Opinión

Isaías Lafuente - ¿Los límites en las redes son sólo para algunos?

07.09.17 | 08:42. Archivado en Isaías Lafuente


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

El pasado fin de semana una mujer volcó todo su odio en su perfil de Facebook contra la dirigente de Ciudadanos Inés Arrimadas por oponerse al referéndum catalán en un programa de televisión. Le llamó "perra asquerosa" y le deseó "que la violen en grupo porque no merece otra cosa". La diputada denunció el ataque en la red difundiendo el pantallazo de la agresión verbal, a la autora del impresentable vómito le llovieron mensajes semejantes al que ella escribió, tuvo que cerrar sus perfiles en las redes sociales y hasta fue despedida de la empresa para la que trabajaba.
Es evidente que el mensaje de esta internauta es inaceptable por lo brutal del deseo y por la banalización de una violencia tan extrema contra la mujer, porque considerar la violación como una forma de castigo, en general, o como una respuesta a una opinión legítima, en este caso concreto, es una auténtica barbaridad que no tiene atenuantes. Uno puede tener un mal día, sin duda. Pero, para prevenirlo, en los días buenos debe reflexionar sobre los límites que debe imponerse cuando tenga un día de furia. La educación, el sentido común y el respeto al otro pueden ser buenos escudos para contener lo peor de nosotros mismos cuando se produce el brote.
Se podría discutir si las consecuencias han sido o no extremas para la autora, lo que es indiscutible es que las consecuencias sobre lo que se vuelca en la red son asimétricas. Hace unos días, el alcalde de Alcorcón, David Pérez, acusaba en Twitter a Ada Colau de haber "allanado el camino a los terroristas" que atentaron en Barcelona por no haber colocado bolardos en la Rambla, y un diputado del PP, Eloy Suárez, acusó en la misma red a los Mossos de "no hacer nada para impedir 16 muertes y 100 heridos".
Tendríamos que trabajar con decimales para valorar si es más grave el brutal deseo de la internauta o las brutales acusaciones de estos políticos convirtiendo en colaboradores necesarios de los asesinos yihadistas a la alcaldesa de Barcelona o a los policías catalanes. La diferencia es que estos últimos siguen ejerciendo la representación pública tras el exabrupto sin despeinarse. Así que, como en términos históricos estamos aún escribiendo el génesis de la comunicación global a través de las redes sociales sería conveniente que nos pusiéramos de acuerdo sobre sus límites y sobre las eventuales consecuencias de sobrepasarlos, no vaya a ser que estemos creando una aristocracia del insulto que disfruta de una impunidad de la que no goza el pueblo llano.


Fermín Bocos - España aguantará

07.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Vivimos días políticamente azarosos. El anuncio del proceso secesionista que impulsan las autoridades catalanas lo impregna todo y todo se mide en relación con la posición de cada uno frente a ese desafío. Se analizan las declaraciones de los políticos y los ciudadanos toman nota de dónde están unos y otros. De cómo discurran las cosas el 1 de Octubre (fecha del referéndum ilegal), van a depender muchas cosas en el futuro.
Hay momentos en la vida de los pueblos en los que es necesario preguntar con quien está cada uno. ¿Con quienes pretenden romper España o contra ellos? Frente a una cuestión de esta naturaleza no hay equidistancia posible. Nos afecta a todos. No solo a los políticos. Como ciudadanos nos concierne a todos. A los de derechas y a los de izquierdas. Todos sabemos que lo que está en juego es trascendente. No hay un español que no sepa lo que es España y de dónde venimos quienes vivimos en este país. Se es español sin dejar por ello de ser catalán, andaluz, castellano, cántabro o canario.
La Constitución -votada en su día mayoritariamente- ampara las singularidades de cada uno de los territorios del Estado. En su desarrollo, cada una de las comunidades autónomas ha encontrado el mayor grado de autogobierno de toda nuestra Historia. El proceso separatista en Cataluña nació a impulso de un sector de la burguesía que antaño no le había hecho ascos al franquismo. Lo sorprendente es que con el paso del tiempo una parte de la izquierda se haya dejado reclutar para una causa que, en esencia, proclama principios alejados del ideal de solidaridad y fraternidad que fue la bandera de las organizaciones de clase.
Parece que el PSOE dejando atrás el legado de Zapatero y Montilla lo ha comprendido y Pedro Sánchez, al margen de la simpleza de la "plurinacionalidad", está con el Gobierno en la defensa de la legalidad que emana de la Constitución. También Ciudadanos. Lo de Podemos se explica porque Iglesias sigue jugando al "cuanto peor, mejor" de reconocida estirpe leninista. A mi juicio, comete un error que le pasará factura en las próximas elecciones. España, es mucha España. Aguantará.


