Opinión

Fernando Jáuregui - Que salgan. Que vuelvan

09.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Que salgan. Que vuelvan. Todavía estamos a tiempo --ahora que no ha comenzado oficialmente-- de hacer una campaña electoral "normalizada", en la que los principales candidatos no estén en la cárcel o en el autodenominado "exilio". Todavía el Tribunal Supremo puede enmendar los excesos de celo de la juez de la Audiencia Nacional. No conviene políticamente, ni moralmente -y la aplicación suma de la ley no se puede convertir en suma injuria-, que el acaso próximo president de la Generalitat salga de prisión para tomar posesión del cargo en la plaza de Sant Jaume: menuda fotografía para The Guardian. Ni es bueno que el insensato "refugiado" en Bélgica siga lanzando desde allí proclamas absurdas, que a él tanto le descalifican y al Estado, en el que tendrá que convivir los próximos años, tanto le perjudican.
Dejemos de una vez de hacernos daño, que eso no nos lleva sino a la perdición. Dejemos, desde el independentismo "oficial", de hacer caso a los que les llaman "traidores" por haber querido organizar, ellos, esas elecciones a las que ahora todos se acogen; dejemos, los que somos contrarios a la independencia de Cataluña, de hacer mofa y befa del catalanismo con la "manoloescobarmanía", blandiendo el garrote y los grilletes como toda razón. Olvidemos de una vez los extremismos, las revanchas, las rabietas de colegio; hagámonos mayores.
Esto en lo que estamos, simplemente, no es posible. Imposible llevar a cabo una campaña electoral en estas condiciones. La aplicación de la ley ya está garantizada, pero ¿por qué hacerlo preventivamente, cuando sabemos -o intuimos-- que, una vez que haya sentencia, el Gobierno central de turno tendrá que ejercer su potestad del indulto, para normalizar, aunque sea tarde, las cosas? Nos hemos precipitado al dar carta blanca al poder judicial, que es ciego y sordo a lo que se llama interés del Estado. Y ahora no nos queda sino confiar en que ese mismo poder, que ya hemos comprobado, de acuerdo, que existe, valore la magnitud del posible desastre provocado por sus acciones tajantes.
Hasta aquí hemos llegado. El Estado ha mostrado su fuerza. El independentismo, sus límites. Que salgan de Soto, de Estremera. Que vuelvan los que se fueron y saben que no podrán seguir sobreviviendo mucho tiempo de la caridad pública de algunos medios que gozan presentando a esta España democrática como si hubiese regresado al franquismo, menuda barbaridad. No quiero seguir, como español, como ciudadano, como periodista, sufriendo al ver los noticiarios de tantas televisiones europeas, que se gozan presentándonos a los españoles como unos salvajes, otra burrada que no tiene anclaje en la realidad, pero ya se sabe que lo importante es lo que parece, no lo que es.
Puigdemont, Junqueras, nos han hecho un daño terrible. Ni con la perpetua pagarían, es lo que siento, el mal que han causado a un país que lleva años afanándose por ser un modelo de democracia -sin haberlo conseguido del todo, desde luego--. Pero lo que pienso es otra cosa: más daños nos hacen ellos, desde la prisión, desde el "exilio", en su actual situación de postración. Porque Dios nos libre de los débiles, sobre todo de los que no tienen causa. Y más aún, cuando tienen algún tornillo del cerebro algo suelto, como temo que es el caso. Hacen menos daño fuera que dentro, los unos, y menos dentro que fuera, los otros. Que vuelvan. Que salgan. Y que compitan en buena lid ante las urnas, estas sí de verdad. Luego, Dios y la eterna improvisación de este país nuestro, incluida, claro, Cataluña, dirán.


