Opinión

Luis del Val - Los alimentos nuestros de cada día

20.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Cualquier español que abra la alacena o la nevera de su casa se encontrará con una abundante muestra de productos que se fabrican en Cataluña. Tienen calidad, solvencia y están introducidos en el mercado. Sin embargo, en el último mes, algunas de estas empresas ha comprobado que la disminución de pedidos alcanza porcentajes superiores a los de otras etapas, porque la fanfarronería secesionista provoca esas reacciones que muchos no aprobamos, pero entendemos, porque a toda acción se corresponde siempre una reacción.
En la industria alimentaria asentada en Cataluña trabajan medio millón de personas aproximadamente. El cambio de domicilio fiscal es simbólico y sólo afecta a que los impuestos de esas empresas, en lugar de abonarse en una autonomía lo harán en otra, pero no afecta los empleados, puesto que ni se trasladan las naves, ni las factorías.
Sin embargo, comienzan a estudiarse los costos de traslados, y las posibilidades de hacerlo con argumentaciones jurídicas, porque según la legislación laboral no se puede trasladar a un trabajador de un lugar a otro de no existir poderosas razones. Pues bien, en algunos despachos de abogados ya están estudiando el problema después de algunos ejecutivos hayan han dado la voz de alarma, y hayan advertido que no pueden soportar una caída de la demanda tan continuada, por una reacción emocional en el resto de España que es imposible de controlar, debido a la permanente chulería de los delincuentes de la Generalitat. Siempre se ha dicho que pagan justos por pecadores, pero para rematar el delirio de esta historia sólo falta añadir que, en medio de la gran fuga, Oriol Junqueras ha anunciado ventajas fiscales para las empresas que se instalen en Cataluña. Tardarán un rato, porque parece que las que se marchan son tantas que taponan la entrada.


Escaño cero - ¿Y ahora qué?

20.10.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Con la respuesta de Carles Puigdemont a Mariano Rajoy se abre un capitulo más en la farsa impulsada desde la Generalitat y que desgraciadamente ya está adquiriendo tintes de tragedia.
¿Y ahora qué? se preguntan los ciudadanos. ¿Cumplirá el Gobierno Rajoy con su obligación de restaurar el orden constitucional en Cataluña o le temblará el pulso?

Llevamos meses, años, hablando de los independentistas pero poco de esa mayoría silenciosa que vive con angustia el "procés". Una mayoría que con su silencio ha dejado hacer seguramente porque no creía que las cosas iban a llegar adonde han llegado.
Lo mismo que la actitud meliflua de muchos de los empresarios y banqueros que ahora corren a situar sus sedes sociales fuera de Cataluña. Ellos tienen una responsabilidad si cabe mayor. Como la tienen los distintos gobiernos de España, socialistas y populares, que permitieron que anidara el huevo de la serpiente.
Tiene razón Toni Cantó cuando ha dejado dicho en el Congreso que en los colegios catalanes se adoctrina a los niños. Otra cosa es que sea un error la propuesta de Ciudadanos, de crear un organismo que vigile los centros para evitar el adoctrinamiento. Y es un error porque no es necesario, para eso está la Inspección, eso sí, exigiendo a los inspectores que de verdad cumplan con rigor su función.
Pero negar que en muchos colegios catalanes se siembra en los niños el independentismo es negar la realidad. La socialista Luz Martínez Seijo dijo ante sus señorías que eso solo sucede puntualmente. Pero ella sabe, como lo sabemos todos, que desgraciadamente no es una excepción.
No hace tantos días que veíamos a numerosos grupos de niños manifestarse a favor del referéndum ilegal, e ir a proferir gritos contra la policía, con el asentimiento de sus profesores y digo asentimiento porque nadie les impidió no ir al colegio o al instituto, sino que simplemente les dieron fiesta.
Así que la realidad es que en los últimos cuarenta años en las escuelas catalanes se han ido sentando las bases para que hoy haya un buen numero de independentistas. Y es que, aunque algunos ahora se empiecen a caer del guindo, lo cierto es que Jordi Pujol y los suyos se han dedicado todos estos años "a hacer país" como le gustaba decir al propio Pujol. Y a la vista está que lo han hecho.
Pero todo esto ya es leche derramada así que volviendo a la realidad de hoy, aquí y ahora, la carta de Carles Puigdemont a Mariano Rajoy negándose a volver a la legalidad es la peor de las noticias. El sábado se reunirá el Consejo de Ministros (¿por qué tan tarde?) y a partir de ahora puede pasar cualquier cosa dado que el movimiento independentista viene demostrando un desprecio absoluto a la Ley y a democracia.


