Opinión

Fernando Jáuregui - Retrato alegre y confiado del día de la fiesta nacional

13.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Claro, no se hablaba de otra cosa en los corrillos del Palacio Real: Cataluña, Cataluña, Cataluña... Ni una presencia, claro, nacionalista. Y una esperanza compartida por la mayor parte de la gente con la que hablé: esto se va a arreglar. Lo que nadie parece saber es cómo. Personalmente, reconozco que comparto un optimismo irracional; no lo he perdido pese a haber comprobado que no había ni varitas mágicas ni conejos en la chistera de Rajoy; tampoco tenía por qué haberlos. Es muy difícil pelear contra los tramposos que, sin embargo, saben "vender" bien sus trucos trileros. Y esa ha sido la gran asignatura pendiente del Gobierno Rajoy: haber creído más en los tribunales que en la comunicación, haber pensado que la victoria -indudable_ en las cancillerías bastaba, además de la razón, y para nada se necesitaba abrir las puertas de La Moncloa a todos esos corresponsales extranjeros que han encontrado acomodo más que sobrado en el Palau de la Generalitat. Hemos ganado, quizá, la batalla diplomática. Hemos perdido, sin duda, la periodística.
Pero quienes poblaban los salones del Palacio de Oriente, ministros, gentes de las instituciones, militares, periodistas, algunos representantes de la oposición -Pedro Sánchez este año sí fue; Pablo Iglesias, este año, tampoco_, parecían también carecer de información. Te preguntaban a ti "qué crees que va a pasar" en lugar de darte noticias. El desconcierto es patente, y todos esperan a que sea la otra parte -es decir, Puigdemont contestando al requerimiento como de Gila acerca de si ha declarado o no la independencia de Cataluña_ la que dé el primer paso. ¿Y si no lo da? ¿Entonces toma del frasco del 155 de la Constitución, signifique eso lo que signifique, que tampoco parecía nadie de los teóricamente informados saber cómo se administrará un aceite de ricino en cuyo envase no hay instrucciones de uso?

No sé, me dio la impresión de una fiesta alegra y confiada, de canapés más abundantes que años pasados. Me recordó a ciertas historias de 1898, en la que los cronistas más lúcidos, toda aquella generación pesimista, se admiraban de que el pueblo siguiese como si tal cosa, yendo a los toros y años a los festejos, sin reparar en la tragedia de la pérdida de los últimos vestigios coloniales. Los militares, con sus uniformes y medallas; las señoras, elegantísimas; los próceres, haciendo cola en el besamanos del Rey. Como si no fuese este el último "puente" de tregua, la penúltima quizá oportunidad para solucionar las cosas allá donde un loco, pero loco de verdad, está a punto de causar más estragos que un elefante en una exposición de porcelana de Sevres.
Supongo, quiero suponer, inveterado optimista yo, que este será un fin de semana de contactos subterráneos, en los que todos, quitándose la máscara de la indiferencia con la que yo veo investido al presidente, a los ministros y a los líderes de la oposición, que hay que ver lo bien que lo pasaron en la recepción real, agarren al toro por los cuernos y se pongan a ello. Lo siento, y sé que "diálogo" se ha convertido en palabra maldita, pero sospecho que, de nuevo Gila, alguien tiene que hablar con alguien para que no pase algo que no queremos que pase. Y el plazo es de aquí al lunes. O al jueves, como mucho, glub.


Charo Zarzalejos - 12 de Octubre especial

13.10.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, (OTR/PRESS)

