Opinión

El Abanico - El fondo o la forma: that is the question

08.09.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

De lo ocurrido en el Parlamento catalán el miércoles por la tarde, me quedo con la actuación de Carme Forcadell, su presidenta, porque de lo que se trataba era de interpretar un papel que le permitiera salir airosa de un trance que a todas luces le venía grande y además es ilegal.
Forcadell, que sobradas muestras ha dado de su capacidad para movilizar a las masas, hizo gala de una ignorancia supina sobre la utilización del reglamento de la Cámara, del que demostró no saber absolutamente nada.
Tampoco sus asesores, quienes antes de salir al pleno debieron darle una clase exprés o unas chuletas sobre cuáles son los derechos de la oposición, los turnos de palabra, los tiempos, tan importantes cuando lo que está en juego es la continuidad o no de Cataluña con el resto de España. Ahí es nada. Una decisión sumamente importante tomada no digo que a la ligera, pero sí de forma precipitada con el fin de que los partidos contrarios al referéndum -PSC, PP y Ciudadanos-, no tuvieran tiempo de preparar sus enmiendas y explicar a los ciudadanos del por qué de su no es no.
Tampoco me gustó la intervención de la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, entre otras razones, porque creo sinceramente que quien debió comparecer ante un hecho tan grave era el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
A Soraya le sobraron calificativos y le faltó ir directamente al grano, a las medidas que va a tomar el gobierno de la nación ante una situación tan anómala como la que se está viviendo en Cataluña pero que afecta sobremanera al resto de ciudadanos, preocupados por la deriva separatista.
Soraya habló para calmar el ánimo de sus militantes y votantes, prueba de ello es que las líneas gruesas de su discurso, las que se referían a lo que hará el gobierno de ahora en adelante, aparte de recurrir al Tribunal Constitucional, eso quedó deslucido, casi en un segundo plano.
Bien está la teatralidad en un mitin con tu gente, pero no en una situación como la que nos ocupa, que mantiene expectantes a las instituciones europeas, muy preocupados también tras el cariz que está tomando la negociación sobre el Brexit entre el Reino Unido y la Comunidad Europea mucho más dura de lo que se preveía en un aspecto tan sensible como es el de la inmigración europea.
Si a eso le sumamos la ilegalidad de los decretos firmados por Puigdemont y todos los miembros de su gobierno, así como la convocatoria para que la gente se manifieste en la calle, nos encontramos ante un golpe antidemocrático de imprevisibles consecuencias.