El Abanico - Los demonios del nacionalismo andan sueltos

20.10.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Me había propuesto no escribir sobre el tema catalán, no contestar a quienes a través de whatsapp o twitter me envían mensajes en los que me instan a no comprar productos catalanes o a sacar mi dinero de Caixa Bank. A todos les contesto lo mismo: estáis utilizando el mismo método que los independentistas: discriminar, señalar con el dedo al que no piensa o siente como ellos, al que no se enrolla la bandera rojigualda alrededor del cuello o la exhibe en el balcón de su casa, disparates a los que me niego a dar publicidad porque solo consiguen extender el miedo, el odio y el resentimiento.
Lo más triste es que quienes los envían es gente conocida, algunos amigos, articulistas, gente leída, que en su afán por sumar adictos a sus redes sociales son capaces de hacerse eco de cualquier cosa.
Es doloroso comprobar cómo después de 40 años de disfrutar de todas las ventajas que tiene la democracia, que son muchas, gracias a las cuales hemos vivido en paz y armonía, siendo envidiados por todos aquellos países donde fue necesaria una revolución para conseguir lo que nosotros conseguimos a base de diálogo, renuncias mutuas, y una visión generosa de la política, todo puede saltar por los aires sin que nadie haga nada por evitarlo.
Estos días he podido constatar cómo en algunas sucursales de algunos bancos se anima a los clientes del Sabadell o de Caixabank a sacar su dinero porque no tienen el suficiente "pedigree" de españolistas. Supongo que la utilización de estas malas prácticas nada tienen que ver con la libre competencia, tan legítima, y sí con el afán de llevar el agua a su molino pero también porque muchos de esos empleados o jefes siente verdaderamente lo que dicen. Y es ahí donde radica el grave problema que estamos padeciendo y que si no se evita puede desencadenar en algo peor.
Todos hemos visto estos días cómo grupos de extrema derecha salían a las calles no para reivindicar su nacionalidad española sino para acabar con quienes consideran sus enemigos, y digo bien, acabar. Lo sorprendente es que la mayoría de ellos han nacido y crecido en democracia, donde la libertad de expresión está garantizada pero también el respeto a quienes piensan diferente. Malo es que nos enroquemos en las banderas, de uno y otro lado, pero mucho peor, que ya no puedas mantener una conversación tranquila con quienes han sido tus amigos de toda la vida, o gente con la que te cruzas a diario en el supermercado, en la cafetería, o en el cine.
Hace unos días oí al portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid decir que Manuela Carmena no se sentía española. Siendo esto grave lo peor es la ignorancia de quien pronunció estas palabras y que sus compañeros de bancada no le llamaran al orden. A él y a otros como él -Rufían encabezaría la lista desde luego-, que no procesan lo que dicen. Si Manuela no es española yo soy de Tanzania. Decir eso de una persona que ha luchado toda su vida por defender las injusticias de los fuertes contra los débiles, la igualdad, los derechos de los trabajadores, demuestra hasta donde ha llegado el afán de venganza de quienes se consideran dueños absolutos de ese cortijo llamado España.
Creo sinceramente que los medios de comunicación deberíamos evitar encender más los ánimos de lo que ya están, con un asunto que ha sacado a pasear a todos los demonios que la sociedad española guardó bajo llave durante los últimos 40 años. Conseguirlo es tarea de todos. De quienes habiendo nacido en Castilla, en Extremadura, en Andalucía, o en Madrid se sienten de su tierra pero también españoles.


Charo Zarzalejos - El vértigo de lo inédito

20.10.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Se ha llegado a donde nadie, ni Rajoy, ni nadie, quería que se llegara. El 155 ya está decidido y el sábado se conocerán las medidas concretas previamente concertadas con el PSOE. Las respuestas de Puigdemont, todas ellas alambicadas y ,en la última, con una amenaza obvia como es la votación en el Parlament de la declaración de independencia, parecían estar buscando que el gobierno tomara la decisión más difícil de cuantas ha tenido que tomar un Gobierno democrático. Era muy fácil emplear el sujeto, verbo y predicado: "no ha habido proclamación de independencia. La legalidad vigente es la constitucional y estatutaria". Es solo un ejemplo de la claridad requerida por el Gobierno y por millones de españoles.
Pero no. Desde la Generalitat se ha jugado a la confusión, a que sean otros quienes adivinen sus intenciones más profundas, a que sean otros quienes hagan un acto de fe en la sinceridad y legalidad de un diálogo que si se ha reclamado no era con otro objetivo que el de acordar el camino hacia la independencia. Diálogo imposible.
Ni Rajoy, ni Sánchez ni nadie quería este escenario, pero si buena parte del secesionismo que han estado pidiendo a gritos que el Gobierno actuara de manera contundente para, a continuación, establecer un relato que sin duda actuará como elemento de cohesión. También es verdad que hay un sector --no se sabe su amplitud-- más moderado a quien según algunos habría que darles una salida pero los moderados permanecen en silencio y quien calla otorga. Bueno sería que ese sector más moderado diera un paso al frente, se hiciera oír y sentir porque de lo contrario será, lo es ya, tan responsable como los más radicales.
El proceso de tramitación del 155 tiene sus plazos. Quedan días por delante para su aplicación efectiva y en estas jornadas próximas no van a ser plácidas ni cómodas. El secesionismo responderá con una declaración de independencia si finalmente se cumple lo anunciado y la vida política española entrará en complicado bucle.
Nos adentramos poco a poco en un territorio por explorar. Hay tiempo para que la situación pueda reconducirse pero mejor es rebajar expectativas. El poder de la CUP no es pequeño. Tiene el que Puigdemont les ha dado y se hace difícil imaginar que la posición secesionista se modifique después de tantos plazos que el Gobierno les ha dado para que lo hagan. Con todo, hasta el ultimo minuto es tiempo de juego.
Y los tiempos han sido largos. Ya quisiera cualquier ciudadano que, por ejemplo, no paga a tiempo su IVA tanta paciencia por parte de Hacienda. No hay en España ciudadano que ante un error ante la administración, una falta de circulación, un retraso en sus pagos o un papel presentado fuera de plazo haya contado, ni contará, con tanta paciencia como la demostrada con Rajoy con quienes se han saltado toda la legalidad, absolutamente toda, a la torera.
Ojalá los acontecimientos hubieran transcurrido por otros derroteros pero de nada vale llorar por la leche derramada. La situación es de extrema gravedad, muy difícil de gestionar pero el Gobierno y los partidos que le apoyan deben mirar al toro a la cara porque este reto se soluciona de manera correcta o el bucle será infinito y peligroso. Insistir como hace Ciudadanos en aplicar el 155 y elecciones, como si esto fuera un aquí te pillo, aquí te mato, es infravalorar la gravedad de la decisión que el Gobierno se ha visto abocado a tomar. Días de vértigo y pesadilla es lo que, de verdad, tenemos por delante.


