Opinión

Fernando Jáuregui - A Iglesias le queda una semana: ¿Coscubiela o Rufián?

22.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Desde mi modesta perspectiva de mero observador, o mirón, de las cosas que ocurre en la política desde hace más de cuarenta años, creo que pocas veces he visto a nadie equivocarse tanto como a Pablo iglesias en esta coyuntura. Claro, dirá él (ellos): los de la casta siempre pensáis en antiguo. Y volverá(n) a equivocarse. Asistí, como muchos, esperanzado a un movimiento social, Podemos, que podría haberse encargado de regenerar muchas cosas en este país inmovilizado. Yo creía en la izquierda, aunque ahora ya no sé si estoy en la izquierda o dónde diablos. Pero si Pablo Iglesias, en este momento crucial de la Historia de España, en estos días que sin duda serán analizados con lupa por los historiadores, cree que los progresistas, o las izquierdas (en versión de Pedro Sánchez, que me parece que esta vez, esta vez, anda por el camino acertado), están en el lado independentista, y "las derechas" en el unionista, se equivoca.
Creo que las gentes que transitan de buena fe por el lado izquierdo de la alfombra nunca agradecerán bastante al hasta ahora portavoz de En Comú Podem, Joan Coscubiela, su magnífica defensa de la unidad territorial de España. Lástima que la derecha del Parlament, que es como es, se lanzase a aplaudirle, dando pretexto a los chiflados de la CUP, a los desnortados de Esquerra y a los siempre despistados del PDeCAT, para decir que el gran Coscubiela, a quien conozco desde sus tiempos en el PSUC, en Comisiones, en la contestación, se había pasado a la derecha. Bien que lo dijo Gabriel Rufián, ese señor que ha colmado de vergüenza los usos del parlamentarismo digno, decente y educado (¿o es que no es de izquierdas ser educado?): Coscubiela se ha pasado a la derecha. Y se quedó tan fresco. Menudo análisis simplista.
Tengo la impresión de que Podemos, en su vertiente catalana y en la nacional, que parecían ser incompatibles, se nos ha pasado más a Rufián que a Coscubiela. Y que Pablo Iglesias, en una deriva que sin duda las próximas elecciones, si persevera por aquí, le demostrarán que está equivocada, se ha decantado por el secesionismo. Porque ahora no caben medias tintas: se está con el Puigdemont que precisa una camisa de fuerza o se está con ese bloque mal urdido constitucionalista, lleno de errores y traspiés, pero unido al menos en lo que respecta a la unidad de la Patria, y perdón si me expreso algo arcaicamente para los gustos morados.
Tras el día de la vergüenza, este miércoles negro para la democracia española, convocaron una manifestación en la Puerta del Sol, remedando la salida a la calle de los indignados catalanes. Acudieron, mal contadas, quinientas personas. Y es que Pablo Iglesias cree que se pueden arrebatar votos en Gerona y en Zamora o Huelva, o Valladolid, o Ciudad Real, al mismo tiempo. Y no. Eso se ha vuelto incompatible. Primero hay que arreglar las cañerías, luego hacer electoralismo e intentar el asalto, legítimo, claro, a La Moncloa. En el resto de España, lo que ocurre en Cataluña es visto, me parece, con asombro y un punto de indignación; en la derecha y en la izquierda. Y me parece que los puntos de vista en ambas orillas del Ebro difieren demasiado en este cuarto de hora como para intentar un programa electoral común.
Admitamos que La Moncloa ha ganado ya este primer asalto. No hace falta aguardar al 1 de octubre para comprobar que no habrá referéndum, aunque sí haya, y vaya si las va a haber, algaradas. Puede que apedreen a la Guardia Civil cruzada de brazos, puede que los mossos sigan mirando a otro lado, puede que algún tonto introduzca un papelajo en una caja de cartón, puede que a eso, esa noche en TV3, Puigdemont lo llame haber votado. Puede que todo eso ocurra y que siga habiendo gente -cada vez menos, creo- en las calles de Barcelona, Sabadell o Girona. Y qué: la democracia es más fuerte que la revuelta. Si Rajoy sabe lo que conviene -y no me queda más remedio que estar con Rajoy; es con él o con la locura-, tenderá su mano tras el 1-O, sabiéndose ganador: la generosidad del vencedor que no quiere sangre en el campo de batalla.
Hoy por hoy, con cuantas escaramuzas quiera usted apuntar, creo que en el lado constitucionalista se han hecho bastante bien los deberes; ya sabemos que aquí, estadistas, pocos, pero es lo que hay. Lástima que Podemos, que era una fuerza de regeneración, no haya unido su voz, todo lo crítica que se quiera, a esta marea nacional de un país que busca unidad y tranquilidad, lejos de aventuras que ya está claro a donde llevan: a nada. Creo que lo pagarán caro en su momento. Y que, posiblemente, algunas voces sensatas aparezcan en el seno de la formación de Pablo Iglesias -él, definitivamente, de sensato, poco- criticando su pésimo comportamiento cuando el país más le necesitaba. Al menos, espero que Pedro Sánchez, que tanto se ha equivocado, espero que acertando ahora, comprenda que, con gente así, uno jamás se puede asociar.


