Opinión

El rincón del soneto - LA FORCADEL

10.11.17 | 11:00. Archivado en Salvador Freixedo


LA FORCADEL

Aquella Forcadell empedernida,
la de las independencias eternas
salió ayer con el rabo entre las piernas
muy triste, llorosa y arrepentida.

A gente como ella, tan atrevida,
hoy día en las democracias modernas
le vacían encima las cisternas
y la tienen encerrada de por vida.

Se atrevió, porque un gobierno de idiotas
hace tiempo que no sabe qué hacer,
y unos socialistas antipatriotas

lo único que quieren es el poder.
Esperemos queden escarmentados
porque han quedado muy excrementados.

___________________
Por Salvador Freixedo
Último libro del autor:
«IGLESIA, ¡DESPIERTA!»
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El rincón del soneto - PABLITO SE NOS ESTÁ DESINFLANDO

10.11.17 | 10:40. Archivado en Salvador Freixedo


PABLITO SE NOS ESTÁ DESINFLANDO

Pablito se nos está desinflando,
porque la gente ha visto, por fin,
que él es solo un copia de Lenín
y en sus modales lo está demostrando.

Su política es solo de ordeno y mando,
y como Pablito es algo chulín,
basta que te le enfrentes un pelín
para que al punto te esté fulminando.

Trata a sus amigos a la baqueta,
porque dueño del partido se siente.
Las pocas ideas de su chaveta

se le han bajado para la coleta,
y si algún día llega a presidente
volveremos  a los tiempos de la ETA.

___________________
Por Salvador Freixedo
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Escaño cero - Una buena decisión

10.11.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, (OTR/PRESS)

A los políticos cuando de verdad se les conoce es en circunstancias difíciles y creo yo que Miquel Iceta está sorprendiendo a propios y extraños demostrando que tiene capacidad sobrada para liderar un momento político como este tan trascendental en la Historia de Cataluña y de España.
El discurso de Iceta es el de un político que conoce bien Cataluña y por tanto ofrece un modelo de convivencia basado en el acuerdo y no en la ruptura.
El líder socialista defiende el catalanismo y una mayor cuota de autogobierno para Cataluña previa reforma de la Constitución y todo esto haciendo equilibrios casi imposibles habida cuenta de que en el PSC hay dos almas, una que roza el independentismo y otra que es lisa y llanamente catalanista pero sin más veleidades.
Iceta apuesta por un proyecto político integrador de ahí que haya llegado a un acuerdo con Ramón Espadaler, sucesor de Durán Lleida al frente de la desaparecida Unió reconvertida en una nueva formación que se llama Units per Avancar.
De esta manera el PSC abre las puertas a tantos y tantos ciudadanos que son catalanistas y que vista la deriva enloquecida de Partido Demócrata Catalán y del tanden formado por Mas y Puigdemont, de repente se han encontrado con que no saben a quién votar. Y con inteligencia y sentido común Miquel Iceta les ha invitado a coaligarse con el PSC presentándose juntos en las elecciones del 21 de diciembre.
Naturalmente este acuerdo ha provocado sorpresa en las filas de ambas formaciones y, todo hay que decirlo, incluso resistencias.
Pero como Miquel Iceta ha explicado se trata de recuperar el consenso en Cataluña y que su manera de entender el catalanismo pasa por no aceptar su secuestro por los independentistas.
El acuerdo deja margen a ambas partes para mantener su identidad ya que podrán votar como crean conveniente en el Parlamento sin que tenga porque haber siempre coincidencias. El propio Espadaler no tiene reparos en mostrar su discrepancia con la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Pero tanto Iceta como Espadaler son conscientes de que hay que devolver la serenidad a Cataluña ofreciendo alternativas posibles.
Dice Iceta que sin duda su apuesta es arriesgada y solo el resultado de las urnas dirá si los catalanes avalan esta operación política. Pero sea cual sea el resultado, Miquel Iceta ha acertado porque el camino elegido es el único posible para volver a restañar heridas en Cataluña y para al menos intentar demostrar que hay alternativa al independentismo que tanto mal está causando en Cataluña y en el resto de España.
Así que bienvenido sea ese acuerdo generoso e inteligente.


