "víctimas" de la historia. Pues me temo que va a ser que no, señor Centella.

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Andrés Aberasturi - Algo ha pasado en el PP.

03.11.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

La vida es rara. Hace un par de semanas Rajoy -y el Partido Popular- tenían ante si un panorama más que negro; los conflictos se apretujaban en la sala de espera del despacho de Génova y aquello era un sinvivir. Quien esto escribe creía necesario y urgente un puñetazo sobre la mesa del presidente del PP y a cambio solo obtuvo una frase lacónica muy "rajonyana": Santo Job, solo ha habido uno.

El viernes todos los capitostes del partido de la oposición seguían en sus trece y en sus guerras. Solo el escándalo de Santa Coloma desplazaba al caso Güertel de las primeras páginas de los periódicos pero esto, sin ser poco, no apagaba las hogueras de las muy variadas vanidades. Y entonces entró el otoño-otoño por Galicia y las temperaturas descendieron de golpe. Debió ser el frío o la bendita lluvia o que las baterías de los móviles se agotaron varias veces en las 48 horas del "finde". Algo pasó sin duda porque la semana la empieza Rajoy con un casi nuevo PP en Valencia, un casi seguro presidente de Caja Madrid consensuado y una ventaja importante en la intención de voto de los españoles según el CIS. Y todo esto sin que aun hubiera llegado ese martes en el Rajoy había anunciado quien sabe si truenos y relámpagos. ¿Tantos temen la ira de los mansos? ¿Tantos se repliegan ante sólo la confesión/advertencia de que el Santo Job no se ha reencarnado precisamente en Rajoy?

En política es difícil creer en los milagros y casi nada ocurre por casualidad. Pero haya pasado lo que haya pasado, es importante que estos sean los resultados. La pregunta que uno se hace es ¿y por qué ha dejado que la madeja se liara tanto? Es posible que el vicealcalde de la capital sea el pagano de que Rato llegue a la presidencia de Caja Madrid, pero la verdad es que se lo ha ganado a pulso. Y es posible que Camps haya salido de su autismo regañado por un Rajoy que tras lo ocurrido en Valencia ha sido más padre que jefe para el presidente de la Comunidad Valenciana. También es posible un cierto ataque de cordura por parte de todos, pero eso resulta difícil de aceptar en política. Ya veremos.

La cosa es que si hace una semana todo pintaba negro para un PP a la baja, hoy el PSOE sólo puede alardear de que ellos caducan a sus corruptos antes que el PP, pero todos sabemos que el problema no es la caducidad sino la corrupción y el descrédito de una cierta clase política podrida que preocupa más a los españoles que el terrorismo. Así las cosas y ante un panorama del todo desolador en ese sentido, no estaría de más que ya todos -los dos partidos- más equilibrados en sus pequeñas y puntuales miserias, hicieran algo para devolver un poco de confianza a la sociedad. Salvar la crisis y evitar la corrupción es tarea de todos y a día de hoy es lo que todos les exigimos.

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Andrés Aberasturi - La solución no es esposar a todos.

31.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

El Evangelio está lleno de citas que sirven para todo y para todos. Y ya que Rajoy acaba de invocar a un personaje de La Biblia, el Santo Job, bueno sería recordar dos sentencias del Nuevo Testamento, aquella que dijo Jesús como quien no quiere la cosa, "quien esté libre de culpa que tire la primera piedra" y la otra tan conocida de la viga en el ojo propio y la paja en el ajeno.

Y es que en esto estamos. A eso asistimos diariamente los ciudadanos de un país que si vota en las próximas elecciones será porque es más bueno que el pan. Cuando aun quedan por descubrirse dos terceras partes del caso "Correa", salta ahora el de Santa Coloma y las negritas de los nombres propios empiezan dispararse pero esta vez en la parte contraria: hasta el ministro Corbacho ha aparecido ya en el lío. Y como cargamos tanto las tintas en la imágenes de los del PP balear esposados/paseados, esta vez la mampara que protege a los detenidos que llegan a la Audiencia Nacional, no parecía estar demasiado bien colocada -que ya es casualidad- con lo cual también hemos podido ver esposados y recogiendo bolsas azules a los detenidos que llegaban de Cataluña para declarar ante el juez Garzón.