Antonio Casado - Señas de identidad

07.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Del discreto encuentro de Sánchez con Iglesias, el martes por la tarde, no me quedo con su alineamiento en la "preocupación frente a la amenaza terrorista", incluida su común disposición a colaborar con Moncloa en ese asunto.
Tampoco me llaman la atención los matices diferenciales entre socialistas y podemitas ante el desafío soberanista en Cataluña. No permiten pasar del inocuo compromiso de "abrir espacios de diálogo entre todos los actores", aunque en Ferraz consideren un mérito de Sánchez haber conseguido el apoyo de Iglesias, después de haber conseguido el de Rajoy, a la reciente iniciativa socialista para crear una comisión parlamentaria que revise y modifique el modelo territorial del Estado.
El apoyo del PSOE al Gobierno frente a terrorismo y separatismo, las dos amenazas más claras que hoy por hoy se ciernen sobre España, se da por descontado. No puede ser de otra manera al tratarse como se trata del pilar izquierdo del sistema y de un partido que quiere volver a gobernar.
Lo que realmente se viene echando de menos en el PSOE es el reencuentro consigo mismo. Con sus históricas señas de identidad, que nada tienen que ver con cuestiones identitarias o estúpidos debates palabreros sobre conceptos jurídicos indeterminados (nación, patria, España plurinacional, nación de naciones, etc.).
De la discreta cita de los dos líderes de la izquierda ("Debemos normalizar el hecho de que los políticos hablemos tanto en público como en privado", me dice Pedro Sánchez), me quedo con el epígrafe referido al aumento de la desigualdad entre los españoles como consecuencia directa de la vigente política económica. Esa que se autocondecora por remontar la crisis mediante el crecimiento y la creación de empleo.
Dice la referencia oficial del PSOE al citado encuentro de las dos principales figuras de la izquierda española: "Estamos de acuerdo en colaborar y construir alternativas a la ineficiente e injusta política económica del Gobierno". Bingo.
Si la cacareada podemización de Sánchez responde a la remada conjunta para revisar y modificar en su caso un modelo de recuperación basado en la temporalidad , la precariedad, la devaluación salarial, el despido fácil y la recortada capacidad negociadora de los trabajadores, bienvenida sea esa "colaboración político-parlamentaria de nuestras formaciones" de la que habla el comunicado de Ferraz que el miércoles por la mañana daba cuenta del encuentro Sánchez-Iglesias del día anterior.
Pero si esa colaboración se queda en los recurrentes fogonazos mediáticos sobre la prisa por echar a Rajoy "lo antes posible", como dicen los dirigentes de Podemos, el PSOE volverá a alimentar la desorientación de sus militantes y la deserción de sus electores.