Luis del Val - Buena precampaña

10.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, (OTR/PRESS)

En las sedes del PP, PSC y Ciudadanos, había ayer, a últimas horas de la tarde, rostros sonrientes y expresiones sosegadas. La tensión de la precampaña, y el temor a que una situación extraordinaria derive en unos resultados también extraordinarios, pero sin saber hacia qué orilla va la ola, se fue desvaneciendo a medida que se constataba el enfado de la ciudadanía catalana, no con la huelga, sino con el sabotaje. La huelga es un derecho de los trabajadores y un inconveniente para los que no la quieren secundar, pero el sabotaje es un secuestro de las libertades de los demás, una coerción insoportable, que sólo se puede ejercer con violencia, porque se violenta el libre albedrío, cuando se obliga a un vehículo a detenerse o cuando se impide a un ciudadano que ha comprado un billete para ir a Zaragoza, a un entierro o a una boda, subir al tren.
Un militante en uno de los partidos constitucionalistas, de cuyo nombre no quiero acordarme, me comentaba ayer con anhelo: "Si llevaran a cabo, una semana antes de la campaña, un par de tonterías como la del miércoles, estaríamos salvados". Y añadía: "Por supuesto, que antiguos miembros de Convergencia jamás votarán al PSOE o a Ciudadanos, pero es posible que lo hagan al PSC o que se queden en casa. Y eso no es nada bueno para los secesionistas".
Y quedan dos imágenes para la memoria de quienes no estamos en el ojo de la tormenta: la de los mossos protegiendo a los saboteadores de los ciudadanos cabreados a los que, presuntamente, deberían defender, y la indecente manipulación de los niños llevados al follón con tanta inconsciencia como miseria moral. La decadencia ética ha llegado a un punto de difícil retorno. Puede que la economía se recomponga, y que vuelvan algunas de las más de dos mil empresas que huyeron del anunciado desastre, pero es muy difícil que retorne el sentido común y la dignidad.


El Abanico - Stop al boicot de productos catalanes

10.11.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID, (OTR/PRESS)

Las cifras son demoledoras, un 20 por ciento de los españoles de fuera de Cataluña confiesa que ya no compra productos catalanes. No me sorprende porque tengo amigos, gente leída, gente sensata, que se niega a tomar su cava de toda la vida, en castigo por lo que está ocurriendo en Cataluña, sin darse cuenta de que el daño se lo hacen también a quienes dicen defender. Me refiero a esos españoles que viven en esa comunidad, pero que no comulgan con las ideas del triunvirato formado por Puigdemont, Junqueras y los activistas de la CUP, y que son los que verdaderamente están sufriendo en sus propias carnes el desvarío de los independentistas pero también el boicot de quienes se obstinan en dividir el país entre buenos y malos.
Todo esto es tremendo por las repercusiones que tiene en su calidad de vida, en la sanidad, en los servicios sociales de los catalanes en su conjunto pero lo que más llama mi atención es que ningún líder de los tres partidos constitucionalistas ni Rajoy, o en su defecto Saenz de Santamaría, Sánchez o Rivera, hagan nada por detener esta locura que amenaza con poner patas arriba la economía española, no solo la catalana. Un problema que no parece preocuparles demasiado si con ello castigan a quienes en su locura nos han llevado a una situación límite.
¿O alguien cree que todo lo que viene de Cataluña se produce en esa Comunidad Autónoma, y no en Andalucía, Aragón, Extremadura, y otros lugares de España? Vivimos en una sociedad globalizada y eso empieza por nuestro país. ¿No se le ha ocurrido a nadie que el corcho de las botellas de cava proviene de Extremadura? Podríamos poner mil ejemplos, pero lo preocupante es el descalabro que están sufriendo los pequeños o grandes empresarios catalanes o no, que ven con dolor cómo este proceso, está destruyendo su presente, su futuro y el de sus hijos, además del trabajo de toda una vida.
No voy a entrar a juzgar las razones por las que alguien deja de comprar todo aquello que huela a Cataluña, aunque lo que no comprendo es por qué el Gobierno de la nación, no insta a los medios públicos a emprender campañas publicitarias que mejoren la imagen de Cataluña en el resto del país. Campañas de las que todos saldríamos beneficiados. Quiero pensar que si no lo hacen es por que no tienen un plan definido, ni propuestas ilusionantes sobre lo que hay que hacer para atraerse a los catalanes a territorio amigo, y a los españoles a dejar de mirarles como si fueran el enemigo a batir, siendo como son los que más están sufriendo está situación.
Resulta decepcionante que ni el Gobierno ni los partidos que han apoyado el 155, que pronto concurrirán a las elecciones del 21D -que si hacemos caso de las encuestas no parece que vayan a ganar con la holgura suficiente como para recomponer todo lo que se ha roto en este tiempo-, no tengan preparado un plan B, para atraerse la confianza, aunque sea por la mínima, de los catalanes, independentistas o no, que se sienten cómodos viviendo en Barcelona o Tarrasa, pero también en San Sebastián, Málaga, o cualquier otro lugar de España.
La situación es tan grave, tan sumamente grave, que todos, sin excepción, deberíamos poner algo de nuestra parte para que la ruptura no sea total como buscan algunos, ya que en ello nos va la estabilidad económica, familiar y de país.


