Opinión

Antonio Casado - El lío de Podemos

02.09.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Que la casta de Podemos se pase por el arco del triunfo lo que ha decidido la gente de Vistalegre II (congreso nacional del partido) confirma la mimetización de la izquierda mochilera con el paisaje. La pérdida de la virginidad también opera en política, como se desprende de los hechos:

La Ejecutiva pilotada por Pablo Manuel introdujo unilateralmente cambios relevantes en la normativa de la comisión estatal de garantías, habilitada para ejercer de contrapoder y entender de asuntos internos. Así se vulneró la voluntad de la militancia respecto al funcionamiento de dicha comisión. Los cambios afectaron a la propia presidenta, Olga Jiménez, a la que se le abrió desde arriba un expediente disciplinario.
Como era previsible, las respectivas comisiones territoriales del mismo negociado (garantías, defensa del militante, asuntos disciplinarios, cumplir y hacer cumplir los estatutos, etc) se han plantado frente a la dirección en algo parecido a una rebelión interna que reprueba el golpe de mano de Iglesias.
Los representantes de las comisiones territoriales aprobaron a finales de julio una resolución que considera nulos de pleno derecho las reformas estatutarias introducidas unilateralmente por la Ejecutiva (incluso llegaron a ser registradas en el Ministerio del Interior), incluida la destitución de su presidenta y el nombramiento de uno de los tres miembros pablistas en la comisión estatal.
La Ejecutiva ha hecho caso omiso de la resolución anulatoria aprobada por la comisión. Así que el enfrentamiento está servido en nombre de un principio aparentemente vulnerado. El de la democracia interna, tantas veces invocado por los dirigentes de este partido como pedrada a terceros.
Podemos se comporta cada vez más como cualquier partido convencional donde, efectivamente, en este tipo de cuestiones de orden interno, las garantías estatutarias acaban siendo papel mojado frente al ordeno y mando del jefe.
Bien mirado y salvando las distancias, tampoco hay mucha diferencia entre el comportamiento de Maduro en Venezuela, que se inventa sobre la marcha una fuente de poder (asamblea constituyente) alternativa a la salida de las urnas, y la conducta de Iglesias Turrión en Podemos, al inventarse sobre la marcha unos estatutos alternativos porque no le convienen los que han sido aprobados democráticamente en (Vistalegre II). Parece que no le va mucho eso de ejercer el liderazgo con el contrapoder de un órgano elegido por las bases.
Día a día Iglesias deconstruye la doctrina Mafalda: "Conocerme es quererme". En Podemos, ya ha quedado sobradamente desmentida.


Fermín Bocos - Eterno Rajoy

02.09.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Los esfuerzos de Albert Rivera para americanizar determinados perfiles de la vida política española chocan con las reticencias de los partidarios de que las cosas sigan como están. La batalla que emprende para limitar a dos los mandatos presidenciales -aprovechó el palenque del pleno de la corrupción para romper una lanza a favor de esa iniciativa que presentará el lunes en el Congreso en forma de proyecto de ley- parece destinada a encontrar buenas palabras y escasos apoyos. En el PP porque se malician que lo que quiere Rivera es jubilar a Mariano Rajoy. Rajoy lleva ya cinco años en La Moncloa y visto el panorama parlamentario es muy probable que pueda culminar la legislatura. Que ya serían dos. Incluso algún tiempo más si sumamos los tiempos muertos entre elecciones.
Rivera no tiene dicho si su medida tendría o no carácter retroactivo. En el primero de los supuestos afectaría directamente a Mariano Rajoy que, caso de aprobarse la medida en al actual período de sesiones, no podría repetir como candidato del PP a la Presidencia del Gobierno. En el segundo supuesto, con permiso de los electores, Rajoy podría seguir tranquilamente en su rutina de poder intentando emular a su admirada Angela Merkel que lleva tres mandatos y va camino del cuarto.
Rajoy (62 años), tiene dicho que se siente con fuerzas para seguir. El mensaje lo repiten a modo de eco sus colaboradores más cercanos. Algunos de ellos -Cospedal, Núñez Feijóo, Sáenz de Santamaría- en teoría llamados a ser aspirantes al liderazgo del partido. "Será en su día. Cuando toque. Ahora no"- se escucha decir a otros miembros de la dirección de partido. Aunque los últimos comicios el PP ha pagado un alto precio en votos por el efecto combinado de la crisis y la corrupción, sigue siendo el partido más votado por los españoles.
Rajoy vende como gran logro la recuperación económica y sigue contando con apoyo suficiente entre los votantes populares. A reserva del desenlace del desafío a fecha fija (referéndum ilegal del 1 de octubre) de los separatistas catalanes que será un test de altísimo significado; una situación política y social explosiva capaz de llevarse por delante lo que no está escrito, no se ve en lontananza a nadie de su partido dispuesto a disputarle el sillón. Visto como está la oposición, sobre todo el PSOE de Pedro Sánchez, habrá que hacerse a la idea de que tenemos Rajoy para rato.


