Opinión

Francisco Muro de Iscar - Políticos trileros, troleros, tramposos

21.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Altura de miras, sentido de Estado, racionalidad, seny, consenso, diálogo para acordar... Lo que se produjo en la Europa de después de las dos guerras y en la España de la transición y que ha construido un sólido sistema democrático que ha permitido a Europa vivir sin guerras fratricidas durante más de setenta años -algo insólito-, crecer económicamente, reforzar los derechos humanos y hacer llegar las conquistas sociales y las libertades a todos, corre hoy un serio peligro. Especialmente en España, pero no sólo aquí. Es, en parte, culpa del deterioro moral, pero también del desenganche ciudadano de la política, lo que es responsabilidad de los políticos, sin duda, pero también nuestra.
El asunto catalán lo está confirmando en España. El desafío independentista basado en sentimientos y no en realidades ni en proyectos posibles, sin ninguna garantía democrática o civil es, como han calificado muchos, una trampa y una estafa antidemocrática. La falta de respeto a la legalidad por quienes están obligados a defenderla se ha impuesto porque algunos políticos han decidido llevar a su pueblo al suicidio colectivo y muchos ciudadanos han permanecido ciegos, sordos y mudos. ¿Quién garantiza que los políticos que pisotearon las leyes, respetarán las futuras? Los políticos que han hecho de la corrupción su espacio natural son los que postulan para administrar el futuro estado independiente. Los políticos que han gestionado con incompetencia, que han rebajado su crédito a "bono basura" y han endeudado a su autonomía son los que garantizan que allí dejará de haber paro, se crecerá más que en ningún otro lugar, las pensiones serán más altas y todos cobrarán antes y con mayor seguridad.
"La política es el arte de servirse de los ciudadanos haciéndoles creer que se les sirve a ellos", decía Louis Dumur. Me atrevo a decir que en poco tiempo, la mayor parte de los políticos -no sólo independentistas- que protagonizan este lamentable proceso acabarán fuera del ruedo político y pagarán su incapacidad para construir un sistema de convivencia. Y será bueno para España. No se puede calificar de "presos políticos" a los líderes catalanes que se saltan todas las leyes y se burlan y desafían a las instituciones del Estado. No se puede decir al presidente del Gobierno que "saque sus sucias manos de Cataluña". No se puede engañar a todos los ciudadanos con promesas imposibles, con asambleas imposibles o con comisiones de salón. No se puede certificar la división interna al ser incapaces de construir un frente común por la democracia y contra la secesión. No se puede aprovechar la disputa para tratar de mejorar una situación partidista. Ni poner intereses míseros, en tiempos de altísima crisis institucional, por encima de los de la legalidad que nos permite, desde hace más de cuarenta años, ser libres, solidarios, responsables de nuestro destino. Todos los que no demuestren estar a la altura, los políticos trileros, troleros, tramposos, que utilizan a los ciudadanos serán expulsados de la cancha política por los mismos ciudadanos a los que están engañando. Cuando abran los ojos y vean donde nos están llevando.


