Opinión

A vueltas con España - La política es la solución

05.11.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

El día 21 de diciembre habrá elecciones en Cataluña y algunos posibles candidatos están en prisión o camino de la cárcel. Podría darse el caso -surrealista- de que uno de ellos sea presidente de la Generalitat. Es una prueba más de que en España no está resultando fácil la convivencia entre el tratamiento que le dan la justicia y la política a lo que aconteció y sigue aconteciendo en Cataluña. Como ya alertó el expresidente Felipe González, en una sutil reprimenda al presidente Mariano Rajoy, la judicialización de la política termina con la politización de la justicia. No se trata, pues, de que no funcione la justicia, sino de que en la política lo prioritario sea la política y no la justicia.
Un país democrático difícilmente puede avanzar así y no es misión de la justicia resolver este tipo de problemas políticos, que exigen diálogo y consenso. Los exconsejeros, el exvicepresidente y el expresidente de la Generalitat pueden ser o no culpables de los delitos de los que se les acusa -eso lo determinará una sentencia firme, que exige tiempo- pero el Parlamento de Cataluña y el Govern de la Generalitat no pueden estar sujetos al surrealismo político de manera indefinida. Por tanto, solo una solución política inteligente y democrática puede devolver dicha comunidad autónoma a la normalidad.
El presidente del Gobierno no es precisamente ajeno a esta situación, motivada por unos supuestos delitos políticos pero acelerada por las actuaciones de la Fiscalía General del Estado y la aplicación en Cataluña del artículo 155 de la Constitución. Suele ser norma de Mariano Rajoy dejar pasar el tiempo, que casi todo lo cura, pero en este caso el calendario lo marcó él mismo, al poner las elecciones el 21 de diciembre. No tiene, por tanto, mucho margen de tiempo, aunque sí conserva un amplio margen de maniobra.
Por mucho que exista la división de poderes, que formalmente existe, el Estado es único y los actuales problemas de Cataluña son problemas de Estado. De hecho, el presidente de la Generalitat es el primer representante del Estado en su comunidad autónoma.
No está al alcance de cualquiera dar con la solución -en realidad caben distintas opciones- pero, una vez más, quien está al frente del país debe ser capaz de encontrarla, sin contrariar a la justicia ni impedir unas elecciones autonómicas con garantías democráticas. En su día, el expresidente Adolfo Suárez tuvo que tomar decisiones no menos complejas, bajo un sinfín de presiones, y no eludió su responsabilidad histórica. Mariano Rajoy lo tiene mucho más fácil


Carmen Tomás - Cataluña ya se desangra

05.11.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, (OTR/PRESS)

La crisis institucional ocasionada por el exgobierno de Cataluña, ahora en la cárcel o en busca y captura, ha ocasionada graves daños a la economía catalana y lo hará en los próximos meses en la española. Ya empiezan a conocerse datos de cómo la inseguridad jurídica y las ilegalidades cometidas por Puigdemont, sus consejeros y la Mesa del Parlamento han impactado en las principales variables económicas. La más grave, el desempleo. El viernes se conocieron los datos de paro en el mes de octubre y Cataluña acusa un aumento de los parados y una menor creación de empleo. Cierto que octubre es un mal mes para el empleo por el fin de la temporada turística. Sin embargo, si se desestacionalizan los datos, el desempleo desciende. Y, además, hacía muchos años que en ese mes no se registraban tantas afiliaciones a la Seguridad Social. En este sentido, bastar observar cómo mientras Madrid o Valencia suman casi 40.000 afiliados más en octubre, Cataluña apenas registra 1.700, cuando normalmente los datos de Madrid y Cataluña son bastante similares.
Es la primera consecuencia de un mes en el que han descendido las ventas de automóviles. En este caso también Madrid y Cataluña suelen registrar números similares. Pues bien, mientras en la Comunidad de Madrid, las ventas aumentaron casi un 25 por ciento, en Cataluña apenas lo hicieron en un 4,5 por ciento. Pero es que también han descendido las compraventas de viviendas, las ventas en los comercios, el consumo en bares y restaurantes, la facturación de los taxis o la reserva de hoteles. Hasta los viajes del IMSERSO o la llegada de cruceros o la celebración de congresos han descendido drásticamente. Miles de personas y de euros que se han ido a otras comunidades autónomas o sencillamente se han esfumado.
Cierto que la salida de empresas se han ralentizado en estos últimos días. Según las cifras diarias que ofrecen los Registradores de la Propiedad, estos días la salida ha sido de unas 60 diarias, cuando la media estaba siendo superior a las 120. Incluso un día se acercaron a las 250. En total, más de 2.000 empresas han salido de Cataluña. También es cierto que tanto la Bolsa como la prima de riesgo han mejorado desde que se puso en marcha el artículo 155 de la Constitución. Sin embargo, el Banco de España, la AIREF, el BBVA, FUNCAS y otros ya corrigen sus previsiones de crecimiento del PIB de España para este año y el que viene contagiadas por Cataluña. Y el daño será mayor cuanto más dure la incertidumbre y esta duda sólo se despejará, en un primer momento, cuando se conozca la situación de los encarcelados, las alianzas electorales, el ambiente en la calle y, finalmente y sobre todo, el resultado de las elecciones del 21-D.


