Opinión

Antonio Casado - Pica en Flandes de Puigdemont

02.11.17 | 11:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, (OTR/PRESS)

Todo hace pensar que sus consellers (ya cesados) acudirán a la cita en la Audiencia Nacional en ausencia del president, que sigue haciendo el ridículo en su postrer intento de poner una pica en Flandes. Se trataría de derrocar la doctrina del triunvirato europeo (Juncker, Tajani y Tusk). A saber: el conflicto catalán es "un problema interno español".
El president ha montado su esperpéntica fuga a la capital europea para enredar lo que haga falta hasta conseguir que el conflicto catalán sea visto, efectivamente, como un problema europeo. Es uno de los dos objetivos de la fuga. Pasa por empezar creando un problema en el cuarteado Estado belga, donde flamencos y valones se ven con mutua aversión por razones históricas. Pero hay un segundo objetivo: escapar de la justicia española, si esta no acepta sus condiciones para que no parezca que se escapa. Por ejemplo, declarar por videoconferencia.
No es exactamente que quiera pedir asilo político, harto difícil en un área común de Estados comprometidos en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales. No, más bien se trata de ganar tiempo. De hacerse visible en un prolongado proceso de objeciones jurídico-políticas a una muy previsible orden de detención europea o una extradición reclamada por el Reino de España.
Para llevar a cabo todo eso Puigdemnont ha contratado a un abogado, aunque muchos pensamos que debería contratar a un psiquiatra. Ese letrado, viejo conocido de nuestras autoridades, que en su día reclamaban la extradición de etarras huidos de la justicia, utilizará las dudas existentes sobre los delitos de rebelión y sedición como supuestos de entrega inmediata.
Puede ocurrir que el jueves y el viernes acudan a la Audiencia Nacional (Govern, ex consejeros, no aforados) y al Tribunal Supremo (Mesa del Parlament, aforados) todos los imputados (investigados, se dice ahora) por el plan secesionista contra el estado. Menos uno. El que les embarcó en la fallida operación por la causa de una Cataluña grande y libre.
Me refiero a Carles Puigdemont, que así continuaría la estrategia fundacional de quien heredó el cargo, Artur Mas. Confrontación. Decidida en 2012, cuando España, a punto de ser rescatada por la Uinión Europa, estaba al borde de la bancarrota economica. Más débil que nunca. Estrategia redoblada cuando a la debilidad económica se añadió la debilidad política, a raíz de las elecciones del 20 de diciembre de 2015.
Esas condiciones de fragilidad del Estado fueron aprovechadas por Mas, primero, y Puigdemont, después, para confrontarse con una España en horas bajas. Pero a estas alturas me temo que en esa estrategia se ha quedado solo y lo único que va a europeizar ahora es su propio ridículo.


Los golpistas catalanes ya en los tribunales.

02.11.17 | 10:30. Archivado en Magdalena del Amo

Por fin, los golpistas imputados por rebelión, sedición, malversación y delitos conexos, han sido citados a declarar. ¡Qué largos han sido estos últimos días y cuán vertiginosos y surrealistas!

La noticia que situaba a Puigdemont en Bélgica nos mantuvo preocupados durante unas horas. Los rumores sobre su relación con los independentistas belgas, su intención de solicitar asilo político y su toma de contacto con el abogado Paul Bekaert, hacía vislumbrar un panorama, cuando menos, tortuoso. Es sabido que los Estados de la Unión Europea son considerados países seguros y solo se prevé la concesión de asilo en determinados supuestos. Pero también lo es que Bélgica es un país que, en estas cuestiones, es considerado por los progres “más garantista”, es decir, con fisuras por donde, con cierta habilidad pueden colarse las ratas. Pero también lo es que el discurso de la gente del “prusés”, ha calado entre los agitadores de la opinión pública. Llevan mucho tiempo intentando internacionalizar el conflicto y planificando estrategias, para lo cual han gastado ingentes cantidades de dinero público. De ahí que en las querellas presentadas por la Fiscalía, aceptadas por la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo se incluya el delito de malversación y se les pida una fianza de seis millones de euros para cubrir el desfalco. Esta preocupación por el Puigdemont “huido” se incrementó tras las palabras del letrado Paul Bekaert, que tantos disgustos nos dio en el pasado cuando defendía a los etarras impidiendo que fueran extraditados para ser juzgados en España.

