Opinión

QUIMÉRICO DESAFÍO SECESIONISTA. DIÁLOGO ESTÉRIL Y COMUNICADO ECLESIAL AMBIGUO.

01.10.17 | 13:24. Archivado en Antonio José Parafita Fraga

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales políticos.
Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot. com

Desde finales del siglo XVIII, los nacionalismos no siempre fueron concebidos como movimientos sociales y políticos sino que también lo fueron como sentimientos patrióticos, pero en ambos casos han constituido un problema para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de los países en que estaba implantado y fuertemente enraizado. En Cataluña el sentimiento nacionalista fue ganando terreno y organizándose como movimiento social y político hasta convertirse en la denominada cuestión del nacionalismo separatista catalán, que fue causa y origen del actual desafío independentista.

Del nacionalismo moderado se pasó en relativamente poco tiempo a su versión más radical y extremista. Este comentarista quiere poner de manifiesto ante los lectores, y resaltar, que cada día se descubren actitudes y conductas independentistas que son auténticamente patéticas, surrealistas y abyectas. Y hasta tal punto es así que incluso existen catalogadas tramas de unos 54 grupos religiosos y políticos laicos que agitan los sentimientos independentistas en algunas iglesias catalanas, evidentemente no en todas.
Estamos, pues, en algo parecido a una parodia del comienzo de las actuaciones circenses, van a ver ustedes, honrados y pacientes ciudadanos, lo más difícil todavía sobre la alocada pretensión de dividir y romper la unidad de España, así como de violentar la convivencia pacífica y cohesionada entre todos los españoles, sean de la región o autonomía que sea. Y justamente, las actuales circunstancias constituyen el contexto del parodiado espectáculo circense. Como suele decir este articulista a los lectores de sus colaboraciones, es importante que cada uno extraiga sus propias conclusiones y haga las reflexiones que estime pertinentes sobre el hastío y empalago que ocasiona el cansino tema del secesionismo catalán.

En cualquier caso, no debiera olvidarse que el nacionalismo por su propia definición y naturaleza es beligerante, reivindicativo, sectario, perverso en su discurso y en los métodos y medios utilizados para lograr los objetivos marcados, debiendo señalar que cuando se exacerba puede llegar a ser muy problemático y dañino para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de bien. Pero la bajeza moral de los separatistas tuvo y tiene como exponente máximo la utilización de los menores y el abuso de la inocencia de los niños para un referéndum ilegal, hecho que puede ser calificado como nazismo puro y duro. Menos mal que, por fin, los padres de los menores han reaccionado denunciando su utilización por parte de los fanáticos golpistas.

No obstante, a la hora de enjuiciar este quimérico desafío independentista catalán, los lectores y quienes no lo sean deben de tener en cuenta que los catalanes no necesitan la secesión, pero, en cambio, los corruptos, sí. Asimismo, el autor de este análisis entiende que al final de esta confrontación con cierto trasfondo belicoso, tiene que haber perdedores y ganadores, pues sería inconcebible, penoso y lamentable que fuera el Estado de Derecho el que perdiera el pulso planteado por los separatistas catalanes a la propia Jefatura de la Nación y a los españoles. Tampoco puede haber diálogos ni negociaciones que no pasen por el cumplimiento de la legalidad vigente, por lo que para la solución de este conflicto no pueden el Gobierno y los partidos políticos constitucionalistas ampararse en una política de cesiones y concesiones. Seguir esta vía, supondría sentar un nefasto precedente en España que en el futuro afectaría a la estabilidad de las instituciones del Estado y al fortalecimiento de la democracia ya bastante debilitada.

Por lo demás, a estas alturas y con las posiciones radicalizadas de los secesionistas, cualquier intento de diálogo resultaría estéril como también lo son las expectativas de que culmine este quimérico y desafiante sueño independentista catalán. Por lo demás, esta pretensión rupturista de los independentistas catalanes es una pantomima montada sobre bases ilegales, carente de rigor histórico y, por encima, atenta contra el sentido común y la racionalidad. Pero partiendo de la hipótesis de que toda esta bananera farsa separatista quede desmontada, es incuestionable que quedarán los rescoldos de los odios sembrados por las mentiras de los independentistas entre los catalanes y el resto de españoles, así como la fractura social y división entre los ciudadanos de Cataluña y España. De suerte que lo difícil, a partir del día 2 del próximo mes de Octubre de 2017, va a ser restañar las heridas abiertas por los odios sembrados, recomponer la fractura social y restablecer la confianza entre unos y otros. Y, por otra parte, cabe preguntarse cuál será la decisión que tomen los fiscales y jueces en relación a los supuestos delitos de desobediencia, desacato, malversación de fondos públicos, prevaricación y también con respecto al de rebelión de los sediciosos