Siete días trepidantes - España, un país acosado desde la farsa

05.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Ya ni sé cuántas veces habré repetido aquella afortunada frase de Marx (Carlos, no Groucho, mucho más citado) según la cual la Historia siempre se repite dos veces: una, como tragedia; la segunda, como farsa. Viendo, desde mi actual y temo que esporádica atalaya italiana, la entrevista, cien veces reproducida por otros medios, de Puigdemont a una televisión belga, este viernes, me confirmé en la idea de la farsa: él, que dijo estar pensando en presentarse a las elecciones convocadas "desde Madrid" para el 21 de diciembre, es un farsante. Pero, de inmediato, al hacer un repaso de lo que las pantallas y los periódicos de todo el mundo estaban diciendo de mi país, volví a sentir los nubarrones de la tragedia en mi alma de ciudadano y, por qué no, de patriota. Y de periodista.
Pocas veces he visto a un país con aspecto, visto al menos desde el exterior, más indefenso. Y no digo yo que no se prodiguen las voces que admitan, más vale tarde que nunca, que todo el "procés" ha sido como una broma macabra que, desde la incultura política y desde la corrupción económica, ha zarandeado inclemente a los catalanes y, de paso, al resto de los españoles. Sí, hay periódicos y periodistas de todo el mundo que eso lo admiten abiertamente. Pero...
Pero siguen sin ver las razones y la razón que nos asisten a los demás, a los que consideramos que haber logrado la independencia hubiese supuesto para Cataluña algo parecido a la desaparición con respecto a los estándares de bienestar y prestigio que había -¿había?_ logrado antes de que se desencadenase la locura. No, no se ha hecho bien el plan de comunicación del Estado, de la misma manera que sí se confeccionó con cuidado y acierto el plan diplomático. Parece mentira que, con tanta "marca España" a las espaldas, se subestimase tanto la imagen-país, y, así, he visto en todas las televisiones europeas, de la francesa y la italiana a la BBC británica y a un par de emisoras rusas para el resto de Europa, cómo se agitaban las solapas de mi nación, sin que los estamentos oficiales u oficiosos reaccionasen adecuadamente: simplemente, estaban nerudianamente como ausentes.
Y ese es el panorama desde el puente europeo, desde este enclave en el que me encuentro participando en un encuentro en el que todos me preguntan, con asombro y mientras nos ven en todas las portadas, qué diablos ocurre en mi país. Trato de explicar las cosas, pero ya se sabe que, en periodismo, "good news is no news", así que todos prefieren las teorías conspiratorias, y admitamos que materia no falta para iluminarlas: ahí es nada, una campaña electoral animada por un candidato prófugo, buscado por las policías de toda Europa, y otro en la cárcel, mientras la izquierda-de-la-izquierda se sacude ya sin miramientos y el partido que gobernó durante más de veinte años la autonomía más próspera de toda España se diluye merced a sus corrupciones sin cuento y a sus errores sin límite, dejando a los catalanes empobrecidos, divididos, confundidos y desmoralizados. Odiando sin causa, o con ella, ahora eso casi ya ni importa, a "Madrit".
Y han dejado por los suelos a la imagen de toda España, una España democrática y con afanes de seguir siéndolo cada vez más, que empezaba a recobrarse de sus propios casos de corrupción desde el poder, que empezaba a sentirse segura en el ámbito europeo. Pero nadie explica bien esto -tampoco nosotros, los periodistas, temo_ y andan los españoles ahora con la sensación de que sus gobernantes están, ya digo, algo desaparecidos del campo de batalla, aunque sin duda estarán trabajando mucho, y espero, por nuestro propio bien, que lo hagan eficazmente, desde las bambalinas. Ay, las bambalinas, donde se desarrollan siempre las verdaderas tragedias que se disimulan en los escenarios...


