Opinión

Antonio Casado - ¿Un Estado represor?

03.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Lo ocurrido el 1-O cursa mediática y políticamente en diagnóstico contundente y cerrado: el Estado perdió la batalla de la imagen. Los elementos de prueba se acumulan en las portadas de la prensa nacional e internacional con idéntico motivo: las cargas policiales y la cara oculta de un Estado represor.
A la hora del análisis se impone con ligereza la tesis de que la culpa la tiene el Gobierno o la torpeza de Rajoy como presuntos culpables. Al tiempo, los agitadores del desafío pasan a la historia de nuestros días por finísimos estrategas que han llevado las cosas al terreno que más les convenía, mientras que los servidores del Estado hacían el ridículo en su deber de desguazar los planes de Puigdemont y sus costaleros.
Tengo muchas dificultades para unirme a la corriente general del día después. Me cuesta llegar a esas desalentadoras conclusiones por los efectos indeseables de unas cargas policiales procesadas como actuación desproporcionada de los antidisturbios, recuento de heridos (en realidad, "atendidos"), respuesta excesiva contra pacíficos ciudadanos, cargas innecesarias, etc.
Si me confieso reacio a sumarme al coro de plañideras que en esta parte de la barricada, la que suponemos alineada con la ley y la Constitución, constata el fracaso del Estado y el triunfo del relato independentista, es porque me creo que los servidores del Estado están para cumplir y hacer cumplir la ley, que estamos ante un gran pucherazo y no conviene olvidarlo aunque nos conmuevan las imágenes de la violencia policial, que Rajoy no es Rajoy sino lo que representa como una de las partes chantajeadas del Estado, que el nacionalismo catalán es una facción política y no especie protegida que deba ser mimada, etc.
También me cuesta asumir la visión pesimista que se ha impuesto después del 1-O y sugiere una profunda crisis de régimen de incierto desenlace. Conviene no exagerar las consecuencias de lo ocurrido. Sostengo que el priapismo independentista tiene fecha de caducidad. Todo lo que sube, baja. Y todo lo que se moviliza se desmoviliza. Los agitadores del procès no pueden vivir en un estado de excitación permanente. Sobre todo si se basa, como es el caso, en falacias insostenibles y mentiras repetidas hasta la saciedad. Antes o después esa burbuja ha de romperse a poco que se recomponga el mapa político de Cataluña, vuelva el tiempo de la negociación y las urnas repartan cartas de nuevo.
Lo ocurrido tiene su explicación sin necesidad de fustigarse sobre lo que se pudo hacer y no se hizo en la difícil conjugación de la firmeza con la proporcionalidad de la que siempre habló Rajoy. Es posible que la respuesta al reto se haya pasado de firme. Pero tan malo o mas hubiera sido que se pasara de prudente. La imagen de un Estado débil o impotente frente a un chantaje tan descarado hubiera sido mucho más perturbadora, pero igual de excitante para ese coro político y mediático que hoy lamenta la imagen de España como Estado represor.


No te va a gustar - Hay que estar con Rajoy. ¿Está Rajoy con nosotros?

03.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Ha pasado la hora de los diagnósticos. Ha llegado la hora de las soluciones. Decir, a estas alturas, que el "referéndum" fue tramposo, el resultado mendaz, el proceso democrático inexistente, la precipitación y el desplante, notables, es no decir ya nada. Eso, y la excesiva intervención policial contra los que iban a votar, todo lo provocativamente que usted quiera, pero solamente a votar de manera ilegal y fueron tratados como peligrosos delincuentes, todo eso es ya cosa que ha de quedar en la historia de lo lamentable, incluso de la infamia.
Lo peor fue escuchar a los líderes políticos por la noche, una vez que el desastre se había consumado: Rajoy convoca a los partidos y comparecerá en el Congreso sin decir para qué, asegurando haberlo hecho todo bien. Pedro Sánchez invita al presidente del Gobierno central a un diálogo imposible con un Puigdemont que se ha encaramado al balcón de Companys, ya nada que dialogar con él, salvo los términos de su rendición. Pablo Iglesias anda en su suicidio político, mejor no distraerle. Y Albert Rivera, el único que hace un discurso lógico, carece de fuerza para imponerlo. Estamos ante la crisis más grave que ha sufrido España desde la muerte de Franco. Y no parece haber ideas para superarla. ¿Entonces?

