Opinión

El rincón del soneto - MARIANO Y LA BENEMÉRITA

04.10.17 | 12:00. Archivado en Salvador Freixedo


MARIANO Y LA BENEMÉRITA

El gobierno cobarde de Mariano
le dio órdenes a la Guardia Civil
de que no hiciese ningún acto hostil
contra el secesionismo catalano.

Les dijo que son un grupo muy sano
deseoso de hablar y muy gentil,
y que contestar a un acto cerril
sería provocativo y muy villano.

El gobierno prudentemente estima
que la muy respetada Benemérita,
aunque lleguen a hacerle caca encima

deberá mantenerse impertérrita.
Rajoy se ha bajado los pantalones
ante un grupo de fanáticos matones.

___________________
Por Salvador Freixedo
Último libro del autor:
«IGLESIA, ¡DESPIERTA!»
freixedo.autor@laregladeoroediciones.com
Suscripción gratuita


No te va a gustar - Dejar Barcelona no fue fácil

04.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Salir de Barcelona, este martes, no era ciertamente cosa fácil. Mi AVE no entraba en la lista de servicios mínimos, pero logré un billete para algunas horas después. No había apenas taxis ni medios de transporte, los piquetes se enseñoreaban de la ciudad -pacíficamente, eso sí- y las emisoras próximas a la Generalitat ofrecían una programación recortada, advertían, por la huelga, pero que, en todo caso, parecía un continuo parte de guerra: heridos, agraviados por el Estado, por "Madrid". La alcaldesa Colau insistía en que había habido agresiones sexuales a cargo de la policía nacional. No aportó pruebas, que yo sepa. Las calles estaban indignadas, quizá algo artificialmente, por las cargas policiales del domingo contra los votantes; nadie hablaba de provocaciones por parte de estos. Jamás había visto tanta diferencia entre lo que se pensaba en Barcelona y lo que se piensa en el resto de España. La crónica de algo parecido a un desastre, a un desencuentro que es total, peor quizá que una declaración independentista desde el balcón de la Generalitat. Hay desamor.
Porque lo más destructivo de todo es la sensación que parecen tener los españoles de que el Estado les ha fallado en un trance tan surrealista como el impulsado por los (i)rresponsables de la Generalitat. En ámbitos de La Moncloa aún creen que se puede seguir persiguiendo a tertulianos que se cuestionan si el discurso de Rajoy en la noche del domingo osciló entre lo desafortunado y lo contraproducente; pero radios y televisiones, incluso amigas, se llenaban ayer de opiniones muy duras para con el presidente del Gobierno. Un ministro llamó al conductor de un programa radiofónico de éxito para que le dijese a un contertulio, que acababa de abogar por la dimisión de Rajoy, que a ver quién gestiona esto si el presidente se marcha. Luego, el contertulio se preguntó, en privado: "ah, pero este desastre ¿lo está gestionando alguien?".
Colegas de todo el mundo nos llaman preguntándonos qué va a pasar. Una amiga se indignó con una radio de Miami, que la entrevistó en directo, cuando allá compararon el tiroteo de Las Vegas con las cargas policiales del domingo en algunos colegios de Cataluña. Y tenía razón: nunca, desde los tiempos del franquismo, fue nuestro país tan maltratado, a veces tan injustamente, por la mayoría de los medios extranjeros más prestigiosos. Y ello, claro, no contribuye gran cosa a la autoestima nacional, tan en baja en estos momentos críticos.
Yo diría que motivos no faltan para ello. El encuentro del lunes entre Rajoy y Pedro Sánchez olía a total falta de sintonía y de soluciones comunes. Al líder socialista algunos le achacan tratar de urdir un nuevo plan para llegar a su meta, La Moncloa. A Rajoy muchos le acusan de indecisión, de haber prometido que sabía cómo llevar el timón y luego resulta que no, que no controlaba la situación. El líder de Podemos llega al extremo de pedir a la UE que nos retiren el voto en las instancias europeas por haber faltado a los derechos humanos, lo cual es una enorme demasía, valga la redundancia. Ciudadanos se queda solo pidiendo la aplicación del artículo 155 para forzar unas elecciones autonómicas en Cataluña, que es la única salida que queda, a juicio del partido naranja. Pero el PSOE no quiere el 155, así que volvemos a la casilla de salida.
Y, para que sigamos cimentando nuestra confianza -comillas, por favor-- en el sistema, el Congreso no acogerá a Rajoy y sus explicaciones hasta, al menos, el próximo día 10, nos avisan, porque en el calendario parlamentario no toca un tal pleno esta semana. Para entonces, es posible que Puigdemont haya culminado su loco plan de declarar la independencia, aunque sigo sin creer que llegue a tanto. Lo pagaría(mos) tan caro.
Brillante panorama. Realmente brillante. Menos mal que, andando uno por las calles de Barcelona, atendiendo a la lógica y al sentido común (que no está desaparecido de todas las conciencias, ni, creo, de la sociedad civil), uno se da cuenta de que la independencia de un trozo de España tan arraigado en las entrañas de nuestro país no puede dictaminarse así como así. Lo pensé, no por primera vez, claro, escarbando ayer entre libros catalanes y en castellano, en confusa mezcolanza, en una feria del libro antiguo y moderno en el Paseo de Gracia. El Quijote junto a Pla: eso no se puede destruir con un decretazo parlamentario tras un pucherazo que ni Idi Amin en Uganda.
Logré, al fin, salir, mucho más tarde de lo previsto, de Barcelona. Insensatamente -sigo frecuentando esta red- lancé un tuit en el que contaba mi pequeña aventura ferroviaria. Inmediatamente recibí docenas de respuestas con el mismo sardónico mensaje: "Uy, usted perdone las molestias, pero es que estamos ocupados haciendo la revolución". Creo que contesté que las revoluciones realmente buenas son las que consiguen que los trenes salgan puntualmente. Contrarreplicaron con alguna barbaridad. Debían ser los mismos que, en piquetes algo desarrapados, andaban batiendo palmas por la estación de Sants, tratando de que tiendas y bares cerrasen sus puertas. Creo que no lo consiguieron. Tampoco eso lo consiguieron. Pero entonces, ya de vuelta en Madrid, entonces ¿qué? Bueno, hay soluciones, desde una disolución anticipada de la cámaras a un Gobierno de gran coalición con PP, PSOE y Ciudadanos. Pero como eso no quieren ni mencionarlo, porque su vuelo no llega tan alto, habrá que estar a la espera del nuevo bálsamo de Fierabrás que algún iluminado quiera ensayar sobre la reseca piel nacional.