Fermín Bocos - Regalo para los separatistas

21.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Hay días que a uno le cuesta entender a qué juegan algunos dirigentes políticos.
Visto como está el patio, desde el punto de vista político, no era el momento procesal oportuno pero el exceso de afán mediático de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, ha dado al traste con el mejor activo del bloque que forman los partidos constitucionalistas: la unidad.
Rivera había presentado una Proposición no de Ley para apoyar al Gobierno en las medidas que está tomando para frenar el referéndum que pretende celebrar Carles Puigdemont pese a la prohibición del Tribunal Constitucional. A la postre, la iniciativa se convirtió en una trampa que dio paso a una derrota que deja al descubierto la fragilidad política del momento.
La propuesta de Ciudadanos solo ha conseguido sumar los votos del PP. El PSOE votó en contra y la iniciativa fue tumbada por 166 votos contra 158. El PSOE justifica la negativa a reafirmar el apoyo al Gobierno en que Rivera se había negado a introducir dos enmiendas. Una requería "apoyo y amparo a todos los alcaldes que mantienen con firmeza la defensa de la legalidad constitucional".
La otra, abrir "un espacio de diálogo para buscar una salida pactada y legal que permita desterrar la división y reforzar la convivencia de todas las sensibilidades de nuestro país". Rivera no las aceptó y la respuesta de los socialistas (a mi juicio, equivocada) fue un rebote: votar en contra.
El resultado: un regalo para los secesionistas. Al final del debate, una diputada socialista, Soraya Rodríguez que votó a favor, explicó que "no podía votar que no con la que estaba cayendo, con el golpe a la democracia". Menos mal que todavía hay quien piensa en ése partido. Por lo demás, como decía, cada día cuesta más entender a ciertos políticos sus torpezas y su inconsistencia. Desde luego cuesta entender este inopinado regalo a los separatistas.


Fernando Jáuregui - Presos políticos, dice Iglesias

21.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Culminando una aciaga mañana parlamentaria, en la que los diputados nacionalistas y separatistas catalanes abandonaron -quién sabe si para siempre- el hemiciclo, Pablo Iglesias se marchaba de una especialmente bronca y tensa sesión en el Congreso de los Diputados diciendo que "es una vergüenza que en España haya presos políticos". Se refería a la detención, minutos antes, de algo más de una docena de personas en los registros practicados por la Guardia Civil en siete consellerías de la Generalitat. Unos registros y detenciones que llevaron a airadas manifestaciones en Barcelona y al citado abandono del Legislativo por parte de los parlamentarios de Esquerra y del PdCAT. Se consumaba una ruptura, el Parlamento español vivía sus momentos de mayor tensión desde el 23-F, el tic-tac fatídico del reloj avisaba de que solo quedan diez días para ese 1 de octubre en el que puede ocurrir cualquier cosa... y entonces llegó Pablo Iglesias y mandó parar.
Habría mucho que discutir acerca de si los detenidos este miércoles en Barcelona, uno de ellos el "número dos" del vicepresidente Oriol Junqueras, pueden recibir la denominación de "presos políticos" por haber vulnerado la ley que impide actos preparatorios del ilegal referéndum secesionista del 1-O. Recuerdo que algunos -que dicen simpatizar ahora con la "causa catalana"--, entre ellos Arnaldo Otegi, decían en Euskadi que los detenidos de ETA, por secuestrar y matar, eran "presos políticos". No lo eran. Estos me parece que tampoco lo son, aunque ahora el líder de Podemos, secundando lo que dicen los separatistas y sobre todo la CUP, así quiera calificarlos.
"Si Puigdemont no hubiera convocado un referéndum ilegal y Junqueras no hubiera dicho que se iba a saltar las leyes, no estaríamos viviendo esto", decía, mientras tanto, un atribulado Albert Rivera, a quien muchos reprochaban ayer la "ocurrencia" de haber presentado una iniciativa parlamentaria de apoyo incondicional al Gobierno de Rajoy en la actual coyuntura de peligro para la unidad territorial.
Quizá fue esta una idea extemporánea, porque obligaba a los socialistas, hasta casi ayer instalados en el "no, no y no" a Rajoy, a hacer una declaración explícita de respaldo al Ejecutivo de La Moncloa. No está la cosa ni para ocurrencias ni para florituras parlamentarias, después de que el diputado de ERC Rufián, superándose a sí mismo y antes de dar el portazo, exigiera, aún desde su escaño, a Rajoy que "quite sus sucias manos" de las institucionales catalanas. La temperatura parlamentaria no podía subir más. Y, ya digo: entonces, encima, lo de los presos políticos.
Ya nadie hace caso a las palabras sensatas y que llaman a la calma, sean de quien sean, de Rajoy, de Rivera o de la mayor parte de los socialistas, amén de algunos parlamentarios minoritarios, como los canarios; el Parlamento se ha abierto en canal, y Podemos ha optado claramente por sumarse a la insurrección: los detenidos por violar la ley son "presos políticos" es su último recurso para epatar los titulares.
Mala elección la de Pablo Iglesias, que prefiere salir en los titulares a retener a la mayor parte de sus electores disgustados por la deriva que la Generalitat está imprimiendo al "procés", una pura sedición que acabará mal. De acuerdo, puede que la actuación de Rajoy y su equipo no esté dando frutos, puede que esté siendo parcialmente desacertada, seguro que ha faltado flexibilidad y diálogo; pero no seré yo quien ahora culpe "a Madrid" (es decir, al Gobierno central) por tener que tomar medidas que atajen esta carrera sediciosa hacia la locura.
Comprenderá usted que, en la actual tesitura, en la que todos tenemos que definirnos, me quede con la calma, incluso admirable, puede que suicida, de un Rajoy que a mí me tiene inquieto, antes que con el volatín apresurado, gratuito, demagógico, de Iglesias. No sé si él sabe lo que es un preso político y qué clase de regímenes son los que los producen. Yo sí, y ni este país ni este Gobierno, sin duda tan criticable por otros muchos motivos, están entre ellos. Seguimos viviendo en una democracia, que ahora tiene que hacerse respetar, pero nunca lo hará a base de encarcelar a "presos políticos", como, en muy otras circunstancias, hubo de hacer la República en 1934. ¿Sabe Pablo Iglesias que de aquello han pasado ochenta y tres años y que todo, todo, ha cambiado?