Rafael Torres - La cosa se pone fea

07.09.17 | 08:42. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

La cosa, esto es, el movimiento secesionista que conspira, bien que abiertamente, contra la integridad territorial de España, era hasta hoy una cosa compleja, enrevesada, peliaguda, de difícil abordaje político por las severas limitaciones políticas de sus diferentes actores y por la cronificación histórica del conflicto identitario, esto es, en el fondo nada que una acción política seria y unos políticos serios igualmente no pudieran resolver el beneficio de las personas, de todas las personas, pero a partir de ahora la cosa se pone, además, fea. Muy fea.
El aventurerismo de los líderes de la secesión, su puerilidad, su fanatismo, su irresponsable y continua demonización de España, a la que atribuyen el origen de todos los males de Cataluña, su complejo de superioridad que esconde, como todos los complejos, una personalidad política equívoca y frágil, su sectarismo, su xenofobia ibérica y su redentorismo delirante empiezan a calar en el tejido social, produciendo en la convivencia de la hasta hace poco plural y tolerante sociedad catalana unos efectos devastadores. El tuit a Inés Arrimadas deseándole ser víctima de una violación en grupo por sus ideas contrarias a la independencia no es, pese a su bestial carga simbólica, sino uno más de esos efectos que empiezan a aflorar de un modo tan peligroso como insoportable.
El propio Tardá, la voz lírica de ERC, ha sentido el horror de ese tuit disparado por una correligionaria (la causa independentista es ya como una religión en sus aspectos más irracionales y excluyentes), pero no ha encontrado otro argumento mejor, para salir del paso, que el de que en todas partes hay estúpidos, no sintiéndose por ello, al parecer, particularmente concernido por el vandalismo de los estúpidos propios. Por supuesto que desde otras trincheras, establecidas igualmente en los territorios embozados y cobardes de internet, los estúpidos ajenos arrojan al "enemigo" cuantas pellas de basura pillan a mano, pero la cuestión es que esos comportamientos brutales añaden un ingrediente indeseable al conflicto, un ingrediente el de la violencia que, como todo ingrediente indeseable, acaba apoderándose del sabor del plato, laminando cualquier otro.
Muchas familias catalanas eluden hablar en la mesa del problema político, conscientes de que pueden salir tarifando, y la persecución del "mal catalán", es decir, del que no comulga estrictamente con la doctrina del Govern y de quienes lo sustentan, empieza a parecerse a un pogromo. Demasiado para los jueces, sobre los que se pretende hacer recaer el marrón, cuando la cosa en la calle, en casa, en la red, se está poniendo tan fea.


Escaño cero - La otra realidad

07.09.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Ahora que comienza el nuevo curso político sus señorías deberían de hacernos un favor a los ciudadanos y de paso a ellos mismos y ese favor no es otro que hacer del Parlamento el lugar donde de verdad se debatan los problemas reales de la sociedad.
Como durante muchos años me dedique al periodismo parlamentario sé de lo que hablo y no es otra cosa que ese divorcio que se evidencia en tantas ocasiones entre la calle y el Parlamento donde en demasiadas ocasiones se debate sobre asuntos que están en la agenda política pero no en la agenda de las preocupaciones ciudadanas.
Por ejemplo, ahora mismo la principal preocupación de la sociedad es Cataluña, qué va a pasar el 1de octubre. Y también lo es la amenaza yihadista.
Respecto a Cataluña no es solo que se apruebe la ley de convocatoria del referéndum, es que la sociedad catalana da muestras de estar perdiéndose a si misma. Que una mujer haya sido capaz de tuitear que desea que a Inés Arrimada la violen es una muestra de lo que digo. El agravio de dicha mujer contra Arrimadas no es otro que la líder de Ciudadanos es contraria a la celebración del referéndum independentista.
De manera que el odio está prendiendo en una parte de la sociedad y estos es en sí preocupante. Hay que preguntarse como se ha podido llegar hasta aquí y sobre todo la responsabilidad en crear este clima que sin duda tienen los partidos independentistas que con sus mentiras se han convertido en sembradores de odio.
Por tanto no se trata solo de abordar como se impide que se celebre el referéndum del 1 de octubre sino como se "desprograma" a esa parte de la sociedad catalana en la que ha ido anidando e " in crescendo" el odio hacia España. De eso deberían hablar sus señorías.
También podemos añadir que aunque es verdad que la economía crece y que solo hay que salir a la calle para darse cuenta de que las cosas van mejor no es menos cierto que muchas miles de personas siguen sin trabajo y lo peor es que sin esperanzas de poder regresar al mercado laboral amen de que nuestros jóvenes continúan marchándose buscando trabajo en otros países.
Pero ya digo que a veces en el Parlamento se habla de cosas que poco o nada tienen que ver con los problemas reales de la gente. Es como si viviéramos en dos realidades, la de los políticos y la de los ciudadanos de a pie.
Ya digo que podrían aprovechar el comienzo de curso para afinar sobre qué asuntos debatir y legislar.
Resulta cansino verles a todos enzarzados en la carrera por el poder. A Rajoy para que no le quieten el sillón. A Pedro Sánchez dispuesto a pactar hasta con el diablo con tal de quitar a Rajoy de en medio. A Iglesias calculando como seguir llevando a Sánchez a su terreno para ser él y no el socialista quién se haga con el santo y seña del poder. Y a los dirigentes de Ciudadanos demasiadas veces despistados.
Si ya el primer pleno del curso, el que dedicaron al caso Gürtel, no sirvió para nada, sería deseable que los líderes políticos fueran capaces de afinar mas y en vez de construir realidades paralelas en el Parlamento se centren en la realidad de la calle. Vamos, digo yo.


