Opinión

Fermín Bocos - Todo el peso de la ley

30.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

El proceso secesionistas que impulsa el gobierno autonómica de la "Generalitat" de Cataluña, cuyo detonador político es el referéndum convocado para el 1 de Octubre, al tiempo que un desacato al Tribunal Constitucional que declaró ilegal la consulta alimenta una tendencia disgregadora de la convivencia social.
Nunca antes hubo tanta tensión en Cataluña ni estuvieron tan dañadas las relaciones entre los partidarios de la separación y quienes son señalados por no secundar los planes de los secesionistas. Quienes durante los últimos treinta años sembraron la semilla del rechazo al idioma español e inocularon odio a cuanto significa pertenecer a la comunidad española se regocijan con los frutos de su cosecha de discordia.
Es una realidad muy triste, impensable, hace apenas una generación cuando Barcelona era la puerta de entrada de las ideas de libertad y tolerancia que fluían desde la Europa democrática. Aquellos germinales días son historia; leche derramada. Ahora nos encontramos en la víspera de un intento de fraude político bajo apariencias democráticas.
Una cita a la que han sido convocados en nombre de una causa en la que priman las falsedades históricas y no pocas mentiras sobre las que los dirigentes del proceso separatista (Mas, Junqueras, Puigdemont, Forcadell, etc) han construido su alegato victimista.
La situación es grave. Nunca en quinientos años de trayectoria en común de sus diversos pueblos había estado España tan amenazada de perder su unidad e identidad territorial en los términos históricos que conocemos.
Ni cuando la "francesada" -la invasión por las tropas de Napoleón-; ni con los ataques piráticos de la flota inglesa contra Cádiz , La Coruña o en repetidas y rechazadas ocasiones contra Santa Cruz de Tenerife. Tampoco cuando en octubre de 1934

Lluís Companys (Esquerra Republicana) proclamó la "República Catalana dentro del Estado Español".
Sus herederos de hoy, auxiliados por los del corrupto partido fundado por Jordi Pujol pretenden ir más lejos. Irreversiblemente lejos. Ni por asomo les debe ser permitido. La ley, todo el peso de la ley debe caer sobre quienes pretenden subvertir el orden constitucional. Lo que está en juego, conviene no olvidarlo, es el ser o no ser de España tal y como la conocemos.


Charo Zarzalejos - El Estado en alerta

30.09.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Ya está aquí. El calendario es inescrutable y en cuestión de horas tomará cuerpo el ya agotador y desafiante 1-O. Ante los acontecimientos, todos ellos bien graves, el Estado --Gobierno, jueces, policía, etc..-- están desde ya mismo en estado de alerta. Puede ocurrir cualquier cosa, pero ninguna buena.
Los hechos van demostrando que ninguna de las medidas adoptadas les ha amilanado. Al contrario. Han seguido con su pertinaz e inconstitucional estrategia hasta el punto final que no será el 1-0, sino que habrá que esperar horas o días para la traca final que, con toda seguridad, se va a producir.
El conjunto de los españoles están, estamos, perplejos ante la desfachatez, ante el relato lleno de ficción del secesionismo que con tono suave, como si no hubieran roto un plato, dicen eso de que la legislación internacional les ampara, que quieren llevarse bien con España. Casi conmueven si no supiéramos que detrás de esos modos subyace una insurrección en toda regla. Como todo les resulta poco, no les importa caer en la desvergüenza que supone utilizar a niños y hay que ver con qué emoción y entusiasmo el párroco de Canella, dispuesto a dejar su iglesia para una ilegalidad flagrante, mezcla independencia con la idea del amor universal. No hay nacionalismo sin algún cura detrás. ¡Qué pena da ver todo lo que estamos viendo!.
El Estado está en alerta y no habrá referéndum como tal, pero el secesionismo tiene motivos para no sentirse absolutamente derrotado. En esta historia no hay que hablar de vencedores ni vencidos porque en algún momento se tendrá que producir el reencuentro, la conversación, el abrazo, pero esto no debe impedir recordar una y mil veces la desvergüenza, la ingente responsabilidad de los lideres secesionistas, que se han reído y se ríen todos los días del Estado de Derecho. No habrá referéndum, pero algún terreno han ganado y lo han ganado tanto por méritos propios porque son únicos en el arte de la movilización, de la consigna, de la solidaridad entre ellos, y lo que han ganado, también por una clara inacción política. Las acciones penales masivas no son disuasorias como estamos viendo. Estamos en el juego del gato y el ratón desde hace demasiado tiempo. ¿Se merece Puigdemont ser el representante del Estado en Cataluña?. Hace mucho tiempo que, quizás, debería haber sido despojado de este título.
El Estado está en alerta, pero algo está ocurriendo para que la impresión más compartida es que la eficacia de lo desplegado no vaya a ser la deseada. En todo caso, lo más inmediato es poner los medios para que la jornada del 1-O no acabe como muchos desean. El temple y la profesionalidad de las FSE son un elemento de tranquilidad. Lo de Puigdemont y demás, una vergüenza absoluta.