Rafael Torres - Los sucesos de Cataluña

21.09.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Si algo suscitan los acontecimientos que se viven en Cataluña es, además de una pena muy grande, la constatación del fracaso de la política, lo cual multiplica esa pena. Porque fuera de los territorios templados y racionales de la política, de su uso en pos de la concordia, no hay, como estamos viendo, sino arbitrariedad, manipulación emocional, violencia, sectarismo, fanatismo y empobrecimiento social.
En España, y no digamos en Cataluña, no se sabe o no se ha querido hacer política, acaso porque ésta se ha usado sólo como instrumento de poder y como expendeduría de privilegios, y no como herramienta democrática para el progreso en todos los órdenes de la sociedad. Ni amansar con dinero y con disparatadas transferencias a los jerifaltes nacionalistas es hacer política, ni engañar a un pueblo haciéndole sentirse superior a los otros que componen la nación española lo es. Ese vil sucedáneo de la política no podía sino llevarnos a donde nos encontramos ahora, en ningún sitio, que tal es éste donde mandan las vísceras sobre el cerebro, las quimeras sobre la realidad, la arbitrariedad sobre el derecho, la intimidación sobre el respeto, el mitin sobre el diálogo y, al cabo, el Código Penal sobre la política precisamente.
A la politización de la Justicia, tantas veces denunciada, no podía sino sucederle, como consecuencia inexorable, la judicialización de la Política, y alimentando ese fracaso se hallan hoy el Gobierno de España y el rebelde Govern de la Generalitat. El uno, ciñéndose y limitándose a la aplicación de unas leyes que se muestran ineficaces, e incluso contraproducentes, para resolver o encauzar un problema político, el del encaje en el conjunto nacional de un territorio que se ha mostrado siempre algo reacio a encajar, y el otro, tirando por la calle de en medio, apropiándose de lo que no le pertenece, retando al Estado, burlando el orden constitucional y, lo que es peor, transformando las legítimas aspiraciones de una parte del pueblo catalán en un fundamentalismo nacionalista de raíz entre pesetera y mística cuya imposición al resto conllevaría la abolición de la democracia.
Pero ese fracaso general de la política hará que pierdan, que perdamos, todos. Rajoy con su Código Penal (que ni siquiera conserva el eficaz artículo del Código del 32, el de la II República Española, para casos como éste de rebeldía y sedición) podrá trampear durante un tiempo, pero no resolver el problema político ni, ojalá me equivoque, garantizar el orden público y a lo que éste debe servir en democracia, la libertad. Y Puigdemont, Junqueras y toda la cuerda de líderes facciosos que han embaucado a media Cataluña con su promesa de Arcadia feliz sin despeinarse y porque sí, no habrán conseguido otra cosa que sembrar la semilla del odio y anegar a la sociedad catalana en la frustración.