Lo malo es que al final vamos a llegar a creer que la verdadera democracia es eso: ver esposados tanto a unos como a otros cuando justamente se trata de todo lo contrario: aspirar a que la sociedad sea capaz de sobrevivir con el menor número posible de sinvergüenzas.

Pero en esta loca carrera en la que estamos metidos, cada mañana se desayuna uno con un nuevo escándalo y por eso no es bueno levantar demasiado la voz a la hora de la bronca al otro: en todas partes salen garbanzos negros que pueden volver contra nosotros los discursos más nobles y más éticos.

Lo verdaderamente grave es que nos acostumbremos, es que terminemos asumiendo que esto es así y qué le vamos a hacer; lo verdaderamente peligroso es que nos lleguemos a creer el impresentable discurso que aprovecha todo para bendecir el sistema: lo bueno de la democracia es que antes o después terminan esposados. Que nadie caiga en esa trampa: lo bueno de la democracia es contar con mecanismos que hagan imposible tales felonías, que impidan que la corrupción y el trinque se hagan endémicos y terminen gangrenando el tejido social. Lo que asombre desde el caso Marbella -y resulta ya una constante en los otros casos- es que "todo el mundo lo sabía". Pues si todo el mundo lo sabe y pasan años sin que nadie tome medidas, es que algo falla y a alguien habrá que preguntarle por qué. Con nuestros impuestos se paga a una larga serie de funcionarios y cargos que tendrán que responder sobre estas cosas: desde el secretario del ayuntamiento hasta el presidente de la comunidad. La solución no es que nos quedemos muy tranquilos porque todos, unos y otros, terminen esposados. Faltaría más; eso es justo lo que hay que prevenir.

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Andrés Aberasturi - Rajoy no apaga ningún incendio.

27.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Hace tiempo que lo que ocurre en el Partido Popular no tiene nombre; ahora empieza a no tener apellido. O al revés: hay ya tantos nombres y tantos apellidos, que conviene seguir el diario acontecer de Génova y aledaños con una guía de protagonistas para no perderse en la maraña de acusaciones, sospechas, luchas internas, imputaciones y silencios.

Las declaraciones del vicealcalde Manuel Cobo, la mano derecha de Gallardón, al diario "El País", han dejado la patata caliente de la penúltima disputa entre Comunidad y Ayuntamiento a una temperatura superior a la admisible y en un terreno complicado. Que el vicealcalde -y miembro de la ejecutiva del partido- diga de la presidenta de la Comunidad -y miembro de la ejecutiva del partido- las cosas que ha dicho y sobre las que se ha reafirmado, no es más que la confirmación pública de los enfrentamientos cainitas en el seno de un PP que se ve cada día más envuelto en una presunta trama de corrupción (si no el partido, sí algunos de sus miembros), con un presidente autonómico como Camps que pese a los apoyos más o menos tibios se sabe en el ojo del huracán y una guerra declarada por el control de Caja Madrid que no resulta especialmente edificante.

Cobo ha dicho todo lo que ha dicho sabiendo no sólo dónde lo decía (el diario "El País" del grupo PRISA que libra con Esperanza Aguirre una batalla antigua) sino siendo consciente de hasta dónde podían llegar esas declaraciones en un momento tan delicado para su partido. Y lo ha conseguido.

Lo que la gente se pregunta es si este puede ser el mejor camino para lo que se supone que uno se mete en política: ganar. No es fácil entender por qué el PP tiene esa tendencia a complicarse la vida hasta extremos escandalosos. No es fácil entender por que Rajoy ha dejado que llegara hasta donde ha llegado el enfrentamiento en Madrid, ni por que ha mantenido hasta ultima hora a Bárcenas, ni por qué, de alguna forma, liga su futuro al de Camps. En realidad lo que no es fácil de entender es por qué Rajoy sigue al frente de un partido en el que no es capaz de apagar ningún incendio ni por las buenas ni por las malas. A estas alturas la mesa del presidente del PP la habrían tenido que cambiar cinco o seis veces rota por otros tantos puñetazos de don Mariano acompañados por un rotundo "hasta aquí hemos llegado". Pero no. Rajoy es un hombre bueno, demasiado bueno, y ciertamente honrado. Rajoy, estoy seguro, puede ser un buen presidente de Gobierno, pero no sirve para dirigir un partido en la oposición. No pasa nada; no es negativo ni positivo, sencillamente, no sirve: le falta carácter y le sobra buena voluntad. No hay más que echar un vistazo a nuestra reciente historia para darse cuenta: ¿Quién se oponía a González/Guerra? ¿Quién se atrevía a complicar la vida a Aznar? ¿Quién rechista a ZP?