Charo Zarzalejos - Puigdemont, patetismo total

10.11.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID (OTR/PRESS)

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat, trata de aprovechar bien el tiempo. Desde Bruselas, mientras sus compañeros de viaje están en la cárcel, trata de gritar a Europa que España es un país impresentable, indigno de considerarse democrático en el que ni hay libertades, la Justicia no es independiente y el Gobierno, franquismo en estado puro. Un insulto en toda regla, absolutamente deliberado y tan desmesurado que resulta ridículo aunque no por ello deja de doler.
Nunca debería haber abandonado Cataluña, pero una vez que tomó la decisión, en absoluto improvisada, de cruzar la frontera, el patetismo de su actuación roza lo inimaginable. No sólo es profundamente injusto con España, a la que insulta y trata de ridiculizar a diario sino que, además, ha logrado introducir al conjunto del secesionismo catalán en un laberinto aún más alambicado de lo que ya lo era antes de su decisión de coger carretera y manta.
La última ha sido el anuncio de una estructura, no se sabe si de Gobierno o electoral, para, desde Bruselas continuar la lucha como les gusta decir. Con todo, Puigdemont no ha logrado un solo apoyo. Ningún país ha mostrado la más mínima simpatía a su causa, ni ningún parlamento está dispuesto a plantear cualquier debate relacionado con el secesionismo catalán. Para que no falte nada, Puigdemont pide una lista electoral que él denomina de "Presidente", con la única pretensión, aunque no lo diga, de difuminar la más que probable caída en picado del PdeCat. Y en este punto con ERC ha topado. El partido de Oriol Junqueras se sabe el mejor colocado en las encuestas y se siente con la suficiente fuerza para imponer condiciones casi de imposible cumplimiento. Es difícil imaginar a la CUP compartiendo escenario con un partido "de derechas y corrupto" como, según ellos, es el PdeCat. Otra cosa es condicionar desde fuera que es lo que han venido haciendo durante año y medio con éxito más que notorio.
Como todo lo relacionado con el secesionismo catalán es una caja de sorpresas, habrá que esperar al segundo final del minuto final, pero todo apunta a que Puigdemont cuando vuelva a España, que volverá, no lo hará entre aplausos de gloria, entre otras cosas, porque no habrá hecho temblar cimiento alguno de la UE. Habrá que esperar pero todo indica que ERC no se va a dejar embaucar por sus ya exsocios de Gobierno. La broma acabó. Ahora es la hora del poder y ante la idea de gobernar, de mandar, Oriol Junqueras, aunque sea desde la cárcel, no va a dar un paso atrás. Saben todos ellos que aún cuando ganen las elecciones--cosa más que probable--nada será igual y que si vuelven a las andadas que les lleven a actuar fuera de la ley, el 155 ha dejado de ser un mal fetiche y ahí va a estar.
Puigdemont debería de dejar de creerse su propio personaje y volver a Cataluña para dar serenidad a los suyos. Resulta difícil de entender que un responsable político pueda perder el sentido de la realidad hasta el punto que lo ha perdido este hombre. Un punto de ficción a veces es necesario para sobrellevar circunstancias adversas. No deja de ser un mecanismo de defensa bien estudiado por psicólogos y neurólogos, pero esto supera con creces la ficción admisible. Debería volver Puigdemont y mejor hoy que mañana si de verdad quiere ser útil a la causa que defiende, de lo contrario, el futuro más inmediato al que se expone es a convertirse en una caricatura de si mismo.


Viernes, 24 de noviembre

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