Fernando Jáuregui - El artículo 155 dichoso y otros males

20.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Sé que acabarán sacando del armario el artículo 155 de la Constitución, porque por estos pagos la imaginación es limitada y la capacidad de análisis, casi nula. Sigo sin entender por qué necesariamente acabarán/acabaremos aplicando a nuestras relaciones con una porción de España como Cataluña un tratamiento, el del artículo 155, poco específico, excesivamente discrecional y que todos (empezando por Rajoy y siguiendo por Pedro Sánchez; de Rivera no estoy seguro) creen que traerá muchos males. Muchos sabemos que Mariano Rajoy era más que remiso a aplicar este artículo de Fierabrás, como casi todos creemos que, a estas alturas, Puigdemont, el gran inconsciente que pisotea la normativa democrática, está convencido de que de ninguna manera debe proclamar unilateralmente la independencia de la República de Catalunya, porque ya sabe que es imposible. Quizá por eso, este jueves escribió su última "carta abierta" a Rajoy, un texto que quién sabe por qué todos se empeñaron en no analizar a fondo y con la suficiente sutileza.
Porque en esta carta, sin duda chulesca y hasta amenazante en apariencia, lo que Puigdemont hacía era manifestar que de declaración de independencia, hasta ahora, nada. Y es verdad: ha amagado, pero no ha dado, porque la independencia ha de ser declarada y aprobada por el Parlament, y ese no ha sido el caso. Una cosa es una declaración de intenciones, y otra, subirse al atril para desde allí vociferar que se ha roto formalmente con el Estado.
Me sorprende que ni el Gobierno central, ni el PP, ni el PSOE, ni Ciudadanos, hayan querido atisbar la tenue retractación del molt honorable president, que se ve, me parece, contra las cuerdas; amenaza con "levantar la suspensión" de la declaración de independencia, cuando esta declaración nunca existió como tal y, por tanto, no podía ser suspendida. Me choca la insistencia de "populares", socialistas y Ciudadanos en dar por hecho que el Consejo de Ministros de este sábado aprobará la aplicación del artículo 155, como si la famosa declaración fuese un hecho consumado, sin que nadie especifique en qué consistiría tal aplicación. Que es algo que todos coinciden en que causará males ¿quizá más que los bienes?

Permítanme que insista: hay que hacer política. Y política no es solamente asegurar que se cumplen a rajatabla las leyes, cosa que, por otra parte, tampoco está sucediendo, más allá de la prisión provisional acordada para los "jordis". Política es comunicación, flexibilidad, acercamiento, ideas nuevas y diálogo. Sí, diálogo, que hasta esta bella palabra parece hoy maldita.
Ignoro, claro, qué nos dirá Rajoy tras el Consejo de Ministros del sábado, si es que comparece tras este Consejo, que ni eso está claro en este cuarto de hora. Pero es el tiempo de la generosidad del vencedor, y qué duda cabe de que el Estado es el vencedor. No nos aferremos al artículo 155 de la Constitución, cuando existen otros muchos más dialogantes, amables y que representan soluciones posibles (el 152.2, por ejemplo). Olvidemos las recetas de los "halcones", que tan mal nos han ido hasta ahora. Y demos una oportunidad a la paz. Yo, la carta de Puigdemont que leí este jueves era la carta de un vencido que trata de salvar los muebles, no la de un loco que aún se cree sus propias patrañas antidemocráticas. Actuemos, pues, en este sentido, aunque mis esperanzas en ello son, la verdad, débiles.
Vencer, para el Estado frente a una autonomía, aunque sea la catalana, es relativamente fácil. La conllevanza, que decía Ortega, es decir, convencer aunque sea un poco, aunque se trata de aplazar el problema otros treinta años -como hicieron Suárez y Tarradellas--, es mucho más difícil. Y ha llegado la hora.


Sábado, 18 de noviembre

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