Opinión

Isaías Lafuente - ¿Parlem?

28.09.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Hoy, en una terraza de la Gran Vía de Madrid, alguien ha desplegado una pancarta blanca en la que se lanza una pregunta: ¿Parlem? No sé si es un catalán que clama desde el corazón de Madrid o un ciudadano madrileño que, por cortesía, lanza la pregunta en ese idioma. Pero es una invitación pertinente en estos momentos críticos de oídos sordos. Porque llevamos semanas escuchando palabras que vuelan como puñales sin encontrarse, olvidando quienes las profieren que hablar, además de encadenar palabras, es comunicarse, dialogar, razonar, interceder y tratarse, a ser posible, con respeto.
Seguramente iniciar ese diálogo bloqueado requiera antes que las partes enfrentadas guarden un minuto de silencio. Por respeto a una nutrida parte de la ciudadanía que, en Cataluña y fuera de allí, no comparte al cien por cien los planteamientos de cada una de las partes pero se ve atrapada en medio del fuego cruzado. Personas que creen que la ley debe cumplirse, aunque piense que en el intento de hacer que se cumpla quizás se han sobrepasado algunas líneas. Ciudadanos que creen que una democracia debe permitir la consulta a los ciudadanos pero que consideran a la vez que la consulta no puede hacerse de manera tan estrafalaria como se pretende. Gente que respeta a Serrat o a Lluis Llach tanto como lo hacían la víspera de que este proceso estallase y ellos se posicionaran libremente, o que defiende el independentismo o la unidad de España y merece que por hacerlo no sean considerados delincuentes o fascistas.
Esto va a ser imposible que suceda antes de la fecha crítica del 1 de octubre. Pero conviene que en las horas que quedan hasta que acabe el domingo no suceda nada que agrave la situación. No hay que ser profeta para vaticinar que ese día no habrá en Cataluña un referéndum digno de tal nombre, pero seguro que se producirá una contundente movilización ciudadana como las que hemos visto, Diada tras Diada en los últimos años. Harían muy mal ambos gobiernos si se anotasen lo uno o lo otro como una victoria. Sería una victoria pírrica, en el sentido etimológico de la palabra, a la vista de los daños producidos. Así que quizás lo mejor que podrían hacer el día 2 es hacer suya la invitación que un ciudadano anónimo ha colgado esta mañana en una calle de Madrid.


Francisco Muro de Iscar - Esa "tontería" que amenaza nuestro futuro

28.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Si algo me molesta profundamente es tener que dar la razón a personajes como Donald Trump, pero la tiene. No ha dicho que sería un escándalo que Cataluña se independizara o que las fuerzas vivas del mundo occidental se enfrentarán al desafío secesionista catalán ni que Estados Unidos rechaza no sé qué. Ha dicho que sería "una tontería que Cataluña no siguiera en España". Me parece uno de los análisis más inteligentes que he escuchado sobre el llamado proceso catalán. El mundo, desde Estados Unidos a Europa, está en otras cosas, las que de verdad importan, mientras los líderes independentistas catalanes están a lo suyo. No a lo de todos los ciudadanos catalanes ni a lo de la mayoría. A lo suyo. Jordi Sevilla recordaba ayer una inteligente frase de Kennedy: "los estadounidenses son libres de estar en desacuerdo con una ley pero no de desobedecerla". Los catalanes, igual. Hay que hacer leyes que sirvan para los ciudadanos, para vivir mejor. Pero mientras se cambian por los procedimientos legales, hay que cumplirlas. Las que nos gustan y las que no. Las que nos benefician y las que no.
El problema es que la factura del desafío secesionista de Cataluña va a ser muy elevada. La van a pagar en primer lugar los ciudadanos catalanes, los que apuestan por irse de España y también los que quieren quedarse, pero callan. Y la vamos a pagar todos los ciudadanos españoles porque va a tener un coste social y económico muy alto y quien quiera invertir en España se lo va a pensar dos veces por si a esta locura catalana le puede seguir otra vasca o del cantón de Cartagena. Es un espectáculo lamentable el que estamos dando al mundo.
Por eso, aunque tengamos que ocuparnos de Cataluña, hay que hablar de otras cosas. Ocuparnos tanto de Cataluña hace que estemos dejando de hablar de cuestiones urgentes e importantes. Los intelectuales, los políticos, los empresarios de todo el mundo están hablando y debatiendo sobre la inteligencia artificial, la robotización de los mercados y cómo influirá eso en la economía y en el cambio del modelo productivo, en las empresas y en la precarización laboral. Están analizando los retos que plantea la investigación biomédica y si eso supondrá la desaparición de algunas enfermedades, la posibilidad de influir sobre el genoma y sus implicaciones éticas y jurídicas. O sobre el cambio climático y lo que cambiará nuestra vida diaria, sobre la protección de nuestros datos y la nueva frontera de la ciberseguridad y sobre la importancia de destinar cada vez más recursos a la I+D+i, como única forma de ser realmente competitivos en un mundo que cada vez es más complejo, pero que está tan lleno de riesgos como de oportunidades.
Pero aquí y ahora, en la España del siglo XXI en lugar de hablar de eso, de buscar acuerdos para ser un país moderno, con oportunidades de trabajo para los jóvenes, con un empleo más cualificado y poniendo más valor añadido en todo lo que hacemos, estamos dedicados al cien por cien, a eso que, como dice Trump es "una tontería". Una tontería que pone en riesgo nuestro presente y nuestro futuro.