Entonces, un modesto periodista, un ciudadano desamparado más, solo se me ocurre que no nos queda otro remedio que hacernos todos extraños compañeros de cama, atarnos como una piña con la misma cuerda con la que Mariano Rajoy se afianza al palo mayor en medio de la tormenta, con el timón girando un poco locamente, y confiar en que, entre todos, vamos a enderezar el rumbo y salir de esta. A Puigdemont no le quedará otro remedio que convocar elecciones, porque lo de la independencia no le va a salir -digo yo, vamos--. Creo que a Rajoy, acerca de cuya actuación en el pasado (y en el presente) tengo bastantes críticas, también le vamos a ver forzado a disolver las cámaras anticipadamente e ir a unas elecciones que restablezcan las cosas en toda España, incluyendo, claro está, Cataluña.
Elecciones con un programa pactado entre las principales fuerzas de la oposición y el partido que soporta al Gobierno. Porque es necesaria una nueva mayoría en las cámaras legislativas, un debate a fondo, plasmado en los programas electorales, sobre la reestructuración del Estado y sobre la necesidad de olvidar algunas pautas de conducta: ni los medios públicos, ni las instituciones, ni el Estado de las autonomías, que ha saltado hecho pedazos, como el Estatut catalán, pueden ya gestionarse como se han venido gestionando hasta ahora desde el poder.
Si no hemos entendido el mensaje de este trágico 1 de octubre, no habremos entendido nada. Son precisas una suerte de nuevas elecciones casi constituyentes, que abran una nueva transición, una nueva manera de pensar y resolver. Sé que estas ideas horrorizarían a Mariano Rajoy, creo que no tanto a Pedro Sánchez, puede que alegrasen, en su deriva insensata, a Pablo Iglesias, y estarían respaldadas por Rivera. Pero, sobre todo, darían en la línea de flotación a Puigdemont, que tendría que aplicarse a un "plan nacional" y no a la desconexión mal diseñada y peor ejecutada en la que anda, contra una mayoría de catalanes: porque ni votaron los dos millones doscientos y pico mil que aseguró el Govern -menudo pucherazo tan chapucero--, ni, en todo caso, esos son todos, ni la mayoría, de los que habitan en esta Cataluña próspera gracias a su participación en España. Ahora nos tocaría hablar a todos los demás en unos comicios convocados y desarrollados como Dios y la democracia mandan.
Ando estos días por Barcelona, he hablado incesantemente con gentes de muchas procedencias sociales e ideológicas. Algunos de ellos votaron -lo lograron-- este domingo, pasada la "leña" inicial. Por la tarde-noche, estaban tan horrorizados como yo mismo ante lo que se venía; pues ¿qué esperaban con el "conducator" de este "procés" tan demencial? A los funcionarios no les llega la camisa al cuerpo, parece que los mossos andan a la deriva, los empresarios hacen cuentas a ver cómo les sale lo de irse de aquí, los sindicalistas no se pueden creer que ellos mismos, casi desde un Govern para el que no existe la separación de poderes, hayan convocado una huelga desde este martes . Una huelga incomprensible que hasta a los viajeros del AVE les hace sentirse aprensivos sobre si van a poder abandonar Cataluña.
Lo que yo, desde aquí, vivo es algo muy parecido al caos que nos muestra la prensa extranjera, a la que le encanta ser alarmista, y ver a España casi como si regresásemos a 1934, treinta y ocho años se cumplen este viernes de aquello del general Batet. Y no, no nos lo podemos permitir. Ni aquellas divisiones políticas entre los constitucionalistas, ni otra huelga como la de los sindicatos de entonces, ni Esquerra en el plan en el que estuvo en la época, ni a un Puigdemont que, en el fondo, en cuanto a grandeza, no le llega a las sandalias ni al fanático Companys.
Bueno, es hora de arremolinarse, críticamente, y estar con Rajoy, que es a quien las urnas -las buenas- le dieron el timón. Lo que no sé del todo es si Rajoy está al cien por cien con nosotros, o anda perdido en alguna bruma, británica más que galaica. Su primera reacción en la noche del domingo me recordó demasiado a la que le escuché tras el 9 de noviembre de 2014, cuando se congratulaba de que "solamente" dos millones trescientos mil catalanes hubiesen acudido a aquella votación también ilegal. No, no es momento de diagnósticos, menos de ensimismarse en una realidad propia que no coincide con la que otros percibimos: quiero saber varias cosas, como si vamos a aplicar el artículo 155, si va a disolver o no -será que no, ya verán- las cámaras, si va a co-gobernar con Sánchez y Rivera, dejando a Iglesias en su trapecio y a Puigdemont frente a veinte millones, al menos, de votos españoles. Hay que cambiar muchas cosas, urgentemente. Hay tiempo, pero no hay tiempo que perder. Siempre recuerdo que, al fin y al cabo, el mejor Adolfo Suárez fue capaz de dar la vuelta al Estado como a un calcetín en once meses. Pero, claro, Suárez ¿dónde te nos has ido? O también ¿dónde está nuestro Macron?