Victoria Lafora - Más piquetes que huelguistas

09.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

La jornada de huelga general convocada ayer en Cataluña, para protestar por el encarcelamiento de los dirigentes independentistas, tuvo escaso seguimiento en las grandes ciudades. Barcelona amaneció como un día cualquiera y, de no ser por la presencia de piquetes boicoteando el transporte público y cortando carreteras, la afluencia a los puestos de trabajo habría sido normal.
Lo curioso de esta segunda huelga de los independentistas es la contundencia de las acciones de los piquetes quienes, cortando todos los accesos, sentándose en las vías de los trenes de cercanías, no parecían demostrar mucha fe en su capacidad de convocatoria. Y no contaban tampoco con el enfado que en las redes sociales mostraron cientos de ciudadanos atrapados en atascos kilométricos. Cabe pues preguntarse si las organizaciones Omnium y ANC, principales suministradoras de los piquetes, empiezan a detectar un cierto cansancio en la sociedad catalana ante la ocupación permanente de la calle.
Si a este cansancio se suma la fuga de empresas, el parón preocupante de la inversión en Cataluña, el aumento del paro que, según los últimos datos de octubre, duplica la media nacional, es comprensible el hartazgo de una sociedad fracturada, incluso en las relaciones familiares y de amistad, que vio con decepción como la prometida República se declaraba para suspenderla minutos después y que al segundo intento no respaldó nadie e incluso sus promotores se dieron a la fuga.
En un intento por mantener prietas las filas y alto el ánimo se organizó el viaje de los alcaldes con sus varas de mando, por descontado, a Bruselas. La capital europea, que vive entre el estupor y la indiferencia la secuencia de circenses apariciones del prófugo Puigdemont, fue testigo de la manifestación ante las sedes de la UE del grupo de alcaldes que con los bastones en alto, como no, denunciaron la falta de respuesta ante el "Estado opresor".
Pero, quien llevó más lejos su indignación por esa desatención de las instituciones europeas fue el propio Puigdemont, acusando al presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, y al máximo responsable del Parlamento, Antonio Tajani, de apoyar el "golpe de Estado de Rajoy" y no reaccionar "contra los abusos de una democracia fallida".
No parece la mejor estrategia denigrar a los líderes europeos para lograr repercusión en la prensa internacional, objetivo final de sus múltiples comparecencias. La fría, seria y funcionarial, capital belga comienza a mostrar signos de hartazgo por la conflictiva presencia de unos políticos que no fueron invitados.
La sensación de cansancio ante la desmesura pánica de los secesionistas está impregnando a la sociedad internacional en la misma medida en que cala, como lluvia fina, en Cataluña. Cuidado con pasarse de movilizaciones a las puertas de una campaña electoral porque corren el riesgo de desmotivar a los propios.


Francisco Muro de Iscar - La parálisis

09.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

No creo que nadie se extrañe de que el problema catalán sea hoy el segundo que más preocupa a los españoles. El primero es el paro, pero si lo de Cataluña no se resuelve, seguramente serán los catalanes los que noten que da lo mismo el orden de ambos, porque a más inestabilidad, fuga masiva de empresas, retirada de inversiones, huelgas, menos riqueza y más desempleo. Daños económicos, posiblemente, para más de una década y daños sociales para más de una generación. Pero lo importante del desafío secesionista no es eso, con ser de enorme importancia, sino la cantidad de recursos y de esfuerzos que se están dedicando a eso y la cantidad de esfuerzos y de recursos que se están detrayendo de las cosas que de verdad importan a los ciudadanos.
Desde hace meses, desde que los independentistas decidieron retar al Estado de la nación, fracturar la sociedad catalana y poner en riesgo la convivencia, infringir la legalidad, toda la legalidad, y hasta fugarse para no someterse a la acción de la Justicia, en Cataluña se han derrochado muchos millones de euros y se ha obligado al Estado a gastar muchos más para garantizar algo fundamental como es la seguridad jurídica, pero que podría haberse dedicado, por ejemplo, a crear empleo, a mejorar la educación o la sanidad. Todo eso lo pagaremos, lo pagamos los ciudadanos con nuestros impuestos. Y por eso, también tenemos derecho a exigir responsabilidades.
Lo más grave, sin embargo, es la parálisis de todas las agendas políticas y sociales del Gobierno, de los partidos, de los sindicatos y de la patronal. Y el silencio sobre todo asunto que no sea Cataluña. Hasta de la corrupción hemos dejado de hablar. Los sindicatos mayoritarios han denunciado la parálisis de la agenda social y han anunciado movilizaciones a partir del 21-D si no se retoman las negociaciones. Fiar todo a lo que suceda el 21-D es, seguramente, el mayor éxito de los independentistas y un fracaso de todos los demás. De momento no hay espacios para una negociación que no quiere ninguna de las partes. Y, además, puede que el 21-D, si los catalanes no apuestan por el cambio y apartan a los frívolos, no se solucione el problema.
Pero es que, además, está parada la reforma educativa, la de la Justicia prácticamente no ha empezado a caminar, la de las pensiones ni se contempla, el impuso al empleo y una política moderna de investigación están cada vez más lejos porque los partidos están a otra cosa. Y si fiamos todo a la Comisión del Congreso que tiene que pactar una necesaria reforma constitucional, tal vez lleguemos tarde a todo lo demás. De ese pacto ya se han bajado Podemos, machacado por su gestión de la crisis catalana, su liderazgo excluyente y su carencia de proyecto, ERC, que sólo aspira a gobernar Cataluña frente a España, y el PNV, que tiene la mejor situación económica y ningún interés de ser un aliado leal en la construcción de una nación fuerte. Estamos dilatando la respuesta urgente a todos los problemas reales y poniendo en riesgo la salida final de la crisis. Y eso, alguien deberá pagarlo.