Fermín Bocos - El silencio de los obispos

28.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Tengo para mí que el ideal cristiano de fraternidad universal e igualdad entre todo los seres humanos -el predicado por Jesús de Nazaret- es el mensaje más alejado de cuanto significa el nacionalismo excluyente. De ahí la sorpresa que provoca el manifiesto a favor del referéndum del 1 de Octubre firmado por tres centenares de curas catalanes. En las diócesis catalanas hay más sacerdotes y también obispos, pero guardan silencio respecto de una consulta (declarada ilegal por el Tribunal Constitucional) que, como se sabe, está en el origen de la profunda grieta social que apareja el proceso impulsado por los separatistas.
Y la sorpresa se torna perplejidad cuando la política secesionista se encarama hasta al púlpito.
De la mano, en esta caso, de un monje (Sergi d"Assís Gelpí) que el pasado domingo predicó la homilía de la misa en el monasterio de Montserrat. Llegó a decir que en Cataluña, "se han amenazado y vulnerado derechos fundamentales". Añadiendo que, "hemos decir "no" a la represión y si alguien tiene dudas que coja la Declaración Universal de los Derechos Humanos". Vamos, que en España no hay democracia. No consta que ninguno de los asistentes protestara por semejante falseamiento. Todo lo contrario, al término de la misa-mitin, el citado clérigo fue aplaudido.
La figura del cura trabucaire tiene larga tradición en Cataluña y en el resto de España. El relato de las guerras carlistas está salpicado por este tipo de personajes que sin colgar los hábitos entraron en política por la vía del exceso. La Historia es terca. Las comarcas catalanas del interior, aquellas en las que el carlismo arraigó con fuerza, hoy en día son solar de independentistas, pero ya no estamos en el siglo XIX. El abad Escarré y la "caputxinada" son cosas del pasado y de la lucha anti franquísta que no tienen razón de ser en la España cuya Constitución democrática obtuvo en 1978 un respaldo mayoritario en Cataluña. Por encima del 90%. Cuatro puntos más que en Madrid. Por eso sorprende el silencio de la jerarquía católica, obispos y cardenales, ante el desatino de algunos de sus curas a quienes les parece bien utilizar el púlpito para predicar en contra de la Constitución.