Más que palabras - El 155 y la mayoría silenciosa

04.10.17 | 08:42. Archivado en Esther Esteban


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Estoy como casi todos: abrumada, perpleja y triste por como están ocurriendo las cosas en Cataluña, pero una vez llegados a este punto hay que buscar soluciones. Ayer me escribió una amiga que está de vacaciones fuera de España muy preocupada por las noticias que le llegaban y terminaba el watt con una pregunta. ¿El 155 un problema o la única solución?.
Ese es el asunto y cada vez hay más gente que apela a la aplicación del artículo, satanizado durante tanto tiempo, si la Generalitat, como parece, una vez que realice su esperpéntica declaración de independencia se sirve de la mayoría parlamentaria del independentismo en el Parlament para aplicar la Ley de Transitoriedad Jurídica. Esta norma implicaría por ejemplo, la ocupación de los edificios del Estado y la deposición de jueces. "Ante tal atropello, el Gobierno tiene el deber de actuar con proporcionalidad y templanza, pero también con absoluta firmeza", se podía leer ayer en los periódicos que mayoritariamente apelaban a la aplicación del artículo en cuestión.
"Los ciudadanos de Cataluña nos hemos ganado el derecho a tener un Estado independiente que se constituya en forma de república", proclamó un enloquecido Puigdemont la noche nefasta del golpe a la democracia parafraseando la pregunta del referéndum. En esa línea anunció que el Gobierno que preside trasladará "en los próximos días al Parlament" los resultados de la consulta para que actúe de con lo que prevé la ley del referéndum" lo que significa que la desconexión para ellos tiene que ser un hecho, aunque sea un trampantojo para una mayoría, demasiado silente.
¿Hasta cuando el estado debe esperar para parar esta locura. ¿La respuesta a esa pregunta no es simple porque cualquier precipitación o una mala aplicación del texto constitucional empeoraría todavía más las cosas. La CUP y sus secuaces de ANC y Omnium Cultural han arrastrado a parte de la clase política y de sociedad catalana a una ensoñación revolucionaria donde todo cabe. Si se están arrancando de cuajo en los ayuntamientos banderas de España, se hacen escraches a los alcaldes no independentistas, se utilizan técnicas mafiosas para amenazar a los empresarios que acojan en sus establecimientos a la guardia civil o incluso se usa de manera repugnante a niños como escudos humanos ya nos podemos esperar cualquier cosa y el estado de derecho no puede mirar a otro lado.
El artículo 155 dice textualmente que "Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general".
Si nos atenemos a una interpretación textual de esa definición está claro que se dan las condiciones precisas para su aplicación. Lo coherente sería que fuera una decisión unánime y apoyada por los partidos constitucionalistas pero si no fuera así a Rajoy puede que no le quede otro remedio que asumir tal decisión. "Tras la proclamación de independencia, la inmediata aplicación del artículo 155 resulta una necesidad, pero ya no puede ser con los fines y con el alcance jurídico que hubiera tenido si se hubiera aplicado para impedir el referéndum. Y es que la proclamación de ruptura con España por parte de un Parlamento autonómico, con la aquiescencia de su Gobierno, nos sitúa ante una crisis constitucional. Hace medio siglo un jurista francés definió la crisis como una situación que comporta un peligro para el Estado o para el régimen político (Paul Leroy: L"organisation constitutionnelle et les