Opinión

Pedro Calvo Hernando - ¿Pero de verdad deseamos soluciones?

19.09.17 | 08:42. Archivado en Pedro Calvo Hernando


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Demasiado pocos los días que faltan para el 1-O como para que sea posible llevar a término esa propuesta de Unidos Podemos de una asamblea extraordinaria para conseguir un referéndum pactado, con la presencia de todas las fuerzas políticas o al menos las fundamentales. Todo parece ponerse en contra de esa y de cualesquiera otras propuestas por el estilo, ya que todo parece ir contra una solución racional del drama de Cataluña. Por eso es muy conveniente pensar ya en lo que se hará a partir del 2 de octubre, pensamiento muy difícil de alcanzar en una formulación practicable y una voluntad generalizada de darle cumplimiento. Ver y oír estos días los medios de comunicación es una verdadera tortura para quienes se sienten de verdad responsables ante la totalidad de los ciudadanos de todas las posiciones contrapuestas. Sinceramente les digo que yo he perdido las esperanzas tras escuchar a Rajoy y a Puigdemont, por poner solo los ejemplos más importantes e ilustrativos, para entender sin dudas lo que digo. Después de haberle dado muchas vueltas y haber escrito sobre el asunto en todos los tonos imaginables, las posiciones se han ido tornando cada vez más enconadas hasta convertir en prácticamente imposible cualquier entendimiento. Pero no obstante, lo último que yo haría es declarar del todo irrealizable la posibilidad de un milagro del cielo.
Todas las partes del conflicto tendrían que colocarse en la piel de cada una de las demás para al menos soñar con una solución, y podrán servir de una especie de guía las llamadas al entendimiento formuladas estos días por el PSOE y por ese grupo de intelectuales de izquierda. Porque desde la derecha no se atisban posicionamientos semejantes que pudieran coadyuvar a la consecución de una vía que conduzca a cualquier puerto. En el caso del PSOE, estamos ante el partido situado en la región más central del espectro, lo que ayuda a insuflar en el conflicto un hálito de esperanza, más bien lejos de posturas extremas o irrecociliables con los demás. Es el partido de la izquierda que ha gobernado bastantes años en este país y que por tanto cuenta con una saludable experiencia, por mucha razón que puedan tener los que le critican que se coloque en andamios inestables o peligrosos en materias fundamentales. Y en esta nueva era ha demostrado la mayor capacidad para el diálogo con los demás.
Y en cuanto a los mencionados intelectuales de izquierda, también hay que decir que se sitúan en este caso en la mejor de las tradiciones de ese mundo político. Y también digo que su pronunciamiento merece toda la atención si lo que de verdad deseamos son soluciones y no lucimientos personales o corporativos de sus posibles críticos.