Antonio Casado - El Estado se defiende

21.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

El nada honorable Carles Puigdemont, que pilota un plan del nacionalismo catalán con la absurda pretensión de reventar el Estado con la colaboración del Estado, se rasga las vestiduras porque, según él, el Gobierno ha traspasado las líneas rojas y se ha convertido en una "vergüenza democrática". Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.
El presidente de la Generalitat, que impulsa la antidemocrática operación de celebrar un referéndum para romper con España en el que solo participen los partidarios de romper, por tratarse de algo que está fuera de la ley, se permite afirmar sin avergonzarse que el Estado español, democráticamente asentado en principios de legalidad y separación de poderes, está mostrando su cara represiva. Exactamente lo mismo que dice ese gran baluarte de la democracia occidental que es Nicolás Maduro, único mandatario internacional que apoya los planes de Puigdemont y reprueba la actuación del Gobierno de España.
Y todo porque la logística del referéndum del 1-O ha quedado descabezada, tras las diecisiete detenciones llevadas a cabo este miércoles en estricta aplicación de decisiones de los órganos del Estado, obligados a cumplir y hacer cumplir la ley.
Eso, y no otra cosa, es lo ocurrido en el ejercicio de la autoridad del Estado. No hacerlo supone renunciar a ese principio y dejar a la ciudadanía a merced de la arbitrariedad o el chantaje de los aventureros de la política que se abren paso atropellando las reglas del juego en nombre de su real gana.
Desactivar esas aberrantes operaciones incubadas al margen de la razón, la ley y el sentido común es un deber de Estado mediante la aplicación de todos los medios previstos en el ordenamiento jurídico. Igual de aberrante sería no hacerlo, que el Gobierno mirase hacia otro lado o que cargase las tintas sobre la prudencia ("proporcionalidad", dice Moncloa), hasta el punto de descuidar la firmeza. Esa sí sería una línea roja. La que separa la prudencia de la debilidad. Y es justo la que el Gobierno no ha querido traspasar. De ahí las detenciones.
La tensión del momento exige tener muy claras las cosas. Está en juego la autoridad del Estado y el imperio de la ley. O ganan los que están de la legalidad o ganan quienes se han declarado en rebeldía. Desobediencia, de momento, en términos penales. Pero no descartemos que la Fiscalía acabe apreciando delitos de rebelión o sedición.
Digámoslo sin rodeos: si acabasen ganando quienes técnicamente se colocan fuera de la ley habría cola en los aeropuertos. La hipótesis de me antoja imposible. Y menos ahora que, según las ultimas noticias, el Gobierno no parece dispuesto a confundir moderación con debilidad. Si lo hiciera tendríamos que empezar a hablar de Estado fallido.