Cierto es que las causas de estas derivas sociales y políticas fueron multifactoriales, pero deben de ser señaladas y remarcadas especialmente aquellas que más detesta la sociedad, como son, entre otras, la ausencia de auténticos líderes políticos y sociales, dentro y fuera de España, como de igual modo la de hombres de Estado, como en tiempos pretéritos. Pero, sobre todo, la cobardía de la mayoría de los dirigentes sociales, políticos institucionales. De ahí que muchos ciudadanos desaprueban las manifestaciones tibias y ambiguas de los personajes públicos que representan a prestigiosas e influyentes instituciones, como la Iglesia católica, que a través de su máximo órgano de gobierno, la Conferencia Episcopal Española, emitió un débil y confuso comunicado, cuyas tachas señalaremos más adelante. A día de hoy se echan en falta estadistas de la talla sociopolítica y autoridad moral, como la que tenían Adolfo Suárez González, Manuel Fraga Iribarne, Felipe González Márquez, Santiago Carrillo Solares, Nicolás Redondo Urbieta, Marcelino Camacho Abad. Y en opinión de este comentarista, sólo Mariano Rajoy Brey está teniendo una actitud política de hombre de estado, secundado por el Sr. Rivera Díaz, presidente del partido Ciudadanos. Los demás dirigentes políticos españoles, distan mucho de estar a la altura de las circunstancias sociales y políticas del momento actual.

Finalmente, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, al final de la Comisión Permanente de los Obispos, leyó un Comunicado, aprobado por unanimidad, según él, que el autor del presente comentario escuchó con tanto interés como expectación, a través del cual los Prelados hacen un llamamiento al diálogo entre el Gobierno Central, que es plenamente democrático y en tales términos actúa, y el de la Generalidad catalana, claramente antidemocrático, porque por sistema lo hace al margen de la legalidad constitucional, estatutaria y jurisdiccional, como vía de solución al conflicto entre España y Cataluña. Con respecto a este tibio, ambiguo y acrítico comunicado episcopal, debo señalar que el problema catalán lo vienen planteando desde tiempo inmemorial los separatistas catalanes, no el resto de los pacíficos ciudadanos españoles, y menos aún el Estado. Por otra parte, el Gobierno de la Nación ofreció al de Cataluña dialogar cuanto fuese preciso pero dentro de la Ley y el Derecho. Pero, en cambio, a los independentistas catalanes no les interesaba realmente el diálogo sino llevar a cabo la tediosa mascarada del día 1 de Octubre para evitar ir a la cárcel por diferentes actuaciones delictivas, entre otros razones.

En última instancia, éstos sólo pretendían y buscaban la complicidad del Gobierno de España para legitimar la secesión de Cataluña y, en consecuencia, la ruptura no sólo de la unidad social y política de este País sino también la su cohesión territorial, por encima de lo establecido en la Carta Magna como marco de convivencia. Lo que quieren es justificar el golpe de estado que están dando. Y, eso, Sres.Obispos, no está bien ni es justo situarse en la equidistancia. Los Sres. Obispos son muy libres de emitir comunicados, pero muchos de sus destinatarios opinamos que en la actual coyuntura social, política e institucional sería muy importante que, en los mismos, dedicaran algún párrafo a hacer autocrítica y además pedir perdón, por ejemplo, por el daño que producen, al menos desde el punto de vista evangélico, las incoherencias de los independentistas mediáticamente confesos, como son y están siendo las del Obispo de Solsona.

Pero, en parecidos términos o mismo tenor se realizaron las de un número indeterminado de sacerdotes catalanes; las de las populistas y demagógicas monjas Lucía Carám y Teresa Forcades, entre otras religiosas; las del abad de Montserrat; las de algunos sacerdotes vascos y las otros clérigos que, con sus soflamas de marcado carácter separatista sobre el derecho a decidir y a la autodeterminación de los pueblos-regiones-, en modo alguno propician ni favorecen la convivencia pacífica y fraternal entre los ciudadanos de las distintas comunidades autónomas de España, y sí contribuyen a romper la unidad territorial de este país y a destruir el actual sistema de convivencia cuyo marco legal está constituido por la Constitución de 1978, los Estatutos de Autonomía y las Sentencias de los Tribunales.

