Opinión

A vueltas con España - Una posible solución para todos

24.09.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Ante el 1-O, es tal la presión del calendario y de los tensos acontecimientos políticos, judiciales y policiales que casi todas las energías del Gobierno de España se centran en restaurar la legalidad constitucional en Cataluña. Pero si bien se justifica imponer la ley, no es menos necesario atacar el origen del problema, que es político, lo cual exige dialogar con el independentismo. Hoy por hoy, casi todo pinta bastante mal en Cataluña, mientras las medidas que se van tomando, por unos y por otros, solo echan más leña al fuego. Hay quien, como el periodista Antonio Franco, ironiza en El Periódico de Catalunya con que no todo está perdido... porque desde ahora hasta el 1 o el 2 de octubre todavía se puede perder más. Y si no se hace nada, por desgracia, tal vez será así.
Hace tiempo que no hablo con Mariano Rajoy porque pasó lo que pasó, lo cual a estas alturas ya es lo de menos, pero hubo épocas, que duraron varios años, en las que conversábamos a menudo, tanto en Madrid como en Galicia, y no nos fue del todo mal. Sobre todo a él, que ahora es presidente del Gobierno. Rajoy es resolutivo a cámara lenta pero en cambio es dialogante y encaja bien. Eso sí, cuando vienen mal dadas se moja poco. Plantearle una propuesta abierta para Cataluña puede darle vértigo, pero éste desaparecería si viese que es una solución para todos. O si al menos percibiese la esperanza de que no empeorará lo que hay. Es una extrapolación de lo que pude intuir durante años desde la Barcelona que me acogió cuando, como sabe Rajoy, también pasó lo que pasó; desde la ciudad donde el destino profesional nos llevó a los dos, Madrid, y desde nuestra tierra de origen, Galicia, la cuna de su aversión al nacionalismo y al mismo tiempo elemento de contraste con Cataluña, donde como él mismo me decía lo trataban mejor que en Galicia.
La mejor defensa de la Constitución sería reformarla con modernidad y realismo, con la ventaja añadida de que ese apostolado podría alejar la independencia de Cataluña. Siguiendo el argumento del exdirector del diario de referencia de Grupo Zeta, así podría ser: o bien porque otra Constitución posibilite un nuevo pacto estatutario o bien porque haga posible una consulta donde el Estado tendría que tener una alternativa seductora para que no salga un "sí" a la independencia. Nada distinto, en este caso, de lo que sucedió en el Reino Unido con el referéndum en Escocia. Es más: ¿sería posible la solución propuesta por The New York Times, partidario de que el Estado permita un referéndum y que, por su parte, los catalanes respondan rechazando la independencia de Cataluña, como hicieron en su día los ciudadanos de Escocia y Quebec?

Con otras palabras viene a decir algo parecido el periodista Luis Mauri, también en El Periódico de Catalunya, cuando explica que el único modo de salir bien de esta es ponerse a cambiar las voluntades políticas a partir del 2-O, partiendo de que en toda democracia la ley es la garantía fundamental, pero no puede ser la única y cerril respuesta a los grandes desafíos políticos.
Mariano Rajoy conoce bien cómo son todas estas cosas y si hasta ahora no acertó con la designación de interlocutores con Barcelona -ya vio que no basta con la Brigada Aranzadi-, también sabe que en el PP tiene algún que otro político que sabría reconducir la situación, si se lo pide. Y no porque haya magos por ahí sueltos, sino por sus conocimientos sobre Cataluña y el nacionalismo y, especialmente, por su talante y experiencia política. Podría ser una pena no tirar ahora de alguien así -hay quien puede buscar esa salida negociada- y de alguna manera no repetir la jugada que hizo José María Aznar con él cuando le pidió que negociara con los nacionalistas catalanes y vascos, cosa que hizo, por cierto.
La propuesta que desprende este análisis -en parte una carta abierta a Mariano Rajoy- no debe alargarse, yendo dirigida a quien va dirigida, y por eso termina aquí. Pero no sin antes recapitular sobre una idea: el enfrentamiento entre las instituciones españolas y catalanas no traerá nada bueno para la convivencia de la gente, mientras que una cesión a Cataluña en busca de un acuerdo podría evitar que al menos no empeoren las cosas. Como advirtió Enric Juliana desde La Vanguardia, que se cuide Rajoy de los irresponsables que le piden la humillación de las instituciones catalanas. ¿O no?


Fernando Jáuregui - Mala cosa cuando se habla tanto de policías...