Francisco Muro de Iscar - Cuando las redes se usan para insultar

07.09.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Las redes sociales son un excelente instrumento de comunicación y están revolucionando la forma en la que nos relacionamos con los demás, especialmente entre los jóvenes. Ignorarlo o demonizarlo, solo puede contribuir a esconder el problema, pero la realidad seguirá estando allí y cada vez con más fuerza. Hablar de impunidad de la red, tampoco responde del todo a la realidad. Todo lo que hacemos en el mundo on line se puede seguir y deja rastro. Que se lo digan a Hacienda y a la Agencia Tributaria, por ejemplo. Otra cosa es que cueste -falta muchos medios- y que los jueces no estén preparados ni tengan ganas de ponerse a ello. Y lo que es delito en la vida "normal" no puede dejar de serlo porque se cometa en las redes. Y si las leyes no están perfectamente adaptadas a la nueva realidad, habrá que hacerlo, pero los fiscales tienen la iniciativa para perseguir esos delitos y los jueces la capacidad de interpretar y aplicar esas mismas leyes y para castigar a los delincuentes.
El problema es que todo es nuevo y que no sólo estamos asistiendo a una sobreexposición permanente de muchos que cuentan hasta cuándo van al lavabo -no digo ya otras cuestiones más íntimas-, sino que algunos se atreven a hacer en las redes lo que no se atreverían a hacer en la calle: publicación de fotos humillantes, amenazas de hacerlo, acoso virtual... Como decía hace poco Enrique Dans, que te acosen, te amenacen o te insulten en las redes sociales no es menos grave a que te hagan un escrache a la puerta de tu casa o te amenacen en la calle. La reciente decisión de una empresa de despedir a una trabajadora temporal que, al parecer, después de una serie de tuits en la misma línea deseó una violación en grupo a Inés Arrimadas -que la ha denunciado-, es una buena decisión para acabar con estos comportamientos. Muchas de esas acciones encajan perfectamente en el delito de odio, político, religioso, racial, que está creciendo e instalándose en una buena parte de la sociedad y que, incluso, traspasa las redes.
Hay que ser radicales, intolerantes contra la violencia en la calle, en los estadios, en las concentraciones... o en las redes. Pero hay que tener en cuenta que Twiter o Faceboook, aunque deberían hacer algo más que abstenerse, no transforman a las personas, simplemente muestran su rostro real, su personalidad, lo que harían si no hubiera sanción. Y no es un problema sólo de quienes insultan y transmiten odio. Son igualmente responsables los que les siguen, les jalean, les aplauden o les ríen las "gracias". Y los que las califican de "travesuras" o las disculpan por el medio en el que se hacen. No hay ninguna diferencia entre quien persigue, acosa e insulta en la calle a otro y quien se oculta y lo hace en la red, con su nombre -los menos- o de forma anónima. El odio envenena todo. También las redes sociales. Hay que pedir sanciones penales duras, rápidas y justas para los violentos, los trolls y los acosadores que se amparan en las redes. Pero también tenemos que exigirnos cada uno de nosotros la más clara intolerancia y condena contra estas conductas y estos delincuentes. Y eso hay que empezar a enseñarlo en la escuela.


Domingo, 16 de diciembre

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