Luis del Val - ¡Pobres sindicatos!

03.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Si no existieran los sindicatos habría que inventarlos, pero hay que reconocer que los liderazgos sindicales son como para desilusionar al más entusiasta partidario de la lucha de clases. Cuando crees que a UGT o a CCOO ha llegado el secretario general más inane de su historia, de pronto, viene el sucesor y consigue que añoremos al inútil al que ha sustituido.
La penúltima tontería contemporánea que están a punto de cometer las dos centrales sindicales mayoritarias es convocar una huelga general a favor del independentismo en Cataluña. ¿Qué les interesa a los trabajadores de Cataluña? Indudablemente la independencia: un aumento del paro espectacular, una bajada del Producto Interior Bruto espeluznante, y un panorama de pensiones que dependería del Gobierno de España. Los sindicatos, con esa falta de inteligencia que demuestran año tras año, se colocan a favor de los trabajadores, y a favor de un sunami económico, que a la patronal no le irá bien, a las medianas empresas, fatal, y a los trabajadores les dejarían en el desamparo más terrible.
Contemplas con estupor que los sindicatos vayan del brazo con el secesionismo, y llegas a la conclusión de que todo ha cambiado en este mundo, todo, incluso las monarquías, pero siguen impertérritos los sindicatos tradicionales y el repertorio de la tuna. La huelga general para ayudar al separatismo viene a ser como cantarle "Clavelitos" a una pareja joven, que están cometiendo un doble adulterio. ¡Da lo mismo! El declive de la afiliación, la preocupante falta de poder de convocatoria, la ausencia de liderazgos humanos, resulta que tiene una solución: ir del brazo de esa mezcla de anarquismo y burguesía, patronal y antisistemas, que es ahora mismo el nacionalismo catalán. Millonarios e iluminados totalitarios a los que los sindicatos les pretenden aportar las últimas briznas de prestigio que les quedan.
Me acuerdo de Nicolás Redondo, de Marcelino Camacho, de Fidalgo, de tantas personas que se dejaron la piel por mejorar las condiciones de los trabajadores, y sólo me sale una sucinta y pesimista frase: "¡Pobres sindicatos!"


