Opinión

Siete días trepidantes - Apoyar a Rajoy, quizá tapándose la nariz

19.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Comprendo la indignación de Mariano Rajoy cuando la flamante candidata a la Generalitat, Marta Rovira, hija del dedo ajeno a elecciones primarias de Oriol Junqueras, dijo que el Gobierno central preparaba un baño de sangre para impedir el tramposo -eso lo digo yo: menudo pucherazo- referéndum de Puigdemont. Comparto esa irritación ante la mentira de la política aún, pese a todo, bisoña y no obstante veterana en fanatismos. Nada puede justificar la mendacidad en política; si hay pruebas, hay que presentarlas. Si no, todo queda en un nuevo episodio de la guerra, donde la principal víctima es, ya se sabe, la verdad.
Pensar que el loco "procés" catalán se normaliza, cuando Junqueras ha decidido catapultar como títere a la señora Rovira no deja de ser un "wishful thinking" que el Ejecutivo central puede difundir, pero en el que nadie cree. Entre Puigdemont el huido, la Bélgica empeñada en que España sigue siendo el país de Franco muerto hace -el lunes se cumplen_ cuarenta y dos años, Oriol encarcelado y Marta la fantástica, a lo que hay que añadir no pocos sectarismos institucionales y mediáticos, la verdad es que la campaña hacia el 21-D se presenta loca, loca, loca. Y llena de sobresaltos que yo ahora sería incapaz de detallar, por lo imprevisible que todo resulta cuando está sometido a las no-reglas de la falta total de sentido común.
Lo preocupante es que hay otros temas, que podríamos hoy considerar secundarios aunque no lo sean, que redundan en la anormalidad ambiente. Claro, hablo de los casos "Gürtel", Lezo, Púnica y largo etcétera, que han estallado, de manera natural o buscada, al tiempo. Hay quien dice que Rajoy ha tenido suerte, en el fondo-fondo, de que el "procés" lo tape todo, incluso que estamos al borde de la sed física en este secarral llamado España. Así, Bárcenas, Correa, Ignacio González, Granados, Aguirre "et alia", que ya irán saliendo, quedan para lo que los periodistas llamamos páginas pares de los periódicos. O sea, las que muy pocos leen. Pero no es así.
No, no es así porque, si bien se analiza el conjunto de las consecuencias últimas que esto va a tener, lo que está ocurriendo es que Rajoy ve debilitado el apoyo que todos tenemos que prestarle -pienso_ ante una situación de emergencia nacional. Y se nota en los silencios de Rivera, en las cosas desafectas que va diciendo Pedro Sánchez, que el bloque constitucionalista llegará, si llega, hasta el 21-D, y luego ya veremos qué ocurre. La corrupción ha lastrado la buena imagen de España y la hunde ahora que hay muchos medios empeñados en presentar a nuestro país como un Estado policiaco que golpea a pacíficos viandantes que tratan de votar. Es una enorme mentira, como las de Marta Rovira,de acuerdo; pero qué importa eso cuando, en parte ante las torpezas de comunicación de La Moncloa y allegados, que no saben, parece, lo que es elaborar un plan de crisis, los telediarios europeos se empeñan en presentar a España como una democracia tan imperfecta que está casi al borde del expreso de medianoche carcelario y del madurismo parlamentario.
Una lástima que hayamos llegado hasta aquí. Porque la verdad es que Rajoy ni es el delincuente que le espetó en el Congreso la irresponsabilidad de Pablo Iglesias -en el Legislativo hay que aquilatar la semántica, y llamar preso político a quien lo es y delincuente, lo mismo--, ni el taimado Putin que quiere el Times, ni, claro, el salvaje Maduro que sugirió Jordi Evole, y bien que lo siento, porque admiro al personaje (a Evole, digo, claro). Ni, por supuesto, tiene nada que ver con Franco, más allá de la innegable galleguidad, que es casi lo único bueno que adornaba al dictador que reposa en el Valle de los Caídos.
Presentar a Rajoy como el resumen de todos los males es tan contraproducente como sugerir que es el salvador de la patria; ni una cosa ni otra, estimo. Pero de sus cualidades y defectos hablaremos más tarde, cuando todo se normalice de verdad, si es que tal esperanza cabe aún albergarse en nuestros apesadumbrados corazones. Ahora, por la voluntad de las urnas -y un poco de la de Ciudadanos-, Rajoy es el inquilino de La Moncloa, y, ante una situación de quiebra nacional, necesita nuestro apoyo, de la misma manera que necesitamos apoyarle. Lástima que su círculo de tiza caucasiano, y él mismo, se empeñen en considerar disidente peligroso a todo aquel que no está al cien por cien con el Hombre Providencial. Y así, claro, ocurre muchas veces lo que ocurre, que viene siendo no poco.