Aunque se dice que están improvisando, yo creo que no. Tenían planeadas varias vías según se fueran desarrollando los acontecimientos, pero destaco estos dos escenarios: el primero, poner al “Estado contra las cuerdas” sacando la gente a la calle, con manifestaciones para crear desestabilización y fractura social, con el fin de obligar al Estado a negociar, tal como figura en sus hojas de ruta. A esta manera de proceder, los secesionistas la denominan “manifestación pacífica” y “resistencia pacífica”. Y como conocen el talante de Mariano Rajoy, creyeron que o ahora o nunca. Pero les salió mal. El otro escenario era la rebelión a la desesperada y provocar que el Estado aplicara el artículo 155 –Joan Tardá dijo en el 2012 que el 155 les iría “de coña”—. Pero también les salió mal. Veamos por qué.

La aplicación del 155 les iría de “coña” porque se lo imaginaban con los tanques en los aeropuertos, los antidisturbios en las calles dando porrazos y rompiendo dedos, y esa sería la gran puesta en escena para que la comunidad internacional entrara en el conflicto. No hay que olvidar los cientos de millones que gastan en chiringuitos propagandísticos de todo tipo y, además, desde que empezó el “proceso” tienen contratada a una empresa de marketing de Estados Unidos para que les haga la propaganda. Hay que incluir también a la caterva de periodistas de medios extranjeros –y también españoles— muy bien pagados para internacionalizar la gran mentira. ¡Y, mientras tanto, nuestro Gobierno pensando que solo era un suflé! Pero no es momento de reproches al gobierno por habernos llevado hasta aquí, sino de ponderar su mesura y bien hacer. En este caso sí. Hasta ahora. Si cambia, estamos en la obligación de hacerle la crítica.

Discrepo de las corrientes que culpan al Gobierno de chanchullear con los golpistas, o de no haber entrado a la manera del Séptimo de Caballería, tomando las instituciones, para que se notara quién manda ahora, como se hacía en otros tiempos. A mí también me gustaría que la cosa fuera más deprisa e incluso más espectacular, pero me parece que se está haciendo con mucho tiento, de manera “exquisita”, por emplear las palabras que oí a alguien del Ejecutivo. Y con esta actuación, los golpistas se han quedado sin argumentos; se han quedado sin las imágenes para la prensa progre internacional y las redes sociales. Por eso les salió mal la estrategia.

Con todo lo que está ocurriendo, y a falta de los capítulos intermedios y finales, no creo que los independentistas queden con ganas de seguir echando pulsos al Estado. Aunque con lo tercos que son, todo es de esperar. No estaría de más, no obstante, que se les exigiera a los partidos independentistas renunciar a la independencia, no de sentimiento, pero sí de hecho. No se entiende –máxime viendo a lo que conduce— que haya formaciones políticas legales con objetivos que no se ajustan a la Constitución. Hay que dejar claro que, aunque la Constitución se reforme, nunca habrá derecho de autodeterminación ni de independencia. ¡Y basta ya de chantajes!

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
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El rincón del soneto - CATALUÑA EN BOLAS

02.11.17 | 10:00. Archivado en Salvador Freixedo


CATALUÑA EN BOLAS

Hoy está mi indignación que hace olas,
porque se fue Puigdemont a Bruselas
y allí le pusieron las pasarelas
para que soltara un millón de trolas.

Por sus yerros, Cataluña está en bolas,
la amada patria de sus entretelas,
que económicamente está a dos velas
y pronto los parados harán colas.

Los ellos y ellas de aquel Parlament,
comandados por doña Forcadell,
parecían borrachos de aguardient.

Como el peligro era muy eminent,
las industrias huyeron en tropell
para gran disgusto de Junquerell.