Comprenda que esta tesis es nefasta y que yo sería el primero en combatirla y repudiarla: si para organizar un partido democrático ser buena gente es un problema, mejor apagar e irse. Pero la realidad, una vez más, es terca y ahí está el PP solo en su laberinto.

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Andrés Aberasturi - Como no pasa nada...

24.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Como el país es una balsa de aceite (de oliva, claro), como no pasa nada importante y ni hay paro, ni crisis; como pymes y autónomos están viviendo su mejor momento y ni hay déficit, la balanza está equilibrada, nuestros marineros faenan tranquilos y protegidos; como todos los grupos han apoyado con entusiasmo los presupuestos del Estado y en el Constitucional están mano sobre mano por falta de asuntos que resolver; como la Audiencia Nacional no provoca ninguna polémica y el pueblo llano se aburre soberanamente ante la ausencia casi absoluta de problemas y apenas si hay cosas que merezcan la pena una discusión en la barra de la cafetería, llega el Consejo Escolar de Cataluña (CEC), y da vía libre al consejero de Educación, Ernest Maragall, para que cambie el nombre de las viejísimas vacaciones de Navidad y Semana Santa que pasarán a denominarse "vacaciones de invierno" y "de primavera".

Brillante idea que, al final, parece que se va a poner en marcha ante lo que sin duda era un clamor social, una reivindicación histórica de prácticamente toda la sociedad que estaba preocupadísima por tener que seguir llamando vacaciones de Navidad a lo que todo el mundo conoce como las tradicionales vacaciones de invierno. Y otro tanto se podría decir de las de Semana Santa ¿a qué viene insistir y mantener el nombre de vacaciones de semana santa a lo que en el arraigo de todos -aunque solo en voz baja, por temor a las represalias- se denominaban de siempre vacaciones de primavera? Esa es la auténtica labor de los Gobiernos: elevar a normalidad lo que sin duda es el autentico sentir y vivir del pueblo. Un ejemplo a seguir de coherencia y de solucionar problemas seculares.

Pero como ya tenemos arreglado el tema de las vacaciones y la situación económica sigue yendo viento en popa, nos enteramos por el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Angel Lossada, que las aportaciones desde abril de 2004 de su Ministerio al proyecto de Alianza de Civilizaciones, ha sido de 4.450.000 euros; una iniciativa de ZP que, según el mismo secretario, está obteniendo "una amplísimo reconocimiento en el mundo" y al que ya se han sumado 90 países de todo el mundo. Lo que no sabemos es lo que han puesto sobre el tapete esos países, pero lo importante es participar y no caer en la grosería de las cifras. El problema estriba en si las civilizaciones pueden aliarse sin más porque a mí -por no meter a nadie en mi saco- no me seduce nada aliarme con quienes imponen el burka, cortan manos por robar una gallina o -lo que es mucho más serio- matan a pedradas públicamente a una mujer acusada de adulterio. Podría seguir con algunas costumbres de algunas civilizaciones, pero mejor dejarlo ahí. Conmigo que no cuenten para esa alianza, no tengo el menor interés. Una cosa es la pobreza y otra la civilización o determinadas civilizaciones.

Menos mal que en el caso escasamente probable, prácticamente impensable, de que a alguien le nieguen un crédito en un banco, el Gobierno va a crear una flotilla móvil de jubilados bancarios para que medien en el asunto. Se comenta que ante tal iniciativa, directores y presidentes de la Banca se han reunido de urgencia absolutamente aterrorizados de las consecuencias de esta valiente iniciativa.