Ustedes, Sres Obispos, verán lo que dicen y hacen ante esta dramática e histórica situación. Instalarse en la cobardía para ampararse en ella, no es buen ejemplo ni estímulo para los ciudadanos en general y menos aún para los creyentes cristiano- católicos. El caso es que, en opinión de algunos medios de comunicación, la Conferencia Episcopal con pronunciamientos tan tibios, ambiguos, cobardes y con aparente escasa implicación y compromiso, no contribuye de manera efectiva a desactivar el fuego de la confrontación social y política sino que, en cierto modo, lo aviva. A este paso, de no mediar una rectificación por parte de los responsables de la institución eclesiástica, van a tener que marcar la X en la Declaración de la Renta los sediciosos golpistas.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com


Carmen Tomás - S&P no arriesga por Cataluña

01.10.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, (OTR/PRESS)

La agencia de calificación de deuda Standard & Poor`s decidió el viernes no subir la calificación de la deuda del Reino de España, confirmando el rating BBB+, es decir aprobado alto, con perspectiva positiva. S&P ve clara la fortaleza del crecimiento de la economía española, 3 por ciento para 2017, y asegura que el Gobierno será capaz de cumplir el objetivo de déficit. Sin embargo, la expectativa de los mercados, incluso del Gobierno, era que la agencia elevara la calificación de la deuda y no lo ha hecho por la preocupación sobre Cataluña y la merma de confianza que está llegando a inversores y empresarios. El viernes fue S&P. Pero es que el jueves fue el Banco de España el que alertó de que la tensión en Cataluña como elemento de incertidumbre podría afectar a las decisiones de gasto y condiciones de financiación de los distintos agentes económicos. Antes, ya lo habían hecho las asociaciones de empresarios, incluida la catalana, las agencias de viaje y los comerciantes.
Y es lógico. A nadie, ya sean particulares, empresas o inversores, les gusta el lío, la tensión, la inseguridad, la incertidumbre. Ya la semana pasada se hablaba de la caída del consumo y de las menores reservas turísticas. Y esto es sólo una parte, el principio. El propio ministro de Economía decía hace unos días que una gran empresa se estaba pensando instalarse en Cataluña. Puede que ahora mismo no sea fácil poner cifras a las consecuencias del golpe a la democracia que las autoridades han dado en Cataluña, pero terminarán saliendo. Hace varios años ya que en esa región no se toma ningún tipo de medida económica que mejore la vida ni de las empresas ni de las familias; no pueden salir a los mercados a financiarse y ha habido que dotarles con cifras millonarias del FLA y otros instrumentos para pagar a sus proveedores y finalmente, el gobierno ha tenido que tomar las riendas de las cuentas públicas de Cataluña para que el dinero público no se gasta en independentismo sino en servicios públicos, funcionarios y demás gastos.
Vamos a ver qué ocurre este 1-O y sobre todo los siguientes días. Casi todo el mundo habla de diálogo, aunque nadie concrete de qué va y si eso va a suponer y a crear un precedente: si te rebelas, te saltas las leyes y desafías al Estado, tienes premio. Cierto que De Guindos ha desmentido que el Gobierno vaya a ofrecer a Cataluña un a modo de concierto económico a la vasca. Pero, muchos se temen que algo parecido puede acabar sucediendo. Veremos.


Siete días trepidantes - El Rubicón se ha cruzado; ¿qué hay al otro lado?