Cayetano González - El daño ya está hecho

19.09.17 | 08:42. Archivado en Cayetano González


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Casi todo el mundo político y mediático está ya situado mentalmente en el lunes 2 de octubre, es decir, en el día siguiente del anunciado referéndum ilegal por la independencia convocado por la Generalitat de Cataluña y que el Presidente del Gobierno asegura una y otra vez que no se llevará a cabo. Lo que nadie reconoce, al menos públicamente, es que el desprestigio institucional, el hastío ciudadano, la mala imagen que se está proyectando hacia el exterior con este pulso planteado al Estado por los independentistas catalanes ha causado ya un daño irreparable.
Un daño no solamente a Cataluña, sino también a España en su conjunto, porque fuera de nuestras fronteras se entiende muy mal que en pleno siglo XXI, haya una parte de un Estado europeo como es España, asimilable a cualquier País democrático de nuestro entorno, que quiera separarse del mismo y que para conseguirlo se salte a la torera la ley, el marco jurídico y se utilice la mentira como argumento al decir, por ejemplo, que el derecho de autodeterminación es un derecho universal aplicable a cualquier territorio, en este caso, a Cataluña. Los políticos catalanes que han impulsado este proceso secesionista -fundamentalmente Artur Mas, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras- tienen ya una responsabilidad histórica ante sus conciudadanos, por colocar a Cataluña al borde del precipicio y no estar dispuestos, al menos de momento, a dar marcha atrás. Esa responsabilidad también es extensible a todos aquellos que de una manera u otra lo han apoyado o no se han opuesto de forma clara y contundente. En este apartado, Podemos, en su versión nacional y en la catalana -el paradigma es la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau- también tienen su cuota importante de culpa. En estos días, el Gobierno de la Nación, con su Presidente al frente, están empeñados en algo que les viene obligado por el juramento o promesa que hicieron al tomar posesión de sus cargos: cumplir y hacer cumplir la ley. No les queda otra, más allá de que Rajoy, en el terreno personal y político, se juegue mucho en el envite planteado para el 1 de octubre. Si hay referéndum, el actual Presidente del Gobierno se debería ir esa misma noche a su casa por haber sido incapaz de impedir un golpe a la democracia. Y si no lo hay, a Rajoy le espera desde el día siguiente un auténtico calvario político, no sólo por lo que puedan seguir haciendo los independentistas catalanes, sino porque la izquierda española, liderada por el PSOE, muy probablemente aprovechará el río revuelto para sacar su propia ganancia de pescadores en forma, por ejemplo, de una moción de censura pactada por Sánchez e Iglesias y que podría ser apoyada por el resto de los grupos de la Cámara, incluido el PNV, lo cual aseguraría su aprobación.


Rafael Torres - La España transversal

19.09.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

La izquierda, como es natural, está en contra de la celebración del referéndum amañado, sin garantías y de resultado pre-establecido que pretende nada menos que legitimar la secesión de Cataluña, pero contra lo que parece deducirse del manifiesto de intelectuales de izquierda publicado el otro día, que se centra en aconsejar algo imperativamente a los catalanes no participar en el mismo, a lo que se opone de verdad la izquierda, como no podía ser de otra manera, es a la propia secesión de Cataluña.
Para una vez que hay en España verdadera transversalidad en una posición política, no es cosa de disimularlo o de regatear su encarecimiento. Por una vez los españoles, derechas, centros e izquierdas, progresistas y conservadores, parecen estar mayoritariamente de acuerdo en algo, acaso porque a todos por igual les afecta que alguien pretenda adueñarse de una parte de su casa, de su nación. Otra cosa es, ciertamente, que el sentido común señale a Rajoy y al PP como los menos indicados del mundo para conservar en su integridad esa casa a satisfacción de todos cuantos la habitan, y en eso, en subrayar esa circunstancia, sí acierta de pleno el dicho manifiesto.
Es cierto que en la partida independentista se da también la transversalidad, que no hay más que ver quién la dirige y manipula, el trío PDCat-ERC-CUP, pero esa transversalidad es menos meritoria, pues se genera en la burbuja mística y creencial de la lucha de un pueblo perseguido pero señalado por la Providencia. La otra transversalidad, en cambio, la que suscita y genera en el Estado español las malas artes de los cacos que planean el robo del siglo, esto es, de una porción del país con cuanto contiene, tiene el mérito de erigirse sobre el cainismo secular usando la razón, venciéndolo.
Transversalidad, y mayoría abrumadora si se pudiera descontar la empanada de Podemos, hay, de modo que no estaría de más dejar de marear la perdiz: Ese referéndum tramposo, de chicha y nabo, no; y secesión, tampoco. Referéndum real y legal, democrático, vinculante, con participación de todos los españoles, o consultivo con sólo los catalanes, si, y cuanto antes para empezar a salir del marasmo, pero chulería y mangancia, no.