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Andrés Aberasturi - El presidencialismo de ZP.

20.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Ya no son los enemigos ni quienes intentamos muy seriamente contemplar el panorama nacional desde esa atalaya cada vez más vacía llamada independencia. Alguien tan poco sospechoso en principio como el ex ministro Carlos Solchaga ha dicho lo mismo que algunos venimos sosteniendo desde hace tiempo no sin tristeza: "Zapatero vive en un mundo presidencialista en el que trata a todos como secretarios". Y esa parece ser la lamentable realidad. Uno no termina de explicarse muchas cosas: cuando ZP apenas sí tenía opciones de convertirse siquiera en secretario general, las maniobras de unos poco le llevaron a tan importante puesto y muy poco tiempo después y contra todo pronóstico -no merece la pena volver sobre lo ocurrido- fue elegido nada menos que presidente del Gobierno. Desde ese momento su quehacer empezó a dar claros síntomas de una especie de iluminación que le llevaba irremediablemente a tomar decisiones que nadie le había pedido, que no estaban en su programa electoral y que la sociedad no necesitaba. Eran tiempos de vacas gordas y todo parecía sonreír al joven leonés al que apodaron "Bambi" y que con un par de lecciones de economía que nunca sabremos si le llegó a dar Jordi Sevilla o no -todo parece indicar que no- se dispuso nada menos que a hacer la "segunda transición". Fue eliminando a los protagonistas de la primera en su propio partido y rodeándose más de gestos que de inteligencias. Comenzó a gastar el dinero sin demasiada coherencia, reabrió de forma brusca y sin contemplaciones el problema de la financiación de las autonomías que mal que bien iba funcionando y decidió pasara a la Historia como el presidente que acabó con ETA por las buenas (en el sentido estricto).

Luego pasó lo que pasó y las vaca enflaquecieron de pronto y mientras todos veían el desastre, él se empeñaba en negarlo y aun seguía tomando decisiones que en contra del criterio de todos los expertos, incluido su ministro de Economía, que harto ya de estar harto se marchó o le marcharon, que tanto da, como antes se habían ido otros. La reacción del joven presidente leonés ante estas deserciones, fue más de alivio que de preocupación. Rodeado por una casta de aduladores terrenales, hizo nombramientos incomprensibles que lo elevarían a escala planetaria y creo ministerios de ensueño, como si gobernar un país fuera una carrera para entrar en el libro de los records. Ferraz dejó de ser una sede para convertirse en una pequeña sucursal de La Moncloa y en La Moncloa cada viernes se sentaba un Gobierno para escuchar a su presidente y no un presidente dispuesto a escuchar a un Gobierno. En su extraña iluminación ZP parece ignorar que antes de él hubo un antes que todos nos costó mucho traer y que su herencia solo deja, por ahora, números muy rojos para las generaciones que vienen, blindajes imposibles y frases huecas.

El presidente vive en su propio mundo iluminado por él mismo y pretende que la realidad se acomode a sus planes. Nadie de los suyos le va a decir que esa luz no es la luz de la realidad y siempre contara con un coro de acólitos que le bendigan. Sólo una pregunta me asalta con tristeza en esta hora: ¿Qué fue del Partido Socialista Obrero Español?

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Andrés Aberasturi - Aprobados los presupuestos.

17.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Ya está: el Gobierno ya tiene quien le apruebe los prepuestos -esos muy malos presupuestos- para el año que viene. Después de negociar con unos y con otros, el PNV y Coalición Canaria darán el "si" a las cuentas del Reino naturalmente a cambio de algo: en el caso del PNV, el blindaje del concierto económico y el pago de un IVA atrasado y para Coalición Canaria ayudas más que necesarias y urgentes que parten de 15 millones de euros para atender a los inmigrantes menores y se amplían en varios planes de apoyo para una comunidad siempre postergada y que sufre no sólo el fenómeno desbordante de las pateras sino un paro alarmante fruto posiblemente de su alejamiento y de una economía basada sobre todo en los dos pilares que más están sufriendo la crisis: los servicios y la construcción.