Rafael Torres - Lo que pueda pasar

28.09.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

De lo que pueda pasar de aquí al domingo, y el domingo, y después del domingo, serán responsables quienes han inducido a una parte de la sociedad catalana a declararse en abierta rebeldía contra el mandato supremo de la Constitución, el que reconoce y ampara la soberanía del pueblo español, cuyos hijos, cuarenta y tantos millones de personas, son uno a uno y en conjunto los únicos titulares de la nación, de suerte que nada puede hacerse, y mucho menos sustraer una parte de ella, sin el acuerdo de todos.
Lo más probable y lo que la inmensa mayoría desea es que no pase nada, o, cuando menos, nada irreparable, pero si pasa, y a resguardo de las responsabilidades específicas en cada caso, la responsabilidad mayor recaerá sobre los políticos que pretenden ejecutar un golpe de estado para la apropiación de Cataluña, valiéndose de los recursos puestos en sus manos por el propio estado para el servicio de todos los catalanes y escudándose en una masa adicta merced a un adoctrinamiento delirante, bien que también con el impagable auxilio de las torpes políticas de los diferentes gobiernos centrales y hoy con el de alguna formación política, como Podemos, ayuna de todo sentido de estado.
Lo más seguro, y ojalá que así sea, es que nada pase (ni antes, ni durante, ni después del domingo) que hayamos de lamentar amargamente, pero si pasa, y nadie puede descartar que pase en el punto a que se ha llegado, serán los aventureros de la política que con sus trapacerías institucionales diseñaron la llamada "desconexión", los que habrán de rendir cuentas por ello, y no los de a pie que, llevados por sus legítimas aspiraciones y ensoñaciones, se están comiendo el marrón del caos callejero, de la inseguridad jurídica, de la escisión social, del empobrecimiento y de la alienación.
El Govern de la Generalitat y sus agitadores anexos serán los responsables de lo que pueda pasar, pero no como Artur Mas, que habiéndose declarado en su día único responsable de la performance del 9-N que tan cara les salió a los catalanes, se desdice e implora un "crowdfunding" o cuestación popular para no verse afectado en su economía personal por el ilícito que cometió. No pasará nada si insurrectos y fuerzas del orden se comportan como en general hasta ahora, con urbanidad y sosiego, pero si pasa, pues las masas en danza son festín de majaderos y provocadores, pocas dudas caben sobre de quién será la responsabilidad.


Fernando Jáuregui - Píolín, Silvestre y otros patinazos de un Gobierno que lo hace bien.

28.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Mi posición personal, para lo que valga, y ante la que nos viene en Cataluña, sea lo que sea lo que nos venga, es que ahora toca apoyar al Gobierno legítimamente constituido por la fuerza de los votos y respaldado, todo lo críticamente que se quiera, por dos de los tres principales grupos de la oposición, es decir, por no menos de veinte millones de sufragios. De la misma manera, debo expresar, también desde mi humilde posición, mi reconocimiento a la labor que desempeñan el ministro del Interior, el de Hacienda y el fiscal general del Estado, por más que en numerosas ocasiones haya expresado mis reparos a algunas, o bastantes, de sus actuaciones.
Sé perfectamente quién es el principal responsable del dislate al que nos enfrentamos: el molt honorable Puigdemont y la camarilla absurda de la que se rodea, así como algunos de sus antecesores. Nada, pues, de equidistancias, en plan algo hemos hecho mal todos. Eso se lo dejo a Podemos, que está rizando el rizo del error en la táctica y la estrategia política, lo digo como lo pienso: es un partido necesario para canalizar tantos millones de descontentos, legítimos y justificados, pero está dilapidando ese capital no dándose cuenta de que el secesionismo catalán no es una cuestión de derechas e izquierdas, y que los más de sus votantes en el resto de España están en contra de ese "procés" independentista, así de claro y nítido.
Todo esto lo digo para que algunos de los muchos intransigentes que se escudan en el anonimato de las redes, o en los nombres y apellidos del fanatismo, no vayan a tomar las críticas razonadas y razonables por complicidades o maniobras con las que por supuesto no me alineo. Pero soy periodista y, como tal, me obligo a ser implacable. Y me disgustan, por ello, algunas actitudes de gentes empujadas a una batalla inexistente, como aquellos que gritan "a por ellos" a los guardias civiles que salen a cumplir con su deber de garantizar el orden en Cataluña. ¿A por ellos? ¿A por quiénes? Me temo que desde ciertas instancias, desde ciertos medios, estemos ofreciendo a no poca gente la impresión de que nos hallamos en una batalla, ante una conquista en territorio infiel. O de que esto es un juego frívolo, y por eso enviamos barcos con las imágenes de Piolín y Silvestre en los costados, que menudas risas que eso ha provocado y no solo en ámbitos portuarios.
Que no, que no estamos en una guerra contra Cataluña, por mucho que algunos próceres catalanes lo quisieran y acaso hasta lo provoquen. Que sí, que debemos reconocer que no siempre hemos sabido hacernos simpáticos, los de "Madrit", en Cataluña, y por supuesto que no me refiero (solamente) a este Gobierno que preside Mariano Rajoy, que tampoco es que tire cohetes por estos pagos. Miren ustedes, si no, el cabreo de mis colegas extranjeros, a quienes La Moncloa hace tanto caso como, por ejemplo, a mí mismo: nada. Al menos, nada positivo. No sé si la cosa tendrá remedio antes del "choque de trenes" -o lo que resulte de los sucesos imprevisibles para todos del doming- pero, desde luego, sé que tendrá que tenerlo después. Porque, si no, nada de esto, tan absurdo, habrá servido para nada.


