Opinión

El rincón del soneto - MAYOR TRAPERO

05.10.17 | 19:03. Archivado en Salvador Freixedo


MAYOR TRAPERO

¿Su cargo es Mayor José Luis Trapero,
o es José Luis un trapero mayor?
Lo segundo lo define mejor
porque es un policía trapacero.

En el referenducho fue fullero,
fue mentiroso y prevaricador,
y fue un incondicional servidor
de un Puigdemont vano y aventurero.

Allá en su Valladolid ancestral,
su nombre charnego sería José
pero en Barcelona le añadió una P

para hacerse un catalán integral.
En el sainete recién transcurrido
mostró trapos sucios de su apellido.

___________________
Por Salvador Freixedo
Último libro del autor:
«IGLESIA, ¡DESPIERTA!»
freixedo.autor@laregladeoroediciones.com
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Firma Sindicada - Julia Navarro - Escaño cero - Líderes

05.10.17 | 14:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Carles Puigdemont tiene la desfachatez de pedir "medicación internacional" para resolver el problema que él mismo ha ayudado a crear en Cataluña. Lo malo es que hay unos cuantos bienpensantes que le secundan. Lo mismos que esos bienpensantes reclaman con una ingenuidad infantil que hay que negociar con Puigdemont y compañía.
¿Negociar con quiénes han roto con la Constitución? ¿Negociar con quienes han provocado la mayor crisis desde la reinstauración de la democracia? ¿Negociar con un grupo sedicioso?.
Así que en estos tiempos revueltos y de tantos pusilánimes echo de menos a Adolfo Suárez. Y que conste que nunca he militado en la nostalgia y mucho menos en la creencia de que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Pero habida cuenta de la gravísima situación por la que atraviesa nuestro país, mucho más que cuando el 23F, pienso que ninguno de los actuales líderes políticos tiene el coraje para afrontar esta situación. Bueno, no es exacto. Hay uno político, Pablo Iglesias, al que le supongo coraje, nervios de acero y determinación para llevar adelante cuanto se proponga. Lo malo es que Iglesias quiere acabar con lo que el llama el "régimen del 78", que es tanto como acabar con el periodo no solo más prospero sino en el que hemos podido disfrutar de las mayores libertades en España.
Hay que añadir que además la solución de Iglesias para el problema catalán, es en mi opinión desacertado.
Así que comprenderán que eche de menos a Adolfo Suárez. No sé que es lo que habría hecho en esta situación pero de lo que estoy segura es que no se habría cruzado de brazos a esperar que escampe y que habría intentado buscar una solución. Una solución dentro del marco de la Constitución.
Tanto Mariano Rajoy como Pedro Sánchez carecen de capacidad de liderazgo social y desde luego de ese coraje que marca la diferencia entre ser un político del montón a ser un líder.
Rajoy deja los problemas pudrirse perdiendo un tiempo precioso para actuar. Mientras que Sánchez no deja de improvisar y nunca se sabe realmente dónde está. Defiende el Estado de Derecho pero de aquella manera que es ni si ni no sino todo lo contrario. En cuanto a Albert Rivera... que quieren que les diga, es verdad que en esta crisis está sabiendo mostrar firmeza, pero en los últimos tiempos aparece desdibujado y eso que ya digo que mantiene un discurso consistente a la hora de responder al grupo de sediciosos que forman Puigdemont y Junqueras y sus socios de la CUP.
¿Y Felipe González o José Mª Aznar? Se preguntaran algunos. Bueno no tengo la menor duda de que González tal y como él mismo ha dejado dicho, habría aplicado hace tiempo el artículo 155 de la Constitución evitando que se llegara a la farsa del 1 de octubre. Para eso González no habría tenido complejos. Y solo hay que escuchar las recientes declaraciones de Alfonso Guerra para saber que habría hecho el PSOE de antaño. Guerra lo ha dejado bien claro: con golpistas no se negocia.
Uno de los grandes errores del PSOE actual es haberse dejado influir por los independentistas criminalizando la aplicación de este artículo, que es tan constitucional como el resto de la Carta Magna.
En cuanto a Aznar... ¡uf! me pongo en lo peor. A saber como habría decidido parar esta aventura de sedición de Puigdemont y compañía.
De manera que visto los líderes que tenemos al día de hoy no puedo dejar de sentir un temblor.