A vueltas con España - El PSC, algo más que un partido

19.11.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Las elecciones catalanas son eso -catalanas-, pero realmente esta vez son unas elecciones de Estado. Vitales para los intereses de los catalanes, por supuesto, pero también para los del conjunto de los ciudadanos españoles. Sostener lo contrario equivaldría a llamarse a engaño e intentar falsear la realidad bajo la apariencia de decir solo lo que también es cierto: son unas elecciones autonómicas.
Si se asume la hipótesis más verosímil -el interés de Estado- parece lógico que estas elecciones tengan el tratamiento de unas generales, ya que en el fondo están en juego las cosas de comer; es decir, los intereses de España como Estado de la Unión Europea; el futuro de la banca; el horizonte de las empresas -grandes y pequeñas-; el crecimiento del PIB y, en consecuencia, el mercado de trabajo; las inversiones públicas y privadas; la financiación autonómica; las pensiones, y muchas otras cosas.
Visto con perspectiva de Estado -no de ningún partido, ni solo con perspectiva catalana- parece también evidente que a España le interesa que el Govern resultante no sea hostil. Pero por esa misma razón, si el Estado aplica la inteligencia política tampoco le interesa que el Govern sea hostil con el independentismo y menos aún con el nacionalismo. A una política de Estado le interesa la centralidad, de modo que sea posible el diálogo político y el encaje -transitorio o definitivo- de Cataluña en España. Cualquier tipo de radicalismo puede tener graves consecuencias, como ya se ha visto.
En esa hipótesis solo hay un partido catalán que responda a tantas expectativas, y no es otro que el PSC, ya sea como líder del Govern o como socio de una gran coalición. Porque un Govern encabezado por Ciudadanos -hipótesis en la que confían algunos- sería cómodo para Madrid pero tendría muchas dificultades en Cataluña y un Govern de ERC con radicales podría tener buen anclaje en una parte de Cataluña pero tendría difícil la convivencia con Madrid, salvo que en Madrid hubiese un cambio de gobierno o, de repente, se impusiera la realpolitik en Madrid y Barcelona, lo cual tampoco estaría mal pero no parece lo más probable.
Lejos de ser una defensa del PSC, atribuirle este peso puede complicarle las cosas, pero para paliar ese tipo de circunstancias se supone que están los estrategas políticos, cuyo lenguaje no siempre coincide con el de los analistas, entre otras cosas porque los primeros no suelen tener reparo en decir una cosa y hacer otra, mientras que los análisis -máxime los periodísticos- se supone que deben ser veraces. Dicho de otro modo, y sin rodeos: lo inteligente y práctico para España -y para una Cataluña catalanista, no independentista- es apoyar al PSC. De ese modo, no se le mete el dedo en el ojo al independentismo ni se rompe con Madrid. No se queda bien del todo con casi nadie, pero no se rompe nada.
Por si alguien lo duda, puede resultar ilustrativo un gráfico y un análisis que publicó El Periódico de Catalunya, donde salta a la vista que el partido con opciones de captar más votos en distintos caladeros del rico mestizaje político catalán es el PSC. Pero esto no garantiza nada, ya que si no lo consigue, a izquierda y derecha, puede volver a fracasar, con la diferencia de que esta vez no solo fracasaría el PSC sino el interés general y la centralidad política de Cataluña y de España. Son los riesgos de haberse difuminado en Cataluña el eje izquierda-derecha para dar paso a extraños compañeros de cama como el PDECat y la CUP. No se trata, pues, en este análisis de apoyar al PSC, ni menos aún de pedir el voto para el partido de Miquel Iceta, sino de subrayar que sin el PSC en un papel protagónico seguirán las tensiones de alto voltaje entre Cataluña y España. Dicho queda.


Carmen Tomás - La reforma laboral vuelve a escena

19.11.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, (OTR/PRESS)