Isaías Lafuente - Acabarán jugando de negro

09.11.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Por si no tuviéramos pocos problemas encima, ahora estamos a vuelta con la camiseta. Hace unos días conocimos la que lucirá la selección española de fútbol en el próximo Mundial, una versión evolucionada de la que vistieron en el del 94. Se podía haber armado revuelo por el desorbitante precio de una prenda que no está al alcance de todos. Pero no. La polémica se ha suscitado porque donde la marca fabricante Adidas jura que es "azul petróleo" otros han visto un claro color morado y se han felicitado o se han escandalizado, que la cosa va por barrios, con la presunta combinación republicana de colores junto al rojo y al amarillo. El ridículo debate se prendió y animó en las redes sociales, pero atravesó líneas cuando el presidente interino de la FEF, Juan Luis Larrea, dijo que "al gobierno lo le hacía gracia ni el lío ni la camiseta", y cuando el ministro portavoz Méndez de Vigo afirmó que la selección "había tenido camisetas más bonitas en el pasado".
La cuestión es que este miércoles era el día de la presentación oficial de la camiseta y al acto, para el que se había contratado hasta un helicóptero para hacer más espectacular el momento, se le ha dado finalmente un tratamiento discreto para no llamar mucho la atención. Pero se ha conseguido justo el efecto contrario, como cualquier becario en materia de comunicación podría haber previsto: en vez de amainar la tormenta se ha disparado.
Como la selección tiene cosas más importantes de qué preocuparse en estos momentos y como la propia FEF tiene también cruciales asuntos pendientes, como sustituir al presunto delincuente que aún no ha sido relevado de su puesto sin saber muy bien a qué están esperando, sólo cabe desear que frenen las interpretaciones cromáticas y que nadie vea senyeras en las mangas de las camisetas ni reinterprete que nuestro histórico rojo es en realidad un guiño al centenario de la revolución bolchevique. Porque veo que a este paso nuestros jugadores acabarán compitiendo vestidos de negro para que nadie les saque los colores.


Antonio Casado - El caso Puigdemont

09.11.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Lo suyo es llevar la discordia y contagiar el caos por donde pisa. No le bastaba con exacerbar las luchas intestinas del Gobierno belga. Ahora le ha dado por abroncar a Europa. No está a la altura de las circunstancias, según él, por dedicar una mirada distraída a los resabios dictatoriales del Gobierno español.
Más que distraída, paciente. Esa es la mirada de Europa sobre este estrafalario personaje. Un ex presidente de la Generalitat poco honorable, que hace turismo de conveniencia en Flandes como virgen ofendida por el Estado español. Dice sentirse victima de "un golpe de Estado ilegal". Textual. Como si hubiera golpes de Estado legales. Acaso lo piensa. Se entendería entonces que de ese modo intenta justificar el suyo. El que pretendía reventar el orden constitucional libremente elegido por el pueblo español. Incluido el catalán, cuyo respaldo fue superior a la media en el referéndum de 1978.
Ese orden jurídico-político, basado en valores de libertad, pluralidad, justicia, el imperio de la ley y el respeto a los derechos humanos, es el que reconoce la UE como propio en uno de sus socios. De ahí que en el territorio europeo no tenga sentido la figura del asilo político. Pero sí cabe hablar de cooperación judicial entre los países miembros, Y de eso trae causa la llamada orden de detención y entrega (euroorden), que la Justicia belga está tramitando.
Ni se le pasa por la cabeza a Puigdemont, o quiere hacerlo creer, que Bélgica, socio fundacional de lo que hoy llamamos Unión Europea, no osará ponerle a disposición de la Justicia española, que lo reclama por presuntos delitos de rebelión, sedición, prevaricación, malversación y desobediencia. Supondría, según él, entregarlo a un Estado represivo, que le persigue por sus ideas y garantiza un juicio justo.
"¿Es ésta la Europa que quieren?", se preguntaba públicamente el martes pasado, interpelando a sus dirigentes, empezando por el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. "¿Una Europa que mete en la cárcel a un Gobierno democrático?", continuaba. Y era tan directo en su diatriba, que puede haber agotado la paciencia de unos dirigentes cansados de apelar al cumplimiento de la ley y hartos de negar que Cataluña esté oprimida o que Madrid haya violado el Estado de Derecho.
Tomemos nota de una declaración del ex primer ministro francés, Manuel Valls, de origen catalán, que nos dijo en la radio: "No se entendería que Bélgica rechazase la entrega de Puigdemont a España". Tiene razón. Y se entendería menos después de haber regañado en público a las autoridades europeas porque, según él, no han reparado en que "Rajoy se ha convertido en el guardián de la tumba de Franco".
Lo cual me hace insistir en que Puigdemont debió haber contratado a un psiquiatra y no a un abogado. Es un caso clínico.