Sobre el concierto económico que el PNV ha exigido blindar a cambio de su apoyo, el asunto no parece tan sencillo. Si bien es cierto que hay antecedentes y que la foralidad viene de lejos, asusta un poco la palabra: blindaje. Por eso Alonso le quitaba importancia y hablaba del "mal llamado blindaje". Pero un país que es capaz de blindar hasta el agua de los ríos, ya vale todo.

Dentro de lo malo, no ha sido lo peor. Esquerra Republicana, por ejemplo, unía el futuro de nuestro dinero a que se viera la televisión catalana en Valencia. Este chalaneo anterior al debate resulta por lo menos pintoresco y deja claro lo que pretende cada uno y lo que a cada uno le importa el bien de todos. Pero esto de la coherencia, la solidaridad o la conciencia nacional no parece estar al alcance de ciertas gentes. Lo curioso es que, ya con los votos necesarios, Alonso quiere seguir negociando con otras "fuerzas de izquierda" para hacer más amplio el respaldo. No tengo muy claro si para Alonso el PNV y CC son fuerzas de izquierda; qué cosas.

Pero lo que no termina de convencer es que estas cosas que seguramente son justas (lo son en el caso de Coalición Canaria) y en todo caso discutibles (el blindaje del Concierto vasco) se tengan que obtener mercadeando votos en lugar de discutiendo los temas donde deben ser discutidos. El aroma a chantaje no hay quien lo quite y flota espesamente sobre los protagonistas y uno se pregunta por qué. Al final, los gobiernos se van a guardar ases en la manga, cosas que saben que pueden y hasta deben hacer por la vía normal, para luego sacarlos de la manga y ofrecerlos como moneda de cambio a la hora de recabar apoyos. No suena bien y desvirtúa el valor de unas exigencias que seguramente son justas, urgentes y necesarias en el caso de Canarias.

De todas formas, el debate promete aunque ya estén aprobados los presupuestos. Las enmiendas le van a llegar al Gobierno desde su derecha y desde su izquierda y al final, ya verán, terminaremos discutiendo más de la presunta corrupción del PP que de las cuentas públicas que a todos nos afectan.

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Andrés Aberasturi - En Afganistán se está en guerra.

10.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Se grabaron creo que hace uno año, pero las vimos ayer por primera vez: eran soldados españoles en plena guerra de Afganistán disparando con todo lo que podían a objetivos "insurgente" y felicitándose por haber acertado en el blanco. Aquello, desde el otro lado del televisor era una "ensalada de tiros", las imágenes inequívocas de una guerra en la que participaban tropas españolas. La breve secuencia la hemos podido ver, como he dicho, un año después de que se produjera y la situación, hoy, debe ser bastante más difícil que la de entonces porque la "insurgencia", el enemigo, ha ampliado el territorio bajo su control.

Obama, premio Nóbel de la Paz imagino que más por sus deseos y palabras que por sus hechos, se debate ahora en la duda sobre el futuro de una guerra que comenzó para cazar a Bin Laden y que en la actualidad no se sabe muy bien en qué consiste y cuáles son sus objetivos. No fui el único en bautizar Afganistán como el segundo Vietnam de los EEUU y esa es la duda, imagino, de Obama y sus asesores. Lo peor es que aquí, en este nueva edición, hay tropas españolas en una misión "definida por la ONU" según nuestro presidente. Pues vale; la ONU podrá definir lo que quiera y como quiera, podrá utilizar toda clase de eufemismos, pero Afganistán es un país en guerra, nuestros soldados tienen que participar y participan en esa guerra y a día de hoy, insisto, sólo la hipocresía mantiene la ficción del intento mundial por llevar la democracia a un país que ni es democrático, ni lo puede ser, ni, seguramente lo quiere ser porque no está en su cultura ni en su tradición.

Si la guerra en Afganistán es por la defensa de los derechos humanos claramente violados por el talibán, de acuerdo; pero entonces un par de cosas: hagamos la guerra de verdad por una parte y por la otra que la ONU señale todos los países en los que se pisotean los derechos humanos y que se manden tropas a cada uno de ellos.