crises, París, 1966, pág. 9), lo que nos permite describir como crisis constitucional aquella situación en que el Estado o el sistema político están en peligro por causa de la vulneración grave de la Constitución. La declaración de independencia de Cataluña sería así una crisis constitucional que pone en riesgo grave el actual sistema político español al vulnerarse la Constitución y el Estatuto de Autonomía. En esta situación, cualquiera entiende que el Estado reaccione para impedir que triunfen las conductas que han provocado la crisis" explicaba en El País el catedrático de Derecho constitucional Javier García Fernández y yo estoy de acuerdo.
Rajoy se enfrenta, sin duda, al riesgo más grave que ha padecido la democracia española desde el 23 F y no solo es necesario que se invoque a la ley sino hacer un relato que contrarreste el monopolio de los independentistas que se están poniendo la botas y manipulando a su antojo con la ayuda inestimable de quienes han convertido en el share televisivo su gran negocio. Solo la unidad de los constitucionalistas por un lado y que la mayoría silenciosa agazapada en Cataluña despierte de una vez puede servir para parar esta locura.


Fermín Bocos - Elecciones cuanto antes

04.10.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Mientras el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, parece entregado al arte de dejar estar las cosas, en Cataluña sigue incubándose la peor crisis política que amenaza a España desde el 23F. Bajo la dirección y el concurso del "Govern" de la Generalidad prospera el proceso de sedición cuyo puerto es una declaración de independencia unida a la proclamación de la República catalana.
Es la meta anunciado por las leyes aprobadas en el "Parlament" los pasados días 6 y 7 siete de Septiembre. Leyes que pese a estar suspendidas por el Tribunal Constitucional, siguen marcando la agenda de los líderes secesionistas.
Líderes (Puigdemont, Junqueras, Forcadell, etc.) que ni han variado sus planes ni se les ve preocupados por las eventuales consecuencias penales de su flagrante desacato. El caso de Carles Puigdemont, es revelador. Pese a ser el responsable de haber convocado un referéndum ilegal sigue en su cargo sin que en ningún momento nadie desde las diversas instancia del Estado -el Gobierno de España, el propio TC cuyo mandato desobedece,- hayan dado señales de vida. Mientras los separatistas alimentan las llamas de la subversión -el último incendio ha sido convocar una "huelga de país"-, en el bando constitucional, todo son cautelas.
Fuera de España, el Gobierno ha perdido en el relato de los hechos acaecidos el día 1 de Octubre. Ni siquiera ha sido capaz de denunciar y exigir responsabilidades a los mandos de los Mossos d"Esquadra por el incumplimiento de la orden judicial que les obligaba a cerrar los colegios electorales a primera hora del domingo. Ha dejado en descampado y expuestos al improperio a los policías y guardias civiles a quienes sí se les exigió que cumplieran la mencionada orden judicial.
Premioso, instalado en la duda sobre si para frenar a los jefes de la sedición procede o no aplicar la legislación vigente (Art. 155 de la Constitución), el Gobierno comparece ante la opinión pública inane, desarbolado y ¡emplazando a los partidos de la oposición a que ofrezca soluciones! Como si no fuera esa la obligación primordial del Ejecutivo.
A la vista de cómo están las cosas parece llegado el momento de consultar a los ciudadanos si quieren seguir así. Elecciones, pues. Elecciones generales cuanto antes.