Charo Zarzalejos - La insoportable altivez del secesionismo catalán

08.09.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

La altivez antidemocrática de quienes lideran el proceso secesionista catalán es realmente insoportable. Lo visto y oído en el Parlamento catalán no tiene parangón en la historia de la España democrática. Todos ellos fueron altivos y soberbios y con una naturalidad más que asombrosa laminaron de un plumazo sus propias instituciones derivadas del Estatuto de Autonomía, ese mismo que les ha permitido sacar pecho tras los atentados de Las Ramblas.
Resulta insoportable la altivez de la presidenta del Parlamento al saltarse a la torera los consejos de sus propios letrados. Insoportable escucharles hablar de derechos y libertades al mismo tiempo que atropellaban los derechos de la Oposición. Insoportable la impostura del propio Puigdemont que ostenta, sin rubor alguno, el título de máximo representante del Estado en Cataluña, de ese Estado al que ha sido profundamente desleal. Impostura absoluta firmar de madrugada la convocatoria del referéndum y ya cuesta poner palabras al acto final de la sesión parlamentaria cantando, altivos ellos, Els Segadors con la Oposición en la calle. Fue estremecedor.
Ha habido una altivez insoportable por antidemocrática, pero solo eso. Ni épica, ni heroísmo ni nada de nada que esté dando a este inaceptable desafío una pizca de altura.
Siempre he sostenido que el secesionismo catalán era como un ciclista cansado: o sigue pedaleando o se cae. Y han seguido pedaleando y lo seguirán haciendo pese a los recursos que el Gobierno ya ha interpuesto. Visto lo visto ya nadie puede llamarse a engaño. Esto es lo que hay y en gran medida lo hay por el silencio de las buenas gentes que como ya se sabe ese silencio es el que permite tropelías. ¿Dónde han estado, donde están esos miles y miles de catalanes, que durante años y años han están encantados por la influencia de su partido, la fallecida CiU, en España?. ¿Dónde?.
El argumento de fondo es que si se han hecho así las cosas es que no había más remedio porque los "otros", es decir, el Gobierno de Rajoy se ha negado al diálogo. ¿Puede un Presidente del Gobierno negociar la autodeterminación de un autonomía española?. ¿Han estado dispuestos en algún momento los dirigentes secesionistas a renunciar a su objetivo ultimísimo -la independencia- para abordar una negociación que con toda seguridad hubiera dado frutos?. ¿Es admisible que se diga que los secesionistas "estamos a donde nos han llevado"?. Los otros, la culpa siempre es de los otros.
De la excepcionalidad de la situación es buena prueba el tono grave pero sereno de Mariano Rajoy en la rueda de prensa en la que informó de los recursos de inconstitucionalidad presentados por el Gobierno. El jefe del Ejecutivo pidió, más a modo de advertencia que de súplica, que los dirigentes secesionistas abandonen el camino emprendido porque no habrá referéndum. "Haré lo necesario, sin renunciar a nada, para evitarlo". Y si Rajoy ha dicho a todos los españoles que no renuncia a nada, es que, efectivamente, no renuncia nada.
Estamos ante una situación grave y extremadamente delicada, con actitudes que llenan de irritación pero ahora más que nunca es bueno que nuestros responsables políticos mantengan la prudencia y la serenidad para desde la democracia defender la democracia. Esa defensa tiene que ser tan serena y tan proporcional como contundente, sin complejos ni miedo alguno. El Gobierno lo sabe, y, afortunadamente, también el PSOE y Ciudadanos. Hay que confiar. Necesariamente tenemos que confiar.


Fernando Jáuregui - Oiga, que de aquello han pasado ochenta y tres años...