Escaño cero - Algo más

28.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Manuel Almenar, presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura, además de magistrado de la Audiencia Provincial de Pontevedra ha dejado dicho en una entrevista en TVE que si bien la obligación de los jueces es aplicar la ley, hay cuestiones que tienen que resolver los políticos. La entrevista versaba, claro está, sobre lo que está sucediendo en Cataluña.
Tengo que decir que a pesar de estar encuadrado en el sector conservador de la Magistratura, en sus declaraciones publicas, así como en su paso por el Consejo General del Poder Judicial, Almenar siempre ha hecho gala de una escrupulosa independencia, ponderación y sensibilidad social. Si no fuera porque es el presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura sería difícil situarle políticamente, precisamente por esa independencia de la que hace gala.
Pero a lo que voy, Manuel Almenar dijo en esa entrevista en TVE algo que es inapelable: además de hacer cumplir la ley, que eso es cosa de la Justicia, los responsables políticos deben de buscar soluciones políticas a los problemas políticos.
Sin duda el Gobierno ha acertado no cayendo en las provocaciones de los independentistas pero por otra parte ha renunciado a hacer política. En estos últimos años de ofensiva independentista el Gobierno debería de haber contrarrestado con lo que ahora los modernos denominan un "relato", es decir haber explicado a la sociedad catalana lo que de verdad les supondría la aventura independentista y también contrarrestar la tergiversación de la propia historia de Cataluña llevada a cabo por seudohistoriadores al servicio de la Generalitat.
Ahora se echa en falta que, además de hacer que se cumplan las leyes en Cataluña, ¡faltaría mas!, el Gobierno hilvane un discurso con propuestas concretas para salir del embrollo en que los irresponsables dirigentes del independentismo, Artur Mas, Puigdemont, Junqueras y sus amigos de la CUP, han metido a Cataluña.
Es evidente que los actuales dirigentes políticos catalanes son unos irresponsables que está promoviendo una sedición, que además mienten y manipulan, y por tanto la obligación del Gobierno es evitar esa sedición y hacer cumplir las leyes, es decir el Estatuto de Autonomía y la Constitución. Pero también es evidente que una vez que se impida la celebración del referéndum hay que buscar respuestas políticas a la situación en Cataluña. Y para eso es necesario el diálogo pero sobre todo un plan, una hoja de ruta.
Seguramente el Gobierno no está tan inane como parece, pero esa estrategia no es la más conveniente. Hace falta algo más que la aplicación de la ley para resolver el problema de Cataluña. Aunque como ha dicho Felipe González en su última intervención pública, lo primero que tienen que hacer los dirigentes catalanes es parar el "procés" y el referéndum y luego "ya parlarem". Pues eso.


