Opinión

Eutanasia, matar directamente o dejar morir

12.04.19 | 09:04. Archivado en Magdalena del Amo

Aunque ya hemos entrado en materia en artículos precedentes, conviene dejar claro qué se entiende por eutanasia. Etimológicamente, viene de las palabras griegas “eu”, bien, y “thanatos”, muerte. Buena muerte o bien morir es su significado. Según la interpretación literal de esta acepción, nadie puede estar en contra de ella. Sin embargo, cuando se habla de regularizar la eutanasia mediante leyes para garantizar seguridad jurídica a familiares y facultativos, nos estamos refiriendo a otra cosa. Hablamos de causar la muerte a una persona que sufre –con o sin su consentimiento—, alegando piedad o compasión. A esta manera de morir, los partidarios de la eutanasia la denominan “morir dignamente”, y lo promocionan como un bien social y un logro de la sociedad del bienestar. Nada más lejos de la verdad. Un homicidio nunca puede ser un bien, y eliminar a un ser humano, por viejo, enfermo o imposibilitado, siempre será un acto reprobable por muchas leyes que se promulguen en su defensa.

La eutanasia puede ser VOLUNTARIA o INVOLUNTARIA, dependiendo de si es el paciente quien la solicita o se debe a otros criterios. La eutanasia que se impone sin el consentimiento del enfermo se denomina CACOTANASIA. (Su etimología, “kakos”, malo, define una mala muerte). También puede ser PERINATAL cuando el sujeto a quien se priva de la vida es un recién nacido (en general, con alguna malformación); o AGÓNICA cuando se aplica a enfermos terminales. Es eutanasia PSÍQUICA la que reciben los afectados de lesiones cerebrales irreversibles, y eutanasia SOCIAL la que se aplica a los mayores por ser gravosos para la sociedad.

La muerte puede producirse por “acción”, es decir, aplicación de sustancias con el fin de poner fin a la vida; se denomina comúnmente eutanasia ACTIVA o DIRECTA. La muerte por “omisión” se produce cuando se niegan al paciente los cuidados médicos y farmacológicos necesarios. Es la denominada eutanasia PASIVA. La eutanasia puede ser a petición del propio enfermo, de los familiares o a discreción del facultativo.

El significado etimológico se ha desvirtuado. Hoy, en el imaginario colectivo, cuando se habla de eutanasia se alude a poner fin a la vida. En la actualidad, el reclamado derecho a bien morir incluye la eutanasia y el suicidio asistido. Este se produce cuando el enfermo es ayudado por otra persona a poner fin a su vida.

DISTANASIA, ENCARNIZAMIENTO TERAPÉUTICO O CUIDADOS DESPROPORCIONADOS

La DISTANASIA, del griego “dis”, mal, y “thanatos”, muerte, es etimológicamente lo contrario de la eutanasia. Consiste en alargar la vida del enfermo aun a costa de causarle dolor cuando no hay ninguna esperanza.

La “Asociación Médica Mundial” definió el encarnizamiento terapéutico como la aplicación a un enfermo terminal de “tratamientos extraordinarios de los que nadie puede esperar ningún tipo de beneficio”. Se denomina también ENSAÑAMIENTO, ENCARNIZAMIENTO TERAPÉUTICO u OBSTINACIÓN TERAPÉUTICA, pues es una actitud obstinada con el fin de retrasar el curso normal de la naturaleza. Es un acto indigno y una práctica éticamente reprobable, y así lo expresa el artículo 28.2 del “Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial del Estado”, con estas palabras: “… en caso de enfermedad incurable o terminal, el médico debe limitarse a aliviar los dolores físicos y morales del paciente, manteniendo en todo lo posible la calidad de una vida que se agota, y evitando emprender o continuar acciones terapéuticas sin esperanza, inútiles u obstinadas. Asistirá al enfermo hasta el final, con el respeto que merece la dignidad del hombre”. En este periodo vital, y más en tiempos pasados, se solía experimentar con tratamientos o instrumental nuevos. No obstante, el paciente, en un acto de generosidad, puede prestarse a que ensayen en él medicaciones y técnicas en fase experimental.

A este respecto es clarificador lo que Juan Pablo II nos dice en El Evangelio de la Vida: “De ella [de la eutanasia] debe distinguirse la decisión de renunciar al llamado encarnizamiento terapéutico, o sea, ciertas intervenciones médicas no adecuadas ya a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar, o bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia. En estas situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir, sin embargo, las curas normales debidas al enfermo en casos similares. […] La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante la muerte”. Este es un criterio ético clásico, que viene además recogido en la Carta de los Derechos del Paciente en España y el citado Código de Deontología Médica.

En ocasiones, la frontera entre cuidados ordinarios y extraordinarios es muy tenue. La definición de estos términos no es solo una cuestión médica, sino ética. Aparte de la opinión del médico hay que tener en cuenta las circunstancias del enfermo y su resistencia física y moral. Lo que para un enfermo es un medio desproporcionado para otro puede ser proporcionado. Por ello, sería difícil establecer una relación de medios desproporcionados. Cada caso debe analizarse individualmente.

Hay que considerar también que, debido a la unidad entre el cuerpo y el alma en la persona humana, hay situaciones en las que el sufrimiento corporal causado por medios desproporcionados e inútiles es tan grave, que la serenidad espiritual de la persona puede correr peligro. En estas circunstancias es lícito retirar dichos medios y calmar el dolor con los cuidados paliativos. Al mismo tiempo, se deben continuar aplicando los tratamientos ordinarios, es decir, la cobertura de las necesidades vitales mínimas: higiene, alimentación e hidratación, transfusiones y medicación de uso común.

ORTOTANASIA

Del griego “orthos”, recto, y “thanatos”, muerte. Con esta palabra se designa la “buena muerte” o muerte natural tras recibir los cuidados paliativos. Es una práctica digna, frente a la eutanasia que, más allá de su significado etimológico, es un homicidio en la práctica; y lejos de la distanasia o encarnizamiento terapéutico. El término no es de uso común, salvo en determinados ambientes académicos. Continuaremos hablando de esto.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
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