___________________
Por Salvador Freixedo
Último libro del autor:
«IGLESIA, ¡DESPIERTA!»
freixedo.autor@laregladeoroediciones.com
Suscripción gratuita


Fernando Jáuregui - Lo que le espera al prófugo

02.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Cuando escribo este comentario, forzoso es que reconozca que no tengo una calificación jurídica precisa acerca de los delitos de las veinte personas que en estas horas próximas deben comparecen ante el Supremo o la Audiencia Nacional, aunque entiendo algunas de las pegas que, desde ámbitos mejor fundados jurídicamente que yo, se ponen: excesiva celeridad a la hora de llamar a los investigados para que comparezcan ante el juez, consideración fiscal acaso excesivamente dura, fuero quizá inadecuado. Lo que sé es que vivo en un Estado de derecho, con separación de poderes -es posible que bien que lo esté lamentando en estos momentos Mariano Rajoy_ y que los gobiernos no ordenan a los jueces lo que tienen que hacer. Nuestro privilegio es poder discrepar de las decisiones judiciales, tantas veces políticamente inconvenientes, y nuestro deber es acatarlas.
Algo que Puigdemont, a punto de convertirse en prófugo, parece que no está dispuesto a hacer. Y de lo que no puede caber duda, al margen de las simpatías o antipatías políticas en las que te coloques, es de que tanto Puigdemont como los otros veinte llamados este jueves y viernes por los distintos tribunales en relación con el intento de golpe secesionista en Cataluña, han cometido presuntos delitos. Y delitos muy gordos, que la sedición es algo que antaño costaba muy caro y que hogaño tampoco sale barato. Para no hablar, claro, de la rebelión, que es delito del que no estoy seguro de que podamos seguir hablando en estos casos.
Imposible pensar hace un mes en la hipótesis de que el molt honorable president de la Generalitat (ex molt horable ya) pudiese ingresar en prisión. Ni siquiera Jordi Pujol ha visto (¿aún?) los barrotes carcelarios desde el interior, y mira que está incurso en apropiaciones indebidas sin freno. Y, sin embargo, ahora cabe dentro de lo bastante posible que el hombre que ha protagonizado la mayor escandalera política desde el 23-f de 1981 acabe en una celda, acompañado por su vicepresidente y por algunos de sus consellers, además de por varios miembros de la Mesa del Parlament, comenzando por su atrabiliaria presidenta, Carme Forcadell.
Debo decir que no soy partidario del extremado rigor de la ley, sobre todo cuando no conviene: "summa lex, summa iniuria". Pero, claro, tampoco cabe, en una democracia como la nuestra, por muy imperfecta que sea, la burla constante de la ley. ¿Con qué criterio podría el fiscal pedir nueve años de prisión para el ex presidente de Murcia, pongamos por caso, y dejar pasar como si nada los presuntos delitos de Puigdemont y compañía, sean cuales sean estos delitos, que tampoco hay unanimidad al respecto, aunque delitos vaya si los hay?

Creo que, a estas alturas, por muy poco conveniente que resulte para la tranquilidad definitiva de la "causa catalana", no queda ya otro remedio que procurar que el ex president de la Generalitat, que tantos errores de bulto ha cometido, y sus acompañantes, que tanto le han incitado por el camino del desastre, hagan frente a sus responsabilidades. No sé si el Estado sabrá luego ser generoso y compadecer al delincuente, sobre todo si conviniese compadecerlo.
Ignoro lo que pasará cuando "los veinte" se enfrenten al magistrado/a: son los togados quienes deciden. Pero sí sé que, por mucho que yo no quisiera ver a nadie entre rejas, habrá de sentirme satisfecho porque la ley, que no sé si siempre es la mejor ley, pero que ahí está, ha prevalecido. Y eso debería servir para normalizar las relaciones entre "Cataluña" y el resto de España, aunque esa Cataluña esté hoy más distante que antes de todos nosotros, y bien que hay que sentirlo.
Horas cruciales vienen para el nuevo "procés", es decir, el de la normalización de lo que ellos alteraron tanto. Y es que han causado tanto perjuicio a todos y cada uno de nosotros...


