Opinión

Julia Navarro - La Casa II

15.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

360 páginas. Una noche sin dormir. Y la convicción de haber leído un libro tan inquietante como apasionante en el que Fernando Rueda nos coge de la mano y nos introduce en la Casa, que es así como en el "argot" de los espías llaman al CNI. Pero Fernando no solo nos lleva a la Casa sino que nos cuenta qué hacen, cuales son los aciertos, los fracasos, y hasta las acciones inconfesables de las mujeres y hombres que se mueven en el mundo de las sombras y que desde allí deben de velar por la seguridad del país y de los ciudadanos.
Decir que Fernando Rueda es el mejor especialista en servicios secretos es una obviedad. Lo demostró en aquel primer libro, La Casa, donde nos mostró hasta los últimos recovecos del entonces CESID, hasta este nuevo libro La Casa II, en que nos cuenta la historia de nuestros servicios secretos desde el año 2002, ya convertido en CNI.
Al leerlo podríamos creer que estamos ante un triller, una novela de espías digna de Le Carré. Pero no es una novela, sino una historia real que seguro va a molestar en La Casa.
De manera amena pero rigurosa Fernando Rueda nos va relatando desde las luchas intestinas dentro de la Casa, hasta algunos de los "espiados" más ilustres de nuestro país, pero también nos revela como es la vida de un espía destinado en el extranjero, la soledad, las reglas, la discreción obligada que le impide siquiera confiar a su familia a que se dedica realmente. Fernando Rueda ahonda en la condición humana, en las motivaciones, anhelos, miedos, miserias, de estos hombres y mujeres cuya vida transcurre detrás de un espejo.
El Yihadismo, la relación con otros servicios secretos, algunas operaciones relevantes, todo estos y mucho más es lo que Fernando Rueda va desgranando en la Casa II.
El libro es tan adictivo que es imposible dejarlo una vez que lees la primera página en donde Fernando Rueda deja claro el porqué se ha lanzado a esta nueva aventura y su explicación no es otra que la del derecho de la opinión pública a saber.
En la Casa II hay tres años de trabajo, donde como confiesa el autor buscaba más que las noticias "las paletas de colores, los barnices, lienzos y estilos de pintura para plasmar lo que no se transparenta del servicio secreto".
El lienzo que ha pintado es asombroso. No dejará indiferente a los lectores e imagino yo que mucho menos a los protagonistas de esta historia de mujeres y hombres cuyas vidas transcurren en la sombra.
Un libro imprescindible.