Cayetano González - Elecciones

03.10.17 | 08:42. Archivado en Cayetano González


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Pocas salidas le quedan ya al Presidente del Gobierno para intentar atajar lo que algunos han llamado "golpe de Estado" dado por la Generalitat de Cataluña al convocar y llevar a cabo este domingo un referéndum ilegal que se saldó con gente votando, con urnas en los colegios y con cargas policiales que dejaron algunas imágenes muy duras, que han sido convenientemente aprovechadas por los independentistas. El vértigo seguirá en las próximas horas y si tal como anunció en la noche del domingo el Presidente de la Generalitat, el Parlamento de Cataluña declara esta misma semana de forma unilateral la independencia, el Gobierno de España con su Presidente a la cabeza no tendrá ya excusas para no aplicar el artículo 155 de la Constitución que dice textualmente que "si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general". Este artículo, tan constitucional como los demás, confiere al Gobierno la competencia para aplicarlo. Rajoy no necesita el apoyo del PSOE o de Ciudadanos para hacerlo. En el caso del partido de Rivera ya han dicho este lunes que están a favor de su aplicación; en el caso del PSOE, dependiendo del día de la semana, dicen una cosa o su contraria. Pero el Presidente del Gobierno no puede seguir rehuyendo sus responsabilidades ante la más grave crisis política e institucional que hemos vivido en España desde la transición política. Mayor, si cabe, que la que se generó con el fallido golpe de Estado del 23-F de 1981. Suspendida la autonomía en Cataluña, inhabilitados sus responsables políticos y juzgados por los delitos que han cometido, el Presidente del Gobierno debería convocar en los próximos meses elecciones generales en las que sería prioritario que todos los partidos políticos se presentaran con una propuesta clara sobre el modelo territorial de Estado que quieren y que soluciones proponen para resolver los problemas que los nacionalismos vienen planteando desde la transición política. Estos días, muchos ciudadanos han salido de forma espontánea a las calles de diferentes ciudades con la bandera de España para defender la unidad de la Nación. Ante la gravedad de la situación creada por el desafío independentista en Cataluña, hay que darles una oportunidad para que se expresen en las urnas de tal manera que el Gobierno que salga de las mismas sepa a qué atenerse.


Escaño cero - ¿Y ahora qué?