Ya tenemos otra polémica encima de la mesa y , por distintas razones, une a los empresarios y a los socialistas por paradójico que pueda parecer. Verán, el Ministerio de Empleo ha presentado a los agentes sociales un documento en el que, en su afán por acabar con la dualidad del mercado laboral, por reducir la temporalidad, ha puesto encima de la mesa la posibilidad de encarecer el despido de los contratos temporales. Además, el Ministerio se propone echar marcha atrás, matizar algunas de las cuestiones que contiene la reforma laboral vigente y que tienen que ver con el papel de los sindicatos y los convenios sectoriales.
Se trataría al parecer de encarecer el despido de los contratos temporales, una indemnización creciente, que como decía, no ha gustado a los empresarios. Creen que esto va a suponer un freno a la creación de empleo, no va a acabar con la dualidad y muy al contrario será una traba más para la competitividad, ya que encarece los costes laborales. Y tienen razón. Se puede frenar la creación de empleo, cuando la temporalidad se está reduciendo y ya es bastante menor de lo que lo era en los años de bonanza.
Por su parte, a los socialistas no les gusta lo de un contrato con indemnización creciente inspirado en el modelo de Ciudadanos. Algo parecido piensan los sindicatos que, por supuesto, lo que más desean es que su papel en la negociación salarial vuelva a ser relevante. En definitiva, volver a la casilla de salida en este asunto y que las élites del sindicato y de las distintas secciones vuelvan a meter cuchara en la negociación sectorial. Conviene recordar que introducir mayor flexibilidad en las relaciones laborales, más empresa es precisamente lo que en la crisis evitó el cierre de muchas empresas y lo que ahora mantiene engrasadas las relaciones laborales. Una traba que Bañez supo eliminar valientemente y que ahora no se entiende muy bien que se quiera revertir, precisamente cuando la fuerza de los sindicatos es manifiestamente mejorable.
Veremos si unos sindicatos en baja son capaces de revertir una de las pocas reformas que han funcionado a la perfección. Todavía casi 4 millones de trabajadores están en paro y precisamente lo que hay que seguir es avanzando en la reforma puesto que es obvio que ha dado frutos excelentes. Es más habría que seguir profundizando porque, algo que se olvida, las empresas son las que crean empleo y el mercado debería ser aún más claro, transparente y directo. No al contrario como era antes de la reforma y como si no se remedia puede retroceder.


Victoria Lafora - Raca, raca...

19.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a que cualquier político catalán, del sector independentista por supuesto, hiciera declaraciones arrepintiéndose de la DUI, llega Marta Rovira, número dos de Oriol Junqueras, con el relato de terror de un supuesto ejército español dirigiéndose a Cataluña, con las armas cargadas, para provocar un baño de sangre si se atrevían a seguir con la independencia.
Puede ser el pistoletazo de salida de la campaña electoral y, de ser así, anuncia una exacerbación del victimismo con el que mantener prietas las filas. O podría ser también que Rovira, ungida como sucesora del líder de ERC encarcelando, trate de justificar el fiasco de una declaración que nunca fue y que acabó con medio Govern fugado y la otra mitad en Estremera. La que puede ser la próxima presidenta de la Generalitat, ante el difícil porvenir procesal de las, hasta ahora, "estrellas del proces", trata de justificar el fiasco y recuperar el ánimo de los "indepes" defraudados y desmotivados. No es que los promotores de la DUI se dieran a la fuga, es que " el Estado opresor" amenazaba con un baño de sangre.
Por la misma razón que ha calado el argumentario de llamar " presos políticos" a los dirigentes para los que la juez Lamela ordenó prision preventiva, por la gravedad del delito, posible reincidencia y riesgo de fuga, habrá gente que se crea este nuevo cuento de terror de Marta Rovira.
Se prepara así una campaña cansina, con "las cartas desde mi celda" de Junqueras, las entrevistas incendiarias desde Bruselas de Puigdemont, el nuevo brío de Rovira, el quiero y no puedo de Colau, y todavía está por ver si el expresident de la Generalitat no protagoniza el último golpe de efecto y se vuelve a España, días antes de los comicios, para levantar las encuestas que le son adversas, con la imagen de un furgón policial, en una noche fría de invierno, camino de prision.
Menos mal que Carme Forcadell, tras su compromiso con el juez del Supremo, guarda un prudente silencio y, aunque va en las listas de ERC, no es de esperar que se dedique a defender la independencia unilateral con el ardor con que lo proclamaba hasta hace bien poco.
Si alguien pudo sospechar que el suflé catalán había bajado se equivoca y de aquí hasta el 21 de diciembre la sociedad va a seguir bajo el "raca, raca" del derecho a decidir, mientras se corre un tupido velo sobre el desaguisado social y el coste económico que para las arcas públicas de Cataluña va a suponer la aventura independentista.
De momento, las ofertas de reformas sociales, de incentivos al empleo, o de apuesta por las infraestructuras brillan por su ausencia y lo único que se escucha es más de lo mismo pese al fracaso. Eso sí, ahora dicen que se lo van a tomar con más calma porque las cosas de la independencia no se pueden hacer deprisa y corriendo.
En las manos de los votantes catalanes está el decidir si quieren seguir así y por cuánto tiempo.


Jueves, 14 de diciembre

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