Fernando Jáuregui - No, no quiero estar gobernado por la CUP

15.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Es hora de tomar posiciones definidas y claras. No creo conveniente la ambigüedad que mantiene algún partido con respecto al referéndum. Y quiero, aprovechando que puedo utilizar esta vía de comunicación, abusar del privilegio que supone poder manifestar mi posición ante el mayor desafío democrático que padece la aún joven democracia española desde que se restauró hace cuarenta años.
-Soy partidario de los referéndums --o referenda, académicamente--, siempre que se realicen de manera ordenada, consensuada y, sobre todo, de acuerdo con la legalidad. La legalidad no es inmutable, se puede cambiar, pero utilizando los cauces que están abiertos.
-Soy contrario, por tanto, a las "vías revolucionarias", que pisotean el Parlamento, toman la calle, desprecian la libertad de expresión. Especialmente, cuando los fundamentos de tales "revoluciones" son mendaces: Cataluña no es "un país oprimido", ni robado por "España". Más bien, han sido los propios dirigentes catalanes quienes, como sabemos, han robado en abundancia.
-No quiero la independencia de Cataluña, que es tierra creo que querida por la mayoría de los españoles. Pero, si de veras una mayoría lo suficientemente cualificada de catalanes la quisieran, si realmente Cataluña fuese una tierra sojuzgada, si de veras las ventajas de la secesión fuesen más que los males que provocaría, yo aceptaría, qué remedio, la secesión. No es el caso.
-Y menos cuando todo este "procés", vacío de garantías y de rigor jurídico, está liderado por gentes que no solamente quieren irse de España, sino, sobre todo, socavar el sistema democrático occidental en el que vivimos. No, yo no quiero ni estar gobernado por gentes como los de la CUP, ni que tengan el menor poder en una parte de este país, magnífico con cuantos peros usted quiera, llamado España. Resulta increíble que un grupo de burgueses, como Puigdemont y Oriol Junqueras --no se deje usted engañar por lo de "Esquerra"--, hayan podido no solo aliarse, sino convertirse en sicarios, de un grupo como "las" CUP.
-No soy partidario de esa "mano dura" que algunos predican "en Madrid" y que tendría repercusiones negativas para el conjunto de los catalanes, no solamente para el grupito de insensatos que nos han embarcado a todos, catalanes y no, en su "procés". Soy, todavía, partidario de la negociación, que habrá que retomar tras los sucesos del 1 de octubre, mal previstos, me parece, por todas las partes. Y esa negociación, la Generalitat, quien la encarne el día 2 de octubre, la tendrá que hacer "a la baja". Porque, ocurra lo que ocurra, el batacazo político del molt honorable y de sus más cercanos irreductibles va a ser de campeonato. Tendrán, inevitablemente, que convocar elecciones para tapar su fracaso con las urnas de cartón y las papeletas volanderas.
-Por lo demás, ha dejado de asustarme el "choque de trenes" de dentro de dieciséis, quince, días. Es más, creo que lo que Miquel Iceta --uno de los que más saben de política en el circo barcelonés-- me definió una vez como "choquecito" de trenes puede ser conveniente, siempre y cuando no produzca víctimas más allá del desacarrilamiento de algunos pasajeros y el pavor alarmado de los pasajeros.
-Pero, claro, serán esos mismos pasajeros, los de los vagones de uno y otro tren, los que, a continuación, entenderán que algo nuevo hay que hacer, porque lo hecho hasta ahora no ha dado sino malos resultados, pérdida de la imagen del conjunto de España en el extranjero --y no digamos ya cómo está quedando Cataluña, por mucho dinero que se gasten en la diplocat-- y ruptura de relaciones entre amigos y familiares. Cataluña se ha partido en dos a todos los niveles, pero, como no queda más remedio que restañar las heridas, se restañarán.
Así que le aconsejo que haga usted lo mismo que yo: no dramatizar sobre las consecuencias de lo que vaya a ocurrir, una vez que es inevitable que, lo que vaya a suceder el próximo 1 de octubre, suceda. Contabilicemos, más bien, las consecuencias buenas que este lance van a salir, desde la unidad en lo territorial de las fuerzas constitucionalistas hasta la adopción de una postura unívoca e inequívoca entre los que, como Podemos, no saben muy bien si decir "so" o "arre". Puede que, a partir de ahí, también acaben ciertas actitudes inmovilistas y se impulsen reformas legales, económicas y constitucionales que faciliten una más adecuada convivencia en la piel de toro. Y lo mejor de todo: acabará el riesgo de que gentes como los de la CUP puedan decidir qué hacen con nuestras vidas. ¿Le parece a usted poco?


El Abanico - ¿Quién se ocupa de los excluidos sociales?