Escaño Cero - Dos no hablan si uno no quiere

19.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Dos no hablan si uno no quiere y los independentistas catalanes no quieren hablar de nada que no sea celebrar un referéndum para la independencia de Cataluña. Y a los incautos les recomiendo que acudan a la Hemeroteca y busquen un artículo de Francesc Homs publicado el 25 de noviembre del 2007 en El Periódico de Cataluña. Sí, repito, el 25 de noviembre del 2007, es decir hace diez años cuando era Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.
Bueno pues en ese artículo firmado por Francesc Homs se afirma que la vía autonómica ya no sirve, que la vía de la negociación para ampliar el autogobierno dentro del marco legal español ya no puede dar más de sí. Afirma que Cataluña no necesita al Estado para su desarrollo económico, social y cultural y añade que para poder gobernar su futuro necesita un proyecto colectivo ampliamente compartido y por tanto hay que cambiar los paradigmas que habían servido hasta ese momento..
En realidad cuando en septiembre del 2012 Artur Mas se plantó en la Moncloa para exigirle a Mariano Rajoy un "concierto económico" para Cataluña como el del País Vasco, lo hizo con la sola idea de romper cualquier posibilidad de acuerdo y de dialogo.
Rajoy le respondió entonces a Mas lo único que podía responderle que un nuevo concierto económico no cabe en la Constitución pero que estaba dispuesto a llevar a cabo una reforma del sistema de financiación autonómica.
Cuando uno pide lo que sabe que no le pueden dar simplemente lo que pretende es romper la baraja. Y eso es lo que quiso hacer e hizo Artur Mas eligiendo además un momento especialmente delicado puesto que la prima de riesgo estaba disparada y España estaba al borde de ser intervenida desde Bruxelas. Mayor deslealtad por parte de Mas y los suyos no podía caber. Pero siguieron la táctica de cuanto peor mejor. En un momento de grave crisis económica en España plantearon un órdago para poder romper.
Desde entonces hasta ahora la actuación de los líderes independentistas catalanes ha sido la de negarse a hablar de nada que no fuera el referéndum de independencia. El gran error de Mariano Rajoy durante estos años, pero también el de los partidos constitucionales, ha sido no haber sabido contrarrestar el relato de los independentistas. Es decir se les ha dejado en exclusiva la voz en Cataluña.
Incluso ahora hemos sabido que la vez anterior el Gobierno acordó con Mas dejar que hicieran ese remedo de consulta.
Es evidente que Mariano Rajoy podía haber hecho las cosas mejor, pero resulta irritante que algunos líderes políticos como Pedro Sánchez digan que además de aplicar la ley hay que hablar.
Sí, claro que hay que hablar, pero dos no hablan si uno no quiere, y ni Mas primero, ni ahora Puigdemont y Oriol Junqueras, amén de la gente de la CUP, no tienen la más mínima intención ni deseo de hablar. A los hechos me remito.
Están dando un golpe de Estado y a los golpes de Estado se les responde con la Ley en la mano. Dar un golpe de Estado y luego quejarse de que les aplican la Ley es de tal cinismo, de tal tartufismo, que resulta insoportable.
Ahora mismo no cabe más que evitar el referéndum el 1 de octubre y luego por hablar que no quede pero dentro del marco de la Constitución. Ni un milímetro más allá. De manera que como se viene repitiendo el día 2 de octubre habrá que hablar, pero ya veremos si los independentistas quieren hacerlo.


Fermín Bocos - Lo que está en juego

19.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Más allá del temor a ser señalados por los vecinos, o en el trabajo, o por la muy humana tendencia a pasar inadvertido para no tener problemas, no es fácil dar con la clave capaz de revelar el porqué del silencio de los "otros catalanes". Silencio ante la que se les vendría encima en el caso de que los secesionistas pudieran coronar su meta separándose de España y proclamando la República catalana.
Ya sabemos que el Gobierno que preside Mariano Rajoy tiene dicho que eso no sucederá y también que los tribunales están tomando cartas en el asunto para que en cumplimiento de la ley, todos la cumplan. En eso confiamos millones de españoles a uno y otro lado del Ebro.
A través de los diferentes medios de comunicación que se editan fuera de Cataluña quienes se saben concernidos por el desafío separatista apoyan la unidad de España. Bien está qué así sea. Pero, y los ciudadanos catalanes que quieren seguir siendo españoles ¿dónde están? ¿por qué se les escucha poco y se les ve menos?