Escaño cero - Les entra en el sueldo

05.10.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se van a reunir y lo menos que se puede decir es que ya era hora de que lo hicieran. Es más, a ambos les entra en el sueldo hacerlo.
El jefe del gobierno y el líder del principal partido de la oposición deben de mantener una comunicación fluida más allá de las lógicas diferencias sobre todo en un momento en el que el principal problema de nuestro país es el desafío secesionista de la Generalitat y los partidos independentistas catalanes. En este asunto Rajoy y Sánchez tienen la obligación de ponerse de acuerdo para dar un a respuesta a ese desafío. Sería imperdonable que no lo hicieran. De manera que es de suponer que la cuestión principal sobre la que girará la conversación que mantendrán el jueves será precisamente el problema catalán.
Pedro Sánchez viene manifestando una aversión profunda por Mariano Rajoy, tanto que no ha dudado en insultarle. Lo hizo durante la pasada campaña electoral en el debate que mantuvieron en televisión y lo ha seguido haciendo desde entonces.
Esa animadversión me recuerda a la que mutuamente sentían Felipe González y José Maria Aznar, ambos incapaces de disimularlo. Nadie espera, ni tampoco es necesario, que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez sean amigos, ni siquiera que se caigan bien, pero sí que sean capaces de anteponer los intereses generales a sus simpatías o antipatías. Simplemente les entra en el sueldo. Esperaremos al jueves.


Fermín Bocos - El discurso del Rey

05.10.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Podía haberlo dicho más alto, pero no más claro. El Rey, en una intervención que quedará para la Historia, al denunciar la deslealtad de los gobernantes de la "Generalitat" de Cataluña empeñados como están en seguir adelante con su proceso de sedición ha emplazado a los poderes del Estado a defender las legalidad que emana de la Constitución. El Gobierno y el Tribunal Constitucional son poderes del Estado. En manos de Alto Tribunal está la potestad de sancionar a quienes incumplen sus resoluciones. Sería el caso de Carles Puigdemont, por haber mantenido la convocatoria del referéndum del 1 de Octubre en abierto desacato al TC que había declarado ilegal al consulta.
Este tribunal, ¿podría inhabilitar al sedicioso presidente de la "Generalitat? La respuesta es afirmativa. ¿Por qué no lo ha hecho hasta la fecha? ¿A qué esperan? Tal vez a qué vaya a perpetrar un nuevo y gravísimo acto de sedición que podría ser la declaración de independencia de Cataluña? Si fuera esa la razón o el argumento para la demora en la sanción, ¿estaría justificado el retraso? Visto que Puigdemont tiene dicho que piensa hacerlo, ¿no sería lógico proceder cuanto antes evitando o cuando menos dificultando el proceso de sedición que está en marcha?

Como quedó dicho, aunque es una obviedad, conviene recordar que el Gobierno de la Nación es otro de los poderes del Estado y como tal debería estar actuando para frenar la deriva secesionista que cada día toma nuevo impulso y cobra más fuerza. Pudiendo haber aplicado el Art. 155 de Constitución que permite intervenir una comunidad autónoma cuando sus autoridades incumplieren gravemente sus obligaciones (como es el caso de Cataluña), ¿por qué no lo ha hecho? ¿Por qué no intervino tras la convocatoria (ilegal) del referéndum del 1 de Octubre? O cuando el "Parlament", vulnerando la Constitución y el "Estatut" aprobó las llamadas leyes de desconexión? Pues esa es la cuestión.
Porque en el Gobierno, presidido por Mariano Rajoy, prima la cautela sobre la determinación y la duda sobre la decisión. El PP tiene mayoría en el Senado. Podría pues sacar adelante en solitario el respaldo exigido por la ley para aplicar el mencionado artículo. Pero dudan. Esperan a contar con el apoyo de otra fuerzas políticas. En realidad, esperan a un PSOE cuyo actual líder, Pedro Sánchez, a su vez, también duda y cambia con frecuencia de opinión. En estas manos estamos. Mientras tanto, los secesionistas van a la suyo. Cada hora que pasa sin frenar su carrera hacia la sedición, es una derrota del Estado democrático. Vista así la situación, quizá habría que volver a pasar por la televisión el discurso del Rey. Más que nada para ver si unos y otros toman nota.


