Opinión

Las femilocas al borde del ataque de nervios.

17.01.19 | 09:40. Archivado en Magdalena del Amo

No pensaba volver a escribir sobre el tema en una temporada, pero las femilocas invaden calles y micrófonos echando espuma por la boca y vomitando verde, como la pobre Regan McNeil, la niña de El Exorcista. Estar posesas es lo que tiene. Tanta chochocharla, exaltación del clítoris y “empoderamiento desde sus coños”, como ellas dicen, les ha producido una especie de borrachera, no sé si orgásmica, que va in crescendo. No hay quien las aguante. Ahora, VOX les ha pisado el rabo, porque es el primer partido que se atreve a llamar a las cosas por su nombre. Desde hace varios años, ellas eran las que hablaban, opinaban, hacían y deshacían sin que nadie se atreviese a llevarles la contraria. No quedaba bien, porque así lo establece la dictadura de lo políticamente correcto. Pero se acabó la mordaza y, por fin, el debate está sobre la mesa, y la ilusión de poder cambiar la ley, también. Por eso están tan rabiadas. No es de extrañar que tengan bajadas de azúcar y de otras cosas. Alguna vez tenía que llegar el turno de la razón.

El gran ejército de zapadores de la izquierda son las feministas radicales que, por el hecho de ser mujeres, pueden hacer y decir lo que les dé la gana, sin que nadie se atreva a piarles. Si eres hombre, imagínate que les dices lo que piensas de ellas: que para un buen talante feminista hay que ser fea, gorda, desequilibrada y dada al insulto fácil. Tener alguna de estas características es imprescindible para entrar en el club de locas, como las llamaba Oriana Fallaci. Pongamos por caso que en un brote de sinceridad les dices que son diputadas, portavoces, o lo que sea, por esa cosa estúpida de la tómbola de la paridad o por compartir mesa, mantel y cama con el jefe. Pobre de ti. Como poco, te caería una buena multa en virtud de no sé qué argumento raro que tiene que ver con el honor, como le pasó al juez de marras con la podemita deslenguada. Porque ya sabes que ellas pueden llamarte machista, maltratador, asesino y mil burradas más, pero tú calladito, porque a ti la ley no te protege. No hay ley para ti. Pero incluso en el Parlamento se está viendo esta desigualdad. No sabes cuánta rabia me da, cuánta lástima te tengo y cuánto me solidarizo contigo. Pero vamos a seguir luchando para que esto cambie.

Estas locas excéntricas de los discursos feministas, que llenan el aire de bobadas, a mí no me representan. A las que no somos mujeres-cuota solo nos representa la Constitución y la ley. Las mujeres no somos inferiores ni minusválidas para que un grupo de descerebradas tenga que reivindicar unos derechos que no son tales, basados en teorías acientíficas e implantados a base de presión a políticos y legisladores de escaso sentido común y abundante ambición. No necesitamos ser tuteladas, y mucho menos por estos grupos de hembristas cavernícolas tan amantes de luchar en el barro.

Las mujeres feministas de verdad, antes de que desde la corrupta ONU llegara ese engendro del “género” en forma de ideología totalitaria, basada en el patrón de la lucha de clases, estamos en contra de las cuotas. Nada me daría más vergüenza que me colocaran en una lista o me regalaran un puesto por ser mujer y hay que hacer la cremallera. Las mujeres feministas de verdad ni queremos derechos extra, ni los necesitamos.

Me siento avergonzada por estas mujeres manipuladoras, desafiantes e insaciables, que están creando una sociedad caótica e invivible. No puedo hablar de esto sin recordar al frívolo Zapatero, que fue quien empezó este carnaval y que el PP en pleno dio por bueno continuando con la mascarada. Menos mal que, como hemos dicho, tenemos a VOX para que con la ayuda de todos ponga los puntos sobre las íes y escriba la abolición o reforma de la catastrófica ley inconstitucional, que excluye la presunción de inocencia para los hombres. Gracias al “partido de extrema necesidad” muchos se atreven a discrepar, aunque con mucho miedo y cuidado, no vaya a ser que se diga alguna inconveniencia que algún juez progre lo interprete como maltrato. No hay que olvidar que cada feminista de estas es un agente inquisitorial.

La verdad, si con carácter obligatorio el fin de las mujeres fuera llegar al grado de involución mental y espiritual, a ser una caricatura de nuestra esencia, yo optaría por quedarme en casa y con la pata quebrada.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
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