No hablo de los políticos unionistas. Los representantes en el "Parlament" de Ciudadanos, el PSC y el PP vienen dando la batalla y a pesar de la derrota del 6 de septiembre -obtenida con felonía por los separatistas-, salvan el honor de la institución. También es de justicia reconocer que hay unos pocos ciudadanos (profesionales, empresarios, algún periodista) que con valentía y riesgo dan la batalla en los periódicos de allí. Pero a quienes se echa de menos es a la mayoría. Notable según las encuestas pero que permanece en silencio. Que no sale a la calle. O que cuando lo ha hecho apenas consigue reunir un par de miles de personas. Un fracaso. Fracaso del que se jactan los separatistas que enfrentan su multitudinarias "diadas" como prueba de fuerza.
Ya digo que no es fácil dar con la clave capaz de explicar -que no justificar- la ausencia de respuesta a los separatistas en la calle por quienes son y quieren seguir siendo españoles. Esta vez el riesgo de ruptura es real. Esta vez lo que está en juego es todo. Nada menos que el ser o no ser de un viejo país llamado España.


Antonio Casado - Rufián y el "día del Caudillo"

19.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Hace falta ser necio para reconocerse de izquierdas en la aversión a Franco, muerto hace cuarenta y dos años. Quien me inspira es el portavoz adjunto de ERC en el Congreso de Diputados, Gabriel Rufián, izquierdista donde los haya. Cráneo privilegiado. Ha dicho que la muerte verdadera de Franco y el franquismo se va a producir en las urnas del uno de octubre.
Si la ignorancia no fuera tan atrevida, Rufián sabría que el uno de octubre se celebraba el "Día del Caudillo" durante las cuatro décadas de la lamentable dictadura franquista, evocando el día de 1936, cuando en Burgos el general Franco asumió todos los poderes (militar, político y casi hasta religioso). En principio, para ganar la guerra civil, pero el infausto reinado duró hasta su muerte en noviembre de 1975. Y mire usted por donde el tal Rufián quiere matarlo-resucitarlo en otro uno de octubre por cuenta de una pulsión identitaria históricamente incompatible con el ideario de la izquierda.
Es claro que Rufián no se refiere al uno de octubre franquista sino al uno de octubre de pretensiones separatistas, metidas con tramposo y antidemocrático calzador en nuestra zurrada agenda política. Ocurrió el día en que el Parlament quedó a la altura del betún y, confirmando los temores expresados por Tarradellas después de la muerte de Franco ("En política se puede hacer todo, menos el ridículo") hizo un ridículo universal apadrinado por Puigdemont y sus costaleros de ERC y la CUP.
Cuando este correoso diputado, izquierdista y republicano donde los haya, se refiere al referéndum del uno de octubre que busca la ruptura con España, alguien debería explicarle que la República encarceló a mil personas tras la proclamación independentista del 6 de octubre de 1934. Por eso digo también que hace falta ser imbécil para reconocerse izquierdista y republicano en el actual desafío a un Estado legítimo y democrático en nombre de una pulsión tribalista. Nos dice en la radio el filosofo Manuel Cruz que el problema de las personas de izquierda en Cataluña es que no dan la cara en defensa de la ley y la democracia por no correr el riesgo de ser asimilados al PP. Prefiero creer que es por no correr el riesgo de pasar por malos catalanes. Si solo fuera por desmarcarse del PP, es que la izquierda habría desertado de la razón, pues la defensa de la ley, la democracia y el estado de Derecho se antepone en sí misma al alineamiento o desalineamiento con tal o cual partido político.
Ya es aberrante que una mente de izquierdas renuncie a defender la democracia por si lo confunden con el PP. Pero más aberrante aún es que una mente de izquierdas, de siempre internacionalista y defensora de los más desfavorecidos, se sume a la causa tribal del nacionalismo catalán, cuando tantas pruebas ha dado este de que se pasan por el arco del triunfo los usos y costumbres de un régimen democrático. Y esa es la causa que abraza Gabriel Rufián.


No te va a gustar - Rajoy se la juega, sí. Pero ¿queda otro remedio?