Rafael Torres - La camiseta republicana

09.11.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

La ciudadanía ha llegado a un punto de saturación tan extremo con la cuestión catalana, que aprovecha cualquier otra cosa, cualquier otra noticia, para huir y desintoxicarse un poco. Claro que para huir y desintoxicarse de un asunto tan traumático, tan endiablado y tan doloroso, a lo que procura agarrarse la gente no es a otros asuntos de similar transcendencia y gravedad, que los hay a manta, sino a los irrelevantes, a aquellos que pueden facilitar la evasión. Sin ir más lejos: la camiseta republicana.
Ducha de súbito en los arcanos del cromatismo textil, la ciudadanía ha dado, por esa necesidad de evasión, en inventarse un debate inocuo, el de si la franja vertical de la nueva camiseta de la Selección Española de Fútbol contiene los colores de la bandera de la República, esto es, de la bandera de España hasta que un golpe de Estado fascista, la guerra subsiguiente y la derrota del régimen legítimo acabaron con ella. Mas como quiera que en nuestro país nada es enteramente inocuo, y que todas esas calamidades que abolieron la bandera tricolor no acabaron del todo con ella, sino que la convirtieron en un emblema casi sebastianista del progreso y de la libertad, la polémica ha adquirido unas proporciones, si se me permite el retruécano, desproporcionadas.
La camiseta de marras, en sí misma, es fea de narices, como, por lo demás, lo vienen siendo las de los equipos de fútbol desde que las llenan de diseños majaderos, pero el debate, por llamarlo de algún modo, no se centra en si es fea o bonita, sino en si Piqué y compañía van a lucir en sus pechos la enseña de la II República Española, o, por el contrario, si el morado de la franja no es morado, sino, sin más, un azul raro entreverado de rojo que lo parece. A algunos, de daltonismo particularmente carca, se lo parece tanto, o sea, que la raya es morada, que han lanzado una campaña para la sustitución de esa camiseta por otra más "nacional", y de momento han conseguido que se suspenda el acto de presentación de la para ellos inquietante prenda.
Ganas de huir y desintoxicarse un poco de la cuestión catalana, necesidad incluso, hay, pero cuidado al elegir la modalidad de evasión: la carcunda ve tres rayas en una camiseta y le parece estar viendo al mismísimo diablo.