Victoria Lafora - Miedo al vacío

05.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

El prófugo de la Justicia y ex president de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, sigue lanzando arengas desde su "escondite" en Bélgica, instando a los catalanes a defender en las calles una Republica que él abandonó, pies en polvorosa, al día siguiente de proclamarla.
Su último alegato ha sido la petición de una lista conjunta de todos los independentistas cara a las elecciones del 21 de diciembre. LLista unitaria.cat es la plataforma que recaba firmas para forzar a ERC y a su líder, Oriol Junqueras, en una celda de la prisión de Estremera, a recoger los restos de la antigua Convergencia y salvarlos del desguace.
Puigdemont quiere hacer "lista de país" y, aprovechando que todavía goza de libertad, se propone como cabeza de cartel y ofrece hacer campaña "incluso en el extranjero". No es difícil imaginar que detrás de esta propuesta está la mano de Artur Mas, su consejero "en cap", y el que realmente mueve los hilos del PDECat. El ha sido el principal responsable, el verdadero culpable de la deriva independentista de una formación que representaba a la burguesía catalana, el que, para escapar de los procesos por corrupción que encharcaban su formación, se echó a la calle a reivindicar una independencia en la que no creía. Ahora teme quedarse sin siglas que le amparen, sin el poder que tanto tiempo ha disfrutado, y con una deuda con la Justicia que los catalanes le han sufragado hasta ahora.
La "lista de país" se perfila como la única posibilidad de salvar a los exconvergentes de devenir en una fuerza residual y simple muletilla del pacto pos electoral que cerraran ERC y los comunes de Ada Colau y al que quieren sumar al PSC. Incluso el ex conseller Santi Vila, que se bajó del barco horas antes del incendio, diseña una nueva organización, catalanista y de centro, que recoja todos los votos huérfanos de la extinta CIU.
El discurso victimista, utilizado hasta la saciedad con brillantes resultados por el independentismo, el sobrevenido y el histórico, se compadece mal con un señor que tomaba café en Bruselas con su abogado, analizando su futuro procesal, al mismo tiempo que los miembros de su Gobierno comparecían en la Audiencia Nacional y salían en furgones por el riesgo de fuga que el mismo había ejemplarizado.
Marta Pascal, la actual dirigente del PDECat, que se mostró siempre temerosa de la rapidez con el que Junts pel Sí pretendían llegar a la independencia, que reconoció, tras la fuga del líder, que se equivocaron creyendo que el "proces" era "bufar y fer ampolles" que significa algo así como hacer globos, clama pidiendo una lista conjunta que les evite el ridículo de una derrota histórica, lo que parece demostrar que no tiene mucha confianza en que los catalanes vuelvan a confiar en la palabra de Puigdemont, incluso desde la cárcel.
Mientras tanto, la orden de detención contra los huidos ya ha llegado a las autoridades belgas y es cuestión de semanas que un juez se pronuncie sobre la ejecución de la misma.