Antonio Casado - "Peros" a la izquierda

30.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

En la duda, el malo es Rajoy. Es lo políticamente correcto en las aproximaciones políticas y periodísticas al conflicto catalán. Implica la renuncia culpable a distinguir entre la figura personal y lo que representa. Una de las instituciones amenazadas en el irresponsable desafío al Estado, al margen de su personalización. Es un desatino usar como burladero las consabidas diferencias en un régimen de saludable pluralismo político.
Por desgracia, eso está ocurriendo en vísperas de la fecha elegida por la facción independentista de Cataluña para perpetrar su absurda intentona de romper con España por medios ilegales, en base a falacias insostenibles y mentiras repetidas hasta el hartazgo. Sin negar eso, porque es evidente, parece que lo que toca es ser indulgentes con los agitadores del desafío.
Personas bienpensantes y habitualmente moderadas, encuadradas en lo que solemos entender por gente progresista, están mostrando una preocupante tendencia a ponerse no en el lugar del Estado que se defiende sino en el de quienes se quejan de sufrir los rigores de la respuesta desplegada para impedirlo.
El fenómeno viene alimentado por las posiciones de los dirigentes de la izquierda. No me refiero tanto a la implicada en el "procès" (nacionalistas de ERC y gamberros de la CUP), sino al PSOE y Podemos, dos fuerzas de implantación nacional con la mirada puesta en el Palacio de la Moncloa.
Pablo Manuel Iglesias apunta directamente a la cabeza del Gobierno y del PP con gruesas acusaciones de favorecer un clima prebélico, provocar un estado de excepción, atropellar derechos civiles o, en el mejor de los casos, querer resolver con jueces y fiscales lo que es incapaz de resolver políticamente.
Pedro Sánchez no pierde ocasión de mostrar su apoyo al Gobierno frente al reto separatista, pero tampoco la pierde de reprochar a Rajoy errores pasados, torpezas de un Gobierno que multiplicó el número de independentistas o su proverbial resistencia a resolver los problemas mediante la negociación y el diálogo.
No le falta razón a Sánchez en muchas de esas formulaciones. O en todas. Pero en estos días cargados de tensión, previos a la jornada del 1 de octubre, el PSOE debería aparcarlas y alinearse con el Gobierno sin "peros", subordinadas, letra pequeña y reprobaciones con carácter retroactivo, porque tiempo habrá, a partir de la semana que viene, para "obligar" a Rajoy (verbo utilizado por Sánchez hace unos días) a sentarse a una mesa con los actores del drama y buscar un desenlace no traumático a la situación creada.
En cualquier caso, me parece aberrante que una mente de izquierdas, dirigente o no, renuncie a defender la democracia y el Estado de Derecho por no correr el riesgo de que le tomen por un "facha" o le acusen de estar sacando las castañas del fuego al PP.


Fernando Jáuregui - Alguien va a pagar esto muy caro

30.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Resulta difícil imaginar que se haya podido llegar hasta aquí, a tal grado de irregularidad política y de conculcación de toda práctica democrática. A tanta irracionalidad, que tiene absorto no a todo un país, España -y a Cataluña, parte sustancial de España--, sino a todo un continente, Europa, y al mundo entero. Lo han conseguido: han puesto a Cataluña en el mapa. Y en la Historia. En el mapa del mundo del siglo XVII, en la Historia universal de la infamia. Porque, aparte elementos ridículos -menudo espectáculo el de las urnas "made in China"--, tenemos los factores indignantes. Y usar a niños como "escudos humanos" para impedir el cierre de los colegios electorales, inculcar en ellos el "odio al invasor" inexistente es, simplemente, aborrecible.
Y así tenemos que denunciarlo, al margen de los errores que "del lado de acá" se hayan cometido o se estén cometiendo. Que ya llegará el momento de hacer un repaso al respecto, y de ver si quien ha dirigido -al menos con calma y templanza, no sé siempre con acierto- el dificilísimo proceso de cargarse el "procés" merece seguir en el puesto que ocupa... dentro de un año. Mientras, uno, para lo poco que valga, reitera su adhesión al Gobierno de Mariano Rajoy, a quien nunca se le ocurrirían tropelías y villanías como las que han puesto en marcha, en su demencia, los responsables de la Generalitat.
Faltan horas para el choque. No sé si lo van a ganar los mejores, pero seguro que lo van a ganar los menos malos. Los que nunca utilizarían la educación para sembrar el odio a los hermanos, sobre todo en las mentes infantiles. Sobre esos padres, que por miedo o por puro fanatismo, acceden a utilizar a sus hijos de parapeto frente al rigor -excesivo o no, ya lo veremos, también en su momento- de los fiscales, caerá la maldición de los historiadores y, ahora, confío, de la mayor parte de aquellos a quienes nos ha tocado historiar el día a día de unos momentos que espero que sean irrepetibles, porque son bien tristes. Lamento decirlo, porque no soy en absoluto partidario de "mano dura" alguna, y sí del ahora desprestigiado diálogo, pero quien es capaz de utilizar así la educación, no merece tener delegado esa competencia.
De apenas una cosa estoy seguro: todo esto va a traer consecuencias irreversibles. Nada podrá ser como era. Nada. Ni algunos comportamientos en ciertos medios, ni la actitud de muchos que se decían -decían- representantes de su pueblo, ni los errores cometidos por un Gobierno central que desprecia la comunicación, pero que, al menos, insisto, ha sabido mantener la sangre fría, y mira que era difícil lograrlo. Pero el análisis de estas consecuencias quedará para la semana próxima, en función de lo que ocurra, lo que nos ocurra, en las próximas horas. En los próximos días. La suerte está echada. Qué mala suerte.


Lunes, 23 de julio

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