Opinión

Rafael Torres - La lealtad de los Mossos

14.09.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Tras la llamada a capítulo de la Fiscalía al mayor de los Mossos d"Esquadra, señor Trapero, todo el mundo ha expresado su confianza en la lealtad de la Policía catalana ante el desafío independentista, pero mucha confianza no debía haber cuando nadie la había manifestado abiertamente antes de ese toque de atención. Era, ésta de la actitud de los Mossos el 1-O, una de esas cosas de las que, en todo caso, no se quería hablar, en parte, creo, porque la cuestión no podía despacharse con los tópicos y lugares comunes que se emplean tan abusivamente hoy como comodines o sucedáneos del análisis y la reflexión, y en parte porque, en puridad, nadie tenía ni idea de qué demonios iban a hacer los Mossos, o no quería, por temor, tenerla.
Uno no dudaba, ni antes ni ahora, de la lealtad de los Mossos d"Esquadra, pero me parece que ellos sí, o, cuando menos, a quién brindarle su lealtad. A la Ley, sí, pero ¿a la española o a la catalana, instaurada ésta por sus jefes en franca contradicción y rebeldía con la del Estado? Lealtad, sí, pero ¿a quien les paga, el ministerio del Interior español, o a quien les privilegia con sueldos hasta un 30% superiores a los que perciben los policías nacionales y los guardias civiles? Lealtad, por supuesto, pero ¿a qué bandera? ¿A la de España, a la "senyera" que llevan cosida al uniforme y que parece haber desaparecido de Cataluña, o a la "estelada" de la secesión? Lealtad, desde luego, pero ¿al Estado, un ente abstracto, o a sus superiores del Govern (Soler, Form, Puigdemont), con alguno de los cuales ha compartido el mayor Josep Lluís Trapero paella, risas y canciones? Lealtad, naturalmente, pero ¿al Pueblo Español o a esa pequeña pero omnipresente parte de él que en Cataluña defiende la escisión? Como para no dudar.
Lo que ha hecho la Fiscalía, y muy oportunamente por cierto, es echar una mano a los Mossos para desembarazarlos de la duda que, con toda seguridad, les corroía por dentro. Les ha recordado qué son y a qué se deben, una policía española sometida a la Ley y garante de ella. Pese a que, usando un criterio de proporcionalidad, la mitad de los Mossos deben ser independentistas, se les ha recordado que la sociedad española no les emplea y paga por ello, sino para que hagan su trabajo. Y se les ha recordado, claro, cuál es su trabajo.
La lealtad de los Mossos. Admirable y heroica lealtad con el aliento de sus jefes políticos en el cogote. Y con sus trapacerías, de las que son maestros.


Fermín Bocos - Un iluminado

14.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Es sabido que el desequilibrio entre las aspiraciones y las oportunidades provoca neurosis. A la manera como cursa en los individuos también puede extenderse a la política dónde una idea puede llegar a hacerse obsesiva y quienes la generan tratan de llevarla a la realidad a través de rituales que pretenden reafirmarla. Lo estamos viendo en los últimos tiempos en la conducta pública del presidente de la "Generalitat".
Su obsesión es celebrar un referéndum el próximo día 1 de Octubre. A sabiendas de que la convocatoria excede de sus competencias y de que ha sido suspendida por el Tribunal Constitucional. Pero la idea es obsesiva y por eso la trasfundió a la celebración de la "Diada" buscando el eco de la multitud.
Cuando quien vive de la política como es el caso de Carles Puigdemont, que dicho sea de paso tiene el sueldo más copioso de la clase política española (dobla el que percibe Mariano Rajoy), pone en riesgo su futuro incumpliendo reiteradamente el mandato del TC a sabiendas de que lo menos que le puede caer es la inhabilitación, nos está diciendo que ha entrado en el proceloso territorio de las obsesiones.
De creerse en posesión de la verdad absoluta. Esa situación debería ser tenida en cuenta por cuantos durante los últimos tiempos han intentado, en vano, pedirle que reflexione. Que reflexione y de marcha atrás en el plan separatista que a la postre está cursando como un proceso de sedición que pasa por encima de la legalidad vigente. A su favor habría que decir que no es el único responsable del proceso, ni quien lo puso en marcha. La larva la plantó Jordi Pujol y después vino Artur Mas.
Pero Puigdemont heredó el testigo con entusiasmo. Y va repitiendo que su autoridad está por encima de la ley y no tiene porqué acatar la suspensión dictada por el Tribunal Constitucional. Convendrá el lector que si etiquetamos la conducta del personaje como propia de un "iluminado" no nos alejamos de la realidad.