Luis del Val - A ver si nos rescatáis

22.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Ayer, estaba organizando la agenda en el móvil, y con la habilidad normal en el manazas que soy, debí pulsar una tecla, y recibí una llamada de contestación. Hace mucho tiempo que no la escuchaba. La conocí, en el decenio de los 70, a raíz de la publicación de un ensayo sobre la mujer del que era autora. Un ensayo bien pertrechado, ameno, objetivo, y alejado de los excesos del feminismo, facción rampante. Me pareció una mujer inteligente, y lo es. Pertenece a la burguesía tradicional de Barcelona, y volvimos a encontrarnos, a principios del siglo XXI, al crear ella una empresa en Madrid. Cuando ya supe quién era, inquirí si continuaba viviendo en Madrid, y me informó que hacía años que residía en Barcelona. Y añadió, en un tono donde mediaba la broma y la preocupación: "A ver si nos rescatáis". No le concedí demasiada importancia hasta que los acontecimientos han demostrado que la situación va a peor, y que no hay síntomas de que haya nadie dispuesto a que mejore.
Hay que rescatar a esos mossos, a los que sus jefes convierten un día en héroes, y, pocas semanas después, en villanos. No se entiende que unos mossos asistan con flemática paciencia al destrozo de unos vehículos de la Guardia Civil, de la misma manera que no entenderíamos que los guardias civiles presenciaran, con estoica parálisis, la destrucción de coches pertenecientes a los Mossos D"Esquadra, a no ser porque hay unos jefes que con malicia ofenden su dignidad y ensucian su labor. Hay que rescatar a esos guardias de la Benemérita, que viven con sus familias en pequeños cuarteles del territorio, porque pueden ser -ya lo ha sido- objeto de acoso e intimidación. Hay que rescatar a personas sensatas como mi amiga que, al igual que centenares de miles de catalanes, están callados para no provocar a la chusma. Y, sobre todo, hay que rescatar la decencia y el decoro en el ejercicio de cargos de gobernabilidad, cuando se ensucian con el embuste y la maliciosa intención de avivar los odios.


Escaño cero - ¿Y qué se creían?

22.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Pero ¿de verdad Puigdemont, Junqueras y compañía creían que el Estado puede permanecer inerme ante los intentos de segregar Cataluña del resto de España?