Victoria Lafora - Símbolos y banderas

28.09.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Como si este país no hubiera tenido suficiente con la guerra de las banderas en la etapa siniestra de los años de plomo de ETA, volvemos a las andadas. España es estos días un arrebolar de lienzos rojos y amarillos con más o menos rayas, con estrella azul o sin ella. Del ondear en los mástiles ha pasado a cubrir las espaldas de entusiastas que, a modo de poncho, las pasean por las calles. Por si fuera poco el colorido espectáculo de unos y de otros, acaban de aterrizar en Cataluña una representación de cuanto nacionalista hay en Europa (que todavía quedan y crecen como se ha visto recientemente en Alemania). Vienen a apoyar el referéndum acompañados, como no, de sus respectivas banderas y sus trajes tradicionales. Si el asunto no fuera tan grave podría confundirse con un adelanto del carnaval.
Pese a que la bandera española ha recuperado espacio en algunos balcones sigue siendo claramente minoritaria frente a la estelada, no solo en Cataluña, si no en el resto del Estado. Salvo en acontecimientos deportivos, la bandera constitucional no suele salir mucho a la calle; somos poco nacionalistas en conjunto y se sienten mucho más los símbolos del terruño. Aspecto éste que no estaría mal si fuera la constatación del ansia de borrar fronteras en Europa o el sentido de globalidad inevitable del mundo en que vivimos. No es el caso.
En este país de memoria trágica las banderas han sido siempre excusa para golpear al contrario e incluso para matar. En nombre de la enseña que llevaba el aguilucho, hoy ilegal, se ha asesinado mucho e incluso, tantos años después, sus víctimas siguen bajo tierra en las cunetas.
Hay pues que tener mucho cuidado con los símbolos porque su capacidad de enfrentamiento tiene un gran poder de contagio. Sin ir más lejos, los restos de la todavía no desaparecida ETA aplaude el desafío catalán e insta a replicarlo en Euskadi. Recomienda aprender la lección del soberanismo de Puigdemont y seguir la misma senda con ellos de observadores. No desean tutelar el camino hacia la independencia pero sí estar atentos por si acaso se desvía de su ruta correcta. Urkullu debería tomar nota de la oferta y los ciudadanos del País Vasco recordar lo que sucedió ayer mismo.
Y otro aviso a navegantes: la Iglesia catalana, tan equidistante del enfrentamiento de la sociedad por la que vela, no va a vivir de forma confortable en la nueva situación. Que no se engañe. La CUP, verdadero poder fáctico de la independencia, ha advertido que cuando la desconexión se produzca tendrá que pagar el IBI y no habrá ayudas a la educación religiosa. Por si no lo tenían claro, frente al símbolo de la catedral de Tarragona, la diputada de esta formación, Mireia Vehi, ha proclamado que "en la Cataluña libre la Iglesia católica no será la quinta columna del patriarcado". Ahí queda eso.


Antonio Casado - Trump, un mal avalista

28.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

El presidente Trump devolvió a Rajoy el favor de la patada diplomática al embajador de Corea del Norte. En su reciente encuentro de Washington accedió a entrar en el conflicto de Cataluña con palabras de alineamiento con Moncloa respecto al dogma civil de la unidad y la integridad territorial.
Cataluña le queda lejos y la Casa Blanca tiene preocupaciones de mayor cuantía. Así que la apuesta de Trump una España "unida" responde a un deseo personal. No a una inexistente posición del Gobierno norteamericano. Es lo malo, porque el actual presidente de los EE UU no es buen avalista de causas tan nobles como la defensa de la democracia.
Por tanto, estamos ante un pronunciamiento favorable a las tesis del Gobierno español en el conflicto catalán, que es lo menor, pero ante un silencio clamoroso respecto al compromiso con valores universales, que es lo mayor. Ni media palabra de compromiso con la democracia como sistema de gobierno, la Constitución como marco legítimo y la ley como único instrumento que garantiza la libertad y la convivencia. Quizás porque, a titulo individual, Trump no está libre de pecado. E institucionalmente, porque a EE.UU. el drama catalán le importa menos que una buena foto de los sanfermines.
Desea personalmente que España siga unida. Vale. Solo faltaba que hubiera apostado por el troceamiento de un país aliado y de notable alto en calidad democrática. Es evidente que sus asesores le han aconsejado que no vaya más allá. Al menos no han sido tan desatentos como la última vez en que la democracia española fue atacada por medios ilegales. A quienes lo vivimos todavía nos duele lo del "problema interno español", como calificó la Casa Blanca la ofensiva del 23-F contra valores universales que no caducan, ni en España ni en Estados Unidos: ley, democracia, soberanía nacional, tolerancia, pluralismo y derechos humanos. La violación de esos valores interpela al mundo civilizado, no solo al país concernido.
Ocurre en Cataluña, donde una facción política determinada está ahogando con cuentos las voces de la razón. Entre otras cosas, nos hizo sentir vergüenza por malversar, en nombre de la causa, la compasión con las víctimas del 17 de agosto y la unidad contra el terrorismo yihadista. Ahora los independentistas no han ahogado la voz de Trump, por no ser recomendable como avalista de nada. Pero sí hubieran ahogado la voz de John F. Kennedy cuando envió a la guardia nacional a hacer cumplir las leyes raciales en los Estados sureños:

"Los estadounidenses son libres de discrepar con la ley, pero no de desobedecerla. En un gobierno de leyes y no de hombres, ningún hombre, por poderoso que sea, tiene derecho a desafiar a un tribunal de justicia."


Domingo, 22 de abril

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