15.09.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Cuando falta un mes para que volvamos a las urnas, los políticos siguen inmersos en disputas absurdas que se ha demostrado no llevan a ninguna parte, ni siquiera sirven para formar gobierno. Es más, diría que siguen dando un espectáculo de bajo coste, donde lo único que parece importarles, a todos sin excepción, es con quién no van a pactar: Sánchez no lo hará con el PP pero tampoco con Unidos Podemos, convertidos estos últimos en el enemigo a batir por las tres formaciones más importantes. Lo demuestra el que el líder de Ciudadanos Albert Rivera haya utilizado su visita a Venezuela para atacar a la formación naranja, poniendo a Pablo Iglesias a la altura de Maduro. Y mientras esto ocurre el presidente en funciones tocando la flauta. Sin dar explicaciones sobre la corrupción que anega sus filas, lo que demuestra hasta qué punto lo que hacen o dejen de hacer los políticos en nuestro país, siempre que sean de los nuestros, importa poco o muy poco a los ciudadanos, de lo contrario no se entiende que el partido de Mariano Rajoy siga siendo el más votado. Pero no solo eso, sorprende que a estas alturas y con la experiencia de los últimos meses no se exija a los representantes políticos propuestas para solucionar la grave crisis que nos afecta. Sería interesante que antes de llegar al Gobierno nos dijeran qué van a hacer con las pensiones, con la Sanidad, con la Educación, con tantos y tantos sectores que están pidiendo reformas a gritos, reformas que no llegan y que deberían ser prioritarias de cara al futuro.
Pero siendo todo esto grave, muy grave, lo peor de todo es la indiferencia que demuestran todos ellos ante los problemas como el de la desigualdad, el del riesgo de pobreza que en España alcanza a uno de cada tres ciudadanos, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Unos datos que dan escalofríos, miedo, pero de los que ninguno líder habla, seguramente porque no saben cómo abordar el problema, cómo solucionarlo, con lo que esto significa para una parte importante de la población. Unos ciudadanos que antes de la crisis pertenecían a esa clase media, hoy empobrecida, que se consideraba la joya de la corona por su fortaleza, por ser la que más impuestos paga, la que sostiene sobre sus hombros el peso de la crisis, pero sobre todo porque es la que menos se queja, avergonzados como están algunos de ellos por haber llegado a una situación económica que les asfixia, que les impide vivir con dignidad, incluso que les impide dar de comer a sus hijos, pagar la luz o el agua. En la encuesta de Condiciones de Vida el porcentaje de la población hay un dato al que se aferra el Gobierno como a un clavo ardiendo, pero que es a todas luces insignificantes: la pobreza y la exclusión social ha descendido en España en el último año y por primera vez desde que comenzó la crisis un 0,6 puntos porcentuales. Cifra que pone en solfa los brotes verdes de los que tanto presume de Guindos. De ahí lo importante que sería que en vez de andar a la gresca, insultándose unos y otros, nos dijeran qué sociedad quieren, cuáles son sus objetivos sociales y económicos, pero sobre todo ¿quién se va a ocupar de los excluidos sociales?.


Luis del Val - La inteligencia derrotada

15.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

Casi todos hemos observado que esa hija de los vecinos, poco agraciada, de maneras bruscas, y con muestras de no descubrir nunca un remedio contra el cáncer, aparece un buen día con un joven apuesto, agradable, y de apariencia inteligente. Y nos sorprende, porque aplicamos el razonamiento a una situación que no está regida por la inteligencia, sino por las emociones. Podemos ser muy objetivos y perspicaces, pero a la hora de valorar a las personas que amamos, sea un hijo o una íntima amistad, nos mostramos como sujetos, o sea, subjetivos, y nos inclinamos por enaltecer sus facetas virtuosas y despreciar sus vicios.

El Brexit, el secesionismo catalán o la elección de Donald Trump, no se deben al resultado de unas profundas reflexiones, sino al miedo, al racismo o a ese desamparo que surge en los momentos de crisis, y que nos lleva a buscar la salvación en la separación de los otros o en la búsqueda de un totalitario que haga de jefe, o sea, de caudillo. La libra no cesa de caer; Frankfurt, e incluso Madrid, van a ser sede de muchas de las multinacionales que hoy radican en Londres, pero son pocas, muy pocas, las personas que en el Reino Unido señalan los enormes perjuicios económicos que va a causar el Brexit.
Josep Borrell publicó un libro donde se demostraban de manera irrefragable, y con números, la desastrosa realidad que suponía para Cataluña separarse de España, amén de la absurda mentira del "España nos roba", también con números. Nadie le ha refutado. Pero tampoco ha convencido a los secesionistas, ni a sus seguidores, porque no están guiados por la inteligencia, sino por las emociones. Afortunadamente los puentes no se construyen con enardecidas emociones, sino con cálculos de ingeniería. Por eso, los puentes no se caen. Por eso, las sociedades naufragan tan a menudo.