Isaías Lafuente - Los puigdemonios

02.11.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, (OTR/PRESS)

Hace 40 años, Josep Tarradellas regresó a España después de padecer un largo exilio y se convirtió en el presidente de una Generalitat recuperada, encarnando con su acción política la condición de "muy honorable" que protocolariamente acompaña a los presidentes catalanes. De él, hemos desempolvado en estos días aciagos una frase genial sobre la actividad de los representantes públicos. En política, sostenía Tarradellas, se puede hacer de todo menos el ridículo. La peripecia de Carles Puigdemont desde que el pasado 27 de octubre fuese destituido junto a su gobierno en aplicación del 155, que ponía fin a una efímera república catalana, demuestra que el expresidente no tomó buena nota de lo que dijo el honorable Tarradellas.
Rozó el ridículo la foto que difundió en Instagram, en las primeras horas del lunes, en las que se veía el interior del palacio presidencial. Parecía que estaba en su despacho a la espera de acontecimientos, pero poco después supimos que mientras jugaba al despiste estaba emprendiendo viaje a Bruselas. Desde allí, al día siguiente, protagonizó una rueda de prensa en la que, a pesar de hablar en cuatro idiomas, no se entendió nada de lo que quería decir. Una comparecencia cargada de contradicciones y de efectos secundarios que seguramente no previó en su universo paralelo.
Buscaba internacionalizar su causa, pero ni antes ni después de su intervención ha logrado un solo apoyo para la misma. Cargó contra el autoritarismo de un presunto estado opresor que, sin embargo, ha recibido apoyos de todo el mundo para hacer cumplir la ley con la ley en la mano para reinstaurar la normalidad. Dijo que el gobierno español no persigue delitos sino ideas, cuando es la forma de lograr la idea la que está investigando la justicia. Sin reconocer su cese, se presentó como presidente en el exilio de una república al mismo tiempo que aceptaba las elecciones autonómicas convocadas por quien lo cesó. Dijo no estar huido, pero sin aclarar si volverá, ni cuándo, a pesar de que tiene cita el jueves en la Audiencia Nacional. Apeló a la resistencia civil cuando afirmó que quienes defendieron los colegios en el referéndum ilegal del 1 de octubre defenderían ahora las instituciones catalanas. Un llamamiento a ciudadanos y funcionarios que seguían en sus casas y en sus puestos de trabajo mientras él ponía tierra de por medio.
Carles Puigdemont ha tenido a lo largo del intenso mes de octubre muchas ocasiones para frenar y regresar a la realidad, pero en cada una de ellas decidió pisar el acelerador de la irrealidad. No la irrealidad de la independencia sino de la vía escogida para conseguirla. Hoy, El Periódico de Cataluña, que junto a La Vanguardia y Ara le pidió la víspera de la estrafalaria proclamación de la república que convocase elecciones para evitar males mayores, abre su edición con un elocuente titular: "President, déjelo ya". Veremos si toma nota en esta ocasión.


Más que palabras - La desnudez del rey

02.11.17 | 08:42. Archivado en Esther Esteban


MADRID, (OTR/PRESS)