Tuvo un trágico final. La muerte del capitán Borja Aybar cuando intentaba aterrizar en el aeropuerto de la base aérea de Los Llanos, en Albacete puso un inevitable punto de tristeza y dolor a una jornada, la del 12 de Octubre, que fue especial. Sin duda, la brillantez del desfile, que fue especialmente cuidado en su organización, no pudo borrar la tristeza de la noticia que llegaba al Palacio Real al inicio de la recepción del Jefe del Estado y que obligó al abandono de la misma del Presidente del Gobierno y de la Ministra de Defensa.
El 12 de Octubre de este año 2017 se esperaba con cierta expectación. Las circunstancias derivadas del reto secesionista de Cataluña han hecho que el ambiente fuera radicalmente distinto al de otros años. Más gente que nunca, más solemnidad que nunca, más presidentes autonómicos que nunca --faltaron los que nunca han estado-- y con la presencia de Felipe González, el único expresidente que tuvo a bien, y con buen criterio, de asistir al homenaje a las Fuerzas Armadas.
Ha sido especial, tanto por la trágica noticia que llegaba desde Albacete, como por el "despertar" de un sentimientos, de unos gestos que sólo se han venido produciendo cuando la selección española ganaba una final. Acabado el festejo futbolístico, las banderas desaparecían y el sentimiento nacional quedaba a buen recaudo a la espera del siguiente triunfo. En esta ocasión, Barcelona ha sido escenario de una nueva manifestación más numerosa que las celebradas en otros 12-0. Puigdemont está logrando que algo esté cambiando en su propia tierra.
La situación creada por el secesionismo catalán, pese a las buenas palabras, el buen tono, la buena educación con la que siempre se manifiestan sus cabezas más visibles, lo cierto es una inmensa mayoría de españoles se han sentido dañados y dolidos, además, claro está, de cansados de tanto reto, de tanto objetivo imposible. Todo esto se manifestó el 12 de Octubre con una afluencia de publico nunca vista, más ventanas y balcones engalanados con la bandera nacional, siempre huérfanos de cualquier indicativo nacional a diferencia, por cierto, de lo que ocurre en otros países europeos y, por supuesto, en Estados Unidos.
Este 12 de Octubre, además se ha convertido en otra "víspera". Y digo otra porque llevamos semanas de vísperas. Vísperas vivimos antes del pleno de los días 6 y 7 de setiembre. Vísperas fueron los días previos al 1-O y, por supuesto, en vísperas estuvimos hasta que Puigdemont compareció en el Parlamento el pasado martes para no se sabe qué. Ahora, una vez requerido por el Gobierno para que aclare si lo suyo fue una declaración de independencia o no, nos encontramos, de nuevo en vísperas ya que el lunes, antes de las 10 de la mañana, debe remitir su respuesta al Ejecutivo.
Estamos viviendo momentos graves. Graves desde el punto de vista político y también sentimental porque aquí todos tenemos nuestro corazoncito pero no son momentos de poner encima de la mesa víscera alguna y si de manifestar, quien quiera, sus sentimientos de forma civilizada y pausada. Son momentos, por el contrario, en los que la frialdad para ver con claridad los acontecimientos debe imperar por encima y al margen de enfados, decepciones o sentimientos heridos. Es hora de frialdad, de prudencia y de acierto por parte de quienes deben tomar decisiones porque de las decisiones que se adopten, de cómo se solucione el ilegal reto al Estado propiciado por quienes tienen especial obligación de respetar la ley dependerá en buena medida el futuro de España entera.
En este 12 de Octubre, con la nota trágica del fallecimiento del capitán Borja Aybar,ha aflorado, ha salido del silencio el sentimiento de pertenencia a España y es que aunque algunos no se lo crean España no es un entelequia, algo ajeno a los ciudadanos y esta realidad que se manifiesta de muchas maneras y en lenguas distintas es algo tan cierto, tan palpable como la irresponsabilidad suprema de los dirigentes secesionistas.


Escaño cero - La mediación

13.10.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID(OTR/PRESS)