19.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

El presidente del Gobierno español está ante el reto más formidable que un político pueda afrontar: un intento de golpe que conllevaría la separación de una parte del territorio español. Se juega algo más que su futuro político, y hasta su presente, si la respuesta moderada, contenida, que personalmente ahora apruebo -no su pasividad en el pasado--, no da frutos, y, tras la tarde-noche que sin duda será aciaga -como el resto del día- entre el 1 y el 2 de octubre, Puigdemont ensayase su última locura: lanzarse al balcón de la Generalitat y emular a Companys proclamando no el Estat Catalá, como en 1934, pero sí la República Independiente de Catalunya.
No creo que ni siquiera el molt honorable president llegue tan allá en su locura, que desataría reacciones hoy impensables. Más probable me parece que las cosas vayan discurriendo a su modo, que haya votación en algunos lugares, muchas declaraciones en las teles amigas, una rueda de prensa exaltando lo bien que se han comportado los catalanes yendo a votar masivamente --¿quién controlará cuántos?- y satisfacción antes de la nada. Porque, a continuación, Puigdemont se habrá quedado sin planes de futuro, porque ya no habrá futuro: ¿quién va a reconocer los resultados de un referéndum sin censo, con los colegios irregularmente divididos, que se produce en medio de una fractura sin precedentes en el cuerpo social, sin garantías de imparcialidad en los medios, con participación incierta desarrollada en un clima de temor?

Ahí, en ese momento, empieza la tragedia de Puigdemont. El se la juega mucho más que Rajoy, porque el presidente del Gobierno central tiene muchas más probabilidades de salir victorioso del lance. Lo malo es calcular cuánto sufrirá su imagen (la de Rajoy, digo), la de su partido y la de sus más inmediatos colaboradores -comenzando por Soraya Sáenz de Santamaría- si las medidas que ha de adoptar para frenar insurrección son crecientemente duras. ¿Resistiría eso la hasta ahora total cohesión existente en el PP, donde ya empiezan a vislumbrarse signos de incomodo y de crítica a la vicepresidenta? Y ¿lo resistiría el frente tan difícilmente hilvanado entre el PP, el PSOE y Ciudadanos?

Sí, el flemático Rajoy, sin duda, se la juega, y mucho lamento estar convencido de que a Puigdemont le encanta esta hipótesis, aunque sea cierto que él se juega mucho más. Pero, ah, eso sí: él cree que con esta fuga de toda lógica alcanzará la gloria, quién sabe si incluso la palma del martirio; ya digo que el molt honorable está dando inquietantes síntomas de la misma insania que un día poseyó a Artur Mas y que nunca afectó a Jordi Pujol, enfermo, eso sí, de soberbia y, claro, de avaricia.
Todos se la juegan -y nos la jugamos- este 1 de octubre, aunque la mayoría de los españoles ofrezcan la sensación, inexplicable, de que nada de esto va con ellos. Pedro Sánchez, que ha abordado el tren de la unidad de acción algo tarde, es acaso quien puede salir más beneficiado tanto si todo va bien como si va mal: su partido ha sido, al fin y al cabo, el único que ha ofrecido soluciones, parciales y poco convincentes, pero soluciones al fin, para empezar a tratar de resolver la crisis territorial. Pablo iglesias, con el partido dividido al máximo en torno al referéndum, puede experimentar un batacazo tremendo en Cataluña, para no hablar ya del resto de España: ¿es que no sabe que no se pueden conseguir votos en Cataluña y en Zamora al mismo tiempo? O te decantas por unos, o por otros, que ahora no caben actitudes dudosas.
A mí, en todo caso, lo que más me preocupa es lo de Rajoy, que al fin y al cabo es quien está manejando el timón del Gobierno y la brújula por donde encaminar el rumbo. Si sale con bien de esta, que lo espero fervientemente, no será sin algún rasguño. Si apenas logra salvar los muebles, manteniendo a trancas y barrancas la unidad del país, al menos eso habremos obtenido. Si se produce la peor de las hipótesis, en la que, ya digo, no creo... mejor ni pensarlo, porque todos sufriríamos mucho. Y es que es mucho lo que puede saltar por los aires, aunque personalmente prefiero ser optimista y pensar que esto acabará, para casi todos -no para Puigdemont, desde luego- en una farsa. A nadie nos conviene que acabe en tragedia; de ahí mi relativo optimismo. Cui prodest?


Lunes, 22 de enero

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