01.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Pienso que más grave aún que lo que pueda ocurrir a lo largo de este domingo, fatídico para la democracia, ha sido todo lo que ya ha pasado, las aguas torrenciales bajo el puente, que se llevaron por delante cualquier posibilidad de interlocución civilizada entre las dos orillas. Ahora, todos -el Gobierno central, el Govern y la Generalitat, los medios de comunicación de una y otra parte, los jueces, las fuerzas del orden, esa sociedad civil que es mayoría silenciosa, los activistas, los directores de colegios y hasta los niños utilizados como escudo en un alarde de irresponsabilidad-, todos, han, hemos, cruzado el Rubicón. O el Ebre, aunque una parte del Ebro también me pertenece a mí, cántabro al fin y al cabo. Y a todos los españoles, porque el Ebro no sería posible sin Fontibre, sin Zaragoza, sin Palencia, Burgos, Alava, La Rioja... y el Delta, en Tarragona. Lo que no sabemos es lo que nos aguarda, este mismo lunes ya, quizá esta misma noche de domingo, en la otra orilla.
Julio César se atrevió a cometer la ilegalidad de cruzar el río: "la suerte está echada", dijo, sabedor de que iniciaba una guerra civil. Se podrían, quizá, buscar algunos paralelismos entre este pasaje, seguramente muy magnificado por los historiadores, y la decisión de Puigdemont, Oriol Junqueras y la camarilla de la Generalitat de traspasar todos los límites de lo que la legalidad (y la cordura) mandaban. Claro que ellos lo que quisieran es, más que mojarse en río alguno, encaramarse al balcón de la Generalitat para, como Companys hará ochenta y tres años el próximo viernes, proclamar desde allí la República Independiente de Catalunya. No podrán hacerlo, claro, al menos no sin costes excesivos para ellos y para todos. Como no pudieron organizar un referéndum en condiciones, sino una algarada con urnas de tupperware, mossos alterados, tractores en las urbes y población confundida.
Pero lo importante, ya digo, es lo que ha pasado hasta aquí. La sensación de que es posible traspasar todos los límites que la legalidad, la democracia, la convivencia y la cordura imponen. El desprecio a esa separación de poderes que implica el respeto al Judicial, el acatamiento a las normas por las que debe regirse el Legislativo y el autocontrol del Ejecutivo. Nada de esto se ha hecho. Y del trato al llamado Cuarto Poder ni hablemos. Una organización para mí tan respetable como Reporteros sin Fronteras ha lanzado al mundo una denuncia que la Generalitat no puede combatir con sus amabilidades a los corresponsales extranjeros: en Cataluña se maltrata la libertad de expresión.
Todo eso tiene que tener un precio. Como ha de tenerlo la omisión de diálogo durante tantos años practicado "por Madrid", donde también se ha cruzado el Manzanares a bordo de la aplicación, no oficializada, del artículo 155 de la Constitución. Muchas cosas, aunque Rajoy aparente una envidiable tranquilidad -parece que esto no vaya con él, pero sabemos que la procesión va por dentro-, han de cambiar a partir de este lunes, fecha en la que auguro que muchos van a recuperar súbitamente la cordura, empezando por ese "mayor" Trapero sobre cuyos hombros se ha cometido la irresponsabilidad de dejar la buena o mala dinámica de un "procés" que, desde luego, el Govern catalán no estaba capacitado para pilotar.
Sugiero que una de las primeras decisiones a adoptar desde el Gobierno central, que, con bastantes heridas, va a acabar ganando esta batalla, como no podía ser de otra forma, sea abrir una profunda reconsideración sobre cómo se gestiona la educación en Cataluña. Que acabe la discriminación al castellano, pero, sobre todo, que acaben la mixtificación de la Historia y el utilizar a los niños como escudos para que sus atolondrados padres puedan votar en el colegio y contribuir al simulacro de fiesta democrática. Eso, simplemente, no puede ser, y por ahí habría -y lo digo yo, que estoy muy poco de acuerdo con las medidas "de dureza"_ que haber comenzado hace ya años, cuando "en Madrit" se hacía la vista gorda ante cualquier tropelía del "padrone" Pujol y familia.
Espero que Rajoy tienda la mano, ya este mismo lunes, a una negociación en la que la Generalitat habrá de sentarse a la mesa en un taburete más bajo, el que corresponde al derrotado. Pero ahora ya es demasiado tarde para hacer dejación de algunas cosas sustanciales, y la sensación de que hay materias que son sagradas y no pue den vulnerarse es una de ellas. Bajará, sin duda, el suflé, pero alguien tendrá que pagar esta orgía, una vez que todos comencemos a evaluar los daños, que son mucho mayores de lo que ahora, en caliente, quizá pudiésemos pensar. Daños que habrá que pagar a ambos lados del Rubicón, quizá, pero más en el lado que está más al Este. La normalidad de una conllevanza orteguiana quizá tarde años en regresar, qué quiere que le diga, y bien que siento tener que ponerlo sobre el tapete del triste análisis que corresponde a un día como el de hoy. Lo de César, ya se sabe, tenía que acabar mal; no se cruza el Rubicón ni se nombra uno dictator perpetuus impunemente. Personalmente, a Puigdemont, un pésimo político que ha avivado las llamas del incendio provocado por su predecesor, no le deseo, por supuesto, tan mal fin: solamente una retirada a la vida privada, en plan Ibarretxe, pero él a su Gerona natal, de donde nunca debería haber salido.