La última de Puigdemont ha sido igual de esperpéntica que todas las anteriores. Ofreció una penosa rueda de prensa en la sede de la Asociación de Prensa Internacional de Bruselas en una sala sin conexión a internet, ni apenas cobertura para los teléfonos móviles y los equipos de televisión y con los periodistas apiñados. En la puerta fue recibido por una decenas de personas con banderas españolas que le gritaron "sinvergüenza" y en el tiempo transcurrido desde que se fugó hasta su llegada a la capital comunitaria solo se había dejado ver en la sede de la European Free Alliance, el grupo de la Eurocámara que acoge a los movimientos independentistas, separatistas y regionalistas. " El equipo de Puigdemont, coordinado por los eurodiputados Ramón Tremosa, Josep María Terricabras y Jordi Solé y sus asistentes, había tratado de reservar una sala más grande en el Residence Palace, un edificio situado justo en frente del Consejo Europeo y en el que tienen su sede muchos medios europeos. Las instalaciones son sin embargo del Gobierno Federal, y según el diario Le Soir, la gerencia optó por rechazar la solicitud, lo que obligó a improvisar un nuevo lugar recogían los periódicos poniendo el acento en el despropósito.
"No estoy aquí para pedir asilo político. Podemos garantizar mejor nuestros derechos y cumplir nuestras obligaciones desde aquí. ¿Cuándo regresaremos? Iremos decidiendo, cada día hay una evolución, dependerá de la información que tengamos. No hemos abandonado el gobierno, vamos a seguir el trabajo a pesar de la oposición". Dijo el expresidente cesado, añadiendo que permanecerá en la capital europea por un tiempo indefinido, que apoya la celebración de elecciones el 21 de diciembre y que "respetará su resultado".
Mientras esto ocurría, en Madrid se conocía que él y los otros 13 ex consejeros del Govern catalán tendrán que acudir a la Audiencia Nacional los próximos 2 y 3 de noviembre, en calidad de imputados, para declarar ante la juez instructora Carmen Lamela por presuntos delitos de sedición, rebelión y malversación de caudales públicos. Esa es la cuestión y eso es lo que el teme y de ahí su huida, su salida del país deprisa y corriendo aunque él quiera rodearla de misterio.
Como a esta historia le quedan muchos capítulos por escribir y el protagonista ha resultado ser ademas de un político nefasto y un periodista mediocre todo un cuentista. Le voy a a regalar al señor Puigdemont un cuento, ese que hizo famoso el danés Hans Christian Andersen, allá por por 1837 y que en una versión reducida dice así: "Hasta la misma persona de un rey, llegaron dos charlatanes que se decían a si mismos sastres o tejedores. Afirmaban que eran capaces de elaborar las mejores telas, los mejores vestidos y las mejores capas que ojos humanos pudieran haber visto, sólo exigían que se les entregase el dinero necesario para comprar las telas, los bordados, los hilos de oro y todo lo necesario para su confección.
Ahora bien dejaban bien entendido que tales obras sólo era posible verlo por aquellas personas que realmente fueran hijos de quienes todos creían que era su padre, y solamente aquellas personas cuyos padres no eran tales no serían capaces de ver la prenda. Admirose el rey de tan maravillosa cualidad y otorgó a los charlatanes todo aquello que estos solicitaban y encerrados en una habitación bajo llave, simulaban trabajar en confeccionar ricas telas con las que hacer un traje para el rey, y que este pudiera lucirlo en las fiestas que se acercaban.
Curioso el rey de saber como iba su vestimenta, envió a dos de sus criados a comprobar como iban los trabajos; pero cual fue la sorpresa de estos cuando a pesar de ver como los picaros hacían como que trabajaban y se afanaban en su quehacer, estos no podían ver el traje ni las telas. Obviamente supusieron ambos que no lo podían ver porque realmente aquellas personas que ellos creían sus padres no lo eran y avergonzados de ello, ni el uno ni el otro comentaron nada al respecto y cuando fueron a dar explicaciones al rey se deshicieron en loas y parabienes para con el trabajo de los pícaros.
Llegado el momento en que el vestido estuvo terminado, el rey fue a probárselo pero al igual que sus criados no conseguía ver el traje, por lo que obviamente cayó en el mismo error en que ya habían caído sus criados y a pesar de no ver vestido alguno, hizo como si se probase el vestido alabando la delicadeza y belleza del vestido. Los cortesanos que acompañaban al rey presa de la misma alucinación también se deshicieron en alabanzas con el vestido a pesar de que ninguno de ellos era capaz de ver el vestido. Y es que conocedores todos de la cualidad del mismo, de que sólo aquellos que fueran hijos verdaderos de los que creían sus padres, solamente ellos serían capaces de contemplar el vestido, y no queriendo nadie reconocer tal afrenta todos callaron y todos afirmaron, desde el rey hasta el último de los criados.
Llegado el día de la fiesta, el rey se vistió con el supuesto vestido y montado en su caballo salió en procesión por las calles de la villa, la gente también conocedora de la rara cualidad que tenía el vestido callaba y veía pasar a su rey, hasta que un pobre niño de corta edad, inocente donde los haya, dijo en voz alta y clara "el rey va desnudo".
Tal grito pareció remover las conciencias de todos aquellos que presenciaban el desfile, primero con murmullos y luego a voz en grito todos empezaron a chismorrear "el rey va desnudo", "el rey va desnudo"; los cortesanos del rey y el mismo rey se dieron pronto cuenta del engaño y es que realmente el rey iba desnudo".
Cuando fueron a buscar a los pícaros al castillo, estos habían desaparecido con todo el dinero, joyas, oro,plata y sedas que les había sido entregado para confeccionar el vestido del rey. El engaño había surtido efecto y el rey iba desnudo".
Pues eso... si ponemos nombres al rey, a los timadores y a los cortesanos nos sale la fábula de la golpista independencia catalana.
Además, señor Puigdemont lo mejor de este cuento es una de sus moralejas: que no por el hecho de que una mentira sea aceptada por muchos tiene que ser cierta y usted lo sabe porque ha intentado mentir a todos.