Charo Zarzalejos - Rajoy y sus escenarios

15.09.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

"El Gobierno tiene previstos los escenarios A, B, C y D. Todo está previsto". Este es el mensaje que se traslada desde Moncloa, compartido por Génova, ante la situación creada en Cataluña por el sector secesionista de esta Comunidad Autónoma. Un sector que es amplio, que está movilizado y al que no se le pueden aplicar los clichés que se aplican a los partidos políticos. Esto es otra cosa. Es un movimiento cuyo cordón umbilical es tan fuerte que soporta contradicciones, incoherencias hasta el punto de compartir, de manera casi mecánica, respuestas y preguntas. La dialéctica es la misma. Da igual que sean de la CUP o los conservadores de la extinta CiU. Da igual. Se han conjurado en la ficción que por serlo no deja de ser peligrosa de que lo suyo es el derecho internacional, que ni la Constitución ni el Estatuto importan. Han laminado con serenidad pasmosa aquellas normas gracias a las cuales tienen financiación, policía, medios de comunicación y todo un Gobierno.
Hubo en el PP y fuera del PP que creyeron que nunca veríamos lo que estamos viendo. Eso significa, en el fondo, no conocer al nacionalismo extremo, siempre insatisfecho y dispuesto al órdago a la grande. La afrenta al Estado es de una magnitud extraordinaria, tan extraordinaria que cuando se habla de proporcionalidad en las medidas a adoptar, cada vez son más los ciudadanos los que se preguntan qué tiene que ocurrir para aplicar, de manera medida, el artículo 155. Esa posibilidad forma parte de los escenarios de Rajoy. Ignoro si es el B o el C, pero lo que es seguro es que está ahí y bien estudiado que se aplicará cuando la gota colme el vaso. Lo que no se sabe es en qué debe consistir esa gota. La ultima, a la hora de escribir estas líneas, ha sido que Oriol Junqueras ya ha avisado a Montoro que a partir de ahora no volverá a enviar los informes semanales de control de gasto. A veces, no es muy descabellado preguntarse si no son los propios independentistas quienes están pidiendo a gritos la aplicación del 155.
Hasta el momento, jueces y fiscales están movilizados con el fin de cortar cualquier posibilidad material de que el referéndum se celebre. Pero hay que ser serios y una acción penal que puede recaer sobre más de setecientos alcaldes, a la hora de la verdad, significa que no recae sobre ninguno. Una iniciativa penal masiva, por su propia naturaleza, al final se convierte en irrelevante. Si algo hay seguro es que ninguno de estos alcaldes está temblando.
El Gobierno, que si algo quiere es preservar la unidad con el PSOE, está tratando de actuar con precisión de cirujano. No se puede permitir un paso en falso pero nada hará que los secesionistas desistan de su cita del 1-0. Nada. Y es más, aunque el día 1-0 no haya referéndum, es seguro que establecerán un relato según el cual no hablarán de derrota, sino de enorme paso adelante. Ocurra lo que ocurra tienen el tiempo suficiente para pensar la respuesta. Llevan mucho tiempo en ello. Son muchos, y ninguno tonto, los que han dedicado energías a trabajar en lo que ahora estamos viendo y oyendo. Nada se ha improvisado y llegarán unidos al 1-0.
La expectación y preocupación por el desarrollo de los acontecimientos es innegable, pero parece obvio que ante semejante afrenta, semejante altivez, no queda margen de maniobra para hacer algo distinto que no sea la defensa de la legalidad, de la dignidad del propio Estado. "Sé lo que se espera de mi" dijo Rajoy. Y lo sabe, por eso, encima de su mesa de Moncloa están todos los escenarios y el vaso se está llenando de manera alarmante. Solo falta la gota que lo haga rebosar y cuando esto ocurra, aunque sea en solitario, Rajoy tirará para delante. Ha puesto en ello su compromiso político y personal.


Viernes, 20 de octubre

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