Antonio Casado - El Rey que tronó

05.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El Estado había desaparecido. O esa era la impresión que causaba el desamparo de sus agentes policiales repudiados en algunos hoteles catalanes, el pasotismo de los mossos, el hostigamiento a periodistas no adictos y las banderas nacionales quemadas o arrojadas con ira a la papelera por exaltados seguidores de la causa independentista.
Entonces, ante una situación de "extrema gravedad", reapareció el Estado. Se dejó ver. Se hizo presente al máximo nivel. Y el trono tronó. Firme, sobrio, serio, contundente, en la ratificación del compromiso de la Corona con la Democracia, la Constitución y el Estatut. Nadie previó una intervención del Rey tan dura y tan exenta de concesiones a la parte señalada como responsable del dramático momento catalán.
No anduvo con rodeos: los nacionalistas se han situado al margen de la ley, han incurrido en un "inaceptable intento de apropiarse de las instituciones catalanas", han sido desleales, incumplen la ley, vulneran el orden constitucional, socavan el Estado de Derecho, dividen a la sociedad catalana y menosprecian los sentimientos "que nos unen y unirán siempre".
Felipe VI recordó a las legítimas autoridades del Estado su deber de garantizar el funcionamiento de las instituciones. Eso ha sido interpretado como allanamiento del terreno para activar el artículo 155 de la Constitución (intervención de las competencias de la Generalitat, como cuando se interviene un banco en apuros por razones de interés general). Si nos molestamos en leer el artículo 56.3 del mismo texto constitucional, donde se habla del refrendo del Gobierno a los actos del Rey, tal vez entendamos mejor por qué se ha interpretado el discurso del Rey como una forma de respaldar a priori el posible recurso del Gobierno al 155 como una forma de pararle los pies a los independentistas.
Por lo demás, la intervención del Jefe Estado vine a ser un golpe encima de la mesa. Nos dice que Felipe VI se ha hecho mayor. Entiéndase la metáfora como su propia consolidación. Por otra parte, deja un mensaje de respeto a las ideas de los separatistas, si no desbordan los marcos de la legalidad, y de cariño a los no separatistas ("no les vamos a dejar solos"), que se están llevando la peor parte en la confiscación de calles y de voluntades por parte del populismo nacionalista.
Tampoco conviene olvidar otro aspecto capital de la intervención del Rey el martes pasado. Me refiero a la importancia de su repercusión mediática y política como freno a las tramposa y maledicente sospecha de que España se comporta como un Estado represor. Los elementos de prueba gráficos se habían acumulado en las portadas de la prensa internacional y era necesario recordar que en España reina una democracia seria y madura que no va a desvanecerse por la facciosa ofensiva del independentismo.


Isaías Lafuente - El discurso del Rey

05.10.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El rey Felipe VI tuvo en la noche del martes una intervención extraordinaria y no tuvo una noche buena. No tanto por lo que dijo, sino por lo que no dijo. El rey levantó acta de todos los despropósitos que el gobierno y el parlamento catalanes han ido emprendiendo en su alocada carrera hacia la independencia y dejó claro que el estado de derecho responderá convenientemente al desafío. No podía decir otra cosa y a lo que dijo no se le puede poner un pero porque es el símbolo de la unidad del Estado, tal y como establece la Constitución.
Pero en el mismo artículo y en la misma línea se consagra su función arbitral y moderadora entre las instituciones del Estado. Y como buen árbitro debería haber acompañado las duras y merecidas amonestaciones a los dirigentes catalanes con otras que dejasen constancia de que la represión de esas actitudes, en una democracia, también tiene sus límites, algunos de los cuales se sobrepasaron en la aciaga jornada del referéndum ilegal. El rey no puede ignorar lo que todos los ciudadanos vimos con una indignación trasversal que no sólo toca a ciudadanos independentistas sino a quienes no lo son, ni a los ciudadanos catalanes en exclusiva, sino a muchos de los que poblamos el reino. La amonestación no merece ser simétrica, por supuesto, porque no son idénticas las responsabilidades de quien se salta la ley que las de quien intenta que se respete. Pero siendo ese el fondo, las formas en democracia son importantísimas.
También se echó en falta, en ese papel arbitral, un llamamiento al diálogo que es compatible con la firmeza en la aplicación de las leyes, como bien sabe el rey. Dialogar no es claudicar aunque para que un diálogo dé sus frutos es imprescindible la renuncia de las partes a las posiciones numantinas. Eso también lo sabe él si tomó buena nota del papel que jugó su padre en tiempos difíciles. Es verdad que un discurso primoroso no habría movido un ápice a quien hoy ya ha decidido que España no es su país. Como también lo es que muchos han aplaudido sin crítica la intervención real, incluso habrá quien hubiera deseado mayor dureza. Pero siendo rey de todos los españoles, debería haberse dirigido a los cientos de miles de catalanes que estos días se han echado a las calles y entre los que hay, todavía hoy, muchos no independentistas que reclaman cosas que podrían encajar en la ley si quienes elaboran las leyes hicieran un poco de política.