Fernando Jáuregui - Dossieres y otras incertidumbres

14.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Han comenzado, como uno modestamente vaticinó, a aparecer informes sobre una realidad existente y mucho tiempo callada: la corrupción oficial, vigente prácticamente hasta anteayer, en Cataluña, "al más alto nivel". Tienen dossieres la Fiscalía, la UCO, el CNI... En suma, sabe mucho el Gobierno central de la nación, que es, contra lo que a veces pudiera parecer, una nación sólida, bien estructurada y con unos servicios de información bastante coordinados. Y no es por molestar, pero tampoco hace falta ser un genio para estar seguro de que, en punto a "distraer" dineros públicos y privados en beneficio de bolsillos vip"s, la vida oficial catalana no ha tenido parangón: la de novelas que podrían escribirse sobre escuchas ilegales, seguimientos, furgonetas que entraban repletas de billetes -como suena- a Andorra, tresporcientos (y bastante más) y un largo etcétera.
Súmese a eso el incumplimiento sistemático de la legalidad democrática, la mofa y befa del estado de derecho y de la seguridad jurídica, de la separación de poderes y las trabas a la verdadera libertad de expresión y se tendrá un "libro blanco", más bien negro, sobre la realidad catalana. Ese "libro negro" lo tiene, por supuesto, Mariano Rajoy sobre su mesa, como tenía aquel "informe Pujol" que "alguien" convenció al entonces todavía molt honorable para que lo hiciese público, desencadenándose la que se desencadenó. Insuficiente en todo caso, por lo visto, para hacer reflexionar a la "mayoría silenciosa", tenazmente silenciosa, en torno a la gran pregunta: ¿qué más latrocinios, desmanes jurídicos, mediáticos, sociales, tienen que ocurrir para que empiece a reaccionar el catalán medio, el de la calle, el que está atemorizado ante el futuro de su puesto de trabajo en un país dirigido por la CUP -no se engañe usted: Puigdemont nada tiene que ver con aquella Convergencia Democrática de Catalunya, hoy PDeCat, y sí mucho con esa CUP temible--?

¿Qué tiene que ocurrir para que Podemos y sus diversas terminales y fracciones, de los que tanto depende en estos momentos, unifique criterios, abandone ambigüedades y se posicione de una vez contra el referéndum secesionista, como quieren sus dirigentes en Madrid? ¿Quién será capaz de explicarle a Pablo Iglesias que no se puede ganar a la vez en Gerona y en Punta Umbría, por poner un ejemplo entre ocho mil otros posibles? ¿Cómo gritar que un líder político es el que habla con claridad a sus seguidores y votantes, no como hace Ada Colau, nada menos que alcaldesa de Barcelona, ante la consulta separatista? ¿Cómo puede el contribuyente alzar su voz y decir a un funcionario público como el mayor de los mossos, Josep Lluis Trapero, que tiene que manifestar en voz alta y clara su lealtad a la legalidad vigente, que nada tiene que ver con los sediciosos que controlan la Generalitat? ¿Cuántos clientes del resto de España tienen que desertar de ciertas empresas catalanas para que estas se posicionen de una vez? ¿Hasta cuándo van a esperar algunos líderes mundiales para hundir de una vez la mentira oficial de que el orbe apoya la separación de Cataluña del resto de España?