Desde la Generalitat se viene liderando, primero con Artus Mas y ahora con Puigdemont, no solo la convocatoria de un referéndum ilegal, sino la derogación del Estatuto de Autonomía, de la Constitución, y todo ello perpetrado con el apoyo de los grupos independentistas que en el Parlamento votaron la llamada "ley de transitoriedad" sin contar con los grupos de la oposición a los que se negó sus más elementales derechos.
Por si fuera poco la Generalitat viene despreciando todas las sentencias y requerimientos de los tribunales, incluido el Tribunal Constitucional.
Añadamos además la actitud desafiante y chulesca de los líderes independentistas que vienen repitiendo que no piensan hacer caso al Tribunal Constitucional, que no reconocen más legalidad que la que emanen ellos, y que por tanto van a segregar Cataluña de España sí o sí.
Por si fuera poco hay actuaciones de la CUP que son inaceptables en un Estado democrático como es llenar de pasquines las calles de pueblos y ciudades catalanas con los rostros de los alcaldes y concejales que han dejado claro que no piensan saltarse la Constitución y que por tanto no van a colaborar en la celebración el referéndum.
Es evidente que el Estado tenía que dar una respuesta ante tamaño desafío y provocación, ante la imposibilidad absoluta de diálogo puesto que Puigdemont y Junqueras vienen dejando claro que no quieren hablar de nada que no sea el camino hacia la independencia.
En un Estado de Derecho, un Estado democrático, todos somos iguales ante la Ley y por tanto todos tenemos que cumplir la Ley, y los políticos con más motivo. De manera que como los responsables políticos de la Generalitat y de los partidos independentistas se están saltando la Ley el Estado tiene que utilizar los resortes de los que dispone para impedir que haya una parte del territorio donde no impere la legalidad.
Hay que reconocer que la respuesta del Estado está siendo medida, comedida, pero lo que sería inconcebible e inaceptable es que permitiera que se quebrante la ley y quedarse cruzados de brazos.
Ojalá Puigdemont y compañía den un paso atrás desconvocando el referéndum y Mariano Rajoy de un paso adelante proponiendo haciendo viable una comisión parlamentaria donde se aborde el dialogo sobre una posible reforma de la Constitución que diera lugar a un Estado Federal.
Pero mientras tanto no se puede permitir que los políticos de una parte del país decidan ponerse y poner a su comunidad fuera de la Ley.


El Abanico - El feminismo gana en los Emmys

22.09.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Los Emmy, que son los equivalentes a los premios que entrega la Academia de la Televisión en España, se volcó en homenajear este año a todas aquellas actrices, independientemente de la edad, que triunfan en la pequeña pantalla -ya no tan pequeña debido al aumento de cadenas en abierto, y de pago-. Un triunfo que demuestra cómo tanto la televisión como el teatro están apostando por series, telenovelas y obras de prestigiosos autores que necesitan de mujeres talentosas, con experiencia, capaces de interpretar con maestría a una criada (El cuento de la criada) o a una adinerada mujer que vive aterrorizada por el maltrato que le infringe su marido (Big Little Lies), a quien da vida una madura Nicole Kidman, quien aprovechó su momento de gloria para denunciar la violencia de género. Un drama que viven muchas mujeres, a quienes la sociedad no presta demasiada atención según sus propias palabras: "Es una enfermedad complicada e insidiosa, pero existe mucho más de lo que nos permitimos reconocer. Una enfermedad que está llena de vergüenza y secretos, de ahí que al concederme este premio, se esté reconociendo un problema que afecta a muchas mujeres" Nicole reivindicó también la falta de papeles potentes para las mujeres en el cine. Algo que ya denunció Melanie Griffith hace tiempo, con palabras como "las arrugas nos penalizan a quienes hemos pasado la barrera de los 50". Una realidad que debería sonrojar a la sociedad en su conjunto. No solo porque es discriminatoria la distinta vara de medir que se emplea con los hombres y las mujeres, también porque quienes más consumen cine, teatro, televisión, son la gente madura, mayoritariamente femenina.
Independientemente de esa problemática, lo que sí es cierto es que la apuesta de las televisiones por series que abordan los problemas reales de la sociedad, demuestra que se ha abierto un importante mercado que da trabajo a guionistas, actores y actrices, pero también que ante las cantidades ingentes de dólares o de euros que cuesta rodar una película, los productores prefieren meter su dinero en cadenas que cuentan con muchos más seguidores.
En la gala había mucha gente de color, empezando por Sterling K. Brown, premiado por su actuación en "This is us", que demuestra que hay que gritar para que la voz de las minorías llegue a los centros de poder. Y los negros llevan años reivindicando su importante papel no solo en el cine, también en la sociedad.
Ojalá el camino emprendido por los Emmys de visualizar a las mujeres, a los negros, a las minorías, no sea flor de un día, ahora que Donald Trump ocupa la presidencia y les ha puesto a todos ellos en el punto de mira de los radicales blancos, de la extrema derecha, del Ku Kux Klan.