Rafael Torres - Toda la sangre en la cabeza

05.10.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Una cosa es una revolución y otra el mundo al revés. En Cataluña, sin ir más lejos, parece haber estallado la revolución, pero lo que hay es que ese mundo se ha vuelto boca abajo, locamente boca abajo, y el hecho de que los que se burlan de la ley persigan a los servidores de ella no es sino un síntoma más de la perturbación que resulta de haberse bajado colectivamente la sangre, esto es, las emociones, la rabia, el odio, las vísceras, a la cabeza.
La revoluciones pretenden, bien que en general con escaso éxito como nos enseña la Historia, enderezar los mundos torcidos, curar las insanias sociales, enmendar los rumbos, pero que nadie busque trazas de nada de eso en la apócrifa revolución desencadenada por una cuerda de iluminados que, como todos los orates, poseen un innegable carisma y una rara atracción para las masas. Que nadie busque en la cúpula del movimiento independentista catalán, ni en su "procés", ni en su huelga subvencionada del martes, esto es, en la presunta revolución desencadenada, el menor atisbo de lucha por el mejoramiento de la sociedad. No lo encontrará.
Esa "revolución", caos sin más, que el sedicioso Govern de la Generalitat vende al mundo como la quintaesencia de la democracia, bien que con la ayuda de potencias extranjeras y de la extrema derecha europea, no dice buscar la justa remuneración del trabajo, ni la equiparación de los salarios que perciben hombres y mujeres, ni se anuncia implacable como debeladora de la corrupción, del omnímodo poder del dinero, de las desigualdades sociales o de la miseria cultural. No demanda libertad, ni justicia, ni becas, ni pensiones dignas, ni acabar con la postración del mundo rural, ni con las bolsas de pobreza y marginalidad, ni con los antisociales alquileres turísticos, ni con los narco-pisos, ni con el turismo de borrachera y vómito, ni con el amiguismo y el nepotismo en la Administración. Lo que quiere, lo que busca, es tan solo la independencia, esto es, la toma del poder mediante la sustracción de un territorio que no le pertenece.
La cabeza necesita la sangre justa para funcionar decorosamente, que ya se encarga de proporcionársela la sabia máquina del organismo. Cabeza abajo, enalteciendo a los aventureros y a los capitanes Araña, vagabundeando por las calles de escrache en escrache, enseñándoles a los niños que lo sedicente y lo anómalo es cojonudo y exponiéndoles a la doctrina y a la intemperie, lo único que se consigue es una congestión. El mundo al revés no es la revolución, sino todo lo contrario.