No, no es el momento de ambigüedades. Ni, posiblemente, de guardar dossieres en los cajones, no vaya a ser que "ellos" saquen otros papeles comprometedores. Tampoco es el momento de los inmovilismos, del ya escampará, del esperemos a ver qué ocurre dentro de dos semanas y después ya actuaremos en un sentido u otro.
Todos, quizá, tenemos algo de culpa de que las cosas hayan llegado hasta aquí, pero yo no puedo culpar directamente sino a los irresponsables que hoy se han instalado en la Generalitat, esos burgueses capaces de pactar lo impactable con los más radicalmente antisistema, lo peor de Europa.
Y a nosotros, a los que tenemos en nuestras manos las herramientas de la comunicación, nos ha llegado el momento de no perdernos en las bellas metáforas ni en las disquisiciones históricas, nos es llegado el momento de la indignación, de respaldar, aunque poco nos guste, al Gobierno central, que ahí está aupado por los votos de muchos españoles -sí, también de catalanes, aunque no sean muchos--.
Estuve en la sesión de control parlamentario al Ejecutivo este miércoles: creo que tanto el presidente Rajoy como la portavoz socialista, Margarita Robles, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, tuvieron, por fin, el comportamiento que yo al menos esperaba de ellos: es la hora de la unidad. De Podemos solo puedo decir que ha de actuar pensando en el 1 de octubre, no en los réditos que pueda obtener de una quiebra del "statu quo" político a partir de esa fecha. Y cierto es que algún representante de Esquerra también se comportó como era de esperar, allá él. Se ha abierto una brecha que aún puede cerrarse. ¿Sabrán, sabremos todos, cerrarla? Pues quedan dieciséis días para encontrar la fórmula no tan mágica, que, desde luego, no reside en la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ni nada parecido. No hagan caso a los halcones, ni a los tambores de guerra, ni tampoco a los que dicen que todo va bien, que no hace falta que nada cambie. Ni, claro, a los que dicen -que los hay- "pues que se vayan". No: yo quiero que se queden, no a cualquier precio, pero que se queden. Y vamos a vencer los que queremos una España unida de manera justa y equilibrada. Ya lo verán; entre otras razones, porque lo que no puede ser no puede ser, en este caso la independencia, y además es imposible.


Antonio Casado - Europa se busca a sí misma

14.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Durante el debate sobre el Estado de la Unión Europea, al que he tenido la oportunidad de asistir este miércoles, el representante del bloque socialista, Gianni Pittella, señaló el hecho de que "muy a menudo aquí nos perdemos discutiendo sobre el sexo de los ángeles". Y tiene razón, pero no creo que haya sido el caso esta vez, con mucha más viveza de lo habitual.
El debate se abrió con el discurso del presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. Amén de congratularse por la evidente mejora de las perspectivas europeas, si comparamos la situación actual con la de hace un año, que estaba cargada de nubarrones, Juncker ha desplegado una panoplia de iniciativas muy concretas.
Apostar por la unificación de las presidencias de la Comisión y el Consejo, las listas electorales de ámbito europeo, un ministro europeo de Economía, un fiscal antiterrorista común o una agencia única de la inteligencia en la lucha contra ese tipo de delitos, no es precisamente una excursión a los cerros de Ubeda.
Además de las propuestas mencionadas, básicamente organizativas, la toma de temperatura a la marcha del proyecto europeo ha resultado más "política" que en ocasiones anteriores.
Han sido muy oportunas las referencias del presidente de la Comisión a la libertad, la igualdad y el estado de derecho, como pilares de una Europa "fuerte y unida". Repicadas, por cierto, en las intervenciones de los distintos portavoces, aunque no siempre para celebrarlas sino para matizarlas o desmentirlas por parte de los grupos de menor representación.
De estos grupos salió, por ejemplo, la voz del español Terricabras (ERC), denunciando los ataques del Gobierno Rajoy a la libertad de expresión en Cataluña, con lo que se dañó el aplauso en solitario del señor Demesmaeker, un eurodiputado ultraderechista flamenco que luego se permitió decir que la libertad de los pueblos no se respeta en nuestro país

También de ese sector minoritario del hemiciclo salió la voz del podemita Miguel Urban, reprobando la "fracasada política neoliberal" que, en su opinión, es lo que ha vuelto a proponer Juncker en el largo capitulo económico de su discurso de este miércoles en Estrasburgo. Terricabras y Urban, pues, fueron los eurodiputados que dieron la nota esta vez.