Francisco Muro de Iscar - Un país para construir juntos

02.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Quedan muchos capítulos de este serial que tiene como actores principales a los ciudadanos catalanes y al resto de los españoles, aunque el escenario lo sigan ocupando los actores secundarios y temporales como Puigdemont y su gobierno. Aunque los han despedido por sus ilegalidades, por su golpe al Estado democrático y por su incompetencia, se resisten a no seguir ocupando la pantalla, aunque para ello tengan que hacer el ridículo, incluso internacionalmente. ¡De la que se han librado los catalanes! Decía Ortega que "la ausencia de los "mejores o, cuando menos, su escasez, actúa sobre toda nuestra historia y ha impedido que seamos nunca una nación suficientemente normal". Una nación imperfecta, pero normal, democrática, solidaria, socialmente estable, con seguridad jurídica... Un Estado de Derecho donde sólo no quepan los que no lo respetan. Contra eso va la rebelión del independentismo.
Pero hay que mirar más al futuro que al pasado. Y hay que construir juntos un país donde quepamos todos, incluso los que no quieren estar en él. En la defensa de las libertades está el germen de la defensa de la libertad de los que no aceptan esas mismas libertades para todos. Eso es lo que diferencia a un demócrata de esos grupos nacionalistas o populistas excluyentes de todo lo que no son ellos. Ahora, con el reto catalán encima de la mesa, el Gobierno y los partidos constitucionalistas tendrían que estar elaborando juntos el discurso que van a ofrecer a los ciudadanos catalanes para que se encuentren integrados en el proyecto de país. Qué van a ofrecer a Cataluña y al resto de las autonomías para que construyamos juntos un país moderno, cohesionado, justo, avanzado, europeo, capaz de competir en un mundo cada vez más complejo y globalizado, Un país donde las aventuras aislacionistas y las nuevas fronteras no conducen a ninguna parte. Hay que desmontar todos los engaños de los nacionalistas catalanes y ofrecer una salida a los independentistas de buena fe, a los que han sido engañados por una escuela manipulada y por una propaganda permanente y bien dirigida. Hay que desmontar, activamente, la excelente comunicación de los partidarios del procés, tanto en Cataluña como fuera de España. Ellos mismos están ayudando ahora a hacerlo, pero no es suficiente.
Se equivoca el que piense que todo está ganado y que las próximas elecciones acabarán con el viejo nacionalismo. Si los que quieren una Cataluña española y europea no acuden a las urnas, si la campaña electoral no es fuerte y rotunda, con argumentos y sin enfrentamientos entre los partidos constitucionalistas, a pesar de sus diferencias, puede pasar cualquier cosa. Y retroceder, aunque sea levemente, sería un desastre para Cataluña y para España. Hay que llevar un mensaje de optimismo, de generosidad y de oportunidades a Cataluña. Somos una nación. Lo somos desde hace siglos. Y lo vamos a seguir siendo si trabajamos juntos. Si Puigdemont comete otro error más y no acude a la cita con la Audiencia Nacional, será su problema. Hay que hablar menos de eso y hablar más del futuro. Brindemos con cualquiera de los excelentes cavas de Freixenet -otro ejemplo de cohesión al decidir, ahora, no salir de Cataluña- por el futuro de Cataluña y de España.


