Opinión

Derecho a la libertad frente a un sistema que nos aplasta.

05.02.18 | 11:15. Archivado en Magdalena del Amo

El sistema es cada vez más implacable contra quienes osan apearse del tren que transporta a la humanidad hacia los hornos crematorios del gran campo de concentración del borreguismo más abyecto. Antes de subir al tren, los alguaciles han anestesiado levemente a los viajeros para evitar que pataleen o se escapen. La visión borrosa por su estado de somnolencia les impide ver que todos van vestidos con trajes de rayas, todos iguales, todos condenados a una vida tras una alambrada de púas. Esta metáfora representa nuestras vidas, nuestros cuerpos, mentes y almas, gobernadas por manos invisibles expertas en colocar losas casi imposibles de descorrer para escapar. Casi imposible, pero no imposible.

Viene esta entradilla a propósito de la sentencia absolutoria del juzgado de Lo Penal número 10 de Valencia, a favor de un naturópata. Un enfermo de leucemia, mayor de edad y con capacidad de decidir, que había abandonado la quimioterapia y seguía un método alternativo, acabó falleciendo. La denuncia fue interpuesta por el padre del fallecido, que no piensa parar hasta ver al profesional de la salud condenando por intrusismo y entre rejas. Muchas cosas hay que decir a este respecto, pero voy a centrarme solo en la reivindicación del derecho del enfermo a elegir un tratamiento, o a abandonarlo (Ley de Autonomía del paciente, art. 2. 4), y el derecho de las personas a optar por las vías que consideren más adecuadas para llevar una vida más armónica; incluyo la educación de los hijos, más allá de los programas curriculares oficiales, así como la supervisión en materia de salud, al margen de opiniones de profesionales para los cuales los niños no dejan de ser monitos a los que hay que domesticar y cortarles las esquinas para que quepan en la cajita que hay que colgar en el árbol del sistema.

La verdad es que llevo unos cuantos días de mal humor, porque veo que todo se conjura para la imposición de medidas cada vez más restrictivas. Vemos la afluencia de noticias surrealistas sobre padres a los que se les retira la custodia de sus hijos por no seguir ciertas normas. Siempre he estado en contra de privar a unos padres de sus hijos, a no ser en casos muy extremos, de abandono o abusos. Lo que no puede hacer una sociedad avanzada es retirar la custodia porque los padres no dispongan de medios económicos. No se puede castigar a nadie por el hecho de ser pobre. Pero la cosa se hace más sangrante cuando se descubre que detrás de estas retiradas de custodia pueden existir vergonzosos intereses. Hace unos días, “Medical News” se hacía eco de una información de “Discovery Salud”: nada menos que 44.000 niños en España habían sido separados de sus padres. Lo escalofriante es que muchas de estas retiradas de tutela no están dictaminadas por jueces, sino por simples empleados de los servicios sociales. No niego que cumplan una función necesaria en algunas áreas, pero en lo que nos atañe, siento decir que dan la impresión de ser copias clónicas de las células de los regímenes totalitarios. Aludo a los regímenes totalitarios porque, tras esta apariencia de libertad, vamos camino de ello. Cada vez somos menos libres para decidir, pero no solo en España; noticias del mismo cariz tienen como protagonistas a naciones avanzadas, como Canadá, Suecia o Reino Unido. Parece que es un mal endémico.

Continuando con la noticia de “Medical News”, ahora no solo se puede retirar la custodia por no tener medios económicos, sino por no bañar a los niños a diario, por emplear métodos alternativos de salud, por estar en contra de la ideología de género. En fin, hoy hay que tener mucho cuidado, porque el sistema nos persigue y se ha convertido en nuestro enemigo.

Pero como siempre hay quien se beneficia del mal ajeno, en estos casos están los buitres al acecho. Según publica “Discovery Salud”, de los 1.131 centros que tenemos en España, el 75% son de carácter privado. Pues bien, el Estado da a estos centros 4.000 euros por niño al mes, en concepto de gastos de mantenimiento, y la cifra se duplica a 8.000 euros en el caso de que requieran atención especial. Solo hay que multiplicar para ver la millonada que obtienen al cabo del año estos negociantes del dolor ajeno. Porque no me digan que no es un negociazo.

Ahora bien, aunque el tema ya está denunciado ante varias instancias, entre ellas el Defensor del pueblo y el Parlamento Europeo, hay que preguntarse: ¿Dónde está el Gobierno? ¿Dónde está el fiscal General del Estado o la Fiscalía del Menor? A mí me parece de vergüenza y de suma urgencia. Porque una de dos: o esto es cierto y entonces tienen que rodar cabezas y dar muchas explicaciones –dado que hay mucho dinero público en juego—, o es mentira y entonces José Antonio Campoy, director de DS, tendría que ir a la cárcel. No tengo ninguna duda del buen hacer de Campoy y no me cansaré de ponderar su gran labor de divulgación, dando cobijo a todos los métodos alternativos y desvelando todas las mentiras de la ciencia y medicina oficiales para servir al sistema.

Volviendo al título del artículo, tenemos derecho a elegir nuestra propia medicina. Y hay que decir que reconociendo todos los avances de la medicina alopática y la cirugía, hay que ser justos y darle el lugar que se merece a la medicina germánica del doctor Hamer, por ejemplo, condenado por el sistema por curar el cáncer. Afortunadamente, muchos médicos han tomado el testigo y lo están empleando, así como otros sistemas de sanación, más relacionados con el alma y las emociones, a la luz de los nuevos descubrimientos de la física cuántica.

Reivindico que lo privado siga siendo privado. El sistema no puede interferir en nuestro universo íntimo: no puede arrogarse el derecho a decidir qué debemos pensar, qué debemos opinar, qué vacunas debemos ponernos, o qué métodos debemos utilizar para prevenir el cáncer o pretender curarlo; quien dice cáncer dice gripe o sarampión. Tampoco debe decidir si nuestros niños deben estudiar inglés o gaita. Son esferas personales de desarrollo, y a eso venimos a este mundo: a vivir una experiencia vital, particular e independiente; no a servir a politicastros y megalómanos ávidos de poder. ¡No a ser los clicks de Famobil de esa gentuza!

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
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