03.10.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

El 1 de octubre del 2017 lo recordaremos, y se recordará en el futuro, como uno de los días más amargos de la historia de nuestro país. Y la responsabilidad no es otra que la de un grupo de políticos aventureros, xenófobos y sin ningún escrúpulo que decidió dar un "golpe" contra la Constitución y su propio Estatuto de Autonomía. Un grupo de políticos, ex dirigentes de Convergencia, que no han tenido reparos en aliarse con un grupo antisistema como la CUP, cuyo objetivo no es la independencia de Cataluña, sino acabar con el régimen democrático y de libertades del que nos dotamos los españoles en 1978.
En los días previos a la celebración de la farsa del referéndum hemos visto actuaciones que solo se dan en regímenes autoritarios y que desgraciadamente recuerdan a lo sucedido en otras épocas de la historia reciente de Europa. Se ha señalado, insultado, y agredido a todos aquellos que se han manifestado en contra del referéndum. A todos se les ha colgado el "sambenito" de enemigos del pueblo porque los organizadores del referéndum, supuestos patriotas catalanes, han secuestrado a Cataluña y por tanto reparten "carnets" de buenos y malos patriotas.
Pero ya estamos en el día después, en el día en que hay que hacer no solo recuento de los sucedido sino de tomar decisiones.
Para empezar hay que señalar que la actuación de los Mossos de Escuadra ha sido la de una policía al servicio de unos intereses políticos y que precisamente su pasividad es lo que obligó a la actuación de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Si los Mossos hubieran obedecido las ordenes de la Fiscalía de Cataluña ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil habrían intervenido.
En segundo lugar pienso que hay que ser auténticos fanáticos para acudir con niños pequeños a colegios electorales declarados ilegales por los tribunales, sabiendo que se podían producir incidentes en el momento en que las fuerzas de seguridad intentaran evitar las votaciones fraudulentas. Escudarse detrás de los niños y utilizarles como se les ha utilizado define a quienes lo han hecho. Un comportamiento sin duda deleznable.
En cuanto a las cargas de las Fuerzas de Seguridad del Estado la realidad es que se han tenido que enfrentar no solo a pacíficos ciudadanos sino a ciudadanos que estaban vulnerando la ley y que cuando se les requería para que no continuaran con la farsa de las votaciones se negaban a hacerlo. Algunos incluso con actitudes violentas como todos hemos podido ver en los reportajes televisivos. Pero como el nuestro es un país democrático sin duda habrá que abordar la actuación de la policía y guardia civil durante la jornada del que de octubre.
Desde el minuto uno los políticos independentistas suspiraban porque hubiera un choque entre la policía y los ciudadanos para así poder seguir alimentando el víctimismo.
Por otra parte todos, absolutamente todos, los que participaron en el referéndum, ya fuera lo que acudieron a votar como los que constituyeron las mesas electorales, sabían que estaban participando en un acto ilegal y que la responsabilidad del Gobierno era impedir que se cometiera esa ilegalidad. De manera que las cargas policiales y los heridos hay que colocarlos en el "haber" de Puigdmeont, Junqueras, la CUP y demás compañía. Ellos son los únicos responsables de haber creado esta situación.
En cuanto a los equidistantes, que los ha habido en todo este proceso y que los sigue habiendo, a mi me parece que tienen una buena dosis de cobardía. No caben equidistancias en este asunto, o se está con el respeto a la democracia y a la Constitución o no se está.
De manera que pese a los errores cometidos por el Gobierno del PP en estos años por no haber sido capaz de medir lo que podía pasar, no se puede poner en el mismo plano a Puigdemont que al presidente de Gobierno Mariano Rajoy. El primero ha organizado junto a sus socios un "golpe" a la Constitución anulando de hecho el Estatuto y la propia Constitución en Cataluña. Mariano Rajoy habrá cometido errores políticos, eso es innegable, pero la responsabilidad de convocar un referéndum ilegal, de decidir poner punto final al Estatuto y a la Constitución es de Puigdemont y Junqueras, no de Rajoy.
Mariano Rajoy en su intervención institucional ha dejado una puerta entreabierta al diálogo, a sentarse con los líderes políticos para reflexionar. Me parece a mi que este es un anuncio importante que no se debe desechar y que ahora la obligación de los partidos constitucionalistas es precisamente incidir en que esa puerta entreabierta se abra del todo. En cualquier caso el presidente tiene que coger de una vez el toro por los cuernos, no puede seguir ignorando la realidad.
Así las cosas he de reconocer que la intervención de Pedro Sánchez diciendo que "sí, pero...." no es la que se podía esperar en un momento como éste. Sánchez dicen apoyar el Estado de Derecho a pesar del Gobierno, pero no es momento de hacer política partidista sino política de Estado. Sería imperdonable que los socialistas antepusieran intereses partidistas de corto plazo a los intereses generales.
Albert Rivera por su parte ha sabido en esta ocasión, dejar los intereses partidistas a un lado para defender sin fisuras el Estado de Derecho.
Y a la pregunta ¿y ahora qué? sólo cabe una respuesta: que el Gobierno encuentre interlocutores en Cataluña con los que sentarse a dialogar. Aunque realmente será difícil que el Gobierno pueda dialogar con políticos como Puigdemont y Junqueras que han organizado toda la operación de sedición y de golpe a la Constitución. Pero es de esperar que en el seno del Partido Demócrata de Cataluña haya otros dirigentes que puedan ser interlocutores. Además es urgente que en el Congreso de los Diputados comience a funcionar esa comisión parlamentaria formada a instancias del PSOE para repensar el modelo territorial. De esa comisión deberían de salir propuestas que pudieran dar lugar a una reforma del Título VIII de la Constitución.
También, en mi opinión los partidos constitucionalistas deberían de enfrentarse a todos aquellos partidos que se dedican a señalar, insultar y amedrentar a quienes no piensan como ellos. El clima en nuestro país comienza a resultar irrespirable a cuenta de tantos Savoronolas.
Pero ya digo, los ciudadanos nos merecemos unos políticos que en vez de en sus intereses partidistas y electorales piensen en el bien común y por tanto se pongan a trabajar para restañar heridas y buscar soluciones. Veremos si unos y otros están a la altura de las circunstancias.


Fermín Bocos - Y ahora ¿qué?