Rafael Torres - La huida del libertador

02.11.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, (OTR/PRESS)

Un bobo palmario sale de naja porque, en el fondo, no es tan bobo. Estaba cantado que se piraría en cuanto empezaran a sustanciarse las consecuencias de sus actos, pues nadie llega tan lejos, ni ofende y perjudica a tantos, con la idea de quedarse allí a esperar la respuesta. Puigdemont, menos que nadie.
Del expresidente de la Generalitat, ese tipo que se cree tan listo y tan gracioso por carecer seguramente de la formación moral y cultural que limitaría los efectos de su insaciable narcisismo, se pueden decir muchas cosas, menos, tal vez, que es un caballero. No debe hacerse leña del árbol caído, mas como quiera que Carles Puigdemont no ha caído todavía, sino que anda haciendo el gilipollas por Bélgica mientras sus subordinados o exsubordinados se comen el marrón, se pueden seguir diciendo algunas sin caer en le inelegancia. Sin embargo, más que de Puigdemont, habría que decirlas de cuantos, sin ser él y sus patologías, le secundaron ciegamente, encumbrándole a la condición de libertador de Cataluña.
Es cierto que al personaje nadie le eligió para presidir la Generalitat, excepto Artur Mas, pero ello no empece para que, una vez colocado a dedo, las masas independentistas le adoptaran y acataran sin la menor resistencia. En unos dos millones de personas se cifra el monto de dichas masas. ¿Qué ha pasado en Cataluña para que tanta gente flipara tan positivamente con un individuo de tan insultante mediocridad? ¿Qué virus potente y extraño pudo entrar con la Tramontana para que tantas personas, algunas de ellas con estudios y otras de irreprochable condición, resignaran sus legítimos sueños emancipadores en un sujeto de semejante jaez?

Un bobo palmario, bien que a pachas con ese Junqueras al que convendría dar de comer aparte por su interesante complejidad, ha sido capaz de engatusar a dos millones de españoles (que tal es, por cierto, el drama irresoluble de los independentistas catalanes, que nacieron españoles), cuando estaba tan pintada en su cara la cobardía, la doblez y la irresponsabilidad. Dos millones viendo, con cara de póker, como huye su libertador.


Fermín Bocos - Alivio

02.11.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, (OTR/PRESS)

Alivio es la palabra del momento. Alivio en relación con la deriva que había tomado el proceso separatista impulsado por el "Govern" de la Generalidad de Cataluña presidido por el hoy huido Carles Puigdemont. Alivio, tras verificar que la aplicación del Artículo 155 de la Constitución no abría -como se temía- las puertas a la resistencia de las instituciones políticas y administrativas catalanas, consolidadas tras cuarenta años de autogobierno. Alivio, sobre todo, al comprobar que la disolución del "Parlament" y la destitución de todos los miembros del "Govern" no desencadenaba la temida revuelta de la calle instigada por las organizaciones secesionistas (ANC y Òmnium)de demostrada y amplia capacidad de convocatoria.
El temor era, en definitiva, que se repitieran, aumentados, escraches y tumultos como el que se vivió en Barcelona frente a la sede de la "Consellería" de la que era titular el vicepresidente Oriol Junqueras cuando varios miles de personas intentaron impedir la ejecución de una orden judicial de registro.
De ahí, ya digo, el alivio. Un respiro que en relación con el impacto del proceso en la marcha de la economía tiene que ver con la vuelta a la normalidad en la Bolsa tras las pérdidas experimentadas por algunas empresas catalanas (Caixabank, Banco de Sabadell, etc.) tras los primeros días de agitación política. Normalidad en la Bolsa y compás de espera en otros ámbitos de la economía. Continúa el traslado de las sedes y domicilios fiscales de buen número de empresas, pero se ha ralentizado. Este proceso fue clave a ojos de buena parte de la opinión pública. ¿Por qué? Pues porque fue un encendido de luces rojas que sacó a la superficie el hondo grado de preocupación que generaba el movimiento sedicioso impulsado por los políticos separatistas.
Fue el propio Mariano Rajoy quien tras anunciar algunas de las medidas derivadas de la aplicación del ya famoso Artículo 155 quien invitó a regresar a las empresas que se habían ido de Cataluña. Era, y lo sigue siendo, la mejor forma de decir que el objetivo era recuperar la normalidad. Que Cataluña sigue siendo España. En lo político, todo dependerá del resultado de los comicios autonómicos convocados para el 21 de Diciembre. En lo social, son los ciudadanos catalanes quienes tienen la palabra. De momento, la señal que están enviando permite decir que la mayoría parece decidida a pasar página de un sueño devenido en pesadilla. De ahí la sensación de alivio.