Fernando Jáuregui - El Rey no les llamó mentirosos; pudo hacerlo

05.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

El Rey, en su duro y me parece que plenamente justificado, alegato contra quienes, desde la Generalitat, nos han llevado hasta aquí, bien podría haber incluido, a las acusaciones de deslealtad, la de la mentira. Porque todo, casi absolutamente todo, de lo actuado desde mucho antes de la madrugada del 1 de octubre, estallido de una revolución de opereta, ha sido mentira. Los catalanes de buena voluntad podrán querer engañarse, pero resulta muy difícil no ver la certeza del enorme pucherazo, y encima chapucero, en que consistió el llamado "referéndum de autodeterminación". Ni Idi Amin, señor absoluto de la dictadura ugandesa en su tiempo, pudo haberlo hecho peor.
Con toda seguridad se puede decir que ni votaron los dos millones doscientas mil personas que fueron ofrecidas en los datos oficiales -ni siquiera medio millón, según estimaciones solventes--, ni se respetaron las mínimas garantías que cualquier país que se quiera democrático exige para considerar válida una votación, ni el relato que se hizo de la jornada respondió en absoluto a la verdad.
Por no ser, ni fueron reales la mayor parte de los heridos en una carga policial que, no me duelen prendas para decirlo, fue en muchos casos excesiva; ni los datos tomados a mano para inscribir a tantos votantes fueron luego computados con un censo inexistente. La historia de la militante de Esquerra a la que rompieron los dedos, y luego resultó que no, me parece altamente instructiva respecto a la mendacidad descarada con la que el "procés" ha discurrido y respecto a cómo se las gastan estos golfantes. Pero fue todo ello una mendacidad que los cronistas oficiales de la Generalitat jamás pusieron en tela de juicio. La mentira se extendió también al periodismo, sobre todo en los ámbitos en los que la Generalitat extiende su sombra.
Sé muy bien que los errores desde el Gobierno central, de la Judicatura, de algunos políticos llamados "constitucionalistas" y hasta de ciertos medios nacionales y quizá de los servicios de inteligencia, sirvieron para atizar la hoguera de las vanidades de oropel. Les creímos, o no nos tomamos la molestia de no creerlos, y, así, no les hemos denunciado con la rotundidad suficiente.
¿O es que acaso eso que luego se ha llamado, y no me parece la palabra más correcta, "traición" de los mossos comandados por el mayor Trapero no era algo que nos constaba desde semanas antes? ¿Qué diablos pensaba el coordinador Pérez de los Cobos que iba a hacer la policía autonómica? ¿Ponerse a sus órdenes? Esos fallos de previsión, ese afán por creerse las mentiras emanadas de la Generalitat y del Govern, eso de engañarnos a nosotros mismos fingiendo creer que la legalidad sería, al final, acatada por los sediciosos en Cataluña, han tenido bastante que ver en la desastrosa estética final de un golpe que, lo admito, estuvo mucho mejor planeado por los insurrectos de lo que podíamos pensar dada su escasa talla intelectual.
Claro que le gran mentira empezó hace muchos años, cuando fingíamos no saber que, en realidad, lo de la Banca Catalana de Pujol era una apropiación indebida como una casa; cuando dijimos que, al fin y al cabo, para desarrollar plenamente el catalán, era lógico que no se permitiese rotular en castellano y que los niños estudiasen solamente en la lengua autonómica. O cuando transigíamos con benévola superioridad ante todas las mixtificaciones históricas y hasta geográficas que inculcaban en la mente de unos escolares a los que, de paso, se les enseñaba a odiar a España.
Así, a quien tanto ha mentido durante tanto tiempo y en casi todo, no le causa ningún problema de conciencia proclamar, con toda la frescura del mundo, que votaron, pese a los impedimentos policiales, dos millones doscientos mil catalanes, aun cuando era patente que las largas colas no se movían, que no había ni colegios ni tiempo suficientes para admitir tal cantidad de gente depositando con garantías de identificación su papeleta. Fabricada, por cierto, en el ordenador de casa o en donde fuere. Ya ni siquiera me detengo a señalar a los muchos que votaron varias veces, como ha quedado archidemostrado: ni los pinochos del Govern han podido refutar esta constatación.
Lo que nadie puede pretender, por muy mal que se hayan hecho las cosas "desde Madrid" -que eso daría para un auténtico tratado--, es que, basado en esa superchería, que ha incluido atentados a la seguridad jurídica como el anuncio súbito del "censo universal", o la falsía del reconocimiento internacional del "procés", un reconocimiento que obviamente no existe, el Parlament pueda el lunes, o nunca, proclamar la independencia de la República de Catalunya. Por muy miope que ande cierta prensa internacional, por muy activos que estén los propagandistas en la Red de cierta potencia del Este, resultaría imposible culminar con esa declaración secesionista un "procés" que ha estado plagado de escándalos, bulos y trolas, hasta dejarlo convertido en una enorme quimera.
Esta vez, nadie les creería. Ni Assange, me parece. Claro que mentir es pecado menor que la sedición o que el robo de los corruptos; a eso se debe agarrar el muy religioso Oriol Junqueras, digo yo. No sé por qué me da que todo, hasta ese calendario para la independencia, es más falso que un euro de plástico. A ver si va a tener razón Marx con aquello de que la Historia se repite siempre dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. Porque todo esto ha sido, está siendo, una inmensa farsa puesta en pie por unos titiriteros que son eso, unos farsantes. Y que tendrán que llevarse la superchería con ellos, cuando se marchen por esas tierras de Dios.


Martes, 24 de octubre

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