08.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Resulta obvio que Puigdemont solo sueña con encaramarse al balcón de la plaza de Sant Jaume y, desde allí, como Companys, proclamar el Estat Catalá, en este caso la República de Catalunya. Con la ventaja de que está casi seguro de que ni será encarcelado, y menos, claro, fusilado, como le ocurrió a Companys, lo primero con la República Española y lo segundo con Franco, ni general Batet alguno bombardeará la Generalitat. Lástima, para él, que tampoco ocurrirá la escena del balcón. No parece haberse dado cuenta de que las cosas han cambiado un tanto desde aquel 6 de octubre de 1934, ochenta y tres años ha. Y de que el Reino de España no es la agobiada República de Lerroux. Ni Felipe VI es, por mucho que los chiflados de la CUP lo intenten en sus ridículos carteles que evocan los tiempos leninistas, el zar. Ni el molt honorable president de la Generalitat de Catalunya parece tener en cuenta, si es que la conoce, la frase acertada de Marx, según la cual "la Historia se repite dos veces: la primera, como tragedia; la segunda, como farsa". En 1934 tuvimos tragedia; a partir del 2 de octubre de 2017, sospecho que tendremos, como mínimo, club de la comedia.
Puigdemont vive, pues, con ochenta y tres años de retraso. Sabe que las revoluciones desprecian, por definición, la legalidad y las instituciones vigentes, y eso lo ha hecho y lo está haciendo a conciencia, sin darse cuenta de que no hay un marco propicio a revolución alguna: me parece que de poco le van a servir las multas a Mas y compañeras mártires, de casi nada las admoniciones del Tribunal Constitucional ni las frases flemáticas admonitorias de Rajoy, aunque ahora sea -laus Deo- acompañado de un Pedro Sánchez que ha olvidado el "no, no y no" del pasado 1 de octubre ante el 1 de octubre que nos viene y, claro, también acompañado de la fiel infantería que es Albert Rivera. Más vale tarde que nunca. Y Podemos, que vaya espabilando, porque el oportunismo queriendo retener votos de independentistas catalanes puede vaciar las urnas de votos morados en Torrelavega, Punta Umbría, Vigo, Zamora, Ciudad Real, Tenerife o Calasparra, por poner unos cuantos entre siete mil ejemplos posibles.
La farsa en la que terminará inevitablemente el "procés", encabezado por los burgueses Puigdemont y Junqueras, banalizado por la ex periodista Forcadell y envilecido por una CUP que no representa ni al cuatro por ciento de los votantes catalanes, ni al ocho por ciento de un Parlament que, de todas formas, ya no se representa ni a sí mismo, va a tener, ya lo verán, algunos efectos beneficiosos para la unidad del Estado o llámelo usted España, que es lo que corresponde.
Por ejemplo, acercamiento de los constitucionalistas; claridad en el caos de Podemos; reforzamiento de las instituciones, desde el Rey hasta el Tribunal Constitucional; diálogo -y negociación, claro- con una Generalitat debilitada por sus propios excesos; y mayor resplandor de la democracia parlamentaria, en detrimento de la falsa democracia asamblearia, que fue lo que primó el pasado miércoles en el Parlament catalán. Una dosis de futura conllevanza orteguiana, vamos. No tengo en mi mano encuestas, ni siquiera de esas de urgencia, pero tengo la sensación creciente de que el espectáculo puntualmente televisado que se nos ofreció desde la sede del poder legislativo catalán, la toma del Parlament por una presidenta incapaz y sorda ante las normas, habrá abierto mucho ojos de catalanes hartos "de Madrid", pero aún más asustados del "cuprocés".
Mi colega Enric Hernández, director de "El Periódico de Catalunya" y, me parece, uno de los periodistas más respetados en Barcelona, escribía, tras el bochorno de este miércoles: "ojalá el mundo no nos esté mirando". Desgraciadamente, el mundo, un mundo que ya se sabe que está contra la aventura secesionista -supongo que hasta Trump, hasta él, lo dirá cuando se vea con Rajoy- sí estaba mirando. Y nunca como ahora he escuchado tantas veces aquella frase de Tarradellas, que fue el último gran -y acaso el último honrado- president de la Generalitat: "en política cabe todo, menos el ridículo". Sospecho, y confieso que lo deseo, que el "procés", lejos de acabar el algaradas violentas, como algunos pesimistas vaticinan, va a terminar en una enorme rechifla. Y con Puigdemont -ya les ocurrió a Ibarretxe y a Mas, ¿recuerda usted?- camino de un merecido ostracismo, que es lo más lejano a los balcones donde la gente te aclama.