La pelota está en el tejado de Carles Puigdemont. Es él y sus socios de Esquerra, Oriol Junqueras además de la CUP los que tienen que decidir si vuelven a la legalidad o si insisten en su golpe sedicioso.
Mariano Rajoy viene actuando con prudencia, y quizá por eso con excesiva lentitud, pero lo cierto es que ha llegado la hora en que no le quedaba otra salida que poner punto final a la sedición. Y lo ha hecho con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.
La posición de Pedro Sánchez es impecable e inteligente. El líder socialista no solo apoya al Gobierno para parar la declaración de independencia de Cataluña sino que ha comprometido al Presidente Rajoy a abrir un periodo de reflexión que dé lugar a una reforma de la Constitución.
Sánchez lo ha dejado claro: esa reforma es para ver cómo "Cataluña se queda en España, pero no de cómo se va".
Con esta posición el PSOE vuelve a situarse en la centralidad de la política española además de demostrar que sigue siendo un partido de gobierno, algo que parecía haber dejado de ser en vista de algunas declaraciones y posiciones adoptadas en los últimos tiempos. Pero al César lo que es del César, y en esta ocasión Pedro Sánchez está donde tiene que estar.
Ojalá aguante la presión que Podemos va a hacer sobre el PSOE.
Por otra parte, en mi opinión, es de un cinismo indecente la pretensión de los independentistas catalanes de buscar "mediadores" para solucionar la crisis que ellos mismos han desencadenado en Cataluña.
Internacionalizar el conflicto no tiene otra finalidad que intentar demostrar que España es una democracia coja, que el Estado de Derecho no funciona. O sea todo lo contrario de la realidad. Y todo esto tiene que ver como los intentos de una parte de la clase política, entre los que Podemos tienen un papel principal, en denostar lo que llaman el "régimen del 78". Precisamente, es un periodo de la Historia reciente de nuestro país en el que se elaboró una Constitución y los españoles recuperamos la libertad y la democracia. Pero escuchando hablar por ejemplo a la señora Ana Gabriel, la portavoz de la CUP, uno podría pensar que ese periodo es infame. Claro que lo mismo sucede cuando dirigentes de Podemos se empeñan en denostarlo.
Y sin embargo es una etapa de nuestra Historia de la que sentirnos orgullosos. Los ciudadanos fuimos capaces de superar el tránsito de la dictadura a la democracia, con problemas, claro, y en unas circunstancias difíciles, pero se hizo con más aciertos que errores. Se elaboró una Constitución que es la garantía de nuestros derechos y libertades y a partir de entonces hemos vivido la etapa más próspera y libre que podíamos imaginar.
Así que hay que preguntarse por las últimas razones de quienes se empeñan en querer achacar a la Transición todos los problemas que tiene nuestro país al día de hoy. Como si de la Transición fuera la culpa de la quiebra de Lehman Brothers y la crisis económica que su quiebra desató. O si de la Transición fuera la culpa de los "chorizos" que han pululado por algunos partidos políticos.
Por eso me parece indignante que algunos pretendan presentar a nuestro país como un país en el que no impera el Estado de Derecho y que anda corto de libertades y por tanto necesita mediadores internacionales para poner orden. Quienes defienden esto en realidad están insultando y despreciando no solo a nuestro país sino a todos los ciudadanos como si fuéramos menores de edad, que vivimos engañados.
El principal problema que tiene Cataluña no es con el Estado, es entre los propios catalanes. Hay una parte de la sociedad catalana que se ha situado al margen de las más elementales reglas de la democracia y que quiere imponerse por las bravas a la otra parte. Es decir los independentistas catalanes quieren perpetrar un doble "golpe", primero contra un parte de la sociedad catalana, y en segundo lugar contra la Constitución que a todos nos ampara.
De ahí la importancia de que esa mayoría silenciosa por fin haya alzado la voz y se dejara oír el domingo 8 de octubre en esa multitudinaria manifestación de Barcelona.
Desde luego lo que no se puede es caer en el juego sucio de los independentistas catalanes abriendo la puerta a una mediación internacional. España no es Timor con todos los respetos para Timor.
Ahora ha llegado la hora de l verdad que no es otra que la del Estado de Derecho.


El Abanico - El acoso sexual y el abuso de poder, unidos para siempre

13.10.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID (OTR/PRESS)