A vueltas con España - Ante un cambio constitucional

01.10.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Cuando se redactó la Constitución en 1978 no existían las autonomías como se conocen ahora -solo había una simbólica preautonomía en algunas comunidades- y España no había ingresado en la entonces llamada Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea (UE), efectiva desde enero de 1986. Son, pues, millones los españoles que al no superar los 57 años no tuvieron ocasión de pronunciarse sobre la Carta Magna.
En este contexto de tanto cambio político y de una copiosa redistribución de competencias es comprensible que se observen desajustes de alcance en la maquinaria de las distintas administraciones y, por esa misma razón, que las nuevas instituciones traten de encontrar el mejor engranaje para atajar el conflicto o deshacerse del lastre. La distinción entre regiones y nacionalidades que hace la Constitución no siempre se cumplió -el café para todos no solo ofrece ventajas, también inconvenientes-, lo cual quizás también tiene algo que ver con las causas de la actual crisis territorial, por lo demás sujeta a los vaivenes que desató la reciente gran crisis económica y financiera.
La complejidad aumenta más, si cabe, a medida que se producen intervenciones directas de la UE o del Banco Central Europeo (BCE), fenómeno reciente pero de un calado extraordinario, debido a la gravedad de la crisis financiera de España, especialmente a partir de mayo de 2010.
En un momento dado se apeló a la crisis como pretexto para aplazar la reforma de la Constitución cuando resulta que la actual se elaboró en medio de otra gran crisis política y económica. La condición necesaria sería en todo caso que el nuevo consenso necesario no sea inferior al de 1978, pero no que hay crisis.
El temor es a Cataluña, dadas sus expectativas de cambio de estatus político, pero esta circunstancia se ha visto superada por el llamado procés. Hoy, una vez descontado el 1-O, no hay disculpa posible para no reformar y actualizar la Carta Magna. Todas las cartas están encima de la mesa y boca arriba.
Ni siquiera se parte de cero, ya que hay algunas cosas que prácticamente las asumen todos los partidos políticos, como el fin de la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión de la Corona, recoger en la Constitución el hecho de la integración europea de España, la reforma del Senado y la inclusión de los nombres de las comunidades autónomas en el texto legal. Y a partir de ahí queda el encaje de Cataluña, con las lógicas repercusiones que puede tener en las demás comunidades. No por ser difícil deja de ser un reto político histórico y apasionante.


Victoria Lafora - Y si hoy...

01.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Con urnas de plástico opacas, sin censo, sin papeletas, con los colegios presuntamente precintados, sin validez jurídica, sin garantías, si hoy se celebra el referéndum, o un sucedáneo... Pues resultará que Mariano Rajoy y todos los miembros de su Gobierno, que con tanta contundencia se comprometieron a que la consulta no tendría lugar, van a quedar desautorizados. La autoridad del Estado quebrada y todas sus instituciones a las que el Ejecutivo comprometió en su labor, desacreditadas.
¿Quién va a atender las sentencias de un Tribunal Constitucional, máximo garante del estado de Derecho, que ha sido burlado por la Generalitat? ¿Qué papel le queda al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, cuyas sentencias han sido ignoradas una tras otra? Ese es el riesgo de utilizar la Justicia para resolver problemas políticos.
Las reticencias de Rajoy en aplicar el artículo 155 de la Constitución, decisión que dependía exclusivamente de Moncloa, por el riesgo de fraccionar aún más a la sociedad catalana y de inclinar la balanza social a favor del independentismo, no ha dado resultado. Si la proliferación de "esteladas" sirve como fotografía de la situación en la calle y si la desobediencia de alcaldes, maestros, funcionarios, estudiantes, retrata el ambiente, algo se ha hecho muy mal.
Resulta difícil de comprender que meses de reuniones semanales de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría con diferentes ministros, subsecretarios, y cuerpos de seguridad no hayan servido para otear siquiera que esto que está sucediendo en las calles de Cataluña era una posibilidad. Que el gravísimo problema estaba no solo en la anunciada desobediencia de la Generalitat y el Parlament si no en la sociedad y en las empresas que han confeccionado, a sabiendas de que el referéndum estaba prohibido, urnas, papeletas, carteles y páginas web.
¿Cómo no se había previsto que los Mossos iban a flaquear ante las primeras imprecaciones o las acusaciones de traidores? Que el cambio de carteras de la Generalitat en el mes de julio, apartando a los "tibios" y colocando en la Consejería de Interior a Forn y al frente de la policía autonómica a Trapero tenía un claro mensaje implícito: vamos a por todas.
¿De verdad el Centro Nacional de Inteligencia, que depende de la vicepresidenta, no les ha remitido informes con las adhesiones y los instrumentos con los que contaban Junts pel Si y la CUP para llevar a cabo el referéndum?

Porque, lo peor no es que se acabe votando en los parques, lo peor es que se produzcan graves incidentes de orden público. Que los provocadores, de ambos signos, que están llegando a Barcelona, conviertan la ciudad en campo de batalla donde paguen los que menos culpa tienen: aquellos a los que se prometió que el referéndum se llevaría a cabo si o si y a los que Madrid no ofreció alternativas.


Jueves, 19 de octubre

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