Escaño cero - El negocio es el negocio

21.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Que Arabia Saudita "exporta" la versión más rigurosa del Islam, a través de la financiación de mezquitas y clérigos, también en Europa, no es una novedad. En la "guerra civil" que enfrenta a sunitas y chiitas, Arabia juega un papel destacado por no decir que el principal.
Lo imperdonable es que los gobiernos occidentales muestren una actitud de vasallos ante Arabia Saudita sencillamente porque se asientan sobre una gran bolsa de petróleo. Y así los gobiernos de Occidente, desde Estados Unidos pasando por la Unión Europea hacen caso omiso de la realidad, que no es otra que la responsabilidad que tienen los sauditas a la hora de exportar esa versión del Islam en la que se incita a acabar con los "infieles", es decir con quienes no son como ellos.
Pero nadie se atreve a poner el cascabel al gato, de manera que no es extraño que en la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, se haya rechazado una iniciativa de Podemos, ERC y PdeCAt para que el gobierno deje de exportar armas a los saudíes y también a Iraq.
Que Arabia Saudita no es una democracia es algo obvio, que además no se respetan los derechos humanos es más obvio aún, que además ser mujer en Arabia Saudita es menos que nada es doblemente obvio. Pero los negocios son los negocios. Así que nuestra industria de armamento está de enhorabuena porque podrá seguir vendiendo armas a países que no cumplen ni remotamente los más elementales estándares democráticos.
La política exterior es así. Una auténtica farsa. Por un lado se demoniza a unos países en nombre de la democracia y por otro se hacen negocios con otros países que son absolutamente antidemocráticos.
Eso sí, sus señorías del PP, PSOE y Ciudadanos, amen del PNV, se han querido lavar las manos solicitando que haya más información sobre la venta de armas a determinados países y sobre todo que es exactamente que se le vende. ¡Como si no lo supieran!

En fin, que hay una gran hipocresía en todo lo que tiene que ver con la política exterior y sobre todo con el negocio de las armas. A las pruebas me remito.


Isaías Lafuente - El 20S

21.09.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Estábamos esperando el 1 de octubre y en esto llegó el 20 de septiembre. En cualquier circunstancia, y más en un momento crítico como el que vivimos, hay que medir muy bien las palabras. Y mucho más en una jornada en la que los acontecimientos se suceden a velocidad de vértigo, lo que puede hacer que las afirmaciones tengan prematura fecha de caducidad. El día comenzó con una operación policial en diversas sedes oficiales catalanas relacionadas con la organización del referéndum del 1 de octubre, paralizado por el Tribunal Constitucional. La operación se justifica judicialmente precisamente por esa resolución, porque si las instituciones catalanas siguen adelante con un referéndum prohibido, como así han proclamado, los responsables de poner en marcha la maquinaria estarían incurriendo en presuntos delitos de desobediencia, prevaricación y malversación de fondos. Entre los detenidos, más de una decena, está el número 2 de Oriol Junqueras.
El gobierno central defiende la operación como una respuesta normal del Estado de Derecho frente a quien anormalmente se pone frente a él. El presidente catalán, Carles Puigdemont, ha apelado también, paradójicamente, al Estado de Derecho vulnerado en su opinión por esta intervención en su autonomía, olvidando el pequeño detalle de que fue él mismo quien lo hizo temblar cuando situó a su gobierno, a su parlamento y a las leyes que aprobó por encima de la legalidad española y catalana. Su órdago no es el origen del histórico conflicto pero sí lo es de este conflicto.
Los dos protagonistas se están cuidando mucho de no tomar "la decisión" prematuramente. Mariano Rajoy, de no intervenir la Generalitat de Cataluña aplicando el artículo 155. Carles Puigdemont, de no proclamar unilateralmente la República catalana. Pero la cuerda se está tensando hasta niveles muy preocupantes, Da la sensación de que estamos ante una desesperada carrera hacia adelante cuando quizás la solución al conflicto, si es que la hay, requeriría frenar y dar marcha atrás. Para reformar una Constitución extraordinaria, sin duda, pero a la que se le han saltado algunas costuras y no sólo territoriales; para recuperar un Estatut que se aprobó con todas las de la ley y que mutiló el Tribunal Constitucional porque no encajaba con una Constitución que no había sido reformada; y, por qué no, para regular con pormenor el derecho al referéndum para que sea impecable instrumento democrático y no arma arrojadiza a conveniencia. Pero para todo eso se necesita hacer política. Y da la impresión de que hay mayor preocupación por imponer la ley, que es lo urgente, o por imponerse a la ley, que nunca se puede justificar en democracia aunque se haga en su nombre, que por hacer política. Esto último sería lo importante y no es incompatible con lo primero.


Jueves, 20 de septiembre

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