03.10.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Nadie tiene una sola respuesta para la pregunta más trascendental de cuantas puedan formularse a raíz de la tensa jornada vivida el domingo en Cataluña. Para los partidarios del proceso secesionista, tras la jornada del domingo, "España habría perdido a Cataluña".
Quizá confunden deseos con realidad, pero es indudable que los incidentes acaecidos adquieren dimensión política añadida y ofrecen un material propagandístico de proporciones considerables. Basta con repasar la prensa internacional. La ilegalidad de la consulta y en consecuencia la responsabilidad incluso penal en la que pueden haber incurrido los convocantes, pasa a un segundo plano.
En manos de quienes el pasado 6 y 7 de Septiembre en el Parlamento ya ofrecieron muestra de nula disposición a respetar la ley, los incidentes y su eco mediático, por decirlo con el lenguaje de estos días, les permite "pasar de pantalla".
El tempo de la política no es el mismo que el de la justicia así que habrá que esperar actuaciones de los tribunales encaminadas a investigar lo sucedido y depurar responsabilidades. En paralelo cabe exigir una respuesta política a la situación creada. Sí, a pesar de las irregularidades que han rodeado las votaciones -entre las cuales la menor no fue la ausencia de censo-, el "Govern" ha declarado válido el referéndum proclamando el triunfo del "sí" se abre un escenario de abierta insumisión en el que no cabe descartar una proclamación de independencia y el anuncio de la República catalana.
Si así fuera, esta misma semana, el Gobierno de España se vería constreñido a intervenir la autonomía. A estas alturas, lo de menos es si la vía escogida fuera la Ley de Seguridad Nacional o aplicando el Artículo 155 de la Constitución.
España es una democracia y como tal, con procedimientos emanados de leyes votadas democráticamente debe resolver los conflictos. Los políticos y los sociales. El Gobierno que preside Mariano Rajoy ni lo tiene fácil ni va a encontrar demasiados apoyos entre los partidos políticos. De cómo resuelva el problema catalán -acrecido tras lo ocurrido el 1 de Octubre-, dependerá su propia supervivencia política. Pero lo que está en juego va más allá. Afecta a la estabilidad política al futuro del Reino de España.


Rafael Torres - Trampas y palos

03.10.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Es cierto que la defección de los Mossos, que desobedecieron la orden judicial de cerrar los colegios a las seis de la mañana, forzó y precipitó la actuación de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, la mayoría de cuyos miembros llevaban diez días encerrados en un barco, lejos de sus familias y aislados de la realidad ordinaria, e intentando digerir las impunes agresiones de que habían sido objeto los compañeros que integraban la comitiva judicial en la Consejería de Economía, pero también lo es que, dadas las circunstancias, la gestión del orden público en ese día debió aclimatarse a ellas, a fin de garantizar el orden público precisamente, y no fastidiarlo más, cual las desatentadas órdenes políticas y técnicas dictadas provocaron.
O dicho de otro modo: el operativo para el cumplimiento del encargo judicial no sólo fracasó en lo que se suponía su objetivo, impedir el pueril simulacro de referéndum con el que los líderes independentistas pretendían decorar o camuflar sus objetivos sediciosos, sino que, por su torpeza, su violencia derivada de ésta y su simbología "invasora", proporcionó a éstos lo que buscaban fervientemente, un escenario caótico de palos, represión y heridos, que reforzara el victimismo del independentismo catalán y el martirologio del pueblo cuya exclusiva representación osa arrogarse.
Dicho ésto, y todo cuanto puede decirse honradamente, sensatamente, del sindiós que tanto está deprimiendo a españoles y catalanes, excepto a la parte de éstos que disfruta con dicho sindiós, tal vez proceda volver al comportamiento de los Mossos d*Esquadra, que no por impasible el 1-O ha sido, es y será decisivo en la desventurada movida. Se trata de unos 17.000 sujetos armados, investidos de autoridad y de la obligación de velar por el cumplimiento de la ley, que no parecen estar por la labor, que desatendieron su cometido en la fecha infausta, que por ello pusieron a los pies de los caballos a sus colegas de las fuerzas del Estado y a los propios ciudadanos, que terminaron de dislocar un operativo que ya era, por el lado gubernativo, desastroso, y que, en consecuencia, desampararon con su falta de lealtad y de profesionalidad a todo el mundo. Y se dice pronto: 17.000.


Lunes, 18 de diciembre

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