24.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Mala cosa, sí, cuando se habla tanto de policías, autonómicos y nacionales. Titulares que hemos visto en las últimas horas como "Guardia Civil y Policía asumen el control en Cataluña para "colaborar" con los mossos" resultan francamente preocupantes. Las imágenes de un coche de la Benemérita destrozado por manifestantes en pleno centro de Barcelona tampoco induce a la tranquilidad. El hosco silencio del mayor de los mossos, Josep Lluis Trapero, a quien en Madrid consideran instalado en una silenciosa e indemostrable sedición, tampoco es buena noticia: ¿a quién se le ocurre dejar en manos de alguien así la buena o mala culminación del "procés" que acabará, de una u otra forma, el domingo día 1 de octubre?

Cuando encaramos ya la recta final de esta época de infarto, en la que no ha faltado ni siquiera un atentado terrorista, lo menos que puede decirse es que hemos visto mucha improvisación, muy escasa preparación política -sobre todo, claro, en la Generalitat-, algunos errores del Gobierno central, especialmente en lo que se refiere a comunicación -pero ¿a quién se le ocurre enviar los refuerzos policiales en un barco adornado con las figuras de Piolín y Silvestre?-.
Lo que ocurre es que ya llegará el momento de repasar equivocaciones, tardanzas en formar un bloque constitucionalista y reticencias y grietas en ese bloque. O el mal funcionamiento del Parlamento ante la quiebra de las instituciones en Cataluña. Hoy, la verdad es que me parece que hay que situarse al lado de ese Gobierno central que muestra sentido común, más allá de los dislates que supone estar más preocupado por los tertulianos de las "teles", quitando y poniendo, que por la cobertura internacional que Puigdemont está logrando en periódicos de gran influencia en el mundo. Todo eso, y un repaso al viejo tema de la corrupción, es asunto que habrá que analizar, con calma, a la hora de ajustar cuentas ante unas elecciones. Hoy, como diría el ex molt honorable, cuando aún le considerábamos algo, eso no toca. Hoy, creo, toca respaldar al Gobierno central, al de Rajoy, que es lo único que tenemos.
En fin, confiemos en que la estrategia de relativo silencio (sobre todo ante los corresponsales extranjeros) de Rajoy dé fruto. Que los difíciles pasos que está dando el ministro del Interior, una figura puesta en valor, sean eficaces. Que las medidas de la Fiscalía no se sequen en el pedregal. Que las decisiones de los jueces, incluso deteniendo a gentes en las consellerías, se acaten, aunque no se compartan. Y roguemos, en fin, por que no se repitan situaciones de extrema tensión callejera como las del miércoles en las cercanías de Las Ramblas: la Guardia Civil hizo allí alarde de paciencia y contención que esperemos que se mantenga, porque el acoso que están sufriendo es casi extremo.
Mala cosa cuando la locura se instala en las redes sociales y la guerra se extiende a las ondas, quien sabe si con intervención o no de los "hackers" del Kremlin, nada menos. Mala cosa cuando a Assange o a Snowden se les escucha más que a Serrat o a Vargas Llosa. Quién sabe cuántos "daños colaterales" van a quedar sembrados sobre el terreno tras todo lo ocurrido en este mes de septiembre. Pero hay muchas cosas, desde el mayor Trapero hasta la alianza de Puigdemont con la CUP, o la propia figura de Puigdemont, o el Estatut al que han hecho volar, o esa política de (in)comunicación del Gobierno (y del Govern, claro), o el Parlament roto, que no podrán seguir como estaban. No se pueden saltar casi todas las leyes de la democracia, del respeto a las leyes, al diálogo, a las buenas costumbres políticas, sin que se produzcan consecuencias irreversibles.
¿Cuáles consecuencias? Pues mucho va a depender del desarrollo de la semana que entra, y que desembocará en los sucesos del 1-o, sean cuales fueren, que desde luego no serán la celebración de un referéndum, se ponga como se ponga el president de la Generalitat en el Washington Post. Me dicen que Rajoy y Pedro Sánchez han suscrito un pacto tácito, desde luego no escrito, para emprender, a partir de octubre, una política de veras reformista, contando, claro, con Ciudadanos, un partido al que ni en el PP ni en el PSOE se quiere, por motivos obvios, dar mucho protagonismo. Puede que le tiendan una mano al Puigdemont caído, o quizá traten de precipitar su despeñamiento. Vamos a vivir jornadas de tensión sin cuento de aquí al domingo 1, pero también posteriores jornadas en las que de veras se demostrará quién tiene aquí, y quién no, verdadera talla de estadista, que es cualidad que, hasta ahora, no hemos visto prodigarse a ninguna de las figuras en juego.