Que Hollywood no es ese mundo idílico que tan a menudo vemos en las películas, lo sabíamos todos. Que la meca del cine cobija bajo su gran manto protector escándalos sexuales y económicos que no ven la luz porque poderoso caballero es don dinero, también. Sin embargo y, aunque a cuentagotas, algunos de ellos se acaban de mostrar gracias al minucioso trabajo de dos periodistas, Jordi Kantor y Megan Twohey, del The New York Times, quienes haciendo gala de su profesionalidad y sin miedo a las represalias, han revelado lo que parece que era y sigue siendo práctica habitual de uno de los hombres más prestigiosos y conocidos del cine americano: el productor Harvey Weinstein. Le acusan de haber abusado de algunas actrices que o bien buscaban trabajo o bien lo conseguían, si a cambio aceptaban sus proposiciones deshonestas.
Ha sido la actriz Ashley Judd la primera en confesar que fue durante el festival de Sundance de 1997, cuando tuvo un episodio sexual no consentido con Weinstein. Ashley, que tenía entonces 23 años, le amenazó con llevarle ante los tribunales, denuncia que no llegó a efectuar gracias a que el poderoso productor le pagó 100.000 dólares por su silencio. Un silencio que ha roto 20 años después. No ha sido la única: otra actriz, Rose McGowan, ya dijo hace un año que ese mismo hombre la había violado, lo que no impidió que su novio, el director Robert Rodríguez, le vendiera a Weinstein la película de la que ella era protagonista.
Lo más sangrante ocurrió cuando McGowan fue a denunciarlo y la fiscal, que era mujer, le dijo que nunca podría derrotar a Weinstein porque ella había rodado escenas sexuales en una de sus películas. Esa misma actriz es la que señala a quienes supuestamente han sido sus cómplices, nada más y nada menos que Russell Crowe y el mismísimo Tarantino, que fueron quienes según cuenta se pusieron en contacto con ella para que frenara un artí culo que se iba a publicar en el The New York Times.
Este escándalo sexual no demuestra más que la dificultad que tienen las mujeres en cualquier parte del mundo, en cualquier sociedad por avanzada que sea, para hacerse un hueco en el mundo laboral sin tener que pagar un peaje por ello. Y cómo hombres sin escrúpulo utilizan su poder en las empresas para conseguir lo que no pueden de otra manera.
Ha sido la gran Meryl Streep, quien ha escrito que "comportamientos como el de Weinstein son inexcusables", aunque con ella siempre fue respetuoso. Critica sin embargo a quienes sabiendo de estos encuentros en hoteles, en baños, en despachos, lo han negado durante décadas. Y es ahí donde pone el dedo en la llaga señalando a los periodistas de entretenimiento que sabiendo lo que ocurría no lo denunciaron en sus medios de comunicación.
Un pecado, el del miedo, o el de la complicidad, que se puede hacer extensible a mucha gente, de todas las capas sociales, también al de la justicia, que defienden al abusador y no a su víctima.


Luis del Val - El tonto de la crueldad

13.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, (OTR/PRESS)

Uno de los descubrimientos más beneficiosos para la Sociología fue cuando Alfonso Ussía, con sus grandes dotes de observación, localizó al "tonto de la bandera republicana". Naturalmente, de este género han derivado varias especies y, alrededor del 12 de octubre, aparece el "tonto de la crueldad", que organiza actos diversos para que los españoles nos avergoncemos de lo que sucedió hace cinco siglos en América. Hasta ahora, nadie ha hablado de la crueldad de los anglosajones del siglo XIX y XX con las tribus indias del Norte de América, hoy Estados Unidos, ni hay franceses que digan que hay que avergonzarse de la crueldad que ejercieron en China, ni británicos que les apetezca recordar las maneras que emplearon en la India. Por cierto, ni hindúes, ni pakistaníes, ni chinos, ni congoleños se quejan en el siglo XXI de lo que sucedió en sus pueblos cuando estaban colonizados por belgas, franceses o británicos, ni hay un congoleño con apellido belga o un hindú que se apellide Schmidt, o un senegalés que ponga Lacroix en su pasaporte. Y, al contrario, uno puede encontrarse en Cuba o en Honduras, en Filipinas o en Perú, con un ciudadano, macho o hembra, de rasgos evidentemente mestizos, que lleva como apellido un García, un Rodriguez, un Martínez o un Galindo.
La enorme diferencias entre las diversas colonizaciones europeas y la española -que aportó el origen etimológico- no es la crueldad común en cualquier ocupación de un territorio, sino que, además de proporcionar muerte, también aportó vida y apellidos. Y, hoy, hablamos la misma lengua y rezamos a los mismos dioses, y compartimos la patata y el caballo, o la viruela y la sífilis, porque de todo hicimos intercambio, además de intercambiar la sangre. Pero no se esfuercen, el tonto de la crueldad, como el tonto de la bandera republicana, no son especies a extinguir.


Viernes, 24 de noviembre

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