Victoria Lafora - Por motivos obvios

14.09.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Con esta escueta frase justificó la consejera de Educación de la Generalitat, Clara Ponsatí, el cese fulminante del presidente del Consorcio de Educación de Barcelona, LLuis Baulenas el mismo día en que se iniciaba el curso escolar. Esos motivos obvios no son otros que la necesidad de utilizar centros de enseñanza no municipales para el referéndum ilegal. Ante la negativa "condicional" de Ada Colau, será Ponsatí quien decida que institutos pertenecientes al Consorcio deben abrirse para la votación.
Conviene recordar que esta consejera fue nombrada el pasado julio tras la purga en el Ejecutivo catalán de los "tibios" con la causa independentista. Clara Ponsatí accedió al cargo precisamente por su lealtad inquebrantable al "proces". Continúa pues la depuración de cargos públicos en un intento desesperado de sortear las sentencias del Constitucional. Puigdemont y su gobierno han fomentado una serie de expectativas en la sociedad catalana a sabiendas de que el Estado del que forman parte no iba a tolerar una quiebra de la legalidad.
El mayor de los Mossos d"Esquadra, Josep LLuis Trapero, que ayer trasmitió a sus agentes la orden de la Fiscalía de Cataluña de retirar urnas y papeletas, salvará su puesto por la brillante actuación de los Mossos en el trágico atentado de las Ramblas y el reconocimiento a su labor. La obediencia de Trapero y sus policías a la legalidad constitucional, en la medida en que son agentes judiciales, no ha debido gustar al consejero de Interior Joaquim Forn quien aseguró que los Mossos garantizarían el derecho a voto de los catalanes.
En las tres semanas que quedan hasta el uno de octubre la tensión va a ir in crescendo no solo en la sociedad y en la calle, sino también las instituciones públicas. Ayuntamientos, consorcios, organizaciones vecinales, centros de enseñanza, centros culturales y otros van a sufrir presiones insospechadas para desoír la prohibición de las urnas. Posiblemente la CUP, en permanente chantaje a Junts pel Si, va a utilizar la calle para demostrar musculo en su insumisión y obligar a Puigdemont a atrincherarse.
Todas las incógnitas están abiertas y queda por saber qué otros instrumentos legales baraja el Gobierno de Rajoy en el caso de que Puigdemont ignore una posible inhabilitación y permanezca en su despacho de la Generalitat, o en el supuesto de que, sin urnas trasparentes y votando en parques y jardines, el dos de octubre se declare la independencia. Lo que sí es palmario es que tras las sentencias del Tribunal Constitucional el referéndum no se puede celebrar o España se convertirá en un estado fallido dentro de la Unión Europea.


Escaño cero - Cataluña, solo Cataluña

14.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Cataluña. Cataluña. Cataluña. Cataluña....
No sé si se han dado cuenta, supongo que sí, pero llevamos meses en que tanto los periódicos como los informativos de radio y televisión giran sobre Cataluña, o mejor dicho sobre la convocatoria del referéndum para el 1 de octubre.
Cataluña es la mayor preocupación que ocupa a ciudadanos comunes y a la clase política, salvo la catástrofe causada por el paso del Huracán Irma por el Caribe. Y las noticias se suceden sin cesar.
Incluso los madrileños nos hemos enterado que hay un grupo de entre nosotros que se denomina "Madrileños por el derecho a decidir" que pretendían celebrar un acto en un local del ayuntamiento a mayor gloria del referéndum. Claro que un juez ha suspendido cautelarmente ese acto que se iba a celebrar el próximo domingo. La verdad sea dicha no parece muy lógico que se celebre en un local del ayuntamiento un acto de apoyo a un referéndum ilegal. Claro que también es para nota la justificación de la concejal de Arganzuela, distrito donde se iba a celebrar el acto de apoyo a la independencia de Cataluña, esgrimiendo el argumento de que el referéndum cuenta "con la aceptación popular generalizada". ¡Toma ya! Y los demás sin enterarnos.
Que los concejales podemitas hayan avalado dicho acto no sorprende, pero que la portavoz socialista en el ayuntamiento de Madrid, doña Purificación Causapié, tampoco tuviera nada que objetar, es otro de esos errores que viene cometiendo el PSOE.
Tampoco comprendo que Pedro Sánchez haya dejado dicho que el pacto municipal de los socialistas catalanes con Ada Colau se mantendrá hasta el final pase lo que pase. ¿Incluso si la señora Colau se salta a la torera los dictámenes del Tribunal Constitucional?