Más que palabras - La España real y el fugado

05.11.17 | 08:42. Archivado en Esther Esteban


MADRID, (OTR/PRESS)

"Estoy dispuesto a ser candidato". El que afirma esto no es un político más, es el expresident catalán, Carles Puigdemont, que sigue dando entrevistas para la televisión en Bruselas como si no pasara nada mientras sus compañeros, los hombres que el designó están pasando duros momentos en la cárcel. "Puedo hacer mi campaña desde cualquier lugar de el mundo entero, estamos en un mundo globalizado", dijo insistiendo en que el suyo es el Gobierno "legítimo" de Cataluña. Al final van a tener razón los que decían que además de tener tics totalitarios y pedir adhesiones inquebrantables este hombre es un lunático, un iluminado que se ha situado no solo al margen de la Ley sino de espaldas a la realidad. Mientras él grababa su entrevista, en la España real se terminaba de perfilar una orden de detención y extradición para él y sus cuatro exconsellers, y se desestimaba el recurso de apelación del líder de la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Sànchez; y del de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, que seguirán en prisión. En la España real su vicepresidente Oriol Junqueras y siete exconsejeros continúaban en prisión y Santi Vila el hombre que intentó sin éxito parar la locura al final salía de la cárcel tras pagar 50.000 euros de fianza y hacía un llamamiento a los partidos y al Estado para que acaben con esta "situación tan terrible".
Mientras este personaje se toma cafés plácidamente en los bares de la capital comunitaria, en la España real ya sabemos, porque así lo dicen los organismos correspondientes, no solo que en Cataluña se ha frenado en seco la creación de empleo y los datos de afiliación a la seguridad social son alarmantes sino que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), en su informe sobre las líneas fundamentales de los Prespuestos para Cataluña en 2018, advierte de que la crisis independentista puede provocar que una reducción del PIB catalán de hasta un 2,7% el próximo año. De cumplirse este escenario, que es el más adversos de los propuestos por el organismo, el "crecimiento real" de la economía catalana sería "cercano a cero".
"El shock idiosincrático en Cataluña será de una reducción de 0,3 puntos porcentuales en el crecimiento de PIB catalán en el escenario central y de hasta 1,5 puntos en el escenario con riesgos a la baja, si se agudiza y prolonga la crisis; estos impactos, sumados al shock común en España, supondrán un menor crecimiento de 0,7 puntos porcentuales en el escenario central y de hasta 2,7 puntos porcentuales en el escenario con riesgos a la baja", explica la Autoridad Fiscal.
Mientras Puigdemont y sus amigos siguen a la fuga en la España real ya sabemos que el Gobierno cree que "mientras no exista condena firme, todo el mundo tiene sus derechos civiles intactos para presentarse a las elecciones".
y por los tanto también los políticos que han entrado en prisión. Según el ministro portavoz Méndez de Vigo el Gobierno solo pretende "restablecer el orden constitucional" y por eso ha convocado elecciones en Cataluña para el próximo 21 de diciembre, el plazo más breve posible.
Mientras el fugado sigue "a su bola" yo en mi hartazgo me voy a quedar con la reflexión de Juan Cruz cuando afirma que España no se merece este momento porque tampoco se mereció su vieja historia rota. Decía Albert Camus: "El espléndido calor que reinó sobre mi infancia me ha privado de todo resentimiento". Está en el revés y el derecho, que se lee como quien bebe el agua de la fraternidad y de la justicia. A Camus lo alivió el sol de la infancia; aquí vamos hacia el degénero humano, como decía el filósofo Emilio Lledó citando a Manuel Azaña. Y esas píldoras malditas de la oscuridad están conduciendo la conversación nacional al más despiadado de los resentimientos.
A un muchacho colombiano, rodeado de la miseria cruel de la droga, le preguntaron: "¿Y qué es el futuro?" El adolescente contestó: "El futuro es lo que no hay". Si ese velo de resentimiento que oscurece España no se descorre con voluntad de abrazo y, otra vez, de olvido, es posible que pase el invierno y aquí el tiempo siga dramáticamente nublado, anclado, como decía Camus, "en los prejuicios y en la estupidez". Dicho queda querido Juan .


Sábado, 18 de noviembre

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