Los puigdemonios - Isaías Lafuente

02.11.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, (OTR/PRESS)

Hace 40 años, Josep Tarradellas regresó a España después de padecer un largo exilio y se convirtió en el presidente de una Generalitat recuperada, encarnando con su acción política la condición de "muy honorable" que protocolariamente acompaña a los presidentes catalanes. De él, hemos desempolvado en estos días aciagos una frase genial sobre la actividad de los representantes públicos. En política, sostenía Tarradellas, se puede hacer de todo menos el ridículo. La peripecia de Carles Puigdemont desde que el pasado 27 de octubre fuese destituido junto a su gobierno en aplicación del 155, que ponía fin a una efímera república catalana, demuestra que el expresidente no tomó buena nota de lo que dijo el honorable Tarradellas.
Rozó el ridículo la foto que difundió en Instagram, en las primeras horas del lunes, en las que se veía el interior del palacio presidencial. Parecía que estaba en su despacho a la espera de acontecimientos, pero poco después supimos que mientras jugaba al despiste estaba emprendiendo viaje a Bruselas. Desde allí, al día siguiente, protagonizó una rueda de prensa en la que, a pesar de hablar en cuatro idiomas, no se entendió nada de lo que quería decir. Una comparecencia cargada de contradicciones y de efectos secundarios que seguramente no previó en su universo paralelo.
Buscaba internacionalizar su causa, pero ni antes ni después de su intervención ha logrado un solo apoyo para la misma. Cargó contra el autoritarismo de un presunto estado opresor que, sin embargo, ha recibido apoyos de todo el mundo para hacer cumplir la ley con la ley en la mano para reinstaurar la normalidad. Dijo que el gobierno español no persigue delitos sino ideas, cuando es la forma de lograr la idea la que está investigando la justicia. Sin reconocer su cese, se presentó como presidente en el exilio de una república al mismo tiempo que aceptaba las elecciones autonómicas convocadas por quien lo cesó. Dijo no estar huido, pero sin aclarar si volverá, ni cuándo, a pesar de que tiene cita el jueves en la Audiencia Nacional. Apeló a la resistencia civil cuando afirmó que quienes defendieron los colegios en el referéndum ilegal del 1 de octubre defenderían ahora las instituciones catalanas. Un llamamiento a ciudadanos y funcionarios que seguían en sus casas y en sus puestos de trabajo mientras él ponía tierra de por medio.
Carles Puigdemont ha tenido a lo largo del intenso mes de octubre muchas ocasiones para frenar y regresar a la realidad, pero en cada una de ellas decidió pisar el acelerador de la irrealidad. No la irrealidad de la independencia sino de la vía escogida para conseguirla. Hoy, El Periódico de Cataluña, que junto a La Vanguardia y Ara le pidió la víspera de la estrafalaria proclamación de la república que convocase elecciones para evitar males mayores, abre su edición con un elocuente titular: "President, déjelo ya". Veremos si toma nota en esta ocasión.


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