Fernando Jáuregui - Vaya, parece que no es solamente en Turquía

02.09.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Ya sé, ya sé que Cataluña no es Turquía (por múltiples razones), ni los colegas catalanes se ven sometidos a las vejaciones, presiones y represiones de los turcos. Faltaría más. Pero advierto en la Generalitat, junto a sus otras muchas violaciones de derechos democráticos, como el respeto a las leyes fundamentales, a las minorías parlamentarias y a la seguridad jurídica, una tendencia creciente hacia el pisoteo de eso tan sagrado, tan evanescente, que es la libertad de expresión.
Podría decirlo por muchas razones y episodios. Sin duda, usted recuerda unos cuantos y adivina varios más. Pero ahora voy a referirme exclusivamente al "caso Enric Hernández", el director de El Periódico de Catalunya, difamado como mentiroso nada menos que por la consellería de Interior y por el mayor de los mossos d"esquadra, que sugirieron que había magnificado y atribuido falsamente a la CIA una presunta nota de la agencia norteamericana de inteligencia avisando a los mossos, en mayo, de que un atentado podría producirse en breve en La Rambla barcelonesa.
Primero, la Generalitat y el Govern negaron la existencia misma de la nota, de la que, por supuesto, no hicieron el menor aprecio; luego, una vez que no podían seguir negando la evidencia, le quitaron importancia, rechazando que proviniese de la CIA, y atribuyéndole un origen dudoso, para así desprestigiarla. Contaron en ello con la inexplicable complicidad del creador de Wikileaks, Julian Assange, el exiliado político más famoso del mundo, y por quien confieso que sentía un gran respeto, que se lanzó como loco a tuitear la falsedad de la información de El Periódico, llegando a pedir, en coincidencia curiosa con las "autoridades" catalanas, la dimisión de Enric Hernández. ¿Qué pintaba en esto el confinado en la embajada de Ecuador en Londres?

Lástima (para ellos) que Hernández, que es periodista meticuloso a quien conozco bien por haber compartido años de información en el Congreso de los Diputados, tenía otra bala en la recámara. Y, así, tras toda la trifulca, El Periódico publicaba al día siguiente otra nota, del mismo Departamento conectado con la CIA (la NCTC), que fue enviada tras el atentado del pasado 17 de agosto, y en la que se venía a recordar a los mossos el nulo caso que hicieron a la anterior advertencia estadounidense, en una especie de mudo reproche ante la negligencia.
Fui de los primeros en felicitar a los mossos por la rápida detección y desarticulación de la célula yihadista responsable de tanto dolor en La Rambla y en Cambrils. Pero no han sabido evitar morir de éxito: son, sin duda, una buena policía, pero carecen por completo de un servicio de inteligencia que les permita aprovechar la victoria. Y, desde luego, tanto el conseller Forn como su subordinado, el mayor de los mossos Trapero, dedicado a un frenesí de descalificaciones a los medios, han evidenciado no tener la menor idea de cómo tratar a quienes son los intermediarios entre las fuentes y la opinión pública. Una vez más, se ha puesto de manifiesto la absoluta falta de respeto que la Generalitat (hablo ahora de ella, aunque no sea solamente ella quien comparta el vicio) siente ante ese bien, tan caro a los humanos, que se llama información. O sea, ya digo, libertad de expresión.
Mal camino el de desmentir falsamente a periodistas, el de pedir su cese así como así, en cuanto resultan un engorro. Ya sé, ya sé, que en Turquía cierran periódicos y encarcelan a periodistas. O, como en el increíble caso de los dos colegas turcos retenidos en España, solicitan su extradición. Pero no quiero yo saber qué le ocurriría a Enric Hernández el día en el que, en una Cataluña independiente, osara repetir la hazaña de dar una exclusiva molesta al poder, un poder ya entonces sin barreras, sin nadie que les recuerde corrupciones presentes o pasadas, fallos patentes u ocultos. También por eso, por Enric Hernández y por la libertad de expresión, yo no quiero esa independencia a la fuerza que les tratan de imponer a esos españoles tan queridos, los catalanes.


Martes, 11 de diciembre

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