Escaño cero - Paisaje después de la batalla

04.10.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Todo cuanto está sucediendo en Cataluña resulta traumático. Traumático para los catalanes y traumático para el resto de los españoles.
Apenas nos estamos recuperando de las escenas de violencia cuando ya sabemos que algunas de estas son mentira puesto que son imágenes que se corresponden a otros sucesos y en otros momentos. Pero aunque sea así, aunque haya habido manipulaciones, lo cierto es que hubo cargas policiales contra quienes pretendían votar.
Sí, esos ciudadanos estaban cometiendo un acto ilegal pero es evidente la torpeza infinita de quienes dirigieron la operación policial. Esas escenas de violencia nunca debieron tener lugar.
Tampoco hay que olvidar la insubordinación de Trapero y de los Mossos a las ordenes dictadas por la Justicia, pero eso era algo de prever. Estaba claro que no se podía confiar en Trapero por lo tanto que la actuación de los Mossos iba a ser "huelga de brazos caídos". Hemos visto imágenes en la que los Mossos no solo no evitaban que se pusieran urnas sino que eran tratados como héroes precisamente y se burlaban de la Justicia. La actuación de los Mossos debería de tener una respuesta rotunda por parte del Estado de Derecho y el "mayor" Trapero debería de ser destituido inmediatamente. Quienes diseñaron el operativo del 1 de octubre deberían de haber tenido en cuenta que Trapero no solo no iba a colaborar sino que iba a obstruir la acción de la Justicia.
He escrito en otras ocasiones que no se puede equiparar la responsabilidad de Rajoy con la de Puigdemont, porque Puigdemont es lisa y llanamente el jefe de la sedición, de un golpe contra el Estatuto y la Constitución. Pero Mariano Rajoy está demostrando una enorme torpeza a la hora de dar respuesta a todo lo que esta pasando. En realidad su gestión del problema está resultando un auténtico fiasco.
Hoy la situación en Cataluña es mucho peor que antes del 1 de octubre y por tanto el Presidente de Gobierno no puede seguir de brazos cruzados. Tiene la obligación de tomar la iniciativa. Durante su intervención pública la noche del 1 de octubre dejó la puerta abierta al diálogo, pues bien, que lo ponga en marcha ya.
Y ese diálogo se debe de dar en el seno del Parlamento y con el concurso de todas las fuerzas parlamentarias.
La crisis institucional que estamos viviendo es de tal gravedad que es hora de tomar decisiones. La inacción no solo no es una estrategia adecuada sino que está agravando el problema.
Sin duda es complicado intentar razonar con personajes como Puigdemont y Junqueras que han hecho de la mentira y la xenofobia sus señas de identidad, y sobre todo porque ni ellos ni sus socios de la CUP quieren hablar ni negociar. Pero con ellos o sin ellos el Gobierno tiene la obligación de desbrozar la situación creada y buscar una solución.
Eso sí, espero que la ciudadanía tenga memoria y no olvidemos a quienes han querido acabar con el periodo más largo y fructífero en democracia y libertad de la reciente historia de España. Quienes se han empeñado en denostar lo que llaman el "régimen del 78" y los que están perpetrando desde Cataluña el "golpe" contra la Constitución son responsables de estar sumiendo a nuestro país en un situación indeseada.