Luis del Val - Totalitarios sin ejército

08.09.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Observando a la presidenta del Parlament actuar como "estricta gobernanta", e interpretar el papel con tanta convicción, me surgió esa inquietante pregunta de si el totalitario nace o se hace. No cabe duda que se necesita un carácter autoritario de principio, y esos agravios que el resentido acumula en su biografía para llegar a ser un totalitario de provecho, aunque, luego, el medio ambiental sea propicio.
Nuestra estricta gobernanta siempre ha mostrado vocación. Cuando era concejal del ayuntamiento de Sabadell, según cuenta Fernández Barcelona, quiso ser jefa directa de los guardias municipales, pero sus propios compañeros de Ezquerra Republicana le aconsejaron al alcalde que no accediera a la petición, porque la encontraban demasiado autoritaria. Y la verdad es que, ayer, sólo faltó que llamara a los guardias para que hicieran callar por la fuerza o expulsaran a alguno de sus compañeros diputados, que no se mostraban genuflexos ante sus órdenes. Desde el gesto a la acción, desde la expresión resentida hasta la manera de hablar, la estricta gobernanta se mostró sin disimulos como una autoritaria de provecho, que en esa dictadura que quieren pergeñar a través de la ley de transitoriedad, brillaría con luz propia y sería ejemplo a seguir del nacional-totalitarismo catalán.
En Venezuela, Nicolás Maduro, sin necesidad de una ley de transitoriedad ha llevado a cabo un autogolpe de Estado sustituyendo a los diputados elegidos democráticamente por una Asamblea Nacional que está a sus órdenes. Pero, claro, Maduro tiene a un ejército obediente y corrupto, que cobra del narcotráfico y no le molesta. El problema del totalitario es cuando carece de fuerza real para respaldar sus arbitrariedadades y sus micciones sobre leyes y reglamentos. Es como soltar a un carnívoro en una frutería o a un vegetariano en un asador argentino. A los totalitarios no les desanima ver el parlamento medio vacío, ni dividir el país en dos, porque saben que una vez con el poder absoluto todos irán entrando en razón y se darán cuenta de que estaban equivocados. Y están en lo cierto. En la dictadura de Franco todos éramos afectos a la Secretaría General del Movimiento por obligación. Lo terrible, lo patético, es contemplar a estos totalitarios de vocación, sin un ejército que les respalde, ahondando en el esperpento.


Escaño cero - La respuesta de la Ley

08.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Sí, las comparaciones son odiosas, pero no pude evitar pensar que lo que estaba viendo ayer que sucedía en el Parlamento catalán era una escena de las que se suceden en el Parlamento de Venezuela donde el régimen bolivariano viene quebrando hasta las más mínimas reglas de la democracia.
Y me produjo un estremecimiento ver el fanatismo y la ira que habita en los dirigentes independentistas, desde el Presidente Puigdemont a la presidenta del Parlamento Carmen Forcadell, amen de los diputados de la CUP y de Junts per el Si.
¿Qué se puede y que se debe hacer cuando un grupo de dirigentes políticos, el Presidente y el gobierno de una Comunidad Autónoma, más una parte del Parlamento autonómico deciden violar las leyes?

Nadie podrá decir que la respuesta del presidente Rajoy y el Gobierno no es una respuesta medida, que huye de la confrontación, y que se basa en el cumplimiento de la Ley como no puede ser de otra manera en una democracia.
España es un Estado de Derecho, disfrutamos de una democracia sólida, formamos parte de la Unión Europea, y no hay ninguna diferencia política que no se pueda abordar desde la Ley. Por tanto es inadmisible el comportamiento golpista de los independentistas catalanes.
No cabe buscar culpas ajenas como algunos pretenden mirando a Madrid. Los políticos independentistas catalanes son los únicos responsables de quebrar la legalidad, de no respetar al Tribunal Constitucional y de estar perpetrando una autentica sedición contra el Estado democrático del que Cataluña forma parte.
Por tanto no caben equidistancias ni intentar repartir culpas por la situación gravísima que estamos viviendo en nuestro país desde la instauración de la democracia, la más grave desde el intento de golpe de Estado del 23-F de 1981.
Y por eso no dejo de preguntarme donde están todos los ciudadanos demócratas de Cataluña, y si en algún momento serán capaces de plantar cara a la locura desatada por los independentistas.
No se trata de actos heroicos sino de la defensa del Estado constitucional que es el que garantiza la democracia y las libertades.
En cualquier caso, solo cabe esperar que el Gobierno impida la secesión con la Ley en la manos y eso sí, quienes quieren provocar esa separación, por las malas, de Cataluña de España, que sean conscientes de que tendrán que responder ante los Tribunales y asumir las consecuencias de sus comportamientos antidemocráticos.


Lunes, 11 de diciembre

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