No entro ya en el sarcasmo de elecciones celebradas hace poco y que lógicamente han sido cuestionadas por todo aquel con dos dedos de frente. ¿A qué esta pantomima? ¿Por qué Occidente, la ONU, quien sea, tiene que imponer su modelo político a un país en el que es imposible -a día de hoy- que ese modelo prospere? ¿Para qué se está luchando y muriendo en Afganistán?.

Uno comprende que después de abandonar Irak -otra dictadura en la que se pisoteaban los derechos humanos- de la forma que se abandonó, lo de Afganistán resultaba políticamente conveniente y en apariencia más legítimo gracias a la pintoresca ONU. Pero pasa el tiempo y ya no cuela ni lo de la misión humanitaria, ni lo de la ayuda a reconstruir, ni menos aún garantizar el proceso democrático. O llamamos a las cosas por su nombre o seguimos instalados en la estupidez de que el pueblo es necio. Hasta que se cansa, claro.

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Andrés Aberasturi - La encrucijada de Rajoy.

06.10.09 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Se encuentra el Partido Popular en una difícil encrucijada: por una parte las encuestas -al fin- le empiezan a ser favorables y a la vez el "caso Correa" no se limita ya a finos obsequios a los capitostes valencianos sino que la trama se amplía hasta una presunta financiación irregular del PPV. Que Montoso diga que llegarán hasta el final del caso Gürtel, que asumirán sus responsabilidades y que no caben medias tintas, está bien. Pero hasta ahora nadie en Génova ha hecho nada ni eficaz ni contundente. Palabras y más palabras, gestos que varían levemente, apoyos que ya no parecen ni tan claros ni tan incondicionales y poco más. Y con esa tibieza no se debe presentar uno a unas elecciones y ganarlas. Es verdad que cosas más raras se han visto y que los votantes somos caprichosos y contradictorios a la hora de decidir; pero eso no justifica la falta de transparencia ni la pasividad de un partido llamado a gobernar en una democracia. Si no son capaces de mantener limpio su patio, cómo confiarles el cuidado del edificio entero. El viejo Fraga, con esa exquisitez que nunca le ha caracterizado pero si con la retranca gallega que siempre ha mantenido, afirmaba, irónicamente supongo, que por Valencia "la cosa no va muy bien."

Y naturalmente el PSOE a lo suyo aunque sea a contrapelo y fuera de plaza. A falta de iniciativas coherentes y frente a la lluvia de datos y previsiones nada optimistas de instituciones propias y ajenas, ataca al PP donde más le puede doler: en el lío que tiene dentro de casa. Lo hizo González con Suárez y Aznar con González. Esto es así. Lo que ya resulta más anómalo -al menos escasamente constructivo- es que Pajín y Blanco afirmen en Euskadi que del PP no se puede esperar nada bueno y no se puede uno fiar. Hombre -mujer-, semejantes diatribas están bien para Madrid, Sevilla o Toledo, pero soltarlas a bocajarro en un escenario en el que gobiernan gracias a un pacto con el PP, no parece los mas acertado; es del mal gusto y poco práctico. Pero es a lo que se está arriesgando Rajoy, es lo que Rajoy con su tibieza, su bondad o lo que sea, está propiciando. Las comparaciones siempre son odiosas, pero a estas alturas y con lo que ya se sabe la cosa estaría como está si al frente del PP estuviera Aznar, Aguirre o Gallardón.

La ética política y la personal, se diga lo que se diga, son difíciles de casar como muy explicó Max Weber; no son realmente incompatibles, pero en ocasiones hay que elegir entre la bondad de las decisiones sin reparar en sus consecuencias o lo presuntamente injusto de una decisión cuyas consecuencias sean positivas. Pues en eso debe andar Rajoy, sumido en esa doble encrucijada tan difícil de salvar: elegir entre un acto que a él le puede parecer injusto -al menos de momento- pero que sería beneficioso o permanecer fiel a su conciencia personal. Claro que el dilema no es tan sencillo ni afecta sólo a Rajoy: hay muchas cosas que sopesar y muchos votos en juego, muchas presiones en uno y otro sentido. El tiempo lo cura todo, pero hay veces que no actuar a tiempo es un riesgo irrecuperable.

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