Pedro Calvo Hernando - Cuidado con las grandes frases

04.10.17 | 08:42. Archivado en Pedro Calvo Hernando


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Los españoles no hemos estado ni estamos a la altura de lo que en Europa esperaban de nosotros. Me refiero a todos: catalanes, no catalanes, independentistas, no independentistas, de izquierdas, de derechas, de centro. Ni las personas, ni los partidos, ni los medios de comunicación, ni las redes sociales, ni las redes antisociales. Nadie. Un desastre. Todo lamentable. De todo esto puede quedar lo positivo de que al estar todos por igual en errores, estamos bien situados para el esfuerzo común de corregirlos, pues es absolutamente imprescindible y necesario. No hacerlo nos llevaría por la senda de la perdición y del fracaso histórico. Me parece que sobran las razones para un gran esfuerzo colectivo de salir de este atolladero. No me lo tomen por la ingenuidad de que estoy igualando a los que no son iguales. Lo que estoy haciendo es colocar a todos ante su responsabilidad específica, cada persona y cada colectivo la suya, y todos con la convicción de que no caben escapatorias frente a sus obligaciones colectivas. Lo contrario sería ridículo y muy arriesgado ante el futuro.
Dejarse dominar por el hechizo de las grandes frases sería demencial. Por ejemplo, una de las pronunciadas por Puigdemont tras la votación: "Porros contra urnas". O la de la vicepresidenta Soraya: "No ha habido referéndum". O Albiol: "Crisis institucional y social de dimensiones incalculables". Aunque sea cierto lo apuntado por un periodista: "El independentismo se apunta un tanto y sigue teniendo la iniciativa". O Pablo Iglesias: "Una crisis gravísima de Estado, un deterioro de la convivencia". O del mismo: "El PP, un partido de corruptos y violentos". O la de un independentista: "A Rajoy le irá bien con lo del domingo" (se refiere a la represión). El presidente del Gobierno solo ha expresado una idea sensata: que no va a cerrar ninguna puerta, siempre en el marco de la ley, y que quiere contar con todos los partidos con representación parlamentaria, aunque empezando por Sánchez y Rivera. Todo lo demás que ha dicho son banalidades sin gracia. Pedro Sánchez ha urgido al Gobierno de Madrid y al de la Generalitat a que inicien un serio proceso de negociación política. Y otra vez Sánchez: "El PSOE está con el Estado de Derecho a pesar del Gobierno. Unos y otros han fracasado pero el PSOE garantizará la estabilidad".
Siguen las amenazas de aplicar el artículo 165 de la Constitución o de practicar suspensiones parciales de los textos constitucionales. Imaginemos que el Govern declara la independencia de Cataluña. Que alguien diga qué habría que hacer en tal caso desde el Estado y su Gobierno. Desde Europa y el resto del mundo se nos mira con preocupación y temor de que aquí hagamos algún disparate. Me gustaría que nos dejáramos de palabras milagreras y nos agarráramos al sentido histórico de nuestra convivencia para poder seguir unidos en lo que quede de Historia.


Carmen Tomás - El paro, en niveles de hace 8 años

04.10.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

El Ministerio de Empleo publicó ayer los datos de paro y afiliaciones relativos al mes de septiembre. Y nos dejan varios apuntes. En los nueves primeros meses de este año se han creado algo más de 487.000 puestos de trabajo, un 20,6 por ciento más que en 2016. Entre septiembre de 2017 y el mismo mes de este año, se ha producido un récord histórico de afiliaciones a la Seguridad Social con un aumento superior a las 624.000. Este dato sólo se superó en 2005 cuando se produjo la regularización extraordinaria de inmigrantes. La tasa de crecimiento de las afiliaciones es del 3,52 por ciento por encima del aumento del PIB. En tasa mensual, septiembre ha ofrecido el mejor dato en 12 años, con casi 26.400 nuevas afiliaciones. El paro aumentó en casi 27.900, aunque hay que aclarar: en la media de los últimos 8 años, el paro ha aumentado a un ritmo de casi 50.000 personas. Y, por último, en los últimos 12 meses, el desempleo ha disminuido en 310.115 personas.
Con estos datos se puede concluir que la reducción del paro continúa, así como el aumento de las afiliaciones a la Seguridad Social, el dato realmente interesante. Además, queda evidente que todo el crecimiento se va a creación de empleo, lo cual tranquiliza bastante sobre los efectos que los atentados de Cataluña o la ralentización del consumo y la inversión que vislumbraban algunos de momento no se ha producido.
Ahora bien, habrá que seguir muy de cerca los acontecimientos en Cataluña, si se produce la declaración de independencia, la respuesta de la Ley y cómo van a valorar todas estas circunstancias los inversores nacionales e internacionales. De momento, ya están dando avisos. Tanto Fitch como Standard $Poor"s como JP Morgan ya han puesto el dedo en la llaga y van a estar muy atentos. Y la prima de riesgo y la bolsa están acusando ya la incertidumbre y el jaleo. Si acabará afectando a la economía española tendremos que verlo en los próximos meses.


Martes, 12 de diciembre

BUSCAR

Síguenos

Hemeroteca