Carmen Tomás - ¿Los Presupuestos, en el aire?

24.09.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, (OTR/PRESS)

El ministro de Hacienda se va a tomar una semana más para llevar al consejo de ministros el anteproyecto de ley de Presupuestos generales del Estado para 2018. En principio, parece que lo hará el próximo viernes, al filo de finalizar el mes de septiembre, plazo oficial para aprobarlos y remitirlos al Congreso de los Diputados. Parece que Cristóbal Montoro no tiene los apoyos necesarios. El PNV no está en actitud positiva para dar su apoyo y pone varias pegas que tienen que ver con el IRPF y otras partidas. Es obvio que a todas luces son excusas. El golpe a la democracia que se está dando en Cataluña ha puesto al nacionalismo vasco en una posición comprometida. Se resiste a apoyar al Gobierno y los órganos judiciales en su persecución de los delitos que se están cometiendo de forma masiva en Cataluña y por tanto no quiere ahora apoyar tampoco las cuentas del año próximo.
Tampoco los funcionarios y empleados públicos están muy contentos con la subida de salarios que propone el Ministerio de Hacienda. Una subida del 8 por ciento en tres años les parece poco, ya que según ellos han perdido durante la crisis un 20 por ciento de poder adquisitivo. Esta semana habrá más reuniones y veremos si con otras propuestas extrasalariales, al menos quedan contentos.
Otras fuentes aseguran que sencillamente la intensidad de la semana por todo lo que está ocurriendo en Cataluña y que es muy grave, han llevado a Montoro a atrasar la aprobación de las cuentas de 2018 para no meter más presión al país. Incluso, hay quien no descarta que el Gobierno tomara la decisión, según se sucedan los acontecimientos, de prorrogar los de 2017 y convocar elecciones en 2019. No lo creo. Abrir otro frente de incertidumbre no me parece que case con la respuesta firme y contundente que el gobierno está demostrando en las últimas semanas. Pero, en fin, cosas se han visto y habrá que estar atentos.


Victoria Lafora - La siembra y la cosecha

24.09.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

El desmadre que se está viviendo en Cataluña es el resultado de una larga, larguísima, y desgraciada siembra en la que están involucradas casi todas las fuerzas políticas del país. Todos, en mayor o menor medida, han echado sus granos y reconocerlo sería quizá el primer y necesario movimiento para poner fin a este disparate que está sumiendo a toda España en el desprestigio.
Sin duda, han sido los partidos separatistas los principales y mayores culpables, eso es algo que no se puede negar, pero el problema no habría adquirido la actual dimensión sin auxilio inconsciente o consciente de todos.
De quienes en su día prometieron, desde la embriaguez de un mitin, que el Gobierno aprobaría lo que decidiese el Parlament. De quienes dispusieron esas mesas petitorias que recolectaron cuatro millones de firmas contra un Estatut aprobado por el Parlament y refrendado por el Congreso de los Diputados. De quienes impugnaron ante el Tribunal Constitucional ese estatuto, muchos de cuyos artículos se mantuvieron en Valencia o en Andalucía. Y, sobre todo, de quienes fomentaron griterío con el que se ha tratado de ocultar la pésima gestión política del anterior Govern y los embrollos y corrupciones del "tres per cent". Hechos que, sin lugar a dudas, han fabricado mucho converso en las filas de un partido que nunca hizo gala de "soberanismos" sino, más bien, de eficacia y apoyo en el sostenimiento del Estado. Y hoy, aupados por el fervor y el aplauso de un pueblo al que han convencido con ese discurso populista tan de moda, se sienten héroes antes de sentirse mártires.
Y, a esta enloquecida fiesta del desatino se le ha sumado el falaz impulso de quienes, definiéndose de izquierdas, se muestran increíblemente proclives a la justificación del nacionalismo y llaman democracia a la negación de la legalidad. "Cosas veredes, Sancho". Lo terrible de esta siembra es que quienes lanzaron los granos lo hicieron esperando ser recompensados en la cosecha. Y no va a ser así. Esta guerra no la va a ganar nadie. Y los grandes perjudicados vamos a ser los españoles; todos los españoles.
Hoy, muchos de ellos, deben estar pensándoselo y, ante la magnitud del escándalo, puede que sean capaces de perfilar un cierto horizonte de esperanza. Difícil pero necesario. Porque, si realmente recapacitan, podrán llegar a la conclusión de que si todos han tenido una parte de culpa en el desencuentro, también pueden tener una parte de protagonismo en la solución.


Martes, 11 de diciembre

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