Y esto sucede al mismo tiempo que más de un centenar de alcaldes socialistas de distintas poblaciones de Cataluña han alzado su voz para denunciar el acoso de la Generalitat para que cedan espacios municipales para el Referéndum. La actitud de los alcaldes es más que loable.
El caso es que según nos acercamos al día 1 de octubre Cataluña ocupara más y más, como no puede ser ni debe ser de otra manera, los espacios en los medios de comunicación.
Un día por una ocurrencia de algún concejal madrileño, otro por una orden de la Fiscalía de Cataluña, o una disposición del Tribunal Constitucional, amen de las declaraciones de unos y de otros. Lo peor es que parece haber consenso general en que hasta que no pase la fatídica fecha del 1 de octubre no hay nada que hacer, es decir nadie va al parecer a mover ficha. Todos los comentarios apuntan a que será a partir del 2 de octubre cuando se podrán tomar decisiones y empezar a hablar.
Hasta entonces habrá que seguir asistiendo a las declaraciones desaforadas del Presidente Puigdemont, a las más melifluas pero igualmente capciosas del vicepresidente Junqueras, a las actuaciones arbitrarias de la presidenta del Parlamento catalán, señora Forcadell, a los desafíos del conseller Turoll y del jefe de los "Mossos", etc, etc, etc. Sin olvidarnos de la CUP que es quién marca la agenda y lleva del ronzal a Puigdemont y compañía.


Isaías Lafuente - Banalización del franquismo

14.09.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

El intento de proceso independentista sigue elevando grados de temperatura en el debate político conforme se acerca el 1 de octubre. A la impresionante manifestación vivida en Barcelona en la Diada se suma el cruce de duras acusaciones entre los protagonistas. Oír al presidente catalán y a la vicepresidenta del gobierno español acusarse mutuamente de acabar con la democracia no tranquiliza precisamente. Como tampoco contribuye al sosiego escuchar a Neus Lloveras, presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia, decir en las calles de Barcelona que "España está en decadencia democrática y sumida en una crisis de valores que nos lleva a tiempos franquistas. No es la primera ni será la última, porque el hoy conseller de Presidencia y portavoz del Govern, Jordi Turull, comparó también hace unos meses la posición contraria al referéndum con el régimen golpista y dictatorial de Franco.
Es una paradoja que la presidenta de una organización independentista y en una manifestación en la que se reivindicó el derecho a decidir la independencia se sienta perseguida por alguien a quien tilda de franquista, porque su organización, hoy legal, y el acto en el que participó, hoy legítimo, hubieran sido perseguidos por el franquismo. Quienes cargamos ya con una cierta edad, no tenemos necesidad de que nos recuerden este tipo de cosas. Pero convendría recordar a nuestros niños, que estos días están escuchando debates incendiarios a sus mayores, un par de cosas. La primera, que defender la unidad de España o desear la independencia de España no es delito. Otra cosa es que se pretenda lograr el legítimo deseo con medios ilegales. Y la segunda, que el franquismo, del que ellos afortunadamente sólo saben por los libros de historia, fue un régimen impuesto por un golpista que, durante 40 años, persiguió, expulsó del país, encarceló o asesinó a los discrepantes.
Es verdad que la lengua, con el paso del tiempo o por la distancia con los acontecimientos, convierte en coloquiales algunos términos graves. Hoy llamamos camorrista o mafioso a cualquier pendenciero, olvidando la sangre que la Camorra o la Mafia han hecho y hacen correr aún hoy. Pero con el franquismo deberíamos ser un poco más prudentes. Porque si a alguien que en democracia muestra en su actitud algún tinte autoritario -y los hay de todo signo y color político- le calificamos así, no es que lo criminalicemos, que también, es que estamos banalizando la ferocidad del régimen que sufrieron millones de españoles durante cuatro décadas. Es tan grave y tan ridículo como pretender que Francisco Franco fue un demócrata por haber convocado un par de referéndums en su mandato.


Lunes, 22 de octubre

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