Escaño cero - La carta de Justiniano

09.11.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Se me hizo un nudo en el estómago cuando ayer leí en El País la carta de Justiniano Martínez a Paco Frutos. Precisamente el mismo día en que las encuestas auguran un descenso en intención de voto para Podemos.
A quienes no hayan leído el texto de Justiniano Martínez les recomiendo que lo busquen de inmediato en la RED.
Justiniano Martínez fue guerrillero, responsables del PCE en Murcia, también responsable del PCE en Madrid. Fue detenido, torturado y pasó unos cuantos años en la cárcel.
El recuerda como gritaba libertad y amnistía y que por eso perdonó a su torturador. Pero sobre todo Justiniano da las gracias a Paco Frutos porque el ex secretario general del PCE y uno de los líderes de CCOO ha sido capaz hace unos días de subirse a una tribuna y arremeter contra el independentismo catalán recordando que la izquierda ni ha sido ni puede ser nacionalista, además de poner en valor cuanto se hizo en la Transición, esa Transición denostada por algunos de los líderes podemitas.
Paco Frutos alzó su voz autorizada lamentando la deriva de los actuales dirigentes comunistas y estos le respondieron desautorizándole y diciendo que ya no representa a nadie.
Pero va a ser que sí, que Frutos lo mismo que Justiniano Martínez representan a esos miles de hombres y mujeres que militaron en las filas del PCE y sus historias son un ejemplo de sufrimiento, de sacrificio de generosidad y de inteligencia política. Pero representan no solo a quienes militaron en el PCE sino a esos millones de ciudadanos que creyeron y apoyaron la Transición y que hicieron posible con su apoyo el paso de la dictadura a la democracia y a la puesta en marcha del régimen de democracia y libertad del que venimos disfrutando desde 1977. Y la Transición no habría sido posible sin la generosidad del PCE, de su apuesta decidida por la reconciliación. De manera que si de algo nos podemos sentir orgullosos los españoles es precisamente de nuestra Transición.
Así que Justiniano Martínez ha escrito una carta a Paco Frutos y ha recordado de dónde venimos. Ha alzado la voz para decir que él si que fue un preso político. Y es que en nuestro país todavía hay hombres y mujeres que fueron presos políticos y por eso resulta un sarcasmo que se considere presos políticos a los miembros del ex Gover catalán. La simple comparación es injuriosa para quienes sufrieron cárcel en los años de la dictadura.
No me extraña nada que Podemos esté empezando a perder pie por su política de apoyo al independentismo. Como dice muy bien Justiniano Martínez, en Cataluña se hacen huelgas por los del "tres por cent", huelgas convocadas por patronos y gobiernos.
Yo no sé si muchos de los que hoy con tanta arrogancia y soberbia se erigen en representantes de la izquierda han leído el artículo de Justiniano Martínez pero me gustaría saber, en caso de que lo hayan leído, si han sentido una sacudida en su conciencia.
Empieza a haber un hartazgo evidente de las gentes de verdad de izquierdas ante el adanismo de quienes se dicen hoy de izquierdas. La izquierda y el nacionalismo es como intentar mezclar agua y aceite. Imposible. Insisto, les recomiendo el artículo de Justiniano Martínez.


Fermín Bocos - Otra leyenda negra

09.11.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Vivir para ver. Vuelve la Leyenda Negra. Desde Flandes y con eco en Inglaterra, como antaño. En esta ocasión a resultas del relato de otro farsante en la estela de aquél infausto traidor que fue Antonio Pérez. El mendaz de ogaño es Carles Puigdemont, ex presidente de la Generalidad de Cataluña. Prófugo de la Justicia, sigue aventando todo tipo de falacias como expresión de una estrategia calculada para internacionalizar el conflicto que él mismo tanto ha contribuido a crear saltándose la Constitución Española y arrumbando el Estatuto de Autonomía de Cataluña.
Refugiado en Bruselas redobla los ataques a España y a sus legítimos gobernantes, jueces y fiscales. No ha encontrado apoyo en el Gobierno belga ni tampoco entre las autoridades comunitarias pero hoy en día las redes sociales y los platós de televisión son un altavoz poderoso para quien sabe manejarse en ellos. Esa habilidad hay que reconocérsela al Puigdemont que un día fue periodista.
Es irritante que treinta años después de la entrada de nuestro país en la Unión Europea -un club de países democráticos que sólo admite socios que se rigen por las normas del Estado de Derecho- haya quien preste oídos a un personaje prófugo de la Justicia que osa decir que España es una "democracia fallida". Un personaje que tras proclamar una República, dejó tirados a sus partidarios poniendo tierra de por medio. Un cínico que tras haber desobedecido las sentencias de varios tribunales y estar en busca y captura acusado de sedición, rebelión y malversación se atreve a decir que es el presidente del Gobierno de España quien estaría perpetrando un golpe de Estado por haber aplicado la ley (Artículo 155) ante el reiterado incumplimiento de la misma por parte del hoy destituido "Govern" de la Generalidad.
Es el mundo al revés. El discurso falaz de un político artero con el que ni sus antiguos compañeros de viaje de ERC quieren ir en lista conjunta a las elecciones del 21 de Diciembre. Lo más triste del cúmulo de falsedades y tergiversaciones políticas que Puigdemont viene proclamando desde su escapada a Bélgica es que dentro y fuera de España hay medios de comunicación que todavía le dan crédito y sitio. O guardan equidistancia. Lo que bien pensado es mucho peor.


Sábado, 25 de noviembre

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