Charo Zarzalejos - Sin derecho a la sorpresa

22.09.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Están escandalizados. Le cuesta creer que el Estado de derecho se defienda ante el atropello permanente a la legalidad vigente aprobada por la soberanía nacional representada en el Congreso de Diputados. Les cuesta creer que a ellos, que "solo" quieren votar les esté pasando lo que está pasando. No entienden como millones de españoles no logramos compartir sus criterios expresados en frases que responden a una realidad virtual, a la pura ficción llena de provocación e impostura. Como la "gente" quiere votar no hay leyes que valgan y así, en un abrir y cerrar de ojos se cargan la Constitución, el Estatuto y el sentido común. Fracturan la sociedad catalana y confunden, de manera deliberada, la acción judicial con el estado de sitio que atropella derechos y libertades. ¿Cómo se puede sostener semejante argumento cuando muchos ciudadanos han tomado las calles al grito de "votarem"?. Igualito que una dictadura, ¿verdad?."9

Los secesionistas están escandalizados porque el Estado se defiende. ¿De verdad que esperaban otra cosa?. ¿De verdad han podido pensar por un solo segundo que ellos podían entrar como elefante en cacharrería llevándose por delante la legalidad y que el Estado, encima hiciera risas?.
No tienen ningún derecho a la sorpresa. No son tontos y, en el fondo, contaban con ello. A partir de ahí la parafernalia, la liturgia, la propaganda, los discursos impostados --votar no es delito, dicen todos al unísono-- y la movilización. Hay que reconocer que en todo esto son auténticos maestros. Es lo que tiene el nacionalismo exacerbado, que es capaz de sortear contradicciones, incoherencias y defienden a los suyos con uñas y dientes. Y además, cantan.
Llevamos días, y nos esperan unos cuantos más, de tensión, de crisis institucional, del juego del gato y el ratón. Y no, no habrá referéndum como los secesionistas soñaban porque la historia demuestra que cuando el secesionismo catalán ha jugada a las bravas, ha perdido. En esta ocasión, no habrá referéndum pero lo que sí es cierto es que el secesionismo ha logrado tensar al Estado, ser noticia nacional e internacional y al final de los finales dirán que van subiendo peldaños hasta el sueño final.
Tienen derecho a ser independentistas, a manifestarse, a cantar. Tienen los mismos derechos que cualesquiera otros ciudadanos, catalanes o no, pero no tienen derecho a imponer su ley y, ni mucho menos, el derecho a la sorpresa. Retar al Estado no es buen negocio. Rubalcaba, en su momento, lo advirtió: quien le reta, pierde.
Si en política siempre es buena consejera la prudencia, la serenidad, en momento de crisis, resulta imprescindible pero también la firmeza para la defensa del Estado que es una cosa muy seria. ¿Diálogo?. Por supuesto que diálogo que ha sido precisamente la herramienta que nos ha permitido vivir en democracia, realizar una transición que con sus fallos --nada es perfecto-- fue absolutamente modélica. ¿Se puede dialogar con los retadores?. Para que esto ocurra --y debe ocurrir-- habrá que dejar pasar el tiempo, que los ánimos se serenen y que la legalidad quede restablecida de manera absoluta en Cataluña. De lo contrario puede ocurrir que España deje de ser España.
Estamos ante una crisis sin precedentes cuyos efectos secundarios hoy por hoy son impredecibles pero es seguro que los tendrá y no para bien. De momento, demos por bueno que PP, PSOE y Ciudadanos no se censuren mutuamente. Seria imperdonable que lo hicieran. Tiempo habrá para los reproches y las críticas pero ahora es tiempo de unidad y de firmeza democrática y si Puigdemont, Rufián, Junqueras, Forcadell siguen mostrando sorpresa, ese debe ser su problema, no el de los demás.
¿Será verdad que tienen plan A, B y C?. Pueden agotar el abecedario pero deben tener muy claro que quien reta al Estado, pierde. Así ha sido siempre pero